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Archivo de octubre, 2011

29

10

2011

gonzalo  guerrero

¡Millonarios, campeón!

Por: elcides olaznog

Uno como periodista de profundidad adquiere la costumbre de escribir con cierto grado de crítica, en ocasiones mordaz. Pero en esta oportunidad le vamos a ceder la pluma al hincha que recuerda tiempos mejores y que goza el triunfo sin tener en cuenta consideraciones analíticas ni raciocinios de alto vuelo. Millonarios ganó el campeonato denominado Copa Postobón. Es una celebración que merecen los aficionados que domingo a domingo, miércoles a miércoles sufren, lloran, ríen, gozan, vociferan, se agarran, sudan, miccionan de la felicidad, etc. Tuve la hermosa dicha de ver a Millonarios campeón en 1972, con sus estrellas Alejandro Brand, Willington Ortiz, Jaime Morón, el arquerazo Otoniel Quintana, el “Chonto” Gaviria, Arturo Segovia y el siempre fuerte y temperamental Julio Avelino Comesaña, hoy al servicio de la Selección Colombia “absoluta”. El técnico era el doctor (ese sí doctor) Gabriel Ochoa Uribe, un hombre que fue considerado por mucho tiempo como el que más sabía de fútbol en el país. Incluso por encima de Carlos Antonio Vélez, lo cual ya de por sí le da mucho mérito al médico. En 1978, de la mano de un técnico casi desconocido, Pedro Delhacha, Millonarios ganó su estrella 11 con la brillante actuación de Willington, Morón y el recordado “Pocillo” López, grande por el “andarivel” izquierdo. Fue de los primeros marcadores de punta atrevidos que osaban abandonar la saga para aventurarse a lanzar efectivos centros, capitalizados casi siempre por otro grande: el “Buho” Irigoyen, genial goleador, ídolo de los bogotanos. Formaba parte de esa banda el “Tapetico” Onega, figura del River Plate y del Racing en sus mejores tiempos. La final fue contra Santa Fe, que a los 15 minutos del primer tiempo ya perdía 3 a 0 por la magia de los goles de los ya nombrados Irigoyen, Willington y Morón. Vuelve a coronarse con la dirección de Luis Alberto García en 1987 y en 1988. Eran épocas del “Pájaro” Juárez, de Mario Vanemerack, Arnoldo Iguarán, Eduardo Pimentel, el “Panza” Videla, “Gambeta” Estrada, el “Capi” Morales, incluso Alberto Gamero, técnico perdedor del pasado jueves. Eran jugadores que aún tenían la sangre caliente y sentían el fútbol como lo que es: un juego de hombres inteligentes comprometidos con una casaca, símbolo de una Institución de respeto. Sí, gocé como hincha de Millonarios, equipo con mucha gloria, por donde desfilaron los mejores del mundo: Adolfo Pedernera, Alfredo Di Stéfano, Néstor el “Pipo” Rossi, el gran Amadeo Carrizo; pasaron también Eduardo “Maravillita” Lima, Enrique el “Nene” Fernández, al “Nano” José Fernando Areán, José María Ferrero, Pedro Prospitti, Dragoslav Sekularak, el gran Juan Gilberto Funes, Miguel Ángel Converti, Jorge Abraham Amado, Luis Gerónimo López, Alejandro Esteban Barberón y un largo etcétera de los llamados grandes que hicieron historia en un Millonarios que para nosotros los hinchas era casi imbatible. Era el Millonarios que incluso se daba el lujo de ganar en el Santiago Bernabeu, algo que hoy por hoy sólo puede hacerlo la banda de Messi, Xabi e Iniesta. Jugar en Bogotá en esos tiempos era cosa seria. Los equipos llegaban a la capital siempre con la lejana ilusión de sacarle aunque fuera un épico empate al grande de Colombia. Millonarios hacía respetar la casa, porque era un equipo fuerte, de jerarquía, de jugadores con los huevos bien puestos. Era el Barcelona de la época. Sus jugadores sabían de la gran responsabilidad y del privilegio de formar parte de un equipo por muchos años considerado de los mejores del mundo. Y actuaban en consecuencia. Y ganaban partidos y campeonatos. Hacían vibrar a su fanaticada. Y su fanaticada no peleaba, gozaba… Eran tiempos de piquete y de bota de manzanilla con uno que otro aguardiente. Las tribunas se colmaban tres o cuatro horas antes del partido. Un gol de Millonarios era el clímax, la suma total de las emociones. El fútbol era una liturgia. Y no se hablaba de más durante toda la semana, mientras llegaba el otro partido, la otra víctima. Hoy el fútbol es otro. Se respira otro ambiente. Los hinchas no son los mismos y sus objetivos también cambiaron. En mis tiempos se animaba a Millos con el inocente alabío, alabao, alabim, bom, bao… Millos, Millos, ra, ra, ra… Éramos cándidos, creíamos en el triunfo, en los jugadores, en el técnico y, quién lo creyera, también en los periodistas deportivos. Eran tiempos en que el hinchismo no se había globalizado. Los bogotanos éramos hinchas de Millos o de Santa Fe; los medellinenses eran de Nacional o del Medellín; los caleños eran hinchas del Cali o del América, y así sucesivamente. Pero no se veía que un bogotano, por ejemplo, fuera hincha de Nacional cuando ni siquiera tenía posibilidades remotas de conocer la Capital Mundial de la Arepa. Y me refiero a la de maíz, tan adecuada para acompañar los fríjoles con epidermis de porcino. Las comilonas y las bebetas en el palacio del colesterol eran cosa de respeto. Y allí se reunían los hinchas de uno y otro bando y se echaban ciertas pullitas, pero en la inmensa mayoría de los casos ahí paraba. Hasta se mandaban polita de una mesa a otra. Eran hinchas inteligentes, a quienes les importaba el equipo y sus triunfos y no tanto la derrota de los rivales. De todos modos, viendo (por TV) el partido de vuelta en el Campín contra el Boyacá Chicó, volví a experimentar parte de la felicidad de entonces. Por un momento se me olvidó que estaba en el 2011 y me sumergí en los setentas u ochentas del siglo pasado. Volví a sufrir por las eventuales malas entregas, por la falta de contundencia a la hora del gol. En el penalti desperdiciado volví a madrear. Qué vaina, ya no estaban los grandes. Apenas estaba un jugador calvito que por momentos lanza chispas de genio; se asoma por ahí un gran prospecto llamado Pedro Franco. Estaba también un golero bueno, Nelson Ramos, cumplidorcito de su deber, y uno que otro que por ratos se destaca, como Rafael Robayo. Pero no más. Ya no hay luminarias, sólo trabajadores del fútbol. Los buenos tienen que irse porque los clubes colombianos no tienen cómo pagarles lo que merecen y porque, además, necesitan venderlos para inyectar dinerito a las ya casi resecas arcas. Las causas de esa resequedad no son motivo de este escrito. No vale la pena hablar de eso. Lo importante es ver cómo la gente, los hinchas de hoy, muchos de los cuales no tuvieron la dicha de ver lo que yo vi, fueron capaces de llenar El Campín. Y se la gozaron desde la semana pasada en Tunja. Se sienten campeones y eso es lo que cuenta. Y demostraron que todavía hay fervor por la camiseta azul. Renacen las esperanzas de recuperar el respeto. ¡Hurra, Millonarios, Campeón de la Copa Postobón 2011! Colofón: No voy a leer ni a oír  a los expertos del fútbol porque esos son muy aguafiestas. Seguro dirán que en tierra de ciegos el tuerto es rey. Le restarán importancia a la Copa Postobón. Le van a quitar méritos a Millonarios y lo van a comparar con el Real o con el Barza. Dirán que Candelo no es Xabi y que Ramos no es Casillas. Que Richard Páez está lejos de Pep Guardiola. A Messi ni lo nombro. Ese con el Barcelona es de otra galaxia.

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22

10

2011

gonzalo  guerrero

Oportunidad histórica, como todas las oportunidades

Por: elcides olaznog

A una semana de las elecciones para gobernadores, alcaldes, ediles, diputados a las asambleas departamentales, concejos municipales, en Colombia se respira un ambiente ciertamente fétido. Cómo será de fétido que el mismo gobierno por estos días difunde por televisión masiva un mensaje institucional en el que recomienda a los electores no votar por las listas de personas o movimientos torcidos. Uno como simple contribuyente anónimo no puede menos que preguntarse: si los altos dignatarios del Gobierno Nacional saben que existen candidatos y movimientos torcidos, ¿por qué no cumplen con su deber,  y ordenan a quien corresponda que los investigue y los mande a la guandoca? Esa es una lectura. Otra interpretación con sentido común es: si el alto gobierno recomienda no votar por candidatos o movimientos torcidos, investigados, sospechosos, pues sencillamente lo que recomienda es votar en blanco. Tantos años observando la política, perdón, la politiquería colombiana, le dan al ciudadano de a pie la autoridad moral suficiente para pensar que es muy difícil, por no decir imposible, encontrar un candidato puro, blanco, impoluto. Y todavía más difícil encontrar un candidato que de veras esté interesado en solucionar los problemas de la gente. En Bogotá, por ejemplo, donde las encuestas dan como ganador a Noel Petro, seguido de cerca por Bolardo Peñalosa, el elector se pregunta: ¿Petro o Peñalosa serán capaces de solucionar los problemas tan críticos que han dejado las dos últimas administraciones, la de Beodín Garzón y la del angelito hijo de mamá María Eugenia y nieto de mi general Gurropín, acrónimo con que se conocía al presidente Gustavo Rojas Pinilla, abuelo de los dos angelitos Moreno Rojas? Respuesta: si acaso les alcanza el tiempo y la honradez para solucionar los problemas de ellos y de sus amigos y familiares. Al pueblo nunca le toca, como se cansó de demostrar con buenas dosis de humor el desaparecido historiador, Álvaro Salom Becerra. Pensemos: un alcalde, de Bogotá, por ejemplo, pero se da en todos los mil y pico de municipios del país, ordena construir una obra civil, digamos un tramo de carretera. La plata sale del bolsillo de los contribuyentes que pagan impuestos hasta en la compra de una infeliz caja de fósforos. Por transitar con un automóvil por un camino de herradura le cobran un peaje como si se tratara de una autopista de ocho carriles. Por hartarse como una bestia con cerveza o aguardiente también paga impuesto; si no me creen averigüen las colosales millonadas que manejan las rentas departamentales. Por asistir a un espectáculo, igual. Y cada vez se inventan más y más impuestos. La plata de la obra, para retomar el hilo, sale del bolsillo del contribuyente, que además paga 10, 15, 20 y hasta más veces el valor de la dichosa obra, por la magia inefable de contratistas pulquérrimos como los Nule. Pero el funcionario mayor la inaugura con bombo y platillos, como si él hubiera puesto la plata. Y no contento con esto, con una fuerte erogación adicional ordena construir una placa conmemorativa que reza más o menos así, con iniciales mayúsculas: Esta Obra se Construyó Durante la Fecunda Administración del Eminentísimo Alcalde Dr. Fulano de Tal, Ilustre Hijo de Este Municipio. Luego viene una larga lista de ciudadanos ilustres, cómplices, perdón, colaboradores inmediatos del alto funcionario, “sin cuya inconmensurable vocación de servicio a este municipio nunca hubiera sido posible construir tan magna obra”. Yo no entiendo eso y menos cuando a la famosa inauguración asiste la gente que no se cansa de vitorear a su mandatario que le solucionó la vida al pueblo con una escuela, un parque, una porción de carretera, ¡con su propio dinero! Estamos, pues, a una semana de utilizar la perpetua oportunidad histórica. Los colombianos deberían reflexionar un poco en su masoquismo y por una vez decir NO a la politiquería. Deberían, por ejemplo, los bogotanos, ver la lista de los concejales que serán objeto de interrogatorios por parte de la Fiscalía General de la Nación por su “presunta” participación en el carrusel de la contratación. Pero si les da pereza averiguar, aquí se la tengo: Orlando Parada, Javier Palacio, Andrés Camacho, Hipólito Moreno, Édgar Torrado, Severo Correa, todos ellos del Partido de la U; Julio César Acosta, Fernando López y Henry Castro, de Cambio Radical;  Rafael Escrucería, del PIN, Fernando Rojas y Wilson Duarte, del Polo Democrático Alternativo, Jorge Durán y Jorge Ernesto Salamanca, del gran Partido Liberal; José Juan Rodríguez y Antonio Sanguino, del Partido verde, y Omar Mejía en representación del gran Partido Conservador. Esto sólo por nombrar un ejemplo extraído de los principales medios en la semana que termina. Como se puede notar, en este caso también están representadas todas las fuerzas electorales de la ciudad. Y se dan las mayorías para el Partido de la U, seguido de cerca por Cambio Radical luego el Partido liberal, el Polo y en última posición, como en la vida real, el Partido Conservador. Citicos los concejales. Ojalá la justicia colombiana, que es tan justa, les dé la oportunidad de defender su pulcro nombre y puedan demostrar su inquebrantable inocencia. O, en últimas, que puedan meter a la guandoca a cuanto periodista los denuncie en los medios, tal como lo hizo la eminencia gris de Cundinamarca, la eterna gobernadora Leonor Serrano de Senador Camargo con un comunicador que se atrevió a hablar en contra de ella. Un juez de la República sacó del cubilete de su sabiduría jurídica una sentencia en contra del comunicador porque “manchó” el blanco nombre de la señora de marras. Y le clavó 4 años de cárcel. Pero bueno. Volvamos a lo serio. Un país que votara en blanco pondría en la picota pública mundial a la dirigencia nacional. Sería un mensaje en el que los colombianos se expresarían de esta manera: no queremos más corrupción. Estamos hartos de politiquería y demagogia ridícula. Estamos creciendo en conciencia social y política. Ya no nos dejamos meter el dedo en la boca, ni en ninguna otra parte. NO a los de siempre. NO a los ladrones de cuello blanco. ¡Queremos aprovechar esta oportunidad histórica! Colofón: Amigo elector: no sea masoquista. Hágale una buena jugada a su viejo gamonal: vaya y cómasele el tamal y jártesele el aguardiente. Pero no vote por él. Vote en blanco. Eso sí, si quiere protestar decentemente, levántese de la cama. No votar es elegir a los mismos Morenos, Pastranas, López, Garzones, Peñalosas, Uribes, Lleras, Names, Guerras, Parodys de siempre… Aproveche la oportunidad histórica.

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15

10

2011

gonzalo  guerrero

Mejor sin alharacas desmedidas

Por: elcides olaznog

Debo confesar que tenía mi buen tiempo que no sentía alegría de ver un partido de la Selección “absoluta”, como le dicen los que saben. Meses más, meses menos, por allá a finales de 2007 en eliminatorias, cuando el equipo de Jorge Luis Pinto le pintó la cara a Argentina con Messi incluido, 2 – 1, con goles de Bustos de soberbio tiro libre y de Dayro Moreno. Después de que sacaron a Pinto de la manera más infame, no volví a disfrutar los triunfos sencillamente porque no los hubo y porque los equipos de Maturana, Gómez y Lara huelen horrible.

Sin embargo, aunque el nombramiento de Leonel no precisamente me hizo saltar de alegría, debo reconocer que aun siendo de la rosca paisa, el anacrónico melenudo es un tipo serio y trabajador, todo lo contrario de sus inefables antecesores ya nombrados. Y en la línea parece un entrenador de fútbol y no un lord inglés, como nuestro flamante y flemático ex director general de selecciones.

El triunfo de esta semana en la segunda fecha de las eliminatorias en la Paz ante Bolivia de veras tiene caracteres de gesta. En este espacio denuncio los errores, las equivocaciones, pero también me inclino con respeto y admiración cuando lo considero justo y oportuno. Por eso en esta ocasión no critico a nadie porque haya jugado mal, entre otras razones porque conozco opiniones médicas muy autorizadas que ilustran con lujo de detalles lo que es jugar en un infierno sin oxígeno a más de 3.6 kilómetros sobre el nivel del mar.

No digamos que fue un partidazo pero se necesita estar en esa diabólica altura para comprender la dimensión del triunfo de Colombia. Sin oxígeno es casi imposible jugar 45 minutos. Y Colombia jugó 93 sin entregarse.

Cuando uno oye los comentarios del gol gol gol Caracol, apenas si se puede contener. Es absurdo que esos periodistas, que se suponen conocedores del infierno de la Paz, digan, por ejemplo, que equis jugador “luce errático en la entrega del balón”. Son comentarios fuera de contexto. Inanes, insustanciales. Pero, como me decía un estudiante: “sí, profe, pero esos son los que se ganan las relucas”.

Lo cierto es que salvo Abel Aguilar y un poco los marcadores Armero y Zúñiga, los demás fueron colosales. Carlos Sánchez es un león; Aquivaldo y Perea dieron lo suyo. Ospina, garantía, aunque tuvo mucha suerte en dos o tres remates bolivianos desviados. Guarín, sencillamente, bárbaro. Muy buena por Pabón y qué gran partido el de Teo aunque no haya marcado. Excelentes minutos de Falcao con un gol que puede valer un potosí.

Ese muchachito llamado James Rodríguez merece un párrafo para él solito. Ojalá no me equivoque pero Colombia tiene ya al jugador que llevamos más de una década esperando. Una verdadera magia, especialmente en el segundo tiempo. Impresionante, por decir lo menos, su despliegue físico, la calidad de su juego, el dominio del balón por izquierda y por derecha, tiene pegada, gol, claridad, contundencia, serenidad, picardía. Dios nos lo conserve, ojalá bien lejos de los cacaos del micrófono que acaban con tantos talentos.

No se trata sin embargo, de montar desde ya en el bus de la victoria porque esto apenas empieza. Sólo me refiero al único partido que ha jugado Colombia en este largo torneo. La inteligencia ordena prudencia. Y en las dos primeras fechas, en esencia, no ha pasado nada. Los hermanos venezolanos están de plácemes con su victoria, bien merecida por cierto, porque anularon a los argentinos. Lionel Messi, que en el Barcelona a veces pareciera que no es de este mundo por su fútbol de fantasía, mostró en su cara un rictus de impotencia y desespero. Y duele verlo así, pero ese es el fútbol. Bien por la vinotinto. Porque, a juzgar por la nueva actitud, creo que le va a ceder el título de “Cenicienta” a otro que lo merece más. Usted, caro lector, sabe a cuál selección me refiero.

Por otro lado, quizás valga la pena reseñar el bajón de los paraguayos, que perdieron contra el renovado Perú, y en casa apenas arañaron un punto de milagro cuando el árbitro se llevaba el pito a la boca para terminar el partido.

Lo demás, normalito. Es decir, ni siquiera se puede hablar de tendencias porque faltan 14 partidos. Quiérase o no, el grupo se va decantando con el paso de los partidos. Esperemos que lo de Colombia no sea flor de un día y que estrenando técnico, también estrene actitud ganadora. A Leonel no le gusta perder y trabaja para ello. ¡Buena estrella lo guíe!

Colofón: los 14 jugadores que alinearon contra Bolivia en la Paz cumplieron. Leonel y Comesaña también. Por eso insisto en que no dejen meter las narices a los de la plana mayor de la Federación. Es más, yo propondría que por el bien de la Selección les prohíban ir al estadio porque hasta su presencia física libera mucha energía negativa. Y, de otra parte, si Leonel de Jesús quiere seguir impresionando con su cabellera, pues que la luzca, ¡qué carajo!, pero que gane…

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08

10

2011

gonzalo  guerrero

¡Colombia, Colombia, Colombia!

Por: elcides olaznog

Guardo total escepticismo en el temita cansón de las eliminatorias a Brasil 2014. Porque una cosa es el corazón que alberga muchas esperanzas e ilusiones y otra es la cruel realidad que advierte que Colombia está en inferioridad de condiciones, y no precisamente por no tener jugadores de calidad.

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10

2011

gonzalo  guerrero

De esos candidatos, ¡sálvanos, Señor!

Por: elcides olaznog

Las noticias dan cuenta de que los candidatos a ocupar las oficinas del Palacio Liévano se reunieron en un lujoso hotel del norte de Bogotá, para explicar cómo combatirán la corrupción en la Capital de la República. Señor lector, no se ría ni me mande al carajo. En serio, los candidatos se reunieron para eso. Lo dicen los principales medios; y si lo dicen los principales medios, pues no queda más remedio que creerles.     Sin embargo, dejémosle ese temita a Sábados Felices. Ahí cuaja mejor porque, por lo menos a mí, esos señores cuando hablan de corrupción me causan mucha risa. A propósito, ¿conocen mis amables lectores el origen de la palabra candidato? Lean al final nuestro acostumbrado colofón.   Los asistentes eran Enrique Peñalosa, David Luna, Aurelio Suárez, Dionisio Araújo, Gustavo Páez, Carlos Galán, Gustavo Petro y Jaime Castro. La adorable Ginita no se apareció porque estaba debatiendo con el profesor Antanas Mockus acerca de quién de los dos quedaba en contienda electoral y quién renunciaba. Por esta razón, consecuentemente lógica por cierto, el profe Mockus tampoco asistió a la reunión proanticorrupción capitalina.   Ante la gravedad de la negociación, perdón, de la discusión, y por tratarse del profesor Antanas – a quienes los colombianos recuerdan muy bien porque le conocen las dos caras de la moneda – se suponía que la reunión iba a durar más que una semana sin carne, pues es por todos conocido que la inteligencia del profesor es tan espesa que se necesita no solo paciencia sino un buen equipo de semiólogos, filólogos, traductores, construccionistas, desconstruccionistas, mimos, adivinos, y uno que otro hechicero para, por lo menos, intentar descifrar el discurso del conspicuo lituano.   Sin embargo, como dice Alerta, increíble; la reunión duró únicamente dos días con sus noches. Y el profesor ilustre declinó su noble aspiración en favor del sexo fuerte. Iba a escribir “sexo débil” pero mi mujer, que siempre quiere saber lo que escribo, me lanzó una recia mirada y tuve que cambiar el término.   El indiscutible encanto femenino de la candidata independiente, pues, cumplió con su deber, y la angelical Ginita continúa en la liza política por el segundo cargo con más presupuesto del país. Como dice la chancera, “suerteesqueleigo”, mi apreciada Gomeginita. Abra las entendederas y limpie bien esos anteojos porque, ahora usted lo sabe, entenderle a Mockus es tan difícil como que Millonarios o Santa Fe ganen tres partidos consecutivos.   No vale la pena analizar las emisiones ptialíticas de los candidatos (así me enseñó a decir el maestro Alfredo Iriarte, en vez de utilizar la hedionda frase chorro de babas) porque de verdad, son eso, mensajes vacuos, pueriles, triviales, fútiles, sin contenido. Mejor dicho, de eso no saben. Mi abuelita lo decía mejor que yo: nadie quiere cuchillo p´a su propio pescuezo.   Veamos. Peñalosa lucha contra su propia sombra. Y ah larga sombra. Pero lo de larga no se dice por acusarlo de abusar de su también larga generosidad en la compra e instalación de bolardos. No. Se dice es por su elevada estatura, pero no intelectual sino corporal. El ex presidente Uribe con toda su popularidad metida entre la chaqueta se veía como un diminuto portacomidas junto a Enriquito, en una correría que los dos hicieron por los barrios bogotanos, con el fin de paliar la desesperación que generan los resultados negativos de las benditas encuestas.     Noel Petro, qué miedo, por ideología es heredero directo de Samuelito y de Ivancillo y, otra vez como dice Alerta, increíble, aparece de primero en las susodichas encuestas. Como quien dice, Bogotá tiene muchas posibilidades de que definitivamente se la lleve el p…atas. A propósito de Petro, mi tía Empera, que es una vieja cascarrabias pero sabia, me dice que el que es nunca deja de ser. Y que árbol que nace torcido no se endereza jamás. ¡Válgame Dios! ¿Será cierto eso?   Petro lleva mucho tiempo rumiando su frustración por no haber podido ser el cacique electoral del Polo Democrático. Cómo será que en las urnas hasta el casi octogenario Carlitos Gaviria le dio más carne que papas. Y si llega al Liévano no nos lo va a perdonar. Pero ojo, don Gustavo reviste doble peligro porque su objetivo es claro: él no se conforma con una alcaldía, así esta sea la de Bogotá. No. El antiguo combatiente por la libertad del pueblo quiere ser presidente de la República. Él, como hijo ilustre de Ciénaga de ORO, sabe que Bogotá tiene oro suficiente como para dos campañas políticas de grandes ligas. ¿O no, don Andrés?   A partir de ahí, votos más votos menos, sigue una larga lista de perdedores. Pero entre ellos se destaca don Dionisio que, igual que su casi difunto partido político, ha exhibido a lo largo de la campaña la más conmovedora pobreza pero no tanto de recursos como de ideas. Por ahí leí en una noticia escondida entre los avisos clasificados que ya renunció a la candidatura. Ni fu ni fa. Lástima el párrafo que utilicé con él.   Lo mismo pasa con el candidato del ex glorioso trapo rojo. Es un muchacho con más fuerza que inteligencia. (No olvidar su resistencia física para recorrer largos tramos a pie). Lunita obliga a evocar esos grandes momentos del Partido Liberal de Eduardo Santos, de don Luis Cano, de López Pumarejo. Cuando, por lo menos, decía mi padre, había disciplina de partido.   El boyacense Jaimito Castro, quien después de viejo le dio por jorobar la paciencia, tiene más recuerdos que posibilidades. Ni una fuerte dieta a base de panelitas de leche de su natal Moniquirá logrará darle la fuerza necesaria para un trabajo que requiere mucha energía para atajar Nules. ¿Por qué le daría por ahí al anciano ex constituyente?   El delfín de Luis Carlos Galán está aprendiendo, pero todavía le falta pelo p´a moño. Se ve que el muchachito es serio pero, por ahora, sería una irresponsabilidad ponerlo a que se lo trague entero la voraz clase política bogotana. Y no creo que a punta de gritos de mamá Gloria, mamá Gloria, ayúdeme, pueda resolver los grandes chicharrones de la capital colombiana.   ¿Ustedes saben quién es Aurelio? Yo tampoco.   En fin. No se sabe aún cómo va a reaccionar la opinión pública con la alianza Parody – Mockus, pero sería bueno, o no tan malo, para Bogotá que la gente le apostara a esa llave. Para darle una nueva dinámica a las elecciones, a falta de apenas un mes escaso de la elección. Para que se hiciera realidad una tercera vía, perdón, una tercera fuerza capaz de inquietar las candidaturas del escarabajo Peñalosa y del ex angelito Gustavo Petro. Colofón: Candidato: de cándido, es decir, blanco, puro, limpio, inmaculado, impoluto.  Procede del latín candidatus, el que viste de blanco. Por esa razón las mujeres se visten de blanco el día de su boda. El blanco simboliza pureza, candor. El aspirante a la Alcaldía de Bogotá que reúna al menos dos de estas cualidades, que lance la primera encuesta. Pero parece que todos ellos en este sentido están más maculados y polutos que la heroína de Gabriel García Márquez, Ángela Vicario, a quien la noche de su boda, su esposo Bayardo San Román tuvo que devolver a su casa por eso: porque ya la habían maculado y por poluta. ¿Ustedes qué opinan?

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