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07
09
2012
Juan Botía

La nación del olvido

Por: Juan Botía

Hace ya varios meses, un hermano de García Márquez declaró en Cartagena que el escritor colombiano padecía algunos síntomas de la demencia senil; un mal que ha aquejado a toda su familia, y que ha ido olvidando los nombres sus amigos y sus voces.

Aunque la noticia tuvo cierto revuelo en la prensa nacional, no es nueva. Varias notas y columnas internacionales se han escrito en el pasado sobre la enfermedad de Gabo. Esta vez la diferencia esencial es que su hermano, Jaime, confesó que la situación era delicada.

El 6 de Marzo, Gabriel García Márquez cumplió 85 años: Edad en la que olvidar tiende a ser más una redención del espíritu que una falencia del cuerpo. A los 85 años los hombres, más que viejos están cansados, abatidos. Es quizá una edad de congestiones, de derrotas. El limbo donde difícilmente se distingue entre memoria y momento; y prevalece apenas la costumbre de existir.

En Cien Años De Soledad, existe un pasaje que cuenta cómo una epidemia de amnesia asedió a los habitantes de Macondo, y les hizo olvidar el nombre de las cosas y su utilidad, tanto así que debían ponerle notas a los objetos para que no les ocuparan espacios en caso de olvidar para qué servían. José Arcadio Buendía escribió en un cartón que colgó en la cerviz de su vaca que decía: “Ésta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca leche y a la leche hay que herviría para mezclarla con el café y hacer café con leche”.

Meses después, cuando ya muchos no recordaban ni sus nombres ni el de su ueblo y andaban en una viscosa atemporalidad suspendida en el polvo  cuya naturaleza era imposible reconocer, apareció Melquíades con una infusión de color apacible que hizo beber a todos para que la luz se hiciera en sus memorias.

Resulta infeliz aceptar que olvidar conviene a veces cuando lo único que se recuerda es llanto y ruina. Fuera de los libros no existen pócimas ni brebajes que curen el olvido; pues el olvido es la muerte, y la muerte es el destino de todos los hombres. Quien no ha muerto, pero ha olvidado, ya descansa en paz.

Curiosos el juego del azar, que arrebata los recuerdos a un genio que entregó en literatura los retazos de la memoria de un país, de una nación: La nación del olvido.

No es novedad que en estas tierras condenadas a repetir las tragedias que las gangrenan, en medio de farsas y circos, la pérdida de la memoria de un hombre sea un acontecimiento que también, al igual que todo, se olvidará.

Alguna vez se escribió: “Lo único más mágico y más bello que su obra sería que Gabo cumpliese Cien Años. Ojalá y hasta allá le alcance su alma encantadora”.

Categoria: Notas

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