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Archivo de enero, 2012

28

01

2012

gonzalo  guerrero

La fiscal y su marido (el de la fiscal)

Por: elcides olaznog

Me tiene asoliao la tía Empera. No sé de dónde se imaginará que uno tiene tiempo para averiguar chismes de alcoba. Yo pensaba que a la septuagenaria y gotosa pariente se le había perdido mi número y ya estaba contento. Pero no. El caso es que la intensa tía me llamó esta semana para casi exigirme que le explicara qué es la joda de la fiscal con el tal Lucio. Otra vez me dio el argumento cansón: “si no lo sabe usté, mijo, que es periodista de profundidá y vive en Bogotá, ¿entonces quién?” Digo chismes de alcoba porque dudo mucho de que a la vieja le interesen las implicaciones políticas o judiciales que pueda tener este sonado episodio de la actualidad nacional; lo que quiere es que me meta en las implicaciones sentimentales o sexuales del caso, pero ella no sabe que para conseguir esa información se necesitan fuentes que yo no tengo. Me provocaba darle el número de celular de la Negra Candela o del monito supervarón que presenta Sweet, el dulce sabor del chisme. A esos sí que les gusta meterse en las sábanas ajenas. (Bueno, eso dicen, porque yo no tengo tiempo para ver lecciones de morbo por televisión). Dándomelas de original, le expliqué a la tía que la fiscal está en severos aprietos nada más por la severa traga que siente por el exparlamentario Carlos Alonso Lucio; un amor maldito que no se extinguió ni un pite a pesar de la cruel separación de varios años. Bueno, le dije, pero en el fondo yo creo que la fiscal está metida en líos es porque ni la prensa farandulesca ni la sociedad le perdonan que para su segundo matrimonio con Carlitos no hubiera desplegado la publicidad que enmarcó el primero, cuando la boda se celebró con bombo y platillos en una conocida cárcel bogotana, en tiempos en que el amigo Charles pagaba una pequeña pena por falsa denuncia. No se sabe qué estaba tratando de esconder Viviane porque cuando el primer matri no era fiscal pero cuando el segundo sí. Uno como analista de profundidad puede inferir que la señora quería proteger su vida privada, pero hay quienes dicen que la embarró con esa supuesta protección porque su dos veces marido es una figura pública, tan pública como la suya. Y el prontuario, perdón, la historia pública de Charles es de todo menos privada.  En esas estábamos cuando sonó un pitico que anunciaba que se le estaban acabando los minutos (del celular, se entiende). Suspiré aliviado y le alcancé a decir que si quería saber el resto tenía que leerlo en El Espectador punto com. Vieja cansona, si no fuera por sus magníficos ahorros… El inefable Carlos Alonso es un personaje que maneja a las mil maravillas el poder de la prensa. Hace unos días hizo ruido mediático cuando “absolvió” al coronel Plazas Vega, condenado por lo del Palacio de Justicia, hechos ocurridos hace ya 26 años. El exguerrillero dijo algo en lo que sí le sobra razón: “no es justo que Plazas Vega esté preso y nosotros los autores del golpe al Palacio estemos disfrutando de la libertad”. Y disfrutando de las mieles del poder, agrego yo, como Noel Petro y Toñito Navarro Wolf, entre otros tantos que eligieron el camino de la delincuencia para llegar a la cima del poder político. Carlitos, el ahora primer damo de la Fiscalía General de la Nación, ejecuta acciones y emite declaraciones que permiten inferir que el tipo aparte de crápula es tránsfuga. Crápula porque tiene fama (no revelo mis fuentes) de gustarle la vida fácil de sibarita, de mujeres contentonas, vino, noche, y hasta dicen las malas lenguas que es como tacañín a la hora de pagar las cuentas. Esta última circunstancia, sin embargo, no alcanza para tildarlo de gigoló… ni más faltaba. Y es tránsfuga porque siendo de extrema izquierda como guerrillero del M – 19 pasa sin problemas, según la prensa, a asesorar a las AUC que son de extrema derecha. Se habla también de supuestos vínculos con el narcotráfico. Todo esto, sumado a su condición de excongresista, da para concluir que Lucio se la juega toda no a tres sino a cuatro bandas. ¡Qué barbaridad, Santo Dios, con quién se vino a meter la fiscal! La historia demuestra que las mujeres, qué dolor, qué dolor, qué pena, se sienten atraídas por especímenes de esta índole. (Iba a escribir calaña pero queda mejor índole). Y la pobre Viviane es mujer, luego débil en esas lides. Y ella, pobrecita, que es una cristiana convencida cayó en las redes de Lucio, justo con quien está más lejos en materia ideológica y religiosa. Viviane le hace honor a una máxima de Óscar Wilde: “Los únicos amores que valen la pena son los imposibles”. La doctora Morales está metida en líos éticos y también morales. Primero porque su investidura significa que ella es y debe ser la conciencia moral de la nación. Segundo porque como mujer enamorada y valiente se ve en la necesidad de salir a defender lo suyo, a su macho. Aun así dio muestras de probidad, de sindéresis, de rectitud, pues los medios dan cuenta de que ordenó una investigación – exhaustiva como todas las investigaciones – en torno de las actividades políticas y de mediación de su cuchi cuchi. Pero, por favor, no me pidan que me imagine en qué circunstancias ni qué actividad íntima tuvo que interrumpir para notificarlo. Lo esencial es que lo están investigando. Cuán difícil debe ser actuar en esas dos condiciones: fiscal sin mácula y esposa enamorada de alguien que al parecer tiene cuentas pendientes con la justicia que ella representa. La señora fiscal debe caminar con pies de plomo porque para ella también hay fiscalización periodística, lo cual es muy sano. Tampoco se trata de renunciar porque en sí estar casada con Lucio no es delito. Pero puede haber por ahí implicaciones éticas y morales que la sociedad colombiana no le perdona. Y menos si se pone a citar a su despacho a las periodistas importantes que le hacen preguntas comprometedoras en los periódicos de amplia circulación. La gente que no sabe de investigaciones exhaustivas piensa que eso es una rabonada y se pone de lado de la periodista. Colofón: El adagio popular reza que el que nada debe nada teme. Porque si Viviane hubiera querido esconder algo de su marido no se habría recasado, al menos mientras fuera fiscal. Quizás hubiera sido suficiente con tenerlo como tinieblo y nada más. Y en últimas, si a su osito de peluche lo perdonó la ley colombiana, por qué ella no habría de perdonarlo…

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14

01

2012

gonzalo  guerrero

Los primeros titulares, perdón, días de Petro en la Alcaldía

Por: elcides olaznog

“Por sus obras los conoceréis”, palabras de Jesús para que el pueblo pudiera distinguir entre verdaderos y falsos profetas… Empezamos este primer comentario del año con esta cita para decir que nuestros dirigentes  políticos tienen mucho más de falsos profetas que de ejecutores de obras en bien de la comunidad que los eligió. Parte de ello tiene que ver con la influencia de los medios de información, que no dejan pasar un día sin elegir una frase que en cosa de horas se vuelve célebre. Incluso, a partir de una frase de esas, se organizan los foros públicos en los cuales tienen participación los ciudadanos de a pie, particularmente los que tienen acceso y ganas de interactuar por internet. Santos: “No me crean tan pendejo”; “No habrá un nuevo Caguán”: Santos;  “Petro prohíbe el porte de armas”; “Petro en contra de las corridas de toros”. Este tipo de titulares llaman la atención del público y lo incitan a opinar, y eso es bueno. Pero también tiene de nocivo que no invita al análisis sino al comentario ligero; en últimas, de ahí salen encuestas fáciles que “miden” la opinión pública pero los resultados no siempre reflejan la realidad. Noel Petro se volvió popular porque sabe manejar el poder de los medios; lo mismo Juanma, que además es (o fue) propietario de uno de los principales medios de Colombia y quizás de América Latina. En otras palabras, gobiernan más con titulares de prensa que con obras reales. Si yo fuera un desocupado más (por fortuna no lo soy ni espero serlo) haría un simple ejercicio que consiste en revisar, digamos en seis o doce meses, los titulares que inspiraron nuestros líderes y los compararía con sus ejecutorias reales; sin lugar a dudas llegaría a la conclusión de que hubo más retórica que hechos; y más encuestas que verdadera opinión. Puro tilín tilín y nada de paletas, dice la gente. La tía Empera lo dice mejor: más es la bulla. Para hablar del trabajo de Petro es necesario ser escéptico y prudente, aunque la prudencia no sea precisamente una cualidad del nuevo flamante burgomaestre. Para comentar lo más destacado de los titulares en estos primeros días de gobierno distrital hay tres casos: tranvía, prohibición de porte de armas y la prohibición de las corridas de toros. El primero de los tres es muy complicado de comentar cuando no se es experto en urbanismo, como el ahora eterno candidato Peñalosa. En este caso, el ciudadano común se conforma con que se haga algo, poquito, pero que se haga, para solucionar el problema de la movilidad. Para un trabajador es muy verraco salir mamao del trabajo, que de por sí es estresante, para montarse una hora y media o más en un vehículo que lo lleve a casa dizque a descansar. Al ciudadano común poco le importa si es transanimalenio, tranvía, buseta, zorra, lo que sea, con tal de disfrutar al menos una leve mejoría en su tortura diaria. Incluso no le importa que Bogotá pague diez o veinte veces el costo de las obras, como es nuletradicional. Tampoco les importa que las alcaldesas en trance de dejar el palomazo las inauguren antes de tiempo para la foto, pero que se vean. En cuanto a la prohibición del porte de armas es (debe ser) un imperativo de los gobiernos, sean estos distritales, departamentales o nacionales. La retórica barata dice que el Estado debe salvaguardar honra, vida y bienes de los ciudadanos. Que el uso de las armas es exclusivo de la fuerza pública. Si esto fuera así, si no fuera retórica barata, ¿cuál necesidad habría de expedir salvoconductos a los civiles para portar armas? Cuando el mismo Estado entrega un salvoconducto está diciendo: señor ciudadano, tome, ármese porque nosotros necesitamos sus impuestos pero no le podemos garantizar su seguridad. Hablamos de retórica basura porque hay zonas (casi todas) de Bogotá, por ejemplo, en que los ciudadanos de bien, los trabajadores honrados no solo tienen que soportar la cotidiana y larga tortura de los viajes en transporte público, sino que tienen que asumir la dura tarea de salvaguardar por sus propios medios la vida, honra y bienes suyos y de sus familias. Un hombre del común dijo cuando se enteró de la prohibición: “Claro, para Petro no hay inseguridad porque anda  en camionetas 4 x 4 blindadas y tienen escoltas numerosas, además pagadas por nosotros”. Conclusión de este segundo titular: mientras el Estado no garantice la seguridad de la gente no puede haber prohibición efectiva; a lo sumo, lo que puede ocurrir es que con un decreto de esta índole se encarezcan las armas y se incremente el tráfico ilegal de ellas. No nos digamos mentiras, decía un carpintero amigo mío… En cuanto al tercer titular, prohibir las corridas de toros, tampoco se puede hacer más que lo que propone el alcalde: propiciar el debate público. Bien dicen los que saben que la fiesta taurina es patrimonio cultural de España, es decir, es una tradición eminentemente española. Aun así, en el 2004 Barcelona se declaró ciudad antitaurina. Cataluña, comunidad autónoma pero también española, en 2010 fue más lejos y su parlamento aprobó por unanimidad la prohibición. ¿Por qué no hacerlo en Colombia? Los defensores de la tauromaquia argumentan que eso es arte. Pero ¿acaso no se dice que el arte es creación? ¿Las corridas no son destrucción, barbarie, sangre? ¿Qué tiene de creación el salvajismo con que reducen la descomunal fuerza natural de un noble torito antes y en la corrida? Claro, el torero, pese a su andar afeminado, demuestra valor varonil al plantarse delante de un toro de 500 kilos, aunque este ya no tenga ni el 10 por ciento de su fuerza. Aun así, un mínimo error del lidiador y puede verse empitonado y muerto. Eso, como espectáculo de morbo y sangre, puede ser válido para mentes sui generis. Pero en últimas, con valor, ademanes afeminados y todo, el toreo es una lucha desigual porque el toro está indefenso incluso con ese par de puñales con que intenta defenderse. El toreo en ese sentido es una aberración anacrónica de circo romano que no tiene nada que ver con la posmodernidad, con la era de las comunicaciones, con la edad digital de la humanidad. Es un espectáculo de unos cuantos gatos adinerados que pagan por ver sangre porque no les basta con ver los noticieros. Y es una enorme contradicción en un país que lleva varias décadas en un vano intento por desalojar la violencia, por encontrar la paz. Hombre, animales, plantas, naturaleza, deben ser objeto de culto. Y la llamada fiesta brava es precisamente lo opuesto. En contra de lo que me puedan decir mis cada vez menos exiguos lectores, sí, amo los toros y las vacas pero por partes en forma de bisté o encima de una buena brasa. No me vayan a decir que para estar en contra de las corridas es condition sine qua non ser vegetariano. No seamos tan facilistas. Colofón: Por sus obras los conoceréis. Así conocimos a Samuel el bobito y a su carnal Ivancillo, lo mismo que a Beodín Garzón y muchos otros de la misma ralea. Esperemos a ver si las obras de Noel Petro alcanzan para desmentir aquello de falsos profetas, amantes más de la retórica barata que de las obras. A ver si sus obras superan los titulares que inventan mis caros colegas periodistas para generar debate público y encuestas. A ver si por fin hay un alcalde que invierta más en obras reales que en su propia imagen…

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