BLOGS Actualidad

30
03
2014
gonzalo  guerrero

Reparación para las víctimas de Juan Manuel Santos

Por: elcides olaznog

Soy un ciudadano común y corriente, es decir, un pobre pendejo al que el Estado solo tiene en cuenta en época electoral y en la facturación de la administración de impuestos.

¿Por qué no votaré por Santos? Sencillo: no me siento representado por él ni por ninguno de sus áulicos, llámense ministros, secretarios, contratistas, asesores, periodistas chupamedias, ni en general por nadie que por conveniencia o por ignorancia piense que JMS es la salvación de Colombia, simplemente porque nuestro país no tiene remedio.

O sí lo tiene, pero ese remedio está en el inmenso 70 por ciento de ciudadanos indiferentes e indolentes que viven en un país en llamas, pero se quedan en la comodidad de sus casas cuando deberían acudir a las urnas a manifestar su inconformidad por las acciones aberrantes de un Estado ladrón que tiene de todo menos JUSTICIA SOCIAL. Esa indiferencia del pueblo oprimido tiene un nombre cruel: meimportaunculismo crónico.

No voto por Juan Manuel Santos porque es un personaje carente de sentido de la realidad nacional, de las necesidades de la gente, del sentir popular. No lo voto porque demostró que es un presidente que gobierna a punta de frases rimbombantes de titulares de prensa pero de realidad cero. El suyo es un gobierno derrochador que se sostiene con cifras mentirosas tipo DANE. A propósito de una noticia de ese tenor, le pregunté a mi primo magíster en economía: ¿qué es esa joda de ingreso per cápita?

El experto me contestó: “es la relación entre el Producto Interno Bruto y la cantidad de habitantes de un país. Se divide el PIB entre todos los habitantes de un país y ese es el ingreso per cápita. Esa relación define el ingreso individual y la calidad de vida de dichos habitantes”. Le dije: ¿eso significa que yo gano y disfruto igual que la familia Santodomingo, o los Ardila Lulle? Me miró como se mira a un chigüiro moribundo del Casanare y se largó.

Por fortuna estaba ahí mi viejo y procaz tío Anselmo que me consoló: “mijo, no pregunte esas güevonadas así que de pronto lo nombran secretario de almuerzos gratis en el Distrito Capital o de gerente del Santa Fe. Déjeme yo le explico con un ejemplo: si durante un semestre en Colombia, que tiene 45 millones de habitantes, se consumen 90 millones de kilos de pescado, eso significa que el consumo per cápita es de 2 kilos de pescado para ese período. ¿Me entendió?” Pensé: y si a mí no me gusta el pescado y a mi hermana tampoco, ¿cómo diablos hace el gobierno para cuadrar esas cuentas? Pero dije: o sea, “per cápita” es lo mismo que “cada uno”. Pero en ese momento salió en la pantalla del televisor el médico de Falcao García y mi comentario quedó en el aire. Claro, pensé; cómo va a ser más importante la economía del país que la lesión del gran Falcao. Me dio vergüenza con el instruido viejo Anselmo y entonces decidí no darle más evidencias de mi ignorancia supina.

En fin. No voto por Juan Manuel porque me considero víctima de su gobierno en varios aspectos. Ejemplo: tengo un diminuto apartamento de clase 3 en un barrio popular de la capital, que tiene un problema: intenté venderlo para pagar los impuestos por el precio que me sale en la factura de la DIAN pero desistí porque, a juzgar por la cara que ponen los posibles compradores cuando les di la cifra, es posible que me gane una demanda por intento de estafa. Mejor solicito un préstamo en el banco para pagar el impuesto. Imposible que no me gane el baloto. ¡Santa Laura Montoya bendita, ayúdame!

Tengo un pinche carro de unos 9  millones de pesos (hace 3 años pagué el doble) que no puedo utilizar porque para llegar a mi trabajo me gasto 2 horas y 3 galones de gasolina. Entonces prefiero utilizar el Transanimalenio para recibir masajes sexuales gratis y para ahorrar la gasolina aunque tenga que gastar una hora más en mi recorrido. Y ahora sí va a ser peor porque a don Rafapardo, flamante nuevo alcalde mayor, le dio por solucionar el problema de movilidad en Bogotá con la más facilista y bobalicona medida: pico y placa todo el día. ¡Muy inteligente el ministrico! De modo que el carro me va a servir para lo mismo que sirven las tetas de los hombres. ¡Ah, no!, pensándolo bien me va a servir para que la administración de impuestos no me olvide y me escriba como cada año para recordarme lo del impuesto.

Carro para pagar garaje, impuesto, seguro obligatorio, seguro contra riesgos, mantenimiento, llantas, aceite, pintura, etc., pero no para desplazarme, qué negociazo. Lo voy a vender pero antes le  tomo una foto, la amplío y con ella decoro el garaje. De paso recuerdo la época linda en que el gobierno me clasificaba en estrato 3.

El sueldo. Me consignan unos cuantos pesos pero cuando voy a retirarlos ya no son los mismos porque el banco me ha descontado 4 por mil, manejo de tarjeta y un sinfín de impuestos que no entiendo porque de comercio y banca tampoco sé un carajo. Pero me consuela saber que de la riqueza nacional disfruto per cápita, es decir, igual que don Luis Carlos Sarmiento Angulo que es quien me cobra por utilizar a su favor los centavos que me consignan.

No hay remedio. Somos 44,5 millones de colombianos que nos distribuimos per cápita las pérdidas de los miles y miles de millones en robos oficiales, contratos nulemorenescos, las “inversiones” multimillonarias como las dichosas cumbre de las Américas, el aumento por decreto presidencial de 8 millones mensuales para casi 300 zánganos que “trabajan” en dos inútiles cámaras legislativas, etc. Las ganancias para los ricos, las pérdidas repartidas equitativamente entre los pendejos que nos partimos el c., perdón, el alma trabajando mientras el gobierno reparte mermelada a manos llenas con tal de lograr la reelección.

La reparación a las víctimas a que alude el título de este artículo es fácil de cobrar y no se necesitan comisiones de alto nivel. Solo se requiere un poquito de conciencia política y acudir a las urnas y VOTAR EN BLANCO para demostrarle al candidato presidente que Colombia no lo quiere – ni a él ni a nadie – y que este es un gobierno equivocado, malo, derrochador, chambón, cruel y despiadado con la clase trabajadora: campesinos, transportadores, profesores, estudiantes, pensionados, que ven con angustia que con Santos esto cambiará pero para empeorar. Todos podemos cobrar reparación pero nos da pereza.

Colofón: Colombia es un país en constante festival de corrupción, en el que se confunde la sangre inocente de campesinos y soldados con la mermelada de un presidente candidato. Un presidente que aparece en  las cámaras de televisión como aprendiz frustrado de ciclista, jugador de golosa, etc., pero que no aparece, por ejemplo, en tragedias nacionales como la mortandad de flora y fauna en Casanare… un presidente candidato insensible que es fruto de una campaña de marketing político pero que no tiene ni la menor idea de los que significa justicia social. Pero, ¡que viva el Mundial Brasil 2014, que viva Falcao García!

Categoria: General

TAGS:

2

1 voto2 votos3 votos4 votos5 votos
Loading ... Loading ...
28
02
2014
gonzalo  guerrero

Colombia masoquista, a ti te hablo…

Por: elcides olaznog

Podrían llenarse páginas y páginas con titulares como los que se exponen a continuación. Noticias de este tenor es lo que hay, para desgracia de Colombia, todos los días. Usted, amable lector, decide si estas reflexiones son pesimistas o son, simplemente, la cruda realidad:

Santos por decreto les aumenta el sueldo en casi 8 millones mensuales a los 268 congresistas”; “Partidos avalan a 244 candidatos que le deben al Estado”; “el tal paro nacional, ¡no existe!”; “presidente de la Cámara de Representantes firma ley sin leerla”; “ministra de educación firma proyecto de reforma a la educación sin leerla”; “Cambio Radical, el partido político con el mayor número de congresistas condenados por parapolítica”; “ochenta herederos de la parapolítica son candidatos al congreso”; “ministro de defensa dice que ‘seguiremos trabajando por la paz de Colombia”; “nuevamente se aplaza audiencia de imputación de cargos a Samuel Moreno”; “once congresistas con récord de ausentismo quieren repetir curul”; “escándalo por apoyo a compra de votos en el Movimiento MIRA”; “Emilio Tapia, del carrusel de la contratación, habría escondido 4.000 millones de pesos”, etcétera.

Leídos los titulares del ejemplo, que sirven para dar una pálida imagen de la realidad política colombiana, cabe la pregunta: ¿es decente votar por los mismos de siempre?

Los colombianos se aprestan a cumplir una nueva cita con la “democracia”. El próximo 9 de marzo se elegirán 268 congresistas que estarán encargados de legislar para “una Colombia mejor”. Además se elegirán 5 representantes de Colombia en el Parlamento Andino, un organismo regional que tampoco sirve para un carajo.

Las esperanzas de los colombianos en una verdadera Colombia mejor, cada vez se ven más difusas. Una década atrás se pensaba que el Polo Democrático podría ser una alternativa de cambio, pero la realidad dice que los polistas en solo unos años aprendieron de sus hermanos mayores (partidos Liberal y Conservador) todos los tejemanejes de más de dos siglos de corrupción, desidia y desgreño administrativo. Por esa razón y por dos administraciones distritales funestas, las de Beodín Garzón y del nieto de “Gurropín”, Bogotá, la flamante capital de Colombia, está hecha una mierda en la que no cabe un problema más. O no, don Gustavo…

Otro análisis merece el MIRA. Un movimiento que sin tanto ruido estaba ganando un espacio en la política nacional; todo parecía indicar que eran pequeños como organización pero con buenas ejecutorias en congreso y concejo. Sin embargo, a raíz del escándalo de la pastora de marras, la gente se encontró de manos a boca con un inusitado e inmenso poder económico tras bambalinas, de sus principales figuras encabezadas por la senadora Alexandra, el senador Baena, la furibunda Gloria Stella Díaz y, por supuesto, por la gurú de la religión moderna, doña María Luisa. Ellos, con toda y su falsa espiritualidad, (ahora se sabe) eran alternativa respetable para el voto popular. Pero ya Colombia les conoció el cobre. Que entre el diablo y escoja.

Otro punto: las campañas publicitarias dan tristeza. Por ningún lado se ven la imaginación ni mucho menos el talento de décadas atrás. Solo basta con ver algunos “lemas” y fotografías para concluir que los candidatos no son más que caricaturas de sí mismos. Como dice el tío Anselmo, viejo conocedor de las engañifas electorales, los mensajes son un monumento a la ordinariez y a la chabacanería. El viejo, antiguo militante del Partido Liberal desde los tiempos de Eduardo Santos (tío abuelo del actual mandatario pero ese sí brillante estadista) y de Gaitán, me cuenta que ha estado llorando a moco tendido desde que vio la propaganda del Partido en el que se ve a un decaído Horacio Serpa, con los últimos soplos de su vitalidad repitiendo su trillada palabra “mamoooola”, que hace unos 12 años le funcionó pero que hoy causa el efecto contrario. Pobre Serpa, pobre Partido Liberal, dirigido, además, por el hijo de César y Ana Milena, un pelao que no solo no sabe leer sino que no sabe dónde está parado.

Y qué decir de la chambona publicidad de don Roy Barreras, flamante expresidente del “honorable” Senado de la República: “Vote si le da la gana”. Y el tipo dizque es ¡médico, nada menos! Lo dicho: las cosas se parecen a su dueño.

En fin. No hay de dónde escoger. Del enorme montón de avivatos que aspiran a Senado y Cámara no se hace un caldo. Además porque cada uno va por lo suyo. Da tristeza decirlo pero nuestro congreso y en general las instituciones de su tipo como concejos, asambleas, son lo que llama la justicia “grupos delincuenciales” en “concierto para delinquir”. Lo pongo entre comillas porque ellos, como legisladores, gozan de inmunidad que consiste en que solo los puede juzgar la Corte Suprema de Justicia. Pero, para desgracia de los colombianos, el maridaje entre poderes, tal como se ventila en los medios, muy rara vez conduce a la condena de estos privilegiados.

Urge entonces una profunda reforma política que nunca, léase bien, NUNCA, va a salir de la clase política tradicional. Esa reforma tiene que ser de iniciativa popular pero no a la manera de la tal “democracia participativa”, que no es más que una paparrucha en la que ya no cree nadie. La solución es el voto en blanco para poner en la picota pública a tanto ladrón de cuello blanco y para impulsar desde abajo una reforma constitucional, como primer paso para una profunda reforma política que les ponga coto a los manilargos del tesoro público. Para decirle al mundo que los colombianos, con la caca al cuello, no queremos más delincuentes en los altos cargos. La oportunidad es ahora y está servida en bandeja de plata: Colombia masoquista, a ti te hablo…

Colofón: Nunca como ahora están dadas las condiciones para cambiar la historia de Colombia. La gente y en especial la juventud, está hastiada de tanta maldita corrupción y desgreño administrativo. Estamos mamaos de que Santos hable de país justo sin saber qué diablos significa justicia. ¿O es justo, señor Santos, que usted dilapide 25 mil millones de pesos anuales en un aumento de sueldo a los 268 congresistas y en cambio a la clase obrera se le aumenten miserables 20 mil pesos a ellos sí por trabajar? Oí a un extranjero de visita por Bogotá que decía que ese acto de gobierno era lo más execrable que había visto en toda su vida. Y, ojo, viene de un país más corrupto que el nuestro. Después les digo cuál…

Categoria: General

TAGS:

2

1 voto2 votos3 votos4 votos5 votos
Loading ... Loading ...
29
01
2014
gonzalo  guerrero

Colombia, país de rábulas y leguleyos

Por: elcides olaznog

Ya no somos únicamente un país de cafres; también los somos de rabulerías y leguleyadas. Es lo que se lee con el ya cansón pleito entre el acalde Petro y el procurador Ordóñez, ambos personajes ejemplos de intolerancia y dañina autocracia.

 Los que no somos tan inteligentes como los señores jueces y magistrados, y que escasamente sabemos firmar, tampoco entendemos cómo una ley o norma puede ser interpretada de una manera tan personal y que esa interpretación sea importante o no, de acuerdo con la jerarquía  de quien la realiza.

La ley es una sola, dicen los especialistas. Lo que varía es la interpretación. Pero también, y me perdonan los amigos abogados, la lógica formal es una sola. Tengo entendido que nuestro derecho se basa en el derecho romano y este se nutre de la lógica de Aristóteles. Por esa razón no se entiende cómo un abogado o magistrado interpreta de una manera y otro de otra. Me explico: está bien que una norma escrita, como todo mensaje, tenga lo que los expertos llaman matices. Pero que una interpretación jurídica sea diametralmente opuesta a otra significa que es verdad lo que se dice repetidamente en los medios: muchos de los fallos de la mala justicia en nuestro país están impregnados no de política, que como ciencia es de las más complejas y apasionantes, sino de politiquería.

Pero, ¿qué es politiquería? Es el mal uso de la política, es decir, utilizarla para bien propio y de terceros en detrimento de los demás. Es la personificación del fraude, del mico jurídico y del prevaricato; es el reino de la concupiscencia y de la lujuria económica.

En ese maremágnum están ahogados el doctor Noel Petro y su santidad Alejandro Ordóñez. El primero se acoge a una amnistía (lo cual es prueba de que algo debía) pero olvida que reinsertarse a la vida civil implica acatar la ley. Y el ilustre burgomaestre cienagaorense se pasó la ley por la faja, con el achaque de frenar un cartel de la contratación y favorecer a los pobres. Pero, me pregunto: ¿no trajo Petro otro cartel muy similar al que sacó a golpes de autocracia? ¿Hay  cifras reales que prueben que los bogotanos hemos ahorrado plata con la gestión de don Gustavo? Es posible que se hayan ahorrado unos cuantos pesos pero, por otro lado, la defensa del puesto del alcalde y los desafueros de sus alzafuelles en el centro de Bogotá y en la Plaza de Bolívar  nos están costando un ojo de la cara.

Por otro lado, a su santidad Ordóñez se le fue la mano en la sanción por 15 años. Petro puede ser lo que quieran pero no le han demostrado robo al erario distrital, ni estatal cuando fue parlamentario. Su problema es que se cree el ombligo del universo y que sin él el mundo no funciona. Es megalómano y autoritario.

Que lo destituyan del cargo por la “gravedad de sus errores” puede parecer hasta normal en un país de locos, pero el odio visceral de su santidad por las “ideas de izquierda” y por las personas que no oran de rodillas lo obligaron a interpretar la ley de una manera demasiado draconiana. Es evidente el miedo que Petro despierta en la vieja casta política nacional. El problema es que la gente que hoy detesta al sempiterno y mohoso bipartidismo se ilusiona con los partidos no tradicionales pero en el fondo lo que se cambia es de verdugo. O ¿no, Luchito, Samuelito, Clarita?

Yo, en medio de mi magnífica ignorancia, pienso que con tanta grieta jurídica por donde puede salir Petro, lo inteligente sería dejarlo en el cargo no porque sea un buen alcalde sino porque su defensa nos está saliendo muy cara. Y porque Bogotá, ad portas del gran triunfo del voto en blanco, está más descuadernada que en los tiempos de Samuelito. De todos modos, que se quede o que se vaya Petro no es ni triunfo ni derrota suya o de su santidad Ordóñez; es la derrota de todos los bogotanos que sufrimos el desgobierno y padecemos el desorden. Y pagamos los platos rotos del cataclismo en que convirtieron a Bogotá.

Lo triste del pugilato  Petro y Ordóñez es que se está “prostituyendo” la tutela. Ese mecanismo jurídico que es la única bondad popular de la Constitución del 91 y de la cual, por el desespero de Petro y sus seguidores, se está abusando excesivamente. Es muy probable que por esta razón se empiece a cocinar una reforma a la justicia para modificar ese recurso. Pobrecitos los pobres.

 Colofón: Lo único bueno de la pelea entre el alcalde y el procurador es que ha puesto en evidencia la infinita pobreza conceptual jurídica de algunos jueces y magistrados. Uno se pregunta cuál es el mérito para estar en esa privilegiada posición. Bogotá, en otras épocas ciudad de intelectuales, se convirtió en el magno escenario de la leguleyada y de la rabulería. ¡Válgame Dios!

 

Categoria: General

TAGS:

9

1 voto2 votos3 votos4 votos5 votos
Loading ... Loading ...
31
12
2013
gonzalo  guerrero

Las caras visibles del 2013…

Por: elcides olaznog

Puede ser pesimismo o realismo. Usted, amigo lector, decide…

Muere el 2013 sin pena y sin gloria. Y sin esperanzas para la inmensa mayoría de colombianos que ven cómo su calidad de vida se deteriora cada vez más.

Las escasas satisfacciones corrieron por cuenta, como siempre, de un puñado de deportistas como Nairo Quintana con su participación de estruendo en el ciclismo de elite en Europa y de la morenaza Catherine Ibargüen en la cima del atletismo mundial. Sin embargo, fue la clasificación de Colombia al mundial de Brasil 2014 lo que más marcó las alegrías del pueblo colombiano que ve en el fútbol su única fuente de felicidad.

En cambio en la política todo fue nefasto. Los grandes titulares de los medios registraron la “triunfal” gira de Juan Manuel Santos por EE UU a principios de diciembre pero lo que la gente no sabe es que esos “noticionones” tienen su origen en una multimillonaria campaña de medios para subir en las encuestas de cara a las elecciones de marzo próximo. A Estados Unidos no le interesa la vida de un paisito de Suramérica más allá de los negocios en los que puede sacar generosas tajadas. Pero el periódico de marras dijo que Santos había logrado importante respaldo de tres grandes del mundo: Banco Interamericano de Desarrollo, Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional.

Cuando el viejo tío Anselmo leyó los titulares dijo: “BID, BM y FMI son la manera más fácil de explicar el caso de los peces gordos que se tragan a los chiquitos”. Cuando le dije que por favor me explicara eso, el viejo zorro me dijo medio enverracado: “¿cuándo ha visto usted, que es estudiado, que esos jijos hagan negocios en los que corren el mínimo riesgo de perder?

En política exterior también se consolidó el fallo de la CIJ de la Haya en el despojo de una gran porción de mar territorial, porque el gobierno de Santos y de la divina María Ángela no hizo sino alharaca pero de aquellito nada. Y pasó lo que tenía que pasar: el pueblo colombiano se narcotizó con la Selección de Pékerman y se le olvidó el atraco nicaragüense con la complicidad de una Corte que tiene mucho de internacional pero casi nada de justicia.

En política interna lo más destacado fue (es) el proceso de destitución del alcalde Petro, por dos vías: una por medio de la firmatón para revocarle el mandato por las buenas y otra la pelea con su santidad Alejandro Ordóñez que lo quiere sacar a la brava. Las opiniones están divididas porque el burgomaestre cordobés despierta odios y amores sin términos medios. Por un lado, la fuerte casta política a la que le duele que un hombre emergido de los entresijos de la subversión le arrebate el inmenso poder que entraña ser alcalde de Bogotá y que tiene injerencia directa con cerca del 70% del capital que se mueve en Colombia; y, por otra parte, una masa de seguidores que sin mayor análisis de la “cosa” política lo adoran como si fuera la redención de decenios y decenios de malas administraciones distritales.

En cuanto a política nacional, se destaca el generoso obsequio del presidente Santos a cada uno de los 268 congresistas por la suma de  7’898.445 pesos mensuales, una bicoca de miserables 2.116´783.260 (dos mil ciento dieciséis millones, setecientos ochenta y tres mil doscientos sesenta pesos MENSUALES, multiplicados por 12 meses que da una cifra astronómica de 25.401´399.120 (veinticinco mil cuatrocientos un mil millones trescientos noventa y nueve mil ciento veinte pesos anuales). Una verdadera simpleza, como se puede ver, todo para que le aprueben unas reformas, como la de la salud, absolutamente antidemocráticas y leoninas. Pero aun con el desorbitante pago por adelantado, nada le garantiza que logre sus propósitos porque el apetito de los congresistas es mucho más grande de lo que se alcanza uno a imaginar. ¿Y quién paga? Premio para el que responda esta pregunta…

Bueno, pero no todo es malo. Porque el gobierno de Juan Manuel acaba de decretar el “más alto aumento del salario mínimo de los últimos años” porque él es el presidente de un “país más justo”. ¿Qué entenderá nuestro mandatario por justo?

El otro hecho fue la celebración por todo lo alto de los primeros doce meses de conversaciones en la Habana. Ningún otro presidente, léase bien, ningún otro presidente, ni siquiera el gran Andrés, había logrado conversar con las FARC durante más de un año. Pero los colombianos, y en especial los malditos uribistas de la oposición son unos desagradecidos que no le reconocen al presidente Santos este magno triunfo de la democracia ni tampoco los ignorantes noruegos del Comité Nobel que se hacen los pendejos y no le dan el ansiado premio.

Recuerdo que el 2012 finalizó con la esperanza de que doña Clemencia le hiciera ver a su marido lo mal presidente que es y que por amor lo hiciera desistir del magno despropósito de la reelección. Pero no. A ella también le gusta el poder y ser primera dama es un privilegio por el que bien vale la pena sacrificarse. De modo que los colombianos debemos resignarnos a la negra suerte de seguir gobernados por un señor que no tiene ni la menor idea de lo que vale el dinero y juega con él como si fuera un juego de monopolio. Y que le parece justa el hambre que aguantan más de las dos terceras parte de colombianos que tienen  que gozarse la vida con $616.000 pesos mensuales.

 

Nos queda una esperanza: la sanción política y moral que da el voto en blanco. Por fortuna, revisa uno las redes sociales y el movimiento toma fuerza. Y entre este momento y las elecciones va a dejar de ser una tendencia para convertirse en una fuerza incontenible. La esperanza es que cada vez sean menos los ignorantes que creen que reelegir a Santos es la solución. Esto es un asunto de dignidad humana. No se puede votar por una clase política que cada día está más podrida. La resignación (masoquismo) no puede ser un mal que dure más de doscientos cincuenta años. Urge despertar de ese largo letargo social y político que nos tiene aguantando hambre pero felices con los goles de penalti de Falcao García…

Colofón: ¿Cómo se puede vivir en un país tan anormal? Y, ¿qué esperanza tendrán los colombianos en este país tan injusto e inseguro? Dios mío, ayúdanos a soportar tantas injusticias de esta clase política. La única esperanza es el voto en blanco. ¡Votemos masivamente en blanco; no hay más!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Categoria: General

TAGS:

3

1 voto2 votos3 votos4 votos5 votos
Loading ... Loading ...
01
12
2013
gonzalo  guerrero

Ocho años de Santos. Pa´ qué más…

Por: elcides olaznog

Me muevo en ambientes académicos e intelectuales, lo cual no significa que yo sea lo uno o lo otro. Pero lo digo para explicar la gran extrañeza que ronda entre personas pensantes y preocupadas por el futuro de Colombia: de tantos profesores universitarios y de decenas de cientos de estudiantes con los que he hablado de ese tema, con una exigua y peregrina excepción, nadie, en absoluto, aprueba al gobierno Santos y mucho menos su cacareada reelección.

 Y tienen toda la razón; claro, un presidente al que se le cae la reforma a la educación, que no fue capaz con la reforma a la justicia, que ni siquiera ha intentado una reforma política, que no le anda la reforma a la salud, que su reforma tributaria es una grosería que no entiende ni el ministro respectivo, y además aprobada de afán porque los legisladores estaban listos para irse ¡de vacaciones!, es un presidente malo al que lo único que le funcionan son las encuestas.

 En su corto discurso de relanzamiento, al presidente Santos no le alcanzó el tiempo para hablar del paro agrario, del paro camionero de la bomba de tiempo que es la región del Catatumbo, y más bien se dedicó a hablar pendejadas sin sustento real; habló de un país de cucaña, con ríos de miel y leche, que no existe; dizque dos millones de empleos, reducción de la pobreza, y otras bobadas dignas del bobo de Sábados Felices. A decir cosas que a un gentleman presidente le quedan muy mal porque el pueblo lo conoce. Por eso es difícil aceptar que las dichosas encuestas las hacen con gente del común. “No me crean tan pendejo”, afirmó el tío Anselmo cuando le leí la última encuesta de Datexco.

De cuál infraestructura vial hablará don Juan Manuel, si por donde uno viaja, por donde viaja la gente y que se registra en los noticieros de televisión, son trochas propias de un país atrasado y corrupto que tiene mucha riqueza pero una muy perversa clase dirigente. ¿Prosperidad? De la única prosperidad que puede hablar don Juanma es la de los 267 congresistas que se ganaron por decreto presidencial un raquítico aumento de sueldo de 8 millones mensuales. Claro, de eso también se olvidó en su discurso de relanzamiento.

Tampoco recordó el presidente hablar del problema cada vez más crítico con Nicaragua, un paisito corrupto y debilucho que, sin embargo, tiene en jaque a Colombia por cuenta de la desidia de altos funcionarios de la cancillería a quienes les importa más la nómina de corbatas derrochadoras e improductivas alrededor del mundo que la soberanía nacional. Y la comunidad internacional burla burlándose de nosotros por cuenta del infantilismo de las reacciones oficiales. Parecemos párvulos con declaraciones como “Nicaragua descubrió que el agua moja”. Damos a entender que necesitamos un fallo de la Corte Internacional de Justicia pero cuando lo proclaman lo desconocemos y lo consideramos inaplicable. ¡Vergüenza internacional!

Quién, al analizar este caso de Nicaragua no lo asocia con el funesto episodio de Panamá a principios del siglo XX. Colombia era gobernado por José Manuel Marroquín, un personaje más preocupado en la elaboración de sus diccionarios que en los problemas de un país caótico y guerrerista al que, sin embargo, se le abrió la tarasca cuando le mostraron 25 millones de dólares de la época por cerrar la j… ante  el despojo de un territorio vital para el desarrollo de Colombia  y América Latina pero que terminó cediendo ante el poder de Estados Unidos que aprovechó el meimportaunculismo de Colombia para hacerse a los derechos del canal por cien añitos. ¿No estará pasando lo mismo con la riqueza marina del área en conflicto, en el que además debe haber mucho petróleo? Y el gobierno de Juanma y de Mariangelita, ¿qué?

La reelección de Juan Manuel Santos se está cocinando con la leña del proceso de paz. Si se le da, bienvenida. Todos los colombianos no solo la deseamos sino que la merecemos. Y se equivoca don Juan Manuel cuando dice que hay colombianos enemigos de la paz. Lo que hay son uribistas enemigos suyos que le quieren cobrar su inocultable traición al hombre de los votos. Pero que quede claro, presidente: no hay ni un solo colombiano que no quiera la paz. El presidente demanda del pueblo apoyo para la paz pero él no apoya al pueblo. ¿Una prueba? El infame aumento del ingreso para los 267 personajes que solo le hacen daño a Colombia desde el “sagrado” recinto del Congreso de la República.

Otra “cosita”, que debería saber don presidente: no es cierto que él sea imprescindible y que sea absolutamente necesario reelegirlo para “terminar la tarea”, porque si Colombia elige a otro, ese otro TIENE LA OBLIGACIÓN CONSTITUCIONAL Y POLÍTICA de seguir avanzando en el proceso de paz. Ese otro, que no se sabe quién pueda ser, debe continuar pero cambiando la estrategia: en vez de mesa de conversaciones debe implantar una mesa de NEGOCIACIÓN. Las FARC no van a ceder todo lo que han ganado en cincuenta años de conflicto ni el Estado va a derrotarlas. De modo que hay que negociar, lo cual significa ceder en muchos puntos aunque ni al Ubérrimo ni a mi primo Pachito les guste la idea.

El presidente Santos, pues, cada vez que abre la boca la embarra. La embarra para los millones de colombianos que NO participan en las encuestas. Y acierta para los 500 o 600 gatos que, se supone, las contestan. Y esos escasos gatos ponen a la clase dirigente a protagonizar reyertas de verduleras. Juan Manuel Galán contra Simón Gaviria. La U contra Cambio Radical. Polo Democrático alternativo contra Progresistas.  Horacio Serpa contra la decencia, Uribe contra medio mundo. El procurador, contra la indecencia de hacer política desde la Casa de Nariño. Todos ellos en pos del poder. En fin. Pero aun así lo que refresca el alma es que nunca como ahora, con las redes sociales tan activas, se nota la manifiesta animadversión por un mandatario impopular al que, repito, lo único que le funcionan son las encuestas.

Ahora, lo deprimente: no hay un personaje capaz de ganarle la elección a Santos. Y menos con el inmenso poder de la maquinaria y el tesoro público a su favor. No es una visión pesimista; es una visión real. Los colombianos no tenemos esperanzas. La clase política nacional, la plutocracia industrial, comercial, los jueces, las instituciones, algunos medios de comunicación con sus omnipotentes periodistas alineados con el poder, están acabando con nuestra nación. La brecha entre la opulencia y la miseria es cada vez más evidente e imposible de superar. Triste pero cierto.

Colofón. Insisto: una acción desafiante y abiertamente provocadora, como el aumento de las mesadas en casi 8 millones para los 267 congresistas, sin una explicación sensata, sin una justificación real, es una acción que dice claramente qué va a ser de los colombianos en el próximo futuro. Son aproximadamente 2.100.000.000 (DOS MIL CIEN MILLONES DE PESOS ¡MENSUALES!) Este gobierno, manirroto como el que más, va a hacer lo que sea por lograr sus propósitos. ¡Pobres colombianos!

 

Categoria: General

TAGS:

2

1 voto2 votos3 votos4 votos5 votos
Loading ... Loading ...
27
10
2013
gonzalo  guerrero

El presidente Santos se burla de los colombianos

Por: elcides olaznog

¡No lo puedo creer, no entiendo a los colombianos! Son testigos de las jugadas de Santos, de la manera tan cruel como se burla de la gente y aun así las encuestas dicen que tiene muchas posibilidades de ser reelegido.

El presidente se burla de los electores cuando sin reato alguno les aumenta el sueldo mensual en 8 millones a los 267 HP (Honorables Parlamentarios) miembros de las dos ladronas cámaras legislativas mientras a los millones de TRABAJADORES, los que sí hacen nación con su trabajo, se les niega un salario digno. ¿Cuántos colombianos viven con menos de 200 mil pesos? ¿Qué sentirá un senador o representante cuando ve a un pobre cotero, por ejemplo, con sus bultos al hombro sabiendo que por todo un día de trabajo solo conseguirá miserables 15 o 20 mil pesos?

Se burla de los electores porque, según análisis de Juan Gossaín, muy documentado y serio, por cierto, presenta dos proyectos de reforma a la salud contradictorios entre sí, conocedor de que los casi 50 billones que se manejan en el sistema de salud son el negocio de muchos políticos. Dicho de otra manera, si la reforma mejora la salud de los colombianos pero desmejora los negocios del cartel de la salud, no hay reelección.

Aquí cabe una conclusión cruel pero reveladora: en Colombia las reformas no se hacen para mejorar la calidad de vida de la gente sino para beneficiar a los dueños del dinero y del poder público. Y a propósito de reforma a la salud, todo parece indicar que se acaba la tutela como mecanismo de defensa contra la indolencia de las poderosas EPS, lo que significa que quien no tenga recursos económicos se va a tener que morir porque ya nada lo puede salvar, a menos que sea íntimo amigo del santo venezolano José Gregorio Hernández, que es el único que no cobra honorarios.

Pero sigamos con las burlas presidenciales. Santos se burla de sus compatriotas cuando dice que “vamos a lograr la paz” cuando todos sabemos que la guerrilla colombiana es mucho más sólida que su gobierno, entre otras razones porque la guerrilla no necesita reelección en cambio el presidente sí. La guerrilla va a entregar todo menos las armas ni el poder militar, los cuales le va a permitir dialogar uno, dos, tres, cuatro, cinco años. El tiempo suficiente para agotar este gobierno y el próximo.

Se burla de nosotros porque él sabe que Andresito Pastrana le dio a la guerrilla poder militar y económico y Santos le está dando poder político con meses y meses interminables de diálogos en la Habana. Pero las FARC no tienen la culpa, pues ellos hacen lo que tienen que hacer. Prensa gratis, publicidad política gratis, sin estar pidiéndola, además. La culpa es de Santos que quiere subir en las encuestas para una reelección a sabiendas de que él y su corte de chupamedias del gobierno que preside  son los únicos que creen en el dichoso proceso de paz.

Santos sabe que es así y derrocha el dinero público en estrategias publicitarias para mantener la caña de un proceso que va a terminar peor que el de Andresito. Todo por una cruel y mezquina aspiración reeleccionista.

Juan Manuel se burla de la dignidad del Ejército Nacional cuando “rompe el protocolo” del magno desfile militar para saludar a su hijo Esteban, un soldado privilegiado que no tenía por qué estar desfilando en un grupo de lanceros sin serlo.

El presidente se burla de los colombianos porque cada vez que habla en público, es decir, todos los días, la emprende contra los “enemigos de la paz” pero no sabe (o se hace el que no sabe) que la paz se logra es con un poco de justicia social, con inversión en educación, en salud, en vivienda. Para él los enemigos de la paz son todos aquellos que no aplauden su cacareado proceso de paz en la Habana. No, don Juan Manuel; usted está muy equivocado porque no hay un solo colombiano que no quiera la paz. Todos los colombianos somos amigos de ella aunque no la hayamos conocido nunca.

El presidente habla mucho y actúa poco. No ve ni les hace frente a los verdaderos problemas nacionales, y está dedicado ciento por ciento a la reelección. Todo el mundo ve que en Colombia no funciona la justicia, que la mayoría de carreteras del país son trochas, que las escuelas se caen, que la gente se muere a las puertas de los cada vez más pobres hospitales públicos, que la clase política se embolsilla el billete, que la delincuencia le ganó la guerra al gobierno. Todo el mundo sabe que este es un gobierno derrochador, marrullero y chambón.

Pero Santos y sus colaboradores, a juzgar por la manera como hablan,  viven en un país ejemplar donde todo es color de rosa. Para ellos los problemas no existen y Colombia supera el nivel de vida de países del primer mundo como Suiza y Canadá.

Panorama desolador, sin duda, el de Colombia. De cara a unas elecciones muy próximas, no se ven ni grupos ni candidatos capaces de salvarnos. Colombia está casi en el fondo del abismo por culpa de una clase política voraz e insaciable, cada vez más indolente y cruel.

Sin embargo, este podría ser el momento histórico para reaccionar y votar en blanco. Si los millones de colombianos que se sienten frustrados y atracados por la clase política nacional lo quisieran, se le podría dar un vuelco total a este caos. ¿Qué tal una masiva votación, digamos unos 4 o 5 millones de votos en blanco? La gente cree equivocadamente que eso no funciona. Pero sí. Recuerden que en Bello, Antioquia, en las elecciones pasadas para alcalde ganó el voto en blanco y que los candidatos no pueden volver a aspirar a un cargo de elección popular. Recuerden que en Bogotá en la última elección para Concejo también ganó el voto en blanco con 15,3% contra 15% del Partido de la U que fue el más votado. Y por razones que no se comprenden, los medios no le dieron a este hecho la importancia que merecía.

Colofón: los colombianos que amamos la paz pero que no somos áulicos de Santos podemos soñar con una elección, más o menos así: Juan Manuel Santos (dueño de la maquinaria) 850.000 votos; Óscar Iván Zuluaga 790.000 votos; Antonio Navarro Wolf 420.000 votos; Clara López Obregón: 150.0000 votos. Voto en blanco 7.580.000. Parece difícil pero no lo es. Solo se necesita un poco de conciencia social. ¿Viva Colombia, carajo!

 

 

 

 

 

 

 

Categoria: General

TAGS:

34

1 voto2 votos3 votos4 votos5 votos
Loading ... Loading ...
29
09
2013
gonzalo  guerrero

¡Brutos, más que brutos!

Por: elcides olaznog

Todo tiempo pasado fue mejor. Frase retrillada que me sirve para rememorar épocas en que ser hincha de Millonarios era compartir la gloria de mi equipo, una ilusión inmarcesible, un estado del alma.

 Aunque casi perdido en el confín de la memoria, recuerdo un domingo de mi niñez por allá como del año 70, más o menos. Jugaban en el Campín Millonarios contra Nacional y los albiazules con el triunfo clasificaban a segunda ronda de la Copa Libertadores de América. El partido iba 1 – 0 pero, como siempre, Nacional nos empató en el minuto de Dios.

La decepción de nuestra alma de niños fue tremenda y el instinto de solidaridad nos lanzó a hacer algo impensable: saltamos la valla y, luego de eludir los bolillazos de los agentes del orden, nos metimos de contrabando en el camerino azul para ir a consolar a los jugadores. Recuerdo que en la boca del túnel uno de los directivos de Millos les dijo a los policías: déjelos pasar, yo respondo. Creíamos que el camerino sería un mar de lágrimas, pero ahí se dio la segunda decepción del día: los jugadores que acababan de moler nuestras ilusiones reflejaban en sus rostros todo, menos tristeza. A algunos como el “Chonto” Gaviria – ese defensa central dotado de una exquisita técnica como nunca más los hubo quizás en el mundo – lo encontramos cual barranquillero corroncho, con la grabadora al hombro y todavía con el uniforme puesto, oyendo salsa.

Ese día empecé a comprender que el fútbol es un hermoso deporte de multitudes pero también un negocio que se mueve al ritmo de las ilusiones de los aficionados. Y, ojo, estoy hablando de hace como cuarenta años, cuando las camisetas eran de Millonarios, o de Santa Fe o de Nacional, no de los patrocinadores.

No había sino un director técnico para todo el equipo. Ahora hay entrenador de arqueros, de delanteros, etc., y falta poco para que haya un técnico para cada una de las once posiciones. Ahora hay director deportivo, gerente deportivo, equipo de sicólogos, equipos asesores de imagen, manejadores, agentes internacionales, jefes de prensa, asesores de los asesores, y un largo etcétera de cargos inútiles. El fútbol, incluso en Colombia que es una liga de medio pelo en comparación con Italia o España, también es una danza de los millones. Cristiano Ronaldo o Lionel Messi no valen tanto por sus goles sino por la publicidad impresa hasta en sus propias retaguardias.

El único episodio que recuerdo de “violencia” en el fútbol corrió por cuenta de los primos Bonza, más grandes que yo, en mi colegio de primaria. Uno era hincha de Millos y el otro de Santa Fe. Pero también en ciclismo el de Millos era admirador de Cochise Rodríguez y el otro de Álvaro Pachón. Entonces las peleas que empezaban en la cocina de su casa se trasladaban a los recreos del colegio. Aun así, solo una vez se dieron en la jeta. Quizás podría decirse que se dieron cuenta a tiempo de que irse a las manos por unos ídolos era muy poco inteligente, por no decir estúpido.

Los primos Bonza deben estar hoy metidos de lleno en la tercera edad, consternados por la irracional manera de ver el fútbol. Cierto. Con tanta tecnología, en el siglo de la inteligencia, unos se matan con otros por una pinche camiseta que en muchas ocasiones es más sinónimo de delincuencia que de amor por el fútbol.

Eran otros tiempos. Cuando la edad lo permitió, se remataban los partidos en el Palacio del Colesterol, al calor de unas buenas canastas de pola al clima. Se hablaba del partido, se discutían las jugadas, se mencionaba inocentemente a la progenitora del árbitro por este haber pitado un penalti imaginario o por no haber pitado uno evidente. Pero no pasaba a mayores y todos salíamos juagados de la rasca, abrazados y contentos de haber disfrutado una tarde de fútbol, que en esa época era de poca táctica y muchos goles. Mejor dicho: eso sí era fútbol.

¿Buscar causas y responsables? Sí, pero para encontrar soluciones. Una causa es el “hinchismo” de micrófono. Algunos supuestos periodistas no comentan jugadas sino que destilan odio. Y ese odio se traslada a las redes sociales. Es muy triste ver en Facebook mensajes que no solo se tiran el idioma español sino que incitan a responder con más ferocidad. La violencia del fútbol no sale de las redes sino que se ventila ahí. Y da dolor y angustia  comprobar el bajo nivel de escolaridad de quienes “consumen fútbol”. Esa manifiesta escasez mental es el caldo de cultivo del terror en los estadios.

Otra causa: la venta de camisetas. Tener una camiseta del equipo amado es prueba de amor por él. Pues bien; antes los aficionados no iban al estadio con camisetas sino con banderas. Un equipo hoy es una fábrica de productos, es una marca. Un dirigente del Nacional hablaba por estos días de lo lucrativo que es vender camisetas. Cómo será de rentable, digo, que por eso cambian el diseño cada seis meses. Es un negocio patrocinado por una moda nefasta que genera violencia. Hay mamás que prohíben a sus hijos salir a la calle con camisetas de sus equipos por el peligro que ello representa. Todo por una maldita moda que ni siquiera es nuestra.

Lo perverso de la industria de las camisetas no es la camiseta en sí, sino la malsana fiebre que ella despierta. Y más perverso ver que los que se embolsillan el billete salen a los medios cada que hay un muertico a decir a grito herido que hay que acabar con la violencia en los estadios y fuera de ellos. Pero los descarados no están dispuestos a invertir en campañas educativas ni un centavo de lo que perciben por sus multimillonarias ventas.

La cruel realidad impone medidas de peso. Es cierto que no pueden pagar justos por pecadores y suspender el campeonato sería un disparate. Pero urge sentar un precedente pues ya son muchos y muy frecuentes los episodios con muerto incluido. También es cierto que no todos los aficionados son violentos de acción pero la mayoría los son de palabra. Lo verán con solo abrir una página cualquiera de Facebook poco antes o poco después de un partido.

Soluciones: ¿Represión policial? No, esto genera más violencia porque aficionados y policías parecen ser enemigos naturales. ¿Legislación severa? Hay quienes dicen que la violencia de los júlingans ingleses se acabó con penas severas. Allá en la “civilizada” Inglaterra una acción de las que son tan frecuentes en Colombia se paga mínimo con dos años de prisión efectiva. Los aficionados entran al estadio mediante el registro de su huella digital, de modo que los violentos no entran NUNCA más a un estadio de fútbol.

Pero el problema es que en Locombia no hay cárceles suficientes. Y si no hay cárcel para asesinos y ladrones consumados, tampoco la habrá para delincuenticos de estadio. Ni para homicidas al volante. Mejor dicho, en Colombia no hay solución para nada. En estos momentos lo único que importa es el proceso de Paz de la Habana y la reelección de Santos. El resto que CM.

Colofón: “me gusta” mucho este mensaje de Facebook: ¿Tú te haces matar por tu equipo de fútbol favorito? No, yo sí estudié… Refleja el pensamiento que ronda este comentario: delirar por un equipo de fútbol, comprar su camiseta al precio que sea, estar todo el día en las redes leyendo y escribiendo “mkdas” de fútbol es ESTÚPIDO. He dicho.

@elojodeaetos

Categoria: General

TAGS:

1

1 voto2 votos3 votos4 votos5 votos
Loading ... Loading ...
03
09
2013
gonzalo  guerrero

El discurso del presidente también genera violencia

Por: elcides olaznog

Discurso es un decir…

No tengo nada que ver con el presidente Santos. No voté ni votaré nunca por él porque me parece un dirigente que representa únicamente a la plutocracia del país porque es hijo de ella. Y su visión de mundo no le alcanza para comprender cuán lejos está su gobierno de la realidad social y económica de los colombianos del común.

Sin embargo, una cosa es estar en contra de un gobierno improductivo y de un estado corrupto y otra muy diferente apoyar el caos y el vandalismo. En Bogotá, y en el país, hay desadaptados sociales, escoria de la humanidad, que ni son campesinos, ni personas solidarias con una causa social, que aprovechan la oportunidad que les da el presidente cuando los reta: “El tal paro nacional, NO EXISTE”, dijo el mandatario. Y más se tardó en decirlo que los vándalos en hacer de las suyas.

Los vándalos tampoco son estudiantes. Ellos saben que siempre el gobierno contra la violencia tiene más violencia y armas de defensa: el ESMAD, los jueces, la cárcel, los bolillos. Pero contra la inteligencia ningún gobierno puede. Contra la inteligencia, contra las consignas creativas, contra la protesta enérgica y de altura, ningún gobierno en ninguna época ha sabido cómo defenderse.

Solo basta recordar cómo, casi a finales del año 2011, los estudiantes de todo el país se organizaron en marchas pacíficas y contundentes que lograron algo de lo que no había noticia desde tiempos remotos: hicieron retroceder como conejillos asustados al flamante señor Presidente, Doctor Juan Manuel Santos Calderón y la atildada ministra de educación, Doctora María Fernanda Campo, y al ejército de asesores pagados por el bolsillo de la gente cuando en nombre del gobierno blandían a diestro y siniestro su maquiavélica y perversa reforma a la Ley 30 de Educación. Con inteligencia, los estudiantes lograron demostrar que la señora ministra puede ser “muy educadita” y puede saber de todo, menos de educación.

Por eso causa desolación ver cómo nuestra sociedad se derrumba. Los desmanes ocurridos el 29 de agosto en Bogotá y en el país no son de olvidar sino de analizar. El pueblo colombiano, el que hace patria trabajando arduamente por un salario de miseria, se siente menospreciado. La gente se mama con el inhumano trato que recibe de sus EPS, antiproducto de una ley de salud pésima y creada más para la concentración de riqueza de los desalmados dueños de las empresas que para proveer salud a los que la pagan. La gente está mamada del “aumento de su salario” que le alcanza a lo sumo para los dos primeros meses del año. A los campesinos, transportadores y cafeteros, la ruina los tiene nerviosos. Todos ellos están mamados del raterismo de su clase dirigente, lo cual produce una tensión social que va a terminar por estallar. Y cuando esto ocurra no va a haber dique que lo contenga. Señores políticos, todo tiene un principio y un fin. Ya lo verán.

Los colombianos estamos sufriendo las consecuencias de un gobierno mediático que cree que se puede gobernar a punta de titulares de prensa y declaraciones rimbombantes pero de realidad ¡nada! Vemos a un presidente que está más interesado en la reelección que en gobernar. Y, palabras suyas, “se la jugó por la paz”. Una paz que solo él y sus ministros – y un par de periodistas  de renombre – ven. De una paz en la cual no creen ni los dignatarios de la Habana.

La actitud de Santos es sarcástica y con su sonrisita burlona da la impresión de estar riéndose de sus gobernados. Al fin y al cabo Juan Manuel es un hombre de mundo que conoce mejor Europa que América Latina, que se desenvuelve mejor en Londres que en la misma Bogotá. Por eso mira con desdén a la clase obrera, a los campesinos. Y esto, apreciados lectores, genera rabia, malestar, ganas de actuar.

Cuentan  los que votaron por Santos que tenían la esperanza de que el exministro en el poder seguiría con la Seguridad Democrática de Uribe. Porque el candidato Santos se cansó de gritarlo a los cuatro vientos. “Yo hago lo que mande el jefe”, decía. Y el jefe era Álvaro Uribe. Pero no. Tan pronto se sintió ganador de la presidencia destapó sus cartas. Ni siquiera disimuló sus intenciones y desde los primeros días se notó que únicamente utilizó los hombros de Uribe para encaramarse porque de otra forma nunca habría sido presidente por una razón sencilla: Santos nunca ha tenido votos propios. Pero se la jugó por la traición. Es muy fácil deducir que si el candidato Santos hubiera desdeñado el respaldo de Uribe el presidente sería Antanas Mockus.

Y nos hubiera ido mejor, indudablemente. El profesor, con todo y su discurso ininteligible es un hombre honrado y con gran visión de lo social. Pero la descomunal maquinaria política tradicional lo aplastó en las urnas. Y Colombia eligió a un señor que se preparó toda la vida para ser presidente pero nunca se preparó para gobernar.

Ahí tenemos las consecuencias. Todo el mundo nos baila, y hasta la débil Nicaragua hace con el gobierno de Santos lo que le da la gana. Y el presidente Ortega, chupamedias de Chávez y Maduro por conveniencia económica, cada que le da la gana nos muestra los dientes. Y mi apreciada ministra María Ángela ahí, bien maquilladita a toda hora, pero sin comprender que lo que se está jugando es el honor y la soberanía de un país honrado pero deshonrado por sus dirigentes.

Colofón: en medio de este caos generado, entre otras razones, por las equivocadas declaraciones de Santos, queda al menos una satisfacción: Juan Manuel Santos no va a ser candidato en las próximas elecciones. Por ahí harán  bulla pero le gente ya no le cree. Y le van a pasar factura por su pésimo gobierno. Dijo el vecino de la esquina de mi casa: ¿Qué pecado estaremos pagando para tener a Santos en la presidencia y a Petro en la Alcaldía Mayor? No tengo la respuesta. Si alguien la conoce por favor comuníquelo a @elojodeaetos

 

Categoria: General

TAGS:

4

1 voto2 votos3 votos4 votos5 votos
Loading ... Loading ...
19
08
2013
gonzalo  guerrero

La justicia ya no cojea; está en silla de ruedas…

Por: elcides olaznog

Eso de que la justicia cojea pero llega es una gran mentira. En Colombia nunca llega porque no existe. O por lo menos no en el sentido que le da la gente.

Aunque ya están más que traqueados, veamos estos casos que siempre vienen como anillo al dedo: a un hombre que le roba un esfero a su jefe le meten cuatro años de cárcel. A un enfermito que le coge los cuartos traseros a una dama, lo clavan cuatro años. A un desplazado por la violencia, hambriento, que se roba un caldo en cubo, (suena feo pero así es) le formulan cargos por el delito de hurto agravado sin violencia, “que lo puede llevar a purgar una pena de entre dos y seis años en prisión”, decían los medios hace unos meses. (más…)

Categoria: General

TAGS:

1

1 voto2 votos3 votos4 votos5 votos
Loading ... Loading ...
28
07
2013
gonzalo  guerrero

Nairo Quintana, la otra cara de Colombia: la limpia

Por: elcides olaznog

En Colombia los dos grandes deportes de masas son el fútbol y el ciclismo; al primero lo seguimos en las buenas y en las malas, pero al segundo solo lo acompañamos en las buenas.

Nairo Quintana Rojas (omito el Alexander porque le quita esencia a su condición de campesino boyacense) acaba de grabar su nombre con acerado cincel en la dura roca de la gloria deportiva de Colombia, algo que solo los grandes han logrado en esa disciplina: Martín Emilio “Cochise” Rodríguez, Álvaro Pachón Morales, Fabio Enrique Parra, Alfonso Flórez Ortiz, Martín Alonso Ramírez, José Patrocinio Jiménez, Francisco “Pacho” Rodríguez, Gonzalo “Chalo” Marín y, por supuesto, quizás el más grande hasta la semana pasada: Luchito Herrera. Estos gigantes y algunos otros que se pierden en el confín de la memoria abrieron el camino para el resurgir actual del pedalismo criollo en las carreteras del mundo, gracias a las prodigiosas piernas de Rigoberto Urán, Sergio Luis Henao y Nairo, el nuevo monstruo del ciclismo orbital.

Algún lector desprevenido me reclamará por no nombrar a Rafael Antonio Niño o a Javier “el Ñato” Suárez, o a Miguel Samacá. Les diré por qué: aunque estos y muchos otros brillan con luz propia en la historia del ciclismo nacional, no figuran en la lista de monstruos que han hecho historia en los pavimentos de Europa. Muchos de ellos ni siquiera supieron lo que eran las duras etapas de “pavé”, por ejemplo. Pero tienen su lugar en la historia porque fueron la génesis del deporte que más le ha dado gloria al deporte colombiano. Esto no resiste análisis; es una verdad incontrovertible.

Prueba de la anterior afirmación es el oro de Mariana Pajón, la plata de Rigoberto Urán y el bronce de Carlos Mario Oquendo en los Olímpicos de Londres 2012. Claro, si de gloria se trata, no se pueden olvidar los triunfos olímpicos en pesas, lucha, boxeo, taekwondo, tiro, atletismo. Pero en cantidad y en calidad, el ciclismo saca varias máquinas de ventaja.

El fútbol, que tiene los aficionados más encarnizados, ha dado inmensas satisfacciones pero nunca como las que ha dado el ciclismo. Nuestro corazón, es verdad, lloró de emoción patriótica aquel lejano 5 de septiembre de 1993 cuando en el templo del fútbol argentino, once de los mejores futbolistas colombianos de todas las épocas les empacaron cinco golazos a los siempre soberbios argentinos que, humillados, tuvieron que agarrarse desesperados de un repechaje indigno de una selección de su alcurnia. Ese día, el gran Diego Armando Maradona desde la tribuna aplaudía con más ganas de llorar que de aplaudir. No lo niego: ver a esos monstruos como Diego Simeone y Gabriel Batistuta con la boca untada con el polvo de la derrota me llenó el alma. Y hoy, 20 años después, no consigo olvidar esa gesta futbolera. Claro, también porque no ha habido otra.

El pasado 20 de julio Colombia volvió a llorar de alegría por el descomunal triunfo de Nairo Quintana. Porque es un logro que, para muchos, es la más importante gesta en toda la historia del deporte colombiano. La actuación del ahora insigne boyacense es una proeza sin precedentes no solo en Colombia sino en toda América Latina. Porque Nairo es un sencillo hombre de campo con características propias de su región: es disciplinado, tenaz, entregado a su causa y a la de los suyos. Su mirada tímida y huidiza aparenta debilidad pero encierra la fortaleza propia de los grandes del mundo. Sin embargo, y esto es lo extraordinario, su sencillez no le alcanza para dimensionar la colosal hazaña que acaba de protagonizar.

Cuando ocurre algo así, uno como colombiano no puede menos que pensar cuán grande sería Colombia si sus hijos no estuvieran tan estigmatizados ante el mundo por culpa de una clase dirigente que hace de todo menos patria. Ver a Luis Bedoya, indigno representante del fútbol colombiano, en trance de robarse una pinche medalla, es bochornoso. Ver dirigentes juagados de la rasca después de una derrota internacional, como en aquel episodio del 9 – 0 con Brasil en el preolímpico de Londrina, o imaginar a Hernán Darío Gómez, en su momento flamante técnico de la Selección Colombia de mayores, perdido de la borrachera pegándole a su amante, etc., son episodios que lo hacen a uno declarar, sin temor a equivocarse, que los deportistas colombianos son inmensamente superiores a sus dirigentes y a sus periodistas. Así es y así será para séculas, aunque son los dirigentes quienes se apropian de los laureles y disfrutan de los premios en efectivo.

Por esta y otras muchas razones decimos: gracias, Nairo, por ser la otra cara, la limpia, de Colombia. Gracias por contarle al mundo que nuestra nación está formada por una inmensa mayoría de ciudadanos ejemplares y dignos. Gracias porque les recordó a los franceses que Boyacá aún existe para el ciclismo mundial. Gracias porque una victoria como la suya es un alivio fugaz para tantas y tan profundas heridas, abiertas por un puñado de paisanos malos e indignos de ser colombianos. Gracias por mi doble orgullo de colombiano y boyacense. Y gracias por permitirnos mirar al mundo con orgullo de guarapo y café. Con orgullo de mazamorra chiquita y cordero al horno. Con pola y guaro, a la espera de que un milagro nos salve de la ruina moral en que está sumida nuestra nación grande.

Colofón: el 20 de julio fue tanta la emoción que nos embargó por el triunfo de Nairo, que casi nadie habló de la pueril interrupción del tradicional desfile militar por parte del señor presidente para abrazar y besar a su hijo, el soldado Santos, cuyo mayor mérito patriótico fue marchar en la fila de la derecha para facilitar el pico presidencial… ¡Viva Colombia!

Categoria: General

TAGS:

1

1 voto2 votos3 votos4 votos5 votos
Loading ... Loading ...