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01
10
2012
Jaime Santirso

De bailarín a boxeador

Por: Jaime Santirso

Seis partidos, seis victorias, dieciocho puntos. En el imperio de los números, la situación invita al optimismo más exagerado. El Barcelona parece una prolongación natural del equipo de temporadas anteriores. El abismo que amenazaba con abrirse tras la marcha de Guardiola parece haberse convertido en una pequeña grieta, un bache en la carretera que los pasajeros del autobús apenas han notado. Y el Real Madrid, ocho puntos por debajo.

En ocasiones, cuando la habitación parece limpia basta con mirar debajo de la cama para encontrar mucho polvo, polvo que hay que limpiar con trabajo. Aunque este Barcelona pueda parecer muy limpio a priori, a Tito Vilanova todavía le queda mucho trabajo para dejarlo impecable y convertirlo en una máquina engrasada sin un resquicio lo suficientemente grande como para que quepa una duda. El equipo que vemos no arrasa, ni genera la sensación de superioridad insultante que le caracterizaba en las últimas temporadas. Hasta ahora, el equipo y los espectadores afrontaban cada partido sabiendo lo que iba a pasar. Todos estaban preparados para presenciar desde su sofá una obra de arte, mecanizada pero viva, una coreografía grupal que surgía entre once hombres y un balón. No importaba el rival, cada partido era una representación.

Las cosas han cambiado. El Barcelona ya no parece un bailarín, sino un boxeador experimentado, acostumbrado a batirse en duelo acompañado de fuerzas menguantes y la experiencia que da la victoria. Los azulgranas ya no arrasan. Fallan más que nunca en todas las líneas y cualquier partido parece la tormenta perfecta para provocar el primer tropiezo. Sevilla ha sido el escenario de la última amenaza, pero este boxeador se zafa en cada pelea, sangrando sudor, exponiéndose para poder golpear. No tiene nada que ver con el bailarín que sale al escenario a dejar fluir su obra de arte después de muchos ensayos. El Barcelona trabaja el fútbol con otro ritmo. Su cadencia ha cambiado, pero sigue ganado. Gana, y puede que los espectadores hayamos ganado también.

Hasta ahora, le han salido las cuentas. El reto era sumar de tres en tres hasta la visita del Real Madrid,  obligando a los blancos a reaccionar o a seguir sangrando en su persecución. El Madrid no ha fallado, pero eso era una posibilidad que entraba dentro de los planes. Ahora queda dar la puntilla y clavar la espada en el cuello del oponente, causándole una herida de once puntos de sutura que le obligue a mantenerse a distancia.

Jaime Santirso

@jsantirso

Categoria: General

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