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	<title>Rumbo a Sudáfrica 2010</title>
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		<title>El fútbol hecho tragedia</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Jun 2010 17:43:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[Estados Unidos 1994
 
Fernando Araújo Vélez
Iba a ser un hermoso y colorido cuento de hadas. Fue una oscura y sangrienta pesadilla que terminó de sellarse el 2 de julio de 1994 con el asesinato en Medellín de Andrés Escobar. Iba a ser la victoria prevista por Pelé, el canto al fútbol lírico, la confirmación de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Estados Unidos 1994</strong></p>
<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=MUW8wFOytiY"><a href="http://blogs.elespectador.com/mundial2010/2010/06/el-futbol-hecho-tragedia/"><p><em>Click here to view the embedded video.</em></p></a></a><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong>Fernando Araújo Vélez</strong></p>
<p>Iba a ser un hermoso y colorido cuento de hadas. Fue una oscura y sangrienta pesadilla que terminó de sellarse el 2 de julio de 1994 con el asesinato en Medellín de Andrés Escobar. Iba a ser la victoria prevista por Pelé, el canto al fútbol lírico, la confirmación de aquel histórico triunfo contra Argentina en Buenos Aires.</p>
<p><span id="more-135"></span></p>
<p>Fue el dolor, la cuchillada infinita a cientos de miles de ilusos que vendieron hasta la inteligencia para presenciar la victoria, por fin, de una Selección Colombia en una Copa del Mundo. Nunc a antes un grupo colombiano de lo que fuera había concitado tanta pasión. La discusión no era cómo va a hacer Colombia para obtener la Copa, sino cómo iban a hacer los colombianos para no matarse cuando llegara el triunfo, como lo hicieron después del 5-0 a Argentina.</p>
<p>Jamás hubo análisis futbolísticos ni críticas. Quien se atreviera siquiera a dudar era señalado como apátrida, como si el fútbol fuera la patria. Cada uno de los 22 partidos de cartón que ganó el equipo de Francisco Maturana fue celebrado a rabiar, con profusos elogios en los noticieros de televisión y portadas a todo color de los periódicos. Los goles se repetían una y otra vez, con el “ay qué orgulloso me siento de ser un buen colombiano” de fondo. Banderas por todos lados, pelucas de Carlos Valderrama por doquier, camisetas amarillas en cada esquina. El fútbol, Maturana, Valderrama,  Faustino Asprilla, Freddy Rincón, Andrés Escobar, Leonel Álvarez, Óscar Córdoba y Cía eran el tema del día todos los días y a toda hora, y el negocio del siglo, por supuesto.</p>
<p>Por eso, por todo aquello, y por las apuestas a favor de Colombia, y por los comentarios de los expertos en el mismo tono,  y los titulares de los diarios en el mundo, y el voz a voz que, incluso, se tomó los círculos futboleros de Estados Unidos, la primera derrota colombiana en el Mundial fue mucho más que un simple bofetón.  Los goles de Georghes Hagi y Raducioiu (2) en el Rose Bowl desnudaron a Colombia, pero no sólo en su fútbol. La desnudaron en su esencia, porque apenas se terminó aquel partido los rumores gritaban que varios jugadores habían apostado en contra de su propia selección, que los líderes, Valderrama, Asprilla, Rincón, ni se hablaban, que Maturana había estado a punto de agarrarse a trompadas con uno de ellos, que Rincón tenía pánico porque una bruja en el Chocó le había vaticinado una fractura en la Copa que acabaría con su carrera.</p>
<p>Los rumores aún no mataban.  Sin embargo, cuarenta y ocho horas después del revés frente a los rumanos, los recién estrenados rumores, más las mafias que hacía 15 años manejaban al fútbol colombiano, más los apostadores, más los comentarios desmedidos de los periodistas, muchos pagados por carteles de la droga, llevaron a un sujeto o a un grupo de sujetos a quienes nunca se investigó a amenazar de muerte a Francisco Maturana si decidía que Gabriel Jaime Gómez jugaba ante Estados Unidos el 22 de junio.  En medio de aquel infierno, Colombia salió a enfrentar al conjunto estadounidense. No hubo charla técnica. No hubo indicaciones. Mucho menos, arengas motivadoras.  Los colombianos que salieron al campo del Rose Bowl para disputar su segundo partido en la Copa eran cadáveres andantes.</p>
<p>Así jugaron y así perdieron. Así fueron eliminados de la Copa. Los periodistas y los hinchas analizaron el juego desde los errores tácticos y técnicos, desde lo que vieron que ocurrió en la cancha. ¿Cómo podían jugar un partido de fútbol unos tipos a los que acababan de amenazar de muerte en un país en el que la vida no vale nada? ¿Qué concentración podían tener? ¿Qué tranquilidad? De alguna manera, guardando ciertas proporciones, y poniendo el énfasis en el posterior asesinato de Andrés Escobar, aquel partido fue como el que disputaron el Dínamo de Kiev y sus carceleros nazis durante la segunda Guerra Mundial, un juego de muerte que terminó con el asesinato de los jugadores rusos, que habían vencido a los nazis y tenían que pagar con su vida semejante afrenta.</p>
<p>La última escala de Colombia en USA 94 fue contra Suiza en San Francisco. Una victoria 2-0, un frío y nulo triunfo adosado por los treinta y tantos grados centígrados de aquel verano acabaron con el cuento de hadas. Las noticias reseñaron luego la sanción a Diego Maradona por doping, los distintos partidos, la final entre Italia y Brasil, el tiro penal fallado por Roberto Baggio que le dio el título al Scracht y una que otra columna que recordaba el fracaso de los colombianos.  La más grave y triste de todas, no obstante, tuvo que ver poco con el fútbol.  Fue fechada en la madrugada del 2 de julio. Un pistolero identificado como Humberto Muñoz Castro asesinó en la ciudad de Medellín al futbolista Andrés Escobar Saldarriaga. Nunca antes, nunca después la Copa fue tan trágica.</p>
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		<title>Suecia 1958, Brasil campeón por primera vez</title>
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		<pubDate>Fri, 21 May 2010 11:52:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mundial2010</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Brasil 1958]]></category>
		<category><![CDATA[Selección de Brasil]]></category>

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		<description><![CDATA[span id=&#8221;more-127&#8243;>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://blogs.elespectador.com/mundial2010/2010/05/suecia-1958-brasil-campeon-por-primera-vez/"><p><em>Click here to view the embedded video.</em></p></a><span id="more-127"></span></p>
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		<title>O Rei Pelé</title>
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		<pubDate>Thu, 20 May 2010 13:41:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mundial2010</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Mundial de Fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Pelé]]></category>
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El emblema del fútbol brasileño, un hombre al que casi dejan por fuera de las Copas en las que se consagró, 1958 y 1970. En las otras de las que participó, 62 y 66, se fue en primera ronda por lesiones.

Por: Fernando Araújo Vélez
Parecía un llamado de la buena fortuna que antes de los Mundiales en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="recurso_post alignleft size-thumbnail wp-image-123" src="http://blogs.elespectador.com/mundial2010/files/2010/05/pele250-150x150.jpg" alt="pele250" width="150" height="150" /></p>
<p>El emblema del fútbol brasileño, un hombre al que casi dejan por fuera de las Copas en las que se consagró, 1958 y 1970. En las otras de las que participó, 62 y 66, se fue en primera ronda por lesiones.</p>
<p><span id="more-120"></span></p>
<p><strong>Por: Fernando Araújo Vélez</strong></p>
<p>Parecía un llamado de la buena fortuna que antes de los Mundiales en los que iba a brillar, Pelé tuviera problemas. Parecía un designio de los oscuros santos brasileños, que en su tierra, Tres Coracoes, eran venerados por millares de fanáticos. En plena Copa del 58 el psicólogo de la delegación elaboró un informe en el que reseñaba que Edson Arantes de Nascimento no podía jugar al fútbol pues tenía los pies planos. Se lo mostró al técnico, Vicente Feola, casi como un secreto de estado, pocos minutos después de que los líderes del equipo, Djalma Santos, Didí y Zagallo hubieran ido a pedirle que lo incluyera en la nómina que enfrentaría a Gales en cuartos de final.</p>
<p><img class="recurso_post aligncenter size-full wp-image-121" src="http://blogs.elespectador.com/mundial2010/files/2010/05/Pele_560.jpg" alt="Pele_560" width="560" height="373" /></p>
<p>El equipo, le dijeron, había perdido frescura ante los soviéticos en el último partido del grupo D. Necesitaban a Pelé y a Garrincha, dos mozalbetes que podían solucionar la apatía.</p>
<p>Los dos jugaron, pese a los informes del psicólogo, que en el aparte Manoel dos Santos había escrito “retrasado mental”. Y los dos desequilibraron la balanza. Uno, Garrincha, con sus gambetas. El otro, Pelé, con sus goles. Doce años más tarde, días antes de que comenzara la Copa de México 70, el entonces técnico de la selección dijo que O Rei tenía problemas visuales y no podía jugar más, o por lo menos, no en el más alto de los niveles. La noticia se propagó con rótulo de urgente.</p>
<p>A fin de cuentas Pelé era, sin discusión, el mejor futbolista del mundo.  A sus genialidades del 58 les había sumado pases, magia, toques, paredes y goles con el Santos, al lado de Pepé y Coutinho. Cuando algún inocente preguntaba por aquel negro que llevaba indefectiblemente la 10 en la espalda, las respuestas se iniciaban con que en África, una guerra civil se había detenido para que los combatientes lo saludaran, pasaban por sus proezas en los campos del mundo, y finalizaban con un partido que se convirtió en leyenda porque ni antes ni después ocurrió algo similar.</p>
<p>El juego se disputó en El Campín de Bogotá entre el Santos y la Selección Colombia. En un momento dado, se formó una trifulca. Dijeron que Pelé le pegó a un rival. Todos se dieron trompadas. El árbitro, Guillermo Velásquez, expulsó al 10, pero el público no aceptó su decisión. Para que el asunto no terminara en una cuestión de orden público, la Federación Colombiana determinó que el partido debía continuar con Pelé en la cancha. Quien se marchó fue Velásquez, reemplazado por Mario Canessa.  El público salió feliz, más allá de que Pelé hubiera o no mostrado sus cualidades.</p>
<p><img class="recurso_post aligncenter size-full wp-image-122" src="http://blogs.elespectador.com/mundial2010/files/2010/05/Pele-560.jpg" alt="Pele-560" width="560" height="373" /></p>
<p>Por ello, por todo ello, cuando Joao Saldanha declaró que O Rei no estaba para jugar en el Mundial de México se desató la más absurda de las polémicas. Los periodistas de “lo establecido” opinaron que Saldanha estaba loco. El presidente de la nación, general Emilio Garrastuzu Medici, comentó en voz baja que habría que cambiarlo. La CBD, Confederación Brasileña de Deportes, interpretó aquel “habría “ del dictador como un “hay que”. Joao Saldanha se fue.</p>
<p>“Voy a ser claro –diría muchos años después Eduardo Goncalves, Tostao, compañero de Pelé en la selección, ídolo del Cruzeiro-. Joao Saldanha tenía una deuda pendiente con Pelé que pasaba por la sensibilidad para mirar muchas cosas de la vida. Por eso dijo lo que dijo, porque como jugador el Negro no admitía discusiones. El escándalo que se desató en Brasil fue impresionante. ¿Se imaginan a un técnico de la Selección sosteniendo que Pelé, a los 29 años, no estaba en condiciones de jugar?”</p>
<p>El final de Saldanha en el equipo fue dramático. Se había atrevido a cuestionar al ídolo y meterse con Pelé era insultar al pueblo, clavarle un cuchillo. Sin embargo, las razones de su salida no sólo eran sólo de carácter futbolístico. Como afirmó Tostao, “Saldanha era militante del Partido Comunista, y por aquellos días, Brasil estaba bajo el poder de una dictadura militar. La situación era complicada, casi insoportable para Joao. Él era consciente de que el triunfo de su Selección le hubiera servido al régimen como efecto propagandístico. Ahora, cuando los años dejaron que las pasiones se enfriaran, pienso que fue el mismo Saldanha quien provocó su ida”.</p>
<p>Sin Saldanha, Pelé fue de nuevo O Rei, y con él, Mario Zagallo, el nuevo técnico, armó un cuadro que pasó a la historia, quizá como el mejor de todos los tiempos. Gerson, Jairzinho, Tostao, Rivelino, Clodoaldo, Carlos Alberto y Cía desplegaron sus talentos en México demostrando que los genios podían convivir, y que gracias a ellos podían llegar las victorias y el título. Pelé y su corte pasaron por encima de Bulgaria, Checoslovaquia, Inglaterra, Perú y Uruguay para plantarse en la final del estadio Azteca ante Italia. Atacaron siempre. Golearon. Fueron felices y brindaron felicidad. Fueron los campeones del siglo.</p>
<p>Pelé  pasó de ser rey a ser Dios, el Dios negro de los brasileños, y quien en medio del éxito se retiró (1972).</p>
<p>Luego se dedicó a otros asuntos. “Tudo bem…Tudo bem”, decía y repetía siempre.</p>
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		<title>Rinus Michels: La inmortalidad de un perdedor</title>
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		<pubDate>Sun, 09 May 2010 16:37:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mundial2010</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Mundial de Fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Rinus Michels]]></category>
		<category><![CDATA[Selección de Holanda]]></category>

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		<description><![CDATA[El hombre que creó el fútbol total con Holanda, subcampeón del mundo en el 74, campeón de Europa en el 88.
Por: Fernando Araújo Vélez
Hubo quienes dijeron que lo llamaban “General” porque iba a los campos de entrenamiento con una pistola bajo el cinto y un estricto manual de órdenes en su maletín de cuero, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El hombre que creó el fútbol total con Holanda, subcampeón del mundo en el 74, campeón de Europa en el 88.<span id="more-116"></span></p>
<p><strong><em>Por: Fernando Araújo Vélez</em></strong></p>
<p>Hubo quienes dijeron que lo llamaban “General” porque iba a los campos de entrenamiento con una pistola bajo el cinto y un estricto manual de órdenes en su maletín de cuero, y hubo quienes dudaron de aquellos rumores porque un hombre de armas no hubiera permitido que sus jugadores tuvieran las libertades que vivió Holanda en 1974. Hubo quienes lo tildaron de fracasado porque perdió en Munich la final de la Copa del Mundo ante Alemania, los eternos exitistas que en el mundo han sido, y hubo quienes fueron más allá del resultado y los goles de Breitner y Muller y lo consagraron como el hombre que cambió la historia del fútbol.</p>
<p><img class="recurso_post aligncenter size-full wp-image-117" src="http://blogs.elespectador.com/mundial2010/files/2010/05/RINUS.jpg" alt="RINUS" width="560" height="373" /></p>
<p>Se llamaba Marinus Jacobus Hendricus Michels, un nombre muy largo que con el tiempo él mismo sintetizó en Rinus Michels. Había nacido en febrero del año de 1928, y como casi todos los grandes entrenadores, fue un mediocre futbolista del Ajax y el Zandvoortmeeuwen de Holanda entre el 45 y el 58.</p>
<p>Siete años después de su retiro se hizo cargo del Ajax, hasta entonces, un modesto equipo compuesto por jugadores medio profesionales, medio vagos, medio talentosos y casi que por completo perdedores. Michels tenía un esbozo de plan para sacarlos de aquella mediocridad. Los partidos y el tiempo perfeccionaron su idea.</p>
<p>El día en el que los directivos lo presentaron ante la plantilla, Michels pronunció su nombre y añadió que, en adelante, era preferible que lo llamaran simplemente como el Míster.</p>
<p>Saludó de mano a sus jugadores, entre quienes estaba un flaco casi escuálido de nombre Johan y apellido Cruyff, y dijo que ese momento, enero de 1965, sería imborrable para todos si todos caminaban hacia el mismo final. Una hora más tarde, libreta en mano, Rinus Michels anotaba tiempos, particularidades, errores y aciertos de sus futbolistas, mientras los vigilaba trotando alrededor de una pista de tierra roja apisonada.</p>
<p>“Vamos a organizar un estilo de juego al que llamaremos pressing football”, dijo al día siguiente. Pasados algunos años, muchas victorias, una Copa de Europa, dos títulos holandeses y millares de elogios, Michels explicaría la esencia de su fútbol como “un acosar sin tregua ni respiro al adversario para recuperar la posesión del balón, y no ceder a ningún precio la iniciativa del ataque al contrincante, contando con dos requisitos básicos: un espíritu de lucha inquebrantable y una perfecta preparación física, sin los cuales el sistema se derrumba irremediablemente”. El mundo lo llamó fútbol total.</p>
<p>Luego, en plena Copa del Mundo del 74, algunos lo denominarían La Naranja Mecánica, priorizando al equipo sobre el estilo, al sujeto sobre la forma.</p>
<p>Hablaban de Holanda. La Holanda de Cruyff, de Neeskens, de Rep, de Van Hanegen, de Haan… La Holanda de Michels. Que eran borrachines, decían. Que fumaban, aseguraban. Que compartían sus mujeres al mejor estilo libre de aquella época, afirmaban. El General había acordado con su tropa que habría libertades si había buen fútbol. Y su buen fútbol, la historia lo reconocería, eran el pressing, la polivalencia, los relevos, la velocidad, la inteligencia, la creación de espacios.</p>
<p>Holanda deslumbró desde su debut, ante Uruguay (Que clasificó sobre Colombia en última instancia), al que venció 2-0, pero más allá de la victoria y de las opciones que generó, copó la atención del mundillo del fútbol por su manera de jugar. Luego de su presentación oficial se transformó en “el candidato”, muy por encima del Brasil campeón del mundo y de la Alemania Federal de Beckembauer, Muller y Sepp Maier. Su paso arrollador (Uruguay, lo llevó a la final por un camino repleto de aparentes contradicciones y oscuras historias.</p>
<p>Los holandeses bebían cerveza, se paseaban con sus amantes, celebraban con sus hinchas, hablaban con la prensa, fumaban hasta el punto de poner una cajita de cigarrillos en el vestuario para quien quisiera, empezando por Cruyff, y se rebelaban contra las normas impuestas por los “dueños del negocio”. Por eso, Cruyff amenazó con no ir a la Copa si la federación holandesa lo obligaba a vestirse con el uniforme de Adidas que usaba el resto del equipo.</p>
<p>Él, estrella, figura, ídolo, había suscrito un contrato con Puma, la firma rival, surgida, como Adidas, en el poblado de Herzogenaurach, de manos de Rudolf Dassler, hermano del creador de la línea de las tres tiras, Adolf.</p>
<p>Como extrema excepción, por intermedio de Rinus Michels, la Federación le permitió a Cruyff jugar con otra marca, y él mismo, en el vestuario, le quitó una de las tiras a su uniforme. Nadie se arrepintió del trato. Cruyff fue Holanda, y Holanda, Cruyff, incluso en aquella final perdida de Munich, aquella final que fue, al tiempo, derrota e inmortalidad.</p>
<p>********************</p>
<p>Las máximas de Michels<br />
1. El adversario debe ser exprimido en su propio campo. Congestionar el campo rival con 21 hombres significa cerrar espacios e impedir que hagan jugadas con libertad.</p>
<p>2. La salida en bloque a la hora del pase de un atacante es una jugada ofensiva y no defensiva. La idea es quitarle el balón al rival que va a lanzar, si es posible antes del propio lanzamiento.</p>
<p>3. Cuando se quita el balón al rival en su propio campo los defensas deben retroceder, así los espacios que faltarán al enemigo para armar su jugada aparecerán para los atacantes del propio equipo.</p>
<p>4. Ningún jugador debe tener posición fija. El jugador debe cumplir una función de acuerdo con la posición del campo en la que se encuentre. Si un atacante cae en su defensa será zaguero y viceversa.</p>
<p>5. Todos los jugadores deben estar para marcar al rival cuando éste tenga el balón. Ninguno puede liberarse de esta función.</p>
<p>6. El desgaste físico de los jugadores debe ser el mismo. Sólo el líbero, el cerebro y el goleador, pueden tener un desgaste menor. El jugador que no suda la camiseta explota al compañero de equipo.</p>
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		<title>Suiza 1954: El Milagro de Berna, en imágenes</title>
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		<pubDate>Thu, 06 May 2010 14:10:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mundial2010</dc:creator>
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		<category><![CDATA[El Milagro de Berna]]></category>
		<category><![CDATA[Mundial de Fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Suiza 1954]]></category>

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		<description><![CDATA[Suiza 1954: El Milagro de Berna
Reviva el día en el que la hoy poderosa Alemania, ganó el Mundial por primera vez.
Reviva el día en el que la hoy poderosa Alemania ganó el Mundial por primera vez.

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			<content:encoded><![CDATA[<div id="_mcePaste" >Suiza 1954: El Milagro de Berna</div>
<div id="_mcePaste" >Reviva el día en el que la hoy poderosa Alemania, ganó el Mundial por primera vez.</div>
<p class="MsoNormal"><img class="recurso_post alignleft size-thumbnail wp-image-18" src="http://blogs.elespectador.com/mundial2010/files/2010/03/Elreloj-150x150.jpg" alt="Elreloj" width="150" height="150" />Reviva el día en el que la hoy poderosa Alemania ganó el Mundial por primera vez.<span id="more-113"></span></p>
<p class="MsoPlainText"><a href="http://blogs.elespectador.com/mundial2010/2010/05/suiza-1954-el-milagro-de-berna-en-imagenes/"><p><em>Click here to view the embedded video.</em></p></a></p>
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		<title>El día que Brasil lloró</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Apr 2010 14:11:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mundial2010</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Maracanazo]]></category>
		<category><![CDATA[Mundial de Fúbtol]]></category>

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		<description><![CDATA[Ese día los brasileños tuvieron en el arco a quien después se convertiría en el portero maldito, a quién le hicieron los goles que no podían convertirle.
“Llegué a tocarla y creí que la había desviado al tiro de esquina, pero escuché el silencio del estadio y me tuve que armar de valor para mirar hacia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ese día los brasileños tuvieron en el arco a quien después se convertiría en el <a href="http://blogs.elespectador.com/mundial2010/2010/04/barbosa-el-arquero-maldito/" target="_blank">portero maldito</a>, a quién le hicieron los goles que no podían convertirle.<span id="more-108"></span></p>
<p>“Llegué a tocarla y creí que la había desviado al tiro de esquina, pero escuché el silencio del estadio y me tuve que armar de valor para mirar hacia atrás. Cuando me di cuenta de que la pelota estaba dentro del arco, un frío paralizante recorrió todo mi cuerpo y sentí de inmediato la mirada de todo el estadio sobre mí”, <a href="http://blogs.elespectador.com/mundial2010/2010/04/barbosa-el-arquero-maldito/" target="_blank">recordaría con el tiempo</a> Barbosa,  ya como villano de la película. Alguien tenía que cargar con el rótulo.</p>
<a href="http://blogs.elespectador.com/mundial2010/2010/04/el-dia-que-brasil-lloro/"><p><em>Click here to view the embedded video.</em></p></a>
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		<title>Rebeldes Fútbol Club</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Apr 2010 03:24:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mundial2010</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Diego Maradona]]></category>

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		<description><![CDATA[Los candidatos para la quinta paila del infierno: Sindelar, Garrincha y Maradona
 Por: Fernando Araújo Vélez
Fueron rebeldes. Se atrevieron a desafiar a los poderosos. Se enfrentaron a los medios de comunicación que manejaban esos poderosos, y sin saberlo en algunos casos, cantaban como Serrat, “entre esos tipos y yo hay algo personal”.  Muchos años atrás, más [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los candidatos para la quinta paila del infierno: Sindelar, Garrincha y Maradona<span id="more-99"></span></p>
<p><strong><em> Por: Fernando Araújo Vélez</em></strong></p>
<p>Fueron rebeldes. Se atrevieron a desafiar a los poderosos. Se enfrentaron a los medios de comunicación que manejaban esos poderosos, y sin saberlo en algunos casos, cantaban como Serrat, “entre esos tipos y yo hay algo personal”.  Muchos años atrás, más de 70, fue un tal Mathías Sindelar, quien prefirió suicidarse en su departamento de Viena antes que jugar para el régimen nazi de la Alemania de Adolf Hitler. Con el paso del tiempo regaron su nombre, su imagen y su vida de flores y espadas. Había sido un héroe.</p>
<p><img class="recurso_post aligncenter size-full wp-image-101" src="http://blogs.elespectador.com/mundial2010/files/2010/04/Sindelar_560REBELDE.jpg" alt="Sindelar_560REBELDE" width="560" height="373" /></p>
<p>Algunas décadas más tarde fue Manoel dos Santos, a quien apodaron Garrincha pues según sus mismas palabras, el Garrincha era un pájaro muy veloz que no servía para nada, “como yo”.  Fue borracho, algo pendenciero, ingenuo, mujeriego, infiel, regó de hijos sin padre a Brasil, se enfrentó al paradigma de la perfección, Pelé, diciendo que “Pelé es como todos, ni más ni menos, no es ningún rey ni dios”.  Mientras fue grande, ídolo, Dios de piernas torcidas, la prensa lo crucificó.</p>
<p>Luego, cuando sólo provocaba compasión y, decían, recorría Italia para jugar partidos a cambio de unos pocos dólares acompañado de un Chico Buarque entonces adolescente, comenzaron a ser benévolos con él. Era poco humano, poco cristiano pisotear aún más a quien ya no podría salir del fango. “Los eternos benefactores” de la sociedad promovieron campañas para salvarlo, los líderes lo subsidiaron, los beatos rezaron por él, pese a que todos sabían que no tenía remedio. Cuando murió como un N.N., 25 años atrás, todos ellos limpiaron sus culpas, las tuvieran o no.</p>
<p><img class="recurso_post aligncenter size-full wp-image-102" src="http://blogs.elespectador.com/mundial2010/files/2010/04/garrincha_560.jpg" alt="garrincha_560" width="560" height="373" /></p>
<p>Para entonces, 1985, parecía que los tiempos de los rebeldes habían culminado, o estaban por extinguirse. Los años 60 con sus melenas, revoluciones estudiantiles, rock, art pop, peace and love, camisas de flores, marihuana y psicodelia, Rayuela, The Rolling Stones, el Che y Cassius Clay, Suigéneris, Caetano Veloso, los recuerdos de Albert Camus y James Dean, Janis Joplin, Luther King y Víctor Jara  habían sido “ridiculizados” por los grandes emporios y sus representantes. “Una época linda y romántica repleta de fracasados”, dijeron.</p>
<p>Aquellos “fracasados” no llegaron hasta la luna, pero delinearon el camino, y por ese camino surgió Diego Maradona, que reventó los establecimientos con sus palabras y groserías, sus propuestas y protestas, como aquella de armar una especie de sindicato en el Mundial del 86 para que los partidos no fueran a la una de la tarde y el sol y la altura de México no perjudicaran tanto a los jugadores. Era un asunto de televisación, le dijeron. Horarios cómodos para Europa.</p>
<p>Después el presidente de la Fifa, Joao Havelange, lo mandó callar. “Dígale al bocón de Maradona que no hable más”, dijeron que le susurró a Julio Grondona, luego vicepresidente de la Fifa. Maradona no se calló. Ni en aquel instante ni después. Su única arma era y fue el fútbol. Podían negarle visas, espiarlo, amenazarlo, delatarlo por su adicción a las drogas y cuestionarlo, pero él, en un partido, obligaba a sus detractores a rendirse a sus pies. Cayó, mil veces estuvo al borde de la muerte.</p>
<p>Le rompieron las piernas, como dijo entre sollozos en el Mundial de 1994 luego de su segunda suspensión por doping. No obstante, siempre terminó por levantarse, y de pie continuó con su sarta de imprecaciones y denuncias. Incluso, con sus gestos solidarios invisibles, que por invisibles es preferible callar. “Cuántas veces me mataron, cuántas veces me morí, sin embargo estoy aquí, resucitando”, parecía ser su canción. Tal vez no le perdonaron sus resurrecciones. Nada más arrogante que un drogadicto que se levanta y acusa, nada más despreciable que un “cabecita negra” de Villa Fiorito-Villa miseria proclamando “sus” verdades.</p>
<p>Tanto ofendió Maradona a los aristócratas de barrio que hasta los intelectuales y políticos se dedicaron a rebatirlo en sus tesis y libros, como Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Alvaro Vargas Llosa en la segunda edición del Manual  del Perfecto Idiota  Latinoamericano. Ni a ellos ni a los poderosos de siempre y sus señoras les cuadraba que un personaje que salía todos los días en los medios luciera tatuajes del Che, visitara a Fidel Castro y hablara con Hugo Chávez.  Ninguno había podido sepultarlo.</p>
<p>Lo intentó Carlos Menem, cuando por tapar escándalos de narcotráfico en su gobierno lo mandó apresar a la vista de camarógrafos y curiosos, lo intentó Havelange y lo intentó Berlusconi como presidente del Milán. Lo intentaron cientos de miles de periodistas y fanáticos que llevados por el “deber ser” impuesto por los “santos” consideraban que él era un transgresor agresor.  ¿Un peligro por sus palabras?</p>
<p><img class="recurso_post aligncenter size-full wp-image-103" src="http://blogs.elespectador.com/mundial2010/files/2010/04/maradonarebelde_560.jpg" alt="maradonarebelde_560" width="560" height="373" /></p>
<p>Su rebeldía jamás declinó. Cinco meses atrás, cuando Argentina clasificó al Mundial, les dijo de todo a varios periodistas. El triunfo, una vez más, como antes, era su venganza contra el mundo. La Fifa, una vez más también, lo suspendió y multó. En diciembre, durante una entrevista, a Joaquín Sabina un periodista de televisión le preguntó sobre ciertos personajes que le criticaban sus relaciones con funcionarios del alto gobierno. Respondió que les diría como el sabio Maradona y guardó silencio. El periodista volvió a interrogarlo. Entonces Sabina contestó que si lo decía lo podrían suspender, como a Maradona.</p>
<p>Sabina ha sido uno de sus “fans”, como Emir Kusturika, que hizo una película sobre él, como Andrés Calamaro o Rubén Blades, que le compusieron canciones, todos ellos, personajes salidos de la línea del Bien, desafiantes, rebeldes, hijos de los 60. Todos ellos, enemigos de lo establecido, dibujado, decidido.  Todos ellos, y Sindelar, Garrincha, Cantoná, Higuita, Gerard Muller y Romario, destinados a la quinta paila del infierno.</p>
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		<title>Barbosa, el arquero maldito</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Apr 2010 11:54:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mundial2010</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Brasil 1950]]></category>
		<category><![CDATA[Moacyr Barbosa]]></category>
		<category><![CDATA[Mundial de Fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Selección de Brasil]]></category>

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		<description><![CDATA[16 de julio de 1950, el día más triste de Brasil
Por: Fernando Araújo Vélez
Su derrota fue tristeza. Su tristeza fue rabia, la rabia de una ilusión acuchillada. Su rabia fue odio, y su odio lo llevó a perseguir durante 50 años a un hombre, un simple arquero de fútbol al que le anotaron los goles [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="recurso_post alignleft size-thumbnail wp-image-97" src="http://blogs.elespectador.com/mundial2010/files/2010/04/barbosa_250II-150x150.jpg" alt="barbosa_250II" width="150" height="150" />16 de julio de 1950, el día más triste de Brasil<span id="more-94"></span></p>
<p><strong>Por: </strong><em><strong>Fernando Araújo Vélez</strong></em></p>
<p>Su derrota fue tristeza. Su tristeza fue rabia, la rabia de una ilusión acuchillada. Su rabia fue odio, y su odio lo llevó a perseguir durante 50 años a un hombre, un simple arquero de fútbol al que le anotaron los goles que no podían anotarle, hasta verlo morir. Claudio Farell le dio un triste y siniestro sentido a su vida dos días después de que Brasil perdiera la final de la Copa del Mundo de 1950 ante Uruguay 2-1. Como no podía acabar con el mundo, y menos aún con el fútbol, decidió transformarse en una sombra amenazante para Moacyr Barbosa, porque según él, Barbosa, fundamentalmente Barbosa, había sido el responsable de la derrota pues los dos tantos uruguayos, de Schiafino y Gigghia, eran evitables, más que nada el último, el de Gigghia, un disparo cruzado, lento, manso.</p>
<p><img class="recurso_post aligncenter size-full wp-image-95" src="http://blogs.elespectador.com/mundial2010/files/2010/04/BArbosa_560II.jpg" alt="BArbosa_560II" width="560" height="373" /></p>
<p>“Llegué a tocarla y creí que la había desviado al tiro de esquina, pero escuché el silencio del estadio y me tuve que armar de valor para mirar hacia atrás. Cuando me di cuenta de que la pelota estaba dentro del arco, un frío paralizante recorrió todo mi cuerpo y sentí de inmediato la mirada de todo el estadio sobre mí”, recordaría con el tiempo Barbosa,  ya como villano de la película. Alguien tenía que cargar con el rótulo.</p>
<p>Sereno incluso en los momentos más difíciles de su vida, temerario dentro de los campos de fútbol, agudo como pocos en sus comentarios, dios de la torcida del Vasco da Gama, creyó en un principio que el resentimiento con el que el hombre de bigotito a lo Clarck Gable le mostraba y enrostraba el recorte de los diarios con los titulares del domingo fatal sería asunto de una semana a lo sumo. Sin embargo, pasaron las semanas y los meses, y el esmirriado fanático continuaba esperándolo a la salida de su casa para repetirle, cada vez con mayor sorna, el gesto y la agresión. El resentimiento de Claudio Farell no se aplacó jamás.</p>
<p>La suya, individual, única, pausada, constante, era, de alguna manera, la venganza de todo Brasil contra un hombre negro al que culparon de una tragedia que provocó suicidios, intentos de asesinato, depresiones eternas y culpas. Alguna vez, 40 años después de los sucesos de aquel 16 de julio, Barbosa dijo que a un criminal le daban como máxima pena 30 años y a él, por un supuesto error, lo habían condenado toda su vida a la ignominia. Se refería al señor del bigote, por supuesto, pero también a los cientos de miles de hinchas que sin escupirlo lo escupían, a una señora que en un mercado lo señaló para que su hijo de cinco años supiera que él había sido el hombre que hizo llorar a todo un país, Brasil, a los viejos que llenaron el Maracaná aquella tarde, a las mujeres que lo humillaron, a los periodistas que lo criticaron y a los políticos que lo olvidaron.</p>
<p><img class="recurso_post alignright size-thumbnail wp-image-96" src="http://blogs.elespectador.com/mundial2010/files/2010/04/barbosa_250-150x150.jpg" alt="barbosa_250" width="150" height="150" /></p>
<p>Porque antes del 50 Moacyr Barbosa era una especie de Dios negro en Brasil, el primero de su raza en pararse bajo los tres palos de la Selección. Amado, venerado, apetecido.  El pueblo lo seguía adonde fuera. Le hacía pinturas, bustos de arcilla, versos. Durante el Mundial, su figura ya había llegado a la estatura de mito. Cuando salió a la cancha del Maracaná para jugar la final de la Copa, las tribunas corearon su nombre porque él era uno de los puntales del equipo que por fin ganaría un campeonato del mundo. Hubo pancartas con el Brasil <em>campeao </em>y su rostro, y banderas con su apellido. Hasta esa tarde él, Barbosa, y Brasil, se habían paseado por el torneo  regándolo de lujos, paredes, goles y triunfos.  No obstante, tanta euforia y tanta convicción terminaron en desastre.</p>
<p>Brasil comenzó a jugar la final del 50 cargado de tensiones. Obdulio Varela, el capitán uruguayo, se encargó de multiplicarlas. Hablaba, les recordaba antiguas derrotas, les decía que no podrían con tantos nervios. El primer tiempo terminó cero por cero. En el segundo, Brasil encontró un gol temprano que debía relajarla, pero Varela, de nuevo, manejó el partido a su antojo. Tomó la pelota con las manos, se la guardó contra sí, le protestó el árbitro, demoró la reanudación y les dijo a sus compañeros que los brasileños estaban muertos. “Y los de afuera son de palo”, les repitió a sus compañeros, como antes de que comenzara el juego, cuando  un directivo le susurró que con menos de cuatro en contra estaban cumplidos. Entonces el “Negro jefe”, hombre de los arrabales, de luchas sociales, reunió a su equipo y comentó que sólo cumplirían  si  salían campeones. “Los de afuera son de palo”, dijo.</p>
<p>Luego de la victoria, dijeron, dirían, Varela se fue a caminar por Río de Janeiro. Se metió en un bar. Vio llorar a tanta gente que sintió compasión, deseos de devolver la historia. Poco antes de morir confesaría que le hubiera gustado devolver le medalla ganada en el 50. “Los directivos nos utilizaron”, sentenciaría. Fue a él a quien le dieron la copa Jules Rimet, casi a escondidas en un pasillo del Maracaná porque el silencio y el dolor de los brasileños era infinito. Fue a él a quien abrazaron los derrotados, y fue a él a quien la Historia volvió inmortal, gloriosamente inmortal.   Barbosa fue su contracara. Durante sus últimos años trabajó como cuidador del césped del Maracaná. Alguien reveló que se llevó a su casa los arcos que habían instalado antes del mundial del 50. Habrá recordado, habrá maldecido, llorado, insultado.  Nunca el fútbol fue tan cruel.</p>
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		<title>¿El Mundial de la “furia roja”?</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Apr 2010 15:01:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mundial2010</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Mundial de Fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Selección de España]]></category>
		<category><![CDATA[Sudáfrica 2010]]></category>

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		<description><![CDATA[La España de Iniesta, Torres, Delibes y Hernández.

Por: Nelson Fredy Padilla, editor dominical de El Espectador
A dos meses del Mundial de Sudáfrica, la selección española, número uno en el ranking de la FIFA, está entre las grandes favoritas al título. ¿Quién puede descartar a la “furia roja”, con esa columna vertebral que le dejó Luis [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La España de Iniesta, Torres, Delibes y Hernández.<span id="more-91"></span><br />
</strong></p>
<p><strong>Por: Nelson Fredy Padilla, editor dominical de El Espectador</strong></p>
<p>A dos meses del Mundial de Sudáfrica, la selección española, número uno en el ranking de la FIFA, está entre las grandes favoritas al título. ¿Quién puede descartar a la “furia roja”, con esa columna vertebral que le dejó Luis Aragonés a Vicente del Bosque; construida desde la veteranía de Íker Casillas, con base en tres puntales como Puyol, Ramos y Piqué; la inspiración del talento cerebral de Iniesta (ojalá se recupere a plenitud) y Fábregas, y la eficacia goleadora de Torres y Villa.</p>
<p>España atraviesa un momento anímico único marcado por varios factores: la confianza de haber ganado la Eurocopa 2008 sobre Alemania; la experiencia de jugadores campeones de todo, excepto de una Copa del Mundo; una contundente clasificación al Mundial, brillante por la solidez mostrada ante Bélgica en Bruselas y en La Coruña, y contra Turquía en Estambul. Ya no se trata del júbilo gratuito de España 82, tan ingenuo como la carita bonachona de Naranjito, mascota que representaba a una selección tan agobiada por la presión que empezó empatando con Honduras, pasó a segunda ronda sin merecerlo y fue eliminada por Alemania e Inglaterra. A duras penas uno recuerda a Juanito.</p>
<p><img class="recurso_post aligncenter size-full wp-image-92" src="http://blogs.elespectador.com/mundial2010/files/2010/04/selecciondeEspaña_560.jpg" alt="selecciondeEspaña_560" width="560" height="373" /></p>
<p>Ese fracaso y el de Francia 98, para el que clasificó sobrada como ahora y terminó 17 en su peor actuación en copas del mundo, los llevó a prepararse más allá de lo físico-táctico. Estructura mental parece la clave para no pasar vergüenzas inesperadas de favoritos no tradicionales, como Colombia en Estados Unidos 94. Cuentan desde Madrid que hasta tiempo para leer han tenido. Aspiran a dedicar los triunfos en Sudáfrica al recién fallecido Miguel Delibes, el prosista español más famoso del siglo XX, Premio Cervantes de las letras, quien más escribió sobre fútbol en ese país. Sus libros <em>El otro fútbol</em> y <em>Sobre el Mundial</em> son dos ensayos con la poética sobre lo que debe ser y no debe ser el fútbol.</p>
<p>Parte de las pobres actuaciones de su selección en el Mundial de Argentina 78, la Eurocopa 1980 y el gran fiasco de España 1982, donde Delibes inmortaliza, así lo haya derrotado Italia, el “jogo bonito” y eficaz del Brasil de Zico y Sócrates. Condena el temor defensivo español y su especulación atacante. Y si habló del campeón Italia fue para recordar a su técnico preferido, ‘El Mago’ Helenio Herrera. Dicen que Del Bosque, el actual técnico de España, ha leído con juicio a Delibes, también admira a Helenio y quiere homenajearlos con todas las variables que un campeón del mundo debe practicar; desde el “control táctico” hasta el<em> </em>“catenaccio” o el arte del contragolpe.</p>
<p>Delibes siempre defendió el fútbol puro contra el fútbol espectáculo. No al profesionalismo de bolsa, no a su comercialización desbordada. Para entenderlo en profundidad hay que pasearse por las páginas de <em>La Liga agoniza</em>, <em>El fútbol en baja</em>, <em>El fútbol en pantalla</em>, <em>Fútbol y televisión</em>, <em>Vivir al día</em>, <em>Divos y destajistas</em>. Ya para disfrutar de sus obras clásicas se puede empezar por <em>La sombra del ciprés es alargada</em> o <em>Las guerras de nuestros antepasados</em>.<strong></strong></p>
<p>No es gratuito este boletín de prensa publicado el pasado 12 marzo, día de la muerte de Delibes a los 89 años: “La Real Federación Española de Fútbol desea manifestar su tristeza y su dolor”. “Este es un mensaje para quienes pretenden separar el fútbol de la cultura”, añadió. Enseguida lo recordaron en silencio<strong> </strong>en el estadio José Zorrilla, durante el partido entre el Real Madrid y el Valladolid, el club del que Delibes fue hincha toda la vida.</p>
<p>El fútbol y la literatura juegan en el mismo equipo. Neruda, Quiroga, Bendetti, se han puesto la camiseta, incluso Borges y Bioy Casares para criticarlo. La Federación española anunció que el otro aliciente literario de la selección española será el centenario del nacimiento de Miguel Hernández, el poeta de Orihuela, también subyugado por el fútbol. Dedicó su juventud en esa ciudad de la Comunidad Valenciana a escribir poemas universales y a jugar fútbol en el equipo de ‘La Repartiora’, bautizado así porque al final de los partidos se dividían las frutas que robaban en los huertos vecinos. Allí, en las canchas resecas de la Costa Brava, recuerdan que “era un buen extremo derecho con el apodo de ‘el barbacha’”. Barbacha es una especie de caracol de la región, lento aunque astuto y escurridizo. Pero a Hernández le iba mejor componiendo sonetos que desbordando y haciendo pases. Retó a Rafael Alberti a dedicarle una <em>Oda</em> a Franz Platko, arquero del Barca hace 90 años, mientras él escribía la memorable <strong><em>Elegía al guardameta</em></strong><strong>, en honor de ‘Lolo’, el portero de su club. Íker Casillas lo recita y lo adjuntamos al final de esta nota.</strong><strong></strong></p>
<p>¿Por qué Delibes y Hernández en Rumbo a Sudáfrica? Porque sus fantasmas rondan el camerino de la “furia roja”, por obra y gracia de la Federación y de Del Bosque, que buscan en ellos la serenidad y la concentración necesarias para llegar al Mundial fortalecidos en cuerpo y espíritu. Todos los expertos coinciden en que a España le tocó uno de los grupos más suaves: Suiza, Honduras y Chile. Habrá que comprobarlo. Del Bosque ya ganó Ligas, Champions y Copa Intercontinental con el Real Madrid pero le falta el trofeo mayor. “Nos falta el broche del Mundial”, repite sin confiarse. Le dolió la derrota ante Estados Unidos 0-2 en la semifinal de la Copa Confederaciones, el año pasado. Mientras llega el primer partido de España contra Suiza, el 16 de junio, sigamos conectados al mundo del balón valiéndonos de los versos de Miguel Hernández en su convocatoria a los poetas: <em>Hablemos de aquello a que aspiramos:</em> <em>por lo que enloquecemos lentamente</em><em>&#8230; </em><em>Veré si hablamos luego con la verdad del agua,<br />
que aclara el labio de los que han mentido</em>.</p>
<p><strong><em>Elegía al guardameta </em></strong></p>
<p><strong>Por Miguel Hernández</strong></p>
<p>“A ‘Lolo’, sampedro joven en la portería del cielo de Orihuela”.</p>
<p>Tu grillo, por tus labios promotores,<br />
de plata compostura,<br />
árbitro, domador de jugadores,<br />
director de bravura,<br />
¿no silbará la muerte por ventura?</p>
<p>En el alpiste verde de sosiego,<br />
de tiza galonado,<br />
para siempre quedó fuera del juego<br />
sampedro, el apostado<br />
en su puerta de cáñamo añudado.</p>
<p>Goles para enredar en sí, derrotas,<br />
¿no la mundial moscarda?<br />
que zumba por la punta de las botas,<br />
ante su red aguarda<br />
la portería aún, araña parda.</p>
<p>Entre las trabas que tendió la meta<br />
de una esquina a otra esquina<br />
por su sexo el balón, a su bragueta<br />
asomado, se arruina,<br />
su redondez airosamente orina.</p>
<p>Delación de las faltas, mensajeras<br />
de colores, plurales,<br />
amparador del aire en vivos cueros,<br />
en tu campo, imparciales<br />
agitaron de córner las señales.</p>
<p>Ante tu puerta se formó un tumulto<br />
de breves pantalones<br />
donde bailan los príapos su bulto<br />
sin otros eslabones<br />
que los de sus esclavas relaciones.</p>
<p>Combinada la brisa en su envoltura<br />
bien, y mejor chutada,<br />
la esfera terrenal de su figura<br />
¡cómo! fue interceptada<br />
por lo pez y fugaz de tu estirada.</p>
<p>Te sorprendió el fotógrafo el momento<br />
más bello de tu historia<br />
deportiva, tumbándote en el viento<br />
para evitar victoria,<br />
y un ventalle de palmas te aireó gloria.</p>
<p>Y te quedaste en la fotografía,<br />
a un metro del alpiste,<br />
con tu vida mejor en vilo, en vía<br />
ya de tu muerte triste,<br />
sin coger el balón que ya cogiste.</p>
<p>Fue un plongeón mortal. Con ¡cuánto! tino<br />
y efecto, tu cabeza<br />
dio al poste. Como un sexo femenino,<br />
abrió la ligereza<br />
del golpe una granada de tristeza.</p>
<p>Aplaudieron tu fin por tu jugada.<br />
Tu gorra, sin visera,<br />
de tu manida testa fue lanzada,<br />
como oreja tercera,<br />
al área que a tus pasos fue frontera.</p>
<p>Te arrancaron, cogido por la punta,<br />
el cabello del guante,<br />
si inofensiva garra, ya difunta,<br />
zarpa que a lo elegante<br />
corroboraba tu actitud rampante.</p>
<p>¡Ay fiera!, en tu jaulón medio de lino,<br />
se eliminó tu vida.<br />
Nunca más, eficaz como un camino,<br />
harás una salida<br />
interrumpiendo el baile apolonida.</p>
<p>Inflamado en amor por los balones,<br />
sin mano que lo imante,<br />
no implicarás su viento a tus riñones,<br />
como un seno ambulante<br />
escapado a los senos de tu amante.</p>
<p>Ya no pones obstáculos de mano<br />
al ímpetu, a la bota<br />
en los que el gol avanza. Pide en vano,<br />
tu equipo en la derrota,<br />
tus bien brincados saques de pelota.</p>
<p>A los penaltys que tan bien parabas<br />
acechando tu acierto,<br />
nadie más que la red le pone trabas,<br />
porque nadie ha cubierto<br />
el sitio, vivo, que has dejado, muerto.</p>
<p>El marcador, al número al contrario,<br />
le acumula en la frente<br />
su sangre negra. Y ve el extraordinario,<br />
el sampedro suplente,<br />
vacío que dejó tu estilo ausente.</p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>La Copa del Duce</title>
		<link>http://blogs.elespectador.com/mundial2010/2010/04/la-copa-del-duce/</link>
		<comments>http://blogs.elespectador.com/mundial2010/2010/04/la-copa-del-duce/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 06 Apr 2010 11:43:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mundial2010</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Italia 1934]]></category>
		<category><![CDATA[Mundial de Fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Mussolini]]></category>

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		<description><![CDATA[La influencia de Mussolini en el primer campeonato del mundo obtenido por Italia
Por: Fernando Araújo Vélez
Federico Fellini lo recordó como era, inmenso, apoteósico y tenebroso, un monumento viviente a la locura del poder, una pesada marcha de toscas y siniestras melodías. “De repente, luego del himno y cuando los equipos estaban en la cancha, escuché [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La influencia de Mussolini en el primer campeonato del mundo obtenido por Italia<span id="more-86"></span></p>
<p><strong>Por: Fernando Araújo Vélez</strong></p>
<p>Federico Fellini lo recordó como era, inmenso, apoteósico y tenebroso, un monumento viviente a la locura del poder, una pesada marcha de toscas y siniestras melodías. “De repente, luego del himno y cuando los equipos estaban en la cancha, escuché un murmullo. Entonces levanté la mirada y vi a Mussolini entrando al palco principal.</p>
<p><img class="recurso_post aligncenter size-full wp-image-88" src="http://blogs.elespectador.com/mundial2010/files/2010/04/Mussolini_560.jpg" alt="Mussolini_560" width="560" height="373" /></p>
<p>Estaba con Giovanna, la menor de las princesas de la casa real de Saboya, una niña bellísima que se veía feliz por estar en aquella fiesta. La imagen de ella era todo lo opuesto a la de Mussolini, robusto, con su cuello de toro y su cabeza totalmente afeitada que impresionó a todos cuando se sacó una gorra. Fue ahí cuando la multitud empezó a gritar Duce, Duce, Duce…”.</p>
<p>Por aquellos tiempos Fellini era apenas un niño. Sus padres lo habían llevado a la tribuna principal del estadio Nacional Fascista de Roma porque los partidos de fútbol del Mundial eran un espectáculo que nadie con buen juicio y algo de estética podía perderse.  Él vio a Italia representada por 60 ó 70 mil hinchas, a su Italia, oscilante entre el pánico y la pasión cuando la Selección salió al campo y se formó, impecable, para escuchar el Himno al Sole de Giácomo Puccini. Aplaudió, como todos en la tribuna, y dudó segundo más tarde, cuando detalló a los jugadores de Checoslovaquia y pensó que, tal vez, por esas cosas del fútbol, hasta podrían ganar la Copa.</p>
<p>Sus temores se acentuaron a los 70 minutos, cuando Puc anotó el 1-0 a favor de los checos.  Él fue uno de los miles que calló, y uno de los miles que luego se dejó arrastrar por el delirio de las masas que creían y creerán que el fútbol es la patria con el empate de Raimundo Orsi, uno de los argentinos nacionalizados por Mussolini. Luego llegaron el tiempo extra para definir el campeón, una obra maestra de Guaita y el gol triunfal de Schiavio, el título, la Copa levantada por los camisas negras, el saludo con el brazo derecho al Duce, una vez más el himno de Puccini y unas cuantas lágrimas de miedo liberado.</p>
<p>Más tarde, muchos años después, Fellini y tantos otros sabrían lo que en realidad ocurrió antes y durante aquella Copa.  Sabrían que a Luis Monti lo amenazaron para que jugara en y por Italia, que Benito Mussolini había organizado un grupo subterráneo cuyo único objetivo era obtener el título, que sus subalternos habían comprado árbitros, rivales y directivos, que al técnico italiano, Vittorio Pozzo,  le habían dicho : ”Señor Pozzo, usted es responsable del éxito, pero si fracasa, que Dios lo ayude”, y que a sus jugadores les habían prometido hasta el cielo si ganaban, pero si no, habrían tenido que esfumarse.</p>
<p>La Copa del Duce se inició en 1929, cinco años antes de que comenzara a jugarse, en las oficinas de don Jules Rimet, París, y con la decisión unánime del comité de la Fifa en el sentido de que Italia debía organizar la segunda Copa del Mundo. Desde entonces, los preparativos fueron metódicos, casi perfectos. Jugadores, sedes, jueces, calendarios, etc, todo pasaba y se decidía en las oficinas de Mussolini, previo estudio y organización del general Vaccaro (presidente del Comité Olímpico Italiano) a quien el Duce le había dicho: “No sé cómo hará usted, general, pero Italia debe ganar el Mundial”.</p>
<p>Los primeros partidos fueron un simple trámite. La squadra azurra goleaba a cuanto rival enfrentaba (Estados Unidos, Francia, Hungría y Estados Unidos de nuevo en octavos de final). Su primer obstáculo serio fue la España de Ricardo Zamora e Isidro Lángara. Luego de un extenuante partido de 120 minutos igualaron a un gol, tantos de Lángara y de Orsi. La Fifa programó una revancha para el día siguiente que  Mussolini no quiso dejar en manos del fútbol o del azar. Por ello ese día, muy temprano, citó al general Vaccaro, que lo tranquilizó con un lacónico “todo está solucionado”. “Todo” era el árbitro, un señor de apellido Mercet a quien el Comité de Asignaciones de la federación designaría en menos de una hora. “Todo” fue su actitud, entregada, miserable, descarada a favor de Italia, que terminó por vencer a los españoles con un gol de Giuseppe Meazza.</p>
<p>Italia derrotó después a Austria 1-0 para acceder a la final, sin mayores contratiempos ni la necesidad de torcerle el rumbo al destino. La final fue a otro precio, al precio de Benito Mussolini, un precio que tenía más de amenaza que de liras, y mucho más de sangre y destierro que de cualquier otra cosa.</p>
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