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Archivo de julio, 2012

28

07

2012

gonzalo  guerrero

Dilian Francisca de Asís…

Por: elcides olaznog

Esta semana le correspondió el turno de mojar prensa a la senadora Dilia Francisca Toro, figura prominente de la política nacional, procedente de la rancia clase electoral del Valle del Cauca. Esta vez ya no como insigne presidenta del docto Senado de la República sino como ilustre huésped en un centro de reclusión. Por qué de Asís. Por su pobreza franciscana, muy parecida a la de sus predecesores como Juan Manuel Corzo, Gómez Gallo, Pinedo Vidal, Uribe Escobar, García Orjuela, etc., por poner sólo unos ejemplos. Pobrecitos. Están en la cochina calle a punto de pedir limosna. Además porque la Dilian de esta semana nos sirve de símbolo para hablar de nuestro flamante Congreso. Los colombianos de a pie nos preguntamos por qué tanta alharaca con la detención de la senadora Toro, cuando todos sabemos que para llegar a esas altas investiduras no se necesita precisamente ser una Santa Teresa de Calcuta. Ser senador o representante cuesta muchos millones de pesos pero ser presidente de esas corporaciones cuesta muchísimo más. De dónde sale el billete es la pregunta. Yo, todo inocente y sin una pizca de suspicacia, pienso que los políticos no son tan brutos como para invertir platica de su propia pecunia, corriendo el riesgo de perderla. Para eso necesitan patrocinadores con capitales muy fuertes que no siempre son transparentes. Y que no precisamente dan sin esperar nada a cambio. El caso concreto es que los colombianos tenemos una fauna de dirigentes corruptos que cada vez son más cínicos. La evidencia no hay que buscarla muy lejos. Está en el reciente escándalo de la reforma a la justicia, con la que los parlamentarios pretendían despedir la moribunda y estéril legislatura y saludar la nueva con nuevos dignatarios en presidencias y en primeras, segundas, terceras, cuartas, quintas vicepresidencias – hasta cuál habrá -. Quien quiera conocer la cara del cinismo sólo tiene que ver en los periódicos la fotografía y las palabras de quienes, luego de descubiertos los orangutanes, defendieron su posición, como si ignoraran que la gente ya no es tan mentecata y desinformada como hace unos años. Esta semana estamos estrenando dignatarios en las mesas directivas de Senado y Cámara. En el Senado quedó de presidente el Dr. Roy Barreras, ampliamente conocido por su incondicional apoyo (léase lambonería) a Álvaro Uribe cuando este era Presidente. En otras palabras, el nuevo presidente del Honorable Senado era uribista cuando estaba Uribe en el poder y ahora es santista porque Santos está en el curubito. “Nuestro candidato natural es Juan Manuel Santos”, sapeó el Padre de la Patria. Qué será lo que quiere el negro, diría la negra. Barreras se instaló debajo del árbol que más sombra da en este momento. Y se posesionó con un discurso ejemplo de inteligencia y originalidad. Dijo, entre otras perlas, que ahora sí va a funcionar el congreso porque él va a terminar con la corrupción. Que es necesario recuperar la dignidad de esas corporaciones para que la gente vuelva a creer en ellos. Además habló del “nuevo congreso” como si ya lo hubieran revocado y vuelto a elegir. Lo que quizás quiso decir es “los nuevos dirigentes” lo que podría traducirse como “los nuevos ordenadores del despilfarro y la componenda”.  Lo mismo le pasa a su carnal Armando Benedetti. Mandito (y muchos otros especímenes de esa gran fauna que es el congreso) también ya se declaró santista de toda la vida y proclamó a los cuatro vientos que apoyará la reelección de Juan Manuel. A ellos no les importa la diferencia intelectual que hay entre sus dos jefes; lo que les importa es el inmenso poder que ellos detentan. Porque, seamos sinceros – no nos digamos mentiras – decía un amigo carpintero, uno no necesita ser uribista para ver el abismo intelectual que hay entre Santos y Uribe. El Ubérrimo al menos habla fluido. Juanma tartamudea como una mini uzi en cámara lenta. Como decía mi maestro Klim cuando hablaba  un inolvidable  personaje de su época: “entre palabra y palabra caben dos señoras sentadas”. A su vez, en la Honorable Cámara de Representantes, el sacrificio de servir denodada y abnegadamente a su Patria querida desde la presidencia de la corporación le correspondió al pereirano Augusto Posada, quien ya se hizo notar esta semana con dos declaraciones impresionantes (cito de memoria): Vamos a buscar la solución a la crisis de la salud, y los Honorables Representantes no deben administrar los recursos de la Cámara. (Antes de publicar este comentario, le leí a la vieja tía Empera este párrafo y de la carcajada que soltó se le salieron las cajas dentales que fueron a parar como a tres metros; guácala). Todo esto, por desgracia, no es nuevo; significa que tendremos otras dos legislaturas sin que pase nada, como no sea el aumento del despilfarro y la desidia.  Y la entronización definitiva del cinismo en el poder público. Porque tradicionalmente se eligen para presidir las cámaras legislativas personajes que, más que por inteligencia y trabajo, se destacan por su locuacidad. Aparecen en los medios con unas declaraciones rimbombantes con que disfrazan sus verdaderos propósitos. Por favor, no me pregunten por los verdaderos propósitos porque me meto en líos. Los lectores los conocen. A los políticos elegidos para tan altos cargos les llega su cuarto de hora y ellos lo aprovechan. Allá sus conciencias. Que si bien pueden birlar el erario y burlar la justicia terrenal, ya habrá en la otra vida un Juez que con su infinita sabiduría los va a juzgar. Ese es nuestro consuelo. Colofón: A estas horas, en plena mitad del mandato de Juanma y del Congreso, con todos los escándalos que generan las dos cámaras de la Honorable Micoteca, y con la difusión que se les da a estas atrocidades en las redes sociales, me pregunto: ¿habrá algún colombiano del común capaz de votar nuevamente por estos honorables? Yo, en el fondo de mi corazón y en medio de un inusitado ataque de optimismo, no lo creo. Porque si los Merlanos vuelven, válgame Dios; ya no quedarán esperanzas de nada. Dios bendito, protégenos… Twitter @elojodeaetos

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12

07

2012

gonzalo  guerrero

Santa Fe: no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista

Por: elcides olaznog

 Por la dignidad del fútbol bogotano, Santa Fe tiene que ser campeón. Ya es hora de terminar con 37 años de sufrimiento…  No soy hincha de Chandafecito. Y en mis tiempos de muchacho no solo no quería a Santa Fe sino que deseaba que perdiera siempre.  Era una época de fútbol auténticamente doméstico de modo que las noticias del fútbol europeo ni nos interesaban. Nuestra afición se centraba en la eterna rivalidad entre Millos y Santa Fe, Medellín y Nacional, Cali y América, Junior y Unión Magdalena. Los bogotanos éramos aficionados de Millos o de Santa Fe y no había, por ejemplo, bogotanos hinchas del Nacional, ni de Cali… Amábamos a los equipos de la ciudad que nos daba de comer, que nos educaba.  El fútbol era tan sencillo como jugar tejo, pues no había tácticas milimétricas ni gurúes en el micrófono que explicaran el fútbol como si fuera un problema de física cuántica o de cálculo infinitesimal. Y la gente se divertía, alimentaba el alma apreciando un fútbol de ataque, alegre, exquisito, emotivo. Se terminaba el partido y los bogotanos nos metíamos al palacio del colesterol a engullir papas criollas, rellena, longaniza y toda suerte de vísceras trasnochadas que hoy nos tienen el estómago tatuado con la cruel dispepsia. Y para bajar la grasita, pola ventiada hasta que cerraban el establecimiento.  Había peleas, claro. Uno que otro borrachín desadaptado hacía de las suyas. Pero eso era la excepción. En general, hinchas de Santa Fe y Millonarios compartíamos mesa y comentábamos el penal que nunca se pitó, la jugada que habría cambiado el resultado, el golazo de tiro libre, etc. Se sentía verdadera pasión por el equipo pero era una pasión sana. En la calle, dos horas después del partido aún se veían aficionados lanzando vivas al equipo de sus amores.  El Nemesio Camacho El Campín era una plaza fuerte, de respeto. No solo porque era el estadio de la capital de la República, sino porque en su momento fue la casa de los dos equipos nacionales con más títulos ganados. Ganarle a Millos era casi imposible. Y a Santa Fe había que superarle su tradicional garra de león. En mi tierna infancia alcancé a ver jugar a figuras como el arquerazo paraguayo Pablito Centurión, a Oswaldo Ayala, Marino Klinger, Delio “Maravilla” Gamboa, Alfonsito Cañón; más adelante Manuel Ovejero, “Basílico” González, Ómar Lorenzo Devanni, el gran Dragoslav Sekularak, Pedro Prospitti y un largo etcétera de figuras de verdad.  Por el rojo de la capital al lado de auténticos craks desfilaron también troncos ilustres como un yugoslavo – creo – que le decíamos “Tiblas” porque ni se sabía la correcta escritura de su nombre, entre otros. Recuerdo también a un señor tronco que pese a ello fue ídolo en Santa Fe: Carlos Alberto Pandolfi. Y digo que tronco porque no driblaba un poste, como se decía entonces; pero la metía. Y fue el goleador del último campeonato de Santa Fe en 1975.  Hubo también épocas para olvidar, como la tristemente conocida contratación del técnico Hernán Darío Gómez, el popular “Bolillo”, quien se embolsilló gran cantidad de millones pero ni fu ni fa. Mejor dicho, hizo lo mismo que está haciendo hoy con el DIM: ¡Nada!  Hoy corren nuevos días. El fútbol colombiano sigue su marcha a la sombra del fútbol europeo de Messi, Iniesta, Cristiano. De Casillas, de Buffon, Ibrahimovic, Özil, Benzemá, etc. Las diferencias son muy grandes, como de aquí a la gpm. Es muy posible que con el precio de un jugador de estos se puedan comprar nóminas completas de dos o tres equipos colombianos con dirigentes, bastoneras y todo. Pero eso no es lo que importa. Lo que al aficionado santafereño le interesa es que su equipo del alma hoy, después de 37 años de su último laurel, está a un paso de ser campeón.  Hay aficionados albirrojos con casi tres décadas de edad años que no saben lo que es esa gloria. Pero son fieles a su eterna causa. No en vano ganaron fama de ser los hinchas más abnegados y sufridos. Conozco algunos que se pasan del límite y se vuelven masoquistas, cada semana yendo al estadio a gastarse la platica de los transportes del mes para ver a su equipo perder y perder. Pero su ánimo es inquebrantable y nunca abandonan la esperanza. Por estas razones, ya es justo, dice mi joven estudiante. Ya es justo, dice mi viejo tío. Sí, señores, ya es justo que los sufridos santafereños disfruten de la esquiva séptima estrella.  La suerte está echada. Sólo falta que la banda de Bedoya y Pérez cumplan con su deber. (Qué jugador Gerardo, qué entrega, qué varón en la cancha, aunque en ocasiones se exceda en el juego fuerte; es una verdadera lástima no verlo el domingo). Vargas, Otálvaro, Centurión, el mismo Ómar, Arias, Roa, Quiñones, tienen la oportunidad histórica de refrendar la gloria roja. El empate en Pasto vale un Potosí y es obligatorio hacerlo valer.  Yo, desde luego, no me alegro por Santa Fe ciento por ciento pero – como no soy tan rabón – reconozco que tienen mérito. Me alegro por mis abundantes amigos santafereños que están a un paso de la locura. Y me alegro por el desconocido técnico Gutiérrez que hace unas cuantas semanas tuvo pata y media por fuera del equipo. Ya los dirigentes le habían dado el ultimátum de siempre… pero les calló la bocota. Bien por Wilson. ¡Arriba, Chandafecito!  Colofón: vi en una red social una foto que me gustó muchísimo, como dicen las presentadoras de TV. En ella aparece una pancarta que dice: “Hinchas de Santa Fe, bienvenidos a Pasto y que gane el mejor”. Aplausos para los pastusos. Esa es la manera de vivir la fiesta. Y sí, que gane el mejor. Que gane el albirrojo para ir recuperando la jerarquía del fútbol capitalino. Y fuera los hinchas violentos que van al estadio no a ver o a alentar a su equipo sino a liberarse de frustraciones de las cuales la gente buena no tiene la culpa. Bienvenida una final en el Nemesio Camacho con cero muertos. Amen.

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