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Archivo de noviembre, 2011

26

11

2011

gonzalo  guerrero

San Pedro y los recursos escasos de las finanzas públicas

Por: elcides olaznog

Esta semana cayó en mis manos un libro de finanzas públicas, documento que les enseña a los estudiantes de ciencias económicas y administrativas que el Estado es un aparato enorme, una máquina (infernal, digo yo) que domina toda la escena política, económica y social de un país, para este caso, Colombia. No es mi  interés leer acerca de temas tan aburridos y difíciles de entender. Pero por aquella vieja manía de leer lo que se aparezca por ahí, le di una mirada rápida al prólogo. Allí se habla de la economía de los países indigentes llamados con mucha pompa países en vía de desarrollo o, con menos optimismo, países subdesarrollados. Mi padre, que era un viejo práctico y frentero, cuando en los noticieros oía esas falacias me decía que nos dejáramos de pendejadas que eso era la misma m… bueno, la misma vaina. Viejo grosero. Me pregunto por qué en mi ya luenga vida esos países nunca han dejado su condición de estar para séculas en vías de desarrollo. ¡Miércole!, me dijo un amigo corroncho (costeño maluco), “esa vaina, cuadro, ej como si  fotmara patte del nombre del paíj, oye. Poque toa la vía, no joda, he oído la mijma vaina, oye”. ¿Tú me entiendej? Un país es subdesarrollado, según el texto, porque la mayoría de su población (80% para Colombia, según el DANE)* no tiene casi ninguna capacidad de pago, lo cual hace que los recursos del Estado sean muy pecuecos, es decir, escasos e insuficientes para atender el cúmulo de necesidades por satisfacer de la inmensa y amorfa plebe. La expresión recursos escasos me quedó sonando. De modo que Colombia es un país en vía de desarrollo, lo que significa que no tiene recursos económicos, ni naturales, ni humanos. No tiene tecnología, ni infraestructura, nada. Lo único que tiene, digo yo, aparte de técnicos de fútbol, es prohombres que se sacrifican en las tres ramas del poder público sin recibir a cambio más que agravios, demandas, injurias, calumnias. Pero, por fortuna, no siempre es así. Para ilustrar con un ejemplo, el acusado contralor de Bogotá, Miguel Ángel Moralesrussi, a quien señalan de enriquecerse ilícitamente con los recursos escasos del carrusel de la contratación en Bogotá, a la sombra de los angelitos Nule y de los querubines Moreno Rojas, y que llevaba encanado injustamente más de siete meses, acaba de recuperar su libertad porque un juez consideró que a Miguelito de pronto le podía dar gripita en la cárcel o que lo podía picar algún hijuemadre zancudo, y lo mandó a dormir a su casita. Loa a Dios y a su infinita misericordia. En el concepto económico de los recursos escasos está el meollo del asunto. Por esa escasez estamos con el agua al cuello, no solo en la sabana de Bogotá sino, literalmente, en todo el país. No sé por qué me late que el viejo sinvergüenza ese del San Pedro no tiene ni p… idea de lo que son los recursos escasos y le dio por mandar todos los días cantidades exageradas de agua sin importarle que los pobres colombianos pobres no tienen con qué paliar las inclemencias del tiempo. El viejo estúpido no sabe, por ejemplo, que antes que solucionar los problemas de la masa ignorante es necesario satisfacer las necesidades primarias de la clase dirigente. Camionetas de 480 millones, como la del hoy ex contralor Julio César Turbay Quintero, por ejemplo. O las camionetas ultrablindadas de los HP (Honorables Parlamentarios), de sus mujeres, de sus amantes y de sus muchachas del servicio. Otro caso. A nuestro flamante alcalde electo, Noel Petro se le llena de agua la boca (jeta, dice mi tía Empera, que es una vieja áspera y ordinaria) cuando dice que el Banco Mundial está de acuerdo con él y que entre los dos van a llevar el metro hasta Suba. Y que de los recursos escasos de Bogotá se van a “invertir” $ 77.280´000.000,00 de pesos en el estudio técnico del trazado del metro. Leyeron bien: 77 mil doscientos ochenta millones de pesos, que es lo que valen hoy 40 millones de dólares. Bueno, para ser exactos, se van a terminar de invertir porque, según las lenguas viperinas de sus enemigos, Samuelín Pingüín ya invirtió gran parte de esa suma en el mencionado estudio. Viejo Petro, ¿tú sabes cuántos años lleva la administración distrital en el proyecto de llevar el TransAnimalenio a Soacha? Te doy un dato: ese proyecto inició mucho antes de que tú, amigo querido, iniciaras la campaña para el Senado, a donde llegaste el 7 de agosto de 2006. ¿Me copias? ¿Por qué antes de chicanear con plata que no es tuya, no aprovechas y te ganas unos voticos para la presidencia y les terminas el TranAnimalenio a los humildes soachunos? Una señora casi viejita con botas pantaneras que a la hora del noticiero estaba comprando una pastilla de chocolate en la tienda de la esquina de mi casa, cuando oyó la cifra del costo del estudio del metro, dijo: “juemadre, con esa platica se pueden agrandar todos los jarillones pa´que no se inunde tanto la pobre gente. Y si tuesa plata vale el estudio, ¿cuánto nos van a robar por la hechura del metro?” Palabras sabias. Lo que la humilde bogotana ignora es que del metro para Bogotá se viene hablando hace más de 60 años. El primer alcalde de que se tenga registro que habló del temita fue don Fernando Mazuera Villegas por allá en 1948 o 49. Y desde entonces muchos alcaldes, por no decir todos, han “invertido” dinero en estudios técnicos del metro utilizando para ello los recursos escasos. Colombia no tiene recursos pero se da unos lujos de primera. Con la justicia, para mencionar sólo un caso, le pasa lo mismo que con los reinados. Reinado de la panela, de la empanada, de la burra, de la marrana, de la naranja, de la chirimoya, de la chicha, del roscón, del dátil, etc. Por ese camino tenemos tribunales hasta para botar para lo alto. Corte Suprema de Justicia, Corte Constitucional, Consejo de Estado, Tribunal Superior de Bogotá, de Cundinamarca, en fin. Contraloría General de la Nación, Procuraduría General de la República, Fiscalía General, juzgados, Defensorías del Pueblo, personerías, y un largo etcétera de entes de control. Un ciudadano del común, como yo, se pregunta: ¿para qué tantos entes de control si no controlan nada? ¿Son todos tan ladrones que a cada organismo de control le ponen su ente de control? Si en Colombia funcionaran esos entes no habría tanto despilfarro, tanto robo a los recursos escasos. Y no habría que “alargar jarillones” porque desde el principio las obras quedarían bien hechas y no habría necesidad de chambonear. Y, claro, seríamos humanos, inteligentes y civilizados. Mejor dicho, no necesitaríamos entes de control. Colofón: Por la inundación de la sabana de Bogotá no responden ni el gobierno central, ni el distrital, ni la CAR, ni Ingeominas, nadie. No se extrañen entonces,  apreciados lectores, si un día de estos un genio de los que trabajan por cuenta de los recursos escasos en la rama judicial del poder público le dicta medida de aseguramiento sin beneficio de excarcelación al enclenque y achacoso viejo san Pedro por subversivo y por no leer libros de economía o de finanzas públicas. *DANE, Departamento Administrativo Nacional de Estadística es el ente encargado de contar colombianos y sacar los promedios de gastos y de ingresos. Utilizan la expresión latina Per cápita, que traducido da “por cabeza”, es decir, por cada uno, para evitar ambigüedades. Según el DANE, si en Colombia se consumen 88 millones de kilos de carne al año, significa que cada uno de los 44 millones de colombianos se comió dos kilos. O, para seguir con cifras fáciles, si Colombia con la venta de recursos naturales como el petróleo capta 88 millones de pesos, a cada colombiano nos corresponden dos pesitos. Equidad pura. Qué haríamos los colombianos sin el DANE.

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19

11

2011

gonzalo  guerrero

Qatar 2022. Y la venta de calculadoras

Por: elcides olaznog

Nada qué hacer. Nos ilusionamos con el partido ganado en La Paz, Bolivia, nos envolvimos en una deliciosa nube de triunfalismo, pero un mes más tarde nos dimos un totazo que nos sacó sangre. Quedamos con el ánimo fracturado en mil partes. Y no se ve manera de entablillarlo. Pero por unas partes mejor. Porque el tris de inteligencia que Dios me dio me va a servir para razonar y no creer más en espejismos pendejos. Pues un “desconocido”, llamado Lionel Messi, con su magia y su profesionalismo dejó en paños menores a nuestra selección de mayores. Ahí “le vimos todo”, como decíamos de niños cuando en el pueblo pícaramente nos lanzábamos al piso para mirarles los cucos a nuestras primas. Mejor dicho, a la selección no le vimos nada. Les vimos más a las primas. Pues sí. Un tipo apodado “la Pulga”, que según las noticias gana en euros un cerro de dinero difícil de traducir a pecuecos pesos criollos, llegó con su corte de gauchos dizque a quemarse en el horno del Estadio Metropolitano de Barranquilla. Nada más lejos de la realidad porque los quemados fueron otros. Me pregunto: un señor tan rico, tan famoso, tan elogiado por la prensa de todo el mundo, ¿tiene necesidad de hacer lo que hizo, sólo por gusto? No, señores. Lionel Messi a los 15 minutos del segundo tiempo no tenía aire. Parecía como si quisiera de todo, menos jugar fútbol. Estaba mamao. Podía haber pedido cambio y no habría pasado nada. Pero siguió en el campo de juego y en esa media hora final se erigió como lo que es: un monstruo. Ahí comprendí la grandeza de Messi. Y se notó más cuando recordé que unas horas antes nuestro flamante mediocampista de contención, Gustavo Bolívar, había dicho que Messi era un jugador más, que cuál era la vaina. Lo triste del caso se dio cuando, ya finalizando el partido, el quemado 10 argentino le quitó a Bolívar un balón como quien le quita una colombina a un niño de dos años. Tavito: ¿qué pensaste cuando Lionel se te escapó y tú lo mirabas con la impotencia propia de quien desea que se le caiga el mundo encima antes que presenciar la magia del argentino? ¿Qué tal que la jugada hubiera terminado en gol? ¿En esos momentos te acordaste de las palabras de menosprecio que habías baboseado horas antes? A los futbolistas argentinos en todo el mundo los odian o los aman. Parece que son más los que los odian pero nunca pasan inadvertidos. A donde quiera que vayan, en todos los estadios del mundo son noticia. Ya comprendí por qué: ellos no necesitan ponerse la camiseta albiceleste de su patria porque la llevan tatuada en el alma. Y en la gramilla del Metropolitano quedaron once almas argentinas. Esa, así de chiquitica, como decía el recordado Inspector Ruanini, es la diferencia con nuestros jugadores. Luego del desastre, un gran sector de la prensa nacional puso a Leonel Álvarez en la mira de todo el mundo. Muchos en Colombia piensan que él es el culpable de la hecatombe por haber perdido 5 puntos en casa. Y habrían podido ser 6; Venezuela no ganó porque no quiso. En los minutos finales creó dos jugadas de gol que nos habrían enviado directo a la sima de la derrota o a la cima de la ridiculez. Pero no. Leonel no es culpable, como no lo son los jugadores; sencillamente, no tienen más. El pichón de técnico es una víctima más de la brillantez, de la idoneidad, de la transparencia, de la honradez, de la sindéresis con que manejan el fútbol colombiano esas cumbres morales de la Federación de Fútbol. Para decirlo en serio, la improvisación, la absurda idea del milagro fácil, el despilfarro, la desidia, la ambición personal por encima del interés patrio, arrojan resultados lógicos. Ahí están, latentes. A esto no le gastemos más energía. Mientras González, Jesurum, Bedoya y su larga corte de genios estén al frente, Colombia no va a ganar nada. NO VA A IR A NINGÚN MUNDIAL, a menos que sea en calidad de espectadores. Y hablo de la Selección de Fútbol. Porque los dirigentes sí van a todos los torneos. Claro, por cuenta de nosotros los aficionados imbéciles que aún creemos en milagros pendejos y que tenemos que comprar calculadora para seguirles el juego a los gurúes de la radio como Vélez y Hernández cuando dicen, con una muestra de originalidad pura: “matemáticamente hay posibilidades”. O de una manera menos positiva: “matemáticamente no estamos eliminados”. Sólo que esta vez no van a tener que esperar a comprar la calculadora cuando se acabe la primera vuelta. La venta de esos aparatos luciferinos empezará más o menos después de junio de 2012, cuando se haya jugado la sexta fecha de las eliminatorias y Colombia tenga en su descuadrada caja los mismos cuatro miserables puntos. Pero paremos la crítica y propongamos una solución a largo plazo. Se debe dejar a Leonel como director técnico para que inicie un proceso serio con miras al mundial Qatar 2022. Que trabaje con las divisiones menores, con pelaos que hoy están entre los 10 y los 15 años. Y que juegue eliminatorias 2014 y 2018 con los jugadores que actúan en el rentado colombiano. Con ellos de pronto hasta nos va mejor que con los “extranjeros”, y nos sale más barato. De veras. Apostémosle a jugar en Qatar 2022 aunque sea cuatro partidos. No caigamos en embelecos estúpidos de Rusia 2018 y menos Brasil 2014. Seamos serios, carajo, que con lo que tenemos lo único que podemos hacer es el ridículo. ¡Por Dios, qué dirá le gente!, decía mi atildada abuelita. Para ir concluyendo: el aficionado común en ocasiones se indigna porque no llamaron a tal o a cual jugador. En este caso no ha sido así. Están los mejores. Mejor dicho, los menos peores. Eso somos y esa es la realidad actual del fútbol colombiano. Ya no nos quedan ni las ilusiones. Démoles las gracias a los veteranos por los favores recibidos pero permitámoles un retiro digno, por la puerta del frente. Gracias, Mario Alberto, gracias Amaranto, etc. Pero chao. Ustedes ya no aguantan 90 minutos y menos en un horno como el de Barranquilla. Y menos en una altura de 2.600 y pico de metros como Bogotá. Ya los equipos suman los tres puntos antes de jugar en Colombia. Vienen a la fija. Para ellos somos la Cándida Eréndira de Macondo y el que no nos viola es porque le da pereza. Bienvenido James, así papá Maturana haya salido a los medios a escurrir las babosadas de siempre, a dar respaldos que nadie le ha pedido. Dijo el odontólogo chocoano: “fue un error alinear a James”. Pero la realidad dice que el único que salvó el honor fue James. Y quizás un poco Ospina. A Pachito hay que decirle lo que a otro oscuro personaje de la farándula venezolana: por qué no te callas. Ánimo Leonel. Usted es un hombre de fútbol. Y tiene mucho por aprender. Pero apréndalo por otro lado y no llame más a su compadre Bolillo. Él no tiene tiempo y le da unos consejos más para salir del paso que para colaborarle. Además, el ángel de la guarda de las mujeres todavía no se resigna a perder los millones, perdón, no se resigna a no ser el técnico nacional. Hable con Comesaña, con Pecoso, con Quintabani, con Pinto. Esos conocen el fútbol colombiano y le pueden echar una mano, al menos mientras coge experiencia. Hágame caso, hombre… Colofón. Amigo lector: ¿puede calcular cuánta plata se gasta la Federación en tiquetes, hoteles, viáticos, de los jugadores que actúan en el exterior? ¿Cuántos niños colombianos damnificados por el invierno, por los derrumbes, por los desbordamientos, pueden alimentarse, tener una frazada, un poquito de calor humano con ese pocotón de millones? Si de todas maneras vamos a perder, a ser el hazmerreír en todo el mundo, si todos se han de burlar de nosotros, ¿por qué no jugar con los de aquí que de pronto hasta nos va mejor? Ahorremos billete y de paso mejoramos nuestra imagen en el exterior. Punto.

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11

2011

gonzalo  guerrero

¿Victoria de los estudiantes, derrota de Santos?

Por: elcides olaznog

Para la verdad las convicciones son tan peligrosas como la mentira. La frase célebre del gran filósofo alemán, Federico Nietzsche, está como mandada hacer para el tema que nos ocupa hoy.  Leo en el diario El Espectador que el presidente Santos le dio la orden a su ministra María Fernanda de retirar del congreso el archifamoso proyecto de reforma a la Ley 30 de 1992 de educación. Reculemos mientras baja la marea, parece ser el mensaje de Juanma.  Pues bien. Hasta la aparición de la manida reforma yo creía que sabía leer. Pero no. O me equivoqué de texto. O me falta hacer un curso de hermenéutica.  Me explico: leí el texto de la reforma y entendí, a mi manera, que el Gobierno quiere darle una nueva dimensión a la educación, como quiera que la Colombia de hoy ya no es la misma, ni mucho menos, a la de 1992, año en que entró en vigencia la ley de marras. El solo incontrovertible hecho del avance de las comunicaciones y de la informática, de la red de redes, etc., amerita una revisión de fondo. El ICFES, el Icetex, el Ministerio, el CNA, el mismo gobierno, etc., no son los mismos. Todo ha cambiado. Hasta el modo de contratar en el sector oficial.  Comprendí que el asunto, como todos los asuntos del Estado es cuestión de dinero. Y que lo que se busca es mayor calidad y más cobertura de la educación superior, pese a que en sólo Bogotá hay más universidades que en toda Alemania, según leí en un documento digno de toda credibilidad. Hasta ahí todo está bien.  Lo que no se entiende es por qué no se entienden Juanma y Mafe con los estudiantes. Pero creo tener la explicación: las dos partes están convencidas de lo que dicen. Mejor dicho, están convencidas de ser depositarios de la verdad. Esa es la razón por la cual abro este escrito con la cita de Nietzsche: la verdad está muy lejos de las convicciones. Es decir, la verdad debe estar en la mitad. Como decía mi abuela: ni mucho que queme al santo ni tan poquito que no lo alumbre.  Veamos. Por un lado, el solo hecho de pensar que el gobierno va a beneficiar a mucha gente sin contraprestación alguna es un cuento que no se cree nadie. Écheme uno de vaqueros, dice el ignaro vulgo. En alguna parte debe estar la trampa. Por eso, cuando uno oye hablar a Mafe en su intento de convencernos de las bondades de la reforma, lo único que se puede hacer es sospechar, porque según ella todo es color de rosa. Todo es una chimba, para decirlo con palabras de Juanes. Mi tía Empera, que le paga la universidad a un nieto crápula, me dijo toda desconfiada: eso por ay ay (sic) gato encerrado. Qué vieja pa´ recelosa. Cómo será que en su oscuro cuartucho tiene una imagen de tamaño natural – como si todos los tamaños no fueran naturales – de Santo Tomás, patrono de los incrédulos. Pero volvamos al cuento. Al gobierno nadie le cree esas bondades, como no sean sus directos beneficiarios. O no me diga, amable lector, que no sabía que toda iniciativa oficial engendra en sí misma dolientes y beneficiarios. Tampoco me diga que no sabía quiénes somos los dolientes. Pero, por otro lado, los líderes estudiantiles le dan otra interpretación al texto. Yo considero que ellos son un poquito más inteligentes que Juanma, que Mafe y que yo porque sin tanto aspaviento y sin cursitos de hermenéutica ni asesores brillantes dieron en el clavo. Los estudiantes, digo, pese a sus hondas convicciones en la defensa de lo que consideran su causa, me pusieron a sospechar. No sé si tendrán la razón o no. Para saberlo me va a tocar contratar asesores, no solo para estar in sino para que de verdad me expliquen, entre otros, los siguientes interrogantes: ¿Por qué insiste tanto el gobierno nacional desde hace varios años en reforzar la educación técnica y tecnológica, en detrimento de la educación profesional? ¿Tendrá ello alguna relación con preparar a los colombianos de escasos recursos para proveer a la sociedad de obra de mano calificada pero barata, es decir, sembrarlos de por vida en el estamento dirigido, mientras que la gran universidad prepara doctores que continúen en el estamento director? Estas medidas, en vez de acabar con las “universidades de garaje”, ¿no las estará estimulando? ¿El dinero que cuesta la dichosa ampliación de la cobertura en educación superior, ¿no saldrá del bolsillo de los colombianos que tienen que estudiar al debe? El dinero privado que le piensan inyectar a la universidad pública, ¿no creará “profesionales” mercenarios obligados a producir bienes o servicios en lugar de construir conocimiento? ¿Para qué graduar muchachos que van a tener que pagar con cárcel la deuda con el Icetex? Para saber las respuestas voy a averiguar cuánto me cuesta la asesoría de los brillantes asesores de Mafe, mi admirada ministra. Abrigo la esperanza de que por la profunda admiración que le profeso me hagan un buen descuento, máxime que yo tengo que pagarles de mi bolsillo mientras que ella les pagó con el de los colombianos. En definitiva, ni la situación es tan color de rosa como la pinta mi admirada Mafe ni tan dramática como la pintan los estudiantes. Pero queda claro que este pulso lo ganaron los estudiantes, lo cual significa que lo perdió Santos. Yo, íntimamente, pienso que la que falló fue Mafecita que pensó que la gente iba a hacer lo que ella hizo: no leer el texto. Para finalizar, les doy un consejo a los estudiantes: la inteligencia debe imponerse. No todo lo de la reforma es malo ni es inteligente destruir edificios ni agredir a los policías. Una protesta limpia, ordenada, con consignas inteligentes es un arma mucho más poderosa que el inmenso aparato coercitivo oficial. De hecho, el buen comportamiento estudiantil de las últimas marchas fue lo que obligó al gobierno a retroceder. No olviden, amigos, lo que decía un filósofo inglés a principios del siglo veinte: “El objeto de la educación es el de formar personas para que se gobiernen a sí mismas y no para ser gobernadas por los demás.” A Juanma, me atrevo también a darle un consejo. Digo me atrevo porque gente buena que lo conoce me ha dicho que él no es tan terco como su jefe, perdón, su antiguo jefe. Juanma: la democracia de la que tanto se habla en época de elecciones, sólo funciona si se convoca a todas las partes involucradas en un proyecto. En el caso de la reforma a la educación, es necesario darles voz y voto a estudiantes, docentes, rectores, padres de familia, periodistas especializados, etc. Ah, y a la ministra con la condición de que no se le quede por fuera ni un solo miembro de su equipo de asesores. En serio, Juanma; administrar el Estado no es lo mismo que administrar una finca lechera o un periódico familiar. Haga caso, hombre, y verá que los colombianos somos tan agradecidos que hasta lo reelegimos. Colofón: me solidarizo con Mafe. A la pobre ministra le tocó frentear la situación en que la metió un texto que le redactaron sus asesores y parece que los de su antecesora. Porque la sufrida funcionaria no tuvo tiempo ni de leer el texto y ¡pum!, de una se lo chutó al Congreso. Ahora los detractores de la pobre Mafe, que tampoco han entendido el texto, le sacan en cara que no haya leído. Qué injusticia. Si la ministra se pone a redactar, o a leer lo que le redactan, ¿a qué horas firma los contratos del ministerio? ¡No, no, no, por Dios, qué falta de consideración! Eso de ser abnegado colaborador estatal es una labor muy incomprendida y nunca reconocida. Por eso elevo mis preces al cielo para que a Noel Petro ni se le ocurra nombrarme en algún puesto distrital. Por ahora ya me salvé de ser incluido en la nómina de 145 corbatas que están haciendo el “empalme” con la administración saliente. Y me tranquilizan las palabras de mi abuelo, dichas hace como 40 años: para desempeñar un puesto público no se debe ser inteligente sino astuto. ¡Dios mío, ayúdame!

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11

2011

gonzalo  guerrero

Petro, y la politiquería

Por: elcides olaznog

Dos cositas, como dice la señora Flor, mi vecina, cuando va a hablar de varios temas en una sola parrafada. Sí, dos cositas; una el fenómeno Petro y la otra, una mirada a la jornada electoral del último domingo. No voté, sobra decirlo, por Noel Petro. Pero su contundente triunfo me inspiró una reflexión que quiero compartir. No es ni será de mis afectos políticos pero el nuevo alcalde de Bogotá algo debe tener, pensé para mí. En efecto, don Petro lleva varios años blandiendo su dedo acusador hacia muchos colombianos de renombre, del presidente Uribe para abajo. Incluso fue el principal artífice del destape que tiene tras las rejas a los angelitos Nule y a los querubines Moreno Rojas. Si nuestro hombre de marras ha denunciado abiertamente y en muchos frentes la corrupción oficial, y en su contra como retaliación ni siquiera Uribe ha podido inculparlo de algo, pues sencillamente Petro no tendría nada de qué avergonzarse, salvo su tenebroso pasado en las filas del M – 19, hecho que legalmente está perdonado. De modo, pues, que Petro – quién lo creyera – podría estar emergiendo como un personaje honrado con méritos para izar en nombre propio las banderas de la anticorrupción administrativa, al menos en la capital de la República. La derrota nos ciega a veces. Yo no tenía candidato pero el que menos quería que ganara era Petro. Pero ello no es óbice para reconocer una eventual equivocación. Entonces, lo menos que uno puede hacer es desearle suerte de la buena en la administración de una Bogotá cundida de una fauna silvestre y voraz que sólo espera el momento propicio para mandarle el zarpazo al presupuesto distrital. En las manos de Petro está reiniciar la construcción de una capital digna y próspera en la que hay mucho dinero para satisfacer necesidades primarias de 8 millones de bogotanos que, sin embargo, administraciones anteriores, en especial las dos últimas, los han privado de esos beneficios por la infame voracidad de contratistas y contratantes en todos los frentes de la administración distrital. Ojo, no solo en las obras públicas. Sólo basta mirar lo que está pasando con el ICBF, y con los almuerzos para los pobres, con la educación. Y no lo digo yo, lo dice la prensa nacional. Bueno, pero, por otra parte, muchos colombianos – bogotanos nos sentimos orgullosos por la victoria lograda en Bello, Antioquia, donde triunfó el voto en blanco. También para el Concejo de Bogotá se reveló una cifra histórica: 15, 3 por ciento de la población votó por el “partido blanco”, cifra superior a la que logró el primer concejal elegido. Lo que uno ignora es por qué la prensa no ha destacado esta maravilla de noticia pero da la impresión de que se quisiera encubrir el hecho de que 15, 3 por ciento de los bogotanos que acudieron a las urnas RECHAZARON de plano a todos los candidatos a ocupar una silla en la ubérrima (en recursos económicos, no en ideas) corporación capitalina. Para los dirigentes, de viejo Juanma para abajo, la jornada fue un éxito; y en un arranque de originalidad, algunos funcionarios de pacotilla, ávidos de mojar prensa dijeron: “fue un triunfo de la democracia”. ¡Bárbara originalidad; yo nunca había oído esa expresión! Sin embargo, para los ciudadanos de a pie fue más de lo mismo. La gente (eso NO lo entiendo) volvió a elegir a 11 de los 17 concejales investigados por el carrusel de la contratación. Lo dicho: en Colombia no hay conciencia política ni hay una verdadera noción de justicia. La gente sigue votando por los mismos politiqueros de siempre. La tan cacareada renovación no se dio ni se va a dar. Aunque, si lo pensamos bien, sí hubo renovación. Aparecieron en el acuario político delfincillos que saben más de maternidad de gallinas que de política. Claro, no saben de política porque en Colombia no hay política. Por eso tienen que conformarse apenas con aprender politiquería que es lo que ven en sus casas. La política es un arte y una ciencia. Pero los “pelaos” en casa de los Turbay o de los Gaviria o de los Serpa o de los Name, o de los López, o de los Samper, aprenden lo que ven, lo que oyen. Por eso se vuelven politiqueros, como sus padres. Los chinos no son bobos y aprenden pronto. Para la muestra un botón: esta semana, con motivo del nombramiento como Ministro de Trabajo del liberal Rafael Pardo, enemigo acérrimo del candidato Santos hace unos cuantos meses, el delfincillo Simonete Gaviria salió a los medios a escurrir esta babosada: “los liberales vamos a respaldar a Santos”. ¿Por qué, pregunto, los defectos, los delitos, las faltas a la ética y demás pecados que se enrostran en plena campaña desaparecen como por arte de magia meses después? ¿En este caso, papá Cesítar le enseñó a Simonete política o politiquería? No, señores; la política es para gente inteligente, no astuta. Y los dirigentes criollos son eso, astutos, como la zorra, y que me perdone la zorra. La renovación, entonces, se dio con el hijo de Horacio Serpa y con el nieto de Julio César Turbay, quienes se unen a los Galán, a Simonete Gaviria, a los hijos y nietos de los Name, en fin. Y en el Gobierno beben las mieles de la burocracia, entre otros, Carolina Hoyos Turbay, Cristina Plazas Michelsen, Miguel Samper Strauss, Aurelio Iragorri, José Miguel de la Calle. ¿Hace falta mentar a sus mentores? Estos delfincillos no se arriesgan a medirle el pulso al “fervor popular” en unas elecciones pero esperan sentaditos en sus cómodas poltronas que sus papacitos o sus abuelitos los instalen a desempeñar puestos de alto rango, en la mayoría de los casos sin más mérito que ser descendientes de tan abnegados servidores de la Patria. Los únicos que brillan por su ausencia son los delfines de los Nule, aunque ellos de por sí son delfines del recordado ministro Guido Nule Amín. Bueno, será esperar otros años a ver si se animan a seguir trabajando denodadamente al servicio de la patria, como siempre, sin más retribución que el agradecimiento sincero de sus beneficiados. Le propongo a viejo Juanma que les otorgue la Cruz de Boyacá en el más alto grado a estos desinteresados y abnegados ciudadanos, para paliar un poco los sufrimientos de una sufrida e inmerecida reclusión. Colofón: A los amigos politiqueros que hoy están en cuidados intensivos en el pabellón de quemados del 30 de octubre, les digo que no se preocupen que no demora en llegarles el premio de consolación. Algún puestecito de mando y buenos milloncejos les habrá de corresponder. Sólo tienen que reconocer la derrota y aplaudir a los vencedores. Ya lo verán. ¿Quieren un ejemplo significativo? En 1994 Orlando Vásquez Velásquez aspiró al Senado de la República pero el pobre se quemó. Sin embargo, semanas después, el Gobierno de Samper lo incluyó en la terna, con guiño y todo, para la Procuraduría General de la Nación. ¡Vaya premio de consolación! Lo triste del caso es que tras dos años de procurador, tuvo que ir al reclusorio (juemadre, no vuelvo a ver novelas mexicanas) por cuenta del archifamoso proceso 8 mil. ¡Ah!, si la gente tuviera memoria histórica…

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