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19
08
2013
gonzalo  guerrero

La justicia ya no cojea; está en silla de ruedas…

Por: elcides olaznog

Eso de que la justicia cojea pero llega es una gran mentira. En Colombia nunca llega porque no existe. O por lo menos no en el sentido que le da la gente.

Aunque ya están más que traqueados, veamos estos casos que siempre vienen como anillo al dedo: a un hombre que le roba un esfero a su jefe le meten cuatro años de cárcel. A un enfermito que le coge los cuartos traseros a una dama, lo clavan cuatro años. A un desplazado por la violencia, hambriento, que se roba un caldo en cubo, (suena feo pero así es) le formulan cargos por el delito de hurto agravado sin violencia, “que lo puede llevar a purgar una pena de entre dos y seis años en prisión”, decían los medios hace unos meses.

La gente ignorante, como yo, que nunca ha tenido la fortuna de estudiar para juez, no entiende cómo, por ejemplo, a un señor cagao de la rasca, que anda en una camioneta de lujo a más de 180 km por hora a la madrugada, que mata inmisericordemente a dos jóvenes mujeres profesionales y deja parapléjico a un humilde conductor de transporte público, lo “castigan” apenas quitándole la licencia por diez años y lo premian con la casa por cárcel. Y solo unas horas después, otro ebrio al volante mata a un joven pero a ese homicida sí lo clavan en la guandoca. Para los jueces el primero no representa peligro para sociedad pero el segundo sí. La diferencia radica en que uno es homicidio culposo y el otro, homicidio con dolo eventual… ¿Alguien entiende esta lógica antiaristotélica? ¿Quién determina lo uno o lo otro? ¿Es justo que la decisión sea tomada por la subjetividad de un juez que la mayoría de las veces no tiene competencias humanas ni jurídicas para tomarla? ¿Por qué la diferencia tan abismal si los dos son homicidas culpables? ¿Es cuestión de suerte que el juez o jueza determinen una u otra causa? ¿Hasta dónde puede llegar la autonomía de un juez? La sabiduría popular dice que un borracho no se come su propia m… Lo cual significa que por más ebrio que esté, un hombre sabe lo que hace.

Que alguien con alma caritativa me explique a qué se debe este aparente absurdo. Digo aparente porque de veras no sé si el equivocado soy yo o es que la justicia opera al revés con una lógica incomprensible para mentes cerriles como la mía: a delitos menores, castigos de cárcel muy severos. Y a delitos mayores, inversamente proporcional, es decir, casa por cárcel, tratamiento sicológico, suites en vez de celdas en caso de cárcel efectiva, etc.

Como si esto fuera poco, el fiscal Montealegre da declaraciones absurdas: “No vamos a participar de ese festín de aumentos punitivos”, dice el omnipotente fiscal, para aclarar que no está de acuerdo con que se endurezcan las penas para los conductores homicidas y que “es una política demasiado simplista”. Esas palabras, dichas por él, le dan un velado respaldo a las conductas criminales. Pregunto: ¿acaso la función del fiscal no es investigar y acusar con base en las leyes vigentes? Y, entonces, ¿qué hace metido en el debate poniéndole palos a la rueda de la justicia?

Recordemos solo uno de tantos ejemplos de justicia de primera para ciudadanos de primera: al exministro Fernando Botero, sindicado de apropiarse del billete del cartel de Cali para la campaña presidencial de Ernesto Samper, le dan casa fiscal con cocinero particular, suite confortable, visitas a toda hora, etc. A los angelitos Nule y sus carnales Ivancito y Samuelito que le roban a Bogotá más de mil millones de pesos (sin duda esa cifra es mayor porque la investigación exhaustiva apenas empieza y porque habría que sumar los contratos fuera de Bogotá) no los pueden juzgar porque la hora, la fecha y el lugar de las audiencias no las ponen los jueces – como creeríamos los brutos que no sabemos de derecho – sino los propios delincuentes.

Los ignorantes colombianos, que somos la inmensa mayoría, necesitamos que nos expliquen con plastilina por qué un político que se roba el erario, que mata ancianos, pobres, niños, no con cilindros bomba ni con motosierra, sino apropiándose del dinero público NO ES UN PELIGRO PARA LA SOCIEDAD pero en cambio un pobre pendejo que se roba un caldo de gallina sí lo es. Que nos expliquen con un poquito de paciencia por qué a una señora magistrada que se la pasa viaticando de crucero en crucero por el mundo nadie le dice nada y solo aparece en titulares de prensa un par de días y ya. Ellos, que se gastan la plata pública de la salud, de la vivienda, de la educación, no son un peligro para la sociedad. ¡Errrda!, como dice mi amigo cuasi corroncho…

Ejemplos de este tipo hay miles en nuestra Colombia querida.

Otro caso aberrante es el del cartel de los testigos falsos. Cualquier delincuente con capacidad de pago los consigue. Para mentir y cobrar por ello lo que sobra es gente que se vende por una panela. Para qué hablar de ello en el sonado caso Colmenares. Ahí por lo menos hay cierto equilibrio de poder aunque persiste la ineficacia de la justicia y la ineficiencia de los jueces y fiscales.

Pero muy diferente es el caso de Adolfo Gutiérrez Malaver, un ser anónimo, pobre y necesitado a quien ya nadie recuerda a pesar de haber mojado titulares hace un mes como víctima de la justicia por ser eso: un pobre pendejo. A Gutiérrez Malaver un falso testigo lo inculpó de haber participado en un atentado contra una sede de la Policía en Bogotá y la justicia le creyó al malandro y sin elementos de juicio condenó a Gutiérrez a 28 años de cárcel, de los cuales pagó 11 porque por algún milagro de la vida logró demostrar su inocencia. ¿Y el juez que lo condenó, qué? ¿No merecerá que lo metan al pote por inepto? Y los condenados que no corren con la misma suerte, ¿ah?

En fin. No olvidemos esa máxima del gran Víctor Hugo: “Entre el gobierno que hace el mal y el pueblo que lo consiente, hay cierta solidaridad vergonzosa”. Para decir que el día que los colombianos y sus dirigentes comprendamos que la anhelada paz no se logra con conversaciones entre los “actores del conflicto” sino con equidad, con justicia social, sin delincuentes ni muertos de primera, segunda o tercera categoría, ese día podremos ver la luz al final del túnel. Cuando aceptemos que la clase dirigente del país hará de todo menos solucionar los problemas de la gente; cuando la voluntad popular despierte y utilice mecanismos de defensa contra los corruptos, es día podemos ver a Colombia con luz de esperanza. Mientras tanto, sigamos viviendo en el país de maravilla en el que viven el presidente Santos y su cohorte de áulicos que ven montañas de plata y abundancia en todas partes pero no ven la realidad de miseria, necesidades básicas insatisfechas, inseguridad, secuestros, paros, bloqueos de vías, policías y campesinos muertos, etc.

Colofón: a propósito del presidente Santos, me llamaron la atención las palabras que pronunció con motivo del reciente cambio en la cúpula militar y policial: “Las instituciones necesitan renovarse para mantenerse vigentes”. Amigo Juanma, eso es lo único en lo que el pueblo está de acuerdo con usted, pues la institución que más necesita renovarse es la Presidencia de la República. Ya déjese de fastidiar con reelecciones absurdas porque a usted el pueblo no lo quiere. ¿Recuerda el abucheo del que fue objeto hace unos días en Cali? Espere más dosis de esas en este añito que le queda…

Twitter @elojodeaetos

Categoria: General

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Opinión por:

liiniita21

22 agosto 2013 a las 22:30
  

Sin lugar a dudas este articulo me encanto, tienes toda la razon y yo creo que todos necesitamos que nos expliquen con plastilina porque hay tanta desigualdad aunque no somos bobos que en este pais todo lo maneja la plata por eso la casa por carcel y en fin mas injusticias…

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