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Entre diciembre 2006 y marzo 2008 mantuve una columna semanal, “Cartas a Clawdia”, en la edición costarricense de SoHo. La columna que iba a ser la # 15 no llegó a salir, y hace un par de días la leí de nuevo y la resumí en un tuit para un amigo muy querido, que la sacó así, como si fuese un cubito de sopa comprimida, en su cuenta Twitter. Pero a los lectores de mi blog les quiero afrijolar el original completo. Helo aquí:
Clawdia, prima ballerina mía,
sé que te gusta bailar, y que además de tus rocks y de tus reggaes y tus rappers (y aunque sólo sos romanticona cada muerte de obispo) también de vez en cuando te gusta marcarte un bolero. Pero para introducir mejor el tema de esta carta de hoy, dejame contarte algo de mi infancia de niño español en el período más duro del franquismo, el inmediato al final de la guerra civil.
Toda su ideología fascista asimilada, sobre todo de la Italia de Mussolini, se centraba en la idea del futuro, de un mañana en el que España recuperaría el Imperio de los Reyes Católicos, o por lo menos sería tan importante a nivel mundial como lo fue el siglo XVI. El pasado en cambio se homologaba a corto plazo con la República recién derrotada en la contienda cainita, con la “fementida democracia” que tantos males había traido al país. Esta era la doctrina oficial, y una censura férrea hacía que el discurso público no se saliera un centímetro de aquel canon.
Recuerdo por eso mismo con mucha precisión una de las canciones más populares que oíamos a diario por la radio, en los inolvidables programas de discos dedicados. Era una canción muy sentimental, casi pegajosa, donde el hombre se lamentaba por un amor perdido, y el estribillo repetía: «Mañana, qué triste palabra, / mañana me harás padecer. / Ayer, volver al ayer, / volver a soñar, volver a querer».
Bastantes años después, reflexionando sobre la cultura popular como fortaleza contra el poder (porque el poder suele ignorarla y hasta despreciarla), me acordé de aquella canción y de su tiempo, y me dije que el letrista le había colado un gol de campeonato a la censura.
Porque es que la cultura popular encierra tesoros de ambigüedad, algunos verdaderamente geniales, como este que te acabo de relatar, y como el que sigue, y aquí vuelvo al principio de la carta.
Hay un bolero con letra del poeta yucateco Ricardo López Méndez y música del jalisciense Gabriel Ruiz Galindo, mexicanos ambos, pues… hay uno, te digo, que seguramente lo has oído cientos y cientos de veces sin detener tu atención exegética en dos de sus versos que son toda una edición (secreta) de bolsillo del Kamasutra: «saber que mis besos se quedaron en ti / haciendo en tus labios la señal de la cruz».
Y ahora decime, corazón, ¿cómo cara…mba un hombre besa a una mujer haciendo en sus labios la señal de la cruz?
Hay tres posibilidades, ¿no te parece?
La primera es torcer el cuello el varón en un ángulo de 45°, para que el encuentro de sus labios con los de ella marque una + más o menos de este porte; aunque en función de la longitud de los labios de cada participante también puede ser una Æ o una † , claro está. ¿No te parece supercomplicado, además de masoquista, como para que lo haya podido pensar así el letrista del bolero?
La segunda posibilidad es que el varón bese a su pareja encima del labio superior, después debajo del labio inferior, luego a la izquierda de la comisura de los labios, y por último a la derecha de la misma, lo que sería evidentemente hacer la señal de la cruz con cuatro besos, pero no me parece que el poeta yucateco haya sido tan pío.
Y la tercera posibilidad, claro, es que los únicos labios del varón (que son horizontales) besen los segundos labios de su amada (que son verticales), y esa sí que sería la más dulce señal de la cruz que aquellos labios soñar pudieron.
Me despido haciendo en tus labios –ahora ya sabés cuáles– la señal de la cruz, y hasta la Victoria (la de Samotracia, of course!), siempre.
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Y ahora quiero que vean, abriendo el enlace, en qué vino a quedar esta historia convertida en tuit:
http://twitter.com/#!/SalcedoRamos/status/178268127564529665
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Opiniones
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swhelpley
28 marzo 2012 a las 14:27
Interesantisimo el texto. Me recuerda un poco el caso del tema Milonga Sentimental con letra de Homero Manzi: Una mujer y un hombre tienen una relacion que es en esencia sexual; en el caso de ella, por interes. Aparece alguien y “Tu amor se seco de golpe, nunca dijiste porque” por ella. Pero el no puede olvidar sus noches con ella: ” cortar lo tientos de un metejon amarrados al palo del corazon”. Gracias por el texto don Ricardo. Por cierto: Las columnas eran mensuales o semanales? Que yo conozca la Revista Soho es mensual.
Opinión por:
ricardobada
28 marzo 2012 a las 14:51
Mensual, querido Samuel, la columna era mensual, se me fue el santo al cielo y escribí “semanal”, igual que también tuve un tropezón de teclado y en vez de escribir 2006 escribí 2066, menos mal que mi Susanita (yyyo soy su Manolito) me yyyamó la atención desde Bueno Saire y yyya lo corregí. Pero lo de la periodicidad de la columna lo dejo como error y lo reconozco acá humildemente, como corresponde. Gracias por leerme con tantísima atención, Susanita y sumercé.
Opinión por:
ricardobada
28 marzo 2012 a las 14:59
Hay otro error en el texto, no imputable a mi persona sino al programa implementado en esta página, y es en el primer párrafo dedicado a las posibilidades del beso en forma de cruz; de repente aparece una letra danesa, la a junto con la e, mayúsculas además, donde debería ir una cruz con el palo transversal doble del tamaño normal, mientras que la siguiente debía ser todo lo contrario. Ahí sí que no puedo corregir nada. Es como con los pobres columnistas de El Colombiano, de Medellín, que cada vez que escriben tres puntos suspensivos, el sistema se los convierte en un signo de interrogación. Parece, como dije en una cuenta Twitter, una sutil refracción de la historia del país. Vale.
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