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14
12
2011
ricardobada

La cinta azul de Virginia Woolf

Por: Ricardo Bada

Los lectores habituales de mi blog (si aventurarme a decir esto no es una presunción, ¡doble además!) recordarán a lo mejor que el 17 de julio publiqué otra más de las semblanzas de una serie que les dedico a los autores secretos de América Latina. Esa vez se trató de la novelista argentina Susana Sisman, e incluyo dicho post como hipervínculo en su nombre, para quienes quieran refrescar el recuerdo de lo leído, o bien empezar a saber quién es esta escritora.

Hablé allí de su última novela, Cuando Virginia Woolf desató la cinta azul, elogiándola en los más encendidos términos, y ahora, debido a motivos que luego les cuento, me dio por rescatar de mi archivo de curiosidades una reseña que le dedicara Juan Manuel Candal en la revista virtual Leedor.com el 28.9., reseña que también incluyo como hipervínculo en el nombre del autor, para que quede constancia de que lo cito al pie de la letra.

Dice Candal : «Sisman se pierde la oportunidad de fertilizar el terreno de la novela antes de que aparezca la protagonista, lo que hace que su salida a escena sea una apuesta demasiado fuerte. Vale la pena pensar cómo se podría haber abordado esta novela desde la literatura inglesa: no es difícil imaginar unas cuantas páginas destinadas únicamente a describir el momento exacto en tiempo y espacio, una descripción visual, olfativa y táctil del momento y el lugar, retrato que logre extrapolarnos de nuestra realidad para adentrarnos e imantarnos en esta otra. Sin embargo, al prescindir de este trabajo, el libro nos presenta a una Virginia Woolf que es ella por imposición. Es decir, porque Sisman nos dice que es ella, porque el personaje es nombrado como Virginia Woolf».

Puesto que Candal habla del “personaje” habría que empezar diciendo que Flaubert no lo hizo de otro modo con su Madame Bovary, ni Cervantes con su loco manchego. Sin ir más lejos, como añadiría el impertérrito locutor de Les Luthiers. Pero, para seguir, me dio curiosidad por ver cómo comenzó Virginia Woolf sus propias novelas, y descubrí que las diez suyas se inician con las respectivas siguientes frases:

Fin de viaje: «Son tan estrechas las calles que van del Strand al Embakment que no es conveniente que las parejas paseen por ellas agarradas del brazo».
Noche y día: «Era la tarde de un domingo del mes de octubre y, como otras muchas señoritas de su clase, Katharine Hilbery estaba sirviendo el té a los invitados»
El cuarto de Jacob: «”En consecuencia”, escribió Betty Flanders, hundiendo los talones en la arena, “no quedaba más remedio que irme”».
La señora Dalloway: «La señora Dalloway dijo que ella misma se encargaría de comprar las flores».
Al faro: «”– Sí, seguramente; si hace buen tiempo mañana –dijo Mrs. Ramsey–. Pero tendrás que levantarte con el alba”».
Orlando: «Él –porque no cabía duda sobre su sexo, aunque la moda de su época contribuyera a disfrazarlo– estaba acometiendo la cabeza de un moro que pendía de las vigas».
Las olas: «El sol aún no se había alzado. Sólo los leves pliegues, como los de un paño algo arrugado, permitían distinguir el mar del cielo».
Flush: «Universalmente se reconoce a la familia de la que descendía nuestro biografiado como una de las de más rancia estirpe».
Los años: «Era una primavera dubitativa. El tiempo, siempre cambiante, mandaba nubes azules y purpúreas que se deslizaban sobre la tierra. En el campo, los campesinos contemplaban con aprensión sus cultivos; en Londres, la gente alzaba la vista al cielo y abría y cerraba el paraguas».
Entre actos: «Era una noche de verano y hablaban, en la amplia estancia con ventanas al jardín, acerca del pozo negro. El consejo del condado había prometido traer las aguas al pueblo, pero no lo había hecho».

Después de lo cual queda en claro que Virginia Woolf, según los parámetros de Candal [vide supra], no era una candalarquetípica novelista inglesa.

Añade Candal : «El libro nos presenta a una Virginia Woolf que es ella por imposición. Es decir, porque Sisman nos dice que es ella, porque el personaje es nombrado como Virginia Woolf. Y de ahí deriva un segundo problema con dos instancias: cómo habla Virginia y cómo piensa Virginia. Los patrones de su lenguaje son extraños, mutantes. Emparentados en la voz narradora, la figura omnipresente es la de Sisman, no la de Woolf. La sensación podría ser por momentos la de estar leyendo una traducción, pero de repente Virginia pasa de hablar en un español seudo ibérico a alguna que otra salida propia de una escritora de San Isidro».

Lo del “español seudo ibérico” lo atribuyo a un trastorno mental transitorio del reseñista, pero que Virginia pase a hablar de ese español en “alguna que otra salida de una escritora de San Isidro”, es tanto como ignorar que en esta novela efectivamente aparece una escritora a quien se le nota que es de San Isidro: pero no se trata de Virginia Woolf, sino de Victoria Ocampo, lo que no deja de ser una referencia, una reverencia y yo diría que hasta una gentil impertinencia.

Concluye Candal : «Tal vez una mayor distancia entre autor y personaje hubiera dado como resultado un narrador más creíble. Lo que aparece en Cuando Virginia Woolf desató la cinta azul es un híbrido y, desde éste [sic] lugar, se podría pensar otra novela –otra apuesta– sobre la imposibilidad de no emparentarse con el personaje. Tal vez ese libro hubiera sido mucho más interesante. [...] ¿No invita el arrojo literario de Virginia a un atrevimiento similar, aún a riesgo de faltarle el respeto a la persona en pos de la entidad del personaje? En este caso, invariablemente, queda expuesto el autor como personaje y no el personaje como creación del autor. Y esta paradoja quizás, en una perversa vuelta de tuerca, sea la mejor excusa para pasearse por las páginas de Cuando Virginia Woolf desató la cinta azul».

Y en este último párrafo, ya, tiré la esponja, la toalla, el taburete y estuve a punto de voltear a patadas el ring. Definitivamente, pensé entonces, Candal debería dedicarse a la reseña de libros de autoayuda mejor que a la de novelas. Son materia en exceso complicada para sus “pequeñas células grises”, como diría Hercule Poirot. Hago especial hincapié en el adjetivo de magnitud. Y lo hago porque resulta que el pasado 24.11., en Buenos Aires, Susana Sisman recibió la Faja de Honor de la S.A.D.E.* [Sociedad Argentina de Escritores] a la mejor novela del año 2010, ¡no se lo van a creer!, precisamente por Cuando Virginia Woolf desató la cinta azul.

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*  La S.A.D.E. es toda una señora institución, presidida en su día por gente de tanto prestigio como Lugones, Mallea, Martínez Estrada y el mismo Borges. Y las Fajas de Honor que concede anualmente (en los géneros Poesía, Literatura infantil y juvenil, Ensayo, Cuento y Novela) son quizás el premio del que siempre se va a sentir más orgulloso un autor argentino, por el simple hecho de que se lo han otorgado sus propios colegas. En este caso sin hacérselo a Candal. Vale.

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Opiniones

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barryvons

14 diciembre 2011 a las 9:45
  

No lo sé, no me convence, pero sí me convence el hecho de que mal reseñar una reseña sea producto de un trastorno mental transitorio. Vale.

Opinión por:

juanmcandal

14 diciembre 2011 a las 9:57
  

Los términos tan agresivos demuestran finalmente una incapacidad de comunicar una idea. Podría el autor de la nota haber contraargumentado cada punto sin necesidad de caer en la chabacanería de decir que el reseñista -o sea, yo- debería dedicarse a los libros de autoayuda, que la novela es excesivamente complicada para mis “pequeñas células grises”, y amparándose al final, en algo tan arbitrario como que luego la novela ganó un premio.
¿Quiere un dato curioso, señor mío? La gente de la editorial que publicó la novela se contactó conmigo para decirme que si bien no estaba de acuerdo en *algunos* puntos, agradecía enormemente que fuera *una lectura* a partir de la novela y no la típica reseña que ampara un “me gusta/no me gusta”.
Lamentablemente, su extremismo no le permite el diálogo.

Opinión por:

agustín_lara

14 diciembre 2011 a las 13:55
  

Bada siempre se cobija en los premios y en que él conoce a tal autor o su amigo es el presidente de no sé qué, solo para disfrazar sus pobres argumentos cuando critica a los demás. Además de señalar imprecisiones de redacción, no puede hacer nada más, porque no tiene criterio literario; evidencia de ello son sus artículos y sus declaraciones deslavazadas, como el “no poder soportar” la obra de Proust o la de Bolaño sin haberla leído primero. Esta entrada es de nuevo una demostración de lo sátrapa que puede llegar hacer alguien con un poco de atención de unos cuantos lectores; pudo haber hecho una buena crítica, pero en vez de ello se disfrazó de Fiódor Karamazov con sus payasadas y aspavientos.

Opinión por:

ricardo bada

14 diciembre 2011 a las 14:23
  

Para barryvons: Gracias por el diagnóstico.
Para juanmcandal: ¿Quién le ha contado que soy extremista y ello no me permite el diálogo?, ¿no estará viendo la paja en el ojo ajeno? Y además, lo que le hayan dicho de la editorial para nada invalida absolutamente nada de los argumentos que van en mi texto. Casi lo complementan, si se fija bien.
Para agustin_lara: No sé de dónde saca que no he leído a Proust ni a Bolaño. Con los dos lo he intentado, cinco o seis veces en el caso de Proust y dos en el de Bolaño, y lo siento, no me atrapan. Por otra parte no me consta que sea obligación que tengan que gustarle a nadie, ninguno de los dos. Y lo de “lo sátrapa que puede llegar hacer alguien” por “lo sátrapa que puede llegar a ser alguien” me basta como prueba de su propio deslavazamiento. Vale.

Opinión por:

juanmcandal

14 diciembre 2011 a las 15:11
  

Extremista es su modo agresivo de dirigirse a mí. Usted no contraargumenta lo que yo critico de la novela, sino que me tilda de descerebrado entre otras cosas (y no me venga con que no son las palabras exactas, tenga el buen talante de admitir lo que escribe como suyo). Es lo mismo que el lugar común de enviarme a mandar a hacer reseñas de libros de autoayuda. Evidentemente ud, que se ha complicado tanto con Proust y se jacta de ello, se siente en un lugar de superioridad.
Lamento criticar a una autora a la que ud siente haber descubierto y cual Cristobal Colón, estar llevando la novedad a su patria. Mis argumentos se sostienen por sí solos y no he necesitado insultar al libro, la autora y ni siquiera a usted.
Ahora sí, pase y diga que estoy equivocado y todo lo esperable.

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juanmcandal

14 diciembre 2011 a las 15:14
  

Y respecto a cuando ya “tiró la esponja, la toalla, el taburete y estuvo a punto de voltear a patadas el ring” (¿?), no puedo más que recomendarle ansiolíticos o una buena terapia. Nunca es tarde.
En mi caso, me he abstenido de ninguna agresión hacia usted y no porque no sea fácil pensarlas al leerlo. Pero tengo un mínimo nivel en el debate que no me permite esa necesidad de sentir que me subo a un ring con la persona que no coincide conmigo.

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ricardo bada

14 diciembre 2011 a las 15:27
  

Para juanmcandal: Me temo que este post de mi blog le ha pisado el callo donde más dolía, y que quien realmente anda necesitando de ansiolíticos es usted. Cuídese, que los berrinches son malos para la salud, y además un doble trabajo: emberrenchinarse y desemberrenchinarse. Excesivo laburo, a fe mía. Vale.

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agustín_lara

14 diciembre 2011 a las 15:37
  

Para ricardo-bada: Ahí está, actuando tal cual lo he descrito, no es más que ponerle el hueso y sale en carrera a roerlo. Para juanmcandal: no gaste kilobytes y segundos discutiendo con este bloggero, que en realidad, nadie lo toma en serio.

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juanmcandal

14 diciembre 2011 a las 15:41
  

Bien, veo por cómo la gente rankea la nota que opinan muy muy parecido a usted, Gran Sabio Bada.
Y no me toca un callo, no se crea tan relevante en el designio universal ni en mi vida en particular. Simplemente, es la primera vez en más de 70 reseñas que me toca leer a alguien que utiliza la agresividad como elemento de discurso y encima desde un lugar tan altanero y, supuestamente, intelectual.
Pero dele nomás, siga avalando con descalificaciones -que ahora veo, va moderando- lo que digo. A mí no me cambia nada: la gente que me lee ya sabe quién soy y usted me está haciendo propaganda gratis en un foro que no soy conocido. Le agradezco el gesto. En el fondo, seguro hasta me tiene un poco de admiración.

Opinión por:

juanmcandal

14 diciembre 2011 a las 15:42
  

para Agustín Lara:
Claro, yo no sabía con quién estaba debatiendo. Pero esto me va poniendo en situación. Igual siempre sirve para encontrarse con gente que aporta algo interesante en los comentarios.

Opinión por:

ricardobada

14 diciembre 2011 a las 16:26
  

Para agustin_lara: Reconozca que para ser yo alguien a quien nadie toma en serio, me está dedicando mucho de su deslavazado tiempo.
Para juanmcandal: No sé de qué moderación me habla, no le quito «ni una coma ni un acento» (Omar Kayam) a lo que dije en mi post, y a decir verdad me parece que me está dando una importancia que no tengo. Siquiera fuera por eso, sí que habría que admirarse (no admirarle, ojo). Vale.

Opinión por:

juanmcandal

14 diciembre 2011 a las 16:40
  

Ah, y de paso, ¿por qué no averigua qué es el S.A.D.E. y por qué están a punto de cambiarlo?
Y una cosita más. Conociendo a la autora, sé que estaría en desacuerdo con mi reseña pero estaría mucho más cerca de mi postura que de la suya. Compruébelo ud. mismo. Susana Sisman. Se la contacta fácil.

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juanmcandal

14 diciembre 2011 a las 16:41
  

(y de paso lo felicito por las 12 estrellas negativas que veo ha juntado)

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ricardobada

14 diciembre 2011 a las 16:56
  

Para juanmcandal: ¿Sólo 12 estrellas negafivas? Caramba, estoy perdiendo facultades, ni siquiera contra usted logro batir mi propio record. Vale.

Opinión por:

juanmcandal

14 diciembre 2011 a las 17:10
  

Claro, Bada, estoy convencido de que para usted tan pocas estrellas negativas es todo un avance. ¡Enhorabuena!

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ricardobada

14 diciembre 2011 a las 18:33
  

Para juanmcandal: Me está empezando a caer simpático, he conocido a pocos perdedores tan generosos como usted. Le devuelvo la enhorabuena. Vale.

Opinión por:

juanmcandal

14 diciembre 2011 a las 18:43
  

¿Ah, me conoce? ¿O de dónde saca la información que le lleva a clasificarme de “perdedor”? Igual me gusta. Que alguien como usted me clasifique de “perdedor” (algo tan yanqui, tan ramplón, tan autoparódico) me resulta casi tierno. Empiezo a pensar que usted hace lo que puede y esto es lo más que puede. Está bien, Bada. Seguro usted tiene razón. Se lo dice un “perdedor”.

Opinión por:

ricardobada

14 diciembre 2011 a las 18:45
  

Para juanmcandal: Por fin Enter.

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