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21
03
2012
ricardobada

Mi tercera lista de #30Libros

Por: Ricardo Bada

El 4 de enero publiqué acá la lista, y hubo dos lectores que me enviaron sus respuestas sin dejarlas al pie de mi post; y como eran tan buenas, a cada una de ellas les dediqué un post propio, a la de Juan Villamil y a la de Samuel Whelpley. Ahora le toca el turno a la lista mía, y esta es, pues, mi tercera y espero que última, si bien estoy abierto a la respuesta de cualquier otra que me sea propuesta.

  1. El primer libro que compraste en tu vida
Sinceramente, no lo recuerdo, pero si pienso en mis disponibilidades económicas por la época en que empecé a comprar libros, tuvo que ser con bastante seguridad una obra de teatro de las que editaba Alfil desde 1952. Casi me atrevo a decir que fue, o Celos del aire, de López Rubio, o Llama un inspector, de Priestley, los ## 2 y 6, respectivamente, de la Colección Teatro.

  2. Uno de un autor famoso o consagrado, escrito cuando el autor aún no lo era
Todo lo que escribió José R. Ovejero hasta que le publicaron Bruselas, cumpliéndose así mi profecía de que el primer libro que le editaran se lo iban a pagar.

  3. Uno comprado en versión pirateada
El coronel no tiene quien le escriba, mi preferido entre los de García Márquez. Amén de ello lo tengo en tres ediciones legales distintas, y el ejemplar de la traducción holandesa está dedicado a mi esposa la mera mera noche de la entrega del Nobel.

  4. Uno que leíste después de ver la peli y porque la peli era buena
Los puentes de Madison County, que es inferior a la peli de Clint Eastwood, donde él y Meryl Streep componen una de las parejas más dolorosamente recordables en toda la historia del cine.

  5. Uno que leíste después de ver la peli y aunque la peli era mala
No puedo precisar la peli, pero sí el libro. Y es que debo de haber visto al menos media docena de pelis basadas en Las mil y una noches antes de meterme entre pecho y espalda los tres tomos de la edición de Cansinos Assens en Obras Eternas, la legendaria colección de Aguilar. Y claro que había que leer el libro aunque las pelis fuesen bosta. «¡Por Dios!», como suele decir en estos casos el maestro Álvaro Mutis.

  6. Uno que perdiste durante un viaje
Baby Doll, el guión de Tennessee Williams para la peli que en español se tituló Muñeca de carne y que en inglés le dio nombre a una prenda de lencería. El volumen estaba ilustrado con fotogramas de la peli. Lo perdí (creo que no me lo robaron) en un accidentado viaje en tren, siendo yo soldado y regresando desde Huelva a Madrid tras un permiso, en aquellos trenes nocturnos con que la RENFE nos obligaba a viajar a quienes lo hacíamos de manera gratuita, por mor de nuestro patriótico desempeño. Ça va sans dire!

  7. Uno de un autor suizo
Derborence (traducida al español como El espanto en la montaña), de Ramuz. Hay otros libros de autores suizos que podría citar, en especial de Friedrich Dürrenmatt y de Max Frisch, y más en especial, entre los de Frisch, Guillermo Tell para la escuela. Pero este de Ramuz es un descubrimiento que le debo a Juan Rulfo y una larga charla que sostuvimos una mañana a fines de mayo, en Berlín 1982. Durante esa plática me habló de dos autores de los que yo sólo conocía, de nombre, a uno, a Ramuz, sin haberlo leído nunca, y él me dijo que era el autor extranjero al que más le debía. En lo que no andaba muy lejos de Paul Claudel, quien escribió que «la gente se reirá de nosotros dentro de cincuenta años, cuando se den cuenta de cuántos mediocres han sido convertidos en celebridades, en una época en la que Ramuz publicaba oscuramente sus novelas para gozo de un reducido número de lectores». Ah, y el otro autor que Juan Rulfo me recomendó leer, ¡en mayo de 1982!, era un tal Ryszard Kapu?ci?ski.

  8. Uno de un autor chicano
Los amigos de Becky, de Rolando Hinojosa. Como Rolando es un amigo íntimo, eludo explicar por qué ese libro es, de todos los suyos, el que más recomendaría para comenzar a leer su obra, una obra cuya población de personajes sólo es comparable a la de Galdós. Y ya es decir. Joder.

  9. Uno de un autor hondureño
Blanca Olmedo, de Lucila Gamero de Medina. Es una de las mejores novelas escritas por una mujer latinoamericana en el siglo XX, y en todos los demás. Por desgracia no se la conoce casi, fuera de Honduras. Pero pocas veces ha mostrado un relato, de manera tan descarnada, el poder aniquilador de la Iglesia y su modus vivendi de la religión en la vida íntima de una mujer. Absolutamente acojonante.

10. Uno de un autor filipino
Noli me tangere, de José Rizal, el mártir de la independencia del archipiélago. Es una buena novela, con un valor histórico añadido :
30.12.1896: El asesinato legal de Rizal, fusilado a pesar de la petición de indulgencia de Pi i Margall, rechazada por Cánovas del Castillo, es una de las páginas más oprobiosas de la historia de España y explicaría por sí solo que el español no se hable más en el archipiélago;
8.8.1897: Cánovas del Castillo muere asesinado a tiros por un anarquista en el balneario de Santa Águeda;
10.12.1898: Por el Tratado de París, España pierde las Filipinas (y Cuba, Puerto Rico y Guam) como consecuencia de haberse enfrentado neciamente a un enemigo que menospreciaba: nada menos que los Estados Unidos del Norte de América situados entre el Canadá y los Estados Unidos Mexicanos. El tiro de gracia a Rizal salió efectivamente al revés. Sólo veinte días menos de dos años más tarde.

11. Un diario íntimo
El de Samuel Pepys, tan íntimo que estaba escrito en un idioma inventado para él, y que se tardó mucho tiempo en descifrar, al ser descubierto después de su muerte. Es una obra maestra de la literatura memorialística, y de la picaresca y de la erótica. Y de la literatura, a secas.

12. Un diario escrito para ser publicado
El de Ernst Jünger, y quienes puedan leerlo en alemán, no dejen de hacerlo. La relación proporcional del alemán de Jünger con el de la inmensa mayoría de sus colegas es la de una mariposa con el albatros en tierra que inmortalizó Baudelaire.

13. Alguna obra de teatro que hayas leído
Soy lector de teatro desde que supe leer, y leer teatro me apasiona. De manera vicaria por todo el género elijo La casa de té, de Lao She, a quien la tristemente célebre Revolución Cultural empujó al suicidio, si es que no fue asesinado por la Guardia Roja en 1966.

14. Un guión de cine [original: no adaptación] que hayas leído alguna vez
Cléo de 5 à 7, de Agnès Varda. Algo de a deveras excepcional.

15. Un guión de TV [original: no adaptación] que hayas leído alguna vez
Marty, de Paddy Chayefsky. Formaba parte de uno de los primeros libros que compré en Buenos Aires, en 1967, recién llegado allá. Un volumen con seis teleteatros de PCh que casi todos pasaron al cine y fueron grandes éxitos: no es extraño que fuese PCh el autor del mejor guión que se haya filmado nunca sobre el poder de la TV, Network, uno de los clásicos de Sidney Lumet. Me cupo la gran alegría de revelarle la existencia de este libro, y regalárselo (cuando me enteré de que era tan fanático de PCh como yo), a uno de los mejores cinéfilos que conozco, mi buen amigo Ricardo Silva Romero, uno de los mejores escritores colombianos.

16. Uno que te recomendaron tanto que por eso mismo no lo leíste
No suele ser así que deje de leer un libro porque me lo recomienden mucho, sino porque lea las reseñas de críticos que me merecen crédito. En cualquier caso, y pese a las recomendaciones de tantos amigos y las favorables reseñas de tantos críticos, para que leyese a Bolaño, confieso que tras intentar leer dos libros suyos que se me cayeron de las manos, paso de Bolaño, como en el póker.

17. Uno que compraste por el título, sin saber nada del autor
Miguel Street, de V.S. Naipaul. Fue en 1970. En un puesto de libros de un mercadillo callejero, aquí en Colonia, encontré un volumen en cuya tapa se leía ese nombre hasta entonces para mí por completo desconocido, V.S. Naipaul, seguido de un título que me hizo tragar saliva: Blaue Karren im Calypsoland. Me dije que no era posible que hubiese en el mundo un autor tan degenerado como para bautizar así a un hijo suyo: Carretas azules en la tierra del calipso. Me cercioré de ello mirando el colofón del libro, donde constaba que el título original era Miguel Street, y que Naipaul lo había publicado en 1959 en Londres, aunque el hombre había nacido en Chaguanas, trinitario de ascendencia india, más concretamente hindú. Y así, habiéndome cerciorado de que el delincuente titulicida era el editor y no el autor, compré aquel pequeño volumen y tras su lectura me convertí en un adicto de Naipaul.

18. Tu diccionario preferido
Ese que los brasileños llaman “el Aurélio”, el diccionario brasileño de la lengua portuguesa, cuya reimpresión de 1986 me regaló un gran amigo, un gran escritor en esa lengua, Ignacio de Loyola Brandão. Y es mi diccionario predilecto no sólo porque es una preciosa herramienta de trabajo (traduzco del portugués para la revista Humboldt desde hace más de un cuarto de siglo), sino también porque encierra un compendio maravilloso de la literatura en portugués, documentando con ejemplos las acepciones más peregrinas. Escojo una única cita, en la palabra “amor”, donde don Aurélio Buarque de Holanda Ferreira se vale de las Rimas de Camões para definir: «Amor é un fogo que arde sem se ver» [“Amor un füego es que arde sin verse”, traduzco para conservar el endecasílabo].

19. La novela que más te gusta entre las de aventuras de robinsones
Susana en el Pacífico, de Jean Giraudoux. Descartando las clásicas de Defoe, Verne y Wyss, hay algunas otras que me gustan tanto como ella: las de William Golding, Michel Tournier y Gerhard Hauptmann, pero siempre me decanto por el viejo Giraudoux, aquel que en su nouvelle Bella dejó dicho lo de «Chile, esa espada colgada del flanco de América», que hoy casi todo el mundo se lo atribuye a Borges, a lo peor porque Borges lo citó con comillas invisibles.

20. Un libro que quisieras poder leer en el idioma original
Mientras agonizo, de William Faulkner. Todos los suyos, en realidad, pero elijo este por más de una razón que a nadie le importa.

21. Uno que has leído completo a bordo de trenes, autobuses y/o tranvías
Para no tener que andar fatigando la memoria citaré el último de ellos, La tierra de los desorientados, un libro de cuentos del argentino Fabián Vique, que me regaló mi deuda estherna el 23 de diciembre y lo terminé de leer el 4 de enero, a lo largo de seis o siete viajes con los transportes públicos de Colonia. Puedo recomendar muchísimo el libro, no así los transportes públicos, detestables, de la ciudad donde sobrevivo.

22. Un libro-crónica (o de crónicas)
Hiroshima, de John Hersey. Un clásico. Lamento no ser más original, pero la originalidad no debe ser la pretensión a seguir confeccionando estas listas.

23. Una miscelánea (puede ser una antología de un autor que haya abordado varios géneros: cuento, novela, teatro, ensayo, periodismo…)
La vuelta al día en ochenta mundos, de Julio Cortázar. Repito acá lo dicho en el # 22.

24. Un libro de cocina, sea o no de recetas
De la olla al mole, del mejor crítico gastronómico español, Xavier Domingo, quien recoge en él las aportaciones latinoamericanas a la cocina peninsular, o lo que es lo mismo: europea; o lo que quizás fuera más justo decir: al mestizaje cultural vía jugos gástricos. En este libro, y en su capítulo epigrafiado peninsularmente como “Celebración de la patata”, XD escribe al final: «la gran celebración de la papa sigue estando en su área de nacimiento: Colombia, Bolivia, Perú… Papas a la huancaina, gran especialidad del escritor peruano Julio Ramón Ribeiro [sic]»… y al leer eso de que las papas a la huancaina eran una gran especialidad del grande y prematuramente desaparecido Julio Ramón Ribeyro, me sentí muy feliz pensando que yo las había degustado una vez en París, cocinadas por él, en el apartamento de la Rue du Bac del filósofo peruano Fernando Carvallo, en una de aquellas comidas maratónicas donde varios compatriotas sometían a un juicio recíproco sus habilidades culinarias.

25. Uno que te levantó el ánimo
Una selección de la correspondencia de William Faulkner. Leyéndola (leyéndole) no me sentí solo. Él, una de las más mayores luminarias literarias de todos los tiempos, escribía cartas sólo para ofrecer sus productos en el mercado (las revistas, las editoriales) y solicitar y/o reclamar por el pago de sus honorarios. Casi no existen cartas “literarias” de WF, excepto un par de ellas a una joven escritora que le envió sus textos pidiéndole su opinión sincera sobre los mismos. También en eso un paralelo conmigo, con la ardua diferencia que va de un genio como Faulkner a un mercenario de la escritura como yo. Pero lo dicho, leyéndole no me sentí solo. Hasta me sentí reconfortado. Bah, lo confieso: me sentí en muy buena compañía.

26. Uno que te hizo llorar
Marianela, de Pérez Galdós. Y hay que tener el corazón de pedernal, o sencillamente estar podrido por la literatura, para no llorar durante los capítulos que siguen a cuando operan a Pablo y este recupera la vista y quiere “ver”, porque por fin puede hacerlo, a su admirable lazarillo, a la raquítica y fea Marianela, desesperanzada y locamente enamorada de él.

27. Uno que recomendarías para adolescentes
Milnovecientosochentaycuatro, de George Orwell. O lo leen y lo entienden y proceden en consecuencia; o lo leen y no lo entienden, y entonces se merecen el mundo que tienen. Y que nadie crea que es un desplante esta recomendación: el que se conoce como 1984 pero se titula como dejé dicho, es un libro de lectura sumamente fácil para cualquier clase de público.

28. Uno que te gustaría ver publicado en una edición con ilustraciones o fotografías
A lo mejor (o a lo peor, dependería de la edición) existe y yo no la conozco, pero me gustaría una edición así –con planos, mapas, dibujos, diagramas, fotos, grabados, en fin, con toda la parafernalia gráfica– de Los 40 días del Musa Dagh, donde Franz Werfel narra de manera poderosa el genocidio cometido por Turquía contra el pueblo armenio. Y que esa edición fuese lectura escolar obligatoria en Turquía.

29. Uno que hayas tenido que leer obligado
Aquí tengo dos respuestas.
La primera respuesta es que ninguno. Sólo una vez, al comenzar el curso preuniversitario, en el Instituto de 2ª Enseñanza, en Huelva, el profesor de Filosofía nos obligó a comprar uno de un filósofo francés, Louis Levelle, su Introducción a la Ontología, recién editado por el Fondo de Cultura Económica, en México. Nos hacía leer un párrafo en voz alta y teníamos que explicar lo que habíamos sacado en limpio de la lectura. Sacábamos tan poco, que no llegamos a pasar, en todo el curso, de las tres o cuatro páginas iniciales, por lo que al final el único que debió de sacar algo en limpio tuvo que ser él: seguro que la librería le pagó una comisión por los más de treinta  ejemplares vendidos de un libro del que, normalmente, ni siquiera habrían encargado uno, y aún así en régimen de comisión.
Y la segunda respuesta es que muchos. Todos aquellos (pero muy en especial los malos) de los que me encargaron una reseña pagada. Por lo general bien pagada, exceptuando justamente  aquellos casos en que hubiese renunciado a los honorarios con tal de no seguir leyendo. Pero he sido siempre honesto y he apurado hasta las últimas heces del cáliz cuando se me pagaba por la reseña. Lo cual al final redundaba en perjuicio del libro, porque a cada página me iba cargando más y más de electricidad negativa, proceso que culminaba al escribir mi reseña y hacerlo, como dijo certeramente un lector de Revista de Libros –la publicación donde aparecían mis críticas–, en forma de auténticas “motosierras verbales”.

30. Uno al cual le cambiarías el final
Con toda seguridad a La Regenta :
«Abrió, entró y reconoció a la Regenta desmayada.
Celedonio sintió un deseo miserable, una perversión de la perversión de su lascivia; y por probar un placer extraño, o por probar si lo gozaba, inclinó el rostro asqueroso sobre el de la Regenta y le besó los labios.
Ana volvió a la vida rasgando las nieblas de un delirio que le causaba náuseas. Había creído sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo».
Desde la primera vez que releí La Regenta (y ya son unas cuantas) me quedé a seis líneas de este final. ¡Mi pobrecita Ana Ozores no se merecía semejante injuria, maestro Clarín!

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ido

21 marzo 2012 a las 1:04
  

Señor Bada: Claro que Ana de Ozores se merecía ese final; es más: es demasiado: es un excelente final: es lo mejor de La Regenta.

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ricardobada

21 marzo 2012 a las 3:43
  

Estimado ido, gracias por leerme. En cuanto a que ese final sea lo mejor de La Regenta, me permito disentir en nombre de la compasión que merece toda criatura caída. Pero cada cuál es muy dueño de elegir sus opciones. Vale.

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swhelpley

21 marzo 2012 a las 9:46
  

Don Ricardo, siendo consabido, su lista me dio un grupo de nombres y lecturas por hacer., y a la vez me trajo a la memoria varias cosas: Una, que los titulicidios son mas comunes de lo que se cree. Dos una hermosa experiencia que me sucedio con los Puentes de Madison (La pelicula, no he leido el libro) el dia de su exhibicion en el teatro que es un poco larga de contar, tres, que las Mil y una noches no se pueden llevar al cine, pero que no hay pelicula que beba del libro mas hermosa que El Ladron de Bagdad de 1943, cuatro que La Regenta, es un grandioso libro, cinco que lo mejor de Bolaño es la Lit Nazi y una Novelita lumpen, lo demas es olvidable, y seis, gracias por permitirme recordar tantos momentos con la lectura de su lista.

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ido

21 marzo 2012 a las 18:01
  

Creo que tengo que excusarme por no acentuar mis comentarios a sus textos ( mi cabeza quiere escribir en español y el teclado frances de mi computador se niega) y agradecerle por que creo ( si no he enloquecido) que usted lo ha hecho por mi.

Opinión por:

ricardobada

23 marzo 2012 a las 5:19
  

Para ido : Efectivamente, corregí los acentos, y creo que alguna mayúscula, es pura deformación profesional, no leo bien si el texto no está correctamente escrito.
Para swhelpley : Estimadísimo Samuel, cuánto me alegra que la lectura de mi lista haya provocado esa reacción en cadena. Coincido además con usted en cuatro ítems de los que me enumera. No coincido en la apreciación de Bolaño, pero es por falta de conocimiento, los dos libros suyos que empecé se me cayeron de las manos a las pocas páginas, y uno de ellos es uno de los que usted salva. Y en cuanto a la hermosa experiencia con “Los puentes de Madison” en el cine, bueno, a lo mejor un día se toma el tiempo y me la cuenta, si es que no pertenece al secreto del sumario.
Vale, y feliz fin de semana a los dos.

Opinión por:

félix pérez

11 abril 2012 a las 1:59
  

¡Al final sí he podido registrarme!
He sido poco paciente.
Un abrazo y no descartes a Bolaño ;-)

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