<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Lloviendo y haciendo sol</title>
	<atom:link href="http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol</link>
	<description>Otro blog más de Blogs elespectador.com</description>
	<lastBuildDate>Sun, 19 Jun 2011 17:03:46 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-ES</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.5</generator>
		<item>
		<title>¿La palabra más linda en español?</title>
		<link>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2011/06/la-palabra-mas-linda-en-espanol/</link>
		<comments>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2011/06/la-palabra-mas-linda-en-espanol/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 19 Jun 2011 17:02:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pilar Posada</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/?p=127</guid>
		<description><![CDATA[¿La palabra más linda en español? Hay tantas. Palabras que suenan y quedan resonando. Que chasquean, se encaraman, trepan, se deslizan. Que perforan, que duelen, que acarician. Que soban, que arrullan. Retuercen. Despescuezan. Sacuden. Enamoran. A mí por ejemplo me gustan cóncava, cueva, casco y atasco. Bulla, tropel, gentío. Lluvia, llovizna, aguacero. Mariposa, libélula, zancudo. [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>¿La palabra más linda en español? Hay tantas. Palabras que suenan y quedan resonando. Que chasquean, se encaraman, trepan, se deslizan. Que perforan, que duelen, que acarician. Que soban, que arrullan. Retuercen. Despescuezan. Sacuden. Enamoran.<span id="more-127"></span></p>
<p>A mí por ejemplo me gustan cóncava, cueva, casco y atasco. Bulla, tropel, gentío. Lluvia, llovizna, aguacero. Mariposa, libélula, zancudo. Coroto, cachivache, pelotera. Durazno, mandarina, mamoncillo. Pegote, charco, reguero. Menta, pimienta, ajonjolí. Apuro, desespero, ofuscación. Falda, tobillo, rodilla. Quebrada, cascada, remolino. Empeño, empanada, empujón. Enagua, rendija, cobija. Loca, coqueta, bragueta. Derroche, melaza, melcocha. Arrecha, casquivana, puta. Tristeza, malgenio, necedad. Albahaca, grosella, manzanilla. Impaciencia, desvarío, comején. Canela, hierbabuena, toronjil. Hueco, pozo, abismo. Dedal, aguja, costurero. Enojo, sonrojo, sombra. Codicia, malicia, sospecha. Noche, frío, temblor. Esquina, calle, laberinto. Gente, lágrima, suspiro. Abrazo, beso, bofetada. Brisa, ventisca, quebrazón. Culebra, ponzoña, sabandija. Mentira, piedad, traición. Vida. Tris. Muerte. Zas.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2011/06/la-palabra-mas-linda-en-espanol/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>4</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El Serrat de mis años mozos</title>
		<link>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2011/03/el-serrat-de-mis-anos-mozos/</link>
		<comments>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2011/03/el-serrat-de-mis-anos-mozos/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 19 Mar 2011 20:04:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pilar Posada</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/?p=125</guid>
		<description><![CDATA[Me quedo con el Serrat de mis años mozos. Su empeño por entrar en las modas de la época me ha espantado de las filas de fans que van a sus conciertos. Me llevé una desilusión con su última presentación en el teatro Metropolitano en Medellín, el sábado 12 de marzo. Una máquina feroz rugió [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Me quedo con el Serrat de mis años mozos. Su empeño por entrar en las modas de la época me ha espantado de las filas de fans que van a sus conciertos. Me llevé una desilusión con su última presentación en el teatro Metropolitano en Medellín, el sábado 12 de marzo. Una máquina feroz rugió sin descanso en el lado izquierdo del escenario. Parecía una planta eléctrica; no dejaba oír. ¿Era un ventilador? ¿Por qué un aparato ruidoso en medio de un concierto?<span id="more-125"></span></p>
<p>Mala, pésima amplificación de la voz tan querida. Mal micrófono, mala mezcla, mal manejo de la distancia; a veces lejos, a veces cerca, a veces nada. No se oía nada. Supongo que ya han inventado micrófonos altamente refinados y sensibles que garanticen la escucha. ¡Yo fui a oír a Serrat y no pude!</p>
<p>En cambio, me ofrecieron imágenes. Fotos y fotos. De aquí para allá, de allá para acá: iban y venían, venían y se iban. Manos, palmeras, niños. Ilustraciones de los años 50s: muchachas en bicicleta, sentadas, acostadas. No puedo decir que las imágenes eran malas ni feas, pero me distraían de mi propósito esencial: oír y sentir. No pude oír y a cambio me ofrecieron mirar lo que no me interesaba –ni quería- mirar. Si de mirar se trata, me gusta mirar a los músicos. Cómo se mueven; cómo sus cuerpos están comprometidos –respiración, fraseo, intención, emoción, fuerza– en la música que hacen. Y, claro, me gusta mirar a Serrat. Me gusta verlo agarrar su guitarra, sentarse en el banco de siempre, tocar y cantar. Me gustan las caras que hace; a veces burlón, a veces tierno, a veces irónico. Me gustan sus cejas rebrujadas y canosas y su nariz respingona. Me gusta el Serrat íntimo, el de “Palabras de amor”. Pero esas benditas imágenes llamando la atención todo el tiempo, ¡las detesté!</p>
<p>Crecí con Serrat. Él, en cierto sentido, se hizo cargo de mi educación sentimental, ética y poética. Le dio palabras a mis ideales y expectativas sobre el amor. El nombre del primer muchacho del que me enamoré me supo a hierba <em>de la que crece en el valle a golpe de sol y de agua</em>. A los 16 años me escapé de la casa y yo misma me cantaba para consolarme: <em>¿Qué va a ser de ti lejos de casa, nena, qué va a ser de ti?</em> Quise ser Lucía. Quise que me cantaran: <em>Si alguna vez amé, si algún día después de amar, amé, fue por tu amor, Lucía, Lucía</em>. Mis ansias de libertad, que todavía perduran, se identificaron con la muchacha menuda como un soplo y de pelo marrón; la que <em>nació libre como el viento y se mueve por instinto como un gorrión</em>.</p>
<p>Serrat me abrió las puertas a Machado y a Miguel Hernández. Me enseñó a quererlos, a degustarlos.</p>
<p>No había fiesta en la que no entonáramos “Cantares”. Para mi generación era casi un himno a la vida que nos enseñaba del pasar y del quedar. <em>Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar; pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar.</em> De tanto oír a Tío Alberto me la aprendí de memoria. Era también mi tío ese hombre generoso y vital que <em>cató de todos los vinos, anduvo por mil caminos y atracó de puerto en puerto</em>. Me estremecí muchas veces con La saeta; me traía el sabor de una España religiosa que había llegado hasta mi cuna: <em>¡Oh no eres tú mi cantar; no puedo cantar ni quiero a ese Jesús del madero sino al que anduvo en la mar!</em></p>
<p>Las nanas de la cebolla me dieron a catar la sensibilidad profunda de Miguel Hernández y sus imágenes luminosas<em>: Al octavo mes ríes con cinco azahares; con cinco diminutas ferocidades; con cinco dientes como cinco jazmines adolescentes</em>. Cuando mi amiga Marta Cecilia Abad murió de cáncer canté muchas veces la elegía a Ramón Sijé. Este poema, esta canción, le dieron palabras e imágenes a mi dolor. Le dieron refugio a mi estupor ante la muerte: <em>Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado</em>.</p>
<p>Serrat, gracias por lo que has sido para mí. Serrat, te quiero. No sabes cuánto. Pero, por favor, cuando vuelvas a Medellín regálame el sabor íntimo de tu voz para poder saborear en tu presencia la belleza y hondura de tus canciones. No quiero la prevalencia de la imagen sobre el sonido. No quiero la alharaca histérica del show business.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2011/03/el-serrat-de-mis-anos-mozos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>¿Educar o domesticar?</title>
		<link>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2011/03/educar-o-domesticar/</link>
		<comments>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2011/03/educar-o-domesticar/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 13 Mar 2011 04:21:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pilar Posada</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/?p=123</guid>
		<description><![CDATA[La certeza del amor de sus padres hace invulnerables a los hijos. Goethe Tengo dos hijos y una hija. En su paso por los colegios los tres han sido calificados de rebeldes, díscolos, indolentes. Buenos estudiantes pero indisciplinados. Inteligentes pero muy necios. Unos profesores han creído en ellos. Otros han rechazado sus temperamentos independientes y [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p align="left"><em>La certeza del amor de sus padres hace invulnerables a los hijos. </em><strong><em>Goethe</em></strong></p>
<p align="left">Tengo dos hijos y una hija. En su paso por los colegios los tres han sido calificados de rebeldes, díscolos, indolentes. Buenos estudiantes pero indisciplinados. Inteligentes pero muy necios. Unos profesores han creído en ellos. Otros han rechazado sus temperamentos independientes y han querido domarlos a la fuerza.<span id="more-123"></span>A muchas amargas reuniones hemos asistido, su padre y yo, para oír las quejas, recibir las sanciones, y comprometernos a intentar poner a los muchachos en la raya –la raya del colegio–. No sobra decir que de todas ellas salimos aporreados, tristones, cabizbajos, confundidos, inquietos. Cuando a uno le tocan los hijos, le tocan la entraña. ¿Quién se estará equivocando, ellos –los educadores–, o nosotros los padres –por lo demás también educadores–?</p>
<p align="left">A los 15 años me echaron de un colegio de niñas en Medellín. Hasta ese entonces, había sido juiciosa y buena estudiante –lo que llamaban “aplicada”–y las hormonas, que a esa edad hacen hervir la piel, la sangre y las ideas, me desacomodaron del lugar de niña modelo. Peregriné como joven rebelde varios años. Cambié de colegio cuatro veces. Logré sacar mi diploma de bachillerato con brega. Los golpes de la vida me han ido poniendo en un lugar en el que ya no soy ni juiciosa ni desjuiciada. La tía <em>open mind, </em>me dicen mis sobrinas. A veces mis hijos se sienten contentos por la mamá que tienen, y otras sé que les hago pasar malos ratos. En fin. Uno termina siendo lo que puede y no lo que soñó ser, y menos lo que quisieron los papás y los maestros que uno fuera.</p>
<p align="left">Pero no es para contar mi historia que empecé a escribir esto. Es para sacarme un clavo -que se me quedó enterrado esta mañana- cuando mi niña, que ya no es niña, fue suspendida por tres días del colegio donde cursa su último año de bachillerato. ¡Qué revolcón! ¿Es ella como me la quieren hacen ver las autoridades del colegio, una muchacha altiva, alborotadora, malhablada, criticona de la institución que cometió faltas severas contra las normas del manual de convivencia y por eso merece una sanción también severa, o es como yo la siento, un ser sensible, capaz de argumentar, de mirarse hacia adentro, de comprender los sentimientos que la animan a hacer ciertas cosas y dejar de hacer otras; promesa de una mujer bella que podrá lograr ser fiel a sí misma y a su tarea para con otros en el mundo?</p>
<p align="left">La voz de algunos los profesores de mi hija dice lo primero. Mi corazón dice lo segundo. Sé que cuando pase el remezón no tendré ni siquiera el asomo de la pregunta. Mi hija es lo que mi corazón me dice que ella es y lo que yo siento que puede llegar a ser. Esa convicción, aunque la hagan tambalear reuniones con directivas y sanciones de instituciones escolares, ha tenido, tiene, y tendrá el papel de brújula en mi vida y en la suya. Debería, para estar a tono con los tiempos, mejor decir GPS. Si alguien que nos ame no cree que podemos llegar a ser esto o aquello, ¿cómo puede uno siquiera acercarse a serlo? Si a uno lo piensan, lo señalan, lo nombran, lo definen, como insuficiente, nocivo, perjudicial, ineficaz, pernicioso, ese es el lugar que le asignan en el mundo. Ningún otro podrá ocupar.</p>
<p align="left">Ese, tal vez, es el principal papel de un padre, una madre o un educador. Creer -de veras- que ese ser de menos edad y menos experiencia, al que tiene la responsabilidad –enorme por cierto– de acompañar en su crecimiento físico, intelectual y espiritual podrá llegar a ser un ser humano valioso y espléndido. Y no sancionarlo antes de tiempo por no serlo. Es tarea de toda la vida eso de llegar a ser.</p>
<p align="left"><strong><em>Nota para mi hija</em></strong><em>: Siempre creeré en lo mejor que hay en ti. Espero que mi amor y mi fe te sirvan como brújula o GPS </em>–<em>como quieras</em>–<em>, para llegar al puerto que los vientos de tu deseo y las olas de la vida te deparen. Al que sea. A los que sea. ¡Buen viento y buena mar!</em></p>
<p align="left">
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2011/03/educar-o-domesticar/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>¿Por qué me gustan los niños?</title>
		<link>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2011/03/por-que-me-gustan-los-ninos/</link>
		<comments>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2011/03/por-que-me-gustan-los-ninos/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 06 Mar 2011 19:47:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pilar Posada</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Niños]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/?p=120</guid>
		<description><![CDATA[Me gustan los niños. Cuando me los encuentro en la calle -en algún centro comercial, aeropuerto, restaurante, supermercado- los miro más que a los adultos. Los adultos me parecen aburridos. Casi nunca me sorprenden. Son, por decirlo de algún modo, pan comido. Los niños me resultan más interesantes. Me dicen más. ¿Por qué? Confieso que [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Me gustan los niños. Cuando me los encuentro en la calle -en algún centro comercial, aeropuerto, restaurante, supermercado- los miro más que a los adultos. Los adultos me parecen aburridos. Casi nunca me sorprenden. Son, por decirlo de algún modo, pan comido. Los niños me resultan más interesantes. Me dicen más. ¿Por qué?<span id="more-120"></span></p>
<p>Confieso que hago esta reflexión ante mis lectores para poder hacerla ante mí. Decir las cosas para otro es tal vez la única manera de decírselas a sí mismo.</p>
<p>Siempre he sabido que los niños son importantes en mi vida –llevo treinta y seis años de profesora de música– pero no he hecho el esfuerzo de desmenuzar este asunto. ¿Qué es lo que me gusta de los niños? ¿Qué es lo que en ellos llama mi atención?</p>
<p>Lo primero que se me viene a la cabeza es la forma como se mueven. Los niños se mueven más que los adultos; mucho más. Se mueven más rápido, más veces, involucran más partes de sus cuerpos. Parecen obedecer necesidades internas, imperativos que se producen en algún lugar de sus cerebros -o de sus músculos y nervios-, que dicen: gira, levanta, voltea, agarra, suelta, camina, corre, trepa, rueda, corre, salta, brinca, escala, cae, acelera, frena. Son unas criaturas fascinantes, aunque a veces mi cuerpo envejecido sienta que ya no puede aguantar tanto voltaje. (Después de dar tres o cuatro horas de clase a niños tengo que dormir dos).</p>
<p>En segundo lugar diría que son más verdaderos que nosotros. Tienen menos controles y filtros. Lo que expresan se siente más auténtico: el agrado o el desagrado, los celos, el miedo, la timidez, la rabia, el interés, las ganas, el deseo de tener algo, el malestar, la irritación, el enojo, la voluntad de dominar, el deseo de reconocimiento, el hambre, el sueño. Son, por decirlo así, más netos. Sin hojarasca. Pura sustancia.</p>
<p>Son más lindos. Los ojos –casi siempre– son más vivos. Tienen la piel fresca y el pelo sin teñir. El crespo es crespo; la pelirroja, pelirroja. Cuando se aporrean lloran, pero no demasiado. Cuando pelean se contentan rápido. Pueden estar jalándose de las mechas con un amigo y al momento están como si nada, íntimos del alma. Los mocos les salen solos –les chorrean– y si se limpian lo hacen con la manga de la camisa o con el dorso de la mano. Te estornudan en la cara. Te pegan una gripa nueva cada quince días.</p>
<p>Son distintos entre sí. Singulares. Algunos sólo te miran. Otros se te acercan. Otros te hablan. Otros te esquivan. Otros quieren que los toques. Sabes cuando les gustas y cuando no. Sabes si tienes chance de llegar a su corazón –que es casi siempre–, eso sí, si esperas con calma, no acosas y sobre todo no te crees que eres más ni mejor que ellos.</p>
<p>Te hacen sentir querido. Mucho más que los adultos. Con los colegas nunca se sabe si de veras te quieren, te aprecian, te estiman. Por más sinceras que sean las relaciones siempre queda una sombra de duda, un <em>no man’s land</em> entre lo que se dice y lo que se siente y piensa. Uno nunca sabe cómo es la jugada. Con los niños, sí.</p>
<p>Te hacen sentir que lo que haces sirve para algo. Me he sentido más útil -y más feliz- enseñando una canción o una danza a niños que enseñando psicoanálisis a alumnos de posgrado en una universidad. Son gustos, me dirán. Entre gusto y gusto no hay disgusto, digo yo. Los niños son el único chance que me queda de no matar del todo lo más verdadero que hay en mí. Por eso me gustan. Por eso los quiero.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2011/03/por-que-me-gustan-los-ninos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>6</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Pasado por agua</title>
		<link>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2010/12/pasado-por-agua/</link>
		<comments>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2010/12/pasado-por-agua/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 08 Dec 2010 13:33:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pilar Posada</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2010/12/pasado-por-agua/</guid>
		<description><![CDATA[Pasado por agua está mi país. Las montañas se vienen sobre las casas donde vive la gente. Aplastan las casas y las sepultan. La gente muere asfixiada. Tal como ha vivido muere. En el rebusque. Cercada. Sin un respiro. A esos muertos los buscan y los rebuscan. La tierra se apelmaza. Los gobernantes van. El [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Pasado por agua<br />
está mi país.<br />
Las montañas<br />
se vienen sobre las casas<br />
donde vive la gente.<br />
Aplastan las casas<br />
y las sepultan.<br />
La gente muere asfixiada.<br />
Tal como ha vivido<br />
muere.<br />
En el rebusque.<br />
Cercada.<br />
Sin un respiro.<br />
A esos muertos<br />
los buscan<br />
y los rebuscan.<br />
La tierra se apelmaza.<br />
Los gobernantes van.<br />
El presidente viene.<br />
Hablan por la televisión.<br />
La gente está reventada.<br />
Desesperada.<br />
Mi país<br />
pasado por agua.</p>
<p>diciembre 8 de 2010</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2010/12/pasado-por-agua/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Morimos, no hay tutía</title>
		<link>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2010/11/morimos-no-hay-tutia/</link>
		<comments>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2010/11/morimos-no-hay-tutia/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 11 Nov 2010 18:24:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pilar Posada</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/?p=115</guid>
		<description><![CDATA[Antier murió, en un absurdo y terrible accidente, -¿qué accidente no lo es?-, Juan Carlos Gaviria, el papá de Manuel José, un compañero de clase de mi hija. Laura y Manolo- así lo hemos llamado siempre- crecieron juntos. Juan Carlos quería mucho a Laura; le decía que era su princesa. Fue gentil y amable con [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Antier murió, en un absurdo y terrible accidente, -¿qué accidente no lo es?-, Juan Carlos Gaviria, el papá de Manuel José, un compañero de clase de mi hija. Laura y Manolo- así lo hemos llamado siempre- crecieron juntos. Juan Carlos quería mucho a Laura; le decía que era su princesa. Fue gentil y amable con ella. Querido, como decimos en Medellín. Ayer, en la sala de velación y en la misa se me vinieron, de golpe, cosas que he pensado y sentido en esos momentos desde que era una niña.<span id="more-115"></span></p>
<p>¿Por qué en un velorio nos ponemos a hablar frenéticamente en vez de quedarnos callados y recogidos? ¿Por qué empezamos a preguntar o dar detalles sobre las circunstancias de la muerte, que siempre resultan algo obscenos, morbosos, en lugar de conectarnos con la verdad desnuda: “murió”? ¿Por qué la atmósfera que se respira se parece a la de una sala de espera en una terminal de transporte o a la de un coctel donde gente que hace rato no se ve se pone al día en noticias y chismes? ¿Por qué los sacerdotes católicos, ante los dolientes y la caja con las cenizas, dicen cosas que van contra todas las evidencias, como “celebremos, hermanos, porque Jesucristo ha vencido la muerte”?</p>
<p>Mi cultura y la religión en la que me criaron son torpes para enfrentar la muerte. Torpes, bastas, ramplonas, evasivas, pobres. Cuando voy a un entierro me siento doblemente vacía, desolada, desprotegida y huérfana. Por un lado, el impacto atroz que produce en la psiquis la evidencia de la muerte y con él la tristeza por la ausencia definitiva de un ser humano. Se fue para siempre su cuerpo, su risa, su andar, su voz, su olor. Nunca más lo veremos, lo oiremos. Nunca más nos hablará, nos tocará. Por el otro, esos rituales vacíos, sin corazón, sin carnadura, que se repiten automáticamente como una máquina siniestra y engañosa que no puede detenerse.</p>
<p>La muerte es un hueso duro de roer. El más duro. La negamos, la evitamos, la olvidamos, y cuando llega no queremos pensar que nosotros, y los más nuestros, también seremos suyos algún día.</p>
<p>¿Cómo hacerle frente a una verdad tan pavorosa, para la que no estamos nunca preparados?</p>
<p>Ante la oquedad que para mí representa la delirante fe católica, que dice haber vencido la muerte -real y brutal ante mis ojos-, y los bullosos amotinamientos sociales llamados velaciones, misas y entierros, me quedo con el silencio del corazón, la presencia, el abrazo, la conversación íntima y lo que puede decir la poesía ante este agujero insondable que nos produce desconcierto, angustia, rabia, rebeldía, dolor y miedo. Hago mío, y si le sirve a alguien más, lo que escribió Miguel Hernández cuando en Orihuela, se le murió, como del rayo, su amigo Ramón Sijé, a quien tanto quería:</p>
<p><em>Un manotazo duro, un golpe helado, </em></p>
<p><em>un hachazo invisible y homicida, </em></p>
<p><em>un empujón brutal te ha derribado. </em></p>
<p><em>No hay extensión más grande que mi herida,</em></p>
<p><em>lloro mi desventura y sus conjuntos </em></p>
<p><em>y siento más tu muerte que mi vida. </em></p>
<p><em>Ando sobre rastrojos de difuntos,</em></p>
<p><em>y sin calor de nadie y sin consuelo </em></p>
<p><em>voy de mi corazón a mis asuntos. </em></p>
<p><em>Temprano levantó la muerte el vuelo, </em></p>
<p><em>temprano madrugó la madrugada, </em></p>
<p><em>temprano estás rodando por el suelo. </em></p>
<p><em>No perdono a la muerte enamorada, </em></p>
<p><em>no perdono a la vida desatenta, </em></p>
<p><em>no perdono a la tierra ni a la nada. </em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2010/11/morimos-no-hay-tutia/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El puño y el puñetazo</title>
		<link>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2010/10/el-puno-y-el-punetazo/</link>
		<comments>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2010/10/el-puno-y-el-punetazo/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 08 Oct 2010 12:58:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pilar Posada</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/?p=104</guid>
		<description><![CDATA[Estoy asombrada de la resonancia de un puño. No hablan de otra cosa los noticieros y los periódicos. Qué manía, la nuestra -la humana-, de convertir un acontecimiento -ganarse un premio Nobel-  en un detalle -haber dado un puño-. Somos reduccionistas. ¿O miopes? El panorama general, ancho, complejo, rico, se convierte en una anécdota, mientras [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Estoy asombrada de la resonancia de un puño. No hablan de otra cosa los noticieros y los periódicos. Qué manía, la nuestra -la humana-, de convertir un acontecimiento -ganarse un premio Nobel-  en un detalle -haber dado un puño-. Somos reduccionistas. ¿O miopes?</p>
<p><span id="more-104"></span>El panorama general, ancho, complejo, rico, se convierte en una anécdota, mientras más vulgar mejor, mientras más reveladora de las pequeñas pasiones de las que todos estamos llenos, mejor.</p>
<p>El gusto por el chisme, el deleite por la rencilla, el engolosinamiento por las debilidades nos rebosa. Y nos desborda. <em>Un Nobel le dio un puño a otro Nobel antes de que los dos fueran Nobel.</em> Valiente gracia. Y se han emborrachado, seguro, y han sido infieles, y tienen secretos, como todos. Pecados y pecadillos, como usted y yo.</p>
<p>Pero, señoras y señores, el que dio el puño ha sido galardonado con un premio que hace que todas las miradas se vuelvan sobre la literatura latinoamericana, la que se escribe en el idioma que hablamos, en el que hacemos el amor, cantamos a nuestros hijos, hacemos discursos, reformamos constituciones, soñamos, conversamos en los buses, nos sentamos a la mesa. Qué maravilla, qué suerte, qué bendición, que el premio haya caído, nuevamente, en nuestro continente aporreado por dictaduras, en esta América de habla hispana, cruenta, sufrida y valiente.</p>
<p>Enhorabuena, y más que hablar de puños y ojos morados quisiera que se hable de literatura, que se lean y relean las novelas de Vargas Llosa, que se mire el trabajo de su mano escribidora. Un puño lo da cualquiera. No cualquiera escribe novelas impecables. No.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2010/10/el-puno-y-el-punetazo/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>4</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Feria del libro</title>
		<link>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2010/09/feria-del-libro/</link>
		<comments>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2010/09/feria-del-libro/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 12 Sep 2010 15:08:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pilar Posada</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/?p=100</guid>
		<description><![CDATA[Me pongo vieja. Siento menos enojo. Apatía más bien. Cosas que me gustaban ya no me interesan. Entre ellas las ferias. Hay Feria del Libro en el Jardín Botánico. Los escritores desfilan. La élite del pensamiento se pavonea. Hablan. Conversan. Hay foros. Preguntas y respuestas. Feria de vanidades. Vuelven a sus hoteles en la noche. [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Me pongo vieja.</p>
<p>Siento menos enojo.</p>
<p>Apatía más bien.</p>
<p>Cosas que me gustaban ya no me interesan.</p>
<p>Entre ellas las ferias.</p>
<p>Hay Feria del Libro en el Jardín Botánico.<span id="more-100"></span></p>
<p>Los escritores desfilan.</p>
<p>La élite del pensamiento se pavonea.</p>
<p>Hablan. Conversan.</p>
<p>Hay foros. Preguntas y respuestas.</p>
<p>Feria de vanidades.</p>
<p>Vuelven a sus hoteles en la noche.</p>
<p>Henchidos de reconocimiento.</p>
<p>Los leen.</p>
<p>Les piden firmas en sus libros.</p>
<p>A algunos les tiembla el pulso cuando escriben.</p>
<p>“¿Cómo te llamas?”</p>
<p>preguntan a la muchacha que les tiende un libro.</p>
<p>Laura, dice ella.</p>
<p>“Para Laura, con cariño. Fulano de tal”.</p>
<p>Y así Mariana y Juan Carlos, Alberto y Valentina.</p>
<p>Desfilan lectores.</p>
<p>Curiosos.</p>
<p>Incautos.</p>
<p>Impresionables.</p>
<p>Hay algunos que los aman.</p>
<p>Esos rara vez se acercan.</p>
<p>Tienen sus libros en la mesa de noche.</p>
<p>Gastados. Ojeados.</p>
<p>Hojeados. Leídos.</p>
<p>Quieren llegar a escribir algún día.</p>
<p>Y firmar libros en una feria.</p>
<p>Que mis palabras sean verdad para otro, anhelan.</p>
<p>El mundo se estrecha.</p>
<p>Me dice más la quietud que la euforia.</p>
<p>Soy una escritora independiente.</p>
<p>Tan independiente que ni siquiera soy escritora.</p>
<p>Al que no lo publican es un fantasma.</p>
<p>Más fantasma que todos los demás.</p>
<p>¿O menos?</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2010/09/feria-del-libro/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El Ástor de Medellín</title>
		<link>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2010/08/el-astor-de-medellin/</link>
		<comments>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2010/08/el-astor-de-medellin/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 30 Aug 2010 14:07:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pilar Posada</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[El Ástor]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/?p=84</guid>
		<description><![CDATA[Mi mamá me llevaba al Ástor cuando íbamos, de compras, a &#8220;Medellín&#8221;. Nosotros vivíamos en Otrabanda y no se decía , como ahora, ir al centro. Ibamos a comprar los uniformes para el colegio, o los zapatos. Claro, también los útiles a la Procuraduría de los hermanos cristianos, en Palacé. Era una fiesta entrar con [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Mi mamá me llevaba al Ástor cuando íbamos, de compras, a &#8220;Medellín&#8221;. Nosotros vivíamos en Otrabanda y no se decía , como ahora, ir al centro. Ibamos a comprar los uniformes para el colegio, o los zapatos. Claro, también los útiles a la Procuraduría de los hermanos cristianos, en Palacé. Era una fiesta entrar con mi mamá al Ástor.<span id="more-84"></span></p>
<p>A la izquierda los moritos y la pastelería. A la derecha los chocolates y los dulces. Y ese largo pasillo con la caja registradora a la izquierda, que uno atravesaba, mirando a lado y lado, buscando una mesa libre para sentarse. Los olores se colaban en las fosas nasales y en el cerebro límbico -debe ser-, porque el apetito se abría instantáneamente. De esas visitas al Ástor me quedó gustando la ceremonia del té con tostadas a las cinco de la tarde. Nunca me atrajeron los helados con salpicón y sus reboses de crema de leche.</p>
<p>Después, más crecida, volví. De diecisiete iba a veces con Byron White, con sus modos de gentleman y sus cuentos que nunca entendí del todo. Era esotérico y enredado. Más grande, fui también con Barquillo, que tomaba tinto como loco, y movía sus manos de dedos huesudos, lagrimeaba de su ojo díscolo y echaba sus peroratas. Se reía de sí mismo. Celebraba las palabras que le salían, con esa risa estertórea, como de loco, que tenía. También iba a veces con amigas, o sola, a mirar los libros de poesía que me acababa de robar en la Librería Nueva, al frente.</p>
<p>Al Ástor iba de todo: monjas, jubilados, señoras bien, parejas de novios, muchachas alharaqueras, lectores. Iban muchos hombres a leer, con sus libros misteriosos, abiertos sobre la mesa, mientras tomaban jugo de mandarina, o agua, o tinto. A ellos y a mí nos atendía, entre otras, una chiquita, menuda, con el pelo negro y largo que le llegaba a la cintura. Era rápida y discreta. ¿Estará muerta? Cuando me sobraba plata después de pagar la cuenta de adentro, me iba a los mostradores del pan y comparaba uno integral para mi mamá. Todavía hoy hago eso; compro pan integral para mi mamá en el Ástor. O compraba, como un regalo, para mi glotonería nunca desatada, porque siempre he engordado fácil, galletas alemanas, de las que tienen nueces y miel y están untadas de un polvito blanco que no sé si es harina de trigo o azúcar tres equis, u otras que nunca aprendí cómo se llamaban. Unas galletas -¿o será mejor decir torticas?- en forma de bollo, cubiertas de chocolate y envueltas en papel celofán transparente con una cintita de papel color metálico, rojo, verde o azul.</p>
<p>Mi mamá siempre ha sido religiosa y practicante, de veras -le sale del alma-, y en la cuaresma no comía chocolates, que le encantaban. Cuarenta días sin probarlos. En la Pascua, resucitado Jesucristo Nuestro Señor, iba al Ástor a comprarse una libra de confites de chocolate y entonces se desquitaba del sacrificio que había hecho. A veces me daba uno que otro. Cuando cumplí cincuenta años, una vecina, a la que invité a mi fiesta, me regaló media libra de chocolates del Ástor. Todos me los comí: los merecía. Fue un espléndido homenaje para entrar a esta década, temida y bella, donde inevitablemente nos volvemos jamonas si no lo somos desde antes. Hoy, cuando estoy en el Olaya, o en el José María Córdova, arrimo al Ástor y compro una barra de chocolate dietético. Ya hay Ástores por todas partes. En Laureles, en el Mall de San Lucas. Debe haber más que no conozco.</p>
<p><img class="recurso_post aligncenter size-full wp-image-98" src="http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/files/2010/08/astor.jpg" alt="astor" width="256" height="192" /></p>
<p style="text-align: center">
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2010/08/el-astor-de-medellin/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Gato</title>
		<link>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2010/08/gato/</link>
		<comments>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2010/08/gato/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 30 Aug 2010 02:46:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pilar Posada</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/?p=80</guid>
		<description><![CDATA[Una mujer que vive sola adopta un gato que ha estado merodeando desde hace una semana por la cuadra. Unos y otros le han dado leche en platitos desechables, diciéndole: Ven minino que estás todo mojado, tengo algo para ti, está tibia, arrímate. Se siente llamada a hacer la causa suya y habla con su [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Una mujer que vive sola</p>
<p>adopta un gato</p>
<p>que ha estado merodeando</p>
<p>desde hace una semana</p>
<p>por la cuadra.<span id="more-80"></span></p>
<p>Unos y otros</p>
<p>le han dado leche</p>
<p>en platitos desechables,</p>
<p>diciéndole:</p>
<p>Ven minino</p>
<p>que estás todo mojado,</p>
<p>tengo algo para ti,</p>
<p>está tibia, arrímate.</p>
<p>Se siente llamada</p>
<p>a hacer la causa suya</p>
<p>y habla con su hermana</p>
<p>y las vecinas:</p>
<p>¿Qué debo hacer?,</p>
<p>se pregunta y les pregunta,</p>
<p>y todas,</p>
<p>sintiendo en su corazón un ramalazo</p>
<p>de deseo de hacerse cargo</p>
<p>de otra vida, le dicen:</p>
<p>Pobre, no tiene quien lo cuide,</p>
<p>es bueno tener una mascota,</p>
<p>qué lindo es el gatito,</p>
<p>qué bonito,</p>
<p>oye como ronronea</p>
<p>cuando alguien lo acaricia.</p>
<p>Tiene miedo.</p>
<p>Lo sabe y siente.</p>
<p>¿Cómo será ser la guardiana,</p>
<p>ser la que decide si da,</p>
<p>o no, comida,</p>
<p>si habla, si mima,</p>
<p>si ignora, si se irrita;</p>
<p>cómo será estar acompañada</p>
<p>siempre que ande por la casa</p>
<p>o lea, o dormite</p>
<p>sentada en la poltrona de la sala?</p>
<p>Seré, de ahora en adelante,</p>
<p>la que te cuida.</p>
<p>Vivirás conmigo</p>
<p>y dormirás a los pies de mi cama.</p>
<p>Te llamaré, sin más, Gato.</p>
<p>Cambiaré la minúscula</p>
<p>por mayúscula, y ya está.</p>
<p>Tu nombre común será el propio.</p>
<p>Estás bautizado.</p>
<p>Va a la tienda de mascotas.</p>
<p>Compra arena</p>
<p>-le dijeron que inodora-</p>
<p>especial para excrementos.</p>
<p>Canasta con espuma</p>
<p>forrada en dulceabrigo.</p>
<p>Un plato rojo,</p>
<p>entretenedor, afilador de uñas.</p>
<p>Comida para gatos</p>
<p>sin colorantes ni deshechos;</p>
<p>ni la más cara ni la menos.</p>
<p>No sabe si es feliz</p>
<p>o infeliz.</p>
<p>Cuando la visitan las amigas</p>
<p>habla de Gato.</p>
<p>Cuando abre la puerta</p>
<p>vigila que no se escape la criatura.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogs.elespectador.com/lloviendoyhaciendosol/2010/08/gato/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>2</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
