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17
01
2011
Jorge Colombo*

La historia de violencia en Colombia tiene dos partes y no una: la guerra civil que termina en 1991 y la de la mafia.

Por: Jorge Colombo*

Hay una teoría, tal vez un poco difícil de asimilar, según la cual los valores morales son la herramienta de la clase dirigente para controlar a su pueblo. Puede que esa teoría sea falsa en general, pero en lo que corresponde a la satanización dogmática de la droga esta se aplica a la perfección. Latinoamérica entera está subyugada. Me explico.

A los colombianos no les corresponde pensar que las drogas deberían ser prohibidas porque son una cochinada o porque transforman a la juventud en zombies. Esa posición le corresponde a pueblos de otras latitudes, donde la “guerra contra las drogas” no es más que un desperdicio de dinero y una pésima política de salud pública. Pero acá las consecuencias llegan mucho más lejos.

Poco han entendido su situación los colombianos que se ufanan de progresistas y que creen que en el mambeo de coca y en el consumo de marihuana es donde debería parar la legalización de la droga. Estos, al igual que los gobernantes de los países más ricos del planeta, argumentan que las drogas destruirían a la sociedad si las dejásemos de criminalizar. Explican que la droga es tan poderosa que se antepone a la voluntad humana [1].

Entonces, como un sueco, un japonés, un ruso, un francés, un alemán, un inglés o un gringo es incapaz de controlarse frente a un polvo blanco, este no puede asumir la responsabilidad de si lo consume o no. Luego esa responsabilidad toca transmitírsela al brazo ejecutivo de la ley que debe prohibirlo. Y así, la responsabilidad termina cayéndonos a nosotros, los latinoamericanos en general y a los colombianos y mejicanos en particular.

Pero la verdad es muy diferente: la inmensa mayoría de las ocasiones en que la gente consume droga lo hace a plena conciencia y, más aún, con la certeza de que perfectamente podría no hacerlo sin el mayor inconveniente. Mejor dicho, es un acto voluntario.

Y esto último lo sabemos todos, en particular los que le imploran a los gringos y europeos que no consuman cocaína pues esta financia mafias en Colombia [2]. Porque o bien pueden controlarse (¿y entonces por qué es ilegal?), o bien no pueden (¿y entonces qué les imploramos?), pero no hay tercera opción.

La responsabilidad del consumo de droga en el primer mundo la asumen en cierta medida sus habitantes. Los que la consumen asumen voluntariamente los riesgos que esta acción conlleva [3] y el resto de la sociedad paga con impuestos lo que cuesta administrar la política de control de drogas.

Pero lo mismo no se puede decir de nosotros los colombianos. Toda la responsabilidad que nos cae a nosotros es involuntaria. En nuestro país los que sufren atentados, los desplazados, los muertos nunca han probado la cocaína pero aún así les toca asumir las consecuencias. Toda la degeneración social que trae el dinero de la cocaína la asumimos nosotros, la población civil, cuando los índices de consumo en Bolivia, Perú, Colombia y México son ínfimos.

¡¿Entonces a qué carajos estamos jugando?! En Estados Unidos no se mueren más de 18 000 personas al año por consecuencia del consumo ilegal de drogas (incluyendo todas las drogas lícitas e ilícitas) [4]. ¡Mientras en Colombia, contando únicamente los homicidios de los paramilitares, el sistema de control de drogas nos cuesta mas de 11 000 vidas y en México más de 10 000 al año! Contando solamente vidas, pagamos más nosotros (y eso que somos menos).

¡Y eso sin contar el resto de consecuencias sociales!

Ahora bien, el lector objetará con que los paramilitares y los guerrilleros no están ahí solo por el narcotráfico. Agregará que aún si las drogas se legalizan, la violencia en Colombia seguirá. Explicará preguntando ¿Es que no ve que la historia de Colombia, desde 1810, es una sola historia de violencia?

Pero lo violencia de antes y la de ahora no son lo mismo. Decir que sí lo son ha sido una gran irresponsabilidad de los analistas. La violencia de antes y la de ahora se traslapan en los ochenta, pero son muy diferentes.  Tal vez no lo ven así porque últimamente se cree que la violencia no tiene razón de ser [5].

Una cosa es la masacre de las bananeras y otra los actos de violencia de Pablo Escobar. Una cosa fue el enfrentamiento entre liberales y conservadores y  otra lo que sucede ahora en la desembocadura del Sinú. Una cosa fueron los campesinos pidiendo carreteras para sacar sus alimentos y otra es los campesinos pidiendo que se le respeten sus títulos de propiedad. Una cosa fueron las guerrillas armándose en los sesenta y otra la delincuencia común de ahora. En fin, una cosa fueron los desplazados durante La Violencia y otra los desplazados de ahora.

Es que la violencia en Colombia desde 1810 hasta 1991 fue la búsqueda de un contrato social. La de ahora es la de una mafia que aprovechó los rezagos de esa otra época, se lucra del prohibicionismo y amedranta a la población civil.

Nuestro miedo a asumir la responsabilidad de forjar la templanza necesaria para consumir las drogas con responsabilidad lo estamos pagando muy caro: con violencia y con un orden social que nos desangra. Y asumir esta responsabilidad nos corresponde a nosotros y no a los gringos, porque nosotros somos los que lo estamos pagando más caro.

¿O usted todavía cree que el escenario de tener las drogas gravadas y controladas es peor que lo que vivimos ahora? ¡No meta miedo!

Notas:

[1]: Como si se tratara de esas historias de fantasía en la cual un invocador malvado es seducido por el bajísimo, si se cambia de paradigma de control de drogas se abriría el portal al mundo de las sombras y esto se nos llenaría de demonios.

[2]: me pregunto cuantos entre estos se aseguran, antes de comprar una camiseta, que no están  financiando la explotación infantil en un país asiático y que los trabajadores que las cosen tienen condiciones dignas, o que consecuencias ambientales tiene su producción.

[3]: Como el que monta a caballo, el que trata de manejar la bicicleta sin manos, el que se asolea, el que quiere ser torero, el que quiere ser acróbata… el que fuma y el que bebe.

[4]: y si nos apegamos a las evidencias de Portugal, Suiza y República Checa no hay razón para creer que serían más si se legaliza la droga.

[5]: se trata de explicarla, no de justificarla.

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Categoria: 01 Introducción

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Opinión por:

leonardoali

18 enero 2011 a las 5:58
  

Si la cocaina la vendiera en latinoamerica el gringo, la consumiriamos como aspiri.
Solo faltan las investigaciones y protocolos sesgados de las prestigiosas universidades extrangeras, de donde han venido al Pais a rebuznar tantos, para demostrarnos sus beneficios terapeuticos.
Si ya goberno 8 años caligula, quien sigue?

Opinión por:

julianfsc

19 enero 2011 a las 13:10
  

Felicitaciones. Creo que es el artículo más político que ha escrito. O al menos en el que sienta su posición personal con más vehemencia, y ya era hora. Excelente final, para gingle de radio… “¡No meta miedo!”

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