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03
09
2012
Juan Botía

Los viajes de Ciro Guerra

Por: Juan Botía

Los pueblos son pequeñas manifestaciones de lo simple. Varios han entendido, a través de la existencia, que nacer y vivir en un poblado es una ventaja y una suerte. La deuda de García Márquez con Aracataca sería un ejemplo valioso: El río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes, está, en efecto, en alguno de los rincones entrañables de la aldea que parió al escritor.

Los pueblos tienen algo de reserva y de insolencia. Alguien que se permita crecer bajo la influencia permanente de mujeres infladas de envidia, superstición y chisme, desarrolla una visión muy reducida del mundo. Y es esa misma pequeñez es la que le otorga solemnidad a las provincias. La esencia de un pueblo, de un caserío, de un corregimiento, radica en que más allá de las campanas de la catedral, no hay nada que valga.

Guerra creció en Río De Oro, un pueblo de calles y casas cortas, donde a la gente le basta el quicio de la puerta para contemplar el mundo.

Los Viajes Del Viento, una película dirigida por él; pensada y fraguada durante años, expone, quizá magistralmente, la sabia que compone la vida de un pueblo: El vallenato, la inclemencia del calor,  la permanencia de los burros de carga; la vida sencilla de los campesinos, el olor a boñiga, a maíz y a mechas de tejo.

Componer en una obra el sentido de una realidad universal es tarea de grandes mentes. El valor de un trabajo artístico vale más por su significado humano, por su capacidad para permanecer intacto ante las arremetidas del tiempo o del mismo hombre.

Es inevitable que el artista desnude su intimidad al menos un poco cuando ejerce, por mucho que no lo desee. Tal vez la contribución más genuina del arte sea esa misma: Trazar las luces de lo que somos.

La obra de Guerra, más que cintas galardonadas y aplaudidas en más de cuarenta festivales del planeta, es un compendio de la vida, un manual de la nación, un espejo de la historia que le ha tocado a esta tierra y a los que la escriben.

Colombia es un gran poblado, una granja gigantesca, matizada y libre dentro su verdadera identidad.

“La forma más elevada de la crítica, y también la más rastrera, es una modalidad de autobiografía”. El retrato de Dorian Gray, Prólogo, Oscar Wilde.

Categoria: Notas

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