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Archivo de octubre, 2012

21

10

2012

gonzalo  guerrero

Solo tilín, tilín y nada de paletas…

Por: elcides olaznog

Si la sabiduría popular dice que las conversaciones de paz en Oslo son puro tilín, tilín y nada de paletas, es porque las conversaciones de paz en Oslo son puro tilín, tilín y nada de paletas. Nada tan extraordinariamente sensato como hacerle caso a lo que opina la gente y no lo que opinan los “especialistas”. Esta semana en círculos diferentes a los grandes medios de información, sin parafernalia, ni luces, ni cámara, ni acción, se oyeron expresiones que para algunos inteligentes son apenas pintorescas pero que, bien vistas, indiscutiblemente están preñadas de viva realidad. Esto está más trabado que un bulto de anzuelos, dicen por ahí. Que el Ejército dio de baja a no sé cuántos insurgentes. Que la guerrilla de las Farc mató, emboscó, puso bombas, etc. Que Santos dijo, que Iván Márquez esto, que De la Calle lo otro, que los analistas bla, bla bla. Lo dicho: tilín, tilín, pero de aquellito nada. Lo único claro del bulto de anzuelos es que la guerra sigue y parece que más cruda y más cruel que de costumbre. Los colombianos anhelamos la paz, porque como dice el filósofo, el ser humano anhela por naturaleza. Pero, por ahora, el anhelo se va a quedar en eso. Sé que el sufrido pueblo merece vivir unos mesecitos en paz y que la gente tiene derecho de soñar con ella. Sin embargo, una mirada cruel pero real dice que ese embeleco de Santos en busca de la reelección no va a parar en nada, como no sea en un descalabro económico de incalculables proporciones, mucho más dramático y devastador que el de Andresito en los tiempos del Caguán, del cual Colombia nunca va a recuperarse. Dirán algunos que esta es una mirada negativa. Pero amparado en un pensamiento de Buda, creo que no es negativismo sino realismo. “Si quieres conocer tu pasado, entonces mira tu presente que es la consecuencia; si quieres conocer tu futuro mira tu presente que es la causa”. Pues bien; revisadito con cierto grado de minuciosidad el pasado, desde hace 520 años transcurridos desde de la violenta irrupción del hombre europeo en estas tierras, este pedazo de geografía, Colombia, que heredó el nombre del almirante Colón nunca, léase bien, nunca, ha gozado un momento de paz verdadera. Lo reto, amigo lector, a que me diga si en el “Descubrimiento”, en la Colonia, en la “Independencia” o en la República, ha habido cinco minutos de paz. Y mucho menos ahora cuando los enemigos son más variados, más peligrosos y mejor armados que las tres miserables carabelas con que don Cristóbal asaltó a nuestros indígenas. Pero volvamos al embeleco de moda. Uno oye y lee y ve en los medios y en la calle cuatro discursos diferentes frente al proceso de marras. Una cosa dice Juanma, otra dice Timochenko; una muy diferente habla el terrible Iván, y otra la que piensa el pueblo. Juanma quiere la paz y Timo pareciera que también, pero Iván quiere la guerra, pues por sus declaraciones parece que no le está obedeciendo al jefe supremo. Son declaraciones virulentas y un tantico pasadas de moda, pero que logran un efecto clarificador frente al embeleco, perdón, frente al proceso de paz. Con las declaraciones de Márquez ya sabemos a qué atenernos. Y, finalmente, el discurso pesimista del pueblo que sueña con la paz, la merece y paga por ella, pues no solo pone los muertos sino también el cerro de millones que cuesta el embeleco. Sin embargo, no todo es malo. Hay algo en lo que los actores del conflicto están de acuerdo: todos luchan por el pueblo y lo defienden de sus enemigos. La guerrilla lo defiende del gobierno y de los paramilitares; los paramilitares lo defienden de la guerrilla; el gobierno también lo defiende de la guerrilla. Pero la realidad incontrovertible es que todos tres lo utilizan como trampolín para lograr sus propósitos particulares. Y no hay nada ni nadie que defienda al pueblo de sus tres “benefactores”. Estas líneas se escriben con el respaldo, también, de las encuestas. De las benditas encuestas que quitan, que ponen, que mangonean, que pontifican: 16 por ciento de colombianos están optimistas frente al proceso de paz; 41 por ciento declaran estar expectantes (por no decir escépticos) y 43 por ciento pesimistas. Y de seguir como va, y si hacen las encuestas con la gente y no con los amigos de Juanma, la tendencia es a incrementarse la cifra de incrédulos y a disminuir la ya de por sí insignificante cifra de optimistas. Digamos nuestra verdad. Una Colombia en paz no es viable por varias razones: los guerrilleros no saben vivir en la civilidad, y por pasarse a vivir a Chapinero o a Ciudad Salitre van a poner un precio muy alto; los militares no se conciben a sí mismos pasándose la vida brillando el fusil y las condecoraciones; el gobierno y los congresistas no tendrían banderas electorales, y la satánica industria de las armas no va a permitir la paz, porque el negocio, el de producir y vender armamento, es cientos de veces más rentable que los reálitis de RCN y de Caracol. No nos digamos mentiras, como dice un amigo zapatero; pero los colombianos estamos impregnados de violencia europea. Es el más importante legado, primero, del Almirante Cristóbal y su corte de aventureros que vinieron a descubrirnos; y, segundo, de la reata de asesinos españoles que vinieron después a conquistarnos, por cuenta de la Corona española comandada por un rey y una reina que no tenían ni p… idea de lo que hoy es América. ¿Están dispuestos, mis amigos lectores, a endilgarme el calificativo de pesimista? El Dios de Colombia sabe cuánto deseamos estar equivocados. Pero en este infundio de Santos y la parafernalia internacional que esto despierta, le creo más a Iván Márquez que a Timochenko. Colofón: hoy el remate corre por cuenta de mi admirado tío Anselmo, ese sí, politólogo de campanillas, con una pregunta que le traslado a la primera próstata de la nación: ¿de dónde va a salir, admirado Juanma, el cerro de millones que se va a tirar (que ya se está tirando) a cuento del embeleco de la paz y de su disimulada reelección? Su respuesta, por favor, a @elojodeaetos

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07

10

2012

gonzalo  guerrero

El estudiante frente a la universidad de hoy

Por: elcides olaznog

“Por el camino de la ciencia y del arte, se asciende a la perfección y a la libertad. Por el camino de la ignorancia se desciende a la servidumbre.” Diego Luis Córdoba Hoy hablaremos de la educación superior en Colombia, porque es el tema obligado en las universidades. Muchos estudiantes preguntan, pues quieren saber la opinión de sus profesores frente al debate que a veces intenta renacer en el ámbito educativo colombiano. A ellos les prometí una opinión “pública” y aquí está. Entre muchas aristas que se pueden analizar de este agudo tema, vamos a referirnos a cierto sector de estudiantes que sí pero no, que sí pero quién sabe. Nada más complejo pero a la vez tan fácil de mirar. Me refiero al desdén casi absoluto de ciertos jóvenes frente a su proyecto educativo superior, frente a la realidad. Desdén o desprecio por su propia formación que no existiría si los chicos a los que me refiero se concienciaran de que en un país como Colombia estudiar en una universidad es un privilegio de pocos. Digo que es un asunto complejo porque no se pueden meter en el mismo saco los estudiantes de universidades públicas y los de las privadas. Ni siquiera se pueden analizar en conjunto los de las universidades ricas y las “pobres”. En este comentario sólo me referiré a las universidades privadas. Pues bien; la diferencia entre ricas y pobres no radica, como podría suponerse, en recursos físicos, económicos y humanos. Las teorías se estudian en los mismos libros, en los mismos autores. Las prácticas, cuando las hay, pueden ser diferentes pero esto no es concluyente. Un estudiante de periodismo, por ejemplo, puede hacer prácticas de video en una vieja cámara pero el concepto es el mismo. Es decir, detrás de la cámara debe haber un ser humano intelectual que le da identidad a una imagen. Y ese ser humano puede ser rico o pobre, pero lo importante es que sea socialmente SENSIBLE. Decimos, entonces, que la diferencia podría ser que en la U. poderosa (Andes, Rosario, Javeriana, etc.) al estudiante le cuadran el cerebro y le hacen pensar que él es capaz y que su tarea es dirigir procesos y que se prepara es para dirigir el país. Al estudiante de las universidades menos poderosas lo preparan – y él se lo cree – para ser ayudante, auxiliar. De otra parte, el discente que se prepara para dirigir procesos entrena, lee, analiza, debate, propone, desarrolla capacidad crítica; es decir, se mete en la vida real y forma parte de ella. No espera que el profesor o la universidad le den todo el conocimiento sino que lo busca, indaga, procesa información, duda, pregunta, relaciona el conocimiento con la realidad de su entorno, mejor dicho, utiliza el cerebro. Para ello estudiar en universidad “rica” no es condición sine qua non, pues en la “pobre” también puede hacerlo. Mientras que el otro, el que tiene cerebro de pobre, solo se prepara para contestar parciales con la mira puesta en el mediocre 3 salvador: este “estudiante” va a la universidad obligado, para que el “cucho de economía”, por ejemplo, no lo haga perder por fallas. Ese personaje es fácil de identificar porque utiliza el teléfono inteligente no para sacarle provecho sino para ver las estupideces que escriben sus amigos en las redes sociales, para ver fotografías de gente con cerveza y aguardiente en mano y escribir ha ha ha ha ha. (Antes la gente se reía con jota pero ahora lo hace con hache). En síntesis, la diferencia está ahí, en la actitud del estudiante. Mientras uno va a estudiar otro va a mamar gallo. Mientras uno va a aprovechar el tiempo y la plata de la matrícula, el otro va a cuadrar la rumba del fin de semana. Mientras uno entra a clase a mirar el reloj y el celular y a esperar que el cucho se vaya rápido o no vaya a clase, el otro exige que el docente dicte su clase completa y que le dé bibliografía, fuentes de estudio. Mientras uno le echa la “agüela” al profe que le pone una tarea, el otro la disfruta o, por lo menos la acepta y es consciente de que esa tarea le puede ayudar a crecer intelectualmente. Como se puede ver, el docente, la universidad, es muy poco lo que pueden dar. Un docente, aunque no sea tan brillante, puede tener la actitud de enseñar pero nada puede hacer si el estudiante no adopta la actitud de aprender. De nada sirve que el Estado, las universidades se preocupen por cualificar el sistema. De nada sirve que un docente estudie maestría o doctorado si su estudiante ni siquiera se preocupa por escribir su nombre correctamente. ¿Los resultados? el pobre de cerebro piensa que en este país no hay oportunidad, que aquí solo surgen los ricos; y después le toca conformarse con un sueldito de miseria y a quejarse de su mala suerte. En cambio, el estudiante que adopta actitud ganadora siempre tiene sitio de trabajo, lo buscan, le ofrecen, se lo quieren llevar a sus empresas. O, en últimas, está preparado para CREAR EMPRESA. ES UN LÍDER NATURAL. En mi opinión, la solución de este problema de la educación está más en el estudiante que en la universidad o en sus docentes. No olvidemos que los estudiantes y, en general, los seres humanos se dividen en dos: los que dan resultados y los que dan disculpas. Los primeros pertenecen al estamento director y los mediocres se instalan para siempre en el estamento dirigido. La tarea principal de un educador se debería centrar en buena medida en la motivación de sus estudiantes. Convencerlos de que la universidad no es la prolongación del bachillerato, esta vez sin buzo escolar y sin jardinera, y que la ciencia ni el arte deberían tener estrato social. Persuadirlos de que el conocimiento está en todas partes, más allá de las cuatro paredes de un salón de clase. En síntesis, el docente de hoy debe olvidarse un poco de “enseñar” y preocuparse más por que su estudiante aprenda. Colofón: amigo estudiante, ¿te puedo tutear? Cuando no puedes vivir cinco minutos sin mirar el celu, o cuando la desesperación te invade porque un profe te lo prohíbe en clase, significa que lo más importante de tu vida es tu pinche celular. Y eso habla muy mal de tu inteligencia, de tu valor como ser humano. Y no olvides leer tus apuntes porque esta semana es de parciales…

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