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Tags de Posts ‘Cine’

03

03

2014

elmagazin

Han olvidado a ‘Nebraska’

Por: elmagazin

NEBRASKA

Bruce Dern interpreta a Woody Grant en ‘Nebraska’.

Juan David Torres Duarte Los Premios Óscar galardonaron, sobre todo, la destreza técnica con ‘Gravity’. Sin embargo, las historias en apariencia sencillas perdieron campo. Una defensa del filme de Alexander Payne. Nebraska, dirigida por Alexander Payne, fue injustamente olvidada en los premios de la Academia. Parece que ahora —o quizá siempre— la fuerza de la técnica le gana a la fuerza de las historias: por encima de las historias sencillas pero profundas, la maravilla de las dimensiones y los juegos digitales acaparan la atención. La Academia se vio bien servida con Gravity, de Alfonso Cuarón: una experiencia visual, que debe ser vista en pantalla grande, encerrado por la oscuridad del teatro. ¿Por qué olvidaron a Nebraska? Nebraska recuerda bien que para contar historias no es necesario deslumbrar con la técnica. Hay que cuidarla, sí, pero no convertirla en primer plano; el énfasis está en la historia, en sus rudimentos. Este relato es, en breve, de esta guisa: Woody Grant (Bruce Dern), un hombre ya viejo, quiere reclamar en Nebraska un premio falso de un millón de dólares. David (Will Forte), su hijo menor, busca desviar sus pretensiones. Sin embargo, decide acompañarlo en ese viaje, en el que se detienen por un momento para reunirse con su familia, siempre lejana y carente de afecto. En ese viaje sucede Nebraska. El filme, con la belleza antiquísima que otorgan sus imágenes en blanco y negro, retrata a un viejo cuya vida pasada es desconocida, demasiado oscura. Ésa es una de sus fortalezas: sabe ocultar para revelar. A pesar de que los datos biográficos sobre Grant son mínimos —alguna novia que conoció antes que a su esposa, otras tantas con las que se acostó—, Nebraska sabe que el pasado impacta con más fuerza en el presente que en el recuerdo; en el gesto de Grant tomándose una cerveza, menos amarga que su propia vida; en su mutismo infranqueable, de respuestas breves y secas; en su vestimenta descuidada, arrojada a la nada. Grant recuerda a esos grandes personajes que han encontrado en la amargura y la indiferencia el único modo de vivir, y que gracias a ello saben más de la condición humana que el resto de sus coterráneos. Ese pasado oculto juega a favor de la historia porque pesa como el hormigueo de un miembro cercenado: está, pero en realidad no está. Cuanto lleva Grant sobre sus hombros es el peso fatídico del pasado; no es necesario conocer detalles sobre él, sólo ver sus consecuencias. La interpretación de Bruce Dern anuda todas estas pretensiones con su tono de voz cercano a la carraspera, con su aparente demencia y el olvido total de sí mismo. ¿Cuánto pesa la vida? ¿Cuánto pesan los actos y las palabras que no se dijeron a tiempo? Nebraska es una película de ausencias. Pero toda la desdicha podría ser curada por un premio de un millón de dólares, que, de tanto que repite Woody Grant, parece real. Toda su esperanza se basa en un hecho falso, que él quiere controlar pero no puede, que él parece saber que es falso pero no lo acepta. Grant ha perdido toda su energía en un matrimonio que apenas cumple los vínculos religiosos, con un par de hijos a quienes nunca prestó atención y con una vida entregada a los demás en un pueblo pequeño y sin oportunidades. Es la tristeza y el arrepentimiento puestos en la carne, con cierta cantidad de decidida dignidad. Esta historia, que tiene la profundidad propia de la poesía, se apoya en planos lentos, diseñados con detalle, y con diálogos breves pero sentenciosos: Kate Grant, la esposa de Woody, enseñando sus calzones a la tumba de un antiguo conquistador; Woody Grant en el carro de su hijo, cabizbajo, con la gorra que le han dado como premio de consolación; la mirada fija de David antes de golpear a Ed Pegram, una venganza más allá del tiempo. Allí está la historia, la carne y el espíritu de seres humanos comunes que tienen luchas trascendentales. Allí está la historia real, la que crea arte, lejos de los computadores y los dígitos.

Categoria: General

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05

02

2014

elmagazin

El dinero, aquella religión

Por: elmagazin

Lobo (1) Juan David Torres Duarte ‘El lobo de Wall Street’ es el vigésimo tercer largometraje de Martin Scorsese. El filme, nominado en los Premios Oscar a mejor director y mejor película, retrata el exceso y la carencia de moral de un potente estafador, Jordan Belfort. ¿Es una mera exaltación sin sustancia? Un artículo de la revista Forbes bautizó a Jordan Belfort como ‘El lobo de Wall Street’. Belfort, ofuscado, criticó la publicación, criticó el mote. El apodo, sin embargo, llamó a estridentes oportunistas de aquí y allá, que arribaron a su oficina en coro religioso para pedirle una oportunidad de trabajo. El artículo, más allá de eclipsar su imagen o cuestionarla, la potenció: permitió que Belfort adquiriera una fama de mayor grado y que su negocio fuera incluso tildado como una forma de salvación. Belfort —interpretado aquí por Leonardo DiCaprio— vendía acciones de empresas chatarra; así formó su fortuna y construyó su breve imperio. El filme, dirigido por Martin Scorsese —Pandillas de Nueva York, La invención de Hugo Cabret, El aviador—, está basado en las memorias de Belfort, un corredor de bolsa que pagó 22 meses de prisión por fraude en Estados Unidos. Además del recorrido por su carrera, desde sus inicios en la firma Stratton Oakmont, El lobo de Wall Street retrata los excesos de su protagonista: dosis diarias de droga y sexo ilimitado, todo patrocinado por una abundante fortuna producto de la ingenuidad ajena. Puesto así, el filme apenas dibuja la vida superficial de un hombre que encontró un nicho y lo explotó hasta la saciedad. De un hombre con carencias morales y sin profundidad espiritual. A ello apunta, por ejemplo, la crítica de Manuel Kalmanovitz en Semana. “El lobo de Wall Street no tiene ninguna tensión interna, ni moral ni de otra especie. Para el personaje central, el dinero es un fin en sí mismo, no importa cómo lo consiga. A diferencia del protagonista de Buenos muchachos (otro de los filmes de Scorsese), que tenía ataduras emocionales y sentimentales con el crimen (‘desde que era niño quería ser un gánster’, decía) los deseos del personaje central acá son simples: ‘Siempre quise ser rico’”. Kalmanovitz apunta, al cierre de su crítica, que hubiera sido mejor reemplazar algunas de sus escenas orgiásticas por más “perspectiva”, “para que no se quedara en la celebración vacía de un estilo de vida”. El lobo de Wall Street, sin embargo, no es la “celebración” de valores carentes de sentido. Que el personaje de un filme no tenga tensión moral, no significa que pierda dimensión. De hecho, gana en perspectiva: a través de un personaje como Jordan Belfort, que carece de toda piedad, Scorsese y DiCaprio crean una imagen de esa sociedad que permite su crecimiento, que lo deja crear fortuna. “Siempre quise ser rico” es la declaración de un hombre casi típico en ese entorno: ésa fue, en buena parte, la razón de los narcotraficantes para ser cuanto fueron (y son). Jordan Belfort es un arquetipo de la sociedad de consumo, creado y apto para sobrevivir en ella. ¿No es posible encontrar, a través de su imagen, el reflejo mismo de una sociedad subyugada al mero crecimiento económico, al valor de demanda y oferta? De esa opinión es el crítico de cine Pedro Adrián Zuluaga. “Creo que la película de Scorsese es un tesoro de nuestro tiempo y una radiografía exacta –en términos artísticos– de las mafias que nos merecemos: autorreferenciales y sin ningún código distinto al del dinero”, escribió en la revista Diners. Retratar la estafa y la mafia tal como son, en su mero objetivo de conseguir dinero y prestigio, es un modo de retratar su moral: aquella sometida a la economía, aquella que no juzga ni pretende imponer paradigmas, sino sólo precios y balances. Una moral muy parecida a la de una sociedad en plena crisis económica. El filme de Scorsese no “celebra” los valores vacíos; hace de ellos un motivo para hablar de una sociedad vacía de valores reales. Y el filme, incluso, va más allá. En una de las escenas, Belfort anunciará su retiro. Sin embargo, a último minuto, tras una reflexión intempestiva, se arrepiente. En frente de todo su equipo de trabajo, que tiene las miradas puestas sobre él, en actitud de espera, de profecía, Belfort dice que se queda, que allí estará hasta que lo saquen, y su público responde entusiasmado, gritando y abrazándose, como en una celebración baquiana. Entre eso y una congregación de religiosos en plena exaltación de su fe no existe mucha diferencia. Scorsese explora las virtudes religiosas de la economía, y cómo Belfort es, en sí mismo, un líder religioso. Su dios es el dinero; su Biblia, las acciones de empresas chatarra. Belfort dirige aquella iglesia hasta el punto que hace llorar a uno de sus trabajadoras al recordar uno de los múltiples favores que le hizo. Favores de dinero, por supuesto. El fervor del dinero, el fervor de su puesta en escena: en dichas esferas explora El lobo de Wall Street la tendenciosa y cada vez más arraigada afición al éxito, al progreso, a la adquisición. ¿Todo esto carece de sustancia y se queda apenas “en la simple anécdota”, como afirmó Oswaldo Osorio en el sitio web Cinefagos? El filme carece, en efecto, de la perspectiva de las víctimas. No existe ningún momento en donde sea posible observar el efecto de los actos de Belfort sobre sus estafados. Scorsese, sin embargo, no está en la obligación de mostrar todas las perspectivas: no es un documental periodístico ni un registro de la memoria de las víctimas, es un filme. El arte siempre presenta fragmentos, perspectivas apenas mínimas de un mundo más amplio y en ellas excava hasta que encuentra ciertas luces. En un trozo encuentra un todo: en Belfort, Scorsese encontró a una sociedad ávida de dinero, expulsada de sus propios límites por decisión propia. Y eso da valor a cada fotograma.

Categoria: General

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20

08

2012

elmagazin

Enfrentarse a los fantasmas

Por: elmagazin

Con ‘The lady’ (‘Amor, honor y libertad’), el cineasta Luc Besson dibuja la vida de la ganadora del Premio Nobel de Paz, Aung San Suu Kyi, mientras Birmania colapsa.

Lorena Machado Fiorillo (*)

No era un arma la que le apuntaba a su cabeza, una hilera de uniformados con pañoleta roja estaban señalando su muerte con rifles y le impedían dar siquiera un paso hacia el lugar que había elegido para hacer campaña política pero ella, evocando a su padre, al líder que algún día masacraron, caminó como si estuviera sola. Un paso, otro, si da uno más la mato, el sonido del gatillo, aquellos ojos cerrados, una llamada, la salvación momentánea.

Categoria: Cine

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19

08

2012

elmagazin

Rescate al amanecer (2007): Fuga existencialista…

Por: elmagazin

Luis Carlos Muñoz Sarmiento (*)

Vietnam, 1965. Rescue Dawn o Rescate al amanecer, del cineasta alemán Werner Herzog (nacido Werner Stipetic, Münich, 1942), podría pertenecer igual al género guerra que al de drama existencial o al thriller psicológico. En efecto, la historia real del piloto germano Dieter Dengler quien luchando a nombre de Estados Unidos en Vietnam se accidentó en su avión Douglas A-1 Skyraider y cayó en manos de guerrilleros de Laos, fue llevado luego a un campo de prisioneros de guerra y por último en compañía de unos pocos huyó es, a dosis iguales, un filme anti-bélico como uno de corte existencialista o psicológico.

Categoria: Cine

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28

04

2012

elmagazin

La rana y el escorpión

Por: elmagazin


Lorena Machado Fiorillo (*)

Hubo una vez un escorpión que le pidió a una rana que lo ayudara a cruzar el río en su espalda, pero ella reacia y terca, dudaba de que en el camino él le clavara su aguijón y la matara. El escorpión insistía en que si eso pasaba morirían ambos y era un riesgo que rayaba con la estupidez, así que por qué no emprender el viaje. Arrancaron como si fueran equipo, como si supieran que se estaban jugando la vida y, a mitad de camino, el escorpión picó a la rana, le impregnó todo su veneno. Mientras se hundían, mientras el aire se volvía agua, ella le preguntó ¿por qué lo hiciste? Y él, agonizando, le dijo “no tuve elección, es mi naturaleza”.

Categoria: Cine

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27

04

2012

elmagazin

La necesidad de refugio

Por: elmagazin

Lorena Machado Fiorillo (*)

Hay un inspector de policía vestido completamente de negro, con sombrero y bigote, serio, impávido, de caminar pausado y amplios silencios. Si fuera más bajo y gordo, recordaría a Hernández y Fernández de ‘Las aventuras de Tín Tín’,  porque así su imagen se aleje de un aspecto bonachón, en el fondo lo es. Hay un niño con la misma cara de sorpresa cada vez que aparece, una señora con gestos de tragedia, una perra a la que siempre pasean, un cantante de rock y está Marcel, un limpiabotas con el alma atada a escribir, a quien las casualidades le han dado la misión de ayudar a que alguien cruce ilegalmente la frontera.

Categoria: Cine

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03

04

2012

elmagazin

Alguien se inventó a Catalina

Por: elmagazin

Hernán Torres Iregui (*)

(A propósito del festival de cine de Cartagena)

A

lgunos patricios de nuestra querida Cartagena -La Heroica-, a pesar de haber acumulado envidiable experiencia organizando a lo largo de los años el reinado nacional de belleza, no lograban encontrar a una mujer que tuviese los atributos necesarios para convertirse en símbolo del Festival de Cine. Felizmente, un patricio soñador convirtió ese sueño en realidad pidiéndole al artista que le esculpiese a una reina de fantasía. Y, la que se le vino a la cabeza fue una aborigen.

Categoria: Cine

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28

02

2012

elmagazin

El primogénito

Por: elmagazin

Lorena Machado Fiorillo (*)

Hay una rata en el triturador de comidas dando vueltas, una pelota roja de plástico que no rueda cuando debe, un pediatra que dice que no existen indicios de problemas, están las paredes rayadas, el coche estático al lado de un obrero que maneja un taladro con el fin de que el bebé deje de llorar, de que se calle de una vez por todas, pero el lloriqueo se hace agudo, el exaspero sobrepasa el nivel normal de decibeles y ese bebé es el mismo que después se masturba frente a su madre sin rastro alguno de vergüenza. Su nombre es Kevin.

Categoria: De fondo

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17

02

2012

elmagazin

Retrato de familia

Por: elmagazin

Después de siete años de ausencia en el cine, Alexander Payne recibe cinco nominaciones a los premios Oscar con su nueva película ‘The descendants’.

Lorena Machado Fiorillo (*)

Matt King corre por la arena convencido de que entre más veloz sea, entre más rápido el viento golpée su rostro, así mismo se irá el dolor que siente y tal vez de ese modo la ira que guarda se esfumará de a poquitos. A la derecha, el mar de Hawái, azul, mezclándose con el atardecer, a la izquierda, casas de playa, niños haciendo castillos de arena, de frente él, ¿Él? ¿Lo está imaginando acaso? ¿Quién trota en dirección contraria a la suya será el hombre que ha estado buscando por días? ¿El amante de su esposa en coma? ¿Él?

Categoria: De fondo

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09

02

2012

elmagazin

La extraña

Por: elmagazin

En un pueblo del Mississippi en los años 60, una joven decide escribir sobre el trato que las señoras les daban a sus criadas negras.  “The help”, dirigida por Tate Taylor, es una de las nominadas a los premios Oscar como mejor película.

Lorena Machado Fiorillo (*)

Mirarlas en esos vestidos ceñidos, con peinados estáticos que ni se perturban con el viento, verlas ahí como figurines de la tradición, dueñas de hogares sin alma, esclavas de las apariencias, los comentarios y los juegos de cartas, dispuestas únicamente a parir herederos para ignorarlos la mayor parte del tiempo y arrojárselos con desprecio a las criadas, mirarlas así, en las mañanas, en las noches, mirarlas y aborrecerlas porque pululan como la peste.

Categoria: Cine

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