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Archivo de diciembre, 2012

17

12

2012

gonzalo  guerrero

Salario máximo versus salario mínimo

Por: elcides olaznog

Decir salario máximo versus salario mínimo es lo mismo que decir esfuerzo mínimo y comodidades extremas en una vida de príncipes, contra 12 horas diarias de trabajo, seis días a la semana en condiciones también extremas… de necesidad y de sacrificio. Es decir lo mismo que escuadrón de camionetas 4×4 pagadas con el trabajo de los colombianos, versus TransAnimalenio, ese transporte para bestias que han dado en llamar la solución para los problemas de movilidad de la flamante capital de la República. Ya mis inteligentes lectores saben que me refiero a los congresistas, concejales y toda laya de políticos y manejadores del tesoro público y que no hacen más que daño, versus el majadero trabajador colombiano que se vuelve viejo esperando todos los años un raquítico aumento a su salario de miseria. En la mesa de negociaciones acerca del salario mínimose instalan todos los poderosos menos los trabajadores. Comparten manteles los voceros de un Gobierno que no tiene ni p… idea de las necesidades de los trabajadores; los representantes de las gran empresa, que es lo mismo que decir de los beneficiarios de lo que llamaban los del materialismo histórico, la plusvalía; los representantes de los trabajadores, es decir, las centrales obreras, compadres de los dos anteriores pero que también les chupan la sangre a los trabajadores. ¡Errrrda!, como dice mi hijo corroncho. Pero no se logra el acuerdo porque el Gobierno está más interesado en que no se le caiga la reforma tributaria y no tiene tiempo de pensar en minucias. Y el presidente Santos, armado de su generoso corazón y de su sollozante sensibilidad social  se dispone, entonces, a fijar el salario mínimo por decreto. Que se jodan, quién los manda ser pobres. Juan Manuel Santos está asustado porque todo se le ha caído y no me refiero a nada que tenga que ver con su urólogo. Pero eso es problema suyo y de vieja Cleme, no de los colombianos. Me refiero a que se le cayó la reforma estudiantil, se le cayó la reforma a la justicia, su proceso de paz con “la far” va de mal en peor y, para rematar, a Shakira, que costó tanto billete sacarla del tálamo de Piqué para que compartiera escenario, luces, cámara y acción en Cartagena con el compadre Barack, purrumplum, ¡se le olvidó el himno! Y eso sí que baja puntos en las encuestas. Nada le sale bien al pobre Juanma. Por eso les suplica a los congresistas de todas las bancadas que hagan un esfuercito adicional y “trabajen” para aprobarle la reforma tributaria. Que no se preocupen con la repartija de puestos y presupuestos que después, en febrero, con la marea baja, hablamos. Y los Honorables Parlamentarios, juiciositos, a hacerle la tarea a Juanma. Por eso también se toma la televisión nacional para recordarles a sus compatriotas que no se preocupen, que nada de la reforma tributaria los va a perjudicar; al contrario, que es una reforma para darle más solidez a la Prosperidad Democrática. Que el aumento en los impuestos es para los que tienen más, como él. Jo jo jo, como dice papá Noel; como si el Estado estuviera al servicio de las clases menos favorecidas. Cuénteme una de vaqueros, apreciado presidente. Todo ello es tema de titulares de los grandes medios de información. Las buenas noticias, digo yo. Porque todos los colombianos, incluidos los de salario mínimo, deben estar felices porque, por ejemplo, el senador Juan Manuel Corzo le ganó al Estado una demanda millonaria; ya tal vez no tenga que pedir limosna para la gasolina de sus camionetas. También debemos estar felices porque Juan Martín Caicedo Ferrer tuvo la misma suerte, es decir, que el Estado debe desembolsarle una buena cantidad de cientos de millones porque la Fiscalía se equivocó con su captura, hace ya como 18 años, cuando Caicedo era alcalde de Bogotá y trabajaba mancomunadamente con los 40 concejales de marras. Fue, recuérdelo, amigo lector, el famoso episodio que la gente, con mucha inteligencia y con una soberbia muestra de ingenio y de fina ironía, denominó “Alí babá y los cuarenta concejales”. Loa a Dios y a las altas cortes. Conclusión en serio: nada de la cruel realidad colombiana da para pensar en una pequeña luz de esperanza para los colombianos en el 2013, pues cuando reciben el pinche aumento ya deben doscientas veces su monto. Porque el ciudadano común, atrapado en las leyes de la economía, con la barriga vacía y el bolsillo también, se ve obligado a consumir productos (ropa, enseres, comida, vino) con las “ventajas” del compre ahora y pague en febrero. Nada más perverso y diabólico que la gran empresa, esa misma que le niega al trabajador un ingreso medianamente digno, lo atiborre de mensajes que le ofrecen crédito fácil. Y no es únicamente que se lo ofrezcan: se lo dan. Pero el pobre diablo que se endeuda, lo hace sin saber (ni le importa, por ahora) de dónde va  a sacar la plata para las 48 cuotas. Colofón: Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad. Colombianos: para salir de la pobreza repitan toda la vida estos discursitos pendejos; escríbanlos, imprímanlos y presénteselos al tendero, al agiotista, al arrendador, a las empresas de servicios públicos. Feliz Navidad, amigos; jo jo jo.        

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03

12

2012

gonzalo  guerrero

Llegó diciembre, ¿con su alegría?

Por: elcides olaznog

Con tres hechos que han acaparado la atención de los medios en los últimos días se puede ver con claridad meridiana lo que fue Colombia en el 2012 y lo que nos espera en el “próspero” 2013.  Los últimos quince días en Colombia han pasado con mucho agite y de escándalo en escándalo. El veredicto de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, sin embargo, opacó los escándalos “menores” y acalló las voces que denunciaban los regalos de Navidad de los concejales de Bogotá y de los congresistas. Los primeros pedían camionetas de únicamente 135 millones de pesos pero con la condición de que se las entregaran el 24 de diciembre, vía arbolito de Navidad. Los otros, tan considerados, no solo pedían una sino dos camionetas pero no compradas sino arrendadas, supongo que para que no salieran tan caras. Votaré en las próximas elecciones por el autor de la iniciativa, la madre que sí.  En ambos casos querían otra bolita en el arbolito, que eran (son) los subsidios para gasolina, para mantenimiento y unos que otro pesito para los peajes y unos buenos millones para pagar los daños cuando ebrios se estrellaran y volvieran m… las camionetas. Pero, en el caso de los concejales de Bogotá, los suertudos bogotanos con sus protestas consiguieron que no se compraran las pinches camionetas, pues su director administrativo dijo que la compra no era prioridad y que los Honorables Concejales, en un gesto de generosidad con sus electores, deberían esperar hasta los primeros días de febrero entrante para estrenar nave. Loa a Dios, señor administrador, por aplazar unos días la perversa compra de vehículos.  A quien sí le llegó billete en rama navideña fue al HP (honorable parlamentario) Juan Manuel Corzo que le ganó al Estado una demanda por 800 millones de pesos, por el secuestro de que fue víctima cuando en 1999 fuera retenido por el ELN un avión de Avianca en el aeropuerto de Bucaramanga. Yo, como siempre tan solidario con la causa de mis hermanos HP, pienso que más es la bulla porque… qué son 800 millones de pecuecos pesos colombianos, comparados con los 13 mil millones que pedía la señora Ingrid Betancur por el mismo concepto. O comparados con los ciento y pico mil millones de pesos que le costó a la señora canciller María Ángela Holguín la cumbre de Cartagena para traer a Barak Obama a compartir escenario con Shakira. ¡Una bicoca!  Excelente fallo, digo yo. Pero con una “regla de tres simple” pienso: si por unos meses de secuestro de un parlamentario, es decir, de un sujeto que no sirve para nada más que para soltar babosadas desde la presidencia del Senado, el tesoro nacional debe desembolsar 800 millones, ¿cuánto deberá pagársele, por ejemplo, a Johan Steven Martínez, hijo del sargento mayor del Ejército José Libio Martínez, quien después de durar más de catorce años secuestrado y torturado, fue vilmente asesinado por sus captores? Recordemos que Johan Steven es el famoso niño que durante todos los años de su corta vida no hizo más que abogar ante los medios mostrando su carita inocente para que los secuestradores le permitieran conocer a su padre, retenido meses antes de su nacimiento.  Pero todo eso pasó a mejor vida en las noticias de los grandes medios, para darle paso a un asunto de mayor envergadura: el despojo de decenas de miles de kilómetros cuadrados de mar caribe en el archipiélago de San Andrés en favor de Nicaragua. Sin embargo, al gobierno no le preocupó tanto el absurdo fallo de la hoy archifamosa Corte internacional; no, la catástrofe del gobierno de Santos no es haber perdido 90 y pico mil kilómetros cuadrados de mar territorial sino haber perdido ONCE puntos de popularidad en las encuestas. País de m…, dijo la vieja tía Empera cuando le comenté el asunto.  De todos modos, para disimular y ver cómo se recupera parte de esos kilómetros de mar, perdón, de los once puntos de popularidad del presidente, el gobierno lleva dos semanas dando pataleos de ahogado y gastando dinero a raudales en asesorías jurídicas y demás babosadas que no conducirán a nada más que al ridículo internacional.  Dice un amigo argentino que Colombia debe mostrarle los dientes a Nicaragua para que los nicas, a la cabeza de su degenerado y borracho presidente, sepan con quién se están metiendo. Pero no se debe olvidar que aunque la vetusta armada nicaragüense es menos peligrosa que el barquito de papel del también argentino Leonardo Favio, tiene un aliado muy poderoso en el ya no tan nuevo mejor amigo de Santos. El presidente Chávez tiene unas ganas tremendas de estrenar el armamento nuevo y sofisticado que compró en los tiempos de Uribe Vélez. En otras palabras, el democrático presidente venezolano, con una pata en el cementerio y otra en Miraflores puede ser decisivo en un eventual conflicto bélico con Nicaragua.  Llegó diciembre con su alegría para los prósperos empresarios, para los altos mamadores del erario nacional y distrital, para los deportistas de elite pero no para los trabajadores colombianos que tienen que mendigar cada año unos punticos de reajuste a su salario supermínimo, mientras que las roedoras de siempre en el congreso y en los cabildos municipales y en las oficinas públicas tiene su arbolito lleno de regalos y su nevera harta de pavo y de champaña francesa. Para ellos va mi saludo decembrino con toda mi consideración y respeto. Sólo les pido que cuando estén en el clímax de su hartazgo etílico y gastronómico, recuerden por unos segunditos que son los del salario mínimo los que proveen sus panzas y sus gaznates. Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.  Colofón: a un gobierno “Roncador” en asuntos de diplomacia internacional solo le “Quitasueño” la pérdida de puntos de popularidad en las encuestas. ¡Viva la reelección de Juan Manuel Santos!                  

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