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Videos exclusivos muestran la impresionante deforestación en el Parque Tinigua

  • La deforestación en esta área protegida de Colombia superó, en los primeros tres meses de este año, las 5600 hectáreas de bosques. Amazon Forest Watch habla de 7000 hectáreas solo entre febrero y abril. La situación puede tornarse peor cuando cesen las lluvias en el último trimestre del 2018. Se necesitan medidas urgentes del Gobierno.

(Mongabay Latam / María Fernanda Lizcano) 

“Los territorios son como los libros: los puedes tener en frente, pero si no los lees jamás los vas a entender”. Así empieza Juan Carlos Clavijo a hablar del Parque Nacional Natural (PNN) Tinigua, una de las áreas protegidas de Colombia, ubicada entre los municipios de La Uribe y La Macarena en el departamento del Meta, que se volvió noticia este año cuando el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) reveló que, solo en los primeros tres meses, perdió más de 5600 hectáreas de bosque por causa de la deforestación.

Así lucen enormes terrenos dentro del Parque Nacional Tinigua en el departamento del Meta. Foto: Cormacarena.
Así lucen enormes terrenos dentro del Parque Nacional Tinigua en el departamento del Meta. Foto: Cormacarena.

Clavijo, que trabajó en ese Parque Nacional por 10 años ─y fungió como jefe durante tres de estos─, cree que al Tinigua nunca lo han visto con la importancia que tiene. Y tal vez por eso, apenas ahora, cuando el daño parece irreparable, todas las miradas se posan sobre este territorio que hace parte del Área de Manejo Especial La Macarena (AMEM), una zona de reserva creada en 1989 conformada no solo por el Tinigua, sino también por los PNN Cordillera de los Picachos, Sierra de La Macarena y Sumapaz.

El Tinigua es el refugio de especies de fauna y flora originarios de estos ecosistemas que lo rodean. Allá, se pasean a sus anchas, entre otros, animales como el jaguar (Panthera onca), la nutria (Lontra longicaudis), el león de montaña (Puma concolor), el mono churuco (Lagothrix lagotricha), el mono araña (Ateles belzebuth), el perezoso de tres dedos (Bradypus variegatus), la danta (Tapirus terrestris), el saíno (Tayassu tajacu), el ave paujil (Crax alector, Mitu salvini, Crax tomentosa), el mono ardilla (Saimiri sciureus), el caimán llanero (Crocodylus intermedius), la tortuga morrocoy (Geochelone denticulata) y las guacamayas roja (Ara macao), verde  (Ara militaris) y amarilla (Ara ararauna). Pero no es todo, ese parque de más de 215 000 hectáreas es el encargado de unir las zonas de páramo, los bosques altos andinos, los bosques húmedos y básicamente es la única parte del país que conecta a la Orinoquía, los Andes y la Amazonía.

Édgar Olaya, director territorial de la Orinoquía en Parques Nacionales Naturales, resalta además que Tinigua ofrece unos servicios ecosistémicos únicos gracias a los dos ríos más importantes que tiene: el Guayabero y el Duda, que son afluentes de uno de los nacientes del río Orinoco, uno de los más importantes de América del Sur.

En esta imagen se observa la acelerada deforestación en el Parque Nacional Tinigua, la cual tuvo su pico más alto en febrero de este año. En solo tres meses se perdieron aproximadamente 7000 hectáreas. Foto: Global Forest Watch
En esta imagen se observa la acelerada deforestación en el Parque Nacional Tinigua, la cual tuvo su pico más alto en febrero de este año. En solo tres meses se perdieron aproximadamente 7000 hectáreas. Foto: Global Forest Watch

Pero este territorio rico en biodiversidad está en peligro. Un área que debería ser protegida por el Estado está siendo víctima de la deforestación acelerada. Sus bosques se están perdiendo y son reemplazados por cultivos ilícitos, ganado y cientos de familias que llegan de otros departamentos a buscar un pedazo de tierra. Detrás de todo esto, según cuentan algunos habitantes, están las disidencias de la extinta guerrilla de las FARC que se adueñan del territorio y se reparten la tierra a su antojo. La situación de orden público parece ser tan compleja que los funcionarios del Parque Tinigua tuvieron que salir del área desde hace más de un mes y empezar a operar desde Villavicencio, capital del Meta.

“Las herramientas de las entidades ambientales no son más que un papel y un esfero. No podemos hacer más. Esto ya es un problema de seguridad y debe hacerse una estrategia transversal que empiece desde el Ministerio de Defensa. Antes las FARC dejaban alguna pista de su presencia y las Fuerzas Armadas llegaban inmediatamente a buscarlos. Ahora no pasa lo mismo”, expresa el secretario de Ambiente del Meta, Oswaldo Avellaneda, quien resalta que, aunque se están haciendo esfuerzos para detener la deforestación, las cifras muestran que las estrategias son insuficientes. En total, se calcula que el Tinigua ha perdido históricamente unas 40 000 hectáreas de bosque.

Un reporte de Global Forest Watch (en inglés) confirma la preocupación. La organización habla de 7000 hectáreas deforestadas en el Parque Tinigua solo entre febrero y abril de 2018. Es decir, en solo tres meses se perdió un 3 % del área total del Parque. (Ver reporte en inglés de Global Forest Watch)

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LUGAR DE NEGOCIOS

Tinigua es un territorio apetecido. Tiene una importancia que trasciende lo ambiental y, según Juan Carlos Clavijo, pasa a lo geopolítico y geoeconómico. “Tiene una conexión con el Pacífico, que es donde está el principal puerto del país, también conecta con la capital de la República y con el sur y el oriente de Colombia. Desde lo económico es un sitio que está rodeado de bloques petroleros y que tiene unas enormes expectativas de títulos mineros. Desde lo militar, en el marco del conflicto, fue el corredor de las FARC”, explica el funcionario. 

Y es que, aunque este territorio fue víctima del conflicto, también fue beneficiario. La extinta guerrilla era la que ejercía control en la zona y tenía normas ambientales que todos los pobladores debían cumplir. Un bosque que cuidaban porque les servía, entre otros, como escondite para huir de las Fuerzas Armadas. Dago Ramírez, vicepresidente de la Asociación Campesina Ambiental Losada Guayabero (Ascal-G), que agrupa a comunidades de 68 veredas, asegura que cuando crearon la organización hace 22 años tenían el único objetivo de preservar la selva y poner límites a la deforestación. Aunque suene irónico, lo lograban con el respaldo de las FARC.

“Pero desde que se firmó el Acuerdo de Paz (en 2016), nosotros le dijimos a Parques Nacionales que de ahí en adelante era responsabilidad de ellos hacer que se cumpliera la Ley. Nosotros ya no sentimos la autoridad para defender el territorio, pues nos pueden amenazar. (…) En el Parque Los Picachos quemaron hace tiempo la cabaña de los funcionarios y los del Parque Tinigua tuvieron que salir corriendo, ahora imagínese nosotros”, dice Ramírez, quien vive en una finca dentro de este último Parque desde hace más de 20 años.

En abril de 2018 una operación militar permitió capturar a 3 personas que deforestaban en el Parque Tinigua. También se incautaron varias motosierras. Foto: Cormacarena.
En abril de 2018 una operación militar permitió capturar a 3 personas que deforestaban en el Parque Tinigua. También se incautaron varias motosierras. Foto: Cormacarena.

Su miedo no es para menos. Actualmente en la zona hace presencia una estructura residual conformada por disidentes del frente 40 de las FARC, que están liderados por alias ‘Calarcá’. Son ellos los que se han ido instalando en el Parque Tinigua y están generando la primera causa de deforestación: los cultivos ilícitos.

“Nosotros volamos el Parque unas dos veces por semana con aeronaves remotamente tripuladas y siempre descubrimos entre dos o tres cultivos ilícitos nuevos. Si multiplicas eso por los meses que llevamos del año y por las semanas transcurridas, nos pueden dar entre 60 y 70 cultivos. (…) Como parte de la estrategia, lo que hacemos es brindarle esa información a la tropa del Ejército para que realicen la erradicación manual”, explica a Mongabay Latam el coronel Juan Carlos Rueda, comandante del componente aéreo de la Fuerza de Tarea Conjunta Omega, una unidad de las Fuerzas Militares que opera en el suroriente del país.

El oficial de la Fuerza Aérea asegura que este año, en cumplimiento de lo que denominaron el Plan Tinigua, han volado más de 150 horas con el objetivo de medir qué tanto ha aumentado la deforestación y ubicar los cultivos de uso ilícito que tienen que combatir, especialmente los que están dentro de esta área protegida. Dice que, en los primeros cinco meses de este año, han erradicado 1700 hectáreas en toda el AMEM y han destruido unos 35 laboratorios de pasta base de coca, lo que equivale a más de 5600 kilogramos de insumos sólidos y más de 1300 galones de insumos líquidos. La mayoría, más del 50 %, fueron destruidos en jurisdicción del Tinigua.

Y es que, aunque el último informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) dice que en Tinigua los cultivos de coca no superaban las 277 hectáreas en 2016, funcionarios de Parques Nacionales y habitantes de la zona creen que la cifra actualmente podría llegar a las 1000 hectáreas. En el parque vecino, la Sierra de La Macarena, la situación es aún peor. Allá, la UNODC ubicaba la coca en más de 2386 hectáreas, pero fuentes de Mongabay Latam en la zona consideran que este número se triplicó ─o hasta más─ en 2018.

Para Juan Carlos Clavijo, que trabajó durante 10 años en el Tinigua, el aumento de los cultivos ilícitos en las áreas protegidas puede ser consecuencia de la decisión del Gobierno de no fumigar con glifosato dentro de los Parque Nacionales, pues el daño que se hace a los ecosistemas es inmenso. “Por esta razón creo que lo que se necesita es una atención integral. Llevar oportunidades de vida a los habitantes”, dice. Una afirmación que comparte el coronel Rueda, quien considera que el Gobierno debe llevar proyectos de desarrollo productivo a los campesinos para que puedan encontrar una forma de sustento distinta a los cultivos ilícitos.

Una versión ampliada de este reportaje fue publicada en Mongabay Latam. Puedes leerla aquí.

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