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Tags de Posts ‘Trabajo’

23

02

2013

@pachevsko

Un libro lleno de libros

Por: @pachevsko

libros

Escribo esto con una cerveza helada al lado. No para alcoholizarme, ni porque crea que sea buena para la salud. Simplemente, porque su sabor y su temperatura, para mí, representan un trofeo. Un premio por las casi cincuenta horas de trabajo de esta semana (y de cada semana) que se van en preparar clases, calificar evaluaciones, corregir escritos de tres páginas, cuatro, quince, etc. Y me retrasan las lecturas y relecturas que llevo pendientes desde hace tiempo.

Bolaño me guiña el ojo mientras afilo el lápiz rojo: “Léeme”, parece decirme. Pero resisto. Vallejo (César), se resbala de repente del estante de la biblioteca. Me levanto, lo recojo y leo:

Quiere y no quiere su color mi pecho,
Por cuyas bruscas vías voy, lloro con palo,
Trato de ser feliz, lloro en mi mano
Recuerdo, escribo
Y remacho una lágrima en mi pómulo.

Su olor me recuerda el día en que lo compré, pero no el precio que me costó. Es normal.

Vuelvo a sentarme, pongo el libro cerca y los exámenes se caen. Debo recogerlos urgentemente. El tiempo sigue pasando, avanzando. Uno por uno, los vuelvo a poner en el escritorio. Los cuento muchas veces, frenéticamente, y hacen falta dos. Entonces, me agacho y miro debajo de los estantes. Diviso uno, me acerco. A su lado encuentro Fahrenheit 451. Al tomarlo me da la impresión de que está ardiendo. Vuelvo al escritorio con el examen y el libro. Cuento nuevamente y sigue faltando uno. No está en el suelo. Me levanto. Miro en todas las direcciones y lo encuentro atorado entre dos libros de la estantería, Coetzee y Saramago. Lo rescato y suspiro. Ya es tarde y me queda todo por calificar.

Siempre me pasa. Me atacan libros que quieren ser leídos y releídos. Los pobres no esperaban como dueño un lector ocupado, ausente.

Debo idear un plan. Cargar un libro, dos libros, seis libros en el maletín. Tirar los aparatos electrónicos. Hacerme cirugía en la retina para poder leer en movimiento. Ubicar la biblioteca en el baño. Estar constipado. Leer entre las escenas malas de las películas. No charlar a la hora del almuerzo. Tener siempre la boca llena y el ojo abierto. Renunciar, como el Papa. Divorciarme, como Neruda. Encarcelarme, como Pound. No estar aquí. Estar en otro lado. Metido en un libro lleno de libros.

Categoria: Lecturas

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18

11

2012

@pachevsko

Los minutos no se venden solos

Por: @pachevsko

Le pedí que nos viéramos y me dijo que era imposible. Estaba en su casa, con su esposo, y no quería darle razones para que sospechara algo que no existía. Hablaba en serio. Accedí a contarle al hombre sobre el texto que estaba escribiendo. No tenía por qué ser un secreto. Al final dijo que sí. Nos veríamos al día siguiente en la dirección que me había dado. Colgamos.

Meses atrás había decidido escribir su historia. Me entrevisté con ella dos o tres veces por semana. Mientras ella trabajaba, yo esperaba el bus. Su despido dejaba un hueco inmenso que sólo su testimonio final podría llenar.

El día acordado, me recibieron con tinto y galletas saltinas. Humilde manjar que comí encantado. El esposo de Cecilia estaba usando camisa manga larga y le bajaban, por el rostro, sucesivas líneas de sudor.

—Buenas tardes, señor periodista. Mi esposa me lo contó todo y le agradezco que haga una investigación sobre los problemas del transporte público en Bucaramanga. Ese es un tema de interés para todos. —Dijo sentándose frente a mí.

Después, Cecilia me contaría que tuvo que inventar todo eso para que pudiéramos hablar ese día. Yo no era periodista y no me interesaba, en ese momento, el caos del transporte público.

—Mi mujer —continuó diciendo— sabe mucho de esas cosas. El trabajo que tenía, como usted sabe, le permitía estar pendiente de las rutas que pasaban por la carretera. Le puedo asegurar que las conoce todas; hasta los tiempos que debe llevar cada una. De todas formas, si usted necesita otra entrevista yo estoy a la orden. ¿Va a tomar fotos?

Le dije que sí; lo entrevistaría después de hablar con su esposa. Las fotos, las tomaría otro periodista. Me agradeció y fue a llamar a Cecilia.

—Ya llegó el señor —gritó mientras subía por las escaleras.

Categoria: Actualidad

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