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A veces me pregunto dónde está, para dónde se fue la juventud. Mi juventud, quiero decir. Nunca la encuentro, o casi nunca, cuando miro a mi alrededor por acá: nada me la evoca. En nada reconozco mi juventud; o en casi nada. No digo la niñez, ni la adolescencia, o su final, que esos años sí están aquí, a mi alrededor, los veo… Digo esos años después de los veinte y antes de los treinta, que son la madurez de la juventud, por decirlo así. Dónde están esos años en que parecía que toda la vida estuviera por delante, dónde, dónde. Y entonces me doy cuenta que yo no vivía aquí, que esos años míos fueron Italia: de 1982 a 1992…, de los 23 a los 33. Mucho tiempo. ¿Y qué es la juventud sino unas ganas locas de oír mucha música a todas horas y a todo volumen?
Ahí está mi juventud: en las canciones que yo oía entonces, y que no eran las que se oían aquí. Hoy ha muerto un pedazo de esa juventud mía, un pedazo de eso que era tan parecido a la alegría que seguramente era también la alegría: Lucio Dalla. Un infarto fulminante nada menos que en Montreux, que era la ciudad suiza donde mi mujer y yo pasábamos las vacaciones, en casa de unos amigos queridos e inolvidables (que nunca más he visto, Javier y Corinne), frente al lago de Ginebra.
Busco en la red sus canciones, y la primera que encuentro es Caruso: “Te voglio bene assai, ma tanto tanto bene, sai, è una catena ormai, che scioglie il sangue nelle vene, sai…” Sí, Caruso, la canción se llamaba Caruso: un homenaje al gran cantante lírico italiano. Un cantante al que le parecía dulce hasta la muerte, ya viejo, cuando miraba los ojos negros de una muchacha, en Estados Unidos, loco por ella. Es un grito de amor, esa canción. Y qué es lo que uno siente cuando está joven sino que se va a estallar de amor. Eso: ahí está, ahí estaba mi juventud: en un cantante que gritaba, loco de amor: Te voglio bene assai, ma tanto tanto bene, sai…
Busco la noticia en los periódicos colombianos, pero obviamente no está. Cada país tiene sus cantantes, su juventud, sus canciones. Busco entonces en La Stampa, arriba, y leo en letras muy grandes, la noticia del día en Italia: “Lucio Dalla morto d’infarto. Musica in lutto: ‘Ciao poeta’. (Muere de infarto Lucio Dalla. La música de luto: Chao poeta.) Entonces empiezo a oír sus canciones más famosas, o al menos las que más me gustaban. “L’anno che verrà”… (El año que viene). De 1986. Yo vivía allá, sí. Ah, esa era una carta a un amigo, y yo entonces les escribía cartas (sí, cartas, el email no existía) a mis amigos en Colombia, en Bélgica, en España. La carta de Dalla era como un himno a lo que pasaba, o a lo que debería pasar. Todavía existían las Brigadas Rojas, y todo era miedoso e incierto.
Aquí está, cantada por él, y abajo pongo la letra y se las traduzco, renglón por renglón, aunque sin rimas no suenan bien las canciones, y por eso se dejan traducir tan mal:
Caro amico ti scrivo così mi distraggo un po’
Querido amigo, te escribo, así me distraigo un poco
e siccome sei molto lontano più forte ti scriverò.
Y como estás tan lejos, más duro te escribiré.
Da quando sei partito c’è una grossa novità,
Desde que tú te fuiste ha habido una gran novedad
l’anno vecchio è finito ormai
El año viejo ya se acabó
ma qualcosa ancora qui non va.
Pero algo hay aquí que no va.
Si esce poco la sera compreso quando è festa
Se sale poco de noche, incluso cuando es fiesta
e c’è chi ha messo dei sacchi di sabbia vicino alla finestra,
Y algunos han puesto sacos de arena al lado de la ventana
e si sta senza parlare per intere settimane,
Y uno deja de hablar semanas enteras
e a quelli che hanno niente da dire
Y a los que no tienen nada que decir
del tempo ne rimane.
Les sobra el tiempo.
Ma la televisione ha detto che il nuovo anno
Pero en televisión han dicho que el nuevo año
porterà una trasformazione
Traerá una transformación
e tutti quanti stiamo già aspettando
Y todos la estamos ya esperando
sarà tre volte Natale e festa tutto il giorno,
Habrá tres Navidades y fiesta todo el día,
ogni Cristo scenderà dalla croce
Todo Cristo bajará de la cruz
anche gli uccelli faranno ritorno.
Y hasta los pájaros volverán.
Ci sarà da mangiare e luce tutto l’anno,
Habrá siempre qué comer, y luz el año entero
anche i muti potranno parlare
Hasta los mudos podrán hablar
mentre i sordi già lo fanno.
Y los sordos ya lo hacen.
E si farà l’amore ognuno come gli va,
Se va a hacer el amor, cada cual como quiera,
anche i preti potranno sposarsi
Y hasta los curas se podrán casar
ma soltanto a una certa età,
Aunque sólo a cierta edad
e senza grandi disturbi qualcuno sparirà,
Y sin muchas molestias, alguno desaparecerá
saranno forse i troppo furbi
Serán tal vez los demasiado listos
e i cretini di ogni età.
Y los idiotas de cualquier edad.
Vedi caro amico cosa ti scrivo e ti dico
Ves, querido amigo lo que te escribo y te digo
e come sono contento
Y cómo estoy de contento
di essere qui in questo momento,
De estar aquí en este momento
vedi, vedi, vedi, vedi,
Ves, ves, ves, ves,
vedi caro amico cosa si deve inventare
Ves querido amigo lo que uno debe inventarse
per poterci ridere sopra,
Para poder reírse de todo
per continuare a sperare.
Para tener alguna esperanza.
E se quest’anno poi passasse in un istante,
Y si este año en últimas se pasa en un instante
vedi amico mio
Ves, amigo mío,
come diventa importante
Lo importante que se vuelve
che in questo istante ci sia anch’io.
Que en este instante esté también yo.
L’anno che sta arrivando tra un anno passerà
El año que está llegando, en un año pasará
io mi sto preparando è questa la novità
Y yo me estoy preparando, esta es la novedad.
Pero en realidad, y no sé por qué, la canción que más me gustaba, de Lucio Dalla, era esta: “Disperato erotico stomp”. O tal vez sí lo sé: me sorprendía que una canción hablara con tanta belleza, con tanta naturalidad, de un desamor que se resuelve con la masturbación. Aquí pueden oírla, y también se las traduzco:
Ti hanno vista bere a una fontana che non ero io
Te han visto bebiendo en una fuente que no era yo
ti hanno vista spogliata la mattina, birichina biricò.
Te han visto desvestida por la mañana, picarita, picaró.
Mentre con me non ti spogliavi neanche la notte,
Y conmigo no te desvestías ni de noche
ed eran botte, Dio, che botte
y eran golpes, Dios mío, qué golpes.
ti hanno visto alzare la sottana, la sottana fino al pelo. Che nero!
Te han visto levantarte la sotana, la sotana hasta los pelos. ¡Qué negros!
Poi mi hai detto “poveretto, il tuo sesso dallo al gabinetto”
Después me dijiste “pobrecito, tu sexo dáselo al sanitario”
te ne sei andata via con la tua amica, quella alta, grande fica.
Te largaste con una amiga tuya, esa alta, la gran chimba.
Tutte e due a far qualcosa di importante, di unico e di grande
Las dos empeñadas en hacer algo muy importante, algo único, algo grande
io sto sempre a casa, esco poco, penso solo e sto in mutande.
Y yo siempre en casa, salgo poco, sólo pienso y estoy en calzoncillos.
Penso a delusioni a grandi imprese a una Tailandese
Pienso en decepciones, en grandes empresas en una tailandesa
ma l’impresa eccezionale, dammi retta, è essere normale.
Pero la empresa excepcional, hazme caso, es ser normal.
Quindi, normalmente, sono uscito dopo una settimana
Entonces, normalmente, salí después de una semana
non era tanto freddo, e normalmente ho incontrato una puttana.
No hacía tanto frío, y normalmente me encontré con una puta.
A parte il vestito, i capelli, la pelliccia e lo stivale
Fuera del vestido, el pelo, el abrigo de piel y las botas
aveva dei problemi anche seri, e non ragionava male.
Tenía problemas bastante serios, y no razonaba mal.
Non so se hai presente una puttana ottimista e di sinistra,
No sé si tienes presente una puta optimista y de izquierda
non abbiamo fatto niente, ma son rimasto solo, solo come un
deficiente.
No hicimos nada, pero me quedé solo, solo como un imbécil.
Girando ancora un poco ho incontrato uno che si era perduto
Dando vueltas por ahí me encontré también con uno que se había perdido
gli ho detto che nel centro di Bologna non si perde neanche un bambino
le dije que en el centro de Bolonia no se pierde ni siquiera un niño
mi guarda con la faccia un pò stravolta e mi dice “sono di Berlino”.
Me mira con la cara descompuesta y me dice “soy de Berlín”
Berlino, ci son stato con Bonetti, era un pò triste e molto grande
En Berlín yo estuve con Bonetti, era medio triste y muy grande
però mi sono rotto, torno a casa e mi rimetterò in mutande.
Pero me mamé, vuelvo a casa y me vuelvo a poner en calzoncillos.
Prima di salir le scale mi son fermato a guardare una stella
Antes de subir por las escaleras me paré a mirar una estrella
sono molto preoccupato, il silenzio m’ingrossava la cappella.
Estoy muy preocupado, el silencio hacía que se me hinchara la verga
Ho fatto le mie scale tre alla volta, mi son steso sul divano,
Subí las escaleras de a tres, me extendí sobre el sofá
ho chiuso un poco gli occhi, e con dolcezza è partita la mia mano
medio cerré los ojos y con dulzura, se empezó a mover mi mano.
Siempre me he preguntado adónde se fueron, dónde están mis recuerdos de juventud. Siempre me he sentido huérfano de mi juventud y sin memoria de ella. ¿Dónde está que no la encuentro nunca? Y ahí estaba perdida, me doy cuenta, en las canciones. La he encontrado con una muerte, qué pesar, con la muerte del gran cantante que yo más quería entonces: Lucio Dalla. Era un grande de “la canzone” italiana, tenía 69 años, y desde hoy ya volverá a cantar solamente en grabaciones, y en los recuerdos de una juventud ajena.
Opiniones
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Opinión por:
matayo44
2 marzo 2012 a las 9:44
Que verdades tan grandes escribe Hector Abad, nosotros los de esa generación así no fueramos a Italia ni a Suiza viviamos con esas canciones, eran nuestros discos, nuestras declaraciones de amor, cantabamos como se dice ahora a grito herido, admirabamos la voz quebrada que parece mas de un común mortal cantando con todo lo que le da el sentimiento. Lucio Dalla creó ese gran número de cantantes como Emilio Pericoli y Nicola di Bari, canciones como Al di la o Guitarra suena mas bajo, cierto Caruso le parte el corazón a uno…tal vez el murió cantandola…Gracias Hector por conservar ese espíritu y por las letras.
Opinión por:
maquiavelo-2
2 marzo 2012 a las 17:46
Creo que con Hector Abad estudiamos en la misma universidad, en la misma ciudad de Italia y nunca nos vimos. Yo vivia en Piazza Castello al frente del palazzo Reale. Le falto solo una de las grandes canciones de Lucio Dalla: Piazza Grande que tambien resume una parte de mi vida…..
A modo mio avrei bisogno di carezze anch’io.
A modo mio avrei bisogno di sognare anch’io.
Una famiglia vera e propria non ce l’ho
e la mia casa è Piazza Grande,
a chi mi crede prendo amore e amore do, quanto ne ho.
Con me di donne generose non ce n’è,
rubo l’amore in Piazza Grande,
e meno male che briganti come me qui non ce n’è.
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