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20
02
2011
habad

Godos y liberales ortográficos

Por: Héctor Abad Faciolince

Frente a la ortografía, como frente a casi todas las cosas de esta vida, los humanos nos partimos en dos: asumimos posiciones conservadoras o posiciones reformistas. A los conservadores les molesta cualquier cambio. Muchos de ellos, por ejemplo, recibieron con bastante mal genio el hecho de que la Academia, recientemente, suprimiera la obligatoriedad de algunos acentos. Los reformistas, en cambio, harían de inmediato una revolución ortográfica y suprimirían sin pensarlo dos veces la hache (que por muda les parece inútil), dejarían una sola be (ya que ambas suenan igual en español), y usarían la jota (como Juan Ramón Jiménez) cada vez que su sonido se escriba con ge, como en “gemido”. Irían más lejos: como en Hispanoamérica no diferenciamos el sonido de la ese y la zeta, harían que todas las palabras que se escriben con zeta se escribieran con ese, pues para los revolucionarios la zeta es tan solo un rezago colonial (y ellos escribirían resago).

Aunque para casi todas las cosas de la vida tiendo a ser liberal, y por lo tanto reformista, en los asuntos ortográficos me gusta más la posición conservadora. En castellano ya tenemos la suerte de que la ortografía siga a la fonética bastante de cerca. En español se escribe casi como hablamos, a diferencia del inglés o del francés (ni se diga del chino) donde algunas palabras se dicen tan distinto de como se escriben que se ha llegado a afirmar que en esas lenguas escritas hay palabras-ideogramas. Por ejemplo en inglés casi la misma combinación ortográfica (through, lough) produce sonidos tan distintos como “zrú” y “laf”. Es tan conservadora la ortografía de esa lengua que una vez Bernard Shaw dijo que podría escribirse fish de la siguiente manera: “ghoti” -gh as in tough, o as in women, ti as in nation.

En español casi no hay casos así. Se me ocurre tal vez que la palabra “para” es una de las menos fonéticas que existen pues en casi todos los rincones donde se habla nuestra lengua la gente no dice pa-ra, sino pa. A pesar de esto, no estoy seguro de que convenga escribir algo así como, “yo no sirvo pa naa.” Por muy fonético que suene, gracias a la costumbre de los siglos, una frase escrita así nos resulta más difícil de entender, cuando la leemos, que la ortográficamente más completa: “Yo no sirvo para nada”.

Creo que los reformistas que se obstinan en proponer revoluciones ortográficas para que el español escrito siga más de cerca nuestra manera de hablar, se encontrarían con graves problemas y contradicciones al poner por obra sus cambios. Para empezar, los distintos países que hablamos en español, tendríamos que empezar a escribir de distinta manera. Y eso nos alejaría mucho a unos de otros y sería nefasto para el intercambio cultural. Hasta dentro de las fronteras de Colombia habría dificultades. Les pongo un solo ejemplo: la palabra “nosotros”, si se siguiera una regla fonética, se escribiría con una ortografía distinta en Antioquia, la costa y Bogotá. En Medellín se escribiría “nojotros”, en Barranquilla “nosotroj” y “nosothrros” en la capital. Qué enredo. Mejor dejar las cosas como están.

Categoria: General

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Opiniones

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club-medea

20 febrero 2011 a las 13:54
  

“En español se escribe casi como hablamos”. Hay un error conceptual en esa afirmación. La fonética es una convención, en cada lengua cada letra o sus combinaciones tienen un significante adjudicado y a los hablantes no les genera duda alguna su correcta pronunciación.

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habad

20 febrero 2011 a las 14:52
  

Señor Club Medea: No hay duda de que hay escrituras más fonéticas que otras. La convención fonética del inglés permite que una misma letra se pronuncie de maneras muy distintas. Vea el ejemplo de Shaw que sale en este post. O algo más sencillo: La i en inglés se puede pronunciar como “i” o como “ai”. Y los hablantes de algunas lenguas cuya escritura es menos fonética que el castellano sí tienen muchas dudas de pronunciación. No cada letra tiene un único sonido adjudicado en todas las lenguas.

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a mi no cuadro

20 febrero 2011 a las 16:54
  

Si desde siempre usaramos: pa na, para nada, no nos reultaria fonetico!

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club-medea

20 febrero 2011 a las 16:55
  

El caso de Shaw es como si nos atuviéramos en español en una grafía y su correspondencia fonética cronológica. Así en el siglo XVI quedó fijada que la “X” se pronunciaba como “j” (Ejemplo: la palabra” México” o “Axolote”) En ese caso deberíamos apelar a un modelo más cercano al latín, más anacrónico, igualmente válido para unos pocos especialistas, poco efectivo para la comunicación. Shaw hace gala de sus conocimientos del galés, francés y otras variantes lingüísticas que dieron lugar al idioma inglés moderno.

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kapitalisfobia

20 febrero 2011 a las 20:30
  

Me parece curioso que el columnista, en un artículo que se titula “¿Se dice o no se dice?” se muestre liberal hasta el punto de descalificar totalmente la gramática prescriptiva, mientras que aquí, asume un talante conservador. A mí me parece que, aunque la función del lingüista sea estudiar la lengua y no moralizar sobre ella, no da lo mismo, para fines pragmáticos, que una persona emplee un idioma descuidado o un idioma culto; no habría que corregir a alguien que habla espontáneamente, pero es bueno que esta persona pueda adecuar su discurso a sus necesidades específicas, y en este caso sí sería útil una gramática normativa.

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ciertascosas

27 febrero 2011 a las 13:50
  

Yo estoy de acuerdo con el argumento de la unidad en el uso del idioma. También pienso que hasta para hacer reformas hay ser moderado; una revolución acelerada del idioma no le convendría nadie.

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ciertascosas

4 abril 2011 a las 9:42
  

Héctor. Me quedé con las ganas de opinar sobre tu última columna -me parece una lástima que censurés a los opinadores- que se titula La lívida envidia. Yo la verdad no sé qué pasa con ese premio, o si fue que cayó un baño de críticas sobre Juan Gabriel Vázquez -que a fin de cuentas son las consecuencias naturales de ejercer una labor pública-. Lo que me parece criticable es que dediqués una columna, no a defender el talento de un escritor, sino a justificar las picardias -muy humanas por cierto- necesarias para obtener un premio.

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juangj

28 abril 2011 a las 5:15
  

Varias cosas. La primera, muy sencilla: la b y la v, en nuestro español, no suenan igual (seré más preciso: no suenan igual en todas las regiones). Recordará ud., Héctor, que en la escuela nos hablaban de “b labial” y “v labidental”; inténtelo y verá qué bonita variación. Ahora sobre la fonética, y su acusación de que en el chino, por ejemplo, no hay mucha relación entre fonética y ortografía. Si así fuera, ¿no sería entonces virtualmente imposible para un chino tomar un dictado? Y sin embargo lo hacen; y tan bien como cualquier hispanohablante. Eso es porque, como dice C.M., la fonética es una convención. La “a”, en inglés, tiene 9 formas fonéticas distintas. Eso para hispanos como ud. y yo es un problema, pero para el niño nacido inglés es solo una cuestión de cotidianidad.

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juangj

28 abril 2011 a las 5:23
  

Profundizando en el ejemplo del niño inglés, puede que quizá no atine a enumerar las 9 formas de pronunciación de la “a”. Sin embargo, ese niño las usará correctamente, con espontaneidad, con esa naturalidad con la que cualquier ser humano habla su primera lengua (¿Quién tarda más tiempo en hablar, un niño chino o uno colombiano? ¡Tardan lo mismo!). Es la convención, el contrato, la manera como nuestras neuronas vírgenes hacen sus primeras sinapsis, se organizan, aprenden. Y en ello juega el lenguaje de manera sencilla: Este símbolo significa esto. Punto. El niño aprende símbolo y signficado. Las reglas llegarán después, para hacerle perder uno que otro examen; para instruirlo en el uso de técnicas, nuevas formas, palabras derivadas, etc.

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juangj

28 abril 2011 a las 5:27
  

Y, por último, si en realidad el nuestro fuera un idioma privilegiado entre todos, en tanto que su fonética se acerca, casi acaricia la ortografía, entonces debería ser más fácil aprender el español que muchos otros idiomas. Lo cual, claro, no ocurre. Aprender una segunda lengua también está determinado, en primera medida, por factores fisiológicos (podemos desarrollar elocuencia en una segunda lengua, pero jamás en una tercera). Que si esa lengua, para un colombiano, resulta ser romance, estupendo. Pero, y que de eso no quede la menor duda, si un hispanohablante quiere aprender mandarín, tendrá tantas dificultades como el chino que desea aprender español. De ninguna manera, jamás, nunca, se escuchará a un chino decir: “Me palece más fácil hablal y esclibil español que mandalín”.

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espadavspluma

31 mayo 2011 a las 15:50
  

para mi no se debe pretender modificar nuestra ortografía como única solución a los continuos y cada vez mas notables problemas de nuestra población, yo creo que se debe intensificar la enseñanza de nuestro lenguaje y no solo limitarlo a las aulas de los colegios si no ademas a las universitarias que bastante falta nos hace.

termino expresándole señor Héctor Habad Faciolince mi mas completa admiración por su intelecto a la hora de plasmar sus ideas en el papel.

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camigomez23

24 junio 2011 a las 12:13
  

eso de ser liberal ortograficamente, para mi no es más que la pereza mental en la que está cegada la sociedad que vino atada a todas esas redes sociales que sólo inculcan mediocridad y superficialidad. No digo que yo no haga uso de ellas, pero todavía no he sido victima del q’ (que) y de tantas otras manipulaciones de la lengua. Con respecto a la fonética, eso ya es cultural, aún así, sigo pensando que el inglés es mediocre.

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