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05
11
2012
Juan Botía

BodyRemix/LesVariationsGoldberg/

Por: Juan Botía

En las ramas del arte la danza es, quizá, de las hojas más raras, complejas y silenciosas. También modesta, acaso. La danza, en nuestra parte del mundo, a diferencia de varias disciplinas artísticas, carece de cierto gozo público, de cierta popularidad. Cualquiera podría citar, sin esfuerzo, los nombres de escritores, pintores, algunos dramaturgos, cineastas, arquitectos; escultores incluso. Pero no es usual encontrar en nuestra memoria la resonancia de coreógrafos o bailarines.

En las profundidades de nuestra cultura la danza funciona más como un aperitivo que como una muestra pura del arte. En las grandes ceremonias, la danza adorna, pero raras veces protagoniza. A excepción de grandes teatros colombianos, que mantienen la coreografía en sus tarimas, la danza pareciera, muchas veces, haber sido relegada a un papel decorativo.

Se podría decir que prevalece una tibia costumbre para con la danza, que permite encontrar cierta belleza, pero impide el asombro.

Existe, en ocasiones, más gloria y más placer en apreciar la composición de lo visible que en desentrañar los secretos de aquello que permanece oculto. Sucede así con ‘bODY_rEMIX/les_vARIATIONS_gOLDBERG, un trabajo de la coreógrafa canadiense Marie Chouinard, musicalizado con el ‘Variations Goldberg’ de Bach; situado con exactitud entre las luces y las sombras del arte contemporáneo.

El encuentro con la obra es abrupto, súbito. Se trata de una profunda exploración de la libertad a través del movimiento, de una refinada alternativa para contemplar la meticulosidad y la perfección del cuerpo humano. Se trata, en ocasiones, sobre las debilidades y la fuerza.

En nuestra parte del mundo, la obra de Chouinard es un momento artístico sin precedentes. Inverosímil a veces hasta la náusea, en exceso sensible y poderosa. La inclusión de accesorios ortopédicos (muletas, caminadores, barras, arneses) sublima su rareza a veces hasta el punto de la aversión.

Es una obra esencialmente difícil, imposible de ver sin sobresaltos por su naturaleza inusual, por la soltura de sus juegos absurdos. Un permanente homenaje a la dificultad que encarnan los protagonistas atareados con tubos en la boca, en la espalda, en el vientre. Una exaltación contundente del cansancio y la complicación, que comienza siendo intolerable y acaba rebosando una belleza original.

Chouinard sitúa a la danza en un instante agudo que pareciera prolongarse fuera de su extensión, reivindica el inmenso valor del arte corporal. La misma complejidad, la incomodidad que se asume dentro de la obra, antes que cortar su potencial, le abre infinitos horizontes. La coreógrafa, dueña de un lenguaje fraguado, logra de manos de la gestualidad, la sutileza, la sensualidad, la repulsión incluso, atravesar el misterio visible de los cuerpos vivos.

Chouinard interrumpe la tradición de encontrar belleza sin asombro y la invierte, asombrando para revelar, después, toda su estética.

Se suele pensar, quizá equivocadamente, que el arte encuentra sus límites en los juicios de quienes la observan, en el parecer de cada quien. El arte, a veces en su mayoría, se remite a algo con más fibra que el juicio: la experiencia. A veces, el arte no es tanto sobre juzgar, sino sobre apersonarse de lo observado con la más limpia de las disposiciones posibles.

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Categoria: Notas

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Opinión por:

rault

5 noviembre 2012 a las 22:07
  

No tengo duda de la danza como arte y de la extraordinaria visión que nos enseña respecto a las posibilidades que nuestro cuerpo ofrece, pero no hallo esa rareza que usted confiere a la misma, a comparación de otras artes la encuentro menos abstracta y más directa en su paisaje temático, a mí juicio la música es un arte muchísimo más complejo y sin duda alguna más ambiguo, además de ser con seguridad el arte más maltratado y puesto como un aperitivo, curiosamente la danza no puede prescindir de este último.

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