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12
06
2011
larevolucionpersonal

029 – Meditación para principiantes en La Revolución Personal (9) Paso 7

Por: Dhyanamurti

Dhyana -  Meditación.

El séptimo paso de la meditación se denomina Dhyana y  es en este paso donde empieza la meditación propiamente dicha. Es el momento  en el cual el ego, mente e intelecto se disuelven dentro de la conciencia suprema.

Se asemeja al acto de verter sin interrupción aceite de un recipiente a otro. La mente debe fluir hacia el objeto de la meditación sin una sola interrupción durante una media hora aproximadamente.

En todos los pasos de la meditación debe existir conciencia de lo que se esta haciendo, por eso es que al meditador también se le llama testigo.

Como se dijo en una entrada anterior, algunas escuelas enseñan la concentración sin necesidad de  dirigir la mente a  algo particular, aunque esto es posible, también es  más difícil que concentrarse en un punto determinado. Si ustedes, lectores,  hicieron la práctica de la anterior entrada,  probablemente experimentaron esa dificultad de tomar conciencia de los intervalos de no pensamiento.

La palabra dhyana, significa meditar o contemplar. Desde pratyahara vemos que los pensamientos se han ido diluyendo, al llegar a dhyana ya no hay pensamientos voluntarios ni  espontáneos, solo existe el objeto de meditación. En la entrada anterior explicamos como decidir su objeto de concentración, o en el  caso de no tenerlo, usar el vacío absoluto.

La respiración, a pesar de mantenerse normal, ha bajado su tasa y se ha vuelto más lenta al  igual que las pulsaciones del ritmo cardiaco. La mente estática se ha interiorizado completamente,  solo su forma de meditación esta en ella, la conciencia se ha fijado en el objeto. Se ha trascendido las identificaciones con el cuerpo físico, con el cuerpo mental y con el cuerpo emocional. No hay dolor, no hay alegría, no hay emociones. Todo es serenidad, paz, regocijo, felicidad; “ananda”. Se experimenta la esencia del Ser

Al tener la costumbre o la rutina de meditar, se va adquiriendo paz en nuestra vida interior. No necesitamos buscar los goces desenfrenados, perecederos y causantes de dolor. La serenidad va creando, a nuestro alrededor, armonía y gozo. Respetamos la vida en todas sus formas, hacemos contacto con la energía latente de nuestro interior. Nos volvemos pacíficos y solidarios, eliminamos el dolor, la neurosis, el estrés y las negatividades. Nuestra vida adquiere una razón de ser con sencillez, sin necesidades. De una forma equilibrada conscientemente emanamos serenidad, alegría, paz, gozo y felicidad.

No hablamos de una utopía ideal, hablamos de la realidad que todos tenemos al alcance de nuestras manos con tan solo  practicar regularmente estos principios. Ya hemos dicho que este es un proceso sistemático o gradual y solo la práctica constante a lo largo de los años  generará un estado de paz perdurable, aunque desde el comienzo de las prácticas es posible  percibir sus efectos. Si hemos realizado los ejercicios con dedicación ya habremos notado esos cambios. A estas alturas ya somos conscientes del movimiento de nuestros pensamientos, de la alienación que esto nos produce y de como a medida que hacemos las practicas vamos entrando en una sensación de paz mental.

Los beneficios para el cuerpo físico, cuerpo mental y cuerpo emocional al practicar relajación y meditación han sido comprobados científicamente y muchas de las terapias sicológicas son basadas en estas técnicas. Estas  actúan benéficamente sobre el sistema nervioso parasimpático, disminuyendo el estrés y las tensiones nerviosas, devolviendo armonía a los diferentes órganos del cuerpo físico, mejorando la presión arterial. Se ha comprobado,  que al meditar, el cerebro libera endorfinas que producen alegría y paz, al mismo tiempo que el cuerpo regenera  células y tejidos y se disminuye la neurosis.

Todo el mundo tiene a su alcance estas sencillas técnicas que le pueden ayudar en cualquier tipo de enfermedad. El objetivo de dhyana es experimentar un estado de paz profunda, de dicha y alegría sin motivo, inherente a la naturaleza esencial del ser humano. Es como si metiéramos un vaso dentro de un balde lleno de agua y el agua rodeara el vaso por dentro y por fuera, así mismo el ser es sumergido en dhyana rodeándolo completamente, interna y externamente; de allí los beneficios físicos, mentales y emocionales.

Nuestro ser se convierte en un punto de conciencia en el universo, lleno  de inmensa  energía, es la vida  misma. La meditación es un estado de conciencia que trasciende nuestra identificación de cuerpo, mente y emociones. Nos  aquietamos experimentando un estado de  paz profunda, gozo y gran alegría. Nos llenamos de energía que  late desde lo más interno de nuestro ser.  Si nos parece imposible esta afirmación, es por el pragmatismo y racionalismo al que estamos acostumbrados.

En dharana entrenamos y frenamos la rebeldía de la mente hasta perfeccionar la conciencia en un solo punto, para ello requerimos mucho esfuerzo, mucha práctica, pero cuando sucede de forma natural, significa  que hemos alcanzado el estado de dhyana.

Podemos describir a dhyana como una permanente y continua corriente de concentración. El estado de meditación trasciende por su propia naturaleza la experiencia física del ser humano; en otras palabras, es el resultado de la óptima concentración ya que trasciende el ser humano fundiendo el observador y lo observado.

A través de estas entradas hemos visto la enorme cantidad de preparación que se requiere para llegar a dhyana. Ese trabajo preparatorio es esencial, sin ‘el, nunca llegaremos a este paso, ya que como explica Swami Gitananda: “La meditación es un estado de exaltación del ser que es producida por una moral y ética, un estilo de vida pura, el control del cuerpo y la respiración a través de Asanas y Pranayama, la trascendencia de la libertad de la prisión de los sentidos en Pratyahara. Las prácticas de Dharana, al perfeccionar los ejercicios de concentración y enfoque de la mente. Sólo entonces se puede hablar de una meditación e incluso nuestra experiencia en ella”.

Ante esto, no nos desanimemos. Quien  medite  media hora diaria comenzará a percibir sus beneficios al poco tiempo de comenzar, y si bien es cierto, al principio éstos serán muy tenues, se irán expandiendo y consolidando a medida que la práctica se reafirme a través la constancia y el tiempo.

*

Practica de dhyana:

Continuemos con la práctica descrita en dharana, en la entrada anterior.

Debemos tratar de mantener la meditación en el objeto de concentración por tiempos cada vez mayores. Recordemos que solo cuando se domina de forma natural la técnica de dharana podemos llegar a la perfección de dhyana. Lo que hemos dicho sobre dominar primero las etapas anteriores, también es valido en este caso.

Texto: Dhyanamurti

Edición: Angelita.

Paisaje 2 (Fotografía Angela Polanco)

Paisaje 2 (Fotografía Angela Polanco)

Categoria: General

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Opinión por:

estebarein

12 junio 2011 a las 22:01
  

Excelente enseñanza la de este blog. Excelente que un medio de tanta penetración como EL ESPECTADOR, de cabida a lo espiritual, que es lo que más necesitamos los humanos. Ojalá el maestro Dhyanamurti pudiera explicar un poco más sobre el ejercicio de pratyahara de vigilar los pensamientos sin involucrarse con ellos, pues muchos complejos, traumas, etc., logran desecharse mediante este método de meditación.

Opinión por:

slem

13 junio 2011 a las 16:41
  

El tiempo que se invierte en leer este bolg, se multiplica en aprendizaje.Sería posible profundizar más adelante en pratyahara

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