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25
09
2012
ricardobada

Traiductores por defecto (o por exceso)

Por: Ricardo Bada

Un tema fascinante es el de los escritores que se desempeñan alguna vez como traductores, consiguiendo a veces resultados idiomáticamente más notables que el original traducido, o bien siendo, en otras ocasiones, una auténtica catástrofe.

Ejemplo de lo primero lo tenemos en la traducción de Las minas del Rey Salomón, de Rider Haggard, vertida al portugués por Eça de Queiroz: una maravilla tal que, en verdad, debiera decirse que King Salomon’s Mines es una pálida traducción inglesa, anticipada, de una obra maestra que se publicaría en Lisboa cinco años después.

[Otro caso semejante, entre los que yo he leído, es el de un libro que mejoró notablemente al traducirse, sin que fuese malo en el original. Me refiero a Nicaragua: Ein Land wie Pulver und Honig, de Hermann Schulz. Lo tradujo Sergio Ramírez al español, pero al que se habla en su país, hasta el punto de que siendo además Sergio un buenísimo escritor, y nicaragüense, parece como que primero se escribió la traducción al alemán, para que al final pudiera escribirse el original nica: Nicaragua: Una tierra de pólvora y miel].

Y un ejemplo de lo segundo podría ser la traducción de los Papeles póstumos del Club Picwick, de Charles Dickens, fusilados en castellano por nadie menos que Pérez Galdós, a quien sólo se puede disculpar en razón de su juventud  e inexperiencia, y tomando en cuenta que es bastante posible que en el horror resultante influyera la redacción del diario donde la publicó.

Hay casos en que la editorial quiere darle un especial relieve al lanzamiento de un nuevo libro de un gran autor, y elige para traducirlo a un gran autor del propio idioma. Es lo que pasó con El amor en los tiempos del cólera, al publicarse en Brasil.

He aquí los cinco elementos que componían la portada: 1° Gabriel García Márquez, 2° Premio Nobel de Literatura, 3° O Amor nos Tempos do Cólera, 4° Tradução de Antonio Callado, y 5° el logotipo de la editorial con una sola palabra que casi parece aludir al contenido prometido por semejante portada: RECORD. Con cinco elementos homologables se puede llegar a vender condones en el Vaticano.

Y además, la traducción no estaba mal, aunque encerraba fallos clamorosos, como “la papayera de la próspera población de Gayra” convertida en “a gente da plantação de mamão”; a mis lectores colombianos (sobre todo costeños) no tengo necesidad de explicarles que una papayera es lo que Pacho Zumaqué me definió de manera tan gráfica como inolvidable: “Un combo de chupacobres”. O sea, una banda de música con predominancia de instrumentos de viento, y no, como tradujo Callado, la gente de la plantación de papaya.

Un gran traductor alemán, Wilhelm Muster, elogiado por Ernst Jünger, en su prólogo a una antología de cuentos de Juan Carlos Onetti, dejó dicho que “Traducir no es tan sólo el traslado de un original de un idioma extranjero al propio, sino ante todo el testimonio del efecto de un original en un traductor”, y añadió: “De cualquier modo, a partir del naufragio que toda traducción significa, y del mismo modo que un buscador de restos frecuentemente les saca partido, a veces se consigue volver a hacer navegar el barco, con otras planchas y otros mástiles”.

Está muy puesto en razón, pero luego, en su traducción del cuento Jacob y el otro, la frase “La vida había sido siempre difícil y hermosa” la tradujo como si Onetti hubiese escrito “La viuda había sido siempre difícil y hermosa”, con lo cual el naufragio fue sin remisión en este caso. Sobre todo porque aunque Muster hubiese manejado una edición con una errata, lo cierto es que en todo el cuento no aparece jamás una viuda, y eso tendría que haberlo puesto alerta.

Sea como fuere, este de los autores metidos a trujamanes es un tema que promete mucho, y en el que trabajo ahora por encargo de la revista Vasos Comunicantes, de la sección autónoma Traductores de Libros, de la ACE (Asociación Colegial de Escritores), de España, cuya página web es la siguiente: http://www.ace-traductores.org/historia. Prometo pasarles el resultado después de que se publique allá.

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swhelpley

25 septiembre 2012 a las 11:00
  

Es que traducir es como hacer una operacion sin saber que se va a encontrar: Entre mas experto, menor posibilidad de error. Pero a veces, ni asi. Algunos son crimenes de marca mayor: Usted Don Ricardo, ha recordado la criminal traduccion de la Elegia de Marienbad de Goethe por Guillermo Valencia. Mi recordado Prof Assa, traductor de las Cartas a un joven poeta de Rilke, decia que cada traductor tenia su autor. Y era impresionante la diferencia entre las version de el, y otra que despues conoci. Otro caso que el planteo fue el de los refranes: Si se debia traducir por ejemplo, Esta como mosca en leche (español) que se entiende o usar una equivalencia por ejemplo Esta como burro a manteles(italiano). En el caso de la Papayera, no deja de ser un fallo clamoroso, y pierde sentido el texto

Opinión por:

swhelpley

25 septiembre 2012 a las 11:02
  

(sigue) De todas formas, a los pobres traductores debe reconocer el valor de medirse a reescribir un texto en cuerpo ajeno, a sabiendas del riesgo: Un naufragio, en ultimas.

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