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Archivo de Categoría ‘General’

29

08

2014

gonzalo  guerrero

Política de escándalos baratos

Por: elcides olaznog

“El Estado es una enorme maquinaria conducida y empujada por enanos”. Honorato de Balzac  Ignoro qué querría decir el ilustre francés del siglo 19, pero podría apostar que se refería a la incapacidad de los mandamases de la administración pública para administrar y a la incapacidad los gobernantes para gobernar. Política significa arte de gobernar, de administrar recursos en pro de la gente, es decir, en aras de construir sociedad; es dirigir pueblos poniendo el interés general por encima del particular. En Colombia los dos máximos líderes de la política son Alvarito Uribe, un campesino rico acostumbrado no a gobernar sino a mandar, como manda un gamonal en su finca lechera, y Juan Manuel Santos, un aprendiz de gentleman inmensamente rico que lo único que no conoce en este mundo es la pobreza. Los ocho años de gobierno de Alvarito fueron marcados por su firme decisión de derrotar militarmente a las FARC, algo que no logró, pero si algo se le puede abonar es que cumplió con lo prometido, es decir, fue consecuente con su discurso de campaña. Su problema consistió en la macabra y equivocada aplicación de un pensamiento de un experto en política: don Nicolás de Maquiavelo cuando dijo que “El fin justifica los medios”. Los medios sí se utilizaron pero el fin no se logró. Y los “medios” están representados en la cantidad de funcionarios uribistas (incluido Juan Manuel, flamante jefe de los falsos positivos) que saltaron por encima de los códigos legales y birlaron la decencia para dar resultados inflados y perversos. Para gobernar a punta de titulares de prensa. Qué más se le puede abonar a don Alvarito: que disminuyeron las pescas milagrosas, que hubo una  aparente reducción de la burocracia, que se agarró de frente con don Hugo Chávez, el autócrata presidente de Venezuela con la acusación de proteger a las máximas figuras de las FARC. ¿Falso, verdadero? Y pare de contar. Don Alvarito se dedicó a defenderse de sus enemigos como un pendenciero de barrio y su largo gobierno terminó tristemente con una opinión pública polarizada. Su inmensa popularidad, sin parangón en la historia de Colombia, está ahora reducida a una minoría de adoradores que aún lo ven como el Gran Salvador. Gran parte de sus colaboradores más cercanos están sub júdice, lo que significa que están sindicados de realizar actos administrativos al margen de la ley al parecer violando con gran dosis de cinismo  los ya mencionados códigos legales y la decencia. ¿Es la situación de dichos funcionarios producto de la guerra sucia estimulada por una justicia politizada y chambona? Vaya uno a saber… Por su parte Juampa (así le dice doña “Mechas”, su asesora de imagen y principal gestora de la campaña presidencial) empezó mal. En su camino a la presidencia, a finales del 2009 y principios del 2010, era un uribista acérrimo y si fidelidad con el presidente de entonces rayaba en el servilismo. “Soy un soldado del presidente Uribe”, decía. “Seré candidato si mi jefe lo dispone así”. En otras palabras, se montó en la popularidad de Uribe y utilizó de él su enorme cauda electoral pero a las pocas horas de ganar la presidencia se mostró tal cual es: un señor a quien no le importa un comino nada que no tenga que ver son su monumental ego, y se declaró antiuribista. El monumental cambio, es bueno recordarlo, se dio en tan solo unas cuantas horas. Las ejecutorias de Santos. ¿Hay? No. Salvo la tributaria (que dos años después no la entienden ni los tributaristas más avezados) todas las reformas que intentó – educación, política, salud, fracasaron. Quizás por lo que más se recuerda en este primer período fue la cobarde e indiferente aceptación del despojo nicaragüense a instancias de la Corte de la Haya, que dio con la infame pérdida de 75 mil kilómetros cuadrados de mar territorial. D ese cruel episodio ya nadie habla; pero es de igual o mayor magnitud que la venta de Panamá a principios del siglo XX. Quizás otra de las principales acciones de JMS fue la de eludir el mandato judicial que recortaba los ingresos de algunos altos empleados oficiales. Recorte del monto de pensiones fraudulentas a magistrados y congresistas. ¿Qué hizo Juampa? Por decreto les aumentó ¡OCHO MILLONES DE PESOS MENSUALES A LOS CONGRESISTAS! Eso, señores, es lo que el presidente Santos en su discurso de posesión llamó EQUIDAD.  Lo peor es que la gente no dijo ni mu. ¡Válgame Dios!, decía mi venerable abuela. Así las cosas, las dos figuras más altas de la realidad política nacional, Santos y Uribe, son la personificación de la perversidad. Hoy están enfrascados en un escándalo monumental que avergüenza a los colombianos decentes ante propios y extraños; hablo del caso hacker Sepúlveda. Primero asesor de Juampa (dice Uribe) y después asesor de Zurriaga. Sepúlveda, con todo y su desespero, lanza caca a diestro y siniestro para untar a todo el mundo, pero en el fondo su actuación refleja fielmente la política nacional. Y nos clava de cabeza con toneladas de crueldad en nuestra propia realidad: Colombia es un país sin esperanzas. La política en Colombia da asco. Contratar a un sujeto para robar información es asqueroso. Ser uribista acérrimo y al poco tiempo santista (ver Roy Barreras, Armandito Benedetti, por ejemplo) es repugnante porque se ve a leguas que el asunto es de mucho dinero, de poder, de mermelada presupuestal, todo ello a costa del trabajo de los colombianos. Da dolor ver que no tenemos futuro. Para la muestra estos botones: 1. Estamos montados en un proceso de paz incierto y costoso porque se está hipotecando a Colombia. 2. El aparato judicial es politizado e ineficaz y sus funcionarios altamente ineficientes y untados pero, además, exageradamente oneroso. No se entiende, por ejemplo, que un tipo que mata a un ciudadano pague más años de cárcel que uno que mata a tres mil. 3. El Congreso es de las “instituciones” más corruptas, al decir de las encuestas. 4. Los que no andamos en camionetas oficiales 4×4 blindadas estamos en manos de la delincuencia común y de la oficial. Unos nos roban la cartera, el celular. Otros nos sacan el billete del bolsillo a punta de reformas tributarias y lo que queda se lo llevan los bancos. Colofón: Por fortuna soy un ciudadano anónimo cuyos únicos actos oficiales son ir a las oficinas de impuestos para pagar mi modesto tributo con el cual se fomenta la corrupción, perdón, el desarrollo de mi nación y acudir a depositar mi voto en blanco cada vez que se pone en práctica la “democracia”. Esta circunstancia me protege de la mirada de extranjeros que ven noticias colombianas y que nos miran con altas dosis de compasión… Cuanto más conozco la política más amo a James, a Mariana, a Catherine, a Nairo…

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31

07

2014

gonzalo  guerrero

James: bien, pero no te juntes con esa gente

Por: elcides olaznog

Hablo, para variar, de James David Rodríguez Rubio, el gran crack cucuteño que brillará en la lujosa nómina del Real Madrid y que dirigió en el campo de juego la orquesta (casi) sinfónica que nos dio a los colombianos la mayor satisfacción deportiva de toda la historia.

 El pelao James desbordó sus propios sueños. Y demolió con seis soberbios macetazos toda la historia de Colombia en competiciones internacionales. Se recuerda con especial deleite aquel gol de Willington Ortiz (Deportivo Cali, Copa Libertadores 1981) a los encopetados y recientes campeones del mundo (Argentina 78) del River Plate con Ubaldo Matildo Fillol en el arco. O la gesta del Caimán Sánchez, subcampeón Copa América 1975, con el propio Willington, Ernesto Díaz, Pedro Zape, Eduardo Retat, “Boricua” Zárate, Arturo Segovia, Jairo Arboleda, etc. Pero nada se compara con la actuación del Diez colombiano en el reciente mundial.

 Las jornadas brillantes del fútbol colombiano – antes de Brasil 14 – incluyen cuatro participaciones mundialistas que, visto con cierta objetividad, dieron más satisfacciones en la etapa de eliminatorias que en el propio mundial. Se recuerda con mucha más satisfacción el 0 – 5 en Argentina en 1993 que el mismo mundial USA 94, que no solo fue un fiasco como fútbol en sí, sino que además sufrimos el drama de la muerte violenta del gran Andrés Escobar, excepcional como jugador y mejor como persona.

 La camada de jugadores comandados por el Pibe Valderrama, Faustino Asprilla, Tren Valencia, Iván Valenciano y los arquerazos Higuita, Córdoba y Calero, entre otros, brillaron en el mundo, no cabe duda. Esos genios guiados por un técnico como Pekerman habrían sido campeones del mundo. Pero fracasaron en los mundiales por una razón sencilla: no tuvieron dirigentes capaces ni entrenadores idóneos, con visión universal. Bolillo Gómez y Maturana, bien hechas las cuentas, es más lo que le deben al futbol colombiano que lo que este les debe a ellos.

 También permanece vivo en la memoria el período de Faustino Asprilla en el Parma italiano. Su juego pícaro, de finta demoledora, rápido y alegre, sus goles de antología, “internacionalizaron” el fútbol europeo en Colombia. Todos los domingos a las 8 de la mañana ya teníamos el televisor prendido para ver a Faustino. El negro, más allá de su carácter desordenado, sus francachelas con güisqui y bala, mujeres exuberantes y caballos de paso inclusos, es uno de los más grandes que ha dado el fútbol colombiano.

 Merecen mencionarse como grandes triunfos la dos Copas Libertadores de América ganadas por Nacional en 1989 y Once Caldas en el 2004. Ah, y los tres subcampeonatos del América en la Libertadores, para no contrariar a los amigos de la Mechita que viven de esos recuerdos mientras se confunden cada vez más en un torneo de categoría inferior.

 Alguien me dirá que olvidé la Copa América ganada en el 2001, en Colombia. Pues bien. Recordemos que la Copa tuvo que ser suspendida por el terrorismo que imperaba en Colombia por esos días del gobierno de Andrés Pastrana Arango. Y fue el propio presidente quien, personalmente, dirigió la gestión para cumplirle el contrato a la multinacional de gaseosas, patrocinadora del evento y, lo más importante, lavar la imagen de un gobierno que pasaba por el peor momento de sus infaustos cuatro años. ¡Y vaya que lo logró!

 Baste recordar, dicho por el propio Julio Grondona, QDEP, que Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil habían formalizado un pacto de no intervenir en dicho torneo. Pero al final el único que cumplió el pacto fue Argentina que no envió equipo. Los otros tres enviaron equipitos de medio pelo para no arriesgar a sus figuras y entonces hubo que machetear invitando a Honduras y a Costa Rica…

 Pregunto: si hubieran venido esos países en plan de competir por la Copa América, ¿habría sido Colombia campeón? Por eso, objetivamente, ese triunfo es más burla que realidad. Y lo demás se pierde en el confín de la memoria.

 Todo esto para resaltar que talento siempre ha habido. Los nuestros tienen la calidad física y técnica para ser figuras de primer orden en las exigentes y competitivas ligas europeas. Lo que falta (faltaba) es trabajo y disciplina, que es lo que tienen de sobra técnicos como José Néstor Pekerman, Jorge Luis Pinto y Juan Carlos Osorio.

 Al profesor Pekerman le debemos, no el talento de James, por ejemplo, sino su determinación de incluirlo desde el principio en el andamiaje de la Selección. Francisco Maturana, en declaraciones para la prensa nacional, dijo a principios de la eliminatoria pasada, que James era “un buen prospecto” y que “había que ir dándole minutos” en la Selección mayor. Por Dios, se me hiela la sangre de solo pensar en lo que hubiera sucedido si él o Hernán Darío Gómez hubieran estado en el banco técnico de Colombia.

 James, Falcao, David Ospina, Juan Guillermo Cuadrado, Guarín, Quinterito y el etcétera que completa la nómina de Brasil 14 son embajadores de la Colombia bonita que queremos ver. Por eso el titular de esta nota: James, bien, pero no te juntes con esa gente. Ustedes no deben permitir que les tomen fotos con embajadores oportunistas ni con políticos aprovechados de su imagen de colombianos auténticos. Y cuanto más lejos estén de sus dirigentes, mejor. Lo de ustedes es romperla en el estadio. Y qué bien lo hacen…

 Colofón: “Era gol de Yepes”. Qué figurón, qué futbolista es Mario Alberto Yepes. Y cuán equivocados estábamos quienes no creíamos que tuviera arrestos para defender a Colombia en el mundial. Errare humanum est. A propósito del gol de Mario Alberto: si el españolete no se hubiera robado el gol de Yepes, los brasileños se habrían ahorrado la vergüenza del 7 – 1 con Alemania. ¿Qué opinan?

 

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14

06

2014

gonzalo  guerrero

Elecciones: odio, soberbia, venganza; que entre el diablo y escoja…

Por: elcides olaznog

Candidato: viene de cándido, puro, limpio, inmaculado, blanco… ¡Gulp! Los colombianos estamos obligados a elegir entre los dos peores candidatos que ha dado la corrupta clase política del país. Uno como colombiano común, es decir, honrado y trabajador, aspiraría al menos a encontrar unos candidatos que ofrecieran programas no de igualdad social o equidad porque eso es imposible, sino propuestas medianamente creíbles. Pero nuestros prohombres, Zuluaga y Santos, se han dedicado a ofrecer lo que nunca van a cumplir. Hablan como si fueran los amos y señores del poder, como si no hubiera un aparato estatal con tres ramas del poder público. Cualquiera que desprevenidamente lo oiga llega a la conclusión de que van a ignorar las leyes que fabrican nuestros amadísimos congresistas, es decir, hablan como si fueran dictadores. Voy a subir los salarios; vamos a terminar con el servicio militar obligatorio; en mi gobierno no habrá más pobres; vamos a construir 700 mil viviendas gratis; voy a darles educación y alimentación gratis a TODOS los niños que nazcan en Colombia; voy a hacer la paz pero con condiciones; la plata del conflicto la vamos a gastar en los pobres; elija entre la guerra y la paz, y un largo etcétera de imbecilidades que no se las creen ni los que las pronuncian. Como diría Alfonso Lizarazo en sus mejores tiempos de Sábados Felices: la próxima semana, más cuentachistes… Santos, en su desespero por los resultados de las encuestas, en solo un par de semanas ha formalizado macabras y vergonzantes alianzas que los ciudadanos vamos a pagar muy caras en términos de ponqué presupuestal; por ejemplo, con su reciente enconado rival y ahora nuevo mejor amigo, Gustavo Petro y con la seudoizquierdista Clara López Obregón. Y esos cobran duro. Ha logrado torpes y malintencionados respaldos del chapetón Felipe González, ha logrado respaldos perversos con un gran sector de la prensa mermeladófila, y hasta con la máxima heroína francesa Íngrid Betancur. Inclusive el adusto y huraño conversador de paz en la Habana, Humberto de la Calle, que hasta el momento solo se limitaba a leer comunicados “conjuntos” ahora aparece más en televisión que Luis Carlos Vélez, el vitrinero director de noticias de un conocido noticiero. Amenaza don Humbertico con una catástrofe si los colombianos no elegimos a su Juanma. El manzanareño  nos dice entre líneas que si no elegimos a Juan Manuel, desde el lunes 16 de junio Colombia será un monumental campo de batalla con ríos de sangre y muertos. Pero, en su espejismo, dice que si Santos gana, entonces a partir de ese día los colombianos vamos a vivir en paz, en un paraíso soñado sin atracadores, sin DIAN, sin políticos, sin choferes de SITP, sin declaraciones de Petro, etc. Por su parte el candidato del uribismo en medio de la densa nube en que fue embutido por su mentor, no ha tenido tiempo de dimensionar el hecho de ser hoy uno de los dos aspirantes a ocupar el desvencijado y desprestigiado sillón presidencial; por esa razón, en los chocarreros debates televisivos, Óscar Iván se dedica únicamente a hablar de su gestión como ministro de hacienda porque no tiene nada más que decir, y a seguirle el macabro juego al presidente candidato en el sentido de prometer puentes donde no hay ríos. Dijo la vieja y descocada tía Empera: el Osquítar es bueno y puede ser buen ministro, pero no tiene culo pa pantalón de paño. Y le riposta el sabio tío Anselmo: pero si pudo ser presidente Andresito Pastrana, y Juan Manuel aspira a su segundo período, por qué no va a poder Óscar Iván que al menos tiene pinta de ser honrado. Señores Zuluaga y Santos: el problema de fondo no es una pinche firma; los problemas de Colombia no se solucionan con toches e insípidas frasecitas de campaña. Los atracadores no se acaban con poner 20 mil cámaras en las calles; no se solucionan subiendo el salario mínimo un par de puntos por encima de la inflación; los problemas graves no se solucionan abrazando a una viejita tan humilde como procaz, así el candidato tenga que bañarse después con decol. La generación de la paz nace cuando los gobernantes empiecen a construir infraestructura; cuando haya educación de calidad; cuando la gente no muera en los andenes de los hospitales porque no tienen cómo pagar una mísera consulta; se solucionan cuando los niños no mueran por falta de una miserable vacuna o una inyección de ibuprofeno; se solucionan cuando la clase política no se embolsille con crueldad extrema el dinero público en sueldos astronómicos, en prebendas extralegales, sobornos, peculados, compra de jueces y fiscales, etc. Señores aspirantes Zuluaga y Santos: la paz nunca llegará mientras no haya justicia social. No habrá paz mientras la gente vea cómo la alta dirigencia del país, llámense políticos, banqueros, industriales exportadores, comerciantes en gran escala, se llenan los voraces bolsillos, en detrimento de una clase trabajadora cada vez más pobre y miserable. Señores: uno de los dos puede ganar la presidencia, pero pierde Colombia porque ninguno tiene ni una pizca de sensibilidad social necesaria para liderar procesos de convivencia ciudadana para construir nación. Ustedes son hijos de la opulencia  (uno más que el otro) y del despilfarro y por eso nunca, léase bien, NUNCA van a poder ofrecer paz. De nada sirve la paz en la Habana si los colombianos del común siguen comiendo lo que sabemos y viendo por televisión los banquetes de presupuesto que ustedes devoran. Y que gane el más vivo porque no puedo decir el más inteligente. ¡Viva el voto en blanco! Colofón: doctores Zuluaga y Santos: ustedes “diseñaron” una campaña torpe y ridícula para tarados. Pero olvidan que los colombianos ya no somos tan ignorantes como hace décadas. Por eso guardamos la esperanza de que en las urnas se demuestre cuánto los desprecia la gente de bien. Los que voten por ustedes serán cómplices de la debacle que se nos viene encima. ¡Pobre Colombia!, pero, ¡que viva la Colombia de Teo, de James y de esa banda de futbolistas que nos están regalando una ilusión que nos sirve al menos para olvidar el triste destino al que ustedes nos someten! Y que Dios los perdone…

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30

05

2014

gonzalo  guerrero

El problema es la cobarde indiferencia de la gente…

Por: elcides olaznog

Los malos gobernantes no son el problema; el problema es la cobarde indiferencia de la gente. Palabras más, palabras menos, era lo que proclamaba el líder negro Martin Luther King, adalid auténtico de la causa negra que pretendía poner fin al cruel racismo en los Estados Unidos, por allá en los años sesentas del siglo XX. Es una situación que puede ser propia de casi todas las sociedades del mundo. Y Colombia, nuestra Patria querida, no es la excepción. Las últimas elecciones son la prueba de que a la gente no le interesa su propia suerte. Para decirlo con palabras más crudas que las de don Martin Luther, en nuestro país impera la antifilosofía del meimportaunculismo… Se presentaron cinco candidatos con la mezquina aspiración de ganarse el mísero derecho de ser segundones para participar en una absurda, costosa y perversa segunda vuelta. ¿Quién ganó, quién perdió? En apariencia ganó el candidato del uribismo. Y perdió el candidato presidente. Bueno, pero ganaron los dos, dirán las cifras de la Registraduría. Digo en apariencia porque miserables 29 y 25% de los dos primeros, son cifras francamente deplorables. Y lo son porque suman apenas el 54% del pírrico 40% de ciudadanos que salieron a votar. Una interpretación certera dice que los colombianos no quieren a Santos, ni a Zuluaga ni mucho menos a Clarita, ni a Enriquito ni a Marthica. Una verdadera lástima que no lo hayan dicho en las urnas con el argumento del voto en blanco. No solo perdieron los candidatos, sino que perdió Colombia. Pero el país ya había perdido desde antes, cuando se despejaron las cinco candidaturas, sencillamente porque NO HABÍA POR QUIÉN VOTAR. Uno de los dos candidatos va a ganar la presidencia pero Colombia de todas maneras pierde. Ya lo verán. Zuluaga es un buen tipo y es posible que sea un buen dirigente. Pero la sombra de Álvaro Uribe le pesa mucho. Y le pesa mucho porque el expresidente se equivocó de cabo a rabo con su actitud hostil en los medios, en las redes sociales. Uribe nunca comprendió la magnitud de haber sido presidente por ocho años y desperdició el capital político que acumuló durante esos años. Las cifras dicen que no hay en la historia de América una figura política como él, que se dio el lujo de tener índices de aceptación popular por encima de los 75 puntos en el momento de su salida. Porque nadie medianamente informado ignora que hubo muchas obras buenas en su gobierno. Pero tampoco es del caso negar que el abuso del poder, las chuzadas, los falsos positivos, su talante de capataz finquero, buscapleitos y camorrero, terminaron por crear entre la gente que lo aclamaba un sentimiento que oscila entre el descontento y el rechazo. Incluso la tía Empera, liberal verraca de las antiguas, y conocedora de la política como pocos en el país, y todo con un humilde radio transistor como fuente informativa, me dijo: “sobrino, usté sabe que yo adoraba al Uribe. Pero se puso fue a güevoniar (vieja indecente) en las tales redes a vaciar a tuel mundo en vez de dedicarse a rascarse las… (En este momento se perdió la comunicación) como hacen casi todos los expresidentes. Y mire lo que pasó: que casi todo el mundo habla mal de él y por su culpa al pobre Zorrito se lo va a comer la mermelada.” Santos ha dado suficientes muestras de su escasa habilidad para gobernar. Pero dispara en los medios cifras que no cree ni él mismo. Uno como ciudadano de a pie no entiende ni las cifras del DANE ni las cuentas alegres del ministro de hacienda, ni los cantos de sirena que aseguran que el país va bien, que hubo crecimiento, ni ninguna de esas tochadas en las que son expertos los economistas. Lo único que entendemos es que hay déficit en salud, en educación, en vivienda, las carreteras son trochas pero con peajes de autopista europea. En lo único que hay superávit es en las cuentas de 268 congresistas que por obra y gracia de Juan Manuel Santos empezaron a recibir ocho millones de pesos mensuales más, como pago para apoyar las iniciativas presidenciales; el presidente los compra porque de todas las reformas que emprendió, la única que le aprobaron fue la tributaria a pupitrazo aleve cuando ya los HP (honorables parlamentarios) estaban de afán por salir  disfrutar de sus “merecidas” vacaciones fuera del país. Sin embargo, fue una reforma macheteada que no entienden ni los tributaristas más avezados. Y qué decir de las campañas. Nunca como en esta se había visto tanta podredumbre. No solo porque parece una reyerta de verduleras sino que sus mensajes publicitarios carecen de sentido y no aparece en ellos ni una pizca de creatividad. Son mensajes chambones, ordinarios, sin coherencia, sin ideas. Santos y Zuluaga vetaron a la inteligencia porque no aparece por ninguna parte. Para ellos el argumento es la grosería y el insulto bajo y ruin. De veras da miedo saber que uno de los dos nos va a gobernar durante los próximos cuatro años. Y nos falta espacio para hablar de las alianzas desesperadas y de los apoyos macabros sedientos de mermelada y puestos. El caso es que Colombia debe decidir entre Zuluaga y Santos. Porque ya ni el voto en blanco sirve de nada. Y uno se pregunta: ¿quién es el autor del bodrio legal que dice que la tercera opción del tarjetón es el voto en banco pero que este no tiene efecto? Así es Colombia. Y nadie dice nada. Ya ni siquiera existe el consuelo de votar por el menos malo, como decían en los tiempos de Samper y Pastrana. Los colombianos estamos condenados a cuatro nefastos años de Santos, con un gobierno pegado con babas por una improbable y etérea firma de la paz, o a cuatro años de Zuluaga con la influencia quizás funesta de un Uribe poderoso en el Congreso y con toda la carga de un odio visceral contra todos los que no piensan como él. Como dijo el tío Anselmo: “toca escoger entre uno malo y otro pior”. Colofón: ¿Alguno de mis caros lectores había sospechado siquiera una alianza Santos – Petro? O ¿Uribe – Pastrana a través de Zuluaga – Ramírez? Huelen feo esas alianzas. Y causan repulsión las fotografías de los legisladores que apoyan la mermelada presidencial con un argumento bobalicón: que están apoyando no a un candidato sino a la paz… Lo bueno: la clase política colombiana mostró con absoluta nitidez  su rostro deforme y monstruoso de la corrupción y la lascivia económica. ¡Dios, estamos en tus manos, protégenos!    

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30

04

2014

gonzalo  guerrero

Encuestas de campaña; ¿usted entiende? Yo tampoco…

Por: elcides olaznog

¿Encuestas? Juro que nunca he entendido por qué las respuestas que dan unos seiscientos o setecientos gatos son determinantes para fijar una posición de 47 millones de colombianos… Que me perdone Libiecita, mi apreciada y linda estadística favorita y hasta la autorizo para que se burle en público de mi ignorancia supina, pero me niego a aceptar que, producto de dos o tres respuestas espontáneas de algunos ignaros desocupados, yo forme parte de esa masa informe de colombianos a quienes les gusta o les disgusta determinado producto, servicio, telenovela, candidato (a). Pero más allá de estas consideraciones, en el caso de que esas respuestas fueran importantes, no entiendo que haya personas inteligentes que quieran votar por Santos. Mi entendimiento no me alcanza para aceptar que existan ciudadanos de bien que después de ver el desastre en que Juan Manuel tiene convertida a Colombia, quieran su reelección. Para la muestra, unos botones: 1. El presidente aumentó por decreto un reajuste de salarios para 268 HP (Honorables Parlamentarios) de unos 8 millones mensuales, suma que se convierte en 2.144 millones cada mes o, lo que es igual, más de 25.000.000.000 millones de pesos anuales solo en un “pequeño” reajuste de sueldo para los sacrificados y filantrópicos fabricantes de leyes. Mientras tanto, muchos niños, ancianos, mujeres, mueren por hambre o por no tener cómo pagar una miserable ampolleta que les niegan en los hospitales por el delito execrable de ser pobres. Sin embargo, nadie le gana a Juan Manuel en el uso de la expresión justicia social. ¿Qué entenderá Juanma por justicia social? 2. El gobierno de JMS ha intentado varias reformas: política, sonoro fracaso porque los legisladores jamás van a legislar en su contra; salud, ni siquiera arrancó porque era un engendro diabólico para acabar de una vez por todas con la salud de los colombianos y para incrementar la ya infame pauperización de los médicos y su profesión; educación, otro sonoro fracaso que los propios estudiantes frenaron a tiempo porque era una feria no de micos sino de orangutanes diseñada por un grupo de “expertos” encabezados por la bonita señora ministra María Fernanda Campo, que sabe de todo menos de educación. Reforma tributaria que casi dos años después de promulgada a punta de chambones pupitrazos, no la entienden ni los más avezados tributaristas. De la reforma a la justicia ni habla el gobierno y menos en este momento porque el excelentísimo señor presidente no se puede “malquistar” con el descomunal poder de los jueces y magistrados. Conclusión: Juan Manuel no es más que un mal titular de prensa que quiere decir todo pero no dice – ni hace – nada. 3. “Señores: el tal paro nacional, ¡no existe!” Demostración palmaria de un mandatario que vive en su propia realidad muy lejos de la realidad de sus gobernados. Nunca, desde que tengo memoria, había visto un presidente tan divorciado de las necesidades de la gente. Claro, tampoco se habían visto tan contundentes demostraciones de inconformidad con un presidente y su mandato, solamente opacadas por los grandes medios a través de encuestas chimbas en las que se prohíbe publicar resultados negativos de quienes las pagan. 4. Proceso de paz. Se equivoca Santos y sus alzafuelles cuando dicen que hay colombianos que no quieren la paz. Todos la queremos incluso quienes nunca la hemos conocido. Pero lo que no es justo es ver cómo Juan Manuel utiliza el tema de la paz no como una seria política nacional sino como trampolín para buscar premios internacionales y para apoyar el débil andamio de su reelección, al precio que sea. ¿Mi apreciado lector puede calcular el costo económico de este proceso que, a juzgar por el prolongado tiempo y los escasos resultados, tiene todas las posibilidades de ser uno de los más grandes fracasos del gobierno Santos? En síntesis, no entiendo a la cacareada opinión pública. No entiendo a los jueces ni el flamante ordenamiento jurídico nacional que debería ser (palabra que empieza por mie y termina por dero) jurídico. El tema Petro no es más que una pálida muestra de que en Colombia la justicia, ¡no existe!, para utilizar una de las frases célebres de nuestro presidente.  No entiendo a la gente que sale a la Plaza de Bolívar a volverla un (léase la expresión del anterior paréntesis) todo por apoyar al sufrido burgomaestre. Me pregunto si en la masa informe de fanáticos de Petro hay pequeños propietarios de alcancías – que llaman con mucha pompa apartamentos – a quienes el fisco distrital les aumenta cada año y de la manera más perversa el impuesto por ser dueños de dichas alcancías. Todo para alimentar los abultados vientres de los contratistas, asesores, intermediarios, y toda laya de zánganos y moscardones que viven del presupuesto a costillas de los contribuyentes. Colombianos buenos, que somos la mayoría: nunca como ahora están dadas las condiciones para sentar un precedente histórico en contra de la clase política corrupta e indolente. Nunca como ahora tenemos la hermosa oportunidad de demostrar que los inteligentes somos mayoría. El triunfo del VOTO EN BLANCO, es cierto, cuesta otra elección pero sería la demostración contundente de que los colombianos somos capaces de olvidar nuestro meimporatunculismo crónico para empezar – ya – a ejercer nuestro derecho de fiscalizar y sancionar a los supuestos dueños del poder político y económico. Colofón: una estudiante muy curiosa me dijo: cómo estará de devaluada la política que ya ni siquiera el presidente se pone traje con corbata. Y yo agregué: el hábito no hace al monje pero sí da tristeza que las figuras públicas ni siquiera se preocupan por su imagen personal. Petro y Lucho Garzón, dos de los últimos alcaldes capitalinos, se visten como si se fueran a jugar tejo. Y me ripostó la estudiante: sin embargo, yo prefiero que se vistan con ropa de irse a jartar cerveza amarga y no que se pongan corbata para saquear el erario. La niña tiene toda la razón. ¿Qué opinan los señores Moreno Rojas y sus carnales Nule que usan tan finas corbatas? @elojodeaetos

 

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30

03

2014

gonzalo  guerrero

Reparación para las víctimas de Juan Manuel Santos

Por: elcides olaznog

Soy un ciudadano común y corriente, es decir, un pobre pendejo al que el Estado solo tiene en cuenta en época electoral y en la facturación de la administración de impuestos. ¿Por qué no votaré por Santos? Sencillo: no me siento representado por él ni por ninguno de sus áulicos, llámense ministros, secretarios, contratistas, asesores, periodistas chupamedias, ni en general por nadie que por conveniencia o por ignorancia piense que JMS es la salvación de Colombia, simplemente porque nuestro país no tiene remedio. O sí lo tiene, pero ese remedio está en el inmenso 70 por ciento de ciudadanos indiferentes e indolentes que viven en un país en llamas, pero se quedan en la comodidad de sus casas cuando deberían acudir a las urnas a manifestar su inconformidad por las acciones aberrantes de un Estado ladrón que tiene de todo menos JUSTICIA SOCIAL. Esa indiferencia del pueblo oprimido tiene un nombre cruel: meimportaunculismo crónico. No voto por Juan Manuel Santos porque es un personaje carente de sentido de la realidad nacional, de las necesidades de la gente, del sentir popular. No lo voto porque demostró que es un presidente que gobierna a punta de frases rimbombantes de titulares de prensa pero de realidad cero. El suyo es un gobierno derrochador que se sostiene con cifras mentirosas tipo DANE. A propósito de una noticia de ese tenor, le pregunté a mi primo magíster en economía: ¿qué es esa joda de ingreso per cápita? El experto me contestó: “es la relación entre el Producto Interno Bruto y la cantidad de habitantes de un país. Se divide el PIB entre todos los habitantes de un país y ese es el ingreso per cápita. Esa relación define el ingreso individual y la calidad de vida de dichos habitantes”. Le dije: ¿eso significa que yo gano y disfruto igual que la familia Santodomingo, o los Ardila Lulle? Me miró como se mira a un chigüiro moribundo del Casanare y se largó. Por fortuna estaba ahí mi viejo y procaz tío Anselmo que me consoló: “mijo, no pregunte esas güevonadas así que de pronto lo nombran secretario de almuerzos gratis en el Distrito Capital o de gerente del Santa Fe. Déjeme yo le explico con un ejemplo: si durante un semestre en Colombia, que tiene 45 millones de habitantes, se consumen 90 millones de kilos de pescado, eso significa que el consumo per cápita es de 2 kilos de pescado para ese período. ¿Me entendió?” Pensé: y si a mí no me gusta el pescado y a mi hermana tampoco, ¿cómo diablos hace el gobierno para cuadrar esas cuentas? Pero dije: o sea, “per cápita” es lo mismo que “cada uno”. Pero en ese momento salió en la pantalla del televisor el médico de Falcao García y mi comentario quedó en el aire. Claro, pensé; cómo va a ser más importante la economía del país que la lesión del gran Falcao. Me dio vergüenza con el instruido viejo Anselmo y entonces decidí no darle más evidencias de mi ignorancia supina. En fin. No voto por Juan Manuel porque me considero víctima de su gobierno en varios aspectos. Ejemplo: tengo un diminuto apartamento de clase 3 en un barrio popular de la capital, que tiene un problema: intenté venderlo para pagar los impuestos por el precio que me sale en la factura de la DIAN pero desistí porque, a juzgar por la cara que ponen los posibles compradores cuando les di la cifra, es posible que me gane una demanda por intento de estafa. Mejor solicito un préstamo en el banco para pagar el impuesto. Imposible que no me gane el baloto. ¡Santa Laura Montoya bendita, ayúdame! Tengo un pinche carro de unos 9  millones de pesos (hace 3 años pagué el doble) que no puedo utilizar porque para llegar a mi trabajo me gasto 2 horas y 3 galones de gasolina. Entonces prefiero utilizar el Transanimalenio para recibir masajes sexuales gratis y para ahorrar la gasolina aunque tenga que gastar una hora más en mi recorrido. Y ahora sí va a ser peor porque a don Rafapardo, flamante nuevo alcalde mayor, le dio por solucionar el problema de movilidad en Bogotá con la más facilista y bobalicona medida: pico y placa todo el día. ¡Muy inteligente el ministrico! De modo que el carro me va a servir para lo mismo que sirven las tetas de los hombres. ¡Ah, no!, pensándolo bien me va a servir para que la administración de impuestos no me olvide y me escriba como cada año para recordarme lo del impuesto. Carro para pagar garaje, impuesto, seguro obligatorio, seguro contra riesgos, mantenimiento, llantas, aceite, pintura, etc., pero no para desplazarme, qué negociazo. Lo voy a vender pero antes le  tomo una foto, la amplío y con ella decoro el garaje. De paso recuerdo la época linda en que el gobierno me clasificaba en estrato 3. El sueldo. Me consignan unos cuantos pesos pero cuando voy a retirarlos ya no son los mismos porque el banco me ha descontado 4 por mil, manejo de tarjeta y un sinfín de impuestos que no entiendo porque de comercio y banca tampoco sé un carajo. Pero me consuela saber que de la riqueza nacional disfruto per cápita, es decir, igual que don Luis Carlos Sarmiento Angulo que es quien me cobra por utilizar a su favor los centavos que me consignan. No hay remedio. Somos 44,5 millones de colombianos que nos distribuimos per cápita las pérdidas de los miles y miles de millones en robos oficiales, contratos nulemorenescos, las “inversiones” multimillonarias como las dichosas cumbre de las Américas, el aumento por decreto presidencial de 8 millones mensuales para casi 300 zánganos que “trabajan” en dos inútiles cámaras legislativas, etc. Las ganancias para los ricos, las pérdidas repartidas equitativamente entre los pendejos que nos partimos el c., perdón, el alma trabajando mientras el gobierno reparte mermelada a manos llenas con tal de lograr la reelección. La reparación a las víctimas a que alude el título de este artículo es fácil de cobrar y no se necesitan comisiones de alto nivel. Solo se requiere un poquito de conciencia política y acudir a las urnas y VOTAR EN BLANCO para demostrarle al candidato presidente que Colombia no lo quiere – ni a él ni a nadie – y que este es un gobierno equivocado, malo, derrochador, chambón, cruel y despiadado con la clase trabajadora: campesinos, transportadores, profesores, estudiantes, pensionados, que ven con angustia que con Santos esto cambiará pero para empeorar. Todos podemos cobrar reparación pero nos da pereza. Colofón: Colombia es un país en constante festival de corrupción, en el que se confunde la sangre inocente de campesinos y soldados con la mermelada de un presidente candidato. Un presidente que aparece en  las cámaras de televisión como aprendiz frustrado de ciclista, jugador de golosa, etc., pero que no aparece, por ejemplo, en tragedias nacionales como la mortandad de flora y fauna en Casanare… un presidente candidato insensible que es fruto de una campaña de marketing político pero que no tiene ni la menor idea de los que significa justicia social. Pero, ¡que viva el Mundial Brasil 2014, que viva Falcao García!

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28

02

2014

gonzalo  guerrero

Colombia masoquista, a ti te hablo…

Por: elcides olaznog

Podrían llenarse páginas y páginas con titulares como los que se exponen a continuación. Noticias de este tenor es lo que hay, para desgracia de Colombia, todos los días. Usted, amable lector, decide si estas reflexiones son pesimistas o son, simplemente, la cruda realidad: “Santos por decreto les aumenta el sueldo en casi 8 millones mensuales a los 268 congresistas”; “Partidos avalan a 244 candidatos que le deben al Estado”; “el tal paro nacional, ¡no existe!”; “presidente de la Cámara de Representantes firma ley sin leerla”; “ministra de educación firma proyecto de reforma a la educación sin leerla”; “Cambio Radical, el partido político con el mayor número de congresistas condenados por parapolítica”; “ochenta herederos de la parapolítica son candidatos al congreso”; “ministro de defensa dice que ‘seguiremos trabajando por la paz de Colombia”; “nuevamente se aplaza audiencia de imputación de cargos a Samuel Moreno”; “once congresistas con récord de ausentismo quieren repetir curul”; “escándalo por apoyo a compra de votos en el Movimiento MIRA”; “Emilio Tapia, del carrusel de la contratación, habría escondido 4.000 millones de pesos”, etcétera. Leídos los titulares del ejemplo, que sirven para dar una pálida imagen de la realidad política colombiana, cabe la pregunta: ¿es decente votar por los mismos de siempre? Los colombianos se aprestan a cumplir una nueva cita con la “democracia”. El próximo 9 de marzo se elegirán 268 congresistas que estarán encargados de legislar para “una Colombia mejor”. Además se elegirán 5 representantes de Colombia en el Parlamento Andino, un organismo regional que tampoco sirve para un carajo. Las esperanzas de los colombianos en una verdadera Colombia mejor, cada vez se ven más difusas. Una década atrás se pensaba que el Polo Democrático podría ser una alternativa de cambio, pero la realidad dice que los polistas en solo unos años aprendieron de sus hermanos mayores (partidos Liberal y Conservador) todos los tejemanejes de más de dos siglos de corrupción, desidia y desgreño administrativo. Por esa razón y por dos administraciones distritales funestas, las de Beodín Garzón y del nieto de “Gurropín”, Bogotá, la flamante capital de Colombia, está hecha una mierda en la que no cabe un problema más. O no, don Gustavo… Otro análisis merece el MIRA. Un movimiento que sin tanto ruido estaba ganando un espacio en la política nacional; todo parecía indicar que eran pequeños como organización pero con buenas ejecutorias en congreso y concejo. Sin embargo, a raíz del escándalo de la pastora de marras, la gente se encontró de manos a boca con un inusitado e inmenso poder económico tras bambalinas, de sus principales figuras encabezadas por la senadora Alexandra, el senador Baena, la furibunda Gloria Stella Díaz y, por supuesto, por la gurú de la religión moderna, doña María Luisa. Ellos, con toda y su falsa espiritualidad, (ahora se sabe) eran alternativa respetable para el voto popular. Pero ya Colombia les conoció el cobre. Que entre el diablo y escoja. Otro punto: las campañas publicitarias dan tristeza. Por ningún lado se ven la imaginación ni mucho menos el talento de décadas atrás. Solo basta con ver algunos “lemas” y fotografías para concluir que los candidatos no son más que caricaturas de sí mismos. Como dice el tío Anselmo, viejo conocedor de las engañifas electorales, los mensajes son un monumento a la ordinariez y a la chabacanería. El viejo, antiguo militante del Partido Liberal desde los tiempos de Eduardo Santos (tío abuelo del actual mandatario pero ese sí brillante estadista) y de Gaitán, me cuenta que ha estado llorando a moco tendido desde que vio la propaganda del Partido en el que se ve a un decaído Horacio Serpa, con los últimos soplos de su vitalidad repitiendo su trillada palabra “mamoooola”, que hace unos 12 años le funcionó pero que hoy causa el efecto contrario. Pobre Serpa, pobre Partido Liberal, dirigido, además, por el hijo de César y Ana Milena, un pelao que no solo no sabe leer sino que no sabe dónde está parado. Y qué decir de la chambona publicidad de don Roy Barreras, flamante expresidente del “honorable” Senado de la República: “Vote si le da la gana”. Y el tipo dizque es ¡médico, nada menos! Lo dicho: las cosas se parecen a su dueño. En fin. No hay de dónde escoger. Del enorme montón de avivatos que aspiran a Senado y Cámara no se hace un caldo. Además porque cada uno va por lo suyo. Da tristeza decirlo pero nuestro congreso y en general las instituciones de su tipo como concejos, asambleas, son lo que llama la justicia “grupos delincuenciales” en “concierto para delinquir”. Lo pongo entre comillas porque ellos, como legisladores, gozan de inmunidad que consiste en que solo los puede juzgar la Corte Suprema de Justicia. Pero, para desgracia de los colombianos, el maridaje entre poderes, tal como se ventila en los medios, muy rara vez conduce a la condena de estos privilegiados. Urge entonces una profunda reforma política que nunca, léase bien, NUNCA, va a salir de la clase política tradicional. Esa reforma tiene que ser de iniciativa popular pero no a la manera de la tal “democracia participativa”, que no es más que una paparrucha en la que ya no cree nadie. La solución es el voto en blanco para poner en la picota pública a tanto ladrón de cuello blanco y para impulsar desde abajo una reforma constitucional, como primer paso para una profunda reforma política que les ponga coto a los manilargos del tesoro público. Para decirle al mundo que los colombianos, con la caca al cuello, no queremos más delincuentes en los altos cargos. La oportunidad es ahora y está servida en bandeja de plata: Colombia masoquista, a ti te hablo… Colofón: Nunca como ahora están dadas las condiciones para cambiar la historia de Colombia. La gente y en especial la juventud, está hastiada de tanta maldita corrupción y desgreño administrativo. Estamos mamaos de que Santos hable de país justo sin saber qué diablos significa justicia. ¿O es justo, señor Santos, que usted dilapide 25 mil millones de pesos anuales en un aumento de sueldo a los 268 congresistas y en cambio a la clase obrera se le aumenten miserables 20 mil pesos a ellos sí por trabajar? Oí a un extranjero de visita por Bogotá que decía que ese acto de gobierno era lo más execrable que había visto en toda su vida. Y, ojo, viene de un país más corrupto que el nuestro. Después les digo cuál…

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01

2014

gonzalo  guerrero

Colombia, país de rábulas y leguleyos

Por: elcides olaznog

Ya no somos únicamente un país de cafres; también los somos de rabulerías y leguleyadas. Es lo que se lee con el ya cansón pleito entre el acalde Petro y el procurador Ordóñez, ambos personajes ejemplos de intolerancia y dañina autocracia.  Los que no somos tan inteligentes como los señores jueces y magistrados, y que escasamente sabemos firmar, tampoco entendemos cómo una ley o norma puede ser interpretada de una manera tan personal y que esa interpretación sea importante o no, de acuerdo con la jerarquía  de quien la realiza. La ley es una sola, dicen los especialistas. Lo que varía es la interpretación. Pero también, y me perdonan los amigos abogados, la lógica formal es una sola. Tengo entendido que nuestro derecho se basa en el derecho romano y este se nutre de la lógica de Aristóteles. Por esa razón no se entiende cómo un abogado o magistrado interpreta de una manera y otro de otra. Me explico: está bien que una norma escrita, como todo mensaje, tenga lo que los expertos llaman matices. Pero que una interpretación jurídica sea diametralmente opuesta a otra significa que es verdad lo que se dice repetidamente en los medios: muchos de los fallos de la mala justicia en nuestro país están impregnados no de política, que como ciencia es de las más complejas y apasionantes, sino de politiquería. Pero, ¿qué es politiquería? Es el mal uso de la política, es decir, utilizarla para bien propio y de terceros en detrimento de los demás. Es la personificación del fraude, del mico jurídico y del prevaricato; es el reino de la concupiscencia y de la lujuria económica. En ese maremágnum están ahogados el doctor Noel Petro y su santidad Alejandro Ordóñez. El primero se acoge a una amnistía (lo cual es prueba de que algo debía) pero olvida que reinsertarse a la vida civil implica acatar la ley. Y el ilustre burgomaestre cienagaorense se pasó la ley por la faja, con el achaque de frenar un cartel de la contratación y favorecer a los pobres. Pero, me pregunto: ¿no trajo Petro otro cartel muy similar al que sacó a golpes de autocracia? ¿Hay  cifras reales que prueben que los bogotanos hemos ahorrado plata con la gestión de don Gustavo? Es posible que se hayan ahorrado unos cuantos pesos pero, por otro lado, la defensa del puesto del alcalde y los desafueros de sus alzafuelles en el centro de Bogotá y en la Plaza de Bolívar  nos están costando un ojo de la cara. Por otro lado, a su santidad Ordóñez se le fue la mano en la sanción por 15 años. Petro puede ser lo que quieran pero no le han demostrado robo al erario distrital, ni estatal cuando fue parlamentario. Su problema es que se cree el ombligo del universo y que sin él el mundo no funciona. Es megalómano y autoritario. Que lo destituyan del cargo por la “gravedad de sus errores” puede parecer hasta normal en un país de locos, pero el odio visceral de su santidad por las “ideas de izquierda” y por las personas que no oran de rodillas lo obligaron a interpretar la ley de una manera demasiado draconiana. Es evidente el miedo que Petro despierta en la vieja casta política nacional. El problema es que la gente que hoy detesta al sempiterno y mohoso bipartidismo se ilusiona con los partidos no tradicionales pero en el fondo lo que se cambia es de verdugo. O ¿no, Luchito, Samuelito, Clarita? Yo, en medio de mi magnífica ignorancia, pienso que con tanta grieta jurídica por donde puede salir Petro, lo inteligente sería dejarlo en el cargo no porque sea un buen alcalde sino porque su defensa nos está saliendo muy cara. Y porque Bogotá, ad portas del gran triunfo del voto en blanco, está más descuadernada que en los tiempos de Samuelito. De todos modos, que se quede o que se vaya Petro no es ni triunfo ni derrota suya o de su santidad Ordóñez; es la derrota de todos los bogotanos que sufrimos el desgobierno y padecemos el desorden. Y pagamos los platos rotos del cataclismo en que convirtieron a Bogotá. Lo triste del pugilato  Petro y Ordóñez es que se está “prostituyendo” la tutela. Ese mecanismo jurídico que es la única bondad popular de la Constitución del 91 y de la cual, por el desespero de Petro y sus seguidores, se está abusando excesivamente. Es muy probable que por esta razón se empiece a cocinar una reforma a la justicia para modificar ese recurso. Pobrecitos los pobres.  Colofón: Lo único bueno de la pelea entre el alcalde y el procurador es que ha puesto en evidencia la infinita pobreza conceptual jurídica de algunos jueces y magistrados. Uno se pregunta cuál es el mérito para estar en esa privilegiada posición. Bogotá, en otras épocas ciudad de intelectuales, se convirtió en el magno escenario de la leguleyada y de la rabulería. ¡Válgame Dios!  

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31

12

2013

gonzalo  guerrero

Las caras visibles del 2013…

Por: elcides olaznog

Puede ser pesimismo o realismo. Usted, amigo lector, decide… Muere el 2013 sin pena y sin gloria. Y sin esperanzas para la inmensa mayoría de colombianos que ven cómo su calidad de vida se deteriora cada vez más. Las escasas satisfacciones corrieron por cuenta, como siempre, de un puñado de deportistas como Nairo Quintana con su participación de estruendo en el ciclismo de elite en Europa y de la morenaza Catherine Ibargüen en la cima del atletismo mundial. Sin embargo, fue la clasificación de Colombia al mundial de Brasil 2014 lo que más marcó las alegrías del pueblo colombiano que ve en el fútbol su única fuente de felicidad. En cambio en la política todo fue nefasto. Los grandes titulares de los medios registraron la “triunfal” gira de Juan Manuel Santos por EE UU a principios de diciembre pero lo que la gente no sabe es que esos “noticionones” tienen su origen en una multimillonaria campaña de medios para subir en las encuestas de cara a las elecciones de marzo próximo. A Estados Unidos no le interesa la vida de un paisito de Suramérica más allá de los negocios en los que puede sacar generosas tajadas. Pero el periódico de marras dijo que Santos había logrado importante respaldo de tres grandes del mundo: Banco Interamericano de Desarrollo, Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional. Cuando el viejo tío Anselmo leyó los titulares dijo: “BID, BM y FMI son la manera más fácil de explicar el caso de los peces gordos que se tragan a los chiquitos”. Cuando le dije que por favor me explicara eso, el viejo zorro me dijo medio enverracado: “¿cuándo ha visto usted, que es estudiado, que esos jijos hagan negocios en los que corren el mínimo riesgo de perder? En política exterior también se consolidó el fallo de la CIJ de la Haya en el despojo de una gran porción de mar territorial, porque el gobierno de Santos y de la divina María Ángela no hizo sino alharaca pero de aquellito nada. Y pasó lo que tenía que pasar: el pueblo colombiano se narcotizó con la Selección de Pékerman y se le olvidó el atraco nicaragüense con la complicidad de una Corte que tiene mucho de internacional pero casi nada de justicia. En política interna lo más destacado fue (es) el proceso de destitución del alcalde Petro, por dos vías: una por medio de la firmatón para revocarle el mandato por las buenas y otra la pelea con su santidad Alejandro Ordóñez que lo quiere sacar a la brava. Las opiniones están divididas porque el burgomaestre cordobés despierta odios y amores sin términos medios. Por un lado, la fuerte casta política a la que le duele que un hombre emergido de los entresijos de la subversión le arrebate el inmenso poder que entraña ser alcalde de Bogotá y que tiene injerencia directa con cerca del 70% del capital que se mueve en Colombia; y, por otra parte, una masa de seguidores que sin mayor análisis de la “cosa” política lo adoran como si fuera la redención de decenios y decenios de malas administraciones distritales. En cuanto a política nacional, se destaca el generoso obsequio del presidente Santos a cada uno de los 268 congresistas por la suma de  7’898.445 pesos mensuales, una bicoca de miserables 2.116´783.260 (dos mil ciento dieciséis millones, setecientos ochenta y tres mil doscientos sesenta pesos MENSUALES, multiplicados por 12 meses que da una cifra astronómica de 25.401´399.120 (veinticinco mil cuatrocientos un mil millones trescientos noventa y nueve mil ciento veinte pesos anuales). Una verdadera simpleza, como se puede ver, todo para que le aprueben unas reformas, como la de la salud, absolutamente antidemocráticas y leoninas. Pero aun con el desorbitante pago por adelantado, nada le garantiza que logre sus propósitos porque el apetito de los congresistas es mucho más grande de lo que se alcanza uno a imaginar. ¿Y quién paga? Premio para el que responda esta pregunta… Bueno, pero no todo es malo. Porque el gobierno de Juan Manuel acaba de decretar el “más alto aumento del salario mínimo de los últimos años” porque él es el presidente de un “país más justo”. ¿Qué entenderá nuestro mandatario por justo? El otro hecho fue la celebración por todo lo alto de los primeros doce meses de conversaciones en la Habana. Ningún otro presidente, léase bien, ningún otro presidente, ni siquiera el gran Andrés, había logrado conversar con las FARC durante más de un año. Pero los colombianos, y en especial los malditos uribistas de la oposición son unos desagradecidos que no le reconocen al presidente Santos este magno triunfo de la democracia ni tampoco los ignorantes noruegos del Comité Nobel que se hacen los pendejos y no le dan el ansiado premio. Recuerdo que el 2012 finalizó con la esperanza de que doña Clemencia le hiciera ver a su marido lo mal presidente que es y que por amor lo hiciera desistir del magno despropósito de la reelección. Pero no. A ella también le gusta el poder y ser primera dama es un privilegio por el que bien vale la pena sacrificarse. De modo que los colombianos debemos resignarnos a la negra suerte de seguir gobernados por un señor que no tiene ni la menor idea de lo que vale el dinero y juega con él como si fuera un juego de monopolio. Y que le parece justa el hambre que aguantan más de las dos terceras parte de colombianos que tienen  que gozarse la vida con $616.000 pesos mensuales.   Nos queda una esperanza: la sanción política y moral que da el voto en blanco. Por fortuna, revisa uno las redes sociales y el movimiento toma fuerza. Y entre este momento y las elecciones va a dejar de ser una tendencia para convertirse en una fuerza incontenible. La esperanza es que cada vez sean menos los ignorantes que creen que reelegir a Santos es la solución. Esto es un asunto de dignidad humana. No se puede votar por una clase política que cada día está más podrida. La resignación (masoquismo) no puede ser un mal que dure más de doscientos cincuenta años. Urge despertar de ese largo letargo social y político que nos tiene aguantando hambre pero felices con los goles de penalti de Falcao García… Colofón: ¿Cómo se puede vivir en un país tan anormal? Y, ¿qué esperanza tendrán los colombianos en este país tan injusto e inseguro? Dios mío, ayúdanos a soportar tantas injusticias de esta clase política. La única esperanza es el voto en blanco. ¡Votemos masivamente en blanco; no hay más!                  

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12

2013

gonzalo  guerrero

Ocho años de Santos. Pa´ qué más…

Por: elcides olaznog

Me muevo en ambientes académicos e intelectuales, lo cual no significa que yo sea lo uno o lo otro. Pero lo digo para explicar la gran extrañeza que ronda entre personas pensantes y preocupadas por el futuro de Colombia: de tantos profesores universitarios y de decenas de cientos de estudiantes con los que he hablado de ese tema, con una exigua y peregrina excepción, nadie, en absoluto, aprueba al gobierno Santos y mucho menos su cacareada reelección.

 Y tienen toda la razón; claro, un presidente al que se le cae la reforma a la educación, que no fue capaz con la reforma a la justicia, que ni siquiera ha intentado una reforma política, que no le anda la reforma a la salud, que su reforma tributaria es una grosería que no entiende ni el ministro respectivo, y además aprobada de afán porque los legisladores estaban listos para irse ¡de vacaciones!, es un presidente malo al que lo único que le funcionan son las encuestas.  En su corto discurso de relanzamiento, al presidente Santos no le alcanzó el tiempo para hablar del paro agrario, del paro camionero de la bomba de tiempo que es la región del Catatumbo, y más bien se dedicó a hablar pendejadas sin sustento real; habló de un país de cucaña, con ríos de miel y leche, que no existe; dizque dos millones de empleos, reducción de la pobreza, y otras bobadas dignas del bobo de Sábados Felices. A decir cosas que a un gentleman presidente le quedan muy mal porque el pueblo lo conoce. Por eso es difícil aceptar que las dichosas encuestas las hacen con gente del común. “No me crean tan pendejo”, afirmó el tío Anselmo cuando le leí la última encuesta de Datexco. De cuál infraestructura vial hablará don Juan Manuel, si por donde uno viaja, por donde viaja la gente y que se registra en los noticieros de televisión, son trochas propias de un país atrasado y corrupto que tiene mucha riqueza pero una muy perversa clase dirigente. ¿Prosperidad? De la única prosperidad que puede hablar don Juanma es la de los 267 congresistas que se ganaron por decreto presidencial un raquítico aumento de sueldo de 8 millones mensuales. Claro, de eso también se olvidó en su discurso de relanzamiento. Tampoco recordó el presidente hablar del problema cada vez más crítico con Nicaragua, un paisito corrupto y debilucho que, sin embargo, tiene en jaque a Colombia por cuenta de la desidia de altos funcionarios de la cancillería a quienes les importa más la nómina de corbatas derrochadoras e improductivas alrededor del mundo que la soberanía nacional. Y la comunidad internacional burla burlándose de nosotros por cuenta del infantilismo de las reacciones oficiales. Parecemos párvulos con declaraciones como “Nicaragua descubrió que el agua moja”. Damos a entender que necesitamos un fallo de la Corte Internacional de Justicia pero cuando lo proclaman lo desconocemos y lo consideramos inaplicable. ¡Vergüenza internacional! Quién, al analizar este caso de Nicaragua no lo asocia con el funesto episodio de Panamá a principios del siglo XX. Colombia era gobernado por José Manuel Marroquín, un personaje más preocupado en la elaboración de sus diccionarios que en los problemas de un país caótico y guerrerista al que, sin embargo, se le abrió la tarasca cuando le mostraron 25 millones de dólares de la época por cerrar la j… ante  el despojo de un territorio vital para el desarrollo de Colombia  y América Latina pero que terminó cediendo ante el poder de Estados Unidos que aprovechó el meimportaunculismo de Colombia para hacerse a los derechos del canal por cien añitos. ¿No estará pasando lo mismo con la riqueza marina del área en conflicto, en el que además debe haber mucho petróleo? Y el gobierno de Juanma y de Mariangelita, ¿qué? La reelección de Juan Manuel Santos se está cocinando con la leña del proceso de paz. Si se le da, bienvenida. Todos los colombianos no solo la deseamos sino que la merecemos. Y se equivoca don Juan Manuel cuando dice que hay colombianos enemigos de la paz. Lo que hay son uribistas enemigos suyos que le quieren cobrar su inocultable traición al hombre de los votos. Pero que quede claro, presidente: no hay ni un solo colombiano que no quiera la paz. El presidente demanda del pueblo apoyo para la paz pero él no apoya al pueblo. ¿Una prueba? El infame aumento del ingreso para los 267 personajes que solo le hacen daño a Colombia desde el “sagrado” recinto del Congreso de la República. Otra “cosita”, que debería saber don presidente: no es cierto que él sea imprescindible y que sea absolutamente necesario reelegirlo para “terminar la tarea”, porque si Colombia elige a otro, ese otro TIENE LA OBLIGACIÓN CONSTITUCIONAL Y POLÍTICA de seguir avanzando en el proceso de paz. Ese otro, que no se sabe quién pueda ser, debe continuar pero cambiando la estrategia: en vez de mesa de conversaciones debe implantar una mesa de NEGOCIACIÓN. Las FARC no van a ceder todo lo que han ganado en cincuenta años de conflicto ni el Estado va a derrotarlas. De modo que hay que negociar, lo cual significa ceder en muchos puntos aunque ni al Ubérrimo ni a mi primo Pachito les guste la idea. El presidente Santos, pues, cada vez que abre la boca la embarra. La embarra para los millones de colombianos que NO participan en las encuestas. Y acierta para los 500 o 600 gatos que, se supone, las contestan. Y esos escasos gatos ponen a la clase dirigente a protagonizar reyertas de verduleras. Juan Manuel Galán contra Simón Gaviria. La U contra Cambio Radical. Polo Democrático alternativo contra Progresistas.  Horacio Serpa contra la decencia, Uribe contra medio mundo. El procurador, contra la indecencia de hacer política desde la Casa de Nariño. Todos ellos en pos del poder. En fin. Pero aun así lo que refresca el alma es que nunca como ahora, con las redes sociales tan activas, se nota la manifiesta animadversión por un mandatario impopular al que, repito, lo único que le funcionan son las encuestas. Ahora, lo deprimente: no hay un personaje capaz de ganarle la elección a Santos. Y menos con el inmenso poder de la maquinaria y el tesoro público a su favor. No es una visión pesimista; es una visión real. Los colombianos no tenemos esperanzas. La clase política nacional, la plutocracia industrial, comercial, los jueces, las instituciones, algunos medios de comunicación con sus omnipotentes periodistas alineados con el poder, están acabando con nuestra nación. La brecha entre la opulencia y la miseria es cada vez más evidente e imposible de superar. Triste pero cierto. Colofón. Insisto: una acción desafiante y abiertamente provocadora, como el aumento de las mesadas en casi 8 millones para los 267 congresistas, sin una explicación sensata, sin una justificación real, es una acción que dice claramente qué va a ser de los colombianos en el próximo futuro. Son aproximadamente 2.100.000.000 (DOS MIL CIEN MILLONES DE PESOS ¡MENSUALES!) Este gobierno, manirroto como el que más, va a hacer lo que sea por lograr sus propósitos. ¡Pobres colombianos!  

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