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16 de julio de 1950, el día más triste de Brasil
Por: Fernando Araújo Vélez
Su derrota fue tristeza. Su tristeza fue rabia, la rabia de una ilusión acuchillada. Su rabia fue odio, y su odio lo llevó a perseguir durante 50 años a un hombre, un simple arquero de fútbol al que le anotaron los goles que no podían anotarle, hasta verlo morir. Claudio Farell le dio un triste y siniestro sentido a su vida dos días después de que Brasil perdiera la final de la Copa del Mundo de 1950 ante Uruguay 2-1. Como no podía acabar con el mundo, y menos aún con el fútbol, decidió transformarse en una sombra amenazante para Moacyr Barbosa, porque según él, Barbosa, fundamentalmente Barbosa, había sido el responsable de la derrota pues los dos tantos uruguayos, de Schiafino y Gigghia, eran evitables, más que nada el último, el de Gigghia, un disparo cruzado, lento, manso.

“Llegué a tocarla y creí que la había desviado al tiro de esquina, pero escuché el silencio del estadio y me tuve que armar de valor para mirar hacia atrás. Cuando me di cuenta de que la pelota estaba dentro del arco, un frío paralizante recorrió todo mi cuerpo y sentí de inmediato la mirada de todo el estadio sobre mí”, recordaría con el tiempo Barbosa, ya como villano de la película. Alguien tenía que cargar con el rótulo.
Sereno incluso en los momentos más difíciles de su vida, temerario dentro de los campos de fútbol, agudo como pocos en sus comentarios, dios de la torcida del Vasco da Gama, creyó en un principio que el resentimiento con el que el hombre de bigotito a lo Clarck Gable le mostraba y enrostraba el recorte de los diarios con los titulares del domingo fatal sería asunto de una semana a lo sumo. Sin embargo, pasaron las semanas y los meses, y el esmirriado fanático continuaba esperándolo a la salida de su casa para repetirle, cada vez con mayor sorna, el gesto y la agresión. El resentimiento de Claudio Farell no se aplacó jamás.
La suya, individual, única, pausada, constante, era, de alguna manera, la venganza de todo Brasil contra un hombre negro al que culparon de una tragedia que provocó suicidios, intentos de asesinato, depresiones eternas y culpas. Alguna vez, 40 años después de los sucesos de aquel 16 de julio, Barbosa dijo que a un criminal le daban como máxima pena 30 años y a él, por un supuesto error, lo habían condenado toda su vida a la ignominia. Se refería al señor del bigote, por supuesto, pero también a los cientos de miles de hinchas que sin escupirlo lo escupían, a una señora que en un mercado lo señaló para que su hijo de cinco años supiera que él había sido el hombre que hizo llorar a todo un país, Brasil, a los viejos que llenaron el Maracaná aquella tarde, a las mujeres que lo humillaron, a los periodistas que lo criticaron y a los políticos que lo olvidaron.

Porque antes del 50 Moacyr Barbosa era una especie de Dios negro en Brasil, el primero de su raza en pararse bajo los tres palos de la Selección. Amado, venerado, apetecido. El pueblo lo seguía adonde fuera. Le hacía pinturas, bustos de arcilla, versos. Durante el Mundial, su figura ya había llegado a la estatura de mito. Cuando salió a la cancha del Maracaná para jugar la final de la Copa, las tribunas corearon su nombre porque él era uno de los puntales del equipo que por fin ganaría un campeonato del mundo. Hubo pancartas con el Brasil campeao y su rostro, y banderas con su apellido. Hasta esa tarde él, Barbosa, y Brasil, se habían paseado por el torneo regándolo de lujos, paredes, goles y triunfos. No obstante, tanta euforia y tanta convicción terminaron en desastre.
Brasil comenzó a jugar la final del 50 cargado de tensiones. Obdulio Varela, el capitán uruguayo, se encargó de multiplicarlas. Hablaba, les recordaba antiguas derrotas, les decía que no podrían con tantos nervios. El primer tiempo terminó cero por cero. En el segundo, Brasil encontró un gol temprano que debía relajarla, pero Varela, de nuevo, manejó el partido a su antojo. Tomó la pelota con las manos, se la guardó contra sí, le protestó el árbitro, demoró la reanudación y les dijo a sus compañeros que los brasileños estaban muertos. “Y los de afuera son de palo”, les repitió a sus compañeros, como antes de que comenzara el juego, cuando un directivo le susurró que con menos de cuatro en contra estaban cumplidos. Entonces el “Negro jefe”, hombre de los arrabales, de luchas sociales, reunió a su equipo y comentó que sólo cumplirían si salían campeones. “Los de afuera son de palo”, dijo.
Luego de la victoria, dijeron, dirían, Varela se fue a caminar por Río de Janeiro. Se metió en un bar. Vio llorar a tanta gente que sintió compasión, deseos de devolver la historia. Poco antes de morir confesaría que le hubiera gustado devolver le medalla ganada en el 50. “Los directivos nos utilizaron”, sentenciaría. Fue a él a quien le dieron la copa Jules Rimet, casi a escondidas en un pasillo del Maracaná porque el silencio y el dolor de los brasileños era infinito. Fue a él a quien abrazaron los derrotados, y fue a él a quien la Historia volvió inmortal, gloriosamente inmortal. Barbosa fue su contracara. Durante sus últimos años trabajó como cuidador del césped del Maracaná. Alguien reveló que se llevó a su casa los arcos que habían instalado antes del mundial del 50. Habrá recordado, habrá maldecido, llorado, insultado. Nunca el fútbol fue tan cruel.
Opiniones
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hibocue
30 Abril 2010 a las 8:03
Buen articulo,como todos los que ha presentado el Espectador con relacion al mundial. Este episodio nos deja entrever una realidad latente que a la vez nos debe servir de moraleja: Nunca debemos cantar victoria antes de obtenerla.
Recuerdo el año pasado cuando se jugo la final del futbol colombiano en el estadio metropolitano de Barranquilla entre el Atletico Junior y el Once Caldas,todos absolutamente todos los periodistas daban como ganador al Junior y a la aficion Barranquillera le habian vendido esta idea. Las tribunas del estadio y las calles y avenidas de la ciudad estaban atiborradas de afiches con la sexta estrella del junior,los establecimientos publicos,restaurantes y hoteles estaban preparados para el acontecimiento pero todo se volteo. Ocurrio el Metropolitanazo. Ese dia rei.
Opinión por:
El día que Brasil lloró « | Rumbo a Sudáfrica 2010 | Blogs | ELESPECTADOR.COM
29 Abril 2010 a las 9:59
[...] recorrió todo mi cuerpo y sentí de inmediato la mirada de todo el estadio sobre mí”, recordaría con el tiempo Barbosa, ya como villano de la película. Alguien tenía que cargar con el rótulo. [...]
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2935
16 Abril 2010 a las 15:59
En ese episodio de la historia de los mundiales de fútbol, la final de Brasil 1.950 conocida como “El Maracanazo”, sencillamente los brasileños vendieron la piel del oso antes de cazarlo porque si bien es ciero fueron los anfitriones, también lo es que con su campaña impecable durante el campeonato y en la liguilla final por puntos, goleando a España y Suecia, iban a hacer lo mismo con la garra charrúa, pero, con error o no, del arquero o de la defensa, perdíeron el partido más importante. Igual, los mundiales subsiguientes los premiaron con creces, así no se borre esa triste tarde del 16 de julio de 1.950.
Opinión por:
luisamin
16 Abril 2010 a las 15:30
ESTO SOLO SUCEDE EN LOS PAISES ANALFABETAS PAISES SIN NINGUNA CULTURA PAISES IGNORANTES DE K UN PARTIDO DE FUTBOLO ES ESO UN PARTIDO DE FUTBOL. Y NO EL FIN DE EL MUNDO, Y COMO FUTBOL ES PUEBLO ESE ES EL PUEBLO ANALFABETA E IGNORANTES ……
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Barbosa, el arquero maldito
16 Abril 2010 a las 14:13
[...] Barbosa, el arquero maldito blogs.elespectador.com/mundial2010/2010/04/barbosa-el-arquer… por nkdk hace 2 segundos [...]
Opinión por:
marianaguerrad
16 Abril 2010 a las 13:12
HOLA, CUANTO TE PAGA GOOGLE POR BUSQUEDA? ! NADA VERDAD ¡ INSCRIBETE GRATIS EN ESTA PAGINA Y POR HACER TUS BUSQUEDAS EN YAHOO TE PAGARAN , INVITA TUS AMIGOS Y AUMENTA TUS GANANCIAS EN: http://es.beruby.com/promocode/uJOj5I
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blachobasp
16 Abril 2010 a las 10:19
señor revillamizar coja oficio este articulo que es 100% futbol nos abre una puerta otro mundo, al recuerdo, a olvidar por un momento nuestra realidad.
y usted se las viene a cagar con sus comentarios politicos.
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castanete
16 Abril 2010 a las 9:07
DEFINITIVAMENTE SI HAY GENTE ESTUPIDA QUE CONFUNDEN LA M…. CON LA P………NO SE PORQUE SACA A RELUCIR AHORA LA POLITICA A EN UN ARTICULO QUE AL LEERLO NOS HACE OLVIDAR TANTA POLITIQUERIA QUE CIERTOS PERIODISTAS NOS QUIEREN METER HASTA POR LOS OJOS SUS COMENTARIOS LLENOS DE CIZAÑA Y ODIO QUE SOLO CONTRIBUYEN A QUE CADA DIA NI QUERAMOS LEER CIERTOS COMENTARIOS TONTOS Y ESTUPIDOS
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otario
16 Abril 2010 a las 8:43
¡Triste, compa’y triste! . . .Mientras Barbosa le dio tanto al fútbol brasilero antes del fatídico “maracanazo”, los que nunca hicieron algo o nada por esa causa lo endiosaban… Pero como la ingratitud es semilla en todas las personas, floreció y vino el vejamen.. Al pobre Barbosa, como a Andrés Escobar los dueños del fanatismo, los crueles fundamentalistas no los perdonaron jamás… Pero habrá un espacio para ellos en la conciencia de los aterrizados, de los que aceptamos que como humanos tenemos, casi que el deber, de equivocarnos.. Salud, arquerazo Barbosa!
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jcuv
16 Abril 2010 a las 8:35
hey qué bonito artículo, me recuerda por qué el fútbol me parece tan similar a la poesía y a la literatura…
Opinión por:
_juancho
16 Abril 2010 a las 8:25
Los brasileños no pueden aceptar las derrotas y siempre encuentran un responsable, lo fue barbosa, zico y otros mas.
Opinión por:
jdcl
16 Abril 2010 a las 8:20
Los heroes del mundial hoy, son messi, crstiano, henry, Van bomel, llena tu album del mundial gratis, ingresa a http://www.davidworlds.com
Opinión por:
revillamizar
16 Abril 2010 a las 7:44
ASI SERA RECORDADO JUAN MANUEL SANTOS EN LA POLITICA CRUEL DE COLOMBIA, COMO EL MOSTRUO DEL TERROR SEMBRADO EN COLOMBIA CON SANGRE INOCENTE DE SUS FALSOS POSITIVOS, COLOMBIANOS, TENEMOS A MANO LA GRAN OPORTUNIDAD DE CAMBIARLE LA CARA A COLOMBIA, UNA LINDA CARA PARA COLOMBIA EN EDUCACION, CULTURA, RESPETO, CONVIVENCIA, TOLERANCIA, NO MAS PORQUERIAS, NUESTROS HIJOS RECLAMAN FUTURO SIN SANGRE, SIN MANCHAS, SIN ARMAS ASESINAS, PENSEMOSLO SIN APASIONAMIENTOS, PENSEMOS EN NUESTROS HOGARES, MOCKUS UN HOMBRE LIMPIO, SERA HONESTO, SERA UNA ESPERANZA PARA NUESTRO PUEBLO, PENSEMOSLO BIEN, Y BIEN PENSADO LAS COSAS CAMBIAN, COLOMBIA NOS LO AGRADECERA
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itachyi
16 Abril 2010 a las 7:42
No conocía tal historia, es increíble como podés pasar de héroe a villano en unos segundos, ha de ser terrible, igual la posición de arquero es muy desagradecida, y se ve hasta el día de hoy, arqueros que atajan lo imposible pero que les hacen goles tontos, vaya ud. a saber por qué las cosas son así, pero así son.
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javiere
16 Abril 2010 a las 7:38
Para mi lo peor ha pasado en Colombia cuando la mafia mato a un arbitro por no pitar a favor de quien ellos querian, razón por la cual suspendieron el torneo colombiano que iba ganando Millonarios, y para muestra el peor de los casos, defensa de la selección nacional asesinado por meter un bonito autogol en el mundial de Estados Unidos 94… que triste nuestra historia
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ricardo-bada
16 Abril 2010 a las 7:21
Aún peor fue el destino de Grosics, el guardameta de la imbatible selección húngara, invicta desde mayo de 1950, que de 31 partidos había empatado 4 y ganado 27, entre ellos el famoso encuentro en que por primera vez un equipo extranjero derrotó a Inglaterra en Wembley, y nada menos que por 6:3. Ese once húngaro conoció la derrota justo en la final contra Alemania, en el estadio de Berna, el 4 de julio de 1954, perdiendo por 3:2 un partido que iba ganando por 2:0. El régimen socialista nunca se lo perdonó a Grosics, a quien responsabilizó de la derrota. Lo degradaron a un equipo de tercera división regional y le amargaron la vida hasta el resto de sus días. Y yo diría que entre ser un paria en la Hungría del socialismo real, y serlo en Río de Janeiro, hay ciertamente una diferencia. Vale.
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