Cosmopolita

Publicado el Juan Gabriel Gomez Albarello

Libertad para Conectarse

Durante el lunes y martes de esta semana tiene lugar en Silver Spring la Conferencia Libertad para Conectarse.

Tal y como lo informa DemocracyNow.org, la Conferencia de este año tiene lugar luego de que se iniciara el trámite en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos de un controvertido proyecto de ley acerca del intercambio de información de tráfico de Internet. “Dicho proyecto le daría inmunidad a las grandes empresas para transferir enormes cantidades de registros confidenciales y comunicaciones de sus clientes a la Agencia Nacional de Seguridad, el FBI y el Departamento de Seguridad Nacional.

“El año pasado en esta misma conferencia, Aaron Swartz —el experto en computadoras, activista a favor de la justicia social y escritor que se suicidó a principios de año— dio el discurso de apertura, en el cual habló de la batalla para derrotar la Ley de Cese a la Piratería en Internet (SOPA). Swartz se suicidó a los 26 años de edad, cuando solo faltaban unas semanas para que comenzara un juicio en su contra por utilizar las computadoras del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), para bajar millones de artículos académicos con derechos de autor del sitio JSTOR, una base de datos de artículos académicos que funciona por suscripción. JSTOR retiró los cargos, pero los fiscales siguieron avanzando con el caso. Swartz se enfrentaba a la posibilidad de pasar 35 años en la cárcel y pagar un millón de dólares en multas por presunta violación de la Ley de Fraude y Abuso Computarizado (CFAA). Después de su muerte, los fiscales federales retiraron los cargos.”

No en vano, la Conferencia de este año está dedicada a Aaron Swartz.

Como homenaje a este adalid del acceso libre a Internet y al conocimiento, de la transparencia y de la democracia, presento aquí la traducción de su Guerrilla Open Access Manifesto, que realizo un parcero de El Bierzo.

 

Aaron Swartz

 

La información es poder. Pero como todo poder, hay quienes quieren mantenerlo para ellos mismos. La herencia científica y cultural del mundo entero, publicada durante siglos en libros y revistas, está siendo digitalizada y bloqueado su acceso por un puñado de empresas privadas. ¿Quieres leer los documentos que muestran los resultados más famosos de la ciencia? Deberás enviar grandes cantidades [de dinero] a editoriales como Reed Elsevier.

Están aquellos que luchan para cambiar esta situación. El Movimiento Open Access ha luchado valientemente para garantizar que los científicos no pierdan sus derechos de autor, sino que, en vez de eso, asegurar que su trabajo sea publicado en internet, bajo términos que permiten el acceso a todo el mundo. Pero, incluso en el mejor de los escenarios, esto solo se aplicará lo que publiquen en el futuro. Todo lo anterior a ahora se habrá perdido.

Eso es un precio muy alto a pagar. ¿Obligar a los investigadores a pagar para leer el trabajo de sus colegas? ¿Escanear bibliotecas enteras pero solo permitiendo que sea leído por el personal de Google? ¿Facilitar artículos científicos a aquellos que están en universidades de élite del Primer Mundo, pero no para los niños en el Cono Sur? Esto es escandaloso e inaceptable.

“Estoy de acuerdo”, dicen muchos, “Pero… ¿Qué podemos hacer? Las empresas que tienen los derechos de autor generan una gran cantidad de dinero cobrando por el acceso, y es perfectamente legal – no hay nada que podamos hacer para detenerlos.” Pero hay algo que podemos hacer, algo que ya se está haciendo: podemos contraatacar.

Aquellos con acceso a esos recursos – estudiantes, bibliotecarios, científicos – se os ha concedido un privilegio. Tiene la oportunidad de alimentarte en este banquete de conocimiento, mientras el resto del mundo se queda fuera. Pero no necesitáis  – de hecho, moralmente, no debéis – mantener este privilegio para ustedes mismos. Tenéis el deber de compartirlo con el mundo. Tenéis: intercambiar contraseñas con colegas de profesión, realizar las peticiones de descarga de amigos

Mientras tanto, los que se han quedado fuera no están de brazos cruzados. Os habéis estado infiltrando por los agujeros y saltando vallas, liberando la información bloqueada y compartiéndola con amigos.

Pero toda esta acción sucede en el oscuro y oculto mundo “underground”. Se le llama robo o piratería, como si compartir esta riqueza de conocimiento fuese el equivalente moral de saquear un barco y asesinar a su tripulación. Pero compartir no es inmoral – es un imperativo moral. Solo aquellos cegados por la codicia rehusarían dejar a un amigo hacerse una copia.

La grandes corporaciones, por supuesto, están cegadas por la codicia. Las leyes bajo las que operan así lo requieren – sus accionistas se rebelarían por ganar menos. Y los políticos a los que han sobornado, aprobando leyes que les conceden el poder exclusivo de decidir quien puede hacer copias.

No hay justicia en acatar leyes injustas. Es hora de salir a la luz y, en la gran tradición de la desobediencia civil, mostrar nuestra oposición a este robo privado de la cultura pública.

Debemos obtener la información, donde quiera que esté almacenada, hacer nuestras copias y compartirla con el mundo. Debemos recopilar material que no tenga derechos de autor y añadirlo al archivo. Debemos comprar bases de datos secretas y colgarlas en la Web. Debemos descargarnos publicaciones científicas y subirlas a las redes de intercambio de archivos. Debemos luchar por la Guerrilla Open Access.

Si somos los suficientes, alrededor del mundo, no solo vamos a mandar un fuerte mensaje de oposición a la privatización del conocimiento – vamos a convertirlo en algo del pasado. ¿Te nos unes?

Aaron Swartz

Julio 2008, Eremo, Italia

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