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Archivo de Categoría ‘General’

31

05

2015

gonzalo  guerrero

Colombia, mi Patria querida, cómo nos dueles…

Por: elcides olaznog

  ”Diputada de Antioquia procesada por estafa hace parte de la Comisión de Ética de la Asamblea”. “Por decreto presidencial salarios de congresistas volvieron a subir”. “Instituto Nacional de Salud reporta muerte de niños por hambre”. “Estos son los veintiún excongresistas que no quieren renunciar a sus megapensiones”.

Estos cuatro titulares de prensa, elegidos al azar entre MUCHOS SIMILARES, sintetizan en gran medida la situación de nuestro país.  Lo digo y no me canso de decirlo. Tanto que ya la tía de marras me anunció que no vuelve a leerme. Y con razón, digo yo, porque me volví repetitivo. Pero el viejo Anselmo saltó en mi defensa y dijo que el repetitivo es el cáncer que corroe a nuestra sociedad. Gracias, tío. Esto es lo real, lo verdadero. Por esas y otras razones es muy difícil darle a la situación de Colombia una mirada medianamente optimista. Veamos estas perlas: El tal proceso de paz, uno de los más costosos y rimbombantes de la historia violenta del país, no tiene sino sombras y ni una lucecita. Claro, los optimistas titulares de prensa de ciertos medios afectos al gobierno dicen lo contrario, pero la verdad está ahí, sin discusión; en más de dos años y medio, no hay un hecho contundente que sugiera la más mínima esperanza. ¿Por qué? Muy sencillo. Las FARC llevan décadas con un solo norte y con un solo propósito. En eso, sin duda, son coherentes. Ellos no cambian de directores ni de política mientras que el Estado cambia cada cuatro años de gobernantes. Bueno, de gobernantes no tanto porque en cada debate “elegimos” a las mismas lacras de siempre y la renovación es mínima. Lo que cambian son los intereses de esos representantes de la democracia, como presidente, congresistas, diputados, concejales, alcaldes. Si no me creen, revisen en youtube el discurso de Juan Manuel Santos hace seis años cuando estaba en campaña, o revisen las babosadas, perdón, las declaraciones de dos de los más conspicuos representantes de nuestra democracia, don Armandito Benedetti y su carnal Roycito Barreras, primero cuando eran uribistas y luego en su condición de santistas. Todo depende la mermelada con que se vea. Otro ejemplo. Déjenme referirme a un caso de inequidad tremenda: en enero del año pasado, 2014, todos los medios, especialmente los que sabemos, difundieron imágenes a todo color del presidente Santos visitando al magnífico “Tigre” Falcao en su lecho de convaleciente en una conocida ciudad europea. Pero cuando Edward Ávila, un humilde cabo del Ejército perdió sus dos piernas por una mina antipersonal, no se supo que el primer mandatario haya ido a visitarlo. Debió ser porque una visita a un mísero soldado no genera alza en las encuestas de favorabilidad. O porque los medios consideran que visitar a un sujeto anónimo, a un pobre desgraciado, no es noticia. Así se manejan las “cosas” en Locombia. Y después critican al escritor Fernando Vallejo porque les canta la verdad en la cara. Si en el país llueve, en Bogotá no escampa. Los violentos se tomaron la capital en el transporte público, en las calles, en los colegios, en los parques. Y no hay quién defienda a los ciudadanos que contribuyen con elevados impuestos, tan elevados que un extranjero desprevenido podría suponer que estamos en una ciudad tan civilizada y segura como Viena, Berna, Vancouver o Copenhague. En Bogotá los agentes de policía solo se ven en las horas en que hay pico y placa, pues pareciera que su función principal no es la protección de los ciudadanos sino “pillar” conductores infringiendo la impopular e inequitativa medida. En fin; son muchos los comprobados casos que servirían para demostrar por qué Colombia es un caos sin una mínima luz al final del túnel. Pero ya se vienen las elecciones de alcaldes, gobernadores, concejales, diputados. Y ya los partidos tradicionales y los no tradicionales están mostrando los dientes. Están en trance de hacer lo que sea para acaparar poder en las corporaciones públicas. Se vienen las alianzas, las repartijas de ponqué y mermelada. Pero el elector común, limpio, honesto y, por tanto, alérgico a la mermelada, mira para lado y lado y no encuentra UN SOLO candidato capaz de regalar una miserable esperanza de cambio. Ni el hambre ni el delito tienen color político, eso se sabe. Pero a las ambiciones sí las pintan con el verde de Peñaloza, con el amarillo de Clarita, el rojo de Rafaelito, el arco iris de Pachito… Y el miserable 30 o 35 por ciento de electores, como siempre, van a elegir a uno de ellos, para desgracia de Bogotá. Ya hasta cansan las campañas de moralización con el voto en blanco como estandarte. Porque los cacaos de la política le hacen mala prensa a esa manifestación auténtica y democrática. Y la gente repite como muñeco de ventrílocuo que el voto en blanco no sirve porque esos votos se los suman al ganador de las elecciones. Y mientras los potenciales electores sigan pensando así, los gamonales de siempre tienen  el terreno abonado para seguir haciendo de las suyas. ¡Viva Locombia, viva la Capital de la Repú…blica! Colofón: en todas mis conversaciones en tiendas de barrio, supermercados, campos de tejo, reuniones de intelectuales, en el transporte público, en los aeropuertos, no he visto un solo colombiano del común que hable bien del gobierno de Juan Manuel Santos. Por ahí encuentra uno un par de gatos defensores del populismo trasnochado de Petro, pero no más. Por desgracia, esa parte del electorado que no come entero es la que no vota. Entonces la única esperanza del pueblo oprimido, oh vergüenza, es que la Selección de Pekerman y del Tigre Falcao gane la Copa América de Chile. ¡Ay, hombe, güepa je!  

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26

03

2015

gonzalo  guerrero

El robo es legal

Por: elcides olaznog

No es Petro, es su administración. No es la administración, es la clase política…

 Es, a todas luces, perverso lo que hace la administración distrital en materia de impuesto predial. Envía unas facturas con 50, 60 o 70 por ciento de incremento en el avalúo y, en consecuencia, en el precio del impuesto y a otros, la mayoría, con incrementos del 10 por ciento en adelante.  ¿Qué se logra con esto? Que ciudadanos a los que “apenas” les sube el 10 o 15 por ciento se apresuren a pagar sin protestar como un alivio porque a ellos no les subieron tanto. Es lo que podríamos llamar la estrategia “titular de prensa” que se utiliza para medirle el pulso a la opinión e ir preparándola para el raponazo, es decir, para el desembolso de impuestos o alzas en los precios. Me explico: el mandatario manda poner un titular de prensa con la información de cobrar un impuesto “por beneficio general” de, digamos, 300 mil pesos. La gente se indigna y protesta. Pero a la hora de la verdad “únicamente” le cobran 180 mil. Ah, bueno. El incauto ciudadano cree que le están rebajando 120 mil y paga antes de que el mandatario se arrepienta. Perverso, ¿no? Es inverosímil, absurdo, que un pobre pendejo al que le reajustan el sueldo a los sumo 4 por ciento, el impuesto le suba 10, 15, 20 por ciento. Es irracional y tremendamente injusto que un predio que se utiliza para vivir, no para comerciar, sea revaluado cada año no por una tabla decente y producto de un juicioso análisis  sino por lo que le da la gana al mandatario de turno. Todo con la excusa de que “el avalúo está por debajo del precio comercial”. A Petro se le negó hace unos meses un impuesto (lo llamaban alegremente “contribución por beneficio general”) y él se las ingenió para meterle la mano a los contribuyentes con esta alza abusiva de los avalúos y los impuestos. Los medios no importan. Importa el fin. Hay que combinar todas las formas de lucha. Pero lo que indigna más es que salgan a los medios de incomunicación sujetos oscuros como el director de Catastro, un  tipo de apellido Marulanda a decir – con la jeta llena, como dice la tía Empera – que los avalúos están por debajo del precio comercial. Pues claro, Doctor Marulanda. Porque la inmensa mayoría de predios, como ya se dijo, son para vivir, no para comerciar. Lo reto, ilustre y preclaro funcionario, a seleccionar al azar 100 predios de estratos 3, 2 y 1 para que vea usted que son propiedad de familias que los tienen hace 40 o más años como una salvaguarda para evitar ser víctimas de los arrendadores abusivos que esquilman a los sin casa con cánones fuera de toda ley. Pero, como van las cosas en la administración distrital, va a resultar mejor malvender las casas y los apartamentos para evitar el embargo por falta de plata para pagar el impuesto. Por ahí apareció otro personajillo distrital que, agazapado en su propia insignificancia, también salió a los medios a decir, haciendo gala del cinismo que los caracteriza, que los bogotanos SÍ tienen con qué pagar impuestos porque le consta por los movimientos de sus tarjetas de crédito, por sus consumos. Mejor dicho, para este sujeto, toda persona que pueda tomarse un par de cervezas y comprarse más de un par de zapatos al año es un rico al que hay que esquilmar a toda costa. Pero lo que verdaderamente emputa a la gente y la saca de casillas es el triste destino de su dinero ganado con el sudor de su frente, no de su curul. Para ilustrar con un ejemplo conocido, las cifras de fábula del dinero que se robaron los Nule con los Moreno Rojas, dinero por lo demás irrecuperable, hacen que la gente se siente a llorar de impotencia porque no tiene alternativa: o paga o paga. Somos víctimas sin posibilidad de salvación. ¡Dolor! A ver, hagamos cuentas. Bogotá en ninguna época de su historia reciente había tenido más caos en la movilidad, por ejemplo. Nunca estuvieron tan altos los índices de delincuencia común, es decir, atracadores, raponeros, jaladores de carros, violadores, etc. Nunca como hoy estuvo tan destruida la malla vial. Ya causa angustia, estrés, deasosiego, ganas de suicidarse, abrir el periódico en la sección Bogotá. Entonces, ¿qué hacen con nuestro dinero? Ustedes, señores funcionarios distritales, ¿consideran que la gente debe pagar y callar? ¿Creen que por gritar de dolor cuando a uno lo roban los rateros de la calle o los de la administración distrital uno es antipetrista? Pero, más angustiante aún, si fuera posible esto, es ver que se acercan las elecciones para alcalde y concejales. Y la gente ni se inmuta. Ya aparecen en las encuestas los personajes de siempre: Pachito Santos, Rafaelito Pardo, Clarita López y el infaltable Enriquito Peñalosa. Todos con sobrados méritos para ser excluidos de toda posibilidad de gobernar a Bogotá por sus conocidas “ejecutorias”. De los cuatro no sale una rodilla. Y, a la fija, uno de estos va a malgobernar a los capitalinos por cuatro años más. ¿Por qué? Porque los ciudadanos carecemos de conciencia social y política. Porque vivimos sumergidos en la antifilosofía del meimportaunculismo. Mientras haya realitis, telenovelas, fútbol, sangre, concursos de belleza, no reaccionamos. Nos metemos de cabeza en la “realidad” de las redes sociales porque aún queda mucho tiempo antes de ver que falta comida en las alacenas, cervecita en la nevera, etc. Y mientras tanto, los políticos hacen de las suyas. ¿La solución? Poner a toda esta clase dirigente en la picota pública mediante el voto en blanco. Puede no ser una solución real en el corto plazo, pero sí sería un magnífico precedente para, por lo menos, darles un campanazo de alerta a los corruptos. Yo, por mi parte, siento que se me revuelven las tripas de solo imaginar que le doy mi voto a un sujeto de esos. ¡Guácala! Colofón: me causa profunda curiosidad saber cuánto cuesta el inmueble o inmuebles particulares donde viven el alcalde y los secretarios. Y cuánto pagan de impuesto. Y cuánta plata ingresa a sus arcas por todo concepto. Ahí podría estar la explicación de tanta indolencia, de tanta injusticia. A propósito, ¿don Gustavito recordará todo lo que decía cuando estaba en campaña?

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08

01

2015

gonzalo  guerrero

Soy un colombiano feliz…

Por: elcides olaznog

Empieza el 2015 y los consabidos propósitos no se hacen esperar. Todos los seres humanos en esta época caemos en la trampa de querer iniciar con el nuevo año una nueva vida, pero con el paso de los días (de enero) todo vuelve a su estado normal, es decir, como ha sido siempre.

 Yo, en esta oportunidad, he decidido con firme convicción abandonar para siempre el pesimismo que respira todo colombiano que no forma parte del Gobierno de Unidad Nacional ni de la Bogotá Humana.  En efecto, he decidido ser feliz siguiendo una premisa muy sencilla que me regaló hace muchísimos años mi profesora de aritmética: “Problema que no tiene solución no es problema”. Sólo ahora, con unos años de más a cuestas y con las entendederas un poco desarrolladas, comprendo cuánta sabiduría hay en esa expresión. Y sí. De nada sirve amargarse la vida viendo gobiernos no malos sino perversos, administraciones que gastan miles y miles y miles de millones más en imagen personal que en obras. Son los gobiernos del tilín tilín y nada de paletas. De nada sirve desgañitarse gritando a los cuatro vientos que una posible y fácil sanción a los corruptos de siempre sería castigarlos con el voto en blanco para ponerlos en la picota pública de la opinión mundial por deshonestos. Está comprobado que a la gente no le importa la suerte de su país, de su ciudad; que mientras haya realitis, telenovelas, fútbol, rumba corrida, ron, aguardiente, pan y circo, a los colombianos nos importa un C… omino la situación del país. Estas y otras razones me servirán para ser feliz, como ya se ha dicho. Y voy a participar y a aplaudir la felicidad de otros. Por ejemplo, si Juanma es feliz regalando otros ocho millones de aumento mensual al sueldo de los sufridos congresistas, que lo sea. Si el proceso de paz dura los otros cuatro años del gobierno Santos, pero fracasa, y esto hace felices a los alzafuelles santistas, que lo sean. Si Noel Petro se cree el cuento de que es el sexto mejor alcalde del mundo y eso lo hace feliz, que lo sea, no solo él sino todos los que aun con el agua al cuello fueron a la Plaza de Bolívar a exigir su reintegro a la alcaldía mayor. Si Clarita López es feliz pensando que puede ser presidente en el 2018, que lo sea. Pero que lo demuestre cambiando a sus asesores de imagen que tienen de todo menos de asesores. Porque la señora no es precisamente lo que se dice joven, pero la manera de vestirse y de peinarse da la impresión de ser una dulce abuelita sin otro argumento que ser hija de la más rancia estirpe bogotana. Si Álvaro Uribe es feliz casando peleas en twitter, quién se lo impide. Si Rafael Pardo quiere ser feliz con la idea de que va a ser alcalde de Bogotá, que lo sea pero que al menos invierta unos centavos en asesores de imagen que le enseñen a sonreír aunque sea el día de su cumpleaños. Y si el Centro Democrático es feliz con los raciocinios infantiles de Pachito Santos y le impulsa la candidatura a la Alcaldía de Bogotá, pues que se joda Bogotá, perdón que lo sea. Si Vargas Lleras es feliz construyendo su candidatura para el 2018, que lo sea pero sin la torpe imitación de las bravuconadas de su antiguo amigo y jefe Alvarito en los tiempos en que trabajó para la segunda elección. Porque con esa cara a toda hora enverracado la gente optimista como yo, no le va a creer. Si el señor procurador general, don Alejito Ordóñez quiere seguir gobernando su vasto paraíso de burocracia con lineamientos de la santa inquisición medieval y eso lo hace feliz, pues que lo sea. Punto. Y así con todos los personajes que manejan el inmenso ponqué político y presupuestal de este hermoso país llamado Locombia. A partir de este momento voy a pensar hasta convencerme de que Armandito Benedetti es un gran senador y que todas sus acciones son verdaderos ejemplos de brillantez intelectual y de altruismo social. Que su amiguito Roy Barreras es un excelente ejemplo de que la medicina y la humanidad perdieron a un insigne galeno pero Colombia ganó a un líder de la talla de Mahatma Gandhi. Voy a llenarme de argumentos para explicar por qué nuestro glorioso Congreso Nacional es un claustro de filántropos desinteresados y desprendidos de toda ambición personal. Voy a disfrutar de las impecables, independientes, correctas en derecho, justas y Montealegres decisiones del amigo de Juanma y que maneja la Fiscalía General de la Nación, el egregio Doctor Eduardo. Nunca voy a pensar que si las investigaciones por desviación de dinero – y qué cantidades – en Salucoop están estancadas no es por ser amigo del Dr. Palacino sino porque falta personal y recursos en la Fiscalía. Voy a pensar de manera muy optimista que Noel Petro es injustamente el sexto mejor alcalde del mundo y que debería por lo menos estar en el podio aunque sea medalla de bronce. Que la suya es modelo de administración pública y que sus altos funcionarios renuncian porque les aburre el buen trato, el buen genio y el respeto por sus decisiones. Quiero creer que el burgomaestre cienagaorense toma sus decisiones en frío y luego de ser consultadas con todos su colaboradores y que nunca, léase bien, nunca monta en cólera como lo afirman sus contradictores y que todo lo que hace es por el bien de los pobres, de los desposeídos, de los zarrapastrosos de la anterior vicepresidencia. Voy a pensar y a convencerme de que el nuestro es un país de cucaña, (como decía el inolvidable maestro, Estanislao Zuleta) donde no hay corrupción, donde los políticos cobran sueldos de miseria y que además nunca beben trago y si beben trago no manejan carro y si beben trago y manejan carro permiten el control de alcoholemia, etc. Se acabaron los Merlanos, los Gerlein, los Guerra Tulena, los Name, los Nule, los Moreno Rojas y toda esa clase de políticos que se hacen quedar mal a nuestra sufrida y abnegada clase dirigente. Voy a estar seguro de que en Colombia los impuestos recaudados son invertidos en seguridad, en vivienda, educación, salud, recreación, en infraestructura. Me voy a negar sistemáticamente a aceptar que nuestras carreteras son trochas mantenidas por los concesionarios que cobran los peajes y que inmediatamente invierten en las autopistas de ocho carriles con que cuenta la mayoría de vías nacionales, etc. Que un simple viaje Girardot – Bogotá no se demora siete horas en puente festivo sino las dos horas de rigor. Voy a propagar a los cuatro vientos que las obras públicas en Colombia duran toda la vida porque están muy bien construidas y para que me crean voy a poner como ejemplo la troncal de TRANSANIMALENIO por la Avenida Caracas. Ah, y se me olvidaba: no tengo deudas y mi prima de navidad está intacta para consignarla y ganar jugosos intereses bancarios. No considero necesario que me aumenten el sueldo porque me basta y me sobra, en fin. Vivo feliz en el país de la paz y la abundancia. Y por último, para no cansar a mis tres lectores, les aseguro que si uno pide una cita médica hoy por la tarde se la dan para las seis de la mañana del siguiente día. El peligro, a mi juicio, es que se nos vengan en masa los hermanos venezolanos cansados de su buen gobierno y la abundancia en su país a gozar del supergobierno de Santos, de la superadministración de Petro y de la superabundancia de alimentos casi regalados de nuestra Colombia. Ahí sí se nos acabaría la dicha. Colofón: más que colofón, un pensamiento al margen: el periodismo masivo en Colombia – es decir, la gran prensa, con exiguas excepciones – puede no ser el mejor porque siempre ha funcionado como subalterno del poder político y económico y ha estado al servicio de las multinacionales, pues de ellos deriva su ingreso; pero debe ponerse en pie (no solo hoy) para rechazar todo acto que atente contra la libertad de expresión. Solidaridad con los comunicadores del Semanario Charlie Hebdo, asesinados vilmente por unos fundamentalistas medievales.   Twitter @elojodeaetos    

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06

11

2014

gonzalo  guerrero

A QUÉ VINIERON A CIBCHOMBIA EL PRINCIPITO DE GALES Y SU DUQUESA CONSORTE…

Por: elcides olaznog

Tía, yo también tengo derecho de perder el tiempo hablando de estos temitas tontainas e intrascendentes de farándula internacional. ¿A qué vinieron? Seguro decidieron que no podían morir sin antes comer chontaduro y tomar guarapo; que no podían morir sin saber lo que era montar en TRANSANIMALENIO, y pensaron aprovechar la visita para conocer de primera mano el trabajo de nuestras grandes figuras como Armandito Benedetti, Roycito Barreras, Noel Petro, Juampa y el largo etcétera de eminencias que con mucho orgullo patrio van a contribuir al mejor desempeño de los encopetados miembros de la realeza británica. Pero, hablando en serio, ¿a qué vienen personajes de estos a Colombia?, ¿cuál es la utilidad para Colombia de tenderles alfombra roja a unos piscos representantes de monarquías medievales, que ni trabajan, ni estudian, ni investigan nada?, ¿cuál es su obra de arte, dónde están sus cuadros, dónde sus enseñanzas, dónde sus ideas, dónde sus libros? Visitas bobaliconas. He oído a personas muy inteligentes que se preguntan (conmigo) cómo es posible que en pleno siglo de las comunicaciones, de la informática, de la inteligencia, haya aún en el mundo monarquías entelarañadas y mohosas. Que alguien tenga la bondad de explicarme por qué hay todavía seres humanos que idolatran a una reina o a un rey o a un príncipe o a una duquesa de sangre roja. ¿Tradición o ignorancia? Mejor dicho, que nos expliquen pa´ qué sirve esa vaina. Causa verdadero asombro que, por ejemplo, hace unos meses cuando nació el hijo del príncipe, un tal niño Jorge si no recuerdo mal, en las redes sociales no se hablaba de otra cosa como no fuera del glorioso infante. Y hubo campañas mundiales para buscarle un nombre, y la gente en Inglaterra se arremolinaba en los alrededores del nosocomio donde había nacido el peladito de marras pera lograr ver, aunque fuera de lejos, el memorable cobertor y la sonrisa real (de realeza) de los cien veces ilustres nuevos padres. Hace unos años, cuando el principito feo se casó con la bella Diana Spencer, el hecho fue conocido como “la boda del siglo”. Desde entonces, hay mucha gente bobalicona que deja de dormir para ver por televisión a sus ídolos de cartón. Y se emocionan los pazguatos preguntando: ¿viste la boda?, ¿cómo te pareció el vestido de la novia? No no no mija, casi me muero de la emoción. Qué fasto, qué pompa, qué lujo… y una serie de majaderías propias de, mejor no digo porque arriesgo mi integridad física. Pero esas vainas siempre pasarán. Porque la gente ve reflejadas sus frustraciones en el brillo de los demás. Yo veo vecinos (y familiares, qué dolor) pegados al televisor y con la j… abierta mirando a esos personajes como si fueran estrellas de otra galaxia, como si fueran princesas encantadas en espera de su sapo salvador. Por eso estamos como estamos, dice la tía de marras. Los principales medios registran que el príncipe y la duquesa compraron artesanías, que llevaron ruanas, sombreros vueltiaos, carrieles, y un sinnúmero de cachivaches que van a botar en la caneca de basura tan pronto como lleguen al encantado Palacio de Buckingham. Y Juampa, dichoso y sonriente como si ya le hubieran firmado en la Habana, piensa que la sacó del estadio por la generosidad de los personajes al querer llevar tanto chirimbolo en su equipaje y porque semejantes figuras se dignaron venir a este paisito tercermundista a ver en vivo y en directo nuestras desgracias. Pero en esta “ilustre” visita el que hizo el oso mayor, colosal, fue el alcaldito de Cartagena de Indias, Dionisio Vélez, que se inventó un monumento en honor a unos ingleses supuestamente sanguinarios que dizque querían tomarse Cartagena a sangre y fuego. Tres días después de una polémica tan fiera como estéril, tuvo que dar la orden de retirar el costoso adefesio. A propósito, ¿quién pagara los millones que costó el lambetazo frustrado? Tienen razón quienes están en desacuerdo con la ignorancia boba del burgomaestre. Pero lo cierto es que si se les niega un homenaje a los ingleses también debe negárseles a los españoletes. Porque si se trata de defender a unos o a otros creo que hay muchos colombianos que estarían de acuerdo en que si nos hubieran conquistado los ingleses habríamos quedado “mejor conquistados” que con los españoles. ¿Por qué? Lo mejor, desde luego, habría sido que no nos “conquistara” nadie y que nuestra vida aborigen hubiera seguido su curso normal, es decir, sin intromisiones, sin dioses ajenos, sin robos a nuestros tesoros, sin muerte ni violaciones a nuestros indígenas, sin enfermedades europeas. Al menos, digo yo, que soy un poquito más ignorante que Dionisio, con los ingleses nos habría llegado una civilización diferente, esto es, más avanzada que la de los españoletes que eran unos rufianes de raca mandraca y que en su momento eran repudiados por sus vecinos europeos. Para rematar la semana pasada, plena de noticias farandulescas, confieso que me dio mucha rabia ver por televisión la manera tan burda como se burlaron de nuestro presidente Juampa en España, concretamente en una universidad que por estos lados nadie había oído mencionar. Y él, tan cándido, pensaba que de verdad era un homenaje. Bueno, rescato la actitud del presidente porque se necesita verdadero valor civil para enfundarse esas ridículas vestimentas, a sabiendas de que estaba siendo enfocado por cámaras de televisión del mundo entero. Colofón: por lo menos estas noticias, que ni ponen ni quitan a nuestra dura realidad, nos brindaron la oportunidad de bajarle un poco el volumen a los inmarcesibles diálogos en la Habana y a las reyertas de Cepeda vs Uribe. ¡Ay, hombe, güepa je!

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30

09

2014

gonzalo  guerrero

La Cátedra de la Paz por Ley de la República: ¡vaya disparate!

Por: elcides olaznog

Más de 45 millones de colombianos, enmarañados entre la incertidumbre y la esperanza, quieren ver el día en que la violencia se acabe al menos de manera oficial. La esperanza radica en que hay muchos sectores de la sociedad colombiana que desean y que están, como dicen las reinas de Cartagena, poniendo su granito de arena para lograrlo. El problema consiste en que un proceso de paz en medio de una guerra tan larga y tan sangrienta necesita muchísimo más que buenas voluntades; mucho más que granitos de arena.  Los dueños del poder económico, valga decir los grandes cacaos del comercio, de la banca y de la industria andan a la expectativa pero no se pronuncian, no dicen “de qué son capaces” porque aún no calculan cómo puede ser su país sin violencia; es decir, aún no saben qué tanto les impactaría a sus negocios una Colombia en paz. Únicamente el poderoso señor de la banca colombiana, don Luis Carlos Aval, saltó a decir que una reforma tributaria tal como está esbozada es altamente inconveniente “para el país”. Ojo, no para él sino para el país. Pero no comprende que Santos necesita plata; lo que no se sabe es si la necesita para crear más ministerios, más burocracia árida, onerosa e improductiva. O para organizar cumbres bobaliconas que no sirven para absolutamente nada. Porque a Jumpa pa´ manirroto no hay quién se la gane, dice la desdentada tía Empera… Los políticos, unos alineados al lado de la mermelada y de los placeres que da el poder, y otros formaditos y bien peinaditos al lado de la oposición uribista y, los menos, ni en uno ni en otro bando a la espera de la mejor oportunidad para vender sus conciencias, no dan pie con bola y se la pasan inventando mkdas.  Dicho de otra manera, ninguno de ellos comprende que para que el país cambie ellos son los primeros que deben reconsiderar su manera de hacer política. O al menos bajarle un par de punticos a la corrupción. De esta manera, los HP (Honorables Parlamentarios) se inventaron la fórmula mágica sacada por algún genio de pacotilla de la lámpara de algún Aladino ñoño y simplón: la Cátedra de la Paz. ¡Vaya disparate! Como si enseñar paz en las aulas de clase acabara con la infame corrupción, con la desigualdad social, con la injusticia; como si desapareciera como por encanto el alma de ladrones de nuestros dirigentes políticos. Y el presidente Santos sanciona la ley como si fuera la solución para ochenta años de violencia y corrupción. ¡Estólido! Con la cátedra de la paz se construirán carreteras, túneles, escuelas, hospitales, vivienda social, acueductos; con la cátedra de la paz ya no se inundarán los municipios pobres cuando llega el inclemente invierno, se acaba el hambre, desparecen los atracadores. Con la cátedra de la paz los bogotanos recuperarán los billones que se robaron los angelitos Nule en colaboración con los arcángeles Moreno Rojas. Por medio de la cátedra de la paz se prohíbe llevar niños a la guerra, se acaban los violadores, los colombianos volverán a tener dignos servicios de salud, etc. Cuando un niño hambriento pida comida en su casa, su madre, la del niño, le dirá: cómo así, mijo, ¿luego en la escuela no le dieron la cátedra de la paz? Cuando le leí la Ley 1732 del 1 de septiembre de 2014 (cátedra de la paz) a mi cegatón tío Anselmo el viejo se c… de la risa y casi le da un infarto de tanto reír. Ya le estaba pasando el ataque de hilaridad cuando llegué a los firmantes de la dichosa Ley: José David Name, Juan Fernando Cristo, Gina Parody; en este momento se le fue la respiración pero hubo que llamar la ambulancia cuando escuchó el nombre de Simón Gaviria. “Ahí están pintados nuestros genios”, dijo el cucho cuando se recuperó del todo. Bueno, en realidad dijo otra cosa, pero es impublicable. La dificultad para lograr la paz no está, ni mucho menos, en las conversaciones de la Habana. Está en la manera simplona y majadera con que la alta dirigencia asume su papel. Porque un país en el que, por ejemplo, la imagen de la rama judicial del poder público está tan abajo – con mucha razón – no es país apto para la paz. En un país en el que hay tantos millones de pobres por debajo de la línea de la pobreza absoluta no puede florecer la paz. Una nación en que los intereses extranjeros están por encima de los nacionales no tiene méritos para gozar la paz. El Excelentísimo señor presidente, Doctor Juan Manuel Santos, ávido de nominación al Nobel de Paz, también dio su aporte: les pidió a las FARC (por boca de una antigua militante, según se lee en las noticias) que “no acepten más niños para pelear su guerra”. Bienvenida la cátedra de la paz. Otro punto que está en contra de la paz que todos los colombianos quieren – de eso no quepa la menor duda – es el lenguaje ordinario, soez, inculto y barriobajero que utilizan en los “debates” Iván Cepeda y los cepedistas, Álvaro Uribe y los uribistas. Esta es desde hace mucho tiempo una reyerta de verduleras que no tiene ni ton ni son. Enfrascarse en disputas estériles cargadas de odio y de venganza no es su trabajo y lo único que logran es deformar aun más la ya maltrecha imagen de Colombia en el exterior. Y tirarse el proceso. Por ese camino no se llega a la verdad sino a la guerra. Todo esto para decir que la paz en Colombia sí es posible pero con unas condiciones que parecen imposibles: que tanto el Estado como la guerrilla acepten todo el daño que le han hecho a Colombia. Que dejen de dialogar y empiecen a negociar. Porque es muy pueril y cándido pensar que alguno de los dos va a ganar. Ambos han perdido en la guerra y ambos deben perder en la paz. Y con los dos, Colombia ha perdido mucho. Aceptarlo por todos los autores del conflicto es la única manera en que los colombianos ganan. Aunque cueste admitirlo, los dos tiene que ceder y mucho. Colofón: escuchar al presidente Santos hablar en los foros internacionales causa estupor. Es como si se le fracturara una columna al magnífico Puente Pumarejo de Barranquilla y el mandatario quisiera pegarlo con pegastic. A esta guerra hay que ponerle seriedad, señor presidente…    

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29

08

2014

gonzalo  guerrero

Política de escándalos baratos

Por: elcides olaznog

“El Estado es una enorme maquinaria conducida y empujada por enanos”. Honorato de Balzac  Ignoro qué querría decir el ilustre francés del siglo 19, pero podría apostar que se refería a la incapacidad de los mandamases de la administración pública para administrar y a la incapacidad los gobernantes para gobernar. Política significa arte de gobernar, de administrar recursos en pro de la gente, es decir, en aras de construir sociedad; es dirigir pueblos poniendo el interés general por encima del particular. En Colombia los dos máximos líderes de la política son Alvarito Uribe, un campesino rico acostumbrado no a gobernar sino a mandar, como manda un gamonal en su finca lechera, y Juan Manuel Santos, un aprendiz de gentleman inmensamente rico que lo único que no conoce en este mundo es la pobreza. Los ocho años de gobierno de Alvarito fueron marcados por su firme decisión de derrotar militarmente a las FARC, algo que no logró, pero si algo se le puede abonar es que cumplió con lo prometido, es decir, fue consecuente con su discurso de campaña. Su problema consistió en la macabra y equivocada aplicación de un pensamiento de un experto en política: don Nicolás de Maquiavelo cuando dijo que “El fin justifica los medios”. Los medios sí se utilizaron pero el fin no se logró. Y los “medios” están representados en la cantidad de funcionarios uribistas (incluido Juan Manuel, flamante jefe de los falsos positivos) que saltaron por encima de los códigos legales y birlaron la decencia para dar resultados inflados y perversos. Para gobernar a punta de titulares de prensa. Qué más se le puede abonar a don Alvarito: que disminuyeron las pescas milagrosas, que hubo una  aparente reducción de la burocracia, que se agarró de frente con don Hugo Chávez, el autócrata presidente de Venezuela con la acusación de proteger a las máximas figuras de las FARC. ¿Falso, verdadero? Y pare de contar. Don Alvarito se dedicó a defenderse de sus enemigos como un pendenciero de barrio y su largo gobierno terminó tristemente con una opinión pública polarizada. Su inmensa popularidad, sin parangón en la historia de Colombia, está ahora reducida a una minoría de adoradores que aún lo ven como el Gran Salvador. Gran parte de sus colaboradores más cercanos están sub júdice, lo que significa que están sindicados de realizar actos administrativos al margen de la ley al parecer violando con gran dosis de cinismo  los ya mencionados códigos legales y la decencia. ¿Es la situación de dichos funcionarios producto de la guerra sucia estimulada por una justicia politizada y chambona? Vaya uno a saber… Por su parte Juampa (así le dice doña “Mechas”, su asesora de imagen y principal gestora de la campaña presidencial) empezó mal. En su camino a la presidencia, a finales del 2009 y principios del 2010, era un uribista acérrimo y si fidelidad con el presidente de entonces rayaba en el servilismo. “Soy un soldado del presidente Uribe”, decía. “Seré candidato si mi jefe lo dispone así”. En otras palabras, se montó en la popularidad de Uribe y utilizó de él su enorme cauda electoral pero a las pocas horas de ganar la presidencia se mostró tal cual es: un señor a quien no le importa un comino nada que no tenga que ver son su monumental ego, y se declaró antiuribista. El monumental cambio, es bueno recordarlo, se dio en tan solo unas cuantas horas. Las ejecutorias de Santos. ¿Hay? No. Salvo la tributaria (que dos años después no la entienden ni los tributaristas más avezados) todas las reformas que intentó – educación, política, salud, fracasaron. Quizás por lo que más se recuerda en este primer período fue la cobarde e indiferente aceptación del despojo nicaragüense a instancias de la Corte de la Haya, que dio con la infame pérdida de 75 mil kilómetros cuadrados de mar territorial. D ese cruel episodio ya nadie habla; pero es de igual o mayor magnitud que la venta de Panamá a principios del siglo XX. Quizás otra de las principales acciones de JMS fue la de eludir el mandato judicial que recortaba los ingresos de algunos altos empleados oficiales. Recorte del monto de pensiones fraudulentas a magistrados y congresistas. ¿Qué hizo Juampa? Por decreto les aumentó ¡OCHO MILLONES DE PESOS MENSUALES A LOS CONGRESISTAS! Eso, señores, es lo que el presidente Santos en su discurso de posesión llamó EQUIDAD.  Lo peor es que la gente no dijo ni mu. ¡Válgame Dios!, decía mi venerable abuela. Así las cosas, las dos figuras más altas de la realidad política nacional, Santos y Uribe, son la personificación de la perversidad. Hoy están enfrascados en un escándalo monumental que avergüenza a los colombianos decentes ante propios y extraños; hablo del caso hacker Sepúlveda. Primero asesor de Juampa (dice Uribe) y después asesor de Zurriaga. Sepúlveda, con todo y su desespero, lanza caca a diestro y siniestro para untar a todo el mundo, pero en el fondo su actuación refleja fielmente la política nacional. Y nos clava de cabeza con toneladas de crueldad en nuestra propia realidad: Colombia es un país sin esperanzas. La política en Colombia da asco. Contratar a un sujeto para robar información es asqueroso. Ser uribista acérrimo y al poco tiempo santista (ver Roy Barreras, Armandito Benedetti, por ejemplo) es repugnante porque se ve a leguas que el asunto es de mucho dinero, de poder, de mermelada presupuestal, todo ello a costa del trabajo de los colombianos. Da dolor ver que no tenemos futuro. Para la muestra estos botones: 1. Estamos montados en un proceso de paz incierto y costoso porque se está hipotecando a Colombia. 2. El aparato judicial es politizado e ineficaz y sus funcionarios altamente ineficientes y untados pero, además, exageradamente oneroso. No se entiende, por ejemplo, que un tipo que mata a un ciudadano pague más años de cárcel que uno que mata a tres mil. 3. El Congreso es de las “instituciones” más corruptas, al decir de las encuestas. 4. Los que no andamos en camionetas oficiales 4×4 blindadas estamos en manos de la delincuencia común y de la oficial. Unos nos roban la cartera, el celular. Otros nos sacan el billete del bolsillo a punta de reformas tributarias y lo que queda se lo llevan los bancos. Colofón: Por fortuna soy un ciudadano anónimo cuyos únicos actos oficiales son ir a las oficinas de impuestos para pagar mi modesto tributo con el cual se fomenta la corrupción, perdón, el desarrollo de mi nación y acudir a depositar mi voto en blanco cada vez que se pone en práctica la “democracia”. Esta circunstancia me protege de la mirada de extranjeros que ven noticias colombianas y que nos miran con altas dosis de compasión… Cuanto más conozco la política más amo a James, a Mariana, a Catherine, a Nairo…

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31

07

2014

gonzalo  guerrero

James: bien, pero no te juntes con esa gente

Por: elcides olaznog

Hablo, para variar, de James David Rodríguez Rubio, el gran crack cucuteño que brillará en la lujosa nómina del Real Madrid y que dirigió en el campo de juego la orquesta (casi) sinfónica que nos dio a los colombianos la mayor satisfacción deportiva de toda la historia.

 El pelao James desbordó sus propios sueños. Y demolió con seis soberbios macetazos toda la historia de Colombia en competiciones internacionales. Se recuerda con especial deleite aquel gol de Willington Ortiz (Deportivo Cali, Copa Libertadores 1981) a los encopetados y recientes campeones del mundo (Argentina 78) del River Plate con Ubaldo Matildo Fillol en el arco. O la gesta del Caimán Sánchez, subcampeón Copa América 1975, con el propio Willington, Ernesto Díaz, Pedro Zape, Eduardo Retat, “Boricua” Zárate, Arturo Segovia, Jairo Arboleda, etc. Pero nada se compara con la actuación del Diez colombiano en el reciente mundial.

 Las jornadas brillantes del fútbol colombiano – antes de Brasil 14 – incluyen cuatro participaciones mundialistas que, visto con cierta objetividad, dieron más satisfacciones en la etapa de eliminatorias que en el propio mundial. Se recuerda con mucha más satisfacción el 0 – 5 en Argentina en 1993 que el mismo mundial USA 94, que no solo fue un fiasco como fútbol en sí, sino que además sufrimos el drama de la muerte violenta del gran Andrés Escobar, excepcional como jugador y mejor como persona.

 La camada de jugadores comandados por el Pibe Valderrama, Faustino Asprilla, Tren Valencia, Iván Valenciano y los arquerazos Higuita, Córdoba y Calero, entre otros, brillaron en el mundo, no cabe duda. Esos genios guiados por un técnico como Pekerman habrían sido campeones del mundo. Pero fracasaron en los mundiales por una razón sencilla: no tuvieron dirigentes capaces ni entrenadores idóneos, con visión universal. Bolillo Gómez y Maturana, bien hechas las cuentas, es más lo que le deben al futbol colombiano que lo que este les debe a ellos.

 También permanece vivo en la memoria el período de Faustino Asprilla en el Parma italiano. Su juego pícaro, de finta demoledora, rápido y alegre, sus goles de antología, “internacionalizaron” el fútbol europeo en Colombia. Todos los domingos a las 8 de la mañana ya teníamos el televisor prendido para ver a Faustino. El negro, más allá de su carácter desordenado, sus francachelas con güisqui y bala, mujeres exuberantes y caballos de paso inclusos, es uno de los más grandes que ha dado el fútbol colombiano.

 Merecen mencionarse como grandes triunfos la dos Copas Libertadores de América ganadas por Nacional en 1989 y Once Caldas en el 2004. Ah, y los tres subcampeonatos del América en la Libertadores, para no contrariar a los amigos de la Mechita que viven de esos recuerdos mientras se confunden cada vez más en un torneo de categoría inferior.

 Alguien me dirá que olvidé la Copa América ganada en el 2001, en Colombia. Pues bien. Recordemos que la Copa tuvo que ser suspendida por el terrorismo que imperaba en Colombia por esos días del gobierno de Andrés Pastrana Arango. Y fue el propio presidente quien, personalmente, dirigió la gestión para cumplirle el contrato a la multinacional de gaseosas, patrocinadora del evento y, lo más importante, lavar la imagen de un gobierno que pasaba por el peor momento de sus infaustos cuatro años. ¡Y vaya que lo logró!

 Baste recordar, dicho por el propio Julio Grondona, QDEP, que Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil habían formalizado un pacto de no intervenir en dicho torneo. Pero al final el único que cumplió el pacto fue Argentina que no envió equipo. Los otros tres enviaron equipitos de medio pelo para no arriesgar a sus figuras y entonces hubo que machetear invitando a Honduras y a Costa Rica…

 Pregunto: si hubieran venido esos países en plan de competir por la Copa América, ¿habría sido Colombia campeón? Por eso, objetivamente, ese triunfo es más burla que realidad. Y lo demás se pierde en el confín de la memoria.

 Todo esto para resaltar que talento siempre ha habido. Los nuestros tienen la calidad física y técnica para ser figuras de primer orden en las exigentes y competitivas ligas europeas. Lo que falta (faltaba) es trabajo y disciplina, que es lo que tienen de sobra técnicos como José Néstor Pekerman, Jorge Luis Pinto y Juan Carlos Osorio.

 Al profesor Pekerman le debemos, no el talento de James, por ejemplo, sino su determinación de incluirlo desde el principio en el andamiaje de la Selección. Francisco Maturana, en declaraciones para la prensa nacional, dijo a principios de la eliminatoria pasada, que James era “un buen prospecto” y que “había que ir dándole minutos” en la Selección mayor. Por Dios, se me hiela la sangre de solo pensar en lo que hubiera sucedido si él o Hernán Darío Gómez hubieran estado en el banco técnico de Colombia.

 James, Falcao, David Ospina, Juan Guillermo Cuadrado, Guarín, Quinterito y el etcétera que completa la nómina de Brasil 14 son embajadores de la Colombia bonita que queremos ver. Por eso el titular de esta nota: James, bien, pero no te juntes con esa gente. Ustedes no deben permitir que les tomen fotos con embajadores oportunistas ni con políticos aprovechados de su imagen de colombianos auténticos. Y cuanto más lejos estén de sus dirigentes, mejor. Lo de ustedes es romperla en el estadio. Y qué bien lo hacen…

 Colofón: “Era gol de Yepes”. Qué figurón, qué futbolista es Mario Alberto Yepes. Y cuán equivocados estábamos quienes no creíamos que tuviera arrestos para defender a Colombia en el mundial. Errare humanum est. A propósito del gol de Mario Alberto: si el españolete no se hubiera robado el gol de Yepes, los brasileños se habrían ahorrado la vergüenza del 7 – 1 con Alemania. ¿Qué opinan?

 

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14

06

2014

gonzalo  guerrero

Elecciones: odio, soberbia, venganza; que entre el diablo y escoja…

Por: elcides olaznog

Candidato: viene de cándido, puro, limpio, inmaculado, blanco… ¡Gulp! Los colombianos estamos obligados a elegir entre los dos peores candidatos que ha dado la corrupta clase política del país. Uno como colombiano común, es decir, honrado y trabajador, aspiraría al menos a encontrar unos candidatos que ofrecieran programas no de igualdad social o equidad porque eso es imposible, sino propuestas medianamente creíbles. Pero nuestros prohombres, Zuluaga y Santos, se han dedicado a ofrecer lo que nunca van a cumplir. Hablan como si fueran los amos y señores del poder, como si no hubiera un aparato estatal con tres ramas del poder público. Cualquiera que desprevenidamente lo oiga llega a la conclusión de que van a ignorar las leyes que fabrican nuestros amadísimos congresistas, es decir, hablan como si fueran dictadores. Voy a subir los salarios; vamos a terminar con el servicio militar obligatorio; en mi gobierno no habrá más pobres; vamos a construir 700 mil viviendas gratis; voy a darles educación y alimentación gratis a TODOS los niños que nazcan en Colombia; voy a hacer la paz pero con condiciones; la plata del conflicto la vamos a gastar en los pobres; elija entre la guerra y la paz, y un largo etcétera de imbecilidades que no se las creen ni los que las pronuncian. Como diría Alfonso Lizarazo en sus mejores tiempos de Sábados Felices: la próxima semana, más cuentachistes… Santos, en su desespero por los resultados de las encuestas, en solo un par de semanas ha formalizado macabras y vergonzantes alianzas que los ciudadanos vamos a pagar muy caras en términos de ponqué presupuestal; por ejemplo, con su reciente enconado rival y ahora nuevo mejor amigo, Gustavo Petro y con la seudoizquierdista Clara López Obregón. Y esos cobran duro. Ha logrado torpes y malintencionados respaldos del chapetón Felipe González, ha logrado respaldos perversos con un gran sector de la prensa mermeladófila, y hasta con la máxima heroína francesa Íngrid Betancur. Inclusive el adusto y huraño conversador de paz en la Habana, Humberto de la Calle, que hasta el momento solo se limitaba a leer comunicados “conjuntos” ahora aparece más en televisión que Luis Carlos Vélez, el vitrinero director de noticias de un conocido noticiero. Amenaza don Humbertico con una catástrofe si los colombianos no elegimos a su Juanma. El manzanareño  nos dice entre líneas que si no elegimos a Juan Manuel, desde el lunes 16 de junio Colombia será un monumental campo de batalla con ríos de sangre y muertos. Pero, en su espejismo, dice que si Santos gana, entonces a partir de ese día los colombianos vamos a vivir en paz, en un paraíso soñado sin atracadores, sin DIAN, sin políticos, sin choferes de SITP, sin declaraciones de Petro, etc. Por su parte el candidato del uribismo en medio de la densa nube en que fue embutido por su mentor, no ha tenido tiempo de dimensionar el hecho de ser hoy uno de los dos aspirantes a ocupar el desvencijado y desprestigiado sillón presidencial; por esa razón, en los chocarreros debates televisivos, Óscar Iván se dedica únicamente a hablar de su gestión como ministro de hacienda porque no tiene nada más que decir, y a seguirle el macabro juego al presidente candidato en el sentido de prometer puentes donde no hay ríos. Dijo la vieja y descocada tía Empera: el Osquítar es bueno y puede ser buen ministro, pero no tiene culo pa pantalón de paño. Y le riposta el sabio tío Anselmo: pero si pudo ser presidente Andresito Pastrana, y Juan Manuel aspira a su segundo período, por qué no va a poder Óscar Iván que al menos tiene pinta de ser honrado. Señores Zuluaga y Santos: el problema de fondo no es una pinche firma; los problemas de Colombia no se solucionan con toches e insípidas frasecitas de campaña. Los atracadores no se acaban con poner 20 mil cámaras en las calles; no se solucionan subiendo el salario mínimo un par de puntos por encima de la inflación; los problemas graves no se solucionan abrazando a una viejita tan humilde como procaz, así el candidato tenga que bañarse después con decol. La generación de la paz nace cuando los gobernantes empiecen a construir infraestructura; cuando haya educación de calidad; cuando la gente no muera en los andenes de los hospitales porque no tienen cómo pagar una mísera consulta; se solucionan cuando los niños no mueran por falta de una miserable vacuna o una inyección de ibuprofeno; se solucionan cuando la clase política no se embolsille con crueldad extrema el dinero público en sueldos astronómicos, en prebendas extralegales, sobornos, peculados, compra de jueces y fiscales, etc. Señores aspirantes Zuluaga y Santos: la paz nunca llegará mientras no haya justicia social. No habrá paz mientras la gente vea cómo la alta dirigencia del país, llámense políticos, banqueros, industriales exportadores, comerciantes en gran escala, se llenan los voraces bolsillos, en detrimento de una clase trabajadora cada vez más pobre y miserable. Señores: uno de los dos puede ganar la presidencia, pero pierde Colombia porque ninguno tiene ni una pizca de sensibilidad social necesaria para liderar procesos de convivencia ciudadana para construir nación. Ustedes son hijos de la opulencia  (uno más que el otro) y del despilfarro y por eso nunca, léase bien, NUNCA van a poder ofrecer paz. De nada sirve la paz en la Habana si los colombianos del común siguen comiendo lo que sabemos y viendo por televisión los banquetes de presupuesto que ustedes devoran. Y que gane el más vivo porque no puedo decir el más inteligente. ¡Viva el voto en blanco! Colofón: doctores Zuluaga y Santos: ustedes “diseñaron” una campaña torpe y ridícula para tarados. Pero olvidan que los colombianos ya no somos tan ignorantes como hace décadas. Por eso guardamos la esperanza de que en las urnas se demuestre cuánto los desprecia la gente de bien. Los que voten por ustedes serán cómplices de la debacle que se nos viene encima. ¡Pobre Colombia!, pero, ¡que viva la Colombia de Teo, de James y de esa banda de futbolistas que nos están regalando una ilusión que nos sirve al menos para olvidar el triste destino al que ustedes nos someten! Y que Dios los perdone…

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30

05

2014

gonzalo  guerrero

El problema es la cobarde indiferencia de la gente…

Por: elcides olaznog

Los malos gobernantes no son el problema; el problema es la cobarde indiferencia de la gente. Palabras más, palabras menos, era lo que proclamaba el líder negro Martin Luther King, adalid auténtico de la causa negra que pretendía poner fin al cruel racismo en los Estados Unidos, por allá en los años sesentas del siglo XX. Es una situación que puede ser propia de casi todas las sociedades del mundo. Y Colombia, nuestra Patria querida, no es la excepción. Las últimas elecciones son la prueba de que a la gente no le interesa su propia suerte. Para decirlo con palabras más crudas que las de don Martin Luther, en nuestro país impera la antifilosofía del meimportaunculismo… Se presentaron cinco candidatos con la mezquina aspiración de ganarse el mísero derecho de ser segundones para participar en una absurda, costosa y perversa segunda vuelta. ¿Quién ganó, quién perdió? En apariencia ganó el candidato del uribismo. Y perdió el candidato presidente. Bueno, pero ganaron los dos, dirán las cifras de la Registraduría. Digo en apariencia porque miserables 29 y 25% de los dos primeros, son cifras francamente deplorables. Y lo son porque suman apenas el 54% del pírrico 40% de ciudadanos que salieron a votar. Una interpretación certera dice que los colombianos no quieren a Santos, ni a Zuluaga ni mucho menos a Clarita, ni a Enriquito ni a Marthica. Una verdadera lástima que no lo hayan dicho en las urnas con el argumento del voto en blanco. No solo perdieron los candidatos, sino que perdió Colombia. Pero el país ya había perdido desde antes, cuando se despejaron las cinco candidaturas, sencillamente porque NO HABÍA POR QUIÉN VOTAR. Uno de los dos candidatos va a ganar la presidencia pero Colombia de todas maneras pierde. Ya lo verán. Zuluaga es un buen tipo y es posible que sea un buen dirigente. Pero la sombra de Álvaro Uribe le pesa mucho. Y le pesa mucho porque el expresidente se equivocó de cabo a rabo con su actitud hostil en los medios, en las redes sociales. Uribe nunca comprendió la magnitud de haber sido presidente por ocho años y desperdició el capital político que acumuló durante esos años. Las cifras dicen que no hay en la historia de América una figura política como él, que se dio el lujo de tener índices de aceptación popular por encima de los 75 puntos en el momento de su salida. Porque nadie medianamente informado ignora que hubo muchas obras buenas en su gobierno. Pero tampoco es del caso negar que el abuso del poder, las chuzadas, los falsos positivos, su talante de capataz finquero, buscapleitos y camorrero, terminaron por crear entre la gente que lo aclamaba un sentimiento que oscila entre el descontento y el rechazo. Incluso la tía Empera, liberal verraca de las antiguas, y conocedora de la política como pocos en el país, y todo con un humilde radio transistor como fuente informativa, me dijo: “sobrino, usté sabe que yo adoraba al Uribe. Pero se puso fue a güevoniar (vieja indecente) en las tales redes a vaciar a tuel mundo en vez de dedicarse a rascarse las… (En este momento se perdió la comunicación) como hacen casi todos los expresidentes. Y mire lo que pasó: que casi todo el mundo habla mal de él y por su culpa al pobre Zorrito se lo va a comer la mermelada.” Santos ha dado suficientes muestras de su escasa habilidad para gobernar. Pero dispara en los medios cifras que no cree ni él mismo. Uno como ciudadano de a pie no entiende ni las cifras del DANE ni las cuentas alegres del ministro de hacienda, ni los cantos de sirena que aseguran que el país va bien, que hubo crecimiento, ni ninguna de esas tochadas en las que son expertos los economistas. Lo único que entendemos es que hay déficit en salud, en educación, en vivienda, las carreteras son trochas pero con peajes de autopista europea. En lo único que hay superávit es en las cuentas de 268 congresistas que por obra y gracia de Juan Manuel Santos empezaron a recibir ocho millones de pesos mensuales más, como pago para apoyar las iniciativas presidenciales; el presidente los compra porque de todas las reformas que emprendió, la única que le aprobaron fue la tributaria a pupitrazo aleve cuando ya los HP (honorables parlamentarios) estaban de afán por salir  disfrutar de sus “merecidas” vacaciones fuera del país. Sin embargo, fue una reforma macheteada que no entienden ni los tributaristas más avezados. Y qué decir de las campañas. Nunca como en esta se había visto tanta podredumbre. No solo porque parece una reyerta de verduleras sino que sus mensajes publicitarios carecen de sentido y no aparece en ellos ni una pizca de creatividad. Son mensajes chambones, ordinarios, sin coherencia, sin ideas. Santos y Zuluaga vetaron a la inteligencia porque no aparece por ninguna parte. Para ellos el argumento es la grosería y el insulto bajo y ruin. De veras da miedo saber que uno de los dos nos va a gobernar durante los próximos cuatro años. Y nos falta espacio para hablar de las alianzas desesperadas y de los apoyos macabros sedientos de mermelada y puestos. El caso es que Colombia debe decidir entre Zuluaga y Santos. Porque ya ni el voto en blanco sirve de nada. Y uno se pregunta: ¿quién es el autor del bodrio legal que dice que la tercera opción del tarjetón es el voto en banco pero que este no tiene efecto? Así es Colombia. Y nadie dice nada. Ya ni siquiera existe el consuelo de votar por el menos malo, como decían en los tiempos de Samper y Pastrana. Los colombianos estamos condenados a cuatro nefastos años de Santos, con un gobierno pegado con babas por una improbable y etérea firma de la paz, o a cuatro años de Zuluaga con la influencia quizás funesta de un Uribe poderoso en el Congreso y con toda la carga de un odio visceral contra todos los que no piensan como él. Como dijo el tío Anselmo: “toca escoger entre uno malo y otro pior”. Colofón: ¿Alguno de mis caros lectores había sospechado siquiera una alianza Santos – Petro? O ¿Uribe – Pastrana a través de Zuluaga – Ramírez? Huelen feo esas alianzas. Y causan repulsión las fotografías de los legisladores que apoyan la mermelada presidencial con un argumento bobalicón: que están apoyando no a un candidato sino a la paz… Lo bueno: la clase política colombiana mostró con absoluta nitidez  su rostro deforme y monstruoso de la corrupción y la lascivia económica. ¡Dios, estamos en tus manos, protégenos!    

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30

04

2014

gonzalo  guerrero

Encuestas de campaña; ¿usted entiende? Yo tampoco…

Por: elcides olaznog

¿Encuestas? Juro que nunca he entendido por qué las respuestas que dan unos seiscientos o setecientos gatos son determinantes para fijar una posición de 47 millones de colombianos… Que me perdone Libiecita, mi apreciada y linda estadística favorita y hasta la autorizo para que se burle en público de mi ignorancia supina, pero me niego a aceptar que, producto de dos o tres respuestas espontáneas de algunos ignaros desocupados, yo forme parte de esa masa informe de colombianos a quienes les gusta o les disgusta determinado producto, servicio, telenovela, candidato (a). Pero más allá de estas consideraciones, en el caso de que esas respuestas fueran importantes, no entiendo que haya personas inteligentes que quieran votar por Santos. Mi entendimiento no me alcanza para aceptar que existan ciudadanos de bien que después de ver el desastre en que Juan Manuel tiene convertida a Colombia, quieran su reelección. Para la muestra, unos botones: 1. El presidente aumentó por decreto un reajuste de salarios para 268 HP (Honorables Parlamentarios) de unos 8 millones mensuales, suma que se convierte en 2.144 millones cada mes o, lo que es igual, más de 25.000.000.000 millones de pesos anuales solo en un “pequeño” reajuste de sueldo para los sacrificados y filantrópicos fabricantes de leyes. Mientras tanto, muchos niños, ancianos, mujeres, mueren por hambre o por no tener cómo pagar una miserable ampolleta que les niegan en los hospitales por el delito execrable de ser pobres. Sin embargo, nadie le gana a Juan Manuel en el uso de la expresión justicia social. ¿Qué entenderá Juanma por justicia social? 2. El gobierno de JMS ha intentado varias reformas: política, sonoro fracaso porque los legisladores jamás van a legislar en su contra; salud, ni siquiera arrancó porque era un engendro diabólico para acabar de una vez por todas con la salud de los colombianos y para incrementar la ya infame pauperización de los médicos y su profesión; educación, otro sonoro fracaso que los propios estudiantes frenaron a tiempo porque era una feria no de micos sino de orangutanes diseñada por un grupo de “expertos” encabezados por la bonita señora ministra María Fernanda Campo, que sabe de todo menos de educación. Reforma tributaria que casi dos años después de promulgada a punta de chambones pupitrazos, no la entienden ni los más avezados tributaristas. De la reforma a la justicia ni habla el gobierno y menos en este momento porque el excelentísimo señor presidente no se puede “malquistar” con el descomunal poder de los jueces y magistrados. Conclusión: Juan Manuel no es más que un mal titular de prensa que quiere decir todo pero no dice – ni hace – nada. 3. “Señores: el tal paro nacional, ¡no existe!” Demostración palmaria de un mandatario que vive en su propia realidad muy lejos de la realidad de sus gobernados. Nunca, desde que tengo memoria, había visto un presidente tan divorciado de las necesidades de la gente. Claro, tampoco se habían visto tan contundentes demostraciones de inconformidad con un presidente y su mandato, solamente opacadas por los grandes medios a través de encuestas chimbas en las que se prohíbe publicar resultados negativos de quienes las pagan. 4. Proceso de paz. Se equivoca Santos y sus alzafuelles cuando dicen que hay colombianos que no quieren la paz. Todos la queremos incluso quienes nunca la hemos conocido. Pero lo que no es justo es ver cómo Juan Manuel utiliza el tema de la paz no como una seria política nacional sino como trampolín para buscar premios internacionales y para apoyar el débil andamio de su reelección, al precio que sea. ¿Mi apreciado lector puede calcular el costo económico de este proceso que, a juzgar por el prolongado tiempo y los escasos resultados, tiene todas las posibilidades de ser uno de los más grandes fracasos del gobierno Santos? En síntesis, no entiendo a la cacareada opinión pública. No entiendo a los jueces ni el flamante ordenamiento jurídico nacional que debería ser (palabra que empieza por mie y termina por dero) jurídico. El tema Petro no es más que una pálida muestra de que en Colombia la justicia, ¡no existe!, para utilizar una de las frases célebres de nuestro presidente.  No entiendo a la gente que sale a la Plaza de Bolívar a volverla un (léase la expresión del anterior paréntesis) todo por apoyar al sufrido burgomaestre. Me pregunto si en la masa informe de fanáticos de Petro hay pequeños propietarios de alcancías – que llaman con mucha pompa apartamentos – a quienes el fisco distrital les aumenta cada año y de la manera más perversa el impuesto por ser dueños de dichas alcancías. Todo para alimentar los abultados vientres de los contratistas, asesores, intermediarios, y toda laya de zánganos y moscardones que viven del presupuesto a costillas de los contribuyentes. Colombianos buenos, que somos la mayoría: nunca como ahora están dadas las condiciones para sentar un precedente histórico en contra de la clase política corrupta e indolente. Nunca como ahora tenemos la hermosa oportunidad de demostrar que los inteligentes somos mayoría. El triunfo del VOTO EN BLANCO, es cierto, cuesta otra elección pero sería la demostración contundente de que los colombianos somos capaces de olvidar nuestro meimporatunculismo crónico para empezar – ya – a ejercer nuestro derecho de fiscalizar y sancionar a los supuestos dueños del poder político y económico. Colofón: una estudiante muy curiosa me dijo: cómo estará de devaluada la política que ya ni siquiera el presidente se pone traje con corbata. Y yo agregué: el hábito no hace al monje pero sí da tristeza que las figuras públicas ni siquiera se preocupan por su imagen personal. Petro y Lucho Garzón, dos de los últimos alcaldes capitalinos, se visten como si se fueran a jugar tejo. Y me ripostó la estudiante: sin embargo, yo prefiero que se vistan con ropa de irse a jartar cerveza amarga y no que se pongan corbata para saquear el erario. La niña tiene toda la razón. ¿Qué opinan los señores Moreno Rojas y sus carnales Nule que usan tan finas corbatas? @elojodeaetos

 

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