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Desde siempre he sido de muchas relecturas, y a partir de los 70 de mi edad, muchísimo más. Pero sigo abierto a lecturas nuevas, y a ellas quiero dedicarles varias entradas de este mes en mi blog. Comenzando por un descubrimiento que me ha proporcionado abundantes horas de alegría lectora: la saga de Bevilacqua y Chamorro, a la que me referiré ensartando como cuentas de un collar las entradas que le fui dedicando en mi diario.
Weiß/Colonia, 17.5.
Termino de leer La estrategia del agua, la policial de Lorenzo Silva que cierra por ahora la saga del brigada Bevilacqua y la sargento Chamorro, de la Guardia Civil. La compré exprofesamente en Madrid para saber si vale la pena la serie entera, y me da en la nariz (la tengo grande) que sí que lo vale. La compraré. Completaré con ello un trío de autores españoles en el género: doña Emilia Pardo Bazán, J.M. Guelbenzu y este Lorenzo Silva que acabo de descubrir. El resto no me parece a la altura, sin excluir ni al supravalorado Vázquez Montalbán. En las policiales de VM el autor está todo el tiempo tratando de ser el Hammett y/o Chandler celtibérico, y es al divino botón. En las policiales la literatura no se puede hacer a fortiori; o sale o no sale. En los casos de Simenon o de Arnaldur Indriðason, sale. Porque no lo buscan ni lo fuerzan, y en ello se basa la diferencia esencial con esos productos de mercado como las novelas del tal Carvalho.
Weiß/Colonia, 21.6.
En el canal Arte estuvieron pasando hasta hoy, en tres jueves consecutivos, a dos por jueves, los seis capítulos de Pride & Prejudice en la versión BBC de 1995. Como el buen vino, gana cada vez que la veo. Y ahora comenzaré a meterme entre pecho y espalda los cinco primeros libros de la saga de Bevilacqua y Chamorro, la pareja de guardias civiles creada por Lorenzo Silva, de la que ya lei el último episodio y me entraron ganas de conocer la saga entera, de manera que me la procuré al alimón entre Visor en Madrid y La Librería en Bonn. Me hago la reflexión de que no sólo es pareja por ser hombre y mujer, sino, sobre todo, por ser de la Benemérita, y me acuerdo de un viejo chiste basado en la ancestral enemistad entre los gitanos y ella. Dos gitanos que se encuentran en la calle, y uno de ellos le dice al otro: «Ahí vengo del cruce a la salida del pueblo, que un camión se salió al arcén y ha matao a un guardia civil». Y el otro: «Pero compadre, ¿esa gente no va siempre en pareja?».
Weiß/Colonia, 23.6.
Anotado en El lejano país de los estanques, la primera novela de la saga de Bevilacqua & Chamorro, que terminé de leer anoche: «Cuando un hombre tiene que abusar de la mentira para cumplir con su deber, puede estar seguro de que anda equivocado de verdad o de deber». Es el tono de Dalgliesh, y ello me recuerda que debo enterarme de si ya apareció en español o mejor en alemán la novela de P.D. James con los personajes de Pride & Prejudice, de la que ella es una ferviente lectora y admiradora. El lunes preguntaré en la librería, adonde de todos modos debo ir a retirar el ejemplar encargado de La cosa empieza con que falta el punto final: volví a prestar ese libro y estoy seguro de volver a perderlo por tercera vez, pero quisiera atender una consulta de un forista [en mi columna quincenal en estas mismas páginas] y volver a tenerlo. Palabrita del Niño Jesús que no lo prestaré nunca más.
Weiß/Colonia, 24.6.
Termino de leer El alquimista impaciente, la 2ª novela de la saga de Bevilacqua & Chamorro, que cada vez me gusta más. Rescato esta observación del sargento a la guardia, a propósito del abogado de una central nuclear: «La única temeridad que podemos imputarles, por ahora, es la de tener a ese abogado para representar sus intereses. Si hubiera representado los de María Goretti, habría logrado que la acusaran de ir provocando». Y esta otra, en una discoteca de la costa malagueña llamada “Rasputín”, cuando el DJ pincha la canción homónima y el público ruge delirante: «Esto ya es un clásico, como Bach», «Tampoco te pases» le amonesta ella, y él: «Desde luego. Ya quisiera el pobre Bach un recibimiento así para cualquier aria de “La Pasión según San Mateo”».
Weiß/Colonia, 25.6.
Terminé la 3ª novela de la saga de Bevilacqua & Chamorro, La niebla y la doncella. Tengo la impresión de que recién aquí es donde Lorenzo Silva se dio cuenta del filón que le había caído en suerte. Aquí empieza a crearle más pasado a Bevilacqua, por ejemplo una ex mujer y un hijo de 9 años que vive con ella desde hace seis, y a quien sólo ve cuando la madre se lo permite. Pero acá también descuida detalles de las dos novelas precedentes, porque ya tiene puesto el punto de mira en el futuro. Por ejemplo, cuando Bevilacqua va a la playa con las dos guardias civiles, Chamorro y Anglada, y Anglada resulta que lo hace en top less, él reflexiona que no estaba preparado para ello, y en cambio sí para ver en bikini a la otra, porque no era la primera vez. Joder, la primera vez la vio en todavía menos que top less, nada menos que en purisimas pelotas, porque la obligó a acompañarlo a una playa nudista durante las pesquisas en El lejano país de los estanques, la 1ª de la saga. El diablo se esconde en los detalles, dicen los alemanes.
Weiß/Colonia, 26.6.
Me fui a dormir a las 3.30 a.m. después de jalarme de una sola tacada el 4° volumen de la saga Bevilacqua & Chamorro, Nadie vale más que otro. No es novela, sino acopio de cuatro cuentos que todos transcurren en verano y registran crímenes sórdidos, de aquellos donde se le echa el guante al asesino con sólo sumar 2+2: la violación y el estrangulamiento de una niña de doce años en un pueblo de la Castilla profunda, por ejemplo. Pero aparte de que están requetebién contados, con sobriedad y buen pulso, llevan un prólogo donde encontré la confirmación de mi sospecha: que con La niebla y la doncella fue cuando Lorenzo Silva se dio cuenta del filón que había descubierto. Él lo expresa de un modo distinto: «Casi me convirtió en rehén del sargento y su compañera». Ojalá lo mantengan secuestrado mucho tiempo.
Weiß/Colonia, 28.6.
Concluyo la lectura de La reina sin espejo, lo cual significa que ya conozco la saga completa. Ahora lo que me toca es quedar mordiéndome las uñas de impaciencia hasta que se publique la sexta novela. Puedo entender muy bien a los lectores de Dickens, en la Nueva Inglaterra que ya eran los Estados Unidos, aguardando ansiosos la llegada del navío que traía la siguiente entrega de Little Dorrit. En alguna parte he leído que en el puerto de Boston era una vez la aglomeración tan grande que la muchedumbre, sin querer, empujó a alguien al agua, donde murió ahogado. Me parece un precio excesivo, una vida humana a cambio de un poco de literatura, pero mucho mejor que morir por algo tan deleznable como eso que llaman ¡oh! “la Patria” [sic, la mayúscula].
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swhelpley
3 julio 2012 a las 9:29
Don Ricardo, voy a tener que dejar de seguirlo, porque como los enfermos con la comida, usted me brinda demasiados platos exquisitos de lectura, que ahora, aparte de la dificultad de conseguirlos, me dejan exhausto en medio de las ocupaciones diarias de familia, trabajo y sociedad. Pero en una cosa muy lateral si coincido: Vasquez Montalban me parece muy menor en un genero que ha dado nombres como Simenon, Hammett, o uno que me encanta, Wallander, de Mankell
Opinión por:
ricardobada
3 julio 2012 a las 10:36
Gracias por leerme, don Samuel, y bueno, lamento que no disponga del tiempo para leer esta saga, no sabe lo que se pierde. Correo aparte, a su dirección email, le envío la única reseña que hice alguna vez de una novela del tal Carvalho, de Vázquez Montalbán; verá que no le ahorro palos, aunque también le reconozca un mérito suyo olvidado, el de haber sido un excelente poeta. Vale.
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