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14
09
2013
Gisella Fontalvo Rueda

Vístete para triunfar

Por: Gisella Fontalvo Rueda

“Vístete para el empleo que quieres, no para el que tienes”. Sin duda, las personas somos marcas personales y nuestro envoltorio, es decir, nuestra ropa, habla de quiénes somos, o por lo menos, de cómo nos proyectamos ante el mundo.

En la búsqueda de la construcción de una imagen, la moda se ha convertido en un mecanismo que regula las elecciones y decisiones dentro de la sociedad. Recurrimos a ella para lograr aceptación, ya sea para encajar en un determinado grupo social, conseguir trabajo o encontrar pareja. Queramos o no, estamos sujetos a la percepción y sentido de moda de quienes nos rodean.

Al salir – o intentar hacerlo– al mercado laboral, nuestra imagen se convierte en la sinergia entre lo que somos y lo que queremos llegar a ser. Innumerables estudios han considerado la presentación personal como un factor determinante al momento de conseguir un trabajo soñado. La imagen vende, y eso lo tienen claro jefes de prestigiosas empresas alrededor del mundo.

El escepticismo del empleador aparece cuando observa un  atuendo inapropiado entrando a la sala de entrevistas: una falda muy corta, un vestido muy ajustado, unos vaqueros desteñidos o unos zapatos desgastados. En el terreno laboral el fenómeno de la moda lleva implícito una sola condición: “menos es más”.  Esta célebre frase auspiciada por la revolucionaria diseñadora de moda francesa, Coco Chanel, se convierte en la regla de oro al momento de buscar empleo: la sobriedad es en un arma infalible.

Es recomendable optar por tonos neutros como blanco, negro y crudo, por encima del resto de la escalera de color, sin embargo, los pasteles y algunos estampados sutiles también son apropiados. El minimalismo cromático de las prendas es sinónimo de compromiso con el trabajo, las faldas lápices y los pantalones de vestir, introducidos también por Chanel en los años 20, se traducen en un aspecto estructurado y serio. Los vestidos también cobran gran protagonismo en la actualidad, siempre y cuando no suban de  la línea  de la rodilla. Los accesorios llamativos y el perfume no tienen cabida en el “look” profesional, debemos centrar la atención en la persona, sin crear distracciones de ningún tipo.

Según la Psicóloga Carolina López, es precisamente en los detalles donde entra a jugar el lenguaje no verbal de las personas: nuestros gestos, manías y vestuario, suponen el 80% de lo que comunicamos. “La forma en cómo se viste un persona en su entrevista de trabajo, se convierte en referencia de cómo será su desempeño  laboral frente a dicho puesto”, afirma convencida.

Lo anterior nos da pie para dejar por sentado nuestra tesis inicial. Es un hecho que una buena imagen abre puertas y ataja caminos en el mundo laboral actual. A un lado dejamos los estereotipos que dictan que un ingeniero debe usar botas y camisilla, o que una secretaria debe lucir algo corto y apretado. Esta jungla de cemento en la que nos movemos no deja nada al azar, debemos ser capaces de ensamblar nuestra imagen con las capacidades y el conocimiento que tenemos, y no hay mejor arma para conseguirlo que la moda.

 

 

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