Los que sobran

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“Apenas el 1 % de lenguas nativas en Colombia no está en peligro”*.

 

Elaborado por: David Enrique Flórez Salgado @davidenriquefs, Sociolingüista en formación.

*Así lo declara el Plan Nacional de Desarrollo (PND) presentado por el gobierno de Iván Duque que en este momento se encuentra en revisión. Un panorama poco alentador, aunque realista, para una de las regiones con las mayores concentraciones de riqueza lingüística del mundo, pero al mismo tiempo con los mayores índices de peligro de desaparición (caso similar y relacionado al de la biodiversidad). El alarmante porcentaje del título hace parte de otras cifras: un alto 11% de lenguas ya extintas, 15,8 % en situación crítica, 17,8 % seriamente en peligro, 26% claramente en peligro y apenas 6 % de lenguas declaradas como estables. Estas categorías están establecidas en el documento y son tomadas de estudios y encuestas sociolingüísticas precedentes. En el mapa se puede observar la ubicación geográfica de las familias lingüísticas según el informe presentado por el Ministerio de Cultura en el 2013. Vale la pena aclarar que el Plan Nacional de Desarrollo que se encuentra disponible para la revisión de la ciudadanía carece de una sección completa de referencias o una bibliografía, más allá de algunos pies de página; además tiene un complejo formato de numeración de títulos y secciones que dificulta su análisis y revisión.

Mapa de la diversidad lingüistica en Colombia

Dentro del actual PND, gracias al derecho fundamental de la consulta previa a los grupos étnicos, el gobierno recogió durante el semestre pasado el siguiente número de propuestas concertadas y protocolizadas: 216 con los indígenas, 78 con el pueblo Rrom, 239 con las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras, dentro de las que está la reglamentación de la Ley 70 de 1993. En efecto, resta mucho trabajo por hacer, pero el prioritario es el de preservar la vida: según la ONIC (Organización Nacional Indígena de Colombia), de los 130 líderes asesinados, en el gobierno de Duque, 53 son dirigentes indígenas. No es en vano que el pasado 21 de febrero, en el día internacional de la lengua materna, el llamado hecho por Audrey Azulay (directora de la UNESCO) haya sido a que los Estados “reconozcan y hagan efectivoslos derechos de los pueblos indígenas”.

No son las lenguas las que están en peligro, son sus hablantes

Este año ha sido declarado por la ONU junto a la UNESCO como el Año Internacional de las Lenguas Indígenas #IYIL2019, buscando el compromiso de las naciones para disminuir las amenazas que viven los pueblos ancestrales. Para este año principalmente se promueven cinco líneas de trabajo para la promoción y la protección de las lenguas indígenas como también las comunidades: conocimiento ancestral, paz, derechos, inclusión y diversidad. Ante esta oportunidad internacional de reconocimiento la agenda colombiana se está quedando corta si la comparamos a otros países de la región que están aprovechando para organizar eventos y manifestaciones a gran escala.

Sumado a esto, si revisamos el caso de nuestro país, una lengua en peligro refleja a una población en peligro; bajo este análisis, nos encontramos frente a un claro ejemplo de que no son en sí las lenguas las que mueren sino sus hablantes. Hablamos de riesgos de desaparición, bien porque la vida en las comunidades se encuentra amenazada, bien por el bajo interés de las nuevas generaciones por la continuidad de la transmisión cultural.

De hecho, una lengua (en cuanto sistema) no desaparece cuando muere su último hablante si antes se logra describir y registrar de manera ampliamente suficiente, incluso ha sido posible un “rescate” posterior por medio de lo que se llama proceso endógeno de reivindicación lingüística, que se adelanta si una comunidad así lo desea, revitalizando una lengua a través de la re-enseñanza de los datos con los que se cuenta. Pero en ese caso, tampoco sería lo mismo, pues las lenguas son mucho más que ese sistema transmitido: implican una basta sabiduría y una manera de ver, entender, interpretar y nombrar el mundo; transmitida principalmente de manera oral, aunque también se han venido desarrollado escritos como el arduo trabajo de traducción a lenguas nativas del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto Armado.

Ese es, en parte, el enorme reto que los gobiernos no se fijan asumir ¿Qué condiciones generar para que se conserven estas culturas en sus territorios? ¿Qué garantías, ventajas y beneficios se ofrecen para promover la preservación de las lenguas entre las nuevas generaciones? ¿Cómo se evitan las migraciones forzadas? ¿De qué manera se está trabajando por disminuir la segregación y la discriminación? ¿Desde el sistema educativo nacional se promueven condiciones para una multiculturalidad de amplia participación?

¿Y los ODS?

El PND intenta alinearse en sus propósitos con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), declarados como metas internacionales para el 2030 por las Naciones Unidas. Sin embargo, en lo referente a las lenguas nativas, no tiene en cuenta la relación entre la defensa y promoción de la diversidad lingüística y los derechos de las comunidades, sobre todo con tres de estos objetivos mundiales. El 4º ODS respecto a la educación brinda la posibilidad de proponer acceso a una educación plurilingüe y enfocada en el rescate de la diversidad lingüística y cultural a la ciudadanía en general. El ODS 16 abre el reto del fortalecimiento de las instituciones en pro de la justicia y la paz hacia las comunidades vulnerables y el ODS 17 se fija robustecer el apoyo de la cooperación internacional y convirtiéndolo en un mayor factor de ayuda hacia nuestro país.

¿Exprimir la naranja?

El sistema mayoritario, monocultural, monolingüístico, colonialista e invasor que aún hace parte de la agenda política nacional, amenaza las diversas interacciones étnicas, irrespeta sus creencias y menosprecia sus maneras de percibir el mundo. Muchas de estas comunidades (sobre todo entre las nuevas generaciones) se ven en la obligación de aprender español para acceder a estudio o trabajo una vez que situaciones de desprotección, pobreza o precariedad los hacen salir de sus territorios en busca de oportunidades, debilitando así el vínculo étnico, cultural y por ende, lingüístico.

Vale la pena mencionar que también se presentan numerosos casos de personas que salen, pero regresan o mantienen fuertes vínculos y se convierten en un apoyo para sus comunidades desde su vida profesional. Sin embargo, con un Estado que les da la espalda a sus ciudadanos más vulnerables y que los continúa estigmatizando y discriminando, como se evidencia a través de la historia de las luchas indígenas colombianas, una de sus más grandes riquezas la cultural y lingüística, queda desprotegida y debilitada hasta el alarmante punto actual. Particularmente se puede tomar como ejemplos la situación actual de la Minga Indígena que dio inició en el Cauca por el incumplimiento de los acuerdos por parte del gobierno y que ha dejado ver comentarios como los de la Gobernadora del Magdalena, entre otros.

Es así como los múltiples saberes, conocimientos, identidades, orígenes y reflexiones que habitan esta rica nación se ven en peligro de desaparecer ante el amenazante e irresponsable connacional o extranjero que profana sus lugares sagrados, despoja sus territorios, destruye sus ecosistemas, contamina, tala o seca sus páramos, bosques y ríos; en consecuencia, mengua los asentamientos y amenaza sus territorios. Frente a esta amenaza es pertinente traer a colación que, dentro de su componente cultural el PND le apuesta, sin ningún escrúpulo, a “exprimir la naranja” para hacer alusión a ese tipo de economía, bandera del gobierno actual. Se convierte éste en otro delicado asunto entre el propósito de realmente visibilizar y valorar estas prácticas, o transformar el conocimiento ancestral en meros artefactos o experiencias folclóricas comercializables que pueden llevar a fenómenos de absorción, debilitamiento y a una aún más drástica aculturación.

 

28 años después de la Constitución.

La Constitución Nacional de 1991, por intermedio de las luchas indígenas de los años ochenta que también costaron muchas vidas (como la del primer sacerdote católico indígena Álvaro Ulcué Chocué), alcanzó el gran logro de visibilizar por fin la diversidad cultural al declarar al Estado como multiétnico y pluricultural. También logró elevar las lenguas y dialectos al estatus de oficiales en sus territorios y al dictaminar que la enseñanza impartida en las comunidades con tradiciones lingüísticas propias debía ser bilingüe. Igualmente, que 19 años después se haya logrado establecer una Ley de Lenguas Nativas (Ley 1381 de 2010). Sin embargo, 28 años después podemos preguntarnos sobre la situación de los territorios en los que la Constitución declara y ampara a las comunidades étnicas. Con la constante dinámica del amenazante conflicto armado y los consecuentes desplazamientos ¿Cuáles son las nuevas configuraciones en estos territorios? ¿De qué herramientas adicionales se pueden valer las comunidades para hacer prevalecer los derechos lingüísticos que emanan de la Constitución y leyes posteriores? Una vez se abandonan involuntaria o voluntariamente, los territorios ancestrales ¿se pierde el derecho a conservar su lengua y cultura? ¿Cuál es la situación de las poblaciones étnicas que empiezan a poblar los centros urbanos? ¿Cuáles son las políticas urbanas de acogida para poblaciones étnicas? ¿Están las ciudades, donde llegan los migrantes indígenas, preparadas para atenderlos?

Tareas ciudadanas frente a situaciones indignas.

 “Si olvido mi lengua materna

y los cantos que entona mi pueblo,

de qué me sirven mis ojos y oídos,

para qué quiero mi boca.

Si olvido el olor de mi tierra

y no la sirvo como debo,

para qué quiero mis manos,

qué hago yo en este mundo.

Cómo podré admitir la insensata idea de que mi lengua es pobre y endeble,

cuando las últimas palabras de mi madre fueron musitadas en evenki.”

Alitet Nemtushkin, poeta de la comunidad evenki (China)

El documental La selva inflada de Alejandro Naranjo muestra una de las tantas situaciones vividas por las comunidades indígenas en su terrible choque con los sistemas colonizadores. En este documental se exponen los conflictos socio-emocionales y culturales que conducen a la elevada tasa de suicidios de adolescentes y jóvenes entre poblaciones indígenas que viven en internados en el Vaupés. Al respecto, la UNICEF presentó en 2012 un estudio con casos de Perú, Brasil y Colombia; para nuestro país se describieron a los Emberá Katío, alertando sobre el incremento de suicidios entre los adolescentes llevados por la sensación de desesperanza en el deterioro ambiental, la colonización de sus territorios, además de la presencia de actores armados y del desarraigo cultural consecuencia del contacto con los conceptos educativos occidentales. Esta materia también ha sido objeto de estudio entre profesionales de la salud en Colombia que concluyen en la necesidad de una comprensión del problema en su complejidad, para permitir plantear intervenciones interculturales acordes con las necesidades de los pueblos originarios en sus particularidades. Una tarea que no parece del todo clara en las proyecciones de este gobierno y que requiere mayores esfuerzos para entender y atender esta valiosa población de colombianos que enriquece el patrimonio cultural de la Nación.

El desarrollo durable puede ser consecuencia de la paz y la reconciliación, en un camino al encuentro cultural y no al choque, al diálogo en la diferencia y a la no violencia, y, sobre todo, a la valoración de la diversidad que enriquece a la humanidad y al medio ambiente. De los pueblos ancestrales podemos rescatar valores que parecen olvidados por la vana sociedad contemporánea de la inmediatez; especialmente por varios políticos y legisladores contemporáneos, un valor bien especial que podemos considerar este año que elegimos alcaldes y gobernadores: se debe recordar que los tratos y los acuerdos son de derecho sagrado, es decir que es necesario recuperar el valor de la palabra dicha o escrita, que los compromisos y declaraciones se han de convertir en acciones y no en engaños y mentiras de campaña.

Podemos hacer de este 2019, Año Internacional de la Lenguas Indígenas, el año del diálogo, el encuentro, el respeto y la valoración de nuestras ricas y múltiples etnias y culturas. Ya bastante conocemos acerca de estos problemas y sus consecuencias; vigilemos, exijamos y comprometámonos día a día por conseguir el respeto de una Colombia pluriétnica, multicultural, biodiversa, justa, transformada y en paz.

¡Viva la minga!

  1. El Mamo Jacinto Zarabata, el más sabio del corazón del mundo (Sierra Nevada de Santa Marta), falleció esta semana dejando un gran mensaje por la defensa del territorio y la sabiduría ancestral. El desinterés generalizado por un acontecimiento de esta magnitud, la inexistente difusión de la noticia y de algún homenaje es una muestra más del visible desinterés y riesgo hacia la sabiduría ancentral por parte del Estado y los medios.

 

 

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