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26
11
2011
gonzalo  guerrero

San Pedro y los recursos escasos de las finanzas públicas

Por: elcides olaznog

Esta semana cayó en mis manos un libro de finanzas públicas, documento que les enseña a los estudiantes de ciencias económicas y administrativas que el Estado es un aparato enorme, una máquina (infernal, digo yo) que domina toda la escena política, económica y social de un país, para este caso, Colombia.

No es mi  interés leer acerca de temas tan aburridos y difíciles de entender. Pero por aquella vieja manía de leer lo que se aparezca por ahí, le di una mirada rápida al prólogo. Allí se habla de la economía de los países indigentes llamados con mucha pompa países en vía de desarrollo o, con menos optimismo, países subdesarrollados. Mi padre, que era un viejo práctico y frentero, cuando en los noticieros oía esas falacias me decía que nos dejáramos de pendejadas que eso era la misma m… bueno, la misma vaina. Viejo grosero.

Me pregunto por qué en mi ya luenga vida esos países nunca han dejado su condición de estar para séculas en vías de desarrollo. ¡Miércole!, me dijo un amigo corroncho (costeño maluco), “esa vaina, cuadro, ej como si  fotmara patte del nombre del paíj, oye. Poque toa la vía, no joda, he oído la mijma vaina, oye”. ¿Tú me entiendej?

Un país es subdesarrollado, según el texto, porque la mayoría de su población (80% para Colombia, según el DANE)* no tiene casi ninguna capacidad de pago, lo cual hace que los recursos del Estado sean muy pecuecos, es decir, escasos e insuficientes para atender el cúmulo de necesidades por satisfacer de la inmensa y amorfa plebe. La expresión recursos escasos me quedó sonando.

De modo que Colombia es un país en vía de desarrollo, lo que significa que no tiene recursos económicos, ni naturales, ni humanos. No tiene tecnología, ni infraestructura, nada. Lo único que tiene, digo yo, aparte de técnicos de fútbol, es prohombres que se sacrifican en las tres ramas del poder público sin recibir a cambio más que agravios, demandas, injurias, calumnias. Pero, por fortuna, no siempre es así. Para ilustrar con un ejemplo, el acusado contralor de Bogotá, Miguel Ángel Moralesrussi, a quien señalan de enriquecerse ilícitamente con los recursos escasos del carrusel de la contratación en Bogotá, a la sombra de los angelitos Nule y de los querubines Moreno Rojas, y que llevaba encanado injustamente más de siete meses, acaba de recuperar su libertad porque un juez consideró que a Miguelito de pronto le podía dar gripita en la cárcel o que lo podía picar algún hijuemadre zancudo, y lo mandó a dormir a su casita. Loa a Dios y a su infinita misericordia.

En el concepto económico de los recursos escasos está el meollo del asunto. Por esa escasez estamos con el agua al cuello, no solo en la sabana de Bogotá sino, literalmente, en todo el país. No sé por qué me late que el viejo sinvergüenza ese del San Pedro no tiene ni p… idea de lo que son los recursos escasos y le dio por mandar todos los días cantidades exageradas de agua sin importarle que los pobres colombianos pobres no tienen con qué paliar las inclemencias del tiempo. El viejo estúpido no sabe, por ejemplo, que antes que solucionar los problemas de la masa ignorante es necesario satisfacer las necesidades primarias de la clase dirigente. Camionetas de 480 millones, como la del hoy ex contralor Julio César Turbay Quintero, por ejemplo. O las camionetas ultrablindadas de los HP (Honorables Parlamentarios), de sus mujeres, de sus amantes y de sus muchachas del servicio.

Otro caso. A nuestro flamante alcalde electo, Noel Petro se le llena de agua la boca (jeta, dice mi tía Empera, que es una vieja áspera y ordinaria) cuando dice que el Banco Mundial está de acuerdo con él y que entre los dos van a llevar el metro hasta Suba. Y que de los recursos escasos de Bogotá se van a “invertir” $ 77.280´000.000,00 de pesos en el estudio técnico del trazado del metro. Leyeron bien: 77 mil doscientos ochenta millones de pesos, que es lo que valen hoy 40 millones de dólares. Bueno, para ser exactos, se van a terminar de invertir porque, según las lenguas viperinas de sus enemigos, Samuelín Pingüín ya invirtió gran parte de esa suma en el mencionado estudio.

Viejo Petro, ¿tú sabes cuántos años lleva la administración distrital en el proyecto de llevar el TransAnimalenio a Soacha? Te doy un dato: ese proyecto inició mucho antes de que tú, amigo querido, iniciaras la campaña para el Senado, a donde llegaste el 7 de agosto de 2006. ¿Me copias? ¿Por qué antes de chicanear con plata que no es tuya, no aprovechas y te ganas unos voticos para la presidencia y les terminas el TranAnimalenio a los humildes soachunos?

Una señora casi viejita con botas pantaneras que a la hora del noticiero estaba comprando una pastilla de chocolate en la tienda de la esquina de mi casa, cuando oyó la cifra del costo del estudio del metro, dijo: “juemadre, con esa platica se pueden agrandar todos los jarillones pa´que no se inunde tanto la pobre gente. Y si tuesa plata vale el estudio, ¿cuánto nos van a robar por la hechura del metro?”

Palabras sabias. Lo que la humilde bogotana ignora es que del metro para Bogotá se viene hablando hace más de 60 años. El primer alcalde de que se tenga registro que habló del temita fue don Fernando Mazuera Villegas por allá en 1948 o 49. Y desde entonces muchos alcaldes, por no decir todos, han “invertido” dinero en estudios técnicos del metro utilizando para ello los recursos escasos.

Colombia no tiene recursos pero se da unos lujos de primera. Con la justicia, para mencionar sólo un caso, le pasa lo mismo que con los reinados. Reinado de la panela, de la empanada, de la burra, de la marrana, de la naranja, de la chirimoya, de la chicha, del roscón, del dátil, etc. Por ese camino tenemos tribunales hasta para botar para lo alto. Corte Suprema de Justicia, Corte Constitucional, Consejo de Estado, Tribunal Superior de Bogotá, de Cundinamarca, en fin. Contraloría General de la Nación, Procuraduría General de la República, Fiscalía General, juzgados, Defensorías del Pueblo, personerías, y un largo etcétera de entes de control. Un ciudadano del común, como yo, se pregunta: ¿para qué tantos entes de control si no controlan nada? ¿Son todos tan ladrones que a cada organismo de control le ponen su ente de control?

Si en Colombia funcionaran esos entes no habría tanto despilfarro, tanto robo a los recursos escasos. Y no habría que “alargar jarillones” porque desde el principio las obras quedarían bien hechas y no habría necesidad de chambonear. Y, claro, seríamos humanos, inteligentes y civilizados. Mejor dicho, no necesitaríamos entes de control.

Colofón: Por la inundación de la sabana de Bogotá no responden ni el gobierno central, ni el distrital, ni la CAR, ni Ingeominas, nadie. No se extrañen entonces,  apreciados lectores, si un día de estos un genio de los que trabajan por cuenta de los recursos escasos en la rama judicial del poder público le dicta medida de aseguramiento sin beneficio de excarcelación al enclenque y achacoso viejo san Pedro por subversivo y por no leer libros de economía o de finanzas públicas.

*DANE, Departamento Administrativo Nacional de Estadística es el ente encargado de contar colombianos y sacar los promedios de gastos y de ingresos. Utilizan la expresión latina Per cápita, que traducido da “por cabeza”, es decir, por cada uno, para evitar ambigüedades. Según el DANE, si en Colombia se consumen 88 millones de kilos de carne al año, significa que cada uno de los 44 millones de colombianos se comió dos kilos. O, para seguir con cifras fáciles, si Colombia con la venta de recursos naturales como el petróleo capta 88 millones de pesos, a cada colombiano nos corresponden dos pesitos. Equidad pura. Qué haríamos los colombianos sin el DANE.

Categoria: General

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