BLOGS Actualidad

26
08
2015
Julia Londoño

MÁS CABEZA Y MENOS “PANTALONES” EN LA FRONTERA

Por: Julia de mi amor

Illustration of Children Breaking Window During Baseball Game

 

Interesantísimo ver al expresidente Álvaro Uribe Vélez, megáfono en mano, comprando mercados y ofreciendo tierras como presunto acto solidario frente a la dura salida de cientos de colombianos de Venezuela esta semana.

Llama la atención, sobre todo viniendo de un gobernante cuyos asesores negaron tajantemente la existencia de millones de personas en situación de desplazamiento, por causa del conflicto interno, y usaron el eufemismo “migrantes internos” para referirse a ellos, para invisibilizarlos. (más…)

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14
07
2015
Julia Londoño

PÁGUEME Y NO LE ROBO

Por: Julia de mi amor

Últimamente he recibido varias propuestas de empresas de servicios que como gran cosa me proponen pagar una suma de dinero “razonable” por ofrecer un nuevo servicio. El problema es que el servicio que ofrecen y por el que cobran es nada más y nada menos que no robar.

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09
05
2015
Julia Londoño

FELIZ DIA DEL MAL HIJO

Por: Julia de mi amor

Hasta los amigos intelectuales usan tono vallenatero o de futbolista para decir en las redes sociales que a su madre todo le deben y que si pudieran un día le comprarían una casita frente al mar. Todos los años es igual. Se ponen trascendentales y cursis y suben frases escritas en cursiva sobre textura de pétalo de rosa con rocío.

Detesto el día de la madre, entre tantas formas de manipulación cultural yo encuentro a esta como una de las peores. No pretendo meterme con mi mamá, ni con la suya, sino con la idea que nos han impuesto de lo que debería ser nuestra relación con la mamá.  Imagen de previsualización de YouTube

No es culpa de mi mamá, les digo, como cualquier otra ella ha hecho solo lo mejor que ha podido. Es culpa de la Virgen María, de Mama Vieja, de las películas mexicanas y las canciones populares.

El sentir cultural nos obliga a profesarle devoción a la madrecita y a sentirnos terriblemente culpables por contradecirla, desobedecerla o cuestionarla. De la madre, como de Dios, se necesita siempre la bendición.

Como si ser mamá hiciera automáticamente sabias a las mujeres, como si no hubiera también muchas viejas egoístas, confundidas o idiotas. Señoritas, les digo, ser mamás no les va a quitar lo pendejas. De hecho, ser mamá en algunos casos es el resultado de ser pendeja, con el perdón del mundo que no soporta que se metan con las madres. Prueba de ello es que, en muchos idiomas, el equivalente de hijueputa es el peor de los insultos.

Si hay algo más difícil que ser un hijo y cuestionar o desobedecer a la mamá es ser una malagradecida y egoísta hija, una mujer que no venera a su madre. No olvides niña que ella no solo te dio la vida, mira que además te hizo mujer, como ella, te guió en el camino de lo que significa ser mujer. ¿Cuánto le debes? Le debes todo. Una hija que no se lleva bien con su madre es un niña perdida.

Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días sean prolongados en la tierra, dice el Éxodo. Pero no tiene en cuenta que algunos son hijos de abusadores sexuales, ¿y por qué debería un hijo honrar a un padre psicológicamente abusador? Ser hijo no lleva implícito amar a los padres, los padres deben ganarse el amor de sus hijos. Y cuando digo padres estoy diciendo madres.

En cierta Biblia protestante conocida como la Reina Valera, Biblia de Casiodoro de Reina o Biblia del Oso, una de las biblias en español más usadas por gran parte de las iglesias cristianas, se puede leer:

“Que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.” (Tito 2:4-5) ¿Se podría ser una buena mujer sin ser prudente, casta o sujeta al marido? ¿Se puede ser mujer sin ser mamá? Ya no digamos buena, siquiera, sino solo mujer. Una mujer completa.

En nuestra cultura, la encarnación de la bondad, el sacrificio y el amor es la madre. Y por antonomasia una mujer en sus treintas, sin hijos, es la encarnación del egoísmo o del fracaso.

“Como Dios no podía estar en todas partes, creó a las mamás”, dice un refrán popular. De esta manera, sentir rabia contra la mamá ¿es comparable a sentir rabia contra Dios? ¿A quién le está permitido retar o contradecir a Dios?
¿Cómo querer a la madre y contradecirla? ¿Cómo rebelarse contra ella sin sentirse inmensamente culpable?

En la música popular hay innumerables ejemplos del fervor que se espera que los hijos prodiguemos a la madre e imágenes que refuerzan a la progenitora sufrida que todo lo entrega sin esperar ni recibir nada a cambio.

Sospecho de la gente que elige mostrarse como viva imagen del sacrificio. Si las penas y los sacrificios les sirven a las personas para alardear de ellos y sacarle provecho a esas historias, generando lástima, llamémoslo estar a mano. Esto por aquello.¿Por qué la gente siempre le queda debiendo a la mamá sufrida?

Juan Larenza, compositor de Mama Vieja, escribió esa imagen francamente deprimente que dice que cuando salió le dijo adiós con la mano, “Y se quedó mama vieja muy triste en la puerta del rancho”.

Esta madre es vieja, está triste y sola en un rancho, se le está yendo el malagradecido hijo. Qué porquería de hijo le toca a una mujer que se queda así, sentada para siempre en una cancioncita lastimera. Y digo “le toca” porque casi nunca se hace notar que tal vez a las madres sí les toquen los hijos que se merecen, ¿no que los hijos eran el resultado de la vida entregada por su madre?

Los Blue Caps, un efímero grupito de rock mexicano de los años sesenta, le cantó así a la culpa de crecer:
“Solo te pido
no olvides
de darme tu bendición.
Pero el destino me lleva
y junto a él yo me voy.
Qué triste es ver a una madre
cuando se pone a llorar
por ese hijo que adora
y no ha de volver jamás…”

Pero fue el gran Sandro de América quien hizo el epítome de las canciones a la madre:

“Pobre mi madre querida
cuántos disgustos le he dado.
Cuántas veces escondida,
llorando triste y vencida,
en un rincón la he encontrado.
Hijos que madre tenéis,
oíd esta voz que retumba,
quererla mucho debéis
y si muerta la tenéis
lloradla sobre la tumba.”

La certeza de la muerte de la madre debe generarnos miedo, y ese miedo debe hacernos quererla mucho más, pues cuando muera no nos quedará sino llorarla en su tumba… qué lindo. Gracias, Sandro.

La Biblia no se cansa de recordar el sacrificio de los sacrificios: la Virgen María nació para engendrar al hijo que liberó a la humanidad del pecado original y tuvo que verlo morir en una cruz. Al final coronó en la historia universal con el emérito rol de madre de Dios. Y mientras la virgen se instaló para siempre en ese puesto de honor, le heredó per saecula saeculorum a todas las madres, su lugar equivalente dentro de cada hogar. Lo que ningún intérprete de la Biblia dijo fue que el real sacrificio de la virgen consistió en tener que parir a un hijo sin poderlo engendrar de la sensual manera tradicional.

Entre los antiguos israelitas, la esterilidad era una especie de maldición y una deshonra para la mujer. “Al darle la alegría de ser madre, Dios le concede un puesto de honor en el hogar y la libra del peligro de ser abandonada por su marido” (Salmo 113.9: Reina Valera). Un hermoso y contundente mensaje: mujeres que teman ser dejadas por sus maridos, tengan un hijo.

De las perversiones de nuestra cultura que delira por la figura femenina parida, la exaltación y admiración por la madre soltera me genera una espantosa antipatía. No significa que no haya madres solteras admirables, claro que las hay, pero encuentro aberrante admirar a las mujeres solo por ser madres solteras. Ser madre soltera no es admirable, es triste. Estaría mejor evitar encontrarse en esa posición y evitarle a un hijo crecer sin su papá.

¿No estamos reproduciendo las madres solteras al hacer creer a las mujeres que por elegir mal a los padres de sus hijos, o quedarse viudas, están benditas? Esa idea ridícula debe tener la culpa de muchos embarazos adolescentes. Muchas niñas madres solo aspiran a ser santas, como sus santas madres solteras.

Ser hija de una madre soltera, enferma y pobre debe ser una de las cosas más difíciles del mundo.

Lo siento si algunos hijos de sus santas madres y algunas santas madres se ofenden con mis palabras. Si los he ofendido les dedico, junto a Sandro, la canción “Pobre mi madre querida”.

Creo que no es tan grave la incomodidad de algunos comparada con los sacrificios que otros hacen por no poder ser fieles a lo que sienten: rabia o resentimiento contra su mamá. Muchos cargan en forma de asma con la rabia reprimida contra mamá, pregúntenle a los psicoanalistas. Otros conviven con enfermedades mentales porque son incapaces de admitir sus emociones hacia mamá y papá, pregúntenle a los terapeutas de familia. Y otros más asumen llevarse mal con sus mamás y lo pagan muy caro: el mundo desconfía y maldice a quien no honra a sus padres, pero sobre todo a su madre. Así que mi simpatía no va hacia las madres hoy, ya bastante reciben siempre, va hacia quienes viven con el peso de no creer que sus madres sean perfectas, santas, sabías ni dignas de total y ciega devoción.

@Julialondonoboz

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19
02
2015
Julia Londoño

La sexualidad que nos obsesiona.

Por: Julia de mi amor

La sexualidad está sobrevalorada. No son los gustos o inclinaciones sexuales de las personas los que determinan si podrían o no ser buenos padres porque los gustos sexuales no son variantes determinantes de los valores éticos.Modern family --- Image by © Alberto Ruggieri/Illustration Works/Corbis

Para ser una parte de la vida íntima, una experiencia que se vive a puerta cerrada, la inclinación sexual resulta tremendamente importante para una inmensa cantidad de colombianos que en cambio no tienen problema con orinar en la calle, manosear al pasajero de al lado o agredir verbalmente a otra persona porque se viste de manera que considere sexy.

La sentencia de la Corte Constitucional reafirma que los gustos sexuales son tan importantes que pueden ser motivo para descalificar a las parejas del mismo sexo como padres, independientemente de que sean honestos, maduros y tengan condiciones de vida favorables para que los niños y niñas crezcan en un hogar estable.

Por supuesto que debe haber parejas del mismo sexo que no reúnen los requisitos que otros consideren necesarios para educar hijos, ¿pero acaso no conocemos todos algunos padres heterosexuales que a nuestro juicio no pueden ofrecerle esas condiciones a sus hijos? No es a esos padres a quienes discrimina esta sentencia, es a aquellas parejas que, excepto por sus gustos sexuales, pasarían todos los filtros de bienestar familiar.

Lo que a mí me contraría de la decisión de la Corte es que la categoría “preferencia sexual” sea considerada más relevante que muchas otras que a mi juicio son más significativas en la educación de los niños.

El argumento taquillero que circula en redes citando que fueron padres heterosexuales los que no pudieron darle a esos niños en adopción un hogar estable no me parece acertado, porque creo que fueron padres incapaces de darle a sus hijos ese hogar, independientemente de su sexualidad. No es su heterosexualidad, de nuevo, un factor relevante en su imposibilidad de ofrecerle bienestar a los hijos ni sería la homosexualidad de los posibles padres lo que redimiría a esos niños del abandono, serían otras cualidades. Cualidades independientes de los gustos sexuales.

No hay valores asociados con las inclinaciones sexuales, como no los hay asociados a la raza, la religión ni el género,  no creo en las generalizaciones del tipo “las mujeres son más honestas que los hombres” –en ese caso habría que aprobar la adopción de niños por parte de dos mujeres pero nunca de dos hombres– ni “los negros tienen el ritmo en la sangre” ni “a los cristianos se les nota el amor por el prójimo” porque me parece que esas frases revelan una discriminación solapada.

Si los prejuicios sexuales son tan importantes, ¿van a empezar a impedir que adopten niños las parejas donde el padre sea costeño porque “son los más infieles” o las parejas swingers, o quienes hayan tenido experiencias masoquistas? ¿Qué hay de los bisexuales, los impotentes, los eyaculadores precoces?

¿Qué hace que los gustos sexuales de otros, a diferencia de las preferencias alimenticias o musicales sean tan relevantes que haya que dejar claro que no pueden adoptar niños quienes no se ciñan al estándar de “normalidad”? Es una imperiosa obsesión de nuestra cultura por el sexo.

Me desilusiona la nada liberal postura de quienes, como Vivian Morales, plantean el debate en términos de garantizar o no “lo mejor” para los niños en condición de adopción, una postura que defiende el prejuicio y la sospecha hacia las parejas del mismo sexo y ratifica el imaginario de que hay una sexualidad deseable, mejor que otra, y por lo tanto una indeseable a la cual no deben ser expuestos los niños.

Los niños no deben estar expuestos a agresores sexuales, totalmente de acuerdo, ni a parejas que hagan de su vida sexual un escándalo, podría estar de acuerdo, pero independientemente de si son o no parejas del mismo sexo. Lo uno y lo otro no están directamente relacionados más que en nuestros prejuicios.

¿Llegarán a la Corte debates sobre si los padres de familia vegetarianos o veganos están privando a sus hijos de tener una alimentación “normal” o ideal? Lo dudo; y no es igual porque nada es igual cuando hablamos de sexo, una palabra que para ser tan corta encierra prejuicios muy grandes.

 

@Juliademiamor

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09
02
2015
Julia Londoño

Hay cosas peores y otras frases torpes para consolar

Por: Julia de mi amor

Cuando estaba en el último grado del colegio se murió el papá de una compañera de curso. Recuerdo perfectamente la larga misa y el terrible momento en el cual me acerqué para darle el pésame.

Me abrazó duro y lloró desconsolada en mi hombro mientras yo, petrificada, esperaba a que se calmara para no sentirme tan inútil e incómoda. No le dije nada mientras la abrazaba, ¿qué decir?

Aunque hayan pasado tantos años la situación sigue siendo igual de incómoda para mí. Cada vez que tengo que decirle a alguien que siento que su persona amada se haya ido, se haya muerto o esté enferma, intento con dificultad decir algo genuino pero reconfortante.Portrait of sad girl (4-5) in forest (más…)

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14
10
2014
Julia Londoño

La vida, la muerte y otros clásicos del insomnio.

Por: Julia de mi amor

Cuando a uno se le muere una persona cercana se queda, de repente, expuesto a sus preguntas más íntimas, abandonado a las voces internas que le hablan y le hacen preguntas, sobre todo en las madrugadas. Y sobre todo si uno es de esas personas que no sabe en qué cree y ha recibido el diagnóstico de padecer “duda patológica”.

Hace más de un año, cuando perdí a mi hermano, aparecieron largas conversaciones conmigo misma y  horas de lectura mística que antes no habría imaginado; empecé a buscar conversaciones trascendentales, con amigos y desconocidos, de las que antes había huido.

En ese estado de búsqueda cualquier conversación sobre el clima termina en un debate sobre si hará calor en el infierno o en una diatriba sobre las estaciones en el paraíso. Les resumo algunas de mis búsquedas de este año.

En mi luna de miel conocí a una mujer de casi 40 años, musulmana, que estaba en la isla de Providencia buscando escapar de sus problemas familiares. Como era de esperarse, en una tarde tranquila de playa, terminamos hablando de la vida después de la muerte.

En el Corán, me dijo, se habla del reencuentro con nuestros seres queridos. Ese  reencuentro tras la resurrección se da en un estado en el cual todos volvemos a la adolescencia: las mujeres a los 13 años y los hombres a los 15.

Al principio me pareció divina la idea, ah, la adolescencia, tan pura, rebelde e ingenua.  Ya iba a ponerme a leer el Corán cuando reflexioné sobre mi adolescencia: incómoda, confusa, paralizante. Ni para qué hablar del físico de las niñas de trece años: la nariz que crece más rápido que el resto de la cara y el dolor del cuerpo que estrena tetas.

 

Tampoco me animó especialmente la idea de reencontrarme con mi hermano a sus 15 años, edad de proporciones distorsionadas, acné y rabia. Así como no hay quinceañera fea, no hay quinceañero buenmozo.

 

El plan de leer el Corán terminó en la búsqueda en Google de Resurrección + Islam.  No encontré nada sobre la edad a la cual nos reencontraremos de la que hablaba mi compañera de isla, pero encontré que después del juicio final resucitaremos descalzos, desnudos y sin circuncisión. Por más ganas que tenga de reencontrarme con los muertos de mi familia, intuyo que verlos así no sería exactamente el tipo de experiencia íntima que anhelo.

 

Además, se supone que los incrédulos beberán agua hirviendo y recibirán un castigo doloroso por su incredulidad. No me espera un buen destino con el Islam. Menos aún porque soy tremendamente asquienta y se supone que el día de la resurrección  todos seremos sumergidos en sudor según nuestras acciones; algunos hasta los tobillos, otros hasta las rodillas,  la ingle o las mandíbulas.  Fin de la búsqueda.

Entonces llegó por recomendación de varias personas cercanas el Libro Tibetano de los vivos y los muertos, un remanso de sabiduría oriental que me ayudó, sobre todo, a pensar en mi vida y en cómo la idea de la propia muerte puede movilizar e inspirar para vivir mejor. Hasta que llegué a los capítulos sobre la reencarnación.

Me pareció escabroso eso de que el alma que se ha ido deba enfrentarse al dilema de elegir su nueva vida. Debe tener mucho cuidado de elegir una vida que le convenga o lo pagará caro, literalmente toda una vida.

Y la idea de que uno elige a su familia antes de nacer, ¿en serio? Aunque es probable que las almas antiguas hayan aprendido algo sobre esa elección: ninguna me ha elegido todavía como su mamá para esta vida.

Descartando el budismo tántrico como fuente de tranquilidad, volví sobre el catolicismo. Soy terca. Si no me ha tranquilizado su doctrina de vida, no sé porqué creí que podría tranquilizarme la de la muerte.

En efecto, las ideas  sobre el Apocalipsis y el Juicio Final me parecen muy perturbadoras, pasarse la vida juzgando a la gente y juzgándose a uno mismo para llegar al más allá a hacer más de lo mismo… Lo único atractivo del Juicio Final es la noción de final. Si me garantizan que será el último juicio al que me enfrente tal vez me deje llevar, y eso que soy envidiosa y me rajo en fe, esperanza y caridad.

También pasó por mis manos el Best Seller La prueba del cielo, pero lo único que me probó de manera irrefutable fue la falta de talento narrativo de Eben Alexander, su autor.

¿Y si al morir no pasara nada? Me pregunto algunas tardes de domingo. No resulta una creencia más inquietante que las anteriores. Si vamos a ser nada al morir es porque fuimos nada antes de nacer. Y no pasó nada.

Convencerme de cualquier cosa es tarea difícil, como no puedo probar nada tampoco descalifico ninguna idea; todas son bienvenidas a la hora del insomnio, se suman a la larga lista de dudas que me habitan y parecen reproducirse. Como dijo el comediante Groucho Marx, en una memorable entrevista que le hizo Bill Cosby: tengo serias dudas sobre la vida antes de la muerte.

http://www.youtube.com/watch?v=1EDUvnFY7bk    @JuliaLondonoBoz

 

 

 

 

 

 

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11
07
2014
Julia Londoño

LOS VESTIGIOS DEL AMOR PROPIO

Por: Julia de mi amor

¿Cómo se convierte un alambre en un hombro, cómo imita la curva de una oreja y cómo refleja con intensidad la emoción de una mirada?

Fui a ver Vestigios, una exposición presentada en Cali, por la artista Carmen Gómez. Una invitación íntima a pensar en la identidad a través de 3 propuestas trabajadas con un material: el alambre. Una serie de autorretratos, una pieza compuesta por  nidos inspirados en  los pájaros mochileros del Pacífico colombiano  y una bandada de aviones elaborada en alambre de cobre. (más…)

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02
05
2014
Julia Londoño

LAS MUJERES QUE CORREN SON PODEROSAS

Por: Julia de mi amor

María Victoria caminaba por la ciclovía el domingo pasado cuando un tipo en bicicleta le preguntó si sabía cómo llegar a una dirección. No había terminado de explicarle qué buscaba y le rapó de las manos el celular. Salió a toda en dirección contraria. ¿Tú qué habrías hecho? (más…)

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19
02
2014
Julia Londoño

ME GUSTA TODO DE TI, VOTO EN BLANCO, PERO TÚ NO.

Por: Julia de mi amor

Como esa canción de Joan Manuel Serrat que dice que le gusta todo de ella pero ella no, así, tal cual, me gustas tú voto en blanco.

Me gustas, pero por piezas; 
te quiero, pero a pedazos. (más…)

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09
12
2013
Julia Londoño

Hoy es Petro, mañana no sabemos.

Por: Julia de mi amor

 

La destitución del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro,  no nos conviene. No nos conviene ni a los de izquierda ni a los derecha ni a los de centro, si es que eso existe en Colombia.

 

Me sorprende la poca capacidad que tienen algunas personas de ver más allá de hoy. Me sorprende mucho que me pregunten en twitter qué tiene que ver el proceso de paz con la destitución de Petro.

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