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Cuando la inteligencia artificial se ve desde una nevera

¿Puede un electrodoméstico decirle que sus alimentos están vencidos? ¿Puede conectarse con un supermercado y lograr que le traigan la comida? ¿Puede, incluso, recomendarle qué cocinar con los ingredientes disponibles?

¿Qué tanto puede la tecnología cambiar la vida de las personas? Comencemos con un ejemplo. Hace un par de años, en viaje por Israel, conocí a un grupo de jóvenes que crearon un dispositivo para hacer citologías. Era un celular, con una luz adicional y un cono intercambiable pegado a la carcasa. Una vez se capturaban fotos o video, se enviaba de inmediato al otro lado del mundo para que un especialista hiciera su diagnóstico por medio de los datos del celular. Lo hicieron, claro, para poder llegar a las comunidades más apartadas donde no hay hospitales y clínicas. Con el aparato, muy básico y barato, se fueron para África y lograron revisar a muchas mujeres que nunca habían tenido un chequeo de este tipo. El objetivo: combatir el papiloma humano, prevenir y salvarlas de la muerte.

En otra ciudad, no tan lejos de allí, abordamos un vehículo que se conducía sólo. Por medio de sensores en el panorámico y en el bómper, identificaba los carros que estaban adelante, las personas que podían cruzar en el camino, los animales que pasaban la calle… todo. El auto, que se guiaba por las líneas demarcadas de las calles de Jerusalén, era un prototipo que ya estaba a punto de masificarse.

La lista puede seguir. Las respuestas pueden ser muchas. Pero, para ir más allá del concepto de tecnología, ¿se han preguntado cómo la inteligencia artificial se aplica en las cosas más básicas y que ya están al alcance de su mano? Pues esta semana pasó algo así en Colombia con una nevera. Imagine que el electrodoméstico le puede decir que sus alimentos ya están vencidos, puede tomar fotos de su interior y contarle lo que hace falta, puede encontrar recetas y decirle cómo cocinar de acuerdo a lo que tiene adentro de ella. Y no se trata de una escena típica de película. La experiencia se vivió en una tienda de electrodomésticos, al norte de Bogotá.

Ahora trate de visualizar: una nevera de tres puertas. Las dos tradicionales que abren de la mitad hacia afuera y una en la parte baja. En una de esas puertas altas, una pantalla táctil de 21 pulgadas ilumina el ambiente. Es como si fuera un celular gigante insertado allí. Se ve la hora, el clima, el calendario, varias fotos, un menú de aplicaciones, la conexión con una plataforma de música y una ‘shopping list’, que es la lista de productos que debe comprar porque ya no están dentro de ella. Sí, es una nevera inteligente. Es inteligencia artificial a su servicio, desde su casa, desde la cocina. Desde la realidad de nuestras vidas.

“Para el 2020, la visión de Samsung es que todos los productos estén conectados a Internet y llegar a todos los espacios donde está el consumidor. Faltaba conectar a la línea blanca y por eso esto cambia por completo el ecosistema, porque nos dimos cuenta de que el consumidor quería nuevas tecnologías”, contó Andrés Ovalle, un ejecutivo de la marca coreana en el lugar del evento. Se refería a que tienen conectados a internet los celulares, los televisores y ahora las neveras. Aquí en Colombia, claro, porque lo que ya tienen en el resto del mundo deslumbra.

Entonces, con todo conectado, ¿qué es lo que se puede hacer? La nevera cuenta con cámaras fotográficas internas, cada 15 minutos captura imágenes y, desde una aplicación gratuita que usted ya ha bajado en su celular, puede ver esas fotos y saber qué le hace falta en la nevera. Pero si usted no está en el supermercado, está disponible la alianza que Samsung desarrolló con Rappi para que el mercado le llegue a la casa cuando usted también lo haga.

Desde su pantalla táctil, puede conectarse con Spotify y escuchar toda la música de su elección, pues la nevera también tiene parlantes propios. Lo mismo puede hacer con Youtube y con Netflix, gracias al navegador. Usando Smart View, puede conectar con el televisor y cambiar los canales del tv desde la nevera.

Family hub es el concepto que reúne esta conexión multiproductos y que hace viable la posibilidad de hasta cinco cuentas (o celulares) que se pueden conectar con esta ‘bodega’ de alimentos. Eso permite que, en la pantalla de 21 pulgadas, estén las agendas de estas personas, compartan fotografías entre sí, guarden fechas importantes, les avise sobre ellas, se puedan grabar mensajes de voz y también entrar a aplicaciones que permiten conocer recetas, ajustar tiempos y mostrar videos para hacerlas realidad. Y en esa misma pantalla, que sirve de repisa, se pueden agregar notas como si estuviéramos escribiendo en una hoja de papel.

“Tareas que antes eran repetitivas, más complicadas de hacer, ahora se logran de una manera más automatizada, y esto nos hace la vida más fácil a todos. Entonces la inteligencia artificial está en muchas partes hoy en día (Waze, Netflix, Spotify),  lo que pasa es que no la vemos. Nos ayuda a que nuestra vida sea más fácil y a no hacer más trabajos que antes requerían de mucha atención humana, de demasiadas horas hombre”, me cuenta Lucas Cardona, quien dirige la división de Inteligencia Artificial de MDS.

Que la vida sea más fácil, ahí está la clave. Y eso, por usar un ejemplo masivo, lo logró el celular inteligente. Stephen Hawking decía que “si las máquinas producen todo lo que necesitamos, el resultado de esto dependerá de cómo se distribuyen estos bienes. Todos pueden disfrutar de una vida de ocio lujoso si la riqueza producida por las máquinas es bien distribuida o, también, la mayoría de las personas pueden terminar siendo miserablemente pobres si los dueños de las máquinas logran ir en contra de la distribución equitativa”.

Como siempre, todo depende del lugar en el que estamos cada uno de nosotros. El pero, el pero que esgrimía el científico inglés era que “hasta ahora, la tendencia se inclina más sobre la segunda opción, que representa la expansión de la inequidad a través de la tecnología”. Por eso el reto ahora no está sólo en conectarnos dentro de un ecosistema tecnológico. “El progreso en estas investigaciones debe apuntar no sólo a desarrollar más capacidades tecnológicas, sino a maximizar los beneficios sociales de la IA”, dijo Hawking un par de años antes de morir.

Por: Edwin Bohórquez Aya.

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