BLOGS Actualidad

05
11
2012
gonzalo  guerrero

Las tareas escolares: ¡arriba la inteligencia, abajo la estupidez!

Por: elcides olaznog

Un proyecto de ley que prohíbe las tareas escolares en la casa – muy inteligente, como todo el “trabajo” de nuestros brillantes congresistas – puso nuevamente a la gente a opinar. Y sí, muchos opinan pero muy pocos conocen el tema a fondo, y mucho menos los políticos que si de algo carecen es justamente de educación.

Por razones lógicas y saludables, a los políticos se les debería prohibir taxativa y categóricamente meter sus horrendas narices en el tema de la educación. Porque la propuesta, ligera y superficial, lo que puede generar en unos años es millones de simones gavirias, royes barreras, juanmanueles corzos, samueles morenos, andreses pastranas, etc. Es decir, sujetos que ni siquiera son adiestrados en la vida para disimular su escasez intelectual o, por lo menos, para que no la exhiban ante la gente decente.

El problema, que existe y no se puede negar, debe ser motivo de debate profundo e inteligente, pero solo debe hacerse con gente que sepa de educación, lo cual significa que nuestra flamante ministra, María Fernanda Campo, se tiene que quedar por fuera del debate. No la excluyo yo sino la gravedad del problema y la seriedad del asunto.

He aquí algunas reflexiones que podrían animar un buen debate:

1. ¿Sabe el profesor – de primaria, bachillerato, universidad – cuál es el objetivo de la tarea en casa? ¿Sabe el docente que la tarea académica es un reforzamiento del aprendizaje y que debe estar atado al objetivo de su curso o de su asignatura? ¿Sabe que una tarea no se puede pedir porque sí y punto?

Me parece que no todos los docentes lo saben, a juzgar por las tareas que ponen y por el tratamiento que les dan a esas actividades. Veamos un ejemplo: la familia no puede salir el fin de semana a descansar porque el niño tiene que hacer una tarea larga, extenuante y, en ocasiones, improductiva. Y el martes, cansados por el trajín del fin de semana, pero con la satisfacción del deber cumplido, piensan que fue lo mejor, que bien valió la pena un fin de semana de sacrificio en favor de la educación de su hijo. Pero resulta que la “cucha” de sociales, por ejemplo, ni se dignó pedir los trabajos. Claro, el niño y los padres aprendieron, qué duda cabe; pero es descorazonador comprobar que la tarea NO TENÍA un objetivo definido.

Otro punto: el mismo Estado ordena a las universidades una educación por créditos académicos. Un crédito académico es equivalente a una hora de trabajo en aula y dos horas de trabajo autónomo (casa, biblioteca). ¿Habrán pensado los inteligentes legisladores cómo adaptar a un muchacho recién egresado de bachillerato, acostumbrado al nocivo facilismo, a que asuma una responsabilidad mayor de estudiar por créditos? ¿Puede un decreto o una ley de la República determinar que un joven pase de un momento a otro de ser facilista, perezoso y pocalucha a aprendiz de investigador, a escribir con propiedad, a leer con objetivos reales y con sentido crítico? Dios mío, si la lectura de unas simples fotocopias le causa estrés, ¿cómo hacer para que el muchacho sea verdaderamente un profesional en formación?

Escuché un programa de radio en el que les abrieron el micrófono a los padres de familia para que opinaran acerca del delicado asunto. Y comprobé lo que ya era una sospecha fuerte: los bogotanos (y es fácil suponer que los colombianos) tienen la percepción generalizada de que la educación en Colombia es de pésima calidad en todos los niveles pero, particularmente, en primaria y bachillerato. Y los docentes universitarios tienen muy pocas herramientas para iniciar un proceso que sus colegas de primaria y bachillerato nunca quisieron iniciar, es decir, la formación del muchacho sobre la base de que la educación no es una obligación sino un privilegio. Es común, por ello, el joven universitario al que le cuesta trabajo escribir su propio nombre correctamente. Y de ahí en adelante… mejor dejemos así.

Otro aspecto que vale la pena incluir en el debate es la distancia descomunal (cada vez mayor) entre el docente atelarañado y mohoso que ignora la tecnología y el discente que interpreta el universo con herramientas tecnológicas que para su docente son de otro mundo. Esto, por desgracia, es más real de lo que queremos aceptar. Por estas y otras circunstancias, se hace imprescindible un acercamiento entre los dos actores del proceso enseñanza – aprendizaje, es decir, entre discente y docente.

Pero hay algo muy claro: el estudiante de hoy NO va a adquirir el hábito de leer y estudiar como se hacía hace dos, tres, cuatro décadas. De modo que es el docente quien debe acercarse un poco al mundo de su estudiante. Es triste y difícil pero no hay alternativa. Si al docente de hoy se le dificulta utilizar las herramientas tecnológicas, por lo menos debe aceptar que su estudiante no puede ni quiere aprender a la brava con métodos de los años de upa.

Estos y otros asuntos de importancia deben ser motivo de amplio y serio debate nacional. No se debe aceptar que los políticos salgan orondos a los medios a hablar de lo que no saben. No se debe permitir que los legisladores se gustavopetreen, es decir, salgan a improvisar en una cuestión tan delicada y sensible para la sociedad colombiana del inmediato futuro. Y lo más grave no es que dejen o no dejen tareas. Lo grave entre muchos otros aspectos, es la exigua preparación de los docentes y la escasez de recursos oficiales para la educación.

El docente, sin importar el nivel en que se desempeñe, debe concienciarse de la importancia de la tarea académica, planificarla y organizarla, es decir, hallarle la esencia y sacarle provecho. El profesor debe ser consciente de que imponer tareas por castigo o por hacer sentir su autoridad no conduce a ninguna parte. Una tarea debe ayudar a cumplir un objetivo académico y así lo debe conocer el estudiante. De lo contrario, será una actividad improductiva y estresante. Decirles NO a las tareas es tan nocivo como el exceso de ellas.

Colofón. Amigos congresistas colombianos, particularmente el genio Édgar Espíndola: aprueben presupuestos, tírense el dinero que no es suyo, repartan contratos, construyan puentes donde no hay ríos, llenen sus bolsillos y los de sus amigos, destruyan policías, manejen borrachos, viajen por el mundo por cuenta de nosotros los contribuyentes, beban whisky 18 años, mejor dicho, sigan en su estado natural. Pero no se metan con la educación que de eso tampoco saben. La juventud hoy y la nación mañana, se lo agradecerán. Dejen este delicado tema en manos de personas inteligentes. Punto.

Categoria: General

TAGS:

1

1 voto2 votos3 votos4 votos5 votos
Loading ... Loading ...
1

Opiniones

Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión.
Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado.
Puede escribir sus comentarios aquí

Opinión por:

preocupadoporcolombia

5 noviembre 2012 a las 16:20
  

No solo la Ministra debe alejarse del debate sino del Ministerio….hasta cuando debemos soportar Ministros-empresarios de educaciòn que creen que las Universidades son fabricas de zapatos? Yo estoy de acuerdo en que deben disminuirse las tareas…mis hijas a veces no pueden salir un rato a la calle por estas tareas! Deben regularse…que no sean una manera de desarrollar un curriculo (programa) demasiado extenso sino una manera de profundizar en algunos temas, o de hacer pensar a los estudiantes…me gusta cuando se trata de leer libros, resolver ejercicios pero no las consultas que se convierten en un copy-paste

Buscar en este blog

Todos los Blogueros en Actualidad

Categorías

Tags

Los editores de los blogs son los únicos responsables por las opiniones, contenidos, y en general por todas las entradas de información que deposite en el mismo. Elespectador.com no se hará responsable de ninguna acción legal producto de un mal uso de los espacios ofrecidos. Si considera que el editor de un blog está poniendo un contenido que represente un abuso, contáctenos.