BLOGS Actualidad

20

05

2013

gonzalo  guerrero

¡No más Santos! Con Santa Laura nos basta…

Por: elcides olaznog

La semana que termina nos dejó una noticia nefasta que se veía venir: al presidente Santos lo picó el virus de la reelección. ¿Pensará acaso que lo está haciendo bien?

El presidente ya empezó a mover fichas. No ha dicho de frente si quiere reelección pero es que él nunca dice nada de frente. Y se la va a jugar con Germán Vargas Lleras como su escudero para entregarle el poder en el 2018. Lo cual significa que Santos quiere hacer con Vargas lo mismo que hizo Uribe con Santos. Y es muy posible que Vargas Lleras haga lo mismo que Juan Manuel hizo con Uribe. Es decir, utilizará los hombros del presidente para llegar a la presidencia para después hablar pestes de un gobierno del que fue protagonista.

La realidad, sin embargo, dice que al señor presidente Santos no le ha ligado ni media. Fracasó con la reforma de la ley 30 de educación, fracasó su reforma política, fracasó la reforma a la justicia y salvó a pupitrazo limpio un reforma tributaria que cinco meses después no se le ve ni pies ni cabeza ni se conocen los verdaderos alcances. El hombre ya sufre pesadillas con la palabra reforma. Pero por ahí se oyen y se leen áulicos del gobierno que dicen que el balance de Santos es satisfactorio.

La historia dirá que durante el gobierno Santos Colombia perdió 80 mil kilómetros cuadrados de mar territorial. Bueno, dirán que ese fue un proceso que venía de tiempo atrás. Sí, venía de tiempo atrás pero este gobierno y su flamante canciller María Ángela Holguín no hicieron absolutamente nada para impedirlo, que es una manera de propiciarlo. Y aquí sí se están viendo las consecuencias: seis meses después del polémico fallo de la Haya, la principal empresa pesquera de San Andrés “Antillana” acaba de cerrar porque la pesca se vino abajo. Y este es solo un ejemplo.

Claro, Colombia tiene los cayos pero resulta que los hijuemadres peces siguen con la manía de permanecer en el agua, en vez de “subirse” a los cayos. Y por eso no se dejan pescar sino por los nicaragüenses que son los nuevos dueños del agua. De esta forma, más de 200 empleados (solo de esa empresa, aclaro) quedan sin sustento. Pero al Gobierno no le interesan estas nimiedades. Mejor dicho, que los pobres se jodan; quién los manda ser pobres. A Santos lo que le importa en este momento es recomponer el gabinete de cara a su reelección y pensar en la estrategia mediática para subir en las encuestas.

Y a propósito de encuestas, no se entiende quiénes ni cómo las hacen. Porque uno que habla con la gente en la buseta, en la calle, en el posmoderno Transanimalenio, nunca oye que alguien esté de acuerdo con el gobierno Santos. Todo el mundo de carne y hueso habla mal de él y de su gobierno. Me sentiría plenamente realizado si algún lector me explicara a quién le preguntan las dichosas encuestas porque, según los resultados, en Colombia no hay hambre, no secuestran, no asesinan, no roban, no violan, no cobran impuestos, la gente puede viajar por el mundo cuando quiere, los supermercados no cobran, los servicios públicos son gratis, los bancos no roban, los políticos trabajan, etc. Cualquiera que venga de otras tierras analiza las encuestas y dice: no joda, ¡esto es el paraíso!

Hay, sin embargo, un hecho, incierto e improbable si se quiere, que con encuestas o sin ellas puede catapultar a Santos a la reelección y es que el proceso de paz salga adelante. Pero digo incierto y poco probable porque de eso tan bueno no dan tanto por una razón muy sencilla: las Farc no van a renunciar al poder militar y económico que tienen. Dicho en otras palabras, la guerrilla de las Farc no va a cambiar su poder por unos puestecitos en el gobierno. Ni bobos que fueran. Pero tienen, Santos y las Farc, la fórmula para narcotizar al escaso 30 o 32 por ciento de la gente que elige al presidente. Y a uno que otro ingenuo de la llamada franja abstencionista.

De todos modos, uno como colombiano desea desde el fondo de su corazón disfrutar de un momento de paz, hágala quien la haga, entre otras razones porque la paz, con todo y lo costosa, es más barata que la guerra. No creo, como dice el gobierno, que haya enemigos de la paz como no sean los fabricantes y traficantes de armas, porque a esos se les acabaría el próspero negocio. Pero un colombiano promedio, es decir, el que no tiene acceso al presupuesto, que aunque quisiera no puede robar el erario, no es (no podría ser) enemigo de la paz.

El caso consiste en que Colombia está ante un muy probable segundo período de Santos, y no precisamente porque este sea buen presidente. Al contrario, es tanto a más ligerito que Andresito Pastrana, es decir, es muy bueno para la pasarela y para el espectáculo multicolor de luces, cámara y calzoncillos. Pero su discurso, débil y elemental, tiene que ver más con la maquinaria política de puestos y repartijas que con la realidad y con las necesidades de la gente.

Pero Juan Manuel va a lograr la reelección porque es astuto. Y manipula los hilos del poder en forma diametralmente opuesta a como maneja el discurso. Mejor dicho, el tartamudeo del discurso contrasta con la habilidad para utilizar los medios y para formalizar alianzas. Además porque su cuna de oro no le permitió nunca dimensionar los gastos. Es este un gobierno derrochador como en los tiempos de Pastrana. Él y sus ministros gastan montañas de dólares como si estos fueran del infantil juego de Monopolio. Para el caso no es sino recordar la archifamosa Cumbre de Cartagena que tampoco sirvió para absolutamente nada más que para que la señora canciller derrochara el equivalente a tres gruesos balotos para saber que hasta la bella árabe, perdón, argentina, perdón española Shakira los hiciera quedar como un zapato (me perdona el zapato) porque ni siquiera fue capaz de aprenderse el Himno Nacional de Colombia.

Lo dicho: Juan Manuel Santos será reelegido pero no por el pueblo hambriento sino por las encuestas y por la apabullante maquinaria mediática. Porque sabe cómo meterse al bolsillo a los cacaos económicos del país, justamente porque él es uno de ellos. Porque es un diablo que sabe para qué es el poder. Pero también va a ser traicionado. Porque en política el fin justifica los medios. Lealtad, dignidad, honestidad, decencia, son palabras proscritas en el diccionario de la política colombiana. Qué dolor…

Colofón: no votaré por Santos como no lo hice en las dos pasadas elecciones. Me parece un tipo desleal y no precisamente con Uribe. Y es maquiavélico en el mal sentido. Como no veo un candidato medianamente serio, seguiré con mi supuesto papel de bobo: votaré en blanco, hasta que la gente comprenda que el triunfo del voto en blanco es la mejor y más democrática manera de pegarle una sonora bofetada a la clase política putrefacta. Punto.

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05

05

2013

gonzalo  guerrero

Roy Barreras y los poetas malditos…

Por: elcides olaznog

Si hubiera más políticos que supieran poesía y más poetas que entendieran de política, el mundo sería un lugar un poco mejor para vivir en él. Jhon F. Kennedy.

Poetas malditos es el nombre con que se conoce un grupo de grandes poetas  franceses, entre ellos Arthur Rimbaud y Charles Baudelaire, caracterizados por su destino trágico y por el estilo misterioso y siniestro de su escritura.

 Los recordé esta semana en la finalización de la Feria del Libro en Bogotá, donde se presentó con bombo y platillos la obra de un poeta maldito criollo: el del senador Roy Barreras, flamante Presidente del Honorable Senado de Colombia. Y digo maldito no porque Roycito reúna las características que adornan a los mencionados en el acápite anterior. No. Le digo maldito porque ganándose todo ese cerro de millones que le pagamos los colombianos por su corbata en el Senado, se pone es a mariconear con poesía barata cuando debería más bien ponerse a trabajar.

La paz esté contigo, obra “poética” del senador de marras, es una obra mala. Pero con ella, Roycito quiere congratularse con las víctimas colombianas del conflicto armado, olvidando de paso que él es actual representante de una clase política podrida y ruin que es causa principal de todos los males que padecen esas víctimas. Sin embargo, ofrece la utilidad económica de la venta de su libro como si fuera la gran cosa. A lo sumo, unos veinte o treinta gatos lo comprarán y eso porque son de su familia o de su corte de amigotes, beneficiarios directos de su inmenso poder político.

También olvida el gran senador que al tratar de congraciarse con unas víctimas, atenta contra el resto de colombianos: yo siento que Roycito me hizo un cruel atentado porque intentó hacerme víctima de sus poemas. Por fortuna alguien me había avisado y no  acepté su amable invitación a leer su libro. A propósito, ¿conocerá Roy el significado del concepto griego Poiesis?

Por eso, caros lectores, les doy gratis un consejo de amigo: si alguien quiere demostrarle disimuladamente su antipatía a alguien, por ejemplo a la suegra, solo tiene que regalarle el bodrio de moda La paz esté contigo. Yo quisiera comprar, si aún no está agotado, unos tres ejemplares para regalárselos a Tavo Petro, a Juanma y a Piedadcita Córdoba. Pero no lo hago porque de reciprocité, de pronto me nombran en algún cargo distrital, o comisionado barrial de paz o jefe de prensa de alguna marcha patriótica. No joda, y yo con tanta criticadera no soy capaz de hacer lo mismo que critico: meterle la mano al billete público.

En Colombia muy pocos políticos que se atreven a cometer poesía o cuento o novela. Supongo que no es porque no puedan o no sepan sino porque a toda hora están muy ocupados en su titánica labor de hacer patria. En Colombia el conservador Guillermo Valencia fue un mal político pero gran poeta que nunca pudo ser presidente; en cambio su hijo Guillermo León fue también mal político pero pésimo poeta que, sin embargo, le alcanzó para ser presidente entre 1962 y 1966.

Belisario Betancur Cuartas, el poeta de Amagá, es hoy un señor bueno que logró ser presidente pero nunca confundió su trabajo con la poesía. Sin embargo, cometió el error de pensar que los actos de lesa humanidad que ejecutó el  M – 19, como el asalto al Palacio de Justicia, podrían tratarse a con una buena dosis de mensajes romanticones. Por esa razón hay versiones según las cuales en noviembre de 1985 hubo golpe de Estado. La poesía alimenta el alma pero no soluciona problemas de Estado.

Hay un caso mundial de un político – escritor: Sir Winston Churchil, Primer Ministro inglés, protagonista de la Segunda Guerra Mundial, que era un escritor mediocre pero dizque hablaba bueno. Por esa extraña circunstancia le dieron el Premio Nobel de Literatura en 1953 pero su obra, guardadas las proporciones, quedó en el mismo lugar en el que va a quedar la de Roy Barreras: en el anaquel familiar del olvido. Sin embargo, rescato que, al igual que Sir Winston Churchil, Roycito podría aspirar a algún premio especial. Si no existe, propongo crear uno que se denomine PREMIO NACIONAL DE POESÍA A LA INTELIGENCIA PARLAMENTARIA.

El ganador del premio, que este año será para el actual presidente del Senado por derecho propio, constará de un trofeo como el que les dan a los campeones de banquitas en el barrio Restrepo pero bañado en oro de 18 quilates, un viaje para 20 personas alrededor del mundo y una franquicia para el ganador consistente en seis meses de vacaciones, todo ello pagado por los colombianos que, pese a estar aguantando hambre, se sienten orgullosos de la inteligencia y talento de sus representantes legítimos en el Congreso de la República.

A la ceremonia de premiación asistirán todo los personajes que brillan con luz propia en el exterior: Shakira y Fonseca para que interpreten a dúo el Himno Nacional; Andrés Pastrana para que pronuncie uno de sus agudos e inteligentes discursos; Piedad Córdoba para que una vez más jure su entrañable amor por su patria, para que exalte la calidad humana del colombiano promedio, y que aproveche para hablar mal de Uribe e invitar, de paso, a la siguiente marcha patriótica. Y uno que otro extranjero como Bill Clinton, sin Moniquita, claro está, para que acaricie a una perrita callejera y le tomen muchas fotos para Soho, TV y Novelas, y media docena más de medios inútiles.

Con este pequeño sacrificio estará Colombia a la vanguardia en cuanto a la estimulación del talento literario en cámaras legislativas, asambleas departamentales y concejos municipales. Y será reconocida como una nación que no solo piensa en las necesidades de la gente sino también en el arte y en la ciencia, pilares indiscutibles del desarrollo de los pueblos, tal y como lo señaló García Márquez en su hermoso documento, La proclama, por un país al alcance de los niños, de la Misión ciencia, educación y desarrollo, en 1994.

 Colofón: según estadísticas serias en Colombia se leen 1,2 libros mensuales per cápita. Si mis compatriotas no aprovechan el libro de Roy Barreras para mejorar el promedio ya no es por culpa del presidente del Senado. Es por pura y física pereza de leer. De todas maneras, a quienes se decidan les recomiendo leer el libraco en calzoncillos. Eso da puntos de popularidad en las encuestas. O no, don Juanma…

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21

04

2013

gonzalo  guerrero

La revocatoria del emperador Petro

Por: elcides olaznog

Compadezcámonos mutuamente del pueblo que obedece y del hombre que manda solo“. Simón Bolívar.

Es lo que pasa con el amigo Gustavo. Se pasó toda la vida criticando las maneras tiránicas de ejercer el gobierno pero eso es exactamente lo que está haciendo en Bogotá desde enero de 2012. Es el mandato del “mato y como del muerto”. ¡Qué miedo!

Tavito está en serios problemas porque los bogotanos lo quieren bajar del curubito. Hay casi 700 mil bogotanos enverracados (más los que no firmaron que también son muchos) con el burgomaestre cienagaorense. Sus detractores dicen que atacó los carteles de la contratación, como el de las basuras, pero que simplemente los está cambiando por otros, tanto o más perversos que los tradicionales. Que darles “gratis” 12 metros de agua a los pobres de los estratos 1 y 2 es una forma de populismo que estimula la pereza, induce a que la gente no trabaje, genera mendicidad; porque la gente repobre se cree la falsa idea según la cual el Estado tiene la obligación, como en Venezuela, de mantener vagos. Petro quiere que Bogotá sea una Venezuela chiquita.

Tavito: ¿te puedo tutear? Con tu populismo estás cambiando la cultura ciudadana pero para mal. Porque, como dice el mandamiento bíblico, Al pobre no le des pescado; dale la red para que él lo pesque. Un buen gobernante, apreciado Tavo, es el que promueve el trabajo, el estudio, el que busca los medios para proveer empleo, educación, esta sí gratuita y de calidad. Y perdóname que te lo diga: un habitante de la calle que va a comer gratis a un comedor comunitario, recobra fuerzas para salir a atracar niñas a la salida de los colegios, a las estaciones de TRANSANIMALENIO. En ese sentido, un indigente ya no aguanta hambre. Lo único que aguanta son las ganas de trabajar.

Hay muchas evidencias del populismo barato de la administración Petro. Rebajar en unos miserables puntos la tarifa de recolección de basura es uno de ellos. Pero, ¿será necesario? De verdad, hombre, la ciudadanía no cree que la pobreza se solucione con ese ese acto “altruista”.

La prohibición de las corridas de toros, bueno, de acuerdo. Es un buen precedente. Pero mientras dejaron de matar animales caros en la plaza de Santamaría, todavía corre la sangre de inocente menores que son atracados en las calles, a las salidas de las escuelas. Todavía hay borrachos degenerados en las calles, especialmente los fines de semana, que son el terror de las vecindades capitalinas. Un viernes de estos, el señor emperador debería echarse una pasadita por la denominada “cuadra picha” en el sector de la Primero de Mayo, pero que vaya con harta escolta porque los degenerados que hacen suyo el sector sin Dios ni ley, le pueden dar su merecido. Y solo estamos hablando de un sector peligrosísimo de los cientos que hay en la flamante capital colombiana.

Por fortuna, casos de populismo caudillista cada vez son menos frecuentes en este mundo civilizado. Pero mientras haya gente despreocupada o indiferente a la que le importa un pepino su ciudad (gente como el alcalde que viene de otras regiones del país pero que en lugar de construir, la destrozan y la degeneran) siempre habrá aspirantes a caudillo. Caudillo fue Jorge Eliécer Gaitán, incluso Luis Carlos Galán. Pero nuestro flamante Stalin II no es caudillo. Es un líder negativo y vengativo que cree que está actuando bien pero es todo lo contrario. Petro quiere ser presidente y no va a descansar hasta que lo logre. Y puede lograrlo porque Colombia es un país de meimportaunculistas que no reaccionan ante los desmanes de la podrida clase dirigente.

Petro pelea con todo el mundo. Incluso con sus propios colaboradores. La opinión pública se sentiría muy satisfecha si funcionarios suyos de “alta gama” como Antonio Navarro, entre muchos otros, le contaran a Colombia y al mundo por qué renunció. Pero no, Toñito es muy fiel – demasiado – a la causa de su alcalde, y no es traidor. Pero esa lealtad hace daño. Porque le gente necesita saber la calidad de los funcionarios que la gobiernan y Navarro sabe mucho de Petro.

Tavo está equivocado y los bogotanos quisieran creer que se equivoca de buena fe. Pero no. Él sabe lo que hace y tiene el objetivo bien definido. Por eso los bogotanos primero y los  colombianos después, deberían saber lo que les corre pierna arriba en materia de política nacional. Una presidencia de Petro o de cualquier figurín de la autodenominada izquierda es cientos de veces más nefasta que la podredumbre tradicional.

Por estos días en los medios y en las redes sociales hierve la revocatoria del mandato al alcalde emperador, al alcalde señor feudal. Para el mandatario capitalino es muy fácil decir que la oligarquía bogotana lo quiere sacar. Que el promotor es un godo de raca mandaca. Que los ricos están incómodos con su forma de gobernar “en favor de los pobres”. Pero no solo son los ricos, señor don Petrico. Son los pobres de los estratos 3 y 4 también. O no me digan que es rico un pobre pendejo de estrato 3 con una pinche casa vieja por la que no le dan ni 100 pecuecos millones que debe pagar una valorización y un impuesto predial como si fuera una mansión de un alto funcionario capitalino. Tener casa o apartamento en Bogotá es de ricos de la clase 6. Todo porque a los bogotanos les toca pagar el billonario robo de los hermanitos Moreno y de la ilustrísima familia Nule.

El problema es de fondo. El problema es de falta de un plan de trabajo, de la exagerada improvisación, del caos que se vive en las calles bogotanas. Con la inseguridad ciudadana tocando techo, pero con documentos pendejos que dicen que los índices de inseguridad bajaron no sé cuántos puntos, y un largo etcétera de babosadas que no caben aquí.

No se sabe si la revocatoria prosperará o no. Pero sí sería bueno que prosperara, no por Petro en sí, sino para sentar un precedente que les diga a los futuros mandamases del país que cuando el pueblo se enverraca la clase política tiembla. O, como dicen los mamertos: “cuando la base se mueve, se cae la cúpula”.

Colofón: a los bogotanos nos va a tocar combinar las formas de lucha: unas veces cacerolazo al frente del Palacio Liévano y otras veces resistencia civil para no permitir los sucesivos atracos de la administración de impuestos distritales. A la copa solo le faltan unas cuantas gotas para rebozarse…

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03

04

2013

gonzalo  guerrero

No es debate de intelectuales; es reyerta de verduleras

Por: elcides olaznog

¡Qué vergüenza! Como van las relaciones entre el presidente y los ex, Pastrana y Uribe, el siguiente paso será tratarse de “garbimbas”, de “pichurrias” y de otro adjetivo que no quiero nombrar pero que empieza por “gon” y termina con “ea”.

La historia política de Colombia registra debates de gran altura intelectual, particularmente hacia mediados del siglo XX. Los políticos de entonces – no tan corruptos como los de ahora – equivocados o no, defendían unos principios, una filosofía, un ideal. Y se preparaban intelectualmente para llevar a cabo debates interesantes en el congreso.

Lucas Caballero, el genial Klim, en uno de sus libros destacaba al epónimo chocoano Diego Luis Córdoba – tío de la exsenadora del turbante, amiga íntima de todo aquel que odie a Colombia – como un magistral expositor oral. Con argumentos de elevada estatura logró la fundación del Departamento del Chocó, y hasta el final de sus días fue insigne senador de la República, siempre en defensa de la eternamente olvidada población negra chocoana. (Recordar el “bollo perfumado” del diputado Mesa).

Debates encarnizados pero inteligentes fueron los que protagonizaron Alfonso López Pumarejo y Laureano Gómez Castro. O, más adelante, sus hijos Alfonsito López Michelsen y Alvarito Gómez Hurtado. Incluso hubo uno muy sonado entre el propio López Michelsen y Carlos Lleras Restrepo. Y un poco después el enfrentamiento ideológico, quizás el último en nuestra historia, entre el hoy condenado Alberto Santofimio y el, para algunos, el más grande dirigente político de Colombia en el siglo XX: Luis Carlos Galán Sarmiento. Independiente de sus finales, cárcel quizás justa para el primero y trágico el del segundo, fueron muestras excelsas de oratoria y de argumentación.

Pero eso desapareció. Ahora solo causa tristeza registrar las actividades del nuestro flamante Congreso, en sus dos inútiles cámaras. No se trata de verlo a fondo, pero para ilustrar con ejemplos, se pueden mencionar HP (Honorables Parlamentarios) que se destacaron justamente por su repugnante ordinariez: el senador Édgar Perea; Carlos Moreno de Caro, el empresario de pollos y gallinas, Gabriel Camargo… más que ideas, lo que los destacaba era su lenguaje soez, producto de su escasez intelectual. Y qué me dicen de las salidas inteligentes de los últimos presidentes del Senado: Armandito Benedetti, Juan Carlos Corzo y Roycito Barreras. Entre los tres no se saca un cretino completo.

En estos últimos días la prensa nacional destaca la pugnacidad enfermiza de Álvaro Uribe Vélez y de Andrés Pastrana en contra del proceso de “paz” del presidente Juan Manuel Santos. De esos tres, la verdad sea dicha, al menos Alvarito tiene ¿tenía? cierta capacidad de argumentación. Pero sus colegas, de verdad, he tratado de buscar algún documento o grabación que registre algún discurso o intervención inteligente, pero nada. No lo hay, no existe.

Y a ellos se les ha unido un ministro, el “camarero” de Pablo Escobar, que sale a “ladrar” por orden de su patrón Juanma. Y un exministro, Gabriel Silva Luján quien, cual camaleón, en su momento fue pastranista, después uribista y ahora santista. Supongo que dentro de unos meses será Vargasllerista, todo ello con la condición de seguir mamando la teta oficial en algún elevado puesto burocrático.

Todos ellos dan grima. Olvidan que la gente ya no es tan ignorante como hace cinco décadas y que las redes sociales están registrando día a día todas sus andanzas y sus fechorías. Álvaro Uribe está despedazando a golpes de twitter la muy buena imagen con que salió después de ocho largos años en la presidencia. Destila veneno a toda hora porque, como todos los expresidentes, se resisten a conformarse con ser apenas viudas del poder. Y quieren recuperarlo como sea, al precio que sea.

Andresito, siempre tan limitadito, con abundante escasez de autoridad moral, sale a los medios a decir que el presidente Santos se aprovecha de su famoso proceso de paz para buscar su reelección. Olvida – varios columnistas se lo han recordado – que él y sus cómplices Víctor G. Ricardo y Álvaro Leyva se inventaron un embeleco peor que el de Santos para hacerse con la presidencia, en tiempos en que Colombia estaba más devastada por la fuerza insurgente de las Farc. De no ser por esa treta infame, Andresito jamás habría sido presidente. Y Colombia no se hallaría hoy en este estado de putrefacción por causa de su flamante gobierno.

El lenguaje usado por estas “figuras públicas” debería ser interpretado por los colombianos para, de una vez por todas, decidir que no hay por quién votar. La clase dirigente política y económica nacional, con contadas excepciones, hiede. El lenguaje que usa es fiel reflejo de lo que digo. No parecen dirigentes; parecen verduleras, y que me perdonen las valientes señoras que se sacrifican por sus familias en las plazas de mercado vendiendo verduras. El lenguaje que utilizan los supuestos líderes es el espejo de sus almas  dañadas y contaminadas por tantos años de fraude, engaño y triquiñuelas.

“El camarero de Pablo Escobar”; “pone a ladrar a los ministros pero quién sabe si me irá a ladrar por lo que le digo”; “apologista del terrorismo”, “la mula Conchita que se quiere parecer a Juan Valdés”; “presidente Santos, canalla”, todas ellas coronadas por ese paradigma de la elegancia, el diputado antioqueño Rodrigo Mesa, quien afirmó que “meterle plata al Chocó es como perfumar un bollo”. Son solo algunas de las expresiones que retratan de cuerpo entero a estas viudas del poder que harán lo que esté y lo que no esté a su alcance para recuperar el botín o parte de él. Pese a sus inmensas fortunas, Uribe y Pastrana quieren más ponqué, quieren manejar a su antojo el erario.

Cómo desearía el pueblo colombiano que por algún milagro esos fomentadores de la guerra, Santos, Uribe, Pastrana y el largo etcétera de sus cómplices, perdón, colaboradores, no lograran su cometido. Que los oficios divinos de Pachito (el hincha del San Lorenzo de Almagro) en la tierra, y de la Hermana Laura en el cielo, permitieran una renovación de la política y produjeran una afortunada eclosión de figuras nuevas no contaminadas y dispuestas a cambiar el funesto rumbo de la Colombia de hoy.

Colofón: causa profundo pesar ver a Álvaro Uribe en esa actitud prepotente y desafiante. Santos con la manija del país bien asida es mucho el mal que le puede hacer a Colombia si no le pone rindas a su embeleco de paz. Y de Andrés, mejor dejemos así. Veo imposible que los colombianos le perdonen sus funestos años en la Alcaldía de Bogotá y los oscuros cuatro años de su desastrosa presidencia. De este personaje es muy pero muy poco lo que se puede esperar.

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20

03

2013

gonzalo  guerrero

¡Murió el comandante Chávez!

Por: elcides olaznog

Quince días después de la esperada muerte de Hugo Rafael, se me ocurrió este original titular para mi artículo virtual de hoy, para no encabezarlo con la socorrida frase: “El Hugo Chávez que yo conocí”. Yo no conocí al comandante y, por supuesto, él tampoco a mí. Y creo que ni él ni yo nos perdimos de mucho.

Pero, hablando en serio, quiérase o no, guste o no, Hugo Rafael marcó un hito en la política de América Latina. No en vano estuvo trece años en el poder y si esa enfermedad terrible no lo hubiera vencido, para bien o para mal hubiéramos “tenido Chávez para rato”.

Como todos los líderes de su talante, el fallecido presidente tuvo (y tiene) seguidores y detractores. Sus fanáticos lo idolatran y a sus detractores les cuesta disimular una sonrisa de satisfacción con sus palabras de pésame. Otra cosa es analizar a fondo por qué lo idolatran los unos y por qué los detestan los otros.

En Colombia su principal adversario fue Álvaro Uribe Vélez. Los santistas y los antichavistas se pondrán bravos con lo que voy a decir pero, en su momento, Uribe y Chávez fueron protagonistas de lujo de la política de América Latina desde dos orillas opuestas. Algo que definitivamente se desdibujó con las dos antifiguras que los sucedieron: aquí un desteñido y blandengue Juan Manuel Santos que no es “ni chicha ni limoná” y que se desgasta y desgasta a Colombia por querer complacer a todo el mundo menos a los uribistas.  Y un Hugo Rafael Maduro que, como dice mi querida tía Empera, no tiene culo pa´ pantalón de paño. Está metido en camisa no de once varas sino de veintidós. Tal es la complejidad de la actualidad venezolana.

Ese es el problema del hoy presidente encargado de Venezuela: querer parecerse a su amo Hugo. Y pretende volar con las alas prestadas del difunto o, como Ícaro, volar con alas de cera. Por eso el costalazo de Nicolás va a ser estruendoso. Ya lo verán.

En Colombia, el presidente Juanma resultó elegido con votos ajenos – igual va a pasar con Maduro – pero en este caso Juanma no le guardó fidelidad a su mecenas, Álvaro Uribe,  sino que lo traicionó de la manera más ordinaria – no como Nicolás que hasta el momento es el perrito faldero más fiel del régimen chavista -. Claro, le toca ser el muñeco de ventrílocuo de Chávez porque, al igual que Juanma, tampoco tiene discurso político propio.

El caso es que “la hermana república” está en líos fuertes. Enfrenta una oposición que cada vez gana más adeptos; tiene que asumir el reto de seguir regalándoles a los pobres comida, electrodomésticos y servicios públicos, en la incertidumbre de ver hasta cuándo les durarán para ese fin los petrodólares. De la misma manera, debe sostener, al menos en estos primeros meses, la cuota de solidaridad con los gobiernos amigos: Ecuador, Nicaragua, Argentina, Bolivia, etc. Tener amigos incondicionales que no dicen ni mu ante los desmanes de un gobierno autoritario y populachero cuesta muchos petrodólares. Y un sinfín de problemas que empiezan con una elección que puede ser el suicidio de una nación.

Como colombianos no debemos desear el mal a ningún pueblo. Pero tampoco podemos tapar el sol con un dedito. Maduro no es Chávez porque el finado comandante por lo menos tenía un carisma que lo mismo generaba simpatías o antipatías. Pero, a juzgar como habla, Nicolás es como dos metros, y más de cien kilos de bobada. Solo analicen lo que dijo a propósito de la elección del papa Francisco: “Chávez participó en la elección del nuevo papa porque está muy cerca de Cristo”. ¿Han oído imbecilidad más grande? Y si ese es el desayuno, ¿cómo será el almuerzo? ¿Y qué tal la idea de embalsamar el cuerpo de Chávez? ¡Bobazo!

No decimos que Capriles sea la solución. Según hablan los analistas profundos, como William Ospina, Venezuela lleva muchos años de bonanza petrolera pero antes de Chávez era una riqueza de unos pocos, y la corrupción de la administración en tiempos anteriores a Hugo Rafael era peor que en Colombia, lo cual da una idea muy clara acerca de la gravedad del asunto. En Venezuela los gobernantes han hecho siempre lo suyo y la pobreza del pueblo en medio de la riqueza petrolera era poco menos que aberrante. Por eso los hermanos venezolanos se hallan ante un dilema muy cruel: o se quedan con Maduro que para las lides de la política es aún muy inmaduro (se le nota en su ordinario discurso la escasa o ninguna preparación intelectual) o se van con Capriles que promete hasta lo imposible, quizás en un afán perverso por recuperar el poder.

Pero con ninguno les va a ir bien. Porque Capriles necesitaría mucho tiempo para dar un viraje profundo en la política – como dice Jorgito Barón – nacional E  internacional. Gobernar a Venezuela por fuera del coleante chavismo es más complicado que llegar a un acuerdo de paz con “la far” en Colombia. Y todo cambio drástico genera traumas severos. En experiencias similares en América Latina ha habido muertos, desaparecidos, derramamiento inmisericorde de sangre, etc. Solo basta recordar el fin del gobierno socialista de Salvador Allende a manos de la dictadura, cruel y sangrienta, de Augusto Pinochet.

Con Nicolasito la cosa se puede poner peor. Yo de economía tampoco sé pero me apoyo en los especialistas que dicen que la de Venezuela es una economía hecha trizas a pesar de la mencionada riqueza petrolera. Para los pobres de ese país hay una prosperidad pegada con babas. Y las cifras de delincuencia y de violencia igualan y quizás superan a la de México y a la de Colombia en los tiempos de los carteles de Cali y Medellín. Esta circunstancia, de por sí, ya denota dramatismo real. Así que los vecinos países latinoamericanos deben tener abierto hasta el ojo del tiple, porque el devenir de Venezuela los va a afectar y mucho. He dicho.

Colofón: voy a aprovechar la Semana Mayor para rogarle a Dios por intermedio de su Santidad Pachito, el ARGENTINO HUMILDE, que ilumine a los hermanos venezolanos para que elijan lo menos peor. Y para que Juan Manuel no decida ser candidato. Esto último es más fácil que rogar para que los colombianos no cometan la estupidez de reelegirlo. Pachito, oye nuestras súplicas.

 

 

 

 

 

 

 

 

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06

03

2013

gonzalo  guerrero

Santos y Petro, macabras coincidencias…

Por: elcides olaznog

Aparte de ciertos periódicos y revistas, más allá de las encuestas contratadas por ellos mismos, y aparte de los áulicos y prósperos beneficiarios de los gobiernos capitalino y nacional, no conozco a nadie de carne y hueso que hable bien de los gobiernos de Petro y Santos.

Pese a que soy consciente de que casi ningún medio dice la verdad y de que su interés es eminentemente monetario, leo periódicos, revistas, veo uno que otro noticiero, tal cual programa de opinión; también me zambullo con cierta propiedad en el hermoso mundo de la academia universitaria bogotana y lo alterno con el uso frecuente del transporte público: taxi, buseta, colectivo y el popular transporte para bestias (TransAnimalenio).

Todo lo anterior me proporciona información para construir una opinión cada dos semanas. Pero cada vez el panorama es más desolador. Bogotá, la flamante capital colombiana, naufraga con las improvisaciones de un personaje que se tiene gran confianza para criticar y destruir con su crítica opositora, pero que para gobernar o administrar no tiene la más remota idea. Sin embargo, en algo se está volviendo experto: en el manejo de los medios de información, es decir, al crítico se le pagó la costumbre de sus criticados y de cuando en cuando lanza por twitter y en titulares de prensa frases rimbombantes para distraer la atención y disimular su mediocridad.

Esta es la última perla de Petrico (cito de memoria): “para disminuir el robo de teléfonos celulares, esta administración va a prohibir de manera rotunda el uso  de celulares en la calle”. Tengo entendido que con esa medida se dispararon los planes de telefonía fija y disminuyó la venta de planes de telefonía celular.

Lo dijo como si acabara de descubrir el agua tibia, mientras la ciudad se desmorona con el atraco a mano armada en las busetas, en las calles, con violaciones de menores a la salida de sus colegios, con buses y busetas azules con el logo SITP en un paseo eterno por la ciudad con un conductor y cero pasajeros, tirándose el combustible y armando trancones; con mucha gente de altos y bajos recursos en lugares públicos quemando facturas de cobro por valorización, mientras las losas de las vías de TransAnimalenio se destrozan y con ellos los sistemas de amortiguación de los diabólicos armatostes articulados. Nada importante, como se puede ver. Lo esencial es guardar el celular en la casa y todos los problemas quedan solucionados.

Pero no todo es malo, mi dijo una vecina que votó por Petro y que tiene un hijo corbata en una oficina de quinta de la administración distrital. Cuando le pregunté por algo bueno del gobierno de don Noel Petro me dijo: ya no matan animalitos indefensos en la plaza de toros y ya no hay zorras llenando los huecos de las calles con la boñiga de su motor viviente. Es verdad, le dije; Petro es especialista en proteger animales. Si no fuera así, ya sus colaboradores inmediatos le habrían renunciado.

Pero si en el Palacio Liévano llueve, en su vecina Casa de Nariño no escampa. El presidente Santos por estos días juega a ser premio nobel de paz en un país incendiado. Paro cafetero, paro cacaotero, paro camionero, fracaso de la reforma política, fracaso de la reforma de la educación, con una reforma tributaria aprobada a la brava con la premura de las parrandas parlamentarias de fin de año, y que quedó tan pésimamente confeccionada que no la entiende ni el mismo gobierno.

A todo esto se le suma la suprema entelequia de un proceso de paz que no es más que la agudización de la guerra y que no va a tener final feliz, para desgracia de quienes creen en la reelección de Santos. Porque es más que evidente que en este tire y afloje mediático los únicos que ganan son los de “la far”. Y como si lo anterior fuera poco, ahora se le va a meter a una reforma de la salud que es un monstruo de mil cabezas. No acaba de anunciarla y ya le salieron los detractores y los defensores.

¿Cuáles son los defensores de la reforma? Pues los dueños del capital de la salud, es decir, los traficantes de la salud, sus verdaderos beneficiarios. Los que en lugar de construir el sistema lo destruyen pero en cambio desvían los dineros de la gente hacia otros fines perversos que nada tienen que ver con la salud. Don Roy: ¿qué será lo que quiere el negro? ¿Por qué quiere usted tumbar la acción de tutela para defender los derechos de la salud?

¿Quiénes son los detractores? Los que no han podido agarrar ni una migaja del descomunal poder económico que deja un sistema que está más para promover las funerarias y los entierros que la salud de los colombianos. Pues sí, los que están que se frotan las manos con la dichosa reforma son las aves de rapiña, los oscuros y también multimillonarios empresarios de las pompas fúnebres.

¿Quiénes son las víctimas? Como decía un ilustre exvicepresidente, primo del actual presidente, y hoy con ganas de ser presidente: “empieza por pue y termina por blo”. Sin comentarios.

¿No aprecia usted, estimado lector, una tremenda similitud entre los mandatarios capitalino y nacional? Ambos van montados en una nube de fantasía que les dice que van bien mientras Bogotá y en general Colombia se derrumban. En una nube armada con los miles y miles de millones que se gastan en construir una imagen pública personal a espaldas de la realidad que ellos mismos perpetran. Pero lo triste del caso consiste en que aún falta mucho tiempo para que se les acabe el período. Pero más triste aún es que los dos tienen aspiraciones macabras: Juanma quiere reelección y Tavo quiere presidencia. Sin embargo, lo verdaderamente dramático es que los dos “funcionan” en un país masoquista que es capaz de elegirlos nuevamente, tal como pasa período tras período con Roycito, con Juan Manuelito Corzo, con Piedadcita Zucardi, con Merlanito, con Clarita, con Armandito Benedetti y el largo etcétera de inútiles y corruptos políticos (perdón por la doble redundancia).

Colofón: nunca, en mi ya no tan corta vida, me sentí tan mal gobernado ni en Bogotá ni en Colombia. Ni siquiera en los tiempos de esa cumbre moral e intelectual que se llama Andrés Pastrana Arango. Punto.

 

 

 

 

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19

02

2013

gonzalo  guerrero

La renuncia de Benedicto, ¿me importa, me afecta?

Por: elcides olaznog

Renunció Viejo Benedo. ¿Este hecho me afecta?

El tema obligado es la dimisión de Benedicto decimosexto. Sí, porque la renuncia de un pontífice de la poderosa Iglesia Católica no se da todos los días, debido a que el reinado de un papa es Per omnia saecula saeculorum o, como decimos los que no sabemos latín, por sécula seculorum, aunque el pontífice de Roma no tiene que reformar ninguna constitución “ni modificar un articulito” para eternizarse en el cargo. Si es su voluntad, puede permanecer en él hasta cuando Dios lo llame a calificar servicios.

Para empezar, veamos una versión seguramente peregrina de lo que significa la palabra papa, en la versión “nada que ver” con el tubérculo paramuno. Una fuente de alta fidelidad dice que “papa” posiblemente es un acrónimo del latín Petri Apóstoli Potestatem Accipiens que significa el sucesor del apóstol Pedro.

Bien. Mucho se ha hablado de la figura que encarna el embajador de Dios en la tierra y hasta se le han atribuido poderes divinos emanados de una santidad que siempre ha estado en entredicho por algunos falsos ateos. Por ejemplo, la infalibilidad. Es este un atributo que no resiste análisis racional por cuanto, dicen, se da por la directa relación entre el Sumo Pontífice y el Espíritu Santo. Y esa infalibilidad se concentra en el discurso de fe, es decir, en lo que los expertos llaman ex cátedra, que consiste en que lo que dice respecto de la fe y la moral, como las famosas encíclicas, no puede ser puesto en duda, sencilla y llanamente porque lo expresa un personaje cuasi divino.

Divino o cuasi divino, lo cierto es que el Sumo Pontífice de Roma es el mandamás religioso de una suma cercana al millón trescientos mil fieles católicos. Esta circunstancia por sí sola ya connota un poder incontrovertible por la inmensa fe que profesan sus fieles fieles. Y por el zumo que les sacan algunos conocidos avivatos a sus feligreses.

No se trata de despotricar de la fe católica ni cristiana sino de reflexionar acerca del porqué la renuncia de un papa moja tanta prensa mundial y genera tantas especulaciones. Hay, por ejemplo, versiones en las redes sociales que dan cuenta de una posible captura de Benedicto XVI por delitos que no cobra “el de arriba” sino los de abajo. Y que a eso se le puede atribuir la renuncia. Se dice, además, ignoro si con fundamento, que el estado Vaticano es de los más poderosos del mundo y que la fortuna vaticana supera los cálculos más desaforados.

Y de dónde sale esa fortuna. Pues un simple parroquiano hace estas cuentas: únicamente el día del óbolo de San Pedro o Jornada mundial de la caridad del papa (fecha cercana al día de San Pedro y San Pablo) la ofrenda en las misas dominicales va a parar a las arcas del papa con un detalle adicional – como decía el inspector Ruanini – así de chiquitico: el sacerdote común, el de la parroquia de barrio, el del pueblito, insta a sus fieles a ser un poco más generosos con la ofrenda dominical pues esos centavitos no son de la parroquia sino que deben enviarse a las arcas de la Ciudad del Vaticano para la manutención del papa y de su séquito de colaboradores. Resultado: casi cien millones de dólares en los templos  católicos del mundo, que equivalen a 180 mil millones de pesos colombianos ¡en un día! Muchísimo más que lo que se tiran los gerentes de hospitales públicos bogotanos en caviar y vinos franceses para sus pacientes estrato cero.

Pero riqueza económica aparte, lo que verdaderamente llama la atención es el derroche de lujos y la fastuosidad de los altos jerarcas de la Iglesia, en contraposición con lo que predicaba Jesucristo, que es la renuncia a la riqueza material y la consagración a la humildad y al recogimiento, al amor por el semejante. Esta circunstancia hace dudar a quienes son un poco más racionales que creyentes. Y piensa uno: ¿Será verdad lo del poderío económico del Estado Vaticano? ¿Por qué tanto lujo y tanta demostración de poderío cuando la prédica de Jesús es totalmente contraria? ¿Hay verdaderos sacerdotes que cumplen sus votos de pobreza y castidad? ¿Es cierto que los máximos jerarcas de la Iglesia protegen a los curas pederastas? ¿Será verdad eso de la condenación eterna por no ser tan buenos como lo ordenan los curas y los pastores? ¿Cuál debe ser el castigo ejemplar para los curas violadores? Y después de tantas dudas, ¿no será mejor establecer una excelente relación con Dios sin necesidad de intermediarios?

Colombia se precia de ser uno de los países del mundo con más arraigada fe católica. Pero también nuestro país es de los más abundantes en problemas de sacerdotes violadores no solo de mujeres y de niños sino de toda la Ley de Dios y en no pocos casos la de los hombres. Y no solo ocurre en la Iglesia Católica sino en las demás iglesias que pululan en los barrios cual floreciente negocio. Y todo ello apoyado la mayoría de las veces por una fe demasiado ciega que no permite la más mínima posibilidad de raciocinio. El dogma de la fe católica, o de la otra, en muchas, muchísimas, ocasiones es utilizado por los prelados, sacerdotes y diáconos para sacar provecho insano como dinero y favores sexuales.

Pero también en esta circunstancia hay evidente ignorancia de unos – y unas – fieles que cierran los ojos a esperar que un santo ministro le solucione todos sus problemas incluidos los de la carne. Seguramente piensan que si se entregan en cuerpo y alma, especialmente en cuerpo, hallarán el paraíso eterno. Y las consecuencias están a la vista. Qué hace o deja de hacer el Pontífice Sumo para evitar abusos debe ser materia de análisis. Porque no es justo que la Iglesia esté harta de poder económico y quizás político como para pensar que también tienen dominio sobre los cuerpos y las propiedades de la gente.

Es por ello que la comunidad católica del mundo entero debería aprovechar este gran cisma que se acaba de dar con la abdicación de Benedicto XVI al trono de San Pedro y repensar su relación con la iglesia, con las iglesias. Y establecer una relación independiente con Dios sin necesidad de intermediarios, sin hacerle daño a nadie, sobre la base del respeto por el otro, por la naturaleza, por la propiedad ajena. Más Dios y menos curas. En suma, más espiritualidad y menos religión.

Colofón: no abdica de la fe cristiana – católica ni es ateo quien fiscaliza y reprocha los errores y delitos de los sacerdotes o pastores, sean estos rasos o jerarcas. Un mundo inteligente y globalizado como el de hoy, obliga a reordenar el pensamiento y despojarse de ciertas creencias y costumbres que evidentemente hacen más mal que bien. Y nos permite desconfiar de los procuradores fundamentalistas que tanto daño le hacen a la memoria de Jesús Cristo en la tierra.

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05

02

2013

gonzalo  guerrero

El IDU y la valorización de Petro

Por: elcides olaznog

No seamos tan pendejos. No se nos borra todavía de la mente el descarado robo billonario de los hermanitos Iván y Samuelito Moreno, los Nule, y demás carteles de la contratación no solo de obras públicas sino de hospitales como el de Meissen, el Simón Bolívar, el alquiler de vetustos carros para la recolección de basuras y mil etéceteras más, y ya el pulcro gobierno de Petro, es decir, la Bogotá Humana, nos envía cuenta de cobro dizque “contribución por beneficio local”.

Beneficio de qué, don Gustavo. Diga de frente con la bravuconada a la que nos tiene acostumbrados, cuál es el beneficio. ¿Obras?, ¿cuáles? Le voy a poner un ejemplo, insigne burgomaestre:

Hay barrios de Bogotá, como Bosa, que no tienen una manzana completa pavimentada. Dese una vueltecita por allá o mande a uno de sus lacayos, perdón, de sus funcionarios. Verá que es cierto. Y si su funcionario se demora unas dos horitas por allá, podrá ver de primera mano cómo “funciona” el sistema de salud pública, la seguridad, la educación. Meta sus narices en los barrios pobres y verá por qué son pobres. Eso sí dígale a su funcionario que lleve buena escolta porque delincuencia sí hay y abundante. Dígale también que no se arriesgue a llevar por allá un reloj caro y que guarde la cartera en las, perdón, que la guarde muy bien.

Verá que el sistema de TransAnimalenio Soacha lleva ya casi diez largos años en construcción y que las estaciones, en el sector de Bosa, se están pudriendo antes de estrenarse. ¿Cuál beneficio, doctor Petro? ¿Tiene usted idea de cuánto tiempo demora un humilde trabajador de la Bogotá Humana desde el extremo sur de la ciudad hasta el norte, y viceversa, a donde tiene que ir a ganarse la fabulosa suma de $19.650? No sea cruel, don Petro. No sea infame con esas facturas de valorización. No diga ni mande a sus socios a que digan que eso es un mandato del Concejo del año 2005. Tenga un poco de consideración y al menos espere otros mesecitos a ver si de la imaginación popular se borra un poco la herida que nos infligieron sus excolegas Moreno Rojas, sus examigos los Nule y toda esa cáfila de malnacidos que acabaron con la platica de los bogotanos.

Los medios de información registran por estos días varias manifestaciones populares en diversos barrios de la capital con quema de ultrajantes facturas pero, ojo, no son únicamente los más pobres, porque también los hay de estrato 4 que no son propiamente pobres. La gente está indignada por el descaro con que actúan los funcionarios del Instituto de “Desarrollo” Urbano. Solo les importa cobrar, es decir, interpretan a su acomodo. Me explico, señores mandamases del IDU: según palabras de un experto, de los tantos que pululan por las emisoras de radio y de televisión, el Acuerdo Distrital que ordena la contribución de valorización por beneficio local debe cobrarse cuando ya las obras se estén ejecutando. Don Petro, el caso no es cobrar, el caso es mostrarle a la sacrificada ciudadanía las obras, los avances, lo REAL. No hable de proyectos, señor, hable de realidades.

¿Sabe cuándo tendrá usted, don Noel, autoridad moral para pedirles plata a los contribuyentes? Cuando Bogotá sea verdaderamente Humana. Cuando sus impuestos se vean reflejados en seguridad, en transporte público digno, en malla vial transitable, en salud, en educación. ¿Sabe usted, don Petro, cómo funciona la educación pública en Bogotá? ¿Se ha comido un almuerzo para pobres, de los que se inventó su excolega Beodín Garzón y ha averiguado cuánto nos cuesta cada almuercito? ¿Lo han invitado al Hospital de Meissen a comer caviar bañado en exclusivo vino francés? ¿Tiene usted idea de lo que piensa la gente? Pues piensa y lo dice abiertamente que pagar ese impuesto es como seguir botando el dinero a una caneca sin fondo porque Bogotá está destruida, no tiene norte, va de tropiezo en tropiezo, de tumbo en tumbo. ¿Me copia?

Los petristas, que cada vez son menos, dicen que usted les paró el macho a los contratistas de la basura y que de esa acción se desprenderá una leve reducción en las respectivas tarifas; pero sus contradictores, que cada vez son más, dicen que esto es apenas el cambio de un cartel por otro. Tiene lógica, dice mi tía Empera, que no conoce los postulados filosóficos de Aristóteles ni ha leído a Hegel. Pero sí, suena lógico. ¿Será cierto eso, don Gustavo?

Bienvenidas las protestas populares porque son muy justas. Bienvenidas las protestas populares pero sin violencia, sin heridos, sin destrucción. La quema de recibos es legítima si no se arriesga la seguridad de nadie ni el patrimonio de la ciudad. Y obliga a las “autoridades” a reflexionar y, si es el caso, recular. Ya en el Concejo capitalino se está abriendo paso una iniciativa según la cual, por lo menos, van a aplazar el cobro infame. Y si esa circunstancia se da, señores del IDU, les sugiero muy amablemente que revisen los parámetros de cobro. Cóbrenles  más a los que tienen más y menos a los que tienen menos. Los bogotanos no le sacan el jopo a los impuestos. Pero exigen que no roben o que si roban sea “lo justo”. No olvide, don Gustavo, que el ciudadano del común se cansa de los abusos del poder porque solo tiene su trabajo honrado pero no tiene mecanismos de defensa. Usted bien sabe que los jueces, los fiscales, los inspectores, los contralores, los procuradores, los personeros, y ese largo etcétera de inútiles vigilantes de la cosa pública están es a favor de sus propios intereses y no los del pueblo elector y contribuyente.

La ciudad está al borde del colapso y a la gente solo necesita la gota que rebase la copa. Y un día de estos, si no mide las consecuencias de sus actos, señor Petro, va a pasar algo grave. Y lo menos grave es que le revoquen el mandato. La historia dice que cuando la base se mueve, se desmorona el edificio. Cuando la gente se emputa (palabra castiza) se hace necesario tener algo más que policías antimotines. Usted, que por tanto tiempo promovió el descontento general y azuzó a las masas, lo sabe de sobra.

Colofón: Resulta por lo menos sospechoso que la misma semana en que circulan los recibos de cobro por beneficio local, el alcalde Petro suba ocho punto en sus índices de popularidad. El IDU cobra y se valoriza el alcalde. Como empezamos este escrito: ¡no nos crean tan pendejos!

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21

01

2013

gonzalo  guerrero

Pelea de comadres…

Por: elcides olaznog

Después de unos días de descanso en hermosos pueblecitos de Cundinamarca y Tolima, abro periódicos viejos para tratar de actualizarme y veo que durante la primera semana laboral de 2013 sonó con insistencia en los medios el enfrentamiento verbal (cero ideología, cero pensamiento político, cero propuestas) entre los pesos pesados de la politiquería, perdón, de la política: el presidente Santos y el expresidente Uribe.

Uno, que apenas puede ver los toros desde la barrera, solo puede atinar a hacer un recorderis de la manera como llegaron estos dos señores a la cima de la presidencia. Pero, para ello, debo aclarar que si en un momento sentí cierta afinidad con el presidente Uribe en esta hora no hay nada que compartir con él. En cambio con Juanma, ¡nada, nunca!

Uribe batió récord de popularidad tanto en las dos elecciones en que resultó elegido presidente como en las encuestas. En su momento, fue el líder político más popular en América Latina con guarismos arriba del 70%, difíciles, casi imposibles de igualar. Fueron casi ocho años en la cima de la popularidad, lujo que muy pocos líderes del hemisferio pueden darse.

Que Uribe haya hecho honor a ese cariño popular no es tema de este comentario. Pero sí se puede decir que mejoró en varios aspectos, por ejemplo, en que la gente estaba “secuestrada” en sus ciudades porque le daba miedo viajar por carretera. Miedo por las famosas pescas milagrosas que eran pan nuestro de cada día. Desconocer ese avance es imposible.

Fue una larga luna de miel que empezó a decaer cuando los colombianos nos dimos cuenta de que el presidente estaba manejando a Colombia como si fuera “el Ubérrimo”, es decir, como si fuera una gigantesca finca lechera de su propiedad. En algún momento sentimos que no nos gobernaba un presidente sino un capataz, irascible, terco, autoritario, autócrata y grosero (le doy en la cara, marica).

Mal que bien, Alvarillo aglutinó en su entorno a mucha gente de diversas calidades. Construyó un movimiento político tan fuerte y tan poderoso que fue capaz de elegirlo dos veces y estuvo a punto de elegirlo por tercera vez. El uribismo logró mayorías en Senado y Cámara, ganó las principales gobernaciones y alcaldías del país; en otras palabras, erigió un “ismo”, el uribismo, que va a ser muy difícil superar en los próximos años.

Por otro lado, el entonces “presidenciable” Juan Manuel, desde el curubito del poder como ministro de defensa, les decía a cuantos quisieran oírlo que él era uribista de raca mandaca. Que Uribe era su jefe y que él era un soldado raso de esa colectividad y que se postularía únicamente cuando su jefe declinara una nueva candidatura. Juan Manuel solo cumplía órdenes y hablaba con una humildad rayana en el servilismo. Y la gente le creyó.

En plena campaña aún gritaba a los cuatro vientos que él era el candidato del popular uribismo. Ello, sin lugar a dudas, es una muestra contundente de lo que es un político colombiano: astuto, rastrero, y maquiavélico, en el mal sentido. Claro; si se hacen las cuentas, Santos es quizás el único presidente que llegó al solio de Bolívar sin tener en su haber un solo voto. Santos salió elegido porque le dijo al pueblo elector que iba a continuar la obra de Uribe. Discurso muy apropiado y certero en momentos en que Alvarillo aún tenía entre el bolsillo de su chaqueta de chalán al 75 por ciento de favorabilidad en las encuestas. Y Uribe cayó en la trampa y le endosó los votos. Por eso puede decirse que hoy tenemos a Santos como presidente con los votos del uribismo.

Pero apenas fue elegido presidente, Juanma mostró el cobre; en las primeras de cambio, en la confección de su primer gabinete el uribismo que decía representar sufrió el primer garrotazo. Y Uribe, que no es bobo, lo sintió. Y empezó a hacer lo que nunca debió hacer: agarrarse a golpes de prensa con quien hablara mal de su gobierno y a despotricar de Santos. Abrió una cuenta en twitter y desde entonces no ha hecho más que destruir por ese medio la imagen que había logrado en sus dos mandatos. Y utiliza un lenguaje guerrerista que solo alimenta el odio y la polarización.

Santos, con su sonrisita socarrona y bobalicona, puso a su exjefe a trinar de la rabia a toda hora. Llevan más de dos años en una pelea que a ratos parece una reyerta de verduleras. Que el mar territorial que se perdió con Nicaragua fue por culpa del gobierno Uribe. Que Santos es un mentiroso. Que los falsos positivos son obra del ministro Santos. Que tuvo tres años para denunciar al general Santoyo pero no lo hizo. Que Santos es una canalla que pone a sus ministros a calumniar a Uribe. Que ahora que Uribe se puso más bravucón que de costumbre, Santos está dispuesto a destapar las ollas podridas del anterior gobierno, en fin. En peleas de comadres se descubren las verdades.

La opinión pública se pronunció por medio de una encuesta y dijo que es necesario ponerle fin a esta pendencia. Con eso no se construye país y sí se crea caos y anarquía. Pero por desgracia, esto  ha sido así desde tiempos inmemoriales. Recuerdo a mi tío Epaminondas, que Dios lo tenga en su santa gloria, cuando decía a propósito de las peleas de Laureano Gómez con su homólogo Alfonso López Pumarejo: “esos dos aparecen en los periódicos como si fueran enemigos pero en la realidad son compadres que se beben todo el whisky del mundo, se reparten el poder, se burlan de la gente”. En el fondo, las falsas peleas son por el poder político y por el bolsillo de los electores. ¿Será eso lo que ocurre con Santos y Uribe?

Total, ni fu ni fa. Sabemos que hay uribismo con el poder político de los votos y santismo por el poder de la burocracia y el ponqué presupuestal. Uribe es un bravucón que todavía se cree el Mesías que salvará a Colombia y Santos es un usurpador de un movimiento que él mismo se encargó de apabullar desde su posición de jefe de Estado. ¿Diferencias entre los dos? Uribe es intelectualmente como veinte juanmanueles.  Porque al menos sabe hablar. Santos ostenta un discurso pobre, dubitativo, chabacano y escaso. Pero tiene la sartén por el mango y se tira el billete. Uribe, si bien no es la flor de la elocuencia, por lo menos muestra convicción. Pero olvida que los colombianos no somos sus peones. Y hace esfuerzos desesperados y agónicos por recuperar el mango de la sartén.

Colofón: lo único bueno que deja esta reyerta entre los mandamases de Colombia, es que el pueblo puede verles la cara real a sus dos máximas figuras políticas. Ve una moneda con la cara del cinismo y la pobreza conceptual, y el sello con la efigie del autoritarismo. Un eterno aprendiz de gentleman y un chalán pueblerino con mucha habilidad para administrar fincas. ¡Horror, y son los que mandan!

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03

01

2013

gonzalo  guerrero

2012, frustraciones tradicionales y alegrías atípicas

Por: elcides olaznog

Se fue otro año, pasaron las fiestas, quedó el guayabo, quedamos sin cinco, se reanudó el trabajo pero, como dicen los contadores, hay que adelantar el balance.

Empiezo por lo fácil; sin lugar a dudas, en materia política NO HUBO, en absoluto, alegrías o satisfacciones. En el plano nacional, a Juan Manuel Santos y a sus colaboradores, lo mismo que a sus admiradores, les parece que fue un año excepcional, pero la cruel realidad dice lo contrario. Aclaro, aquí habla la ignorancia. Porque mi hermano, el experto en temas económicos  de alto turmequé, está de acuerdo con Juanma en que la de Colombia es una “economía boyante”. Yo de eso poco y nada entiendo pero tampoco me atrevo a preguntarle a mi brother porque seguro me va a mirar con los ojos de conmiseración con que se mira a un damnificado del salario mínimo.

El caso es que para las altas esferas de la economía Colombia es un país boyante. Boyante - para quienes nunca consultan el diccionario – significa próspero, que hay mucha riqueza. Pero creo que los términos están equivocados porque lo que es al pueblo beneficiado con el nuevo salario mínimo no le toca lo boyante sino lo bollante, es decir, le va a tocar comer (seguir comiendo) el producto que impulsó el diputado antioqueño cuando dijo que invertir en el Chocó es como “echarle perfume a un bollo”. Me perdonan, pero la expresión es del diputado, no mía.

Total, en política nacional nada le salió bien al pobre Juanma: se dejó tumbar la colombina del hermanito menor, es decir, el camarada Ortega le tumbó no a Juanma sino a los colombianos casi 80 mil kilómetros cuadrados de mar caribe, que es un área un poco más grande que “El Ubérrimo”, para dar una idea de la magnitud de la pérdida. También se le cayó la reforma a la justicia porque, como es de suponerse, los reformadores no se quieren reformar. ¿Cuchillo para el propio pescuezo?, ¡mamola! Recordemos en este punto que ya el mandatario había chupado la hiel de la derrota cuando el año pasado, para estas calendas, sufría la caída de la reforma a la educación, la archifamosa Ley 30. Nada nuevo por ahora.

Lo único que le ligó al presidente fue la Reforma Tributaria en una final parlamentaria de voto finish, pero su costo real aún no se puede calcular. Me pregunto, y conmigo los colombianos, qué y cuánto tuvo que prometerles Juanma a los HP (honorables parlamentarios) para que “trabajaran” horas extras en la aprobación de la reforma. Y no hay claridad acerca del otro costo, que es el de las exenciones y rebajas de impuestos a los poderosos, tal como lo denuncia el senador Robledo, que está muchísimo mejor informado que yo. Ni del cráter fiscal que se prevé para finales del año que comienza, según el mismo senador. Primera conclusión: cero alegrías, cero satisfacciones y sí muchas frustraciones, tradicionales como la Navidad. Y si con el transcurrir del 2013 el embeleco de la paz con “la Far” se le viene abajo, como se ve venir, pues, don Juan Manuel, se te jodió la reelección.

Por el lado de la política capitalina, las cosas fueron peores. Los bogotanos eligieron a un mandatario que sabe mucho de protestar y de criticar pero de administrar, cero. Sin embargo, lo peor no es eso; lo peor es que Noel Petro es la personificación de la soberbia y se hizo acreedor, con creces, de varios adjetivos: autoritario, déspota, autócrata, dictador, tirano. El burgomaestre seudoizquierdista actúa y habla como un emperador. Para él el mundo empezó el 1 de enero de 2012. Y terminará cuando a él le dé la gana. Punto. Petro es un tipo grandilocuente y megalómano.

Eso es lo que piensa la gente que está sufriendo en carne propia los desatinos del aprendiz de alcalde, que solo es un miliciano venido a más por cuenta del inconformismo de algún sector de la ciudadanía bogotana, que lleva ya tres períodos ensayando mandatarios de la nueva clase política.

Pero el asunto estriba en que hoy no se sabe a ciencia cierta cuáles son peores, si los corruptos tradicionales rojos y azules o los corruptos nuevos, amarillos y verdes, aunque hay serios indicios que inducen a pensar que la voracidad de las autodenominadas izquierdas es más temible y muchísimo más nociva. ¡Pobres bogotanos pobres!

Las alegrías, escasas pero inmensas, corren por cuenta de un puñado de colombianos grandes de corazón y sencillos de personalidad que, en algunos casos,  con muy pocos recursos brillaron en el mundo en el 2012. Estos colombianos que merecen toda la admiración, el respeto y la exaltación de sus compatriotas están encabezados por la hermosa Mariana Pajón y por Radamel Falcao García, el hincha número uno de Millonarios.

Mariana es la figura principal de ocho héroes que brillaron con luz propia en los juegos olímpicos de Londres; una medalla de oro de Mariana, tres de plata de Catherine Ibargüen, Rigoberto Urán y Óscar Figueroa, cuatro de bronce logradas por Carlos Mario Oquendo, Óscar Muñoz, Yury Alvear y Jaqueline Rentería. Esos fueron los Ocho de Colombia que nos regalaron la cuota de alegría en el deporte. A ellos se suma la figura del internacional goleador, considerado por algunos expertos como el mejor nueve del mundo, Radamel Falcao García, y la Selección Colombia al mando del hoy mejor director técnico de América. Ellos y otros grandes como Juan Guillermo Cuadrado, James Rodríguez y Teo Gutiérrez nos renovaron la ilusión de volver a un mundial con un elemento adicional: como pintan las eliminatorias, es posible que Colombia esta vez sí sea protagonista.

En el plano local se destacan los triunfos de Santa Fe, campeón de la Liga Postobón, después de 36 años sin conseguir el máximo título, al lograr su séptima estrella; buena por Santafecito. Eso ocurría en el primer semestre del año; para el segundo, la gesta santafereña se vio coronada con más de un gramo de gloria por Millonarios, compañero de patio,  que logró su  estrella decimocuarta al mando de Hernán Torres, un señor serio que conoce el oficio, y de un grupo de jugadores que si bien no pertenecen a la elite del fútbol internacional, sí capitalizaron de sus insuficiencias y lograron una campaña memorable, si a ello se le suma la excelente participación en la Copa Suramericana, a la cual llegó a semifinales dejando en el camino a grandes como el Gremio de Porto Alegre, entre otros.

Estas circunstancias nos permiten asegurar que si de satisfacciones se trata los colombianos en general y los bogotanos en particular debemos buscarlas siempre en el deporte y nunca en la dirigencia ni deportiva ni política. Eso está claro; y tal como va la vida ahora que empieza el 2013, no se ven muchas posibilidades de cambio. Hay, como siempre, esperanzas, ilusiones. Pero ellas se desvanecerán con el pasar de los meses y terminarán de evaporarse en las copas de licor con que se celebrará en diciembre la muerte del 2013 y el nacimiento del 2014. Así ha ocurrido siempre…

Colofón: el remate de este comentario corre por cuenta de un niño de unos ocho añitos: “A los colombianos les deseo que el Niño Dios les traiga toda la paz del mundo aunque no les deje regalos en el arbolito (de Navidad)…” De verdad, me conmovió esa sencilla frase. Feliz año…

Véanos en twitter @elojodeaetos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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