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Archivo de septiembre, 2011

24

09

2011

gonzalo  guerrero

Génesis de la violencia o las conciencias tranquilas

Por: elcides olaznog

Gobernador de Guainía fue condenado a cinco años de prisión por compra de votos. En Bogotá se pagaban millones de dólares para ceder contratos: testigo. Alcalde de Bogotá a la cárcel por carrusel de contratación. Descubren municipios con censo electoral mayor que la población proyectada. Nancy Patricia Gutiérrez, a juicio por tráfico de influencias. Cinco años de cárcel a ex concejales por robar dineros de la educación. Ordenan capturar a vicepresidente de la CUT por homicidio. La Contraloría indagará al ICBF por millonarios giros. A la cárcel irá funcionario de juzgado de Cúcuta por desfalco a Invías. Et sic de coéteris. Estos no son propiamente titulares de una revista del corazón. Son apenas algunos encabezamientos de las noticias de los medios de prensa, sólo de la semana que termina. Pero suficientes para analizar el porqué de los problemas por los que atraviesa nuestro amado país, por cuenta exclusiva de nuestra también amada, sacrificada e incomprendida clase dirigente. Y pueden ser la explicación de nuestra carnal violencia. Se generan tantas noticias alrededor del despilfarro, del robo descarado, de la desviación de recursos, de favorecimiento a terceros, en fin, alrededor de delitos protagonizados por los administradores del tesoro público, que uno como persona medianamente inteligente no tiene más remedio que ventilar en cuanto foro se le aparezca esta situación que, de veras, tiene en vilo a más de cuarenta millones de colombianos. Esta semana se supo por algunos medios que una investigación arrojó datos tan espeluznantes como este: “en Colombia todos los días uno de cada nueve niños se va a la cama sin comer”. Pero no precisamente por falta de apetito o porque se quedó dormido viendo los realitis de RCN o de Caracol. No. Se fue a la cama sin comer porque no tuvo qué. Todo ello es ampliamente conocido por la llamada opinión pública. Pero lo grave del asunto consiste en que esa opinión pública no hace el ejercicio completo. Porque si lo hiciera, tendría que relacionar los titulares de prensa acerca de la corrupción administrativa con la infame pobreza del niño que no tuvo qué comer, por ejemplo. Y actuaría en consecuencia. Intentaría salir del meimportaunculismo que nos tiene sumidos en la miseria. No es tan difícil. Con una simple calculadora de bolsillo se puede sacar una cuenta aproximada de las cantidades de comidas básicas que podrían comprarse con los BILLONES vilmente saqueados en el carrusel de contrataciones del Distrito Capital. Me explico: uno como lector interpreta las noticias acerca del alcalde  Samuel y de su carnal Iván. Las noticias de las actuaciones públicas de esas cumbres morales que son los señores Nule. De los traficantes de influencias, de los compradores de votos, de los desfalcadores del erario que,  léase bien, es dinero de propiedad exclusiva del pueblo soberano. Por aparte, como si fueran harina de otro costal, se leen las noticias de violaciones de niños, del hambre, de la miseria de ciertos sectores de la población; es decir, no se logra comprender que los casos están estrechamente relacionados. Cuántas escuelas, cuántos parques, cuántos hospitales, cuántas viviendas podrían comprarse, repito, con tantos billones de pesos robados de manera inmisericorde. Cuánta hambre se podría erradicar con sólo una parte de esos dineros. Pero si la gente que lee no relaciona, es decir, no hace la tarea completa, el presidente, los jueces de la República, los fiscales, toda esa larga nómina de funcionarios de los organismos de control, sí deberían pensar en el impacto de los robos, del delito. Y no debería temblarles la mano para descargar todo el peso de la ley a quienes así lo merecen. Pero lo que se ve y se palpa es un respeto absoluto, casi miedo, por la figura prominente de los delincuentes de “alta alcurnia”. Cuando a un político corrupto (perdón por la redundancia) le comprueban sus delitos y le dan casa por cárcel o le condonan la pena por “buen comportamiento”, la justicia, ni más ni menos, se burla cruelmente de la gente que padece los horrores de la delincuencia de cuello blanco. Cuando a un hombre humilde que por un error -  inducido quizás por las penalidades generadas por un Estado corrupto y ladrón – le dan injustamente cinco o más años de prisión sin beneficio de excarcelación, la gente nota que se le están burlando en sus narices. Ese ciudadano anónimo sí sirve de escarmiento para los demás, pero los de cuello blanco no. Pero el asunto no para ahí. Históricamente se sabe que la gente aguanta y aguanta pero llega a un límite. Y eso es lo que está ocurriendo en muchos lugares del mundo, incluido Colombia. Revueltas de campesinos, camioneros, trabajadores, estudiantes, amas de casa, que se sienten brutalmente maltratados por sus flamantes dirigentes, salen a las calles a bloquear vías de acceso, a dañar edificios públicos y privados, a golpear agentes de policía, a incendiar, etc. Aparece el vandalismo, el caos, la violencia. Esta semana que termina, por ejemplo, se dieron casos de estos en Quindío, Santander, Magdalena y Meta. Ah, y en Bogotá, por cuenta de estudiantes de la Universidad Distrital. Y ante esta situación, ¿qué hace el Estado? Reprime con la fuerza pública. Hace la fácil. Es decir, cambia violencia por violencia. Resultado, unas gotas más a la copa que poco a poco se llena. Aclaremos. No solo no apoyamos sino que repudiamos todo acto de violencia venga de donde venga y vaya para donde vaya. Pero ello no es óbice para advertir que cuando la copa se llena y se rebosa, la conciencia popular es mucho más poderosa que las fuerzas de coerción. Por esas razones, y hablando en serio, los altos estamentos oficiales deben medir el impacto de su irresponsabilidad. Estas revueltas populares pueden volverse inmanejables y en un momento dado pueden crecer – para utilizar la manida frase coloquial – como una bola de nieve. A todos los organismos oficiales, especialmente quienes administran recursos económicos y justicia, les corresponde analizar un poco más allá de los códigos, de la normatividad, de los protocolos. La gente siente que les están sacando la platica del bolsillo a la brava. A manera de sana alerta, digamos que en Colombia está sonando el siniestro tic tac de una bomba de tiempo. La gente se está sintiendo acorralada y eso es más grave de lo que se piensa. Señores gobernantes, jueces, magistrados, parlamentarios: piensen un poco más en la real situación del país. No le paren tantas bolas al ex mandatario finquero, bravucón y buscapleitos y déjenlo que se mate solo. Olviden las rencillas personales. No le acepten más regalos ni francachelas a los Giorgio Sale. Frenen un poco la desmedida utilidad de la contratación pública fraudulenta. Hagan lo que en su momento pretendió hacer un brillante, demagogo y corbatinudo presidente cuando anunció con bombo y platillos: “tenemos que reducir la corrupción a sus justas proporciones”. En otras palabras, aprovechen el debate electoral que se avecina para limpiar un poco la hedionda imagen que tienen de la política quienes se abstienen de votar. Pero háganlo con verdaderos actos de honradez y respeto. NO DEGÜELLEN LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO. Colofón: los colombianos estamos hartos de oír de los funcionarios corruptos ¿redundancia? en trance de defenderse en los tribunales, que tienen la conciencia tranquila. Son conciencias tan deterioradas y oscuras que ya ni siquiera se les intranquilizan. ¿Cuánto miles de millones más se necesitarán para que se le intranquilice la conciencia a la cabeza visible del carrusel de la contratación pública distrital? ¡Bárbaros, la tapa!

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17

09

2011

gonzalo  guerrero

190 mil contra 16 millones

Por: elcides olaznog

Es, por decir lo menos, paradójico que en la semana que termina, simultáneamente los medios difundan dos noticias abiertamente contrarias que llevan implícita una pavorosa y sobrecogedora crueldad.

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10

09

2011

gonzalo  guerrero

Transanimalenio

Por: elcides olaznog

Transmilenio, sistema de transporte masivo de Bogotá, mejor conocido como “TRANSANIMALENIO”, acaba de confirmar su nombre. Antes de esta semana era transporte de animales porque un articulado es capaz de llevar por lo menos 40 “personas” más de lo que determina su cupo normal. Y digo transporte de animales porque así se sienten (nos sentimos) sus usuarios.

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02

09

2011

gonzalo  guerrero

Por: elcides olaznog

Las segundas temporadas de las telenovelas colombianas Me llamó de la vereda mi sexagenaria tía Empera para pedirme un favor. Yo me asusté porque la vieja nunca me llama pero después me puse contento porque pensé que a lo mejor se estaba sintiendo en las últimas y quería que le aceptara por ahí alguna jugosa herencia escondida, o algo por el estilo.  Pero no. La casi anciana, que de niño me enseñó lo que es la tacañería químicamente pura, me llamaba para un asunto que me parece de quinta, como dicen las señoras. “Mijo, sumercé que es periodista y que vive cerca de RCN Televisión, le ruego que vaya a donde esos señores y me les dice que no abusen de nuestra confianza y que no se burlen de los televidentes”. Yo no le entendí ni papa pero la vieja siguió soltando el rollo.  Palabra más, palabra menos, la tía estaba enverracada porque esta semana habían anunciado con bombo y platillos el final de A mano limpia. Yo no tenía ni idea de que a la vieja le gustaran esos programas como tan… mejor no digo. El caso es que el famoso final no llegó y el desenlace se dejó dizque para la segunda temporada.  Me pareció que lo conveniente era mandar a la vieja a… bueno, a que cogiera oficio, pero de todos modos confieso que me picó la curiosidad. Entonces le pregunté que si no era bueno que quedaran las historias en suspenso, que eso aumentaba el interés, en fin. Pero la tía se empecinó en vaciar a los de RCN por mi conducto, pero no me quiso entender que yo con personas tan importantes no tengo ni la menor posibilidad de hablar. Mientras trataba de explicarle que se había equivocado de estafeta, la vieja siguió soltando su veneno y me dijo que “ya se la habían hecho” con A corazón abierto, otra serie de mucho éxito, según leí en una página de internet. Para evitar una cruenta ruptura con la tía Empera, me di a la tarea de investigar a fondo. Lo primero que hice fue ir a donde mi comadre Marcela y ella sí me contó la vaina como era. De paso diré que la comadre también estaba que se la llevaba el patas (ojo, con a, no con u) con RCN TV.  Y sí. Me explicó con lujo de detalles (claro que me tocó mandar por medio palo de pola para que mojara la palabra), y el asunto es como sigue: RCN adoptó un estilo bien particular. Según la comadre, en A corazón abierto les quedó gustando tanto la sintonía que en vez de 80 capítulos pasaron 120. Y como les siguió gustando, decidieron no terminar la serie, chapucearon un estallido en un bus y el pobre doctor Augusto Maza, por salvar vidas se metió en el bus, se quemó todo y… suspenso… No se resolvió nada, algunos personajes se fueron para otro canal, y todo quedó listo para la “segunda temporada”.  En A mano limpia, sucedió algo parecido. Sin mayores argumentos, el maloso de Vicente, hermano de Manuel Guerra, sin motivo alguno decidió incendiar la casa donde funcionaba un dizque gimnasio. Pero dio la “casualidad” de que Manuel, el hermano del maloso, estaba en el gimnasio solo, solo como nunca había estado y, ¿qué pasó? Suspenso… Todo quedó listo para la “segunda temporada”. Ahí recordé el tremendo arsenal de palabras de grueso calibre que utilizó mi tía Empera contra los pobres libretistas. Y tengo miedo porque si la vieja de pronto viene a Bogotá en estos días, es capaz de hacer con RCN lo mismo que hizo Vicente con el gimnasio. Pero las segundas temporadas dependen de que los actores firmen un nuevo contrato. Para el caso del doctor Maza, interpretado por Juan Pablo Espinosa, como se cambió de canal, se decidió que se iba para un país lejano a curarse de las quemaduras. Si hubiera firmado el contrato para la segunda temporada pues lo habrían traído de ese lugar lejano, claro, ya sin quemaduras. Pero no, no firmó. Conclusión: se murió el personaje pero no en la serie sino en el libreto. Ni lo volvieron a nombrar. Machetearon la historia. En el caso de Claudio Cataño, que representó a Manuel Guerra, ocurre algo similar: si Cataño no firma para la segunda temporada, se muere; mejor dicho, lo mata el libretista. Pero si firma, lo salvan. Machete es machete. Después de la retahíla de mi comadre Marcela comprendí a la pobre tía Empera. Tienen razón. No es justo que se burlen tanto de los televidentes. Yo le mandé decir a la vieja que ya era como hora de que cogiera seriedad y se pusiera a hacer algo productivo. Que ese tipo de programas no aportan nada y sí hacen mucho daño. Pensé soltarle el carretazo de Federico Nietzsche, ese del pan y circo para el pueblo ignorante, pero me acordé de la improbable herencia y mejor me abstuve. Le mandé decir, por ejemplo, que mis hermanos, todos estudiados y dedo parado a cual más, se dejaron contagiar por el lenguaje soez y ordinario de A mano limpia. Mi hermana cada que pelea con sus tres hijas adolescentes – y eso ocurre por lo menos tres veces cada hora – remata con un enérgico ¿Me hago entender? Mi hermano resultó tratándome de pichurria porque le quedé mal con una platica que le debía. Y eso que el hombre es militar. Y a mi hijo de 14 años le oí sin querer una conversación en la que se refería a mí, a su padre, es decir, a su cucho, como “un pirobo resentido”, todo porque le dije que era de muy mala educación sacarme los billetes de 50 mil mientras yo dormía. Conclusión: el maloso Vicente y la mamá de Jenny, célebres personajes de A mano limpia, son mucho más hábiles que yo en el arte de educar. ¿Se necesita más ilustración?

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