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28
01
2013
Miguel Mendoza Luna

LA FABRICACIÓN DE UN MONSTRUO

Por: Miguel Mendoza Luna

TedBundy_spotwebtv

En su cuerpo no se detectaron los genes de la maldad. No sufrió traumas ni agresiones durante sus primeros años. Su mente fue lesionada de otra manera. El objetivo de quienes deseaban fabricarle era inmunizarlo frente al dolor, convertirlo en un ser indiferente a los demás. Presumiblemente poderoso.

Durante la infancia y aún en la adolescencia se le mantuvo convencido de que él era el mejor en todo lo que hacía; los que estaban a su alrededor ni siquiera existían, eran simples objetos dispuestos para su beneficio personal.

Después de cometer una falta o un delito menor, le insistieron en que no era responsabilidad suya, que los demás eran los equivocados y las leyes se habían creado para violarlas. Lo importante, le dijeron, era que nunca lo descubrieran; debía ser más cauteloso para seguir libre.

Nunca le trazaron un límite para su comportamiento, ni le explicaron que todas las acciones humanas tenían consecuencias que se debían asumir; lo convencieron de que, mientras le trajera beneficio personal, todo lo que él hiciera era correcto. Todo valía para alcanzar el placer propio.

Cada vez que encontraban oportunidad alimentaron su vanidad, pero no solo para animarlo sino para que se convenciera de que el resto de mortales eran inferiores a él. Ya fuera su belleza, sus éxitos, sus propiedades, etc., todos eran dorados trofeos que debía exhibir para humillar a los demás.

Frente a los problemas de los otros, frente al sufrimiento de personas menos favorecidas, le dijeron: “es culpa de ellos, se lo merecen”. No debía detenerse a ayudar a nadie, eso retardaría su meta.

Le insistieron que solo por medio de la fuerza física y de la agresión a los demás demostraría su valentía, si además degradada a sus contrincantes mucho mejor.

Lo convencieron de que su cuerpo era un instrumento que podía usar sin límites, que debía usar exclusivamente para su beneficio y sin tener reparo alguno para alcanzar su propio placer; le explicaron que su cuerpo no era un templo, sino una fuente de insaciables y perversos deseos alcanzados mediante el dolor de los demás.

Cuando arrojó un papel por la ventana de un automóvil o cuando golpeó a otros o cuando cometió un robo menor, nunca lo reprendieron ni le enseñaron el valor del respeto; fue el inicio de una larga carrera de atropellos contra los demás.

Se le permitió tomar sin reparo alguno las ideas y el dinero de aquellos que se cruzaron en su camino.

El poder y la posición social se convirtieron en sus únicos objetivos; se le insistió que para alcanzarlos todo valía. Todo. Si otros sufrían por su ascenso, mucho mejor.

Le enseñaron a manipular a los que lo rodeaban; se le instruyó en cómo ser un perfecto hipócrita. Pronto comprendió que los sentimientos reales no eran importantes, de hecho si los experimentaba debía suprimirlos. Los sentimientos eran un estorbo. Se le hizo creer que su soledad era una fuente inagotable de placer, además allí nadie lo molestaría con reproches sobre lo que era correcto. Si integraba a alguien en su vida era como simple fachada o para usarlo y luego desecharlo.

Al final del proceso, frente al espejo, comprendió complacido que hiciera lo que hiciera no se sentiría mal por sus actos, que el mundo estaba allí para tomarlo por la fuerza. Terminó por estafar, robar, violar, matar, torturar…

Por fin era lo más cercano a los que sus creadores soñaron cuando empezó el proceso. Cuando se volvió contra ellos, estos se sorprendieron aterrados. Olvidaron que los monstruos suelen destruir a sus creadores.

 

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Opiniones

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samueld

28 enero 2013 a las 13:27
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Sobre el mal hay un libro nuevo de campo ricardo burgos, se llama “introducción al estudio del diablo”.

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mafeni

28 enero 2013 a las 14:16
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Bueno, y quien era este tipo?, de donde era?. Cual fue la gravedad de sus delitos?, cuales?. Que sentencia le dieron?. Que pasó en realidad con el?. Ummmm, estos artículos lo dejan a uno a medias….

    Opinión por:

    mmendoza

    28 enero 2013 a las 15:05
      Responder

    La imagen de Ted Bundy, asesino en serie estadounidense, es un símbolo de miles de psicópatas fabricados sin haber recibido un solo golpe físico, apenas alimentados por la vanidad.

      Opinión por:

      gerardojose

      29 enero 2013 a las 2:25
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      Lo podemos comparar con el principe ingles ese que dice que la guerra es un video juego?. Se pierde la nocion de los ficticio y lo real.

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nagato1984

28 enero 2013 a las 14:59
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Este fué todo un personaje, en realidad dañó a muchas mujeres y a sus respectivas familias, para los que no saben quien es él se llamaba Ted Bundy.

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ariadno

28 enero 2013 a las 15:51
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Dificil saber lo que guarda en la cabeza cada ser humano, de esto deduzco que todos podemos ser buenos o malos de acuerdo a como se nos de la regalada gana y de acuerdo a su vanidad,orgullo, egoismo o busqueda del placer o a su grado de mesquindad al llevar relaciones sociales con el otro.

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pensadorlilbre

28 enero 2013 a las 18:21
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Excelente radiografía de la génesis de un monstruo, felicitaciones profesor Mendoza! Aunque no todos son fabricados, algunos son el resultado de una aleatoria combinación de genes de maldad y alguna mutación perversa, que los lleva al canibalismo, o los conduce por el sendero del sadismo, como es el caso de nuestro tristemente célebre asesino serial Garavito. Este tema es fascinante y muy complejo! Una pregunta para el profesor: Que papel juegan las condiciones sociales en la génesis de un monstruo? En más fácil que aparezcan asesinos seriales en sociedades materialistas e imperialistas como la de EEUU actual? O en sociedades tradicionalmente violentas y corruptas como la nuestra?

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    mmendoza

    28 enero 2013 a las 18:45
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    Estimado lector, considero que tanto el materialismo como la tradición violenta crean una imagen despersonalizada de los otros, y este es uno de los factores determinantes para que alguien se convierta en un asesino o por lo menos en un ser que desprecia la vida de los demás. Por supuesto que creo que el fenómeno de los asesinos en serie guarda una relación con el contexto, pero también es necesario matizar que existen algunos “contextos” que se presentan como paraísos y son en realidad infiernos donde se fabrican tales monstruos.

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daniela ferrin

28 enero 2013 a las 23:04
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Yo no tengo ni idea sobre las enfermedades mentales. A lo que voy es que, como amante de la buena escritura, el profesor Mendoza me atrapó desde el principio hasta el final. Se lo agradezco.

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estrellaerrante

28 enero 2013 a las 23:56
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Si usted lee detenidamente la biografía de este monstruo, encontrará que sí hubo en su infancia influencias nefastas que hubieran podido contrubuir a desarrollar sus peores instintos y ese gusto por el sadismo. El vivió con sus abuelos, engañado como si fueran sus propios padres y se cuenta que este hombre que lo crió, era un tirano, lleno de odio por los negros, judios, etc, cuyo placer era golpear su perro y lanzar los gatos por la cola a los jardines de sus vecinos. También, que un día porque su hermana no se había levantado temprano la hizo rodar por la escalera. Cree usted que estos «ejemplos» no desarrollan en un niño, el odio, la indiferencia y el sadismo?, Añadido a ello hechos como la falta de afecto, el engaño de su verdadera madre, y quien sabe qué otras influencias?

Opinión por:

estrellaerrante

29 enero 2013 a las 0:07
  Responder

Si usted lee detenidamente la biografía de este monstruo, encontrará que en su i nfancia sí hubo influencias nefastas que hubiera podido crear en él el gusto por la crueldad, el odio y el sadismo. El se crió con sus abuelos, quienes le hiceron creer que eran sus verdaderos padres. Y se cuenta que su abuelo era u n gran tirano, que odiaba los negros, judios, italianos, etc. Que su placer era martirizar su perro golpeándolo, que cogía los gatos por la cola y los lanzaba a los jardines de los vecinos y que u n día, porque su hermana no se despertó temprano, la lanzó por las escalas. No cree usted que este ambiente de crueldad puede contaminar un niño y crear en él una distorsiÂn de valores y el gusto por el sadismo? Así es que no estoy tan segura de que haya tenido una niñez perfecta.

    Opinión por:

    mmendoza

    29 enero 2013 a las 0:19
      Responder

    Estimada lectora, el artículo no se limita al caso de Ted Bundy, apenas usé su imagen para evocar la máscara del encanto que no permitió ver al mundo, durante mucho tiempo, sus atroces actos. Llevo estudiando el caso Bundy por 15 años y entiendo su comentario; no obstante muchos de los datos de su supuesto abuso fueron proporcionados por él mismo: el mayor mentiroso que haya existido. Aún asumiendo que Bundy fue traumatizado, eso ni justifica ni explica por si solo (muchas personas maltratadas no se convierten en maltratadores) sus terribles y sádicos homicidios. Al final de sus días culpó a la pornografía, es decir: hasta el final fue incapaz de aceptar su responsabilidad.
    Por supuesto que muchos actos sufridos en la infancia pueden lesionar a un ser humano; sin embargo, y este era el sentido del texto, existen otras formas de agresión que no necesariamente son físicas o trasgresoras. Espero pronto publicar un texto dedicado al caso de Bundy. Gracias por su atenta lectura.

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