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20
09
2012
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Carrillo, un ejemplo para Colombia

Por: Jarnavic

Este martes murió uno de los hombres más importantes de la historia reciente de España, el ex secretario de Partido Comunista de España (PCE), Santiago Carrillo. Nacido en Asturias, Carrillo fue bolchevique en su juventud, estalinista en su madurez y demócrata en su vejez. A Carillo se le involucra en la matanza de Paracuellos, donde fueron asesinadas más de dos mil personas en los inicios de la Guerra Civil Española. Pero también fue el hombre que distanció al PCE del comunismo soviético a través de la creación del Eurocomunismo y un pilar fundamental de la transición de la dictadura a la democracia y la reconciliación entre los españoles. Quizás su figura política pueda aportar algo al proceso de paz que vive hoy Colombia.

Carrillo nació en 1916 en Gijón, Asturias. Participó en la Revolución de Asturias del 34 y fue encarcelado por ello. Fue liberado con la victoria del Frente Popular en el 36. Después del comienzo de la Guerra Civil Española, Carrillo tomó parte de la Junta Defensa de Madrid durante la Batalla de Madrid y de un episodio que lo persiguió durante toda su vida: las matanzas de Paracuellos del Jarama.

Corre el año 1936 y el ejército del Franco avanza como una locomotora desde el sur camino de Madrid. Después de cruzar desde África a Europa por el Estrecho de Gibraltar, Franco camina hacia Madrid sin encontrarse con ningún tipo de resistencia. La República está reorganizándose después de la doble revuelta a las que ha tenido que hacer frente: la de los generales golpistas que se han apropiado de una parte importante de España y la de algunas fuerzas que han apoyado hasta entonces a la República, que han desatado una revolución social que ha dejado en el limbo unos meses la legalidad republicana. El golpe militar no ha triunfado, pero el descontrol y el desgobierno campan a sus anchas.

La caída de Madrid es inminente. El gobierno se han trasladado a Valencia y quedan pocas autoridades en Madrid. La “Quinta Columna”, los opositores a la República que se encuentran dentro de Madrid, realizan labores de sabotaje mientras son aleccionados por Radio Sevilla. Las milicias ejecutan a cualquier sospechoso de fascismo o simpatizante de la derecha. Franco llega a las puertas Madrid, después de arrasar varios pueblos a su paso, se sitúa las puertas de la Ciudad Universitaria. En este contexto de histeria colectiva, se lleva a miles de prisioneros al este de la capital y se los ejecuta entre los meses de noviembre y diciembre del 36.

Santiago Carrillo tiene un papel fundamental en este episodio histórico. Muchos historiadores han destacado la implicación de Carrillo aunque no se logra concretar hasta qué punto. Parece más o menos claro que fue consciente de lo que estaba ocurriendo, lo que suscita más dudas es el grado de implicación. Pese a ello, este será un episodio que siempre lo perseguirá y cuando volvió a España después del exilio el diario franquista El Alcázar le dedicó una portada en la que aparecían  escritos todos los muertos de Paracuellos.

Después de la guerra, se exilió a Francia. Pasados los años, después de la derrota de los maquis y de la ofensiva en el Valle de Arán, el PCE renunció a la lucha armada.  Y en ese contexto de cambio, Santiago Carrillo tuvo un papel clave al lanzar la Política de Reconciliación Nacional, donde abogó por superar las divisiones entre españoles y pasar a una lucha de masas dentro de las posibilidades que ofrecía el franquismo. Con estas ideas, fue elegido Secretario General del Partido Comunista de España en 1960.

Con la llegada de la Transición a finales de los años 70,  el PCE apostó claramente por la política de reconciliación y la democracia. Carrillo fue capaz de pactar con Adolfo Suárez, el entonces presidente del Gobierno.  Suárez había sido máximo dirigente del Movimiento Nacional y la Unión de Centro Democrática (UCD), el partido reformista que llevó a cabo la voladura controlada del régimen anterior, estuvo formado en su mayoría por personas provenientes del franquismo.

Los dos supieron crear una democracia consistente y superar las rivalidades políticas para construir un futuro mejor. Y no es baladí si tenemos en cuenta que la Guerra Civil dejó por lo menos medio millón de muertos y que la represión franquista posterior fue brutal. Tanto que algunos han llegado a calificarlo de genocidio como explicó Paul Preston en su libro El genocidio español. Carrillo fue capaz de volver al pasado, no para poner encima de la mesa todas las afrentas que había sufrido, sino para tomarlo como un referente que no debía repetirse. Y se sentó en la mesa a negociar con quiénes habían sido sus más execrables rivales y quienes años antes habrían disfrutado metiéndole un tiro entre ceja y ceja. Y además, un conflicto largo, porque España no recupera la democracia hasta el año 77 con la Ley para la Reforma Política, donde las propias Cortes Franquistas se hacen el harakiri y convocan elecciones libres. Se perdonaron los crímenes y cerraron el capítulo más negro de la historia de España.

No todo salió bien con este modelo. La Transición española dejó algunos cabos sueltos que después resucitaron. Viejas cuestiones que se creían resueltas que después han vuelto a aparecer. No se limpió el aparato policial, de forma que continuaron las viejas prácticas que estallaron con el escándalo del GAL. Las víctimas del franquismo se vieron obligadas a guardar silencio y hasta ahora ha sido imposible recuperar sus cuerpos. Garzón intentó abrir este caso y fue depurado por ello. O la instauración de una partitocracia que ha hecho imposible la regeneración del propio sistema o de unos poderes económicos inamovibles, entre otras muchas cosas.

Pese a todo, la Transición y la fígura de Carrillo tiene un saldo positivo para los españoles. La capacidad de pactar incluso con tu peor enemigo y tener la osadía para alcanzar pactos con él por el bien común, es algo que está fuera de toda duda. No buscar los máximos, centrarse en los mínimos y a partir de ahí empezar a construir. No es fácil, pero después de tantos años de guerra merece la pena planteárselo. Los españoles necesitamos casi cuarenta años para reconciliarnos, espero que los colombianos no necesiten tanto tiempo.

Categoria: Actualidad

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