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Ecuador: descubren rana de cristal en una reserva cercada por la minería

  • La rana de cristal de Manduriacu fue hallada en el 2018 dentro de la Reserva Río Manduriacu, en la provincia de Imbabura, en los Andes de Ecuador, y está amenazada por la minería, la agricultura, la tala ilegal y las plantaciones de palma aceitera.

(Mongabay Latam / Alexa Vélez Zuazo)

La coloración verde de sus huesos, la falta de membranas entre sus dedos y las manchas amarillas rodeadas a veces por un círculo negro encendió la alerta de uno de los investigadores. Podía estar frente a una nueva especie de rana de cristal. Su primera reacción al verla fue enviarles fotos a sus colegas en Ecuador para contarles lo que había visto.

“Inmediatamente luego de ver la fotografía decidimos apoyar una nueva expedición hacia Manduriacu”, cuenta el ecuatoriano Juan Manuel Guayasamín, doctor en ecología y biología evolutiva, y profesor de la Universidad San Francisco de Quito.

Imagen aérea de la Reserva Río Manduriacu. Foto: Sebastián Kohn-Fundación Cóndor Andino/Fundación EcoMinga.
Imagen aérea de la Reserva Río Manduriacu. Foto: Sebastián Kohn-Fundación Cóndor Andino/Fundación EcoMinga.

La expedición partió rumbo a la Reserva Río Manduriacu —en la provincia de Imbabura, en Ecuador— un espacio único que coincide con la unión de dos hotspots o puntos importantes de biodiversidad: el Chocó y los Andes tropicales.

El grupo de investigadores recorrió largos trechos hasta que el 6 de febrero de 2018, escondida entre la vegetación densa y encaramada a una hoja suspendida a pocos centímetros de un arroyo, apareció la primera hembra de la rana de cristal de Manduriacu, conocida ahora para la ciencia como Nymphargus manduriacu. Un poco más abajo, descansando sobre otra hoja, hallaron también al macho.

Lo que vino después fue un año de estudios y trabajo de gabinete para establecer que se trataba de una nueva especie para la ciencia. Pero de lo que sí estaban seguros desde el inicio, era de que estaba seriamente amenazada.

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Reserva de biodiversidad

La Reserva Río Manduriacu fue creada en el 2010 por iniciativa de algunos propietarios que tenían terrenos comprados en la zona.

Seis años más tarde tomaron la decisión de firmar un convenio con la Fundación EcoMinga, que es la que tiene ahora a su cargo la administración del área.

Sebastián Kohn, director ejecutivo de la Fundación Cóndor Andino —organización vinculada a la investigación— y uno de los propietarios del territorio que hoy forma parte de la reserva, sostiene que se trata de un espacio con una diversidad “increíble” que alberga muchas poblaciones de fauna silvestre amenazadas.

FOTOLa Reserva Río Manduriacu abarca 530 hectáreas pero se quiere extender el espacio de protección hasta las 1000 hectáreas. Foto: Sebastián Kohn-Fundación Cóndor Andino/Fundación EcoMinga
FOTOLa Reserva Río Manduriacu abarca 530 hectáreas pero se quiere extender el espacio de protección hasta las 1000 hectáreas. Foto: Sebastián Kohn-Fundación Cóndor Andino/Fundación EcoMinga

Esta área privada, indica Kohn, es habitada por seis especies de felinos, entre ellos el jaguar (Panthera onca), que está en Peligro Crítico en la zona occidental del Ecuador. También está presente el mono araña de cabeza café (Ateles fusciceps), que figura entre los 25 primates más amenazados del mundo; anfibios como el sapo andino de Tandayapa (Rhaebo olallai), críticamente amenazado; y aves como el chocó vireo (Vireo masters) y el Cuco hormiguero bandeado (Neomorphus radiolosus), ambas amenazadas y endémicas del Chocó.

En los últimos años, además, se ha logrado volver a ver a algunas especies que se creía habían desaparecido. “El sapo andino de Tandayapa se creía extinto hasta que en 2012 se encontró una población saludable en la reserva. Ahora se sabe que esta especie ocupa solo unos 2 kilómetros cuadrados de bosque dentro y fuera de la reserva. El año pasado también se encontró a la Cochranella ballionota, una rana de cristal que también se creía extinta en el país”, explica Kohn.

Ahora tienen entre sus planes duplicar la zona protegida que se extiende a lo largo 530 hectáreas. “Esperamos poder aumentar el área conservada hasta unas 1000 hectáreas. Está en el área de amortiguamiento de la Reserva Ecológica Cotacachi Cayapas colindando con dicha reserva y el Bosque Protector el Cebú y Bosque Protector Los Cedros”, sostiene Sebastián Kohn.

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Tras los pasos de la rana de cristal

La expedición —en la que participaron investigadores de The Biodiversity Group, Fundación EcoMinga, USFQ, Tropical Herping, Fundación Cóndor Andino y Third Millenium Alliance— pudo recolectar en campo hasta cinco individuos y con ellos empezó la etapa de establecer el descubrimiento.

Juan Manuel Guayasamin explica que la metodología empleada combina morfología, análisis de los cantos y genética. “Cada una de estas fuentes de información tuvo un rol importante para poder determinar si la población representaba o no una nueva especie”, precisa.

Pero el investigador hizo sobre todo hincapié en la importancia de los cantos para descubrir a la Nymphargus manduriacu. “Los cantos en particular nos dicen mucho, ya que en anfibios suelen tener poca variación y ninguna de las especies de la zona tenía un canto parecido al de la nueva especie”, sostiene.

Nueva rana de cristal de Manduriacu. Foto: José Vieira/Tropical Herping/USFQ.
Nueva rana de cristal de Manduriacu. Foto: José Vieira/Tropical Herping/USFQ.

Le preguntamos a Guayasamín, además, sobre el potencial que tiene el área para establecer nuevos hallazgos y confirmó que es inmenso: “No hay duda que la zona es casa de muchas otras especies nuevas, además de numerosas especies amenazadas”.

Según datos del portal AmphibiaWeb, el país de Latinoamérica que posee la mayor riqueza de especies de anfibios es Brasil con 1086 especies, le sigue Colombia con 795, Perú con 636 y Ecuador con 623. Sin embargo, Diego Cisneros, coautor de la publicación y director del Museo de Zoología de la Universidad San Francisco de Quito USFQ,  precisa que “cuando se ajustan estos valores al área del país, se puede ver que Ecuador, entre los países más diversos, tiene una mayor cantidad de especies por área”.

El problema es que si bien se trata de un espacio con un gran potencial para la investigación, está acorralado por diversas amenazas. Por eso en la publicación, los científicos alertan a las autoridades de estos peligros.

“Es un intento de llamar la atención del gobierno, las ONG, las comunidades locales, los científicos y el público en general hacia las conservaciones de los pocos bosques Chocóandinos que aún quedan en el Ecuador”, precisan los autores en el artículo. Guaysamín enfatiza también sobre la responsabilidad de los investigadores en hacer públicos los problemas con los que se topan en campo “porque los resultados de nuestro trabajo (es decir, nuevas especies con distribuciones limitadas) son herramientas poderosas para justificar la conservación del hábitat, especialmente a través de asociaciones con ONG ambientales y comunidades locales”.

La versión completa de este reportaje fue publicada en Mongabay Latam. Puedes leerla aquí.

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