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03
04
2013
gonzalo  guerrero

No es debate de intelectuales; es reyerta de verduleras

Por: elcides olaznog

¡Qué vergüenza! Como van las relaciones entre el presidente y los ex, Pastrana y Uribe, el siguiente paso será tratarse de “garbimbas”, de “pichurrias” y de otro adjetivo que no quiero nombrar pero que empieza por “gon” y termina con “ea”.

La historia política de Colombia registra debates de gran altura intelectual, particularmente hacia mediados del siglo XX. Los políticos de entonces – no tan corruptos como los de ahora – equivocados o no, defendían unos principios, una filosofía, un ideal. Y se preparaban intelectualmente para llevar a cabo debates interesantes en el congreso.

Lucas Caballero, el genial Klim, en uno de sus libros destacaba al epónimo chocoano Diego Luis Córdoba – tío de la exsenadora del turbante, amiga íntima de todo aquel que odie a Colombia – como un magistral expositor oral. Con argumentos de elevada estatura logró la fundación del Departamento del Chocó, y hasta el final de sus días fue insigne senador de la República, siempre en defensa de la eternamente olvidada población negra chocoana. (Recordar el “bollo perfumado” del diputado Mesa).

Debates encarnizados pero inteligentes fueron los que protagonizaron Alfonso López Pumarejo y Laureano Gómez Castro. O, más adelante, sus hijos Alfonsito López Michelsen y Alvarito Gómez Hurtado. Incluso hubo uno muy sonado entre el propio López Michelsen y Carlos Lleras Restrepo. Y un poco después el enfrentamiento ideológico, quizás el último en nuestra historia, entre el hoy condenado Alberto Santofimio y el, para algunos, el más grande dirigente político de Colombia en el siglo XX: Luis Carlos Galán Sarmiento. Independiente de sus finales, cárcel quizás justa para el primero y trágico el del segundo, fueron muestras excelsas de oratoria y de argumentación.

Pero eso desapareció. Ahora solo causa tristeza registrar las actividades del nuestro flamante Congreso, en sus dos inútiles cámaras. No se trata de verlo a fondo, pero para ilustrar con ejemplos, se pueden mencionar HP (Honorables Parlamentarios) que se destacaron justamente por su repugnante ordinariez: el senador Édgar Perea; Carlos Moreno de Caro, el empresario de pollos y gallinas, Gabriel Camargo… más que ideas, lo que los destacaba era su lenguaje soez, producto de su escasez intelectual. Y qué me dicen de las salidas inteligentes de los últimos presidentes del Senado: Armandito Benedetti, Juan Carlos Corzo y Roycito Barreras. Entre los tres no se saca un cretino completo.

En estos últimos días la prensa nacional destaca la pugnacidad enfermiza de Álvaro Uribe Vélez y de Andrés Pastrana en contra del proceso de “paz” del presidente Juan Manuel Santos. De esos tres, la verdad sea dicha, al menos Alvarito tiene ¿tenía? cierta capacidad de argumentación. Pero sus colegas, de verdad, he tratado de buscar algún documento o grabación que registre algún discurso o intervención inteligente, pero nada. No lo hay, no existe.

Y a ellos se les ha unido un ministro, el “camarero” de Pablo Escobar, que sale a “ladrar” por orden de su patrón Juanma. Y un exministro, Gabriel Silva Luján quien, cual camaleón, en su momento fue pastranista, después uribista y ahora santista. Supongo que dentro de unos meses será Vargasllerista, todo ello con la condición de seguir mamando la teta oficial en algún elevado puesto burocrático.

Todos ellos dan grima. Olvidan que la gente ya no es tan ignorante como hace cinco décadas y que las redes sociales están registrando día a día todas sus andanzas y sus fechorías. Álvaro Uribe está despedazando a golpes de twitter la muy buena imagen con que salió después de ocho largos años en la presidencia. Destila veneno a toda hora porque, como todos los expresidentes, se resisten a conformarse con ser apenas viudas del poder. Y quieren recuperarlo como sea, al precio que sea.

Andresito, siempre tan limitadito, con abundante escasez de autoridad moral, sale a los medios a decir que el presidente Santos se aprovecha de su famoso proceso de paz para buscar su reelección. Olvida – varios columnistas se lo han recordado – que él y sus cómplices Víctor G. Ricardo y Álvaro Leyva se inventaron un embeleco peor que el de Santos para hacerse con la presidencia, en tiempos en que Colombia estaba más devastada por la fuerza insurgente de las Farc. De no ser por esa treta infame, Andresito jamás habría sido presidente. Y Colombia no se hallaría hoy en este estado de putrefacción por causa de su flamante gobierno.

El lenguaje usado por estas “figuras públicas” debería ser interpretado por los colombianos para, de una vez por todas, decidir que no hay por quién votar. La clase dirigente política y económica nacional, con contadas excepciones, hiede. El lenguaje que usa es fiel reflejo de lo que digo. No parecen dirigentes; parecen verduleras, y que me perdonen las valientes señoras que se sacrifican por sus familias en las plazas de mercado vendiendo verduras. El lenguaje que utilizan los supuestos líderes es el espejo de sus almas  dañadas y contaminadas por tantos años de fraude, engaño y triquiñuelas.

“El camarero de Pablo Escobar”; “pone a ladrar a los ministros pero quién sabe si me irá a ladrar por lo que le digo”; “apologista del terrorismo”, “la mula Conchita que se quiere parecer a Juan Valdés”; “presidente Santos, canalla”, todas ellas coronadas por ese paradigma de la elegancia, el diputado antioqueño Rodrigo Mesa, quien afirmó que “meterle plata al Chocó es como perfumar un bollo”. Son solo algunas de las expresiones que retratan de cuerpo entero a estas viudas del poder que harán lo que esté y lo que no esté a su alcance para recuperar el botín o parte de él. Pese a sus inmensas fortunas, Uribe y Pastrana quieren más ponqué, quieren manejar a su antojo el erario.

Cómo desearía el pueblo colombiano que por algún milagro esos fomentadores de la guerra, Santos, Uribe, Pastrana y el largo etcétera de sus cómplices, perdón, colaboradores, no lograran su cometido. Que los oficios divinos de Pachito (el hincha del San Lorenzo de Almagro) en la tierra, y de la Hermana Laura en el cielo, permitieran una renovación de la política y produjeran una afortunada eclosión de figuras nuevas no contaminadas y dispuestas a cambiar el funesto rumbo de la Colombia de hoy.

Colofón: causa profundo pesar ver a Álvaro Uribe en esa actitud prepotente y desafiante. Santos con la manija del país bien asida es mucho el mal que le puede hacer a Colombia si no le pone rindas a su embeleco de paz. Y de Andrés, mejor dejemos así. Veo imposible que los colombianos le perdonen sus funestos años en la Alcaldía de Bogotá y los oscuros cuatro años de su desastrosa presidencia. De este personaje es muy pero muy poco lo que se puede esperar.

Twitter: @elojodeaetos

Categoria: General

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caalza7

4 abril 2013 a las 13:52
  

Que mas podemos esperar de un narcoparaco Nº 82, hijo del traqueto de la aerocivil (libro Jinetes de la cocaína) acostumbrado a arriar bestias y políticos????? (Yo se que redundo y pido perdón a las bestias por la comparación con los políticos)

Opinión por:

jaime parra dueÑas

4 abril 2013 a las 14:34
  

MUY BIEN RETRATADOS EN ESA INTERESANTE COLUMNA.- FELICITACIONES PORQUE HAY QUE DECIRLES LA VERDAD.- Y LA VERDAD ES QUE LAS HUMILDES VERDULERAS, SON SERES HUMANOS RESPETABLES EN SU INTEGRIDAD Y HONRADEZ DE VERDAD Y ES UNA OFENSA PARA ELLAS COMPARARLAS CON SEMEJANTES PERSONAJES.- PERO QUE NO SE LES OLVIDE: AYER FUE CHAVES, HOY FUE CARRANZA, MAÑANA SERÁN ELLOS Y POR NADA BUENO SERÁN RECORDADOS.- AMÉN.-

Opinión por:

carv

4 abril 2013 a las 16:58
  

“La culpa de los malos gobiernos no es propiamente de los malos gobernantes, sino de los buenos ciudadanos que los eligen o los toleran”. Una de las más pérfidas secuelas del llamado ‘Frente Nacional’ (que repartió, milimétricamente, todas las ramas del Poder Público entre los ‘liberales’ y los ‘conservadores’) fue que nos anestesió (realmente, nos castró) ideológicamente y nos convirtió en pusilánimes alcahuetas y conmilitones de toda la suerte de corruptelas y de contubernios que han envilecido y envilecen la existencia de nuestro pueblo. Es hora de sacudirnos (como los perros mojados).

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