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07
02
2016
Solteras DeBotas

Si las “Disney Princesas” fueran feministas

Por: Solteras DeBotas

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Érase una vez, una bloguera de botas mágicas que recibió un regalo muy especial de su amigo Fatalicious, un hermoso libro de cuentos de los hermanos Grimm que ésta devoró como chocolate en víspera del día 28…

La sarcástica damisela se dedicó a leer dicho texto, para profundizar en aquellas historias que hacen parte del imaginario colectivo y que llenaron de cucarachas las cabecitas de millones de niñas de muchas generaciones, razas, países y estratos sociales, hasta el punto de desear convertirse en princesas, sin tener en cuenta que vivimos en otra época donde las mujeres tienen más voz y botas que hace 300 años y que la realidad sentimental es bastante diferente a una quimera…

Unos siglos más tarde las producciones de Disney empeoraron la cosa, le pusieron rostro y dieron vida a estos relatos llenos de personajes extremos, que eran demasiado buenos o demasiado malos. También suavizaron las narraciones originales cambiando algunos detalles que eran bastante terribles y al final conocimos una versión más light y comercial, más al gusto de la soñadora audiencia.

Y aunque debo reconocer que las últimas películas de Disney, como Frozen, Valiente y Maléfica han empezado a mostrar a un tipo de mujer más real e independiente, más heroína que princesa, también debo decir que el daño ya está hecho, para ser más exacta desde 1937 cuando estrenaron la película de Blancanieves.

No es la primera vez que se escribe sobre el tema, ya que hay bastante seda y encajes para cortar, por eso quiero dar mi versión al estilo DeBotas y como buena bruja que soy, me inventé una poción bien traviesa y lancé un hechizo a todas las princesas de cuentos de hadas, transformándolas en féminas independientes y sin pelos en la lengua. No solo hice esto para divertirme un rato e imaginar cómo se comportarían, también quise demostrar que estas historias ayudaron a reforzar en nosotras ciertas conductas que durante muchas décadas hemos creído correctas pero no lo son.

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La poca solidaridad de género

Una detalle que sobresale en los cuentos de hadas es la falta de apoyo entre las mismas chicas, pues la mayoría de villanos son mujeres llenas de amargura, transformadas en arpías que compiten o envidian a otras mujeres ya sea por su belleza, juventud o porque ostentan esa aura de inocencia que dichas brujas no tienen. En lo personal he tenido que trabajar mi prevención hacia las mosquitas muertas (mea culpa). Pero lo cierto es que si no estamos unidas jamás seremos fuertes.

Si estos personajes fueran feministas algunas de las historias simplemente se caerían por su peso, por ejemplo la Reina Malvada no se habría sentido intimidada por la lozanía de Blancanieves, pues aceptaría que cada edad tiene su encanto y hermosura, como lo demostró Susan Sarandon que a sus 69 años lució en los SAG Awards un tremendo y sensual escote.

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La victimización

Para ser una verdadera princesa hay que sufrir a cántaros y dejarse pisotear porque en el fondo debe tener espíritu de mártir, pues luego de tanto padecer llegará la tan anhelada recompensa, o sea el marido y un final feliz. Este formato fue adoptado de manera exitosa en las telenovelas y algunas canciones de los 80’S, ¿Es que acaso no recuerdan a las abnegadas Topacio, Cristal y Esmeralda?

Sin ser psicóloga y solo a punta de sentido común llegaría a sospechar que varias de estas señoritas tenían graves problemas de autoestima, ya que no hay una razón de peso para permitir semejantes abusos. Por ejemplo, si Cenicienta hubiera tenido el suficiente carácter no habría dejado que usurparan la casa de su padre, que legalmente le correspondía a ella y mucho menos aceptado que la pusieran a trabajar de domingo a domingo como a una esclava.

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Renunciar a sí misma por un tipo

En la historia de Hans Christian Andersen posteriormente endulzada por Disney (en el cuento original a ella la mandan para la friend zone). La sirenita vende su melodiosa voz a la bruja del mar, todo para que ésta le dé un par de piernas bien torneadas y sin celulitis, con la esperanza que el príncipe que se parece a Matt Bomer se enamore de ella, contando solo con sus encantos físicos pues la pobre queda muda, sin posibilidad de opinar ni decir ni mu!! Y además de tal sacrificio debe renunciar a su familia, amigos y a todo su entorno marino.

La sirenita en versión feminista, ya le habría dicho las siguientes palabras al susodicho: Si me vas a querer, acéptame como soy con mi cola de pescado. Ah y también es importante que negociemos varios temas en la relación, ya que para mi es sustancial tener mi espacio o más bien muuucha agua, te aclaro que no pienso dejar la vida que tengo en el océano y mis aventuras acuáticas, porque me fascina cantar y bucear con mis amigas… sino te gusta, chao, pescao !

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Un príncipe Azul te solucionará la vida

A la pobre doncella se le acabaron los problemas económicos porque se levantó un marrano, perdón a un rey que estaba tapado en plata. Y la Bella Durmiente salió por fin del maleficio-del-sueño-profundo que la tuvo hibernando cual marmota, gracias al rescate del valiente y pervertido héroe con cierto gusto por la somnofilia.

En estas fábulas de fantasía los príncipes azules tienen cabellos abundantes, son expertos en castigar brujas, apagar incendios, matar dragones y sobre todo les encanta reclamar su trofeo más grande que consiste en levantarse a la más bella, inútil y sumisa dama-trofeo de toda la comarca.

Una princesa con el chip de mujer moderna hace rato habría exclamado que no necesita a un tipo millonario porque ella trabaja y para eso fue que estudió. También habría salido de viaje a conocer otros bosques, masacrado al dragón de un hachazo sin ayuda de nadie (O lo habría convertido en su mascota como hizo Daenerys Targaryen) y por último pero no menos importante, no dejaría que un príncipe por muy apetecido que fuera, la besara sin su consentimiento, no sin una primera cita para conocerse y sin haber averiguado sus datos en Facebook o Tinder.

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Conceptos errados del amor y la conquista

Eso que hizo la Bestia con la ingenua Bella, de retenerla en un castillo sin dejarla salir, se llama nada más y nada menos que secuestro.  Si después ella se enamoró de semejante sujeto fue porque le dio el síndrome de Estocolmo. Y aunque se le puede abonar a Bella que no fue superficial y quiso a la Bestia más allá de su físico ya que no le importó lo peludo, la conclusión es que esta clase de relación amorosa no puede catalogarse como sana y normal.

Para nada es romanticismo creer que luego de un baile o de un primer beso, ya son el uno para el otro, o dejarse llevar por espejismos y sin la oportunidad de conocerse de manera profunda, sin apreciar las virtudes reales y aceptar los defectos, esos que acompañan a cada ser humano del planeta.  Otro colmo de los colmos, es enloquecerse por ir a una fiesta en un gran salón a exhibirse como ganado, para que un galán con complejo de niño en dulcería pueda escoger a la que más le guste, ya que solo una será la “afortunada” y tendrá el honor de convertirse en su esposa, o sea que al resto las eliminaran como si estuvieran en un reinado.

Sin estas hermosuras de princesas hubieran leído a Simone de Beauvoir y a Betty Friedan, o por lo menos tenido las zapatillas del sentido común sobre la tierra, habrían comprendido que no son vaquitas o premios y que las relaciones se dan entre dos personas libres, en donde ambos tienen el derecho a elegir lo que más les convenga.  Una princesa sensata entendería que primero debe quererse a sí misma, tener una vida y luego sin sometimientos construir una relación de buenos amigos, novios o amantes.

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Y bueno, si a algunos hombres del siglo XXI (No todos) les espantan las mujeres independientes y cuando oyen la palabra feminismo les da alergia, comezón y dolor de cabeza, imagínense el pánico tan terrible que habría sentido un caballero del siglo XIX, si se hubiera encontrado con alguna de estas princesas en versión empoderada. Estoy casi segura que de forma inmediata habrían sido tildadas de neuróticas o complicadas por anhelar un destino diferente y exigir igualdad. Lo cierto es que los finales de los cuentos no serían tal y como los conocemos, lo más probable es que estas chicas políticamente incorrectas, se habrían convertido en brujas, conseguido un amante de orejas puntudas, o de manera insalvable se habrían quedado solteronas.

Y colorín colorado este cuento no se ha acabado…

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Imágenes tomadas de películas de Disney: Blancanieves, La Cenicienta, La Bella y la bestia, La bella durmiente y La sirenita.
Fuentes: Como serían las princesas Disney si fueran feministas de Barbijaputa, Cuentos de los hermanos Grimm de Philip Pulman.

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28
01
2016
Solteras DeBotas

El viernes no es un día, sino un estado de ánimo

Por: Solteras DeBotas

Lunes y viernes

Pareciera que se apodera de mí una especie de amnesia temporal, como si una gruesa capa de miel bastante pegajosa se encargara de endulzar mi panorama y cubrir mis preocupaciones para que sean menos amargas. Así que luzco mi cabello ondulado, me pinto los labios de rojo puta, uso jeans ajustados y pienso en las copas de vino que me esperan al final de la tarde, vivo en función de la esperanza y de las ganas que pase algo realmente divertido para cerrar la semana laboral.

Como dice uno de los tantos memes que se publican hoy, “Es viernes y mi cuerpo lo sabe” Así llueva, truene o relampaguee hago todo lo posible para que nada empañe este día tan importante, entonces la sonrisa va de oreja a oreja, la libido sube, el ánimo está de pachanga y se abre la maravillosa puerta hacia el fin de semana, que representa reencontrarme con amigos, dormir hasta tarde, relajarme y utilizar mi tiempo como me dé la gana. Siento que nada importa y que todo me divierte… hasta que el efecto de la anestesia empieza a desaparecer el domingo por la tarde. (Buuuu)

¿Pero qué pasa con el lunes, el martes, el miércoles y el jueves? que ciertamente se convierten en 96 horas de altibajos, espera y expectativa. Que de vez en cuando se me alborota la malparidez existencial, otras tantas me quejo de la rutina, del tráfico, de la gente y de miles de cosas más. ¿Pero que tanto estoy haciendo para volver más placenteras mis jornadas? Así como el lunes no tiene la culpa de la vida que yo misma me he labrado y de mi bendita costumbre de aplazar para ese día mi encuentro con la realidad, el viernes no debería ser la única fecha de la semana en donde decido ser feliz de forma consciente. Este año tiene 53 viernes y no tengo que ser una experta en matemáticas, para darme cuenta que debo aprovechar los otros 313 días restantes que ganan en número. (Si, el 2016 es bisiesto)

Así que luego de analizar el fenómeno “Keep Calm it’s Friday”, me doy cuenta que el mundo sigue girando igual, que el sol sigue calentando, que los transeúntes son los mismos, que mi oficina es la misma, que mi cara es la misma, pero lo diferente es mi actitud frente a la vida, por esta sencilla razón es que los viernes todo se ve mejor. Algo similar ocurre en Navidad cuando los bolsillos están llenos y nos dopamos a punta de azúcar con la natilla de arequipe. En definitiva los viernes me recuerdan que debo reírme de mí misma y que debo ver los problemas como lo que son, algo pasajero. Y como no existe un hada madrina fiestera que tenga por misión esparcir todos los jueves a las 11:59 pm un hechizo extraordinario para ser feliz, entiendo que todo está en mi cabeza y por ende depende de mí, hacer de cada día un viernes.

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Imágenes: Lynda Carter –Wonder Woman

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24
01
2016
Solteras DeBotas

La belleza es relativa… ¡y re – esquiva!

Por: Solteras DeBotas

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Bloguera invitada: Natalia Arango Patiño

Las mujeres en el mundo hemos logrado ser abogadas, profesoras, doctoras, policías, presidentas y algunas, hasta han llegado al espacio, pero… ¿Cuántas nos sentimos verdaderamente lindas? ¿Cuántas estamos seguras de nuestras caras y cuerpos, así tengan unos cuantos defectos? Mmm, vaya uno a saber. Siendo sincera, yo dudo muchas veces de lo que me muestra el espejo.

Desde tiempos de los tiempos, la fémina berrionda de racamandaca ha liderado cualquier cantidad de luchas para lograr una posición más justa frente al hombre y en medio de todo, se hizo acreedora a la horca, a la hoguera, al escarnio público, a ser tildada de bruja, loca, pecadora y a quedarse solterona pero, todo ese peligroso y agotador esfuerzo, que mucho logró, se está yendo por el caño, porque muchas estamos cayendo en la farsa de los cánones y, peor aún, en la competencia tan pecueca y agresiva entre nosotras mismas.

Flotan y rebotan: gorduras y polímeros

Lo cierto es que cada etapa de la historia está marcada por un icono de prototipo de mujer. ¿No recuerdan a la voluptuosa y sensual Pamela Anderson, aquella que con su vestido de baño rojo -y sus grandes teclas, por supuesto-, hacía enloquecer a todos? Y ni las mujeres se salvaron de su atrayente imagen, porque muchas, cedieron ante la tentación de ponerse unos cuantos gramos -¿o kilos?- de gel siliconado en sus despoblados pechos y/o traseros, causando a su paso un sinnúmero de “huuuyyys”, sin contar las incomodidades corporales por soportar tales proporciones.

Es que cada época trae su ”estampita”: que Cleopatra con su cabeza rapada en el antiguo Egipto -qué sexy-; que Marilyn Monroe con su falda al aire, en los 50; que Marbelle, con su boquita pulida… Mejor dicho, hay hasta para tirar para el techo. Lo que sí tienen de común denominador, es su ente corpóreo: ninguna de ellas fue, o es, una langaruta. Esa pendejada de la onda light, que yo no sé quién fue el que se la inventó, está acabando con nuestra esencia redonda y suave.

¡Las viejas tenemos curvas!

Si, por ejemplo, en los años 20 la que mandaba la parada era la niña “trocita” -pero sana y feliz-, con piernas bien torneadas, nalga redonda y amplia y pelo con ondas, la de ahora es una flacuchentica con la barriga hundida, con una larga cabellera (hasta la ‘nies’) que parece una “cabuyera”, porque vive estirándose el pelo a punta de plancha o de keratina brasileña y con unas patas de garza que parece que no van a sostener el cuerpo. Yo no sé, pero como dice una amiga mía, “uno se pone flaco y se ve como pobre”.

Ahora, para ser linda y gustadora, aparte de saber administrar un perfil de “soy-multitarea-tengoperroygato-mecasoalos40porquesoyexitosa”, debe uno aceptar todas las críticas “constructivas” y adaptarse a lo que la gente está llevando; o sea: toca ser chévere y preciosa al mismo tiempo… ¡Una delicia! ¡Dónde me apunto! Para saber que, después de un tiempo de Pilates, CrossFit, cicla a las 5 am y batidos verdes, por un lado o salen pelos, o aparece una cana, o una pata de gallina, o una mancha. Nooo, ah, ¡disfrutemos la vida! Sin querer hacer apología al descuido, abracemos la almohada, tomemos un vaso de leche entera sin miedo al colon irritable, comámonos un chicharroncito bien tostado de 10 patas o bebamos una cerveza helada, todo esto, mientras se pueda; mientras la vida nos deje.

Epílogo

Acá estoy, frente al espejo inmenso y acusador del baño de mi casa y, junto a mí, esos adiposos criminales que aún no han sido procesados: mis gorditos. Sí, estoy delgada, pero soy de esas flacas que esconden una fina colección de tejido con piel de naranja, más conocida en el bajo mundo como celulitis y una cadera prominente con piernas a juego, además de una barriguilla sutil (también tengo unos granos coquetos en cara y espalda, pero esa es otra historia).

La batalla está por empezar:

¡Y uuno, y dooos, y treeess!

 

Natalia Arango Patiño

Nota: Natalia fue una de las ganadoras de la convocatoria para ser bloguera invitada. Es Comunicadora Social, treintañera, paisa soltera (pero enamoradiza como un berraco), y fiel escritora de pendejadas.

 

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Imagen: Gif de Bridget Jones

 

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17
01
2016
Solteras DeBotas

Ladrona de recuerdos

Por: Solteras DeBotas

Mujer Nostalgia

Soy nostálgica empedernida y tengo por hobby disfrutar de los recuerdos como si fueran chocolates viejos que encuentras en una chaqueta que llevas tiempo sin usar, pero que no han perdido su sabor y aroma.

Guardo en un cajón los pedazos de corazón roto que fueron imposibles de pegar en anteriores procesos de restauración con la esperanza que algún día puedan ser reciclados. Los conservo sin ninguna pretensión morbosa, tal vez porque me ayudan a no olvidar las promesas de amor que hice conmigo misma.

Soy de naturaleza juguetona y a veces dejo llevar mi mente hacia los antojos sin cumplir y me gusta pensar en los lugares en los que ahora no estoy, con la esperanza de algún día pueda teletransportarme con solo chasquear mis dedos. Entonces suspiro por el olor a coco quemado, por el viento con sabor a sal, por el roce de la arena en mis pies descalzos y hasta llego a extrañar la loca algarabía que alguna vez odié.

Un día enmarqué la sonrisa de un ex, en un pequeño portarretrato de madera que está en mi mesa de noche. Y si, decidí robarme ese momento para llevar conmigo la felicidad que tuvimos alguna vez. Aunque su boca le pertenece a él, reclamé como mío ese gesto que fue causado por uno de mis chistes mal contados.

Beso por vicio, solo por el placer de la expectativa, de la piel erizada, de la respiración ansiosa y de los humores calientes. Beso porque me gusta coleccionar esos encuentros cortos que son el comienzo de grandes historias o el inminente final de un romance que no cuajó.  Guardo las ganas para calentarme en las noches solitarias y lluviosas, para saborear despacio lo que tanto me gusta y que en mi mente no tiene limitaciones ni prejuicios. De vez en cuando intercambio mis fantasías con algún sibarita erótico que comparta mis deleites. Me gusta escribir sobre sexo pero reconozco que es más divertido practicarlo y aún más, rebobinarlo una y otra vez en mi sucia cabeza.

Juego con la tristeza pasada, así como un niño pequeño juega con la comida que no le gusta. A veces me afecta dicho sentimiento de pérdida y me saca alguna lágrima, sin embargo ya no le temo como antes y no me quita el sueño, por eso la utilizo como el motor para canalizar ciertos dolorcitos tenues que ahora se quedan pegados en mis letras y que por fortuna no son lo demasiado fuertes para traspasar a mi vida actual.  Así mismo, suelo robarme las penas ajenas pues me recuerdan cosas viejas de mi misma y me gusta escribir sobre ellas como si escribiera sobre mí, porque todas alguna vez en la vida hemos sufrido por desamor y eso nos conecta a través de una solidaridad no tan secreta de pesares de antaño.

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Imagen tomada de secretfragileskies.com

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27
12
2015
Solteras DeBotas

No trates de estirar un amor de verano: se rompe

Por: Solteras DeBotas

Amor de verano

Bloguera invitada: Dorotea

Acabando de desempacar maletas de un viaje inolvidable: no tanto por las emociones vividas o los personajes conocidos, sino por chocarme de frente con la realidad y comprender que los amores de verano no deben tratar de convertirse en algo más, por eso existen como categoría, si pudieran llegar a ser otra cosa no existiría una forma única para nombrarlos, para clasificarlos…

En Semana Santa viajé con unas amigas y mi hermana a Cuba, destino soñado por años que se aceleró al escuchar los anuncios de Barack Obama de cambios en su relación con el gobierno de Raúl Castro. Inmediatamente mi espíritu viajero se activó, alimentado por la periodista que también soy y por este gen caribe que no puede escuchar una maraca, un tambor o un son cubano. Estaba dispuesta a viajar sola si no aparecía compañía, pero se anotó a la lista una amiga que celebraría allí sus 40 años, y cuando pensé que sería un viaje de dos, mi hermana y una de sus amigas se subieron al bus. Salimos el viernes antes de la Semana Santa, la amiga de mi hermana, mi hermana y yo, y cinco días después llegaría la cumpleañera.

Desde la llegada al aeropuerto de La Habana quedé embrujada por ese caribe añejo, de colores terrosos, aspecto derruido y aire de nostalgia. La sensación de haber viajado varias décadas atrás en el tiempo, se hace cada vez más potente cuando ves los autos viejos en las calles, las casas y edificios antiguos – algunos a punto de colapsar sobre sí mismos-, la propaganda política en vallas pintadas a mano que te recuerdan que estás en un país que cree en otras cosas y que tiene otros héroes. Inmediatamente nos dirigimos  a provincia pues el acuerdo era recorrer La Habana cuando llegara mi amiga la cuarentona.  Conocimos Viñales y Pinar del Río en el occidente cubano, donde te reciben en sus casas particulares guajiros sencillos y cálidos, y conoces cómo se hace el mejor tabaco del mundo. De este occidente cubano me traje, además de tabaco, unas botellitas de Guayabita del Pinar, bebida tradicional de la zona que aún no sé cómo tomar, y la información inicial de que los cubanos son muy bellos, galantes y seductores; y no se vienen con cuentos: te lo piden de una.

Volvimos a tomar carretera rumbo a Trinidad de Cuba, en el centro del país, una de las villas más antiguas de América en la que pasaríamos solo un par de días mientras podíamos reunirnos con la otra viajera. El camino fue largo, pero nos permitió disfrutar de un paisaje de ensueño por la ruralidad cubana.  En la primera noche en Trinidad fuimos a la Casa de la Trova: por primera vez en todo el viaje -que ya iba en su cuarta jornada- escuchamos esa música tradicional cubana que ha hecho que tantos colombianos  amemos ese país; personalmente buena parte de la banda sonora de mi vida está nutrida por la trova, el son, el bolero y por la música de recientes artistas cubanos como Carlos Varela o Descemer Bueno. Sin duda, ese amor por la cultura, la música, la historia, me hacían especialmente vulnerable, mucho más si me había tomado unos mojitos de más, como ocurría  todos los días del viaje. Esa noche comprendí que además de adorar la cultura cubana parezco cubana y debí repetir hasta el cansancio que era colombiana y que bailaba como tal. Ojo: cubanos y colombianos, aunque seamos caribe, no bailamos igual.

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Al día siguiente, último día en Trinidad, decidimos ir a montar a caballo por el Valle de los ingenios, un recorrido de casi 4 horas en el que te cuentan cómo se cultiva la caña y pruebas guarapo y mojito tradicional cubano (endulzado con miel de caña); el recorrido finaliza con un baño en una refrescante cascada de agua dulce donde despedí un par de historias de amores fallidos para que se fueran con el agua que corre. También pedí al universo encontrar un amor bonito, justo como se llama la canción de Descemer Bueno que más estaba pegada en Cuba en ese momento. Regresando de la cascada y nuevamente a caballo ya las tres sentíamos el dolorcito en la cadera. Una linda guajira (así se le dice a los campesinos cubanos) nos dijo que montar a caballo era como una larga noche de pasión que no se olvida fácilmente. A esas alturas del viaje pensaba que esa sería la única pasión que conocería en Cuba, pero no!

Al volver a nuestro hospedaje de casa particular, cansadas como nunca, decidimos darnos un baño y salir a tomar algo. Nos habían recomendado Las Escalinatas para escuchar música en vivo y bailar, así que esa noche fuimos allí a despedir la villa  con la tristeza de no haber podido recorrerla de día. En Las Escalinatas confluyen turistas y locales en un ritual de danza y cortejo; ya con varios mojitos en la cabeza salí a bailar con cuanto cubano me invitaba, eso sí, aclarando que soy colombiana y bailo como tal.  Justo cuando le decía a uno de mis parejos esa retahíla defensiva,  se sientan junto a nosotras tres chicos jóvenes y muy guapos. Cuando vuelvo de bailar una pieza de timba (salsa cubana con mucho timbal) uno de los chicos se me acerca y me pregunta: ¿colombiana, verdad? He ahí al cubano menos cubano del mundo: blanco, de cabello negro, alto y con una chaqueta del Inter de Milán, uno de mis clubes de fútbol preferidos. “Sí, por qué sabes” – respondí,  e inmediatamente inicia su juego de seducción haciéndome sentir la turista más especial del lugar y recomendándome no bailar con “ese tipo de personas” que seguramente me pedirían un trago de ron o un poco de dinero al final de la noche. A partir de ese momento me sentí segura al lado de un cubano diferente, que no bailaba y que además me invitó a varios mojitos y me habló de fútbol, una de mis pasiones.

Entre mojito y mojito empecé a perder la noción del tiempo y en un dos por tres estaba  en un bar con el cubano; luego, con el ron, la luna llena de esa noche y mi amor por lo cubano, resulté en un bicitaxi rumbo a una casita muy modesta: allí empezó mi noche loca (como dice la letra de Bailando también compuesta por Descemer Bueno…), con un gran amante cubano que me desnudó tres veces en tres lugares distintos, pues cuando ya nos dirigíamos a mi hospedaje, un beso apasionado nos hacía buscar otro refugio para amantes, y preservativos en un país en el que cada vez son más escasos y de peor calidad, según mi amante. El fin de la noche fue la alarma del cubano en la mañana y una salida rápida de un motelito. Mi amigo me entregó su tarjeta de presentación como hostel de una casa particular y me pidió mantener el contacto. Llegué a mi hospedaje  a las 9: 00 a.m. y a las 11:00 a.m. nos recogía el transporte para volver a La Habana.

El resto del viaje sólo pensaba en el buen amante que me encontré y en esa noche inolvidable: ¿sería ese mi Amor Bonito? Estando ya en La Habana celebrando los 40 de mí amiga cometí el primer pecado: escribirle un correo al amante furtivo agradeciéndole por tanta pasión…Ya en Colombia y un par de semanas después el correo tuvo respuesta. Ya sabía yo las dificultades que existen en Cuba para acceder a internet, así que valoré muy especialmente esa respuesta y escribí de nuevo. Así empezó un intercambio de mensajes en el que el cubano me contaba de su vida, trabajo y familia en Trinidad y yo de mis cosas en Colombia.  Poco a poco encontrábamos más afinidades escribiendo de turismo, de música, de fútbol.

Cualquier día averigüé cómo hacer una llamada -otro pecado- pues las llamadas desde y hacia Cuba están penalizadas por el gobierno, y ni siquiera el absurdo valor me detuvo. A los mensajes que cada vez eran más frecuentes y cariñosos le sumaba ahora una llamada ocasional que por las limitaciones y costo, motivaba las expresiones de cariño más inusuales y prematuras del mundo, de parte y parte. Tres meses después de mí primer viaje ya estaba pensando en volver a Cuba a visitar al amante furtivo con la disculpa de hacer un curso de radio y otras gestiones profesionales. Al cubano no le disgustó la idea y por semanas planeamos juntos el itinerario del viaje: sería un viaje de pareja que iniciaría en La Habana y finalizaría en Trinidad de Cuba. Sin lugar a dudas era una fantasía perfecta para una mujer soltera y de una buena condición económica, pegarse una escapadita de vez en cuando a esa isla del caribe y encontrar un anfitrión bello, alegre y dispuesto a acompañarla.

Fresh mojito cocktails on beach

Con el paso de los días el cuento del amigo cubano se hizo común en las conversaciones con mis amigos más íntimos. Algunos hablaban de lo exótico del personaje y de la historia,  otros ya me veían casada de nuevo y hasta viviendo en Trinidad, o trayendo a Colombia al chico cubano, practica muy normal entre las europeas que van a la isla. Yo sólo pensaba en volver a verlo, seguirlo conociendo y pasar una buena semana de pasión, aunque por momentos sentía que me había metido en camisa de once varas y que pese a la cercanía en los correos y llamadas el personaje era un desconocido. Aun así, la llama estaba encendida y el recuerdo de esa noche loca me animaba cada vez más. Sin embargo, a pocos días del viaje el amante furtivo empezó a recular: los mensajes no eran tan cálidos y cariñosos, aunque frente a la pregunta de si ¿pasa algo? ¿Aún me esperas?, la respuesta siempre fue: no pasa nada “Titi”, te sigo esperando.

Se llegó el día del viaje y la idea de volver a Cuba después de 6 meses me tenía feliz, pero esta vez, desde el principio, el viaje fue muy diferente: una hora y media en el aeropuerto de La Habana explicando por qué una colombiana regresa en tan poco tiempo y con tanto equipaje (durante meses recogí cosas para llevarle a mi amigo cubano y su familia) y la pregunta incomoda de: ¿te dejarías hacer un escáner en el abdomen?…

Al salir de la sala de equipaje allí estaba mi amigo cubano: tal y como lo recordaba: alto, blanco, musculoso y con ese acento caribe que te recuerda el modo vacaciones. Un saludo tímido pero cariñoso y rumbo al hospedaje. En el camino, chistes por lo rápido que hablan los cubanos y por lo lento que hablamos los colombianos, especialmente los paisas. Una que otra mirada coqueta y besos. Llegando al hospedaje el personaje preguntó dónde podía encontrar un gimnasio y salió a ejercitarse. Al regresar tuvimos un muy buen encuentro en la intimidad, pero la conversación entre ambos era escasa y básica. Al siguiente día mi anfitrión durmió toda la mañana, al despertarse fue al gimnasio, en la tarde salimos a caminar por el malecón  y en la noche a bailar. Durante el baile coqueteó con cuanta mujer propia o extraña se encontró a su paso y exhibía su cuerpo musculoso como todo un gigoló: a esas alturas mis años de experiencia como soltera, casada y divorciada de vuelta en el mercado del usado, me hacían comprender lentamente una clara realidad: era un paquete, un paquete cubano.

Hombre romance de verano

Al tercer día de vacaciones, que debía ser el tercer día de Luna de miel, yo ya quería reorganizar unas cuantas cosas del viaje, como la compañía, por ejemplo. Ese día como los anteriores el personaje durmió hasta tarde y se ejercitó en el gimnasio cercano. En la noche salimos de fiesta y nuevamente el gigoló pidió pista: sin duda, mi amigo era en esencia un amante furtivo, un Don Juan encartado con el papel de amante en pareja.

Al día siguiente salí rumbo a Trinidad, tal y como lo habíamos planeado, pero sola: el gigoló decidió quedarse en La Habana, seguramente coleccionando historias de cama. En la mitad de mi viaje fue necesario rediseñar el itinerario y el objetivo del mismo: sola, incomunicada y no puedo negarlo, con parte de mi corazón roto: fueron casi 6 meses de comunicación ininterrumpida en la que le sumé picante a mi vida con la idea del amante latino que esperaba por mí. Sí, pude ser ilusa, soñadora, infantil, pero ya nadie me quitaba lo bailado y quedaban aún cuatro días de esa aventura por escribir.

En Trinidad conocí una bella familia que me recibió en su casa y me contó otras historias de Cuba, es cierto aquello de que fácilmente te encuentras conversando con un médico o con cualquier profesional: me pasó con el abuelo de la casa, médico veterano con buenas historias de vida. Conocí también dos amigos argentinos que viajaban juntos, colegas periodistas de la radio gaucha. Ella planeó el viaje en busca de la respuesta a una pregunta por la continuidad de la relación que tenía con un chico que conoció en una noche de fiesta de fin de año en Valparaiso (Chile); luego de intercambiar historias llegamos a una primera conclusión: difícilmente encontrarás un buen amor o un amor bonito en alguien que conociste cuando tú estabas borracha y él también, en una noche de fiesta.

En la bella Trinidad reviví cada uno de los momentos que compartí con mi amigo cubano la noche que nos conocimos y pude recorrer lugares imaginados por mí, gracias a lo que me contaba en los mensajes que me escribía. Me reencontré también con varios de sus amigos: muy cubanos, bellos amorosos y me vi observar cómo ellos se acercaban a las turistas con la misma estrategia que su amigo se acercó a mí hace unos meses. A él no volví a verlo ni volví a recibir sus e-mails cálidos y  amorosos.

Volviendo a La Habana tenía la maleta más liviana y así también la mente y el corazón. Me reencontré con mi anfitriona en esa ciudad que padeció como yo los desplantes y patanería del amante furtivo. En busca de alivio a mi guayabo físico y emocional salí a tomarme una sopita de pollo, sola. Cuando pagué la cuenta la mesera saca unas flores del arreglo floral central del bar del restaurante y me las entrega con una sonrisa: eso es Cuba;  por eso, a la pregunta de mi anfitriona de si pienso volver,  mi respuesta es sí. Bien dicen que cada viaje a algún lugar es sobre todo un viaje hacia dentro de ti misma, este viaje con todo y sus bemoles fue un viaje de amor (propio) y descubrimiento: creo que las mejores historias son las que vives, no las que te cuentan, pero también creo que es sano dejar volar la imaginación con los pies bien puestos sobre la tierra para que tus historias no dejen heridas profundas. No le pidas peras al olmo: el amor de verano es sólo eso: amor de verano, si le pides más, si tratas de estirarlo, se te rompe!!!.

Dorotea

 

Nota: Dorotea, fue una de las ganadoras de la convocatoria para ser nuestra bloguera invitada.

 

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13
12
2015
Solteras DeBotas

El extraño que alguna vez amé

Por: Solteras DeBotas

 

Audrey_Hepburn_and_Gregory_Peck_on_Vespa_in_Roman_Holiday_trailer

“Yo no aprendí a soltar amores
Yo no aprendí a dejarte ir
Eras una apuesta de largo plazo”

Natalia Lafourcade

 

Mi problema fue hacer caso omiso a las señales que me dieron las hojas cuando cayeron de los árboles y al hecho de no recordar que la cena se enfría si demoras en pasar a la mesa. Mi gran error fue olvidar que el tiempo pasa, que las tempestades hacen mella en los sentimientos y que nunca seremos los mismos de ayer.

Te creí mío, te creí permanente, te creí para siempre, como esos amores eternos con desenlace feliz, que solía imaginarme con gran romanticismo y que por miedo a romper el encanto, nunca me atreví a preguntar qué sucedió después de pasar la última hoja, esa donde dice “fin”.

Nunca supe si mi despecho fue por lo mucho que te quise o por darle combustible a la indolente costumbre de tenerte a mi lado, o tal vez confundí el amor con el miedo a la incomprendida soledad y con la angustia de empezar de nuevo. Fue doloroso el primer adiós, porque no solo tuve que alejarme de ti sino de todo aquello que representabas en mi vida.  Pero creo que fue aún más dolorosa la segunda despedida, esa que a través de un golpe de realidad me hizo comprender que de aquel supuesto gran amor, ya no quedaba nada.

…Y los años pasaron…

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Resolví cambiarme de acera con el fin de evitar un saludo embarazoso y me hice la distraída, la de la vista gorda, la que no recordaba tu expresión inteligente y rostro amable de naricita respingada. En caso de ser descubierta en mi falso descuido, pondría como excusa tus kilos de más y la ropa formal de color gris que te hacían irreconocible. En mi defensa alegaría que tu versión actual no coincidió con aquella imagen mental que tenía de ti, pues en la dictadura de mi memoria nunca te di el espacio para envejecer.

Quise evitar las mejillas rojas, los ojos brillantes y confundidos, las fotos de tus hijos que no tengo interés en conocer, las nostalgias alebrestadas y los frenesíes del pasado, que de manera imprudente aparecieron en medio de la calle más absurda de la ciudad. Absurda porque después de mucho tiempo, estábamos juntos en un mismo espacio, pero con la gran diferencia que ya no hacíamos parte de la misma historia. En ese breve momento en el que te vi pasar, deduje que eras un completo extraño que alguna vez amé y que ahora camina en una dirección opuesta a la mía.

Observé la verdadera naturaleza de mis sentimientos que no es estática sino mutable, muy parecida al agua, tan poderosa como para salir de su cauce y al mismo tiempo tan frágil que se evapora ante los rencores y el tedio.  Si yo cambié por añadidura mis circunstancias también, por esta razón algunas personas llegaron y luego con el mismo ímpetu se marcharon de mi vida. Ciertos movimientos no acontecieron por premio o por castigo divino, simplemente porque tenían que suceder. Pues a pesar de su gran intensidad, el amor nunca ha sido eterno y nunca lo será, todo en esta vida tiene un comienzo y un final.

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Imágenes: Audrey Hepburn y Gregory Peck en Roman Holiday

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29
11
2015
Solteras DeBotas

Las 10 resoluciones de una soltera feliz

Por: Solteras DeBotas

kinopoisk.ru

Dependiendo de las gafas que tengamos puestas, una cosa puede ser considerada buena o mala, dulce o amarga, divertida o aburrida, ya que siempre estamos etiquetando todo a través de los ojos de la dualidad, es decir que clasificamos las situaciones de dos formas, en lo que nos gusta y lo que no nos gusta.

Por ejemplo, para muchas féminas estar sin pareja es una excitante aventura y para otras es una tortura china que consiste en una leeenta espera. Y no es que la soltería sea mejor o peor que el matrimonio, hay casadas felices y casadas infelices, así mismo hay solteras felices y solteras infelices. En resumidas cuentas, de acuerdo a la madurez emocional y experiencias vividas, cada quien habla del baile según cómo le fue en él.

En mi caso prefiero colocarme unos lentes cristalinos y ver todo de la mejor forma posible, no tengo porque esperar a que me inviten a la pista, entendí que puedo bailar sola, entretenerme de lo lindo y armar tremenda fiesta con los que se quieran unir.

Y bueno, estas son mis resoluciones:

1. La soltería no es un estado temporal: o un lapso mientras aparece el utópico hombre de tus sueños, es una elección y un estilo de vida donde puedes abrirte al mundo, realizar actividades enriquecedoras, crecer a nivel profesional y conocer personas interesantes sin la tortura de las expectativas. Viviendo cada amistad, romance o equivocación como una historia memorable para recordar, degustando cada polvo, cada salida a tomar café o cada conexión profunda con mucha intensidad, lejos de pensar que esos encuentros deben terminar en noviazgo o matrimonio.

2. El príncipe azul es un mito: Nos metieron en la cabeza muchas cucarachas, entre esas que la dicha máxima se alcanza cuando la paciente damisela después de muchos obstáculos encuentra por fin a Christian Grey, Mark Darcy, o Edward Cullen. Lo cierto es que el bienestar propio no puede estar supeditado a la aparición triunfal del dichoso caballero de cualidades ficticias con la gastada promesa que nos cambiará la existencia. Una cosa es encontrar una pareja que se convierta en tu complemento y otra muy diferente, pensar que un tipo te va a dar el amor que tú misma no te das. Un novio no es la solución de necesidades insatisfechas, carencias afectivas o la cura milagrosa que sanará dolores pasados y anulará conflictos internos. Lo siento, esos rollos mentales son tu responsabilidad.

3. Hay que volverse sorda: Si los que te critican no te mantienen, no tienes por qué escucharlos. Haz caso omiso a las tías desocupadas, arpías de oficina o excompañeros del colegio que todavía siguen creyendo que la mujer es el pilar del hogar y la guardiana de la sagrada institución del matrimonio y que su misión más importante en el mundo es conseguir un marido y tener muchos bebés. De la presión social puedes pasar rápidamente a la depresión si pones excesivo cuidado a ciertas gentes con pensamientos estrechos que no han entendido que los trenes no te dejan, que los santos no necesitan ser vestidos, pues los tiempos han cambiado y las mujeres mucho más.

4. Fortalece tu espíritu: En algún punto del camino, se volvió más importante quitarse la celulitis que los miedos, conseguir títulos o comprar cosas. Y no es que este mal consentirse, prepararse, desear una mejor calidad de vida, o verse bonita por fuera, el problema es olvidar que la verdadera felicidad viene del interior. Si siempre estas esperando a que los otros actúen de la forma que deseas o que algún día cambien su comportamiento, debes preguntarte ¿Qué hay de ti? ¿Acaso no tienes aspectos que mejorar? Tu panorama progresa solo cuando dedicas tiempo de calidad a trabajar en ti misma. Ojo, no es darse palo pues también debes cultivar el amor propio. Y no importa en lo que creas, ya sea que reces, hagas mantras, abraces árboles o vayas al psicoanalista, busca la manera de convertirte en un mejor ser humano. Luego cuando lleguen los momentos difíciles, te lo agradecerás.

5. Deja de ser la víctima:  no eres la única a que ha sufrido por amor, si te vas a un centro comercial con un megáfono y pides que levanten la mano aquellas personas a las que alguna vez le rompieron el corazón, te darás cuenta que el 99.9% responderá afirmativamente. Las relaciones son un experimento entre dos seres humanos con cualidades pero también con muuuchos defectos, por tanto es lógico que bastantes veces las vainas salgan mal. Todas las personas tenemos nuestras historias dolorosas, nos han lastimado y hemos lastimado, en cualquier aspecto de la vida se gana y se pierde, ¿Por qué el amor iba a ser una excepción?  Cuando un idilio no funciona, aléjate, aprende de este y sigue adelante, si decides continuar allí, entonces no te quejes.

sophia-loren-Young

6. Viaja y ten hobbies estimulantes: compra tiquetes en temporada baja, coge tu mochila y vuela a cualquier sitio que represente salir de tu zona de confort, empieza a borrar las líneas que delimitan tus fronteras mentales.  Saborea la comida típica del lugar, visita los museos, los sitios históricos, habla con la gente, tómate 2 cócteles, no te cepilles el cabello y deja que el clima o la libertad te recuerden que alguna vez fuiste rebelde.  Si te gusta pintar, no lo pospongas más, simplemente hazlo por el placer de crear garabatos, escribe si tienes la inspiración alborotada, o si quieres hacer catarsis canta a todo pulmón aunque no tengas esperanzas de convertirte en la próxima Adele.

7. Sé valiente sin resentimientos: muchas féminas confunden este talante con ser grosera o neurótica. Las que a viva voz presumen de su audacia o de lo cabronas que son, en realidad están asustadas y se ocultan bajo el disfraz de “solteras” porque prefirieron refugiarse en sus miedos para huir de los encuentros amorosos desafortunados.  Como dice El Principito: “Es una locura odiar a todas las rosas solo porque una te pinchó”. La auténtica valentía radica en sobreponerse, regresar cada vez más fuerte y continuar la vida sin perder la sonrisa. Los rencores son venenos que no le hacen daño al susodicho, sino a la testaruda que los alimenta, este tipo de batallas no vale la pena lucharlas. Y en definitiva, no tienes que demostrarle nada a nadie sino a ti misma.

8. Ensaya las relaciones informales: desde amigovios, follamistadparches, amigos con derechos, encarretes hasta los encuentros casuales que no tienen nombre en la enciclopedia de los polvos sin compromiso. Desarrolla tu practicidad yaprovecha ese acto de egoísmo que implica deleitarse del otro sin culpas. ¿Si no experimentas como sabrás lo que en realidad te gusta? aprovecha tu lado erótico y tu lado romántico, pero no dejes de abrir tus posibilidades y tu percepción. Siempre será mejor vivir al máximo, sin perder tiempo valioso tratando de agradar a los demás, o quedarse preguntando que hubiera sucedido si…

9. Prueba la soledad: esta no muerde, ni asusta por las noches como lo han hecho creer algunas personas. Es más que un apartamento vacío, es la cálida satisfacción de ser la dueña absoluta de tu tiempo y de saber que lo utilizas para actividades relajantes e individuales. Leyendo a tu autor favorito, escuchando ese playlist de música indie que no suena en la radio, masturbándote o cocinando algo exquisito para ti misma. Así como hay mujeres que les gusta la variedad sexual y los fines de semana excitantes, hay otras que prefieren planes más tranquilos y que nadie perturbe su territorio de sigilo, cualquiera de las dos opciones está bien dependiendo de lo que quieras y lo que te apetezca.

10. Tu vida no es una serie de TV: la soltería tiene muchos matices y aunque te encanten (como a mi) ciertas heroínas light que de alguna manera reivindicaron el papel de las solteras y son fuentes de inspiración para muchas de nosotras. La verdad es que este estilo de vida no es tan glamoroso como lo pintó Carrie Bradshaw, ni tan neurótico como lo vivió Ally Mcbeal, o tan lleno de desatinos cual Bridget Jones. Entonces con las botas sobre la tierra debes elegir el rumbo en el que te sientas más cómoda, construir con sabiduría tu presente, divirtiéndote con lo que tienes y siendo feliz con tu realidad sin pensar o anhelar ningún estereotipo.

Y por último debes aceptar la premisa más importante: que el problema nunca será el estado civil, sino la forma en cómo ves la vida.

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Imágenes: Sophia Loren

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16
11
2015
Solteras DeBotas

Razones para no tener pareja

Por: Solteras DeBotas

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Escritora invitada: María Paz Ruiz

 

Mis queridas Solteras De Botas,

Hoy es lunes y los que me aman están lejos. (Y doy gracias)

Cuando estoy sola sé a quién amo.

Quería decirte que ya no sufro por amar y que descubrí que no tengo pareja por estas razones.

 

Tener pareja es vivir en exclusividad

Soy una persona que cambia de restaurante a diario, de postre, de autor, de afición y de color de pelo. Mi naturaleza es mutable y mi único tatuaje dice: Mujer anfibia.

¿Por qué quedarme con la misma cara todos los días? Pensé antes de casarme.

¿Resistirías dormir todas las noches de tu vida (que son incontables) con esa cara, y más allá: podrás dormir hasta que la suerte los separe con ese cuerpo?

Una pareja anula las demás

Cuando entras de la mano con tu pareja a esa fiesta estás diciendo: no soy libre porque estoy con él. Es mi elección ¡Que nadie se acerque! Si ya te han dado en algún momento un anillo de casada, olvídate, no solo no te mirarán sino que se sentirán culpables por hacerlo. Un anillo se pone en el dedo anular, ¿y sabes por qué? Para anular amores nuevos, besos, revolcones y noches de pasión con todos los demás. Si vas con un anillo en el dedo, más abajo en realidad te has puesto un cinturón de castidad.

Puede ser un infiltrado en tu círculo de amistades

Mis parejas empiezan ganando puntos con mis amigas, conociendo sus ciudades de origen, su sentido del humor y su vino favorito (hasta ahí todo bien). El desconcierto viene cuando mis amigas empiezan a encontrar un amigo en mi pareja, se van a conciertos de música New Age, hacen reiki juntos o terminan practicándose masajes de cabeza. No soy celosa, ni más faltaba, pero eso de cederle tu puesto a tu novio siempre me ha parecido un riesgo. Cuando terminas con tu pareja, sabes que ellos seguirán siendo amigos y tu íntima te hablará de él con esa nostalgia que ni tú tienes. Las personas que me hablan de mi ex me parecen de mal gusto. De mi ex sólo hablo yo y cuando quiero.

Una pareja sabe mucho más de ti de lo que te gustaría

Compartir es divertido hasta que te das cuenta de que lo que hoy es una ventaja mañana puede ser una desgracia. Él es el hombre que te prepara un té rojo por la mañana, conoce tus horarios, tu talla de ropa, tus colores, tus sabores, tus posturas sexuales preferidas. Y eso es una panacea hasta el día en que juega en tu contra. Si terminas con él, usará ese arsenal de datos, te llevará a ese sitio que sueñas y que crees que sólo tus guías espirituales conocen. ¡Ese hombre te ha leído, te ha respirado y hasta te puede dibujar con los ojos cerrados! Si intenta seducirte, tiene más información que Facebook y Google juntos. Si huyes, sabrá dónde te has metido.

Tiene el poder de hablar con tus papás, y de pasar vacaciones con tu hermana

Cuando era tu pareja, era maravilloso verlo reír con tu mamá o recogiendo a tus sobrinos en el carro. Pero cuando decides cortar con él, sabes que la familia seguirá siendo amable y pucherosa con él. Si habla con tu madre empezarás a imaginar cuentos de terror, cuando se vaya de cena con tu padre, quien confesará que tu ex siente mucha rabia hacia ti, te darán ganas de hacer un toque de queda. Cuando se asome Navidad y descubras que viajará con tu hermana y tus sobrinos a la playa ya no sabes a quién pedirás ayuda. Asegúrate de que no ha ido a ver a tu mejor amiga, consérvala de tu lado si es que puedes y todavía estás a tiempo.

Porque después de terminar con él, te suelta cosas como éstas:

Nunca serás feliz

Volverás conmigo

Ya se te pasará

Nunca conocerás a nadie como yo (y esperas que así sea)

Tu situación económica sin mí será difícil

No encontrarás a nadie que te cuide como yo

Por suerte desde que naciste estás destinada a la transformación. Puedes cambiar, intuir y empezar a saber que tu felicidad no te la da él, ni ninguno, que lo pasado está en un baúl viejo de fotos y cartas, que esa que lo amó fuiste tú, pero también has mejorado, ampliado el mundo, y visto que no hay nadie imprescindible en tu corazón. Harás listas y evaluaciones de lo que eres, de lo que quieres y descubrirás que los que estuvieron a tu lado desde que viniste empelotas al mundo no han sido tus parejas.

María Paz Ruiz

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María Paz Ruiz es Autora de Soledad, una colombiana en Madrid, Pop Porn, Microscópicos, Sexo sin comillas y próximamente lanzará su libro “Redes Sexuales”

Imagen: Brigitte Bardot 

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02
11
2015
Solteras DeBotas

Cansada y con ganas de mandar todo al carajo

Por: Solteras DeBotas

amalie

Me encantan los desafíos pero tengo la mala manía de no saber decir no, así que esto me ha llevado al punto de saturarme con tareas, compromisos, presiones y más presiones. Pues mi excesivo empeño me impulsa a querer solucionarlo todo, a hacerlo muy bien y además muy rápido, como si estuviera en una reñida competencia por ser la más eficiente de la ciudad, del país, del mundo o tal vez de la galaxia. Lo sé, es algo ridículo y creo que algún día me van a llamar de la AMIT (Asociación de Mujeres Intensas y Trabajólicas) para decirme que me gané una medalla de oro.

A veces me apasiono con ciertas actividades, al punto de dedicarles muchas horas, hablo de ellas hasta agotar las palabras, a veces las sueño, las veo en todas partes y las engullo como manjar divino en la cena. Soy de las que no se queda tranquila hasta que el resultado sea del agrado de mi exigente ego o roce tímidamente con la perfección. Al final lo divertido se termina convirtiendo en trabajo, por ese vicio de permear con gran rigor cada detalle, como si no tuviera derecho a relajarme o a ser promedio.

Un día me convertí en la indicada para ejecutar proyectos de grande, mediana y pequeña envergadura, como si no tuviera nada más que hacer en la vida que trabajar, como si fuera la versión humana del conejito de Energizer,  o la mujer maravilla con acento costeño. Hasta que por fin entendí, que más bien era una pendeja y que me había cargado de tantas responsabilidades que ahora sentía demasiado peso sobre mis aporreados hombros.

Y si, acepto que la culpa es mía y de mi voluntad de puta que es incapaz de negarse a los chocolates y a los retos. Por eso cuando vi que mi agenda estaba tan llena de los sueños y metas de otros, que ya no quedaba tiempo para mí misma, entonces entendí que debía parar.

amelie1

Amo mi blog porque es el proyecto que surgió como un ave fénix de las historias cenicientas de mi corazón. Sin embargo, también se ha visto afectado por mi hastío pues me he sentido presionada y la inspiración no me fluye como quisiera. Confieso que en ocasiones extraño aquellas esas épocas en donde solo escribía para mí y sin apremios, donde no me inquietaban los excesos de comas o las palabras inventadas, donde todo era un estallido de emociones sin corrección de estilo. Cuando no recibía insultos sexistas o cuando no sentía el compromiso por decir algo sensato. A veces extraño ser aquella desconocida que gozaba de la tranquilidad del anonimato y lo cierto es que debajo de la súperheroína que creé, se encuentra una mujer de carne y hueso, una Valeria muy fatigada que necesita de manera urgente unas vacaciones.

En días pasados, en medio de un té de manzanilla y unas cuantas gotas de passiflora, conversé con alguien que bien podría ser mi yo del futuro, la voz de la experiencia, o mi hada madrina anti-stress. Este personaje me dejó en la cabeza ciertas palabras inquietantes, filosas como cuchillos y que lentamente fueron transformándose en preguntas ¿Para qué trabajar tanto? ¿Para qué desgastarse?, ¿Para qué tanto acelere? ¿Por qué molestarse en complacer a otros?…eso no es vida.

Y luego concluí, que era necesario realizar una pausa y que debía dejarlo claro, sin derecho a interpretaciones. Así que me coloqué en la frente un letrero brillante y escandaloso con el famoso texto de “No molestar”. Por mi salud física y mental, tomé la decisión de soltar algunas tareas, de liberar pesos y de realizar la famosa terapia de mandar a la mierda. Me aburrí de la gente con visión de rayos X para ver los errores de los demás pero incapaz de ver sus propias faltas, me aburrí de la gente con egos gigantes y diminuto sentido del humor, de la gente que habla mucho y no hace nada. Pero sobre todo me hastié de mi misma, por echarles la culpa a los otros, cuando he sido yo la que percibe todo desde el cristal de las emociones.

Me cansé y nadie puede, ni tiene que reprocharme por ello, el revelar mi situación no me hace una mujer débil sino muy real. Y siento que ya es momento que reciba ese precioso regalo llamado tiempo, que será utilizado para respirar, para meditar, para dormir, para leer, para hacer lo que hace rato no hago, como por ejemplo: saborear las cosas despacio. Tiempo para reconciliarme conmigo misma, para decir en voz alta “No voy a hacer absolutamente nada y me siento muy bien por ello”.

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P.D: Y como dice Terminator “I will be back” con las pilas recargadas.

 

Imágenes: Audrey Tautou en Amelie

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12
10
2015
Solteras DeBotas

Lo que sucedió cuando dejé de buscar al amor verdadero

Por: Solteras DeBotas

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Alguna vez me obsesioné con ser feliz y me pareció sensato que una de las formas de encontrar esa felicidad era a través del amor, porque esta era la representación romántica que me habían vendido durante mi niñez con los cuentos de hadas, luego en mi adolescencia alimenté mil ideas erróneas con las telenovelas y más adelante cuando mi corazón se estrenó en los quereres, muchas canciones hicieron parte de la banda sonora de mis propias historias, que no fueron lo que tenía en mente acerca del sentimiento tan idealizado en aquellos tiempos.

Aunque tenía veintitantos años, en el fondo seguía siendo una niña que anhelaba al príncipe azul. A pesar que mis experiencias no habían sido las más placenteras y eran más los dolores de cabeza que las sonrisas, dentro de mí vivía una criatura ilusa que seguía empecinada en buscar afuera aquel hombre maravilloso, que en algún lugar del mundo me estaba esperando con los brazos abiertos.

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Luego de varios intentos fallidos comenzó el cansancio, poco a poco mis matices rosados fueron perdiendo su resplandeciente color e ingenuidad, hasta que me convertí en un personaje ácido, frío y gris. Y sucedió que me hastié de aquellas relaciones que parecían más una lucha por demostrar quien tenía el poder, me hastié de estar con alguien en quien no confiaba, me hastié de los altibajos que incluían gritos y su posterior reconciliación apasionada, me hastíe de intentar cambiar a quien no quiere ser cambiado,  me hastié de ese carrusel injusto de querer a quien no me quiso y de despreciar a quien si me quería, me hastié de las indecisiones, me hastié de ser la otra, me hastié de estar con alguien y de sentir que en cualquier momento iba a desaparecer por esa puerta para no volver nunca más. Así que le di la espalda al amor, como si este tuviera la culpa de mis malas decisiones.

Entonces pensé que la felicidad era estar tranquila, que mi corazón sacudido y aporreado necesitaba algo de paz. Por eso busqué el camino de la soledad, bien lejos de los malos tipos y de sus dramas, “pobrecita yo”, era dizque una víctima y por ende no quería estar cerca de lo que me hiciera daño.  Aquí fue cuando probé las delicias del sexo sin amor y me volví contrabandista de besos y pasiones, sin despedidas, ni explicaciones, sin celos y sin nada que me atara a la cotidianidad o al dolor, pues llegué a creer que la felicidad era tan efímera y tan intensa como un polvo casual.

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Quería ser una vieja ultramoderna, una especie de femme fatale con moral dispersa que vivía el momento y que luego no llamaba al día después. Sin embargo debajo de las sábanas, se escondían toda clase de sentimientos ocultos, como dragón enjaulado esperando por salir. En realidad no era tan libre como lo predicaba, detrás de mi maquillaje recargado se escondían miedos y dolores pasados sin resolver, que en cualquier momento saldrían a cobrarme por aquel olvido e indiferencia intencional. Antes buscaba al amor y ahora le huía, tal vez podría correr muy rápido e irme bien lejos pero no era posible escapar de aquella cita inaplazable que tenía conmigo misma.

Al final no pude encontrar la fórmula mágica para desconectar la cuca del corazón, si lo hubiera hecho tal vez sería millonaria.  Y cuando vi que el vacío no se llenaba con el simple coqueteo, cuando los abrazos y el arrunchis de domingo se volvieron objetos de lujo, empecé a extrañar ciertos momentos bonitos de una relación de pareja. No obstante me sentí débil por tener estos pensamientos y me insistía a mí misma que no podía caer de nuevo en los engañosos juegos del amor, pues el ayer me había demostrado con creces las batallas perdidas y que tal vez mi camino era mejor sin compañía permanente.

natalie wood

Con el paso de los años, pude conocer muchas de las posibles caras del prisma del amor. Y aunque la experiencia no me dio la verdad absoluta, si tuve algunos destellos de sabiduría que apliqué a tiempo para sanar viejas disputas y desenredar algunos rollos mentales que daban vueltas como serpiente crispada en mi cabeza.

Entendí que por andar buscando la felicidad afuera, no había tenido tiempo de mirar hacia adentro. Me había empecinado tanto en encontrar al sujeto ideal, pero yo no había hecho nada para convertirme en una mejor persona, quería encontrar al hombre de mi vida y le exigía al destino lo que creía merecer. Yo estaba obstinada en recibir, cuando era incapaz de dar.

Asimismo dejé al pasado en el lugar que le correspondía, tan cerca como para no olvidar las lecciones aprendidas pero lo suficientemente lejos para que no me agobiara con sus culpas. Como dice el refrán: “El que ama puede estar equivocado de sujeto pero nunca de verbo”.

Mi futuro sentimental dejó de ser importante, al darme cuenta de todo el tiempo valioso que había desperdiciado anhelando lo que no tenía, en vez de aprovechar el presente con lo mucho o lo poco que la vida me estaba dando en esos preciosos instantes. La soltería fue mi elección y dejó de ser una etapa temporal o forzosa mientras esperaba una utopía. Cuando descubrí que yo era el amor de mi vida, el estado civil se volvió secundario y fue más importante mi estado de felicidad. De aquí en adelante empecé a sentirme libre y no porque decidiera con quien acostarme sino porque dejé atrás mis desasosiegos.

Justo cuando había empezado a comprender que el camino es la meta y me sentía llena por dentro y dichosa por fuera, sin buscarlo y sin desearlo, apareció alguien inesperado que estaba dispuesto a romper con mi presumida vocación de soltera empedernida. Cuando le pregunté porque se había tardado tanto, que ya no lo necesitaba y que era feliz sin él, entonces me sonrió con su cara llena de sentimientos y contestó que no podía aparecer antes de tiempo, sino cuando yo hubiera aprendido lo suficiente.

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