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26
03
2013
Tim Buendía de Aracataca

Motivos por los cuáles no perderse a Aracataca

Por: Tim Buendía de Aracataca

Desde Argentina a Aracataca

Por Leticia Vallejos de Buenos Aires

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Hace tiempo y allá lejos… esta argentina tuvo un sueño.

Pero los sueños, sueños son así que adelante. A seguir la vida sin pensar demasiado en ello, salvo en aquellas ocasiones en las cuales uno necesite definitivamente soñar un poco para ser feliz.

Macondo, la casa de de  Ursula y José Arcadio Buendía, abierta y solidaria para quienes quisieran entrar, las calles angostas,el tren en la estación, el río de aguas diáfanas, las piedras blancas y pulidas como enormes huevos prehistóricos,los frutos de los árboles, el olor de la guayaba, el bochorno de las tres de la tarde,las mariposas amarillas, el árbol de José Arcadio Buendía, los pescaditos de oro del coronel Aureliano Buendía, los animalitos de caramelo de Ursula, la calle de los turcos, los gallos de riña, los cachacos, la hojarasca…

Quienes tuvimos el privilegio de leer y releer las obras del Nobel de Aracataca, (incluída por supuesto la monumental Cien Años de Soledad) sabemos de qué se trata, reconocemos perfectamente cada una de estas “Vainas”

Quienes además nos interesamos por saber un poco más acerca de la vida del Maestro, trazamos automáticamente el paralelo inevitable entre ficción-realidad. Porque muchísimos de los personajes de sus cuentos y novelas guardan, lo sabemos, un inequívoco parecido con personas que de una u otra forma dejaron huella en su vida. Huellas indelebles en la memoria de Gabo

 

Gabito, el “Napoleoncito” del viejo Coronel.

Gabriel, el estudiante solitario de Zipaquirá

Gabo, el lector voraz

Gabo, el joven escritor

Gabo, el falso estudiante de Derecho

Gabo, el muchacho introvertido y extrovertido conviviendo en la misma persona

Gabo, el reportero estrella

Gabo, Javier Garcés

Gabo, el de las camisas floreadas y pelo revuelto

Gabo, el del enorme sacrificio a quién siempre le faltaban los últimos cinco centavos

Gabo, el hombre jugando como un niño en la nieve

Gabo, el auténtico “Mamador de Gallo”

Gabo, el eterno enamorado de Mercedes “El cocodrilo sagrado”

Gabo, el caso perdido

Gabo, el Maestro de las Letras colombianas

Gabo de Aracataca

Gabo de todos y para todos

Gabriel García Márquez, de Aracataca para el mundo.

Ficción y realidad mezcladas permanentemente, poniendo a prueba nuestra memoria para no confundir lo real de lo mágico

Atención lectores del mundo…

Macondo no desapareció! Existe!

Yo lo vi. Está en Aracataca. Lo descubrí el mágico día en que decidí buscarlo.

Y si no era sólo un sueño? Por qué no intentar? Así que un día, me lancé a la aventura de alcanzar lo que, hasta entonces creía inalcanzable.

Tomé un avión, varios en realidad, y decidí romper la barrera que separa la ficción de la realidad, el sueño de la aventura.

Allí fui, a Aracataca.

Y saben que descubrí? Que el Maestro, ese a quién su propio padre acusaba de mentiroso dada su innata tendencia a la exageración, nos nos había mentido ni en una sola palabra, ni en un punto, ni en una coma. Descubrí en Aracataca, el maravilloso mundo del cuál tanto había leído. Sin haber puesto todavía un pie en el pueblo, sabía que sería capaz de reconocer hasta los olores de las cosas. Porque confiaba en el Maestro. Y no me defraudó. Pude reconocer cada uno de los lugares de los cuales me había hablado, las plantas, los árboles, las calles, las casas, las personas.

Las experiencias vividas, quedarán en mi memoria hasta el último minuto que me toque vivir en esta Tierra. El placer de recorrer sus calles, de ir a la estación para ver pasar el tren, de sentarme en cualquier lugar a ver pasar la vida imaginando a Macondo, de entrar con un nudo en la garganta a conocer la casa de Gabito, la cuna del Maestro.

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En Aracataca conocí gente entrañable, generosa y respetuosa de cada uno de mis silencios, de mis muchos momentos de emoción, gente que me abrió las puertas de su casa como si fuese yo alguien más de la familia, regalándome anécdotas increíbles, sonrisas para mis fotos, palabras y expresiones de afecto, muchísimas muestras de cariño. Tantas que no consigo todavía encontrar las palabras para expresar tanto agradecimiento para quienes me brindaron su apoyo incondicional haciendo que mi estadía en Aracataca fuese perfecta.

 

Imposible recorrer El Perla negra

Imposible aventurarnos en Veinte mil leguas de viaje submarino

Imposible conocer el Castillo de Rapunzel

Imposible realizar un Viaje al centro de la Tierra

Pero absolutamente posible, recorrer las calles de Macondo.

 

Señoras y señores, viajeros del mundo. Si desean vivir en cuerpo y alma el auténtico Realismo Mágico, no lo duden ni un instante. Ese lugar encantado existe en la vida real, no se lo pierdan. No se pierda el mundo el placer de conocer Aracataca.

 

Lo dije y lo repito. Gracias, Cien años de infinitas gracias

 

Leticia

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