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	<title>El Magazín</title>
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	<description>La cultura a sólo un click</description>
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		<title>El &#8220;Indio Jaramillo&#8221;. Biófilo en el Amazonas</title>
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		<pubDate>Tue, 14 May 2013 19:00:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>elmagazin</dc:creator>
				<category><![CDATA[De fondo]]></category>

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		<description><![CDATA[Mi amor a todo lo que tiene vida (…) No creo ni afirmo nada. Vivo. La vida es una especie de agradecimiento mutuo Biófilo Panclasta Marco Tobón Tiene una hermosa piel cobriza, el cabello negro y largo recogido en una “cola de caballo”. Pocas veces lleva camisa, tiene en su rostro diseños uitotos pintados con [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><a href="http://blogs.elespectador.com/elmagazin/2013/05/14/el-indio-jaramillo-biofilo-en-el-amazonas/p-2/" rel="attachment wp-att-4497"><img class="aligncenter  wp-image-4497" alt="" src="http://blogs.elespectador.com/elmagazin/files/2013/05/p.jpg" width="323" height="478" /></a></p>
<p><!--[if gte mso 9]&gt;--></p>
<p style="text-align: right"><i><span lang="ES" style="font-size: 10.0pt;color: #333333">Mi amor a todo lo que tiene vida (…)</span></i></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt;text-align: right;line-height: normal;background: white" align="right"><i><span lang="ES" style="font-size: 10.0pt;color: #333333">No creo ni afirmo nada. Vivo.</span></i></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: 0.0001pt;line-height: normal;text-align: right" align="right"><i><span lang="ES" style="font-size: 10.0pt;color: #333333">La vida es una especie de agradecimiento mutuo</span></i></p>
<p class="MsoNormal" style="margin-bottom: .0001pt;text-align: right;line-height: normal" align="right"><b><span lang="ES" style="font-size: 10.0pt;color: #333333">Biófilo Panclasta</span></b></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: left"><strong>Marco Tobón</strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: left">Tiene una hermosa piel cobriza, el cabello negro y largo recogido en una “cola de caballo”. Pocas veces lleva camisa, tiene en su rostro diseños uitotos pintados con achiote, en su pecho descubierto exhibe un collar de dientes de macaco y en su cabeza  una corona de plumas azules y amarillas de guacamayo.  Muchas veces lleva puesto un <i>jean</i>, unas botas de caucho y un machete –oxidado- al cinto.  Tiene los atributos físicos de un guerrero. Muchos de los turistas que llegan a Leticia-Amazonas, su ciudad, lo confunden con un misterioso sabedor llegado de lo profundo de la selva.  Adalberto Jaramillo Soto, conocido entre los leticianos como el “Indio Jaramillo”, desborda esa capacidad polifacética de los indígenas amazónicos. Siempre andaba en su triciclo de carga, después de que se lo robaran, se consiguió una bicicleta en la que recorre Leticia y sus alrededores cargando unas veces leña, otras veces arcilla, fibras vegetales, estufas destartaladas, por momentos se anima a trabajar como deshierbador de jardines, reparador de goteras, ha sido actor protagónico del filme leticiano “Despierta Juan” y ferviente lector de poesía, de la que dice que “leer poesía es parte de mi vida, es mi pastilla, mejora mi salud, me hace dormir bien”. Admirador del peruano Ricardo Palma, del mexicano Amado Nervo, de Porfirio Barba Jacob, del “Tuerto” López, de José Asunción Silva, del santandereano Ismael Enrique Arciniegas, con el que me agarró un día por sorpresa con su poema  “A solas” declamándolo de memoria. <span id="more-4496"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: left">“La primera poesía que me aprendí –afirma “Jaramillo”- dice así: ¿Quieres que hablemos? Está bien empieza:/Habla a mi corazón como otros días&#8230;/¡Pero no!&#8230; ¿qué dirías? /¿Qué podrías decir a mi tristeza?/&#8230;No intentes disculparte: ¡todo es vano! /Ya murieron las rosas en el huerto; /el campo verde lo secó el verano, /y mi fe en ti, como mi amor, ha muerto (…)”. Fue la primera vez en mi vida que escuché estos versos, con la fascinación de escucharlos de la boca de un indígena amazónico. Los indígenas gozan de una profunda sensibilidad poética, contemplando los sentidos trágicos, eróticos, fúnebres, alegres, fatales contenidos en toda existencia, y que se hallan presentes en sus propias habilidades narrativas, en sus <span style="font-size: 10.0pt;line-height: 115%">mitos</span>, en sus pensamientos, en las experiencias humanas que viven frente a la naturaleza, ante los animales de la selva y frente a los encuentros desafiantes con la historia de los no – indígenas.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">Recuerdo que un día lo vi forcejeando con una boa de cuatro metros en la carretera Leticia-Tarapacá, fue uno de esos encantadores sucesos amazónicos que maravilló a moto-taxistas, conductores de buses, ciclistas, transeúntes, turistas despistados, hasta la policía ambiental que llegó al lugar no dejaba de tomar fotografías sintiendo cierta peligrosidad. La congestión vial aquella vez fue monumental, “Jaramillo” arrastraba de la <i>cola</i> a la gran boa, una señora gritaba, otro decía que entre todos la lleváramos al monte, todos expresaban su impresión y por unanimidad gobernaba la convicción de que aquel animal fantástico merecía seguir viviendo en la selva. En medio del alboroto un señor conmovido dijo que se sentía orgulloso del Amazonas, y una turista, a todas luces paisa por su acento, afirmó que “eh!, ustedes aquí pa’ qué “Animal Planet” si lo tienen al frente todo el tiempo”. Finalmente la policía ambiental llevó a la gran boa a su estación de comando asegurándonos que en “en próximas fechas el respectivo animal retornará a su respectivo hábitat”.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">La primera  impresión que tuve cuando conocí a Adalberto Jaramillo, un día de diciembre de 2002 en Leticia, fue que era un hombre feliz. Es un hombre dicharachero, sociable y expresa abiertamente sus sentimientos, muchas veces cuando me lo encontraba después de sus múltiples labores, bañado en sudor y con sus manos untadas de todos los colores de la tierra, se bajaba de su bicicleta de carga, la misma que fue robada y en la que llevaba un letrero que decía “Soy indio ¿y qué?”, y me daba unos amigables y gigantescos abrazos que más allá de las prevenciones, escurrían  humanidad. El día que aceptó esta entrevista “Jaramillo” nos estaba esperando a Enric Cassú –un querido amigo catalán que le ha declarado su amor a la Amazonia &#8211; y a mí en la panadería en la que suele desempeñar “oficios varios”, como diría un formulario del DANE, desde proveedor de leña, hasta estucador de paredes rotas. Aquella vez Enric pidió un jugo de mora, yo seguí la misma ruta anti-etílica con maracuyá y  “Jaramillo” decidió pedir un “pintado con un pan redondo”.  Al preguntarle sobre sus orígenes, afirma con orgullo que “de la unión de un paisa y una paisana uitota, nació este paisano”. “Jaramillo” fue fecundado por un paisa andariego y una mujer uitota igualmente aventurera que hoy vive en Chile junto a uno de sus hijos. “Jaramillo”, como todos, es hijo de los azares de la historia, pero con la particular condición de ser resultado del encuentro entre andinos y amazónicos, germinado de  los viajes por ríos y trochas, hijo de la frontera, parte del substrato cultural indígena sobre el que se erige la Leticia contemporánea.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">“Jaramillo” tiene una misteriosa fuerza provocadora, se presenta en sociedad según su parecer, con su corona de plumas y sin camisa, enfrenta los prejuicios racistas con toda alegría y honor. Digo esto porque hoy predominan los necios reclamos a las culturas indígenas a quienes se les exige como pruebas de identidad todo un repertorio museográfico, trajes rituales, máscaras, cuerpos desnudos, lenguas intactas. Esto es querer ocultar el curso cambiante de la historia, querer reproducir las imágenes dominantes de turistas ilusos, funcionarios confundidos y antropólogos estúpidamente románticos que tienen en mente la conservación del exotismo. La identidad indígena se construye en las transformaciones de la historia, ésta no depende de las imágenes exigidas por los forasteros que aún creen en los “salvajes”. Cuando el “Indio Jaramillo” exhibe, como un caso excepcional en las calles de Leticia, su corona de plumas, sus pinturas en el rostro y su collar de dientes de macaco, no lo hace por complacer a alguien, menos a extraños turistas, lo hace porque simplemente le da la gana y se siente bien.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">-“Yo me siento incómodo cuando no me visto así. Yo me pinto, me pongo mi corona, ando sin camisa, me pongo mis collares, así me siento feliz. Vea, un día me fui a votar en las elecciones a la gobernación, y llegué allá, y la policía no me quería dejar entrar. Yo estaba sin camisa, con mi corona, con mis collares y mi pintura. El policía era un leticiano. Yo le dije, ‘usted hermano es de acá del Amazonas, pero usted ya no es indio, ¡usted es de la raza policía!, entienda que yo tengo mi cultura, mi tradición, yo no puedo ser lo que no soy, yo soy lo que soy. ¡No tengan pena!’”.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">“Jaramillo” –le pregunté –alguna vez me habló de su concepto de “grindio”, una reflexión que usted hacía sobre la situación de los pueblos indígenas. ¿Qué es un <i>grindio</i>?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">-Resulta que yo muchas veces me siento insatisfecho de ver cómo mis paisanos, de todas las etnias, de todos los países, no practican su cultura, aunque sepan su lengua dicen que no saben, mi gente se niega a ser como es, o como somos. No son indios, son <i>grindios.</i> Yo los veo con el cabello pintado de rojo, por acá amarillo, por acá otro color, eso se puede admirar, pero ¿por qué no admiran lo de acá? Ellos no quieren ser indios, quieren ser <i>grindios</i>.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">La vocación escénica innata en “Jaramillo”, como es lógico suponer, lo llevó al cine. A causa de un evento fortuito que conspiró con su habilidad histriónica, apareció en el momento preciso para ser fichado para protagonizar en el 2006 el primer filme leticiano, “Despierta Juan”, bajo la dirección del amazonense Julio Cueva. “Yo estaba en la bicicleta vendiendo tortas en la calle –narra “Jaramillo” &#8211; , y dije, me voy por acá, después me meto por aquella calle, luego por allí, y de repente vi en la esquina de Inravisión, ahí por donde hay un supermercado, yo vi un montón de gente, y dije ¿y esto qué paso aquí?, ¿hay un muerto, un velorio, quién sabe? Me acerqué ahí, cuando yo miré a “Terremoto”, ¿conoce a “Terremoto” o no?, Julio Cueva se llama él. Es un muchacho muy indio, muy amazonense, quiere mucho a este territorio. Yo llegué ahí y “¡a la orden, a la orden, a la orden, tortas, tortas, torticas!”. Cuando Julio dijo, “huy indio, venga p’acá, venga p’acá”, y yo ¿qué pasó?, y dijo “indio, yo lo necesito. Es que aquí están los muchachos esperando para ver quién puede hacer el papel para una película”, ¿para una película?, le pregunté. Y yo ¿para qué le puedo servir?, ¡para cargador de maletas será! Y dijo, “no indio, usted tiene talento y vamos a cultivarlo”. Y yo le respondí, hermano pues a mí me gusta el teatro, la poesía, yo estuve en un concurso de declamadores en el Banco de la República de Leticia y yo me lo gané con el “Brindis del Bohemio”, popular ¿no?, del indio Duarte. Y a Julio le gustó mucho mi forma de expresión y conocedor de la cultura ¿no? Y me dijo, usted va a desarrollar este trabajo cinematográfico. Y de los sesenta que estaban buscando el papel protagónico para la película, quedé yo. Y ahí me quedé en “Despierta Juan”. Rodamos durante 22 días. Después estuvimos en Barranquilla, en Medellín, en Cali, en Bogotá, por supuesto, y después me mandaron otra vez para acá.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">¿Y en qué consiste la historia de “Despierta Juan”?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">“Despierta Juan” trata de cómo los indígenas llegan a la ciudad desde su comunidad sin ningún proyecto de vida, sin conocer a nadie. Viendo que los trabajos que él sabe hacer no le sirven a la ciudad, él sabe sembrar, él sabe cazar, pero ¿quién va a necesitar un cazador en la ciudad?, ¿quién va a necesitar un sembrador de yuca? ¡Nadie! Entonces el indígena llega a la ciudad y fuera de eso, es maltratado, es despreciado, es discriminado, y se olvida de su cultura, su idioma, todo se le está olvidando. Entonces el indio se convierte en un pordiosero, en un habitante de la calle, un <i>vagamundo</i>, es ultrajado. Y maltratado no solo verbalmente, sino con la forma de actuar del hombre de la gran ciudad. Fuera de eso si se enferma no lo atienden porque no tiene ningún seguro. El político lo explota, lo engaña. Como yo digo, el indio, cuando hay política, engorda, el indio de la ciudad, porque le dan comida gratis en las sedes políticas, pero se acaba la política y el hombre se queda sin comer, entonces enflaquece. Y eso es lo que se critica en “Despierta Juan”.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">En una ciudad de 39.000 habitantes, como Leticia, resulta probable encontrarse con “Jaramillo” en algún momento del día. Además es un personaje conocido, cuya importancia cultural va más allá de ser una figura pintoresca en la que muchos creen hallar un pretexto para bromear. “Jaramillo” es un hombre autónomo, rebuscador de su sustento, algunas veces explotado por los que siempre se quieren aprovecharse de la bondad ajena y consecuente con su idea de “vivir siempre alegremente”. Una charla con “Jaramillo” en la calle es permanentemente interrumpida por transeúntes que lo saludan, niños que le dicen “qué hubo indio”, y que reciben de él la misma respuesta con toda festividad “¡Ole, qué hubo indio!”. “Jaramillo” tiene una notable presencia en la vida de las calles de Leticia, se le ve con toda autoridad viviendo su ciudad mientras trabaja en su bicicleta, sin camisa, con botas de caucho y una sonrisa emplumada. A mi modo de ver, “Jaramillo”, nacido de las entrañas de la Leticia indígena, tiene más méritos para ser exponente de la vida amazónica que el mismo Kápax. Sé que las comparaciones son odiosas, pero Kápax ha recibido todos los reflectores como símbolo amazónico, apenas granjeándose el cariño mediático de toda Colombia. El “Indio Jaramillo”, a fin de cuentas, representa otra historia, el desafío de forjar su respeto cultural en una Leticia extraviada entre el egoísmo de comerciantes, militares y políticos racistas. Su vida es la metáfora de esa historia amazónica de indios que se debaten entre la defensa de su vida cultural en medio de la seducción dominante del mercado. “Jaramillo” ha sido testigo de la transformación y crecimiento de Leticia, una ciudad que él mismo vive y construye sintiéndose indio, una ciudad compartida por indígenas de varios pueblos y otros pobladores venidos de Bogotá, de la Costa Caribe, paisas, peruanos, brasileños. Con “Jaramillo” uno empieza a comprender aquello de que dime con quién compartes la ciudad y te diré quién eres.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">- “Jaramillo” -le preguntamos- usted qué piensa de cómo está Leticia, nosotros la vemos llena de huecos.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">- Vea, ahora que dice hueco, ahí había un hueco grandote, ahí en toda la esquina de la panadería, medía como dos metros de hondo. Yo me sentía incómodo con ese hueco, entonces me fui y me conseguí una cartulina y empecé, “Atención”, en la cartulina, “Atención, soy madre soltera, tengo muchos hijos, cumplí 147 años de edad, madre soltera y viuda, busco marido responsable, si no pueden conmigo entreguen la llave. Atentamente, Leticia la Rota de Hoyos. A los días aparecieron seis obreros tapando el hueco. Pero ahora falta tapar aquellos otros, como ese que está frente al supermercado León, yo puse otro aviso, “Soy un hueco moderno, vivo en la ciudad, soy patrimonio turístico de la ciudad de Leticia y del Amazonas, bienvenido a Colombia les dice este hueco moderno, atentamente, alcaldía municipal”, ese lo taparon a los dos días de puesto el aviso.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">Como buen indígena amazónico hace lo que le apetece y decide dónde, cómo y cuándo hacerlo. “Jaramillo” ha sabido burlar las presiones económicas con las que la ciudad suele desafiar la vida de sus habitantes; las relaciones patronales le generan repugnancia, le causa urticaria la idea de cumplir horarios, de consentir los caprichos de una autoridad ajena a su fuero de indio urbano. Es un espíritu indígena amazónico que anda suelto a su antojo por las calles de Leticia. Una tarde se encontró con un turista holandés con el que trocó algunas palabras, las suficientes como para derivar de ellas, súbitamente, un acuerdo para emprender una osada incursión a lo  más inhóspito de la selva. Es recordada en toda aquella triple frontera la algarabía que se armó cuando se supo que el “Indio Jaramillo” llevaba más de dos días perdido en la selva con un turista holandés. En aquel momento gravitaron mucha especulaciones, en las cafeterías se comentaba que los “habían asaltado”, que “el gringo se había enfermado en la selva y “Jaramillo” no supo atender la situación”, un amigo cercano llegó a comentarme con insistencia que “se perdieron porque el “Jaramillo” no conoce la selva, ese es un indio urbano, se le enredaron las trochas del monte”.  En la emisora local se anunció la situación de alerta por el extravío de un euro-ciudadano, natural de los Países Bajos; de “Jaramillo” no se dijo mucho, quizás por ese complejo nacional de actuar servilmente hacia el gringo y con desprecio hacia el indio, o bien por la contradicción que encerraba la idea de concebir a un indio amazónico perdido en su propia selva. Finalmente terminó por movilizarse una comisión de búsqueda conformada por la Policía Nacional, la Defensa Civil y cuatro indígenas uitotos del lugar, quienes a fin de cuentas eran los únicos que conocían el territorio y los entresijos en el monte. La policía y la Defensa Civil, auto-fumigados en repelente y con botas nuevas, marchaban tras ellos.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">- “Jaramillo” –le pregunto- qué pasó en aquella aventura con el turista holandés, ¿es cierto que se perdieron?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">- El amigo holandés me dijo que quería conocer la selva, y estando dentro de la selva él me dijo “yo quiero caminar más, yo quiero conocer más al fondo”, y yo le dije, pues si usted quiere conocer, ¡vamos!, esta va a ser una aventura que usted nunca la va a volver a vivir, y me dijo “¿por qué?”, pues porque no tenemos comida, pero comida la conseguimos, no tenemos luz, no tenemos agua –se nos había acabado el agua-, podemos tomar agua de las quebradas, y nos fuimos. De la maloca de Gustavo Macuna nos metimos, caminamos dos días en el monte, no teníamos linterna, no teníamos nada. En esas dos noches ¡nos cogió un aguacero el verraco!, había un palo grueso, con un diámetro como de dos metros y medio, grueso, grueso, y en la raíz de ese palo escarbamos, pusimos unas hojas y ahí nos quedamos dormidos los dos. En esa oscuridad, cuando llueva y llueva, cuando vimos que el agua estaba ya cerquita, se nos perdió el camino, pero cuando el agua bajó vimos de nuevo la quebrada para donde corría. Y él me pregunta ¿cuándo salimos?, y yo le dije, hoy salimos, hoy es el tercer día y vamos a salir. Y verdad, nos vinimos, vinimos, vinimos, vinimos, cuando como a las 10 de la mañana debían ser, vi que salió un avión así, ñiiiiiuuuuuuu, y dije, por aquí es, y cortamos un tramo de camino. No vamos a ir por el camino por donde vinimos, le dije al amigo, y cortamos sin camino, cortando, pura malicia indígena. Y yo le decía, sígueme, sígueme y no te preocupes, no se sienta perdido, si por aquí viene el avión, hacia allá debe estar la carretera principal. Cortamos monte sin camino, y salimos de nuevo a donde partimos, a donde los macuna, ahí llegamos, llegamos a las 11 de la mañana, del sitio donde dormimos salimos a las 4 de la madrugada, ¡figúrese!, sin luz, con machete y ni qué culebra ni qué nada, nos vinimos raaan, raaan, queríamos ya salir porque mucho zancudo, frío y ya la comida se nos agotó, claro que en el monte encontramos frutas, castañas. Cuando llegamos vimos que venía un poco de gente, y yo dije, ¿pero toda esta gente qué es?, y era la Defensa Civil y la Policía diciendo que iban a buscarnos, y yo les dije ¿ustedes a dónde van?, y dijeron, “vamos a buscarlos a ustedes que están perdidos”, ¿nosotros perdidos?, les dije, ¡no!, ¿<em><span style="font-family: 'Calibri','sans-serif'">quién</span></em> dijo que un indio se pierde en el monte? Nosotros no estamos perdidos, nosotros nos fuimos porque el amigo me dijo que quería más aventura, ahí está la aventura, aquí estamos. Oiga y el holandés me dijo “me gustó mucho, pero yo no lo vuelvo a hacer”.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">Recuerdo que en esa noche amazónica de junio en la que hablaba con “Jaramillo”, en aquella panadería de mesas y sillas rojas, una televisión encendida a todo volumen emitía los mismos dramas planetarios de siempre, la corrupción, la proclividad de los políticos a juntarse con criminales, los desbordamientos previstos de los ríos y también de la vanidad. En algún instante en la televisión vimos al expresidente de Brasil Luíz Inacio Lula da Silva. “Jaramillo” me mira ansioso y me dice, “yo conocí al presidente Lula en Manaus”. Lo miro con sospecha, pues “Jaramillo” a fin de cuentas es heredero de esa habilidad oral uitota que algunas veces se utiliza para deslumbrar a antropólogos inocentes y de esa manía paisa de usar siempre la hipérbole. ¿En serio, cómo fue la historia?, le pregunto</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">-Yo tengo un amigo tukano, Manuel Moura, él tenía contactos con la FUNAI de Brasil –Fundación Nacional del Indio – y él ya me había visto por la televisión y en periódicos, y me llevó a un Foro Social Pan-Amazónico, primero en Manaus, y que después se realizó en Belém do Pará. <span lang="PT-BR">En ese momento había muchas protestas de muchos pueblos indígenas del Brasil contra la FUNAI, y yo tomé la palabra en el foro y hablé, en portugués claro, “Desculpem amigos, vou mudar do tema porque nos temos uma coisa muito importante, as necessidades para nos como índios, nossos irmãos estão na luta, neste momento, aqui na sede da FUNAI, mais de trezentos índios estão ali, nos devemos unir-nos a eles, para acompanhar a luta a favor deles que é nossa luta também. Sim vocês não participam eu vou sozinho, muito obrigado”. </span>Oiga y yo salí y toda la gente salió detrás de mí, se fue toda esa gente, cuando llegamos, eso estaba la policía, el ejército, y armamos tumulto respaldando a los indios que estaban ahí, y eso empezamos a cantar nuestros cantos indígenas, hasta la policía se emocionó y también se metieron a cantar con nosotros. Oiga y se logró que la FUNAI respondiera por los problemas de los indios. Ese día el presidente Lula llegó a Manaus, era la primera vez que lo encontraba, y yo le dije “sou indígena amazônico, do Alto Solimões, sou cocama”, pasé por cocama, que también hay en Brasil, y nos saludamos, le dijimos que había mucha corrupción en la FUNAI, y que los indios de la Amazonia precisábamos mucha atención, que teníamos muchos problemas. Así fue, son cosas de la vida.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">“Jaramillo” vive solo en una humilde casa de Leticia, asegura que en su vida intentó convivir en oportunidades distintas con dos mujeres, pero que “los seres humanos somos muy complicados, yo preferí vivir solo”. Los seres humanos, nosotros, estas caprichosas criaturas, tanto los condenados a un destino sin suerte económica, como los más potentados, resumen muchas veces la vida en buscar la satisfacción a sus deseos, en buscar con obsesión la riqueza, perseguir a toda costa el éxito, el prestigio, van tozudamente detrás del ego hecho a la imagen y semejanza del mercado, orientados por las expectativas de la vanidad, les cuesta admitir que su modo de vida ha derrotado, en franca lid y sin árbitro, las oportunidades de vivir libremente. Perseguir la falsa felicidad como fin en sí mismo, parece que eso a “Jaramillo” lo tiene sin cuidado. Seguramente como humano el “Indio Jaramillo” también está expuesto a resbalar en el terreno caprichoso del egocentrismo, pero lo que resulta más curioso es que “Jaramillo”, a diferencia de las búsquedas de otros engreídos, se siente feliz hallando en la calle, de modo fortuito, como si se tratara de la alegre visita de un pájaro, zapatitos de niños. El día que me contó que le gustaba coleccionar zapatos abandonados y perdidos de niños, me pareció una extravagancia demencial, pero totalmente respetada, pues para él hallar un zapatito extraviado resultaba ser un impensado encuentro con la felicidad. Admito mis preconceptos con los coleccionistas, habrá casas que tendrán colecciones de cuanta chuchería inimaginable, cual bodegas de reciclaje, pero que resultarán a fin de cuentas menos dañinas y peligrosas que ir acumulando aversiones y fantochadas.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">“Jaramillo” – le pregunto- ¿cómo es eso de que a usted le gusta coleccionar zapatos de niños?</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify">- ¡Ah! Sí, a mí me encanta. Vea, el viernes santo yo me encontré un zapatico hermoso, después me encontré otro. Y me gusta coleccionarlos, pero que me lo encuentro en la calle, no que me lo regalan, ¡que me lo encuentre! Y para mí es un hobby, un hobby bonito, los tengo guardaditos. Qué día me encontré, no le voy a mentir, me encontré un balde lleno de zapatos, eso fue por allá que me fui a limpiar el jardín de una casa, y yo miré y dije “doña ¿y estos zapaticos?”, me dijo, “¡ah esos zapatos bótelos!” y yo “¡ah bueno!”, mentiras yo los cogí y los lavé y ahí los están arreglando, ¡cómo están de bonitos esos zapaticos!</p>
<p>La faceta de la vida del “Indio Jaramillo” que conozco es la de un hombre con pocos conflictos, excepto los que supone vivir en este país. Pero contrario a lo que decía Onetti, que una persona feliz es una persona sin historia, “Jaramillo” pese a la felicidad que muestra, es expresión de la historia misma del Amazonas, seguramente también “Jaramillo” tendrá historias marcadas por la confusión, por la ira, por la desdicha, los gajes que siempre trae consigo el proceso de estar vivos. “Jaramillo” al menos siempre que me lo encuentro y comparto con él en esta excéntrica Leticia, se muestra como un ser humano que aún conserva la alegría de vivir, es un <i>biófilo</i> amazónico, que suscita en los otros, a veces insospechadamente y sin proponérselo, alegría. Simplemente vive, acepta el hecho de vivir sin la ansiedad por el reconocimiento o el protagonismo histórico, y esto ya es un aporte fundamental en un país habituado al trato inhumano y entretenido en derrotarse a sí mismo. Junto al “Indio Jaramillo” vale la pena repetir las palabras del anarquista colombiano Biófilo Panclasta: “la vida es una especie de agradecimiento mutuo”.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><em>Fotos: Blanca Yagüe / José Miguel Nieto.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>El monohumano</title>
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		<pubDate>Mon, 06 May 2013 20:46:57 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[La esquina del cuento]]></category>

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		<description><![CDATA[Aline Hernández* La conocí en un fiesta, un dizque concierto al que fui a dar por pura casualidad, caminaba por una de las calles de la condesa, de esas donde uno encuentra todavía ruinas arquitectónicas de lo que fue el porfiriato, aquella dictadura que sigue presente aunque nos funcione pensar que no. La cuestión es [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><a href="http://blogs.elespectador.com/elmagazin/2013/05/06/el-monohumano/people-party_00313989-12/" rel="attachment wp-att-4490"><img class="aligncenter  wp-image-4490" alt="people-party_00313989" src="http://blogs.elespectador.com/elmagazin/files/2013/05/people-party_0031398911.jpg" width="691" height="432" /></a></p>
<p style="text-align: left"><strong>Aline Hernández*</strong></p>
<p style="text-align: left">La conocí en un fiesta, un dizque concierto al que fui a dar por pura casualidad, caminaba por una de las calles de la condesa, de esas donde uno encuentra todavía ruinas arquitectónicas de lo que fue el porfiriato, aquella dictadura que sigue presente aunque nos funcione pensar que no. La cuestión es que iba caminando esperando poder dejarla atrás, desde hacía meses estábamos teniendo un chingo de problemas y yo ya no podía más. Quiero asumir que ella sentía lo mismo, pero ninguno encontraba todavía el modo de traducirlo en palabras. Con las mujeres siempre es lo mismo, te quieren decir algo y te dicen lo contrario a la espera de que tú adivines qué están queriendo decir y se los hagas saber. Más complejo, imposible. Y pensar que hace cinco minutos estaba todavía dentro del coche con ella, deja de manejar así me dijo, primero bien bajito, como una chiquita bien portada y mansita que está temiendo por su vida, tremenda zorra, hace tres minutos me estaba pegando unos gritos que por su peculiar sonoridad, puedo entrever que todos los cohabitantes de alrededor se involucraron involuntariamente en la historia. Vamos tarde le respondí y seguí acelerando sin miedo a estamparme, total, podría en caso de suceder, funcionar como parteaguas de esta obsoleta convivencia que cada día adquiría más toques de <i>sadomasoquismo</i>. Me pregunto qué hubiera dicho él de haber vivido <i>vouyeristamente</i> este panorama que ambos planteamos, ninguno encuentra el valor para salir y cada día pesa más el sutil encierro al que nos estamos sometiendo. Entonces, se empezó a poner cada vez peor, ya estás gritándome otra vez le dije, ya bastante harto de la situación. Empezó de pronto a llorar como loca, de verdad parecía que acababa de abusar de ella. Me orille mientras sus lloriqueos se volvían cada vez más molestos. Apague el coche y me baje. A dóoooonde vas me dijo sacando su cabeza por la ventana, me le quede viendo, todavía era guapa, el pelo se le pegaba a las mejillas debido a tanto líquido recientemente derramado, sus ojos se volvían casi verdes entre las lágrimas que se habían instalado en la superficie de las córneas, pensé que la quería, si la quería, pero ya no sabía qué hacer con ella. Cada día parecía estar más encabronada conmigo y yo no entendía por qué, qué había hecho, qué podía dejar de hacer, le había preguntado yo hasta el cansancio, sin recibir más que reproches de autocompasión que se extendía a sí misma, como si yo fuera el pinche diablo y ella fuera una virgen malcogida. Así estaba la cosa. Me voy le dije, llévate el coche, estoy hasta la madre, luego hablamos. Se puso a gritar como loca, yo seguí caminando, sus gritos se escuchaban cada vez más lejos, te vas cabrón, te vas y no me vuelves a ver en tu puta vida. Pensé que ya no me importaba, que hiciera lo que quisiera con el coche, estaba exhausto y recién me percataba de ello.</p>
<p style="text-align: left"><span id="more-4480"></span></p>
<p style="text-align: left"> Me puse a caminar sin rumbo, no sabía qué quería hacer pero definitivamente sabía que no quería volver a mi casa. El panorama pesaba mucho, ella se había vuelto el peor tedio que uno pudiera concebir. Mientras caminaba, pensé que debía de dejar de salir con actrices, están más locas que el resto de las viejas pensaba a sabiendas de que estaba haciendo una tremenda generalización, me vale madres, de verdad que están locas. Todo para ellas es condición de posibilidad de un pinche dramón que no termina nunca. Ora si que no va a volver a pasar me dije tan seguro de mí mismo que hasta me la creí. Sentía un tremendo alivio, me la imaginaba llorando cual desquiciada afuera de la tienda de autoservicio con un style gringo que no vea usted, seguramente había llamado a alguna amiga para contarle lo que este cabrón le había hecho, me dejo aquí le diría todavía envuelta en sollozos, y no sé qué hacer. Pues me vale madres me repetí tres veces y seguí caminando. No logro entender por qué las mujeres son tan dramáticas, de verdad que me es imposible. Por todo lloran ,se quejan de lo que haces, de lo que no haces, de lo que piensas, de lo que no piensas, de lo que dices, de lo que no dices; cualquier circunstancia es un posible factor para desembocar la peor hecatombe. La arman de pedo por todo y luego se cansan y se van a dormir, las muy cabronas. Al día siguiente se levantan con cruda moral y fingen que no pasó nada mientras te la maman tratando de remendar sus inestabilidades emocionales. Yo no puedo más. Me declaro en situación de paro, intransigentemente, en paro. No más locas, no más pedos, yo no puedo más y sobretodo, no quiero poder más.</p>
<p style="text-align: left">Mientras caminaba fui a dar a una casa de la cual salía una música bastante extraña, era una mezcla entre cumbias con africano y buscando huir de mis pensamientos me asome por la ventana. Dentro había un chingo de gente, todos bailando pegaditos en un minúsculo cuarto que daba la impresión que iba a reventar más pronto que tarde. Salieron repentinamente por la puerta dos chavas hasta la madre y se me quedaron viendo… ¿qué haces ahí parado? Me preguntaron mientras veía como hacían un vano esfuerzo mutuo por mantener el equilibrio, ¿no vas a entrar? Y yo, dejándome llevar por la grata confusión que parecía ahogarme, inmediatamente entré y ellas tras de mí, cerraron la puerta dejándome solito en aquel fumadero de marihuana y músicos. La vi de pronto a lo lejos, estaba parada, traía una minifalda que apenas alcanza a cubrir un cuarto de sus largas piernas.  Junto a ella había un pinche morro, que parecía compartir el estado de los demás en un solidario acto que se fundaba bajo un efímero hipotético en común, se le pegaba cada vez más, fingía bailar reggae mientras encontraba la forma de frotarse contra sus piernas con una distancia cada vez menor. Qué asco, me dije a mí mismo mientras veía dónde podía sentarme a verla. Ella no parecía percatarse de mi presencia, sólo seguía bailando, ni siquiera parecía percatarse de la presencia de aquel desagradable ser que se encontraba cada vez más próximo a ella. Finalmente encontré un sillón en una de las esquinas, maravilloso pensé, desde aquí tendría una visión angular que me permitiría olvidarme de la decadencia juvenil que daba cuenta este <i>pseudo</i> encuentro de músicos, la localización del contenedor humano que iba a soportarme me permitiría analizarla detalladamente. Aquí me quedó, me dije, y tomé asiento. Súbitamente la música cambió, pero ella no cambió con ella, siguió bailando, cada vez más lento. Veía cómo lograba alejarlo cada vez más, seguía bailando, tenía la cabeza cada vez más pegada a su clavícula, su cuerpo se movía lentamente de arriba hacia abajo, formando óvalos en perfecta anacronía con la música. Yo creo que ella pensaba que estaba sola, o que nadie se estaba percatando de ella. Todos los demás bailaban y reían comomonosenextinción, me daban asco. Me concentraba en ella. Es linda, pensé, sin poder apartar mis ojos de sus movimientos.</p>
<p style="text-align: left">Decidí pararme y caminar en su dirección.  Tal vez no lo decidí y fue un impulso que me llevó hasta ahí, la situación me llevó a levantarme y encaminarme hasta su hermoso cuerpecito en movimiento. Empecé a bailar cada vez más cerca, esperando que se percatara de que no era el <i>monohumano</i> de antes sino un nuevo, que pertenecía a otra especie. Muchachita linda, de dónde eres, le pregunte al oído y entonces subió lentamente su cabeza para verme. No importa de dónde soy, tampoco me importa de dónde eres, si quieres bailar conmigo empieza a moverte, si quieres hablar ándate lejos de mí que no tengo ganas. Colombiana pensé, que a toda madre, sólo esto me faltaba, una pinche colombiana en medio de este tumulto de drogadictos. Pasé mi mano por su frágil cadera y lentamente la acerque hacía mí, para entonces ella había empezado a compartir la realidad conmigo y no dejaba de verme a los ojos. Tenía una mirada intensa. Si existieran las brujas, y no es que no existan pero no he ido a dar con ninguna, seguramente tendrían esta mirada. Unos ojos negros, llenos de dolor, de rencor, grandes ojos que me veían como si fuera una niña de nueve años esperando a ser rescatada por su padre, uno que nunca conoció y el cual nunca daría señal alguna de vida. Sus temblorosas manos rodearon mi cuello y antes de que me diera cuenta, ya estaba sintiendo su lengua recorrer cada posible rincón de mi boca. De dónde salió esta morra, pensaba mientras mis manos apretaban cada vez más sus caderas, como si estuviera intentando hacerla reventar. La explosión vendría sin aviso y ella se desintegraría rápidamente, dejando a los <i>monoshumanos</i> detrás, mientras la música seguía sonando. Reventó en una fiesta contarían más adelante.  Quiero comerte los pies le dije al oído mientras ella seguía moviendo lentamente su cuerpo cada vez más pegada a mí. Mi novio está arriba, vamos, acompáñame a decirle que ya nos vamos. No mames, ¿cómo le vas a decir que te vas conmigo chiquita linda? Le vale madres, debe de estar para esta hora hasta el culo, pero tengo que hacerlo de todas formas. ¿hacer qué? Aviiiiisaaarle mexicanito méconnaissable, aunque sea por el mero gesto de amabilidad. Eres colombiana, pero ahora pienso que también puedes ser mexicana. Llevo dieeeez años aquí bombón, me dijo mientras me cogía por la mano y me llevaba hasta las escaleras. La muy guarra se había levantado el vestido dejando a la vista unas pequeñísimas bragas color vino transparentes, mi desfase en el ascenso, me permitía ver cómo sus piernitas encontraba un punto de roce delicioso. Le metí la mano sin pensarlo dos veces y empecé a sobarla despacito. Ella se detuvo en uno de los escalones y paro un poco más el pequeño culito que tenía como de una niña de doce años, como si todavía no se la hubieran cogido y recogido hasta el cansancio. Pinches colombianas, todas las que he conocido hasta ahora dan la impresión de ser más guarras que cualquier puta mexicana que esté en esta fiesta, tal vez sea algo cultural que no las haga tan frígidas como las <i>esquizofenoides</i> locales con las cuales resulta imposible lidiar. Les gusta coger y nada más, abusan de ti sin pedir permiso, sin merecer perdón alguno, luego se largan, las muy zorras, sin dejar a uno ni una pinche nota. Yo seguía ensimismado con su culito, lentamente le moví las bragas y mis manos tocaron aquel cálido rincón que me estaba esperando aun antes de saber que iba a llegar. Empecé a mover lentamente mis dedos mientras la oía gemir cada vez más, estás bien caliente verdad chiquita y sus piernas perdieron resistencia y cayó al piso. Yo me aventé encima de ella, ¿tú novio le pregunté? No estés de gonorrea y ponte a lo tuyo me dijo, mientras me miraba con ojos de pistola. Estás bien rica le decía mientras mi boca estaba cada vez más cerca de sus húmedos calzoncitos. Volví a meter las manos esta vez hasta el fondo y sentí como levantó de pronto la pelvis, la levantaba y la bajaba mientras se mojaba más, estaba deliciosa y pensar que hace dos horas estaba con una pinche loca encerrado en un coche. De pronto sentí que alguien nos estaba observando fijamente, era el <i>monohumano</i> desde el principio de las escaleras, estaba hasta huevo y apenas podía contenerse de pie pero la tenía bien parada, como un <i>buenmonohumanoycaliente</i>. Me acerqué a su cara y le di un beso, vamos a despedirnos de tu novio le dije mientras le acomodaba las braguitas y le bajaba el vestido. Vamos me dijo y rápidamente se levantó y se puso en marcha sin darse cuenta del espectáculo que le estábamos dando <i>almonohumanoconlavergaparadísima</i>.</p>
<p style="text-align: left">Primer piso, estaba ya lejos; segundo piso y seguí caminando; tercer piso y me saca por una rascuacha puerta que parece que está a punto de ceder ante los años y su cada vez más avanzado estado de oxidación. Migueeeeeeel se pone a gritar la putita colombiana, ya me voy. Volteo y veo al tal Miguel, un <i>monohumanoydrogadicto</i> sentado sobre una tubería -¿de gas?- con un espejo sobre las piernas picando coca. A dóooonde te vas, tú vienes conmigo pinche morra quejumbrosa. No, ya me voy, vengo a avisarte por aquello de la pura amabilidad, dicho sea de paso. Que vienes conmigo dijo el tal Miguel gritando, y además, ¿quién es este cabrón?. Este es Joaquín el amigo de la facultad, ya te había hablado de él. Miguel se me quedó viendo fijamente a los ojos, tenía la mirada desorbitada, seguro era por meterse tanta coca pensé, seguro a este cabrón ya ni se le para y por eso la morra va a buscar fuera lo que no encuentra dentro. ¿A dónde te vas perra? Me dejas de llamar perra y nos vamos pa’ otra fiesta, ¿vienes? Nel, pinche Julia, siempre me dejas solo y te largas. Nooo Miguel, le dijo la colombiana que ahora ya tenía nombre, ya era unacolombianaconnombreperosinapellido, pero tú namás llegas a las fiestas te pones hasta el culo y me dejas sola. Estoy harta, luego nos vemos. ¿Luego cuándo? No sé, llámame mañana, yo ya me voy y me agarro súbitamente de la mano y desaparecimos por el monumento al óxido. Estas pinches viejas están más locas cada día y pensar que una de estas podría ser la madre de mis hijos, me decía mientras sentía como un escalofrío repasaba mi cuerpo enterito.</p>
<p style="text-align: left">Salimos de la fiesta, mientras cruzábamos en gendarme humano, el hombremonoahorafrío nos seguía con la mirada, pinches greñudos, están ahora por todas partes, pero qué le vamos a hacer, andamos viviendo la onda hipster a morir. Vamos a tu casa me dijo mientras paraba un taxi. El chofer nos preguntó hacía dónde nos dirigíamos mientras clavaba su mirada en sus largas piernas, ella mientras tanto, las movía a la espera de lograr incorporarlas a la acotada estructura de la parte trasera, sin percatarse siquiera de la pervertida mirada que se estaba fijando en sus piernas casi perforándolas. A dónde vamos chiquiiiito, tú di. ¿no que íbamos a una fiesta? Vaya, vaya, pero si el mexicanito aún guarda algo de ingenuidad en él. Vamos a la portales le dije al cabrón del taxista mientras veía en sus ojos un gesto de desilusión por tener que fijar la mirada al frente y no en sus ricas piernitas.  Antes de que el taxista arrancara, ella ya tenía sus manitas en mi entrepierna, me frotaba sin un pinche pelo de pudor, el taxista mientras tanto, se le debía estar parando cada vez más, pensaba mientras me dejaba ir por las manos de una niñanotanniñaymásguarraquedecente.</p>
<p style="text-align: left">Julia, Julia. Julia, bonita, de dónde saliste le pregunté al oído mientras le quitaba la mano de mi verga, sentía que iba más pronto que tarde a explotar y no quería que fuéramos objeto de masturbación del cabrón del conductor. Mira chiquito, no empieces con mamadas, vamos a pasar un rato juntos en la cama y luego me voy, que no estoy pa’ abrazos nocturnos ni caricias vacíasdeamorperosedientasdetenerlo. Ya hay mucha falsedad entre todos nosotros, nos movemos constantemente entre flujos de mentiras, falsedades, verdades a medias que nos están llevando a la pinche ruina como dicen acá.  De pronto me había vuelto un fanático de esta pinchecolombiana, Yo, que apenas me había librado de la otra loca, ya estaba cediendo ante el auditorio de la ruina, me cae de madres que la sed por encontrarse en el otro está a la orden del día y esta pinche morritacaliente encarna lo que ahora quiero. Encarnación, así te llamas Julia. ¿De qué me estás hablando mexicanodegenerado? No dejes que te cuenten otra cosa, tú diles que están mintiendo y mándalos a todos a la mierda, ellos están mal y tú estás bien. Así está la cosa, la onda es innegable. Me voy a bajar del taxi si sigues diciendo n&#8217;importe quoi. El taxista entonces volteó a verla, la muy puta tenía el vestido cada vez más levantado y le valía verga que el cerdoalvolante se estuviera dando un banquete de piel. Usted qué está viendo señor pensaba que le preguntaba mientras me percataba que todo a mi alrededor lentamente se deseintegraba, ya valió verga me decía, ora si ya valió madres. El taxi parecía ir cada vez más rápido y Julia no daba señal de enterarse qué estaba sucediendo. Mientras tanto una voz que venía de la parte trasera me explicaba que todo siempre está en constante cambio, lo sabemos y no lo sabemos y cuando nos percatamos de ello, a través de lo que parecería ser un segundo, un segundo en el que viene a nosotros esa lucidez, se va, y volvemos a caer en la perennidad que busca la estabilidad. A mí me agobia mexicanito. Ya no supe más de ella y menos supe algo de mí, el único que quedó vivo fue el taxista que prefiere no hablar sobre aquella noche. Todo fue culpa de las pinches mujeres y sus achaques emocionales que lo dejan a uno vacío de ganas de vivir.</p>
<p style="text-align: left">*México</p>
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		<title>Niego la existencia de un narrador</title>
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		<pubDate>Thu, 02 May 2013 18:56:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>elmagazin</dc:creator>
				<category><![CDATA[De fondo]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Eduardo Márceles Daconte* Un día de invierno del año 2000 me llamó la editora y buena amiga Juana Ponce de León, para invitarme a un encuentro informal con José Saramago en un club privado de Manhattan. Tuvimos allí una tertulia entretenida durante un par de horas y cuando ya nos disponíamos a partir, mi [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a name="TOP"></a></p>
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<div><img title="José Saramago en 2008, durante la presentación de un libro en Madrid. / Reuters, efe, Archivo" alt="José Saramago en 2008, durante la presentación de un libro en Madrid. / Reuters, efe, Archivo" src="http://static.elespectador.co/files/imagecache/560x373/img_ipad/7787a36199a6eb25598523a55db59e96.jpg" width="560" height="373" /></div>
<p><strong>Eduardo Márceles Daconte*</strong></p>
<p>Un día de invierno del año 2000 me llamó la editora y buena amiga Juana Ponce de León, para invitarme a un encuentro informal con José Saramago en un club privado de Manhattan. Tuvimos allí una tertulia entretenida durante un par de horas y cuando ya nos disponíamos a partir, mi amiga sugirió que grabáramos una entrevista con el famoso escritor portugués, y él contestó que no tenía inconvenientes. Fue así como pasamos a una salita acogedora donde, sin tener realmente un cuestionario preparado, pero recorriendo de manera rápida la trayectoria literaria del Premio Nobel de Literatura (1998), me dispuse a ampliar con él los temas que habíamos tocado en el discurrir de aquella inesperada conversación. Sin darnos cuenta, estuvimos allí encerrados durante más de una hora, sin más testigos que la grabadora y el ruido incesante del tráfico neoyorquino, hasta concluir esta amena entrevista, inédita hasta hoy, que publica El Espectador para celebrar la presencia de Portugal como país invitado de honor a la Feria Internacional del Libro de Bogotá.<span id="more-4470"></span></p>
<p><strong>Eduardo Márceles: Maestro Saramago, sus libros se caracterizan por estar escritos siguiendo unas reglas gramaticales de puntuación un tanto originales. Quisiera preguntarle qué busca usted con esa puntuación. ¿Busca de esta manera una efectividad literaria mucho más enfática?</strong></p>
<p>José Saramago: Bueno, yo no diría eso. Cuando hablamos de énfasis en la descriptividad literaria, no sería de tanto provecho utilizar una puntuación determinada, normal o autorizada, y otra deliberada, digamos fría, que el autor se diga “pues ahora voy a cambiar aquí algo para lograr esto o aquello”. No creo que las cosas ocurran así. Por lo menos no en mi caso. Cuando tengo algo, y lo explico al lector o en una entrevista, creo que es claro. Cuando hablamos no usamos puntuación. Nadie está diciendo “esto y aquello”, “coma”, “signo de exclamación” o “interrogación”.</p>
<p>Hablamos con sonidos y pausas; igual que la música. La mejor música del mundo, y la peor, se hace con lo mismo: sonidos y pausas. Y el discurso, la página literaria o el poema más extraordinario que se pueda imaginar, se hace con lo mismo que la comunicación más trivial, más cotidiana: sonidos y pausas. Al comunicar, hacemos música con las palabras, y la acentuación, incluso cuando no es verbal, con las cuerdas vocales, nos sale del gesto, de la mirada, de la intención.</p>
<p>La comunicación se hace no sólo con la palabra, sino con todo lo que la rodea y lo que se lee es la expresión. Una mirada puede estar diciendo que no es verdad lo que tú estás diciendo. O al contrario, puede estar confirmando, o puede estar introduciendo una reticencia. La mirada y el gesto la completan. Entonces, a la hora de escribir, en mi caso, lo que pienso es, que si el lector es una persona atenta a lo que está leyendo, si logra escuchar la voz que está diciendo lo que él está leyendo, si logra poner en su cabeza una voz que está leyendo en voz alta, entonces el lector no necesita toda esta parafernalia de la puntuación, que ni siquiera en mi caso el punto y la coma, son señales de puntuación; son señales de pausa, una pausa breve y una pausa más breve.</p>
<p>Es como en una carretera: una carretera tiene todos esos cartelitos para guiar al conductor. Esa es la puntuación de la carretera. Si yo quito toda la puntuación de la carretera y no me quedo más que con la carretera, algo puede ocurrir, un desastre, un accidente o algo así. Pero una cosa es cierta: es que el chofer tendrá que conducir su coche con mucha más atención porque no tiene todo eso que le facilita el trayecto a la vez que se lo complica porque tiene que estar más atento a las señales de tránsito que al propio gusto de sentir la carretera y sentir el coche.</p>
<p>Quiero decir que, escribir sin puntuación, puede ocurrir, como ocurrió al principio de mi carrera de escritor. En la primera novela donde esto sucedió se titula Levantados del suelo. En ese momento los lectores quedaron un poco desconcertados. Recuerdo un amigo que me llamó para decir, “Mira, gracias por el libro, pero, lo intenté y al cabo de tres o cuatro páginas, me pierdo, y no sé qué es lo que quieres decir”.</p>
<p>Yo le contesté: “Mira, lo siento, puedo hacerte una sugerencia: lee una página o dos en voz alta, y luego ya me dirás”. Al día siguiente llamó para decirme: “Ya sé lo que quieres”. Y lo que quiero es que el lector lea como si estuviera hablando él. Que esté escuchando dentro de su cabeza esa voz que está diciendo en voz alta, porque al decirlo en voz alta no tiene más remedio que poner en esa página lo que aparentemente falta. Cuando escribo un artículo, lo escribo como todo el mundo, pero una novela es una novela que tiene sus reglas propias, que son éstas.</p>
<p><strong>E.M.: Es como encontrar una voz personal y proyectar esa voz personal. Nos pone en el mismo dilema cuando estamos leyendo su obra, al encontrar dónde entra una voz y dónde termina otra en sus personajes, como en ‘Ensayo de la ceguera’…</strong></p>
<p>J.S.: Sí, eso es cierto, pero hay algo más que llamamos el problema del narrador: ¿Quién es? ¿Dónde está ese narrador?, que no es el autor, supuestamente. Yo tengo una opinión un poco heterodoxa que, evidentemente, no tiene la aprobación de las universidades y eruditos, y es negar la existencia del narrador. Entonces, sí, acepto que existe esa entidad que llamamos el narrador, pero diría que como un personaje más de la historia que no es la suya. La historia, como tal, es de unos personajes.</p>
<p>El narrador, donde ocurre, es un personaje más que anda por ahí, pero esa historia no es de él. Él no hace nada más que narrarla. Cuando digo que para mí el narrador no existe, es porque considero que la única entidad que está ahí haciéndolo todo es el autor. El autor usa la figura del narrador, como usa la figura de un personaje. La gente que lee las novelas o las estudia tiene que decir “este es el narrador” y “este es el autor”. A veces es un problema complicado, a veces insalvable, decidir dónde está el narrador, desde su punto de vista —no desde mi punto de vista—, y dónde está la voz del autor.</p>
<p>Hay momentos en los cuales quien está hablando, comentando, escribiendo, argumentando o reflexionando, ya no es ningún personaje, porque si lo fuera estaría claro para el lector. Podría ser el narrador, eso que llaman el narrador, pero muchas veces no es ni uno ni otro, es el autor quien se introduce en la historia para decir “ahora es mi turno”. El lector atento se da cuenta del cambio, un cambio de nivel, como si se cerrara una puerta para abrirse otra, y ahí la persona, o la entidad, o la figura que el lector encuentra, es deliberadamente el autor.</p>
<p>Esto lleva a una mezcla en que a veces el lector se pierde un poco, porque llega un momento en que no sabe quién está comunicando. Pero al mismo tiempo introduce una dinámica muy propia, en que el flujo narrativo no es unidireccional. Al contrario, se expande y abarca la historia que seá diciendo en voz alta, porque al decirlo en voz alta no tiene más remedio que poner en esa página lo que aparentemente falta. Cuando escribo un artículo, lo escribo como todo el mundo, pero una novela es una novela que tiene sus reglas propias, que son éstas.</p>
<p><strong>E.M.: Es como encontrar una voz personal y proyectar esa voz personal. Nos pone en el mismo dilema cuando estamos leyendo su obra, al encontrar dónde entra una voz y dónde termina otra en sus personajes, como en ‘Ensayo de la ceguera’…</strong></p>
<p>J.S.: Sí, eso es cierto, pero hay algo más que llamamos el problema del narrador: ¿Quién es? ¿Dónde está ese narrador?, que no es el autor, supuestamente. Yo tengo una opinión un poco heterodoxa que, evidentemente, no tiene la aprobación de las universidades y eruditos, y es negar la existencia del narrador. Entonces, sí, acepto que existe esa entidad que llamamos el narrador, pero diría que como un personaje más de la historia que no es la suya. La historia, como tal, es de unos personajes.</p>
<p>El narrador, donde ocurre, es un personaje más que anda por ahí, pero esa historia no es de él. Él no hace nada más que narrarla. Cuando digo que para mí el narrador no existe, es porque considero que la única entidad que está ahí haciéndolo todo es el autor. El autor usa la figura del narrador, como usa la figura de un personaje. La gente que lee las novelas o las estudia tiene que decir “este es el narrador” y “este es el autor”. A veces es un problema complicado, a veces insalvable, decidir dónde está el narrador, desde su punto de vista —no desde mi punto de vista—, y dónde está la voz del autor.</p>
<p>Hay momentos en los cuales quien está hablando, comentando, escribiendo, argumentando o reflexionando, ya no es ningún personaje, porque si lo fuera estaría claro para el lector. Podría ser el narrador, eso que llaman el narrador, pero muchas veces no es ni uno ni otro, es el autor quien se introduce en la historia para decir “ahora es mi turno”. El lector atento se da cuenta del cambio, un cambio de nivel, como si se cerrara una puerta para abrirse otra, y ahí la persona, o la entidad, o la figura que el lector encuentra, es deliberadamente el autor.</p>
<p>Esto lleva a una mezcla en que a veces el lector se pierde un poco, porque llega un momento en que no sabe quién está comunicando. Pero al mismo tiempo introduce una dinámica muy propia, en que el flujo narrativo no es unidireccional. Al contrario, se expande y abarca la historia que se está contando y al mismo tiempo las cosas que están al margen. El problema está en saber si al final de la novela el flujo central de la historia y todo lo que está al lado confluyen en un punto.</p>
<p><strong>E.M.: Maestro, quiero también hacerle una pregunta en relación con tres de sus libros, que considero significativos, ‘La muerte de Ricardo Reis’, ‘Ensayo sobre la ceguera’ y ‘Todos los nombres’. Ellos poseen un común denominador: los tres están envueltos en una suerte de nebulosa, pesimista y kafkiana, que algunos identifican con su propia experiencia y otros con el lado más serio de la idiosincrasia lusitana. ¿Cómo explica usted esta profunda tristeza y aislamiento que muchos de sus personajes comparten?</strong></p>
<p>J.S.: Vamos a ver. Empecemos por la supuesta idiosincrasia lusitana. No existe una idiosincrasia lusitana, y estos son los tópicos de siempre: la saudade, el fado, la melancolía y todo eso. No somos ni más melancólicos, ni menos, ni más nostálgicos que cualquier otro, porque entonces tendríamos que plantear lo siguiente: ¿cuál es la idiosincrasia del pueblo de Estados Unidos? Ahí nos quedaríamos sin respuesta. Esto es cierto también para un país con la dimensión y la diversidad étnica, cultural y lingüística como Estados Unidos.</p>
<p>Es igual, cualitativamente, en un pequeño país como Portugal. La gente del norte se parece muy poco a la gente del sur. ¡Y no llegamos a tener cien mil kilómetros cuadrados! La diversidad, si nos ponemos a definir un pueblo por unas cuantas características, estamos olvidando a las personas, y lo que cuenta es la persona, y no vamos a imaginar ahora que la persona se multiplica en no sé cuántos millares o millones de seres más o menos iguales. No, nunca.</p>
<p>Si hay una tristeza, suponiendo que la haya, a mí no me parece que sea tristeza. Lo llamaría seriedad, gravedad, conciencia…, conciencia de esa cosa un poco asustadora y al mismo tiempo se puede decir magnífica, que es vivir. Mis personajes no son nunca héroes. A mí, los llamados héroes no me interesan. Tampoco son capitalistas, porque yo no los conozco. Es decir, sólo puedo hablar de lo que conozco. Entonces, mi mundo es el que cada uno tiene, por lo menos así lo pienso. No escribo libros sólo para distraerme, sí libros para el lector, donde reflexiono, donde busco que el lector me acompañe para concordar o no con lo que allí digo. Tengo claro que este mundo es una… iba a decir una palabra un poco fuerte, pero la diré de todos modos: que este mundo es una mierda, entonces, tengo que plantear las cosas como a mí me parece que son.</p>
<p>Claro que para muchísima gente esta es una cosa absurda y maravillosa, ¿no? Viven a la espera de una especie de esfera de cristal, de donde no lleguen ni olores ni nada que sea feo. Pero, en este mundo hay seis mil millones de personas. Y el espectáculo que aquel mundo nos ofrece es todo menos heredado: miseria, guerra, contaminación, desastre, el poder y el uso del poder que ha llegado a niveles jamás imaginados. El poder no ha sido nunca un diálogo global, y ni siquiera es el llamado poder político. El poder político no tiene ninguna importancia.</p>
<p>Digamos, los gobiernos no son más que comisarios del poder que sabemos dónde está: son las multinacionales, la globalización económica y todo eso. Aunque yo no trate esos temas en mis libros, salvo quizá un poco en la última novela que se titula La caverna. Hay en mis novelas, que no son nunca testimonios personales, historias con personajes que están ahí para decir lo que ellos tienen que decir, pero también están ahí para que ellos digan lo que yo quiero que digan. Esta es la única manera para que el lector sea consciente de que le estoy hablando; haciendo —podríamos llamarle— un desvío por la ficción, pero yo estoy hablando directamente sobre temas que considero que son importantes.</p>
<p>Si hay una tristeza, es la tristeza de vivir en un mundo como este. En El año de la muerte de Ricardo Reis, ¿dónde está Ricardo Reis? Viviendo en un país bajo una dictadura fascista, con la poesía, la censura y todo eso… En el Ensayo sobre la ceguera, también. Si hay alguna novela que alguna vez he escrito, que sea el retrato fiel del mundo, es el Ensayo sobre la ceguera. Porque, desde mi punto de vista por lo menos, nosotros estamos todos ciegos. Lo sabemos, pero hacemos de cuenta que no, pero estamos ciegos. ¿Cómo la razón humana que no sirve para defender la vida se usa para destruirla? Esto es una forma de ceguera.</p>
<p>No quiero decir que lo haya logrado, pero por lo menos hay que reconocer que lo intenté. En Todos los nombres ¿cuál es el problema? Uno de los problemas más serios que tenemos hoy, “el otro”. ¿Quién es “el otro”? Es tan fácil de decir: “Pues yo a ti te conozco y tú a mí me conoces”. ¡Tonterías! Seguimos sin saber quién es el otro. Por alguna cosa el epígrafe que tiene es mío, sacado de un libro que no existe. En esto yo soy un poco borgiano. En un libro que supuestamente tiene el título Libros de las evidencias%tando y al mismo tiempo las cosas que están al margen. El problema está en saber si al final de la novela el flujo central de la historia y todo lo que está al lado confluyen en un punto.</p>
<p><strong>E.M.: Maestro, quiero también hacerle una pregunta en relación con tres de sus libros, que considero significativos, ‘La muerte de Ricardo Reis’, ‘Ensayo sobre la ceguera’ y ‘Todos los nombres’. Ellos poseen un común denominador: los tres están envueltos en una suerte de nebulosa, pesimista y kafkiana, que algunos identifican con su propia experiencia y otros con el lado más serio de la idiosincrasia lusitana. ¿Cómo explica usted esta profunda tristeza y aislamiento que muchos de sus personajes comparten?</strong></p>
<p>J.S.: Vamos a ver. Empecemos por la supuesta idiosincrasia lusitana. No existe una idiosincrasia lusitana, y estos son los tópicos de siempre: la saudade, el fado, la melancolía y todo eso. No somos ni más melancólicos, ni menos, ni más nostálgicos que cualquier otro, porque entonces tendríamos que plantear lo siguiente: ¿cuál es la idiosincrasia del pueblo de Estados Unidos? Ahí nos quedaríamos sin respuesta. Esto es cierto también para un país con la dimensión y la diversidad étnica, cultural y lingüística como Estados Unidos.</p>
<p>Es igual, cualitativamente, en un pequeño país como Portugal. La gente del norte se parece muy poco a la gente del sur. ¡Y no llegamos a tener cien mil kilómetros cuadrados! La diversidad, si nos ponemos a definir un pueblo por unas cuantas características, estamos olvidando a las personas, y lo que cuenta es la persona, y no vamos a imaginar ahora que la persona se multiplica en no sé cuántos millares o millones de seres más o menos iguales. No, nunca.</p>
<p>Si hay una tristeza, suponiendo que la haya, a mí no me parece que sea tristeza. Lo llamaría seriedad, gravedad, conciencia…, conciencia de esa cosa un poco asustadora y al mismo tiempo se puede decir magnífica, que es vivir. Mis personajes no son nunca héroes. A mí, los llamados héroes no me interesan. Tampoco son capitalistas, porque yo no los conozco. Es decir, sólo puedo hablar de lo que conozco. Entonces, mi mundo es el que cada uno tiene, por lo menos así lo pienso. No escribo libros sólo para distraerme, sí libros para el lector, donde reflexiono, donde busco que el lector me acompañe para concordar o no con lo que allí digo. Tengo claro que este mundo es una… iba a decir una palabra un poco fuerte, pero la diré de todos modos: que este mundo es una mierda, entonces, tengo que plantear las cosas como a mí me parece que son.</p>
<p>Claro que para muchísima gente esta es una cosa absurda y maravillosa, ¿no? Viven a la espera de una especie de esfera de cristal, de donde no lleguen ni olores ni nada que sea feo. Pero, en este mundo hay seis mil millones de personas. Y el espectáculo que aquel mundo nos ofrece es todo menos heredado: miseria, guerra, contaminación, desastre, el poder y el uso del poder que ha llegado a niveles jamás imaginados. El poder no ha sido nunca un diálogo global, y ni siquiera es el llamado poder político. El poder político no tiene ninguna importancia.</p>
<p>Digamos, los gobiernos no son más que comisarios del poder que sabemos dónde está: son las multinacionales, la globalización económica y todo eso. Aunque yo no trate esos temas en mis libros, salvo quizá un poco en la última novela que se titula La caverna. Hay en mis novelas, que no son nunca testimonios personales, historias con personajes que están ahí para decir lo que ellos tienen que decir, pero también están ahí para que ellos digan lo que yo quiero que digan. Esta es la única manera para que el lector sea consciente de que le estoy hablando; haciendo —podríamos llamarle— un desvío por la ficción, pero yo estoy hablando directamente sobre temas que considero que son importantes.</p>
<p>Si hay una tristeza, es la tristeza de vivir en un mundo como este. En El año de la muerte de Ricardo Reis, ¿dónde está Ricardo Reis? Viviendo en un país bajo una dictadura fascista, con la poesía, la censura y todo eso… En el Ensayo sobre la ceguera, también. Si hay alguna novela que alguna vez he escrito, que sea el retrato fiel del mundo, es el Ensayo sobre la ceguera. Porque, desde mi punto de vista por lo menos, nosotros estamos todos ciegos. Lo sabemos, pero hacemos de cuenta que no, pero estamos ciegos. ¿Cómo la razón humana que no sirve para defender la vida se usa para destruirla? Esto es una forma de ceguera.</p>
<p>No quiero decir que lo haya logrado, pero por lo menos hay que reconocer que lo intenté. En Todos los nombres ¿cuál es el problema? Uno de los problemas más serios que tenemos hoy, “el otro”. ¿Quién es “el otro”? Es tan fácil de decir: “Pues yo a ti te conozco y tú a mí me conoces”. ¡Tonterías! Seguimos sin saber quién es el otro. Por alguna cosa el epígrafe que tiene es mío, sacado de un libro que no existe. En esto yo soy un poco borgiano. En un libro que supuestamente tiene el título Libros de las evidencias, se dice “¿Conoces el nombre que te dieron? No, conoces el nombre que tienes”.</p>
<p>Es decir, nosotros mismos no sabemos, creemos saber quiénes somos, pero tenemos unas cuantas ideas, supuestamente coincidentes con lo que de manera efectiva llevamos dentro, y eso es lo que decimos cuando tenemos que decir quiénes somos. Pero no creo que estemos muy seguros de eso. Fernando Pessoa lo ha demostrado, de manera clara, es decir, el “yo” no existe. Porque si el “yo” existiera, existiría siempre igual, desde que nacemos hasta que nos morimos. ¿Alguien puede decir que es hoy lo que era hace treinta años, cuarenta años? Pues, no.</p>
<p>Somos múltiples, somos muchos, y el problema que tenemos es ¿cómo podemos lograr dar a esta diversidad fundamental, esencial, que es la nuestra, una apariencia de unidad? Nosotros vamos por la vida haciendo todo de una forma inconsciente. Porque en el fondo estamos representando un papel, estamos representando nuestro propio papel, y hemos elegido dentro de todo lo que podríamos ser, una figura determinada, y después hacemos todos los esfuerzos para que más o menos en lo que decimos y en lo que hacemos coincidamos con esa figura. A veces esto no se logra y termina en la locura.</p>
<p><strong>E.M.: Entonces, maestro, ¿dónde está la luz? Por ejemplo, usted apoya ciertas cosas, como la causa zapatista y su ideólogo Marcos, tratando de rescatar la memoria. Es el “otro”, es el “persa”, como dice usted en el prólogo que ha escrito, pero ¿dónde está la epifanía? ¿A dónde vamos? ¿Qué propone?</strong></p>
<p>J.S.: Bueno, mira, yo no sé a dónde vamos ni propongo nada. No faltaría más: llegar aquí para proponer y decir a dónde vamos. Creer que yo te voy a contestar. Hay unas cuántas cosas que a mí no me gustan, como por ejemplo, la esperanza. La luz, ¿dónde está la luz?, y el camino, ¿por dónde? Yo lo resumo todo en tres o cuatro palabras: es tener y mantener un sentido ético de la existencia, y punto, se acabó. Todo lo demás es pura retórica. Y la retórica a veces tiene sus cosas buenas, pero en ella a veces nos perdemos. Pues entonces, yo lo tengo claro, si yo me pongo ahí “sentido ético de la existencia”, eso no me permite hacer unas cuantas cosas, y me obliga a hacer otras cuantas.</p>
<p><strong>E.M.: Maestro, ¿será que se relaciona el espíritu con lo que usted acaba de decir sobre sus novelas? ¿Tiene algo que ver con la su elección de exiliarse prácticamente en Lanzarote? ¿Encuentra usted allí la soledad y la creatividad que explica en sus escritos? ¿Ha encontrado allí el mundo propicio para su creación?</strong></p>
<p>J.S.: Mira, desde que yo estoy en Lanzarote, escribí tres libros. Todo lo que he escrito antes, no ha sido escrito en Lanzarote sino en Lisboa. El lugar donde uno vive no tiene demasiada importancia para lo que uno está haciendo. Si yo estoy viviendo en Lanzarote, no es porque buscaba un lugar tranquilo, inspirador, que no robara mi capacidad creativa (para usar en medidas pequeñas esta retórica).</p>
<p>Yo estoy viviendo en Lanzarote por una novela mía El evangelio según Jesucristo, que se publicó en Portugal en 1991. Su postulación al Premio Literario Europeo, candidatura esa decidida por El Tempo de Portugal y la Asociación de Críticos. Es un premio creado por la Comunidad Europea, bastante tonto, creo yo. Digo que es tonto porque es un premio donde se pueden postular teatro, poesía, ficción, ensayo, todo, y el jurado tiene que decidir, estúpidamente, si este ensayo es mejor que esta obra de teatro, o si esta novela es mejor que este libro de poemas, lo que es una imbecilidad total, pero, bueno…</p>
<p>Entonces, ha sido (desde el momento en que apareció e incluso, digamos, hasta ahora) una novela bastante polémica. En abril del 92 supe que el gobierno portugués de entonces la había prohibido. En consecuencia había que presentarla desde fuera. Los motivos que alegaban eran que la novela ofendía a la creencia del pueblo portugués, que mayoritariamente es católico. Si esto hubiera ocurrido antes del 74, antes de la Revolución, pues casi se puede decir que era lo normal, teníamos la censura y todo eso, por lo tanto libros prohibidos era cosa de todos los días, bastante frecuente donde no hay democracia.</p>
<p>Que un gobierno tenga la osadía de decir “este libro no puede representar a este país”, era insólito. Y como nosotros tenemos parientes en Lanzarote, una hermana de mi mujer y su marido que es arquitecto, entonces Pilar, mi mujer, me dijo “y si construimos una casa en Lanzarote, pasaríamos allá un tiempo y otro tiempo en Lisboa. A mí la idea no me pareció buena en ese momento, pero al día siguiente yo estaba diciendo que sí, que me parecía muy bien. Y a esto le llamo la reacción típica mezquina Nº 1, que es decir “No”, y la reacción típica mezquina Nº 2, que es, un día o dos días después, decir “¡Pues, sí! ¡Muy bien! ¡Buena idea! ¡Bueno!”.</p>
<p>La Nº 3 es cuando el hombre intenta apropiarse de una buena idea para decir que la idea ha sido suya. Entonces ha sido ese el motivo.</p>
<p><strong>E.M.: ¿Cómo ve la influencia de internet? Ayer usted hablaba sobre la importancia de los puntos de referencia, que la universidad ha dejado de ser donde se instruye el ciudadano, en su lugar es el shopping mall, o el shopping center, como dijo. ¿Cómo analiza, desde su árida isla, la forma en que nos afectan estas tecnologías?</strong></p>
<p>J.S.: Yo no uso internet. Mi mujer sí la usa, pero de manera limitada. Si pensamos que internet es un instrumento más de comunicación, no vamos a dramatizar demasiado. Creo que, hace muchos años, cuando en el apartamento de uno se ponía un teléfono, era una cosa maravillosa. Queríamos comunicarnos con todo el mundo que tenía teléfono. Pasará algo similar con internet, más allá o más acá de su utilidad, porque en el fondo si yo quiero consultar lo que sea, tomar conocimiento de esto y aquello, me ahorra el trabajo de irme de casa, entrar en una biblioteca, buscar la enciclopedia, y ya tengo todo ahí, pero al mismo tiempo quizá no sea tan bueno, porque el problema fundamental es tener o no tener la curiosidad. Claro que la internet satisface la curiosidad, satisface todas las curiosidades, incluso las nocivas. Probablemente el noventa por ciento de la comunicación por internet en este momento es pura frivolidad.</p>
<p>Creo que la comunicación auténtica es la comunicación de cercanía. Yo no puedo comunicarme sólo con la palabra, sino también con la mirada, tocando a la persona, gesticulando, todo eso que es, digamos, la auténtica comunión humana hasta donde ella es posible. La otra comunicación por internet, no sé. Puedo estar buscando datos, información, que son útiles, puedo incluso enviar una carta a una cantidad de personas, pero en el fondo se parece muchísimo a una situación en que un hombre y una mujer, por un anuncio en un periódico, empiezan a comunicarse, se escriben uno al otro, hasta el día en que se encuentran. Y cuando se encuentran, todo puede ocurrir.</p>
<p>Pero, lo que normalmente ocurre es que los que parecían entenderse antes, a la hora de llegar frente a frente, y sobre todo hablar con su propia voz, comunicarse, finalmente comunicarse, puede ocurrir que lo que parecía hecho, no lo estaba. Y cada uno se va a su propia vida, porque se da cuenta de que eso no funcionaría. Sabemos que uno puede quedarse en su casa y no moverse. Se comunica con todos, encarga todo lo que necesita por internet: libros, comida, artículos domésticos.</p>
<p>El problema es saber qué mentalidad humana se está formando. Antes, por las creencias, por las costumbres, por las tradiciones, la gente, los niños, encontraban un medio técnico y cultural determinado y por ahí se educaban, mal, bien, ni mal ni bien, pero bueno… Se puede decir que el mundo entonces, aunque limitando mucho la capacidad de cada uno para llegar a algo (llámese éxito o triunfo), para llegar de todos modos, el mundo o la vida era pluridireccional.</p>
<p>No olvido los problemas que se planteaba la gente nacida en medios pobres cuando la pluridireccionalidad no era extraordinaria. Pero, en principio, ya se veía que ocurriría cuando llegara la edad adulta. Que en la aparente diversidad que nos ofrece la vida hoy, la especialización de las actividades profesionales llegó a la pluralización. No hay más que mirar los programas de las universidades, ¿qué es lo que te proponen? Pues cantidad y cantidad de carreras, supuestas carreras.</p>
<p>La contradicción es que, al mismo tiempo que en el plan profesional te ofrecen una cantidad de posibilidades, en el plan de la mentalidad te envían en una única dirección, y lo que cuenta es la mentalidad, mucho más que los conocimientos que tú tienes y que puedes ampliarlos. Lo que cuenta es con qué mentalidad lo estás haciendo.</p>
<p>La mentalidad se está formando en los shopping centers llamados malls o centros comerciales. Éstos son la catedral de los tiempos modernos. Ayer entré en Saint Patrick’s (la catedral de NY), allí la gente estaba sentada, unos cuantos, estaban sencillamente durmiendo, descansando, es un lugar tranquilo, no tienen que estar pendientes de la policía. La creencia real, fe auténtica, eso se acabó. Todo esto es falso. Estamos representando una comedia, la comedia social, desde la política hasta la religión es una comedia, es una farsa, peor que una comedia, es una farsa trágica. Trágica porque nos está llevando a la destrucción.</p>
<p>Por algo se inventó el concepto de lo políticamente correcto. Lo políticamente correcto no es sólo eso, es socialmente correcto, mentalmente correcto. Y ¿quién es el que definió el tipo de corrección? A mí no me importa tanto saber quién lo definió, a mí me importaría, sobre todo, para qué lo definió. Nos estamos convirtiendo en seres sin voluntad, sin ganas de cambiar. Estuve ayer en una universidad y me dieron pena los chicos y las chicas, simpáticos, guapos, con una mirada casi inocente, que cuando les dicen unas cuantas cosas se quedan asombrados como si hasta entonces nadie las hubiera dicho. Y después te preguntan: “¿y cómo podemos cambiar esto?”. Y tú no tienes respuestas para decir cómo.</p>
<p>Siempre digo: “Mira, no hay más que pensar en esto: en mayo del 68, Berkeley, París, toda esa efervescencia, la juventud entonces salió a la calle para todo. No ha cambiado nada, claro”. Pero no es si ha cambiado mucho o ha cambiado poco lo que cuenta. Lo que cuenta es esto: en el 68 tenían dieciocho años, ahora tienen sesenta. ¿Dónde están? ¿Quiénes son? ¿Qué hacen? ¿Qué piensan?, ese es el problema, porque a los dieciocho años era fácil ser o parecer revolucionario. Pero el problema está en saber si todavía lo es a los sesenta. Porque entonces tendríamos que decir, como en Portugal, que quien a los dieciocho años no es revolucionario, no tiene corazón; pero aquel que a los cuarenta años lo sigue siendo, no tiene cabeza. Entonces lo que me parece es que hay que mantener el corazón y no perder la cabeza.</p>
<p><strong>E.M.: Una pregunta sobre su militancia política, ya que estamos en esta coyuntura. Su militancia en el comunismo es bien conocida, como también lo es su insistencia en permanecer fiel a sus ideales políticos. ¿Cómo anticipa el futuro del marxismo en el mundo, en esta coyuntura que estamos conversando? ¿Piensa que todavía tiene algo que aportar?</strong></p>
<p>J.S.: Mira: a mí no me pregunten cómo veo el futuro, porque no vale la pena. En el final del siglo diecinueve se reunieron unos cuantos filósofos, científicos, sociólogos, toda esa gente que más o menos tenía ideas sobre cómo podía ser el futuro, para preguntarse cómo sería el mundo en el final del siglo veinte. Seguramente los aciertos habrían sido mínimos. Si pudieran volver a la vida, se quedarían sorprendidos o desesperados.</p>
<p>Por eso, no creo que valga la pena decir cómo será el futuro, y mucho más en un tiempo como este, en que se está terminando una civilización. La civilización que era la nuestra se está acabando, acabó. Quedará algo distinto que pasa por la mentalidad esa, que tampoco sabemos cómo será. Pero tratando de contestar sin demasiadas palabras, yo le diría esto: en los libros de Marx y Engels (se llama La Sagrada Familia) hay unas cuantas palabras, frases, muy breves, que desde mi punto de vista, lo dicen todo. Sirve para entonces cuando Marx y Engels vivieron, para hoy y para mañana o para cuando sea. ¿Qué es lo que han escrito ellos? Esto: si el hombre es formado por las circunstancias, entonces hay que formar las circunstancias humanamente.</p>
<p>Todo lo que se pueda pensar o imaginar sobre ese deseo de felicidad, o de armonía y bienestar, algo que se podría decir inherente al ser humano, creo que lo contienen estas palabras. Y si usted me pregunta “¿y dónde se ha tratado o intentado aplicar todo esto, por ejemplo, en la Unión Soviética?”, entonces yo contestaré igual: si el hombre es formado por las circunstancias, entonces hay que formar las circunstancias humanamente.</p>
<p>Para concluir, diría que ni siquiera en esos países las circunstancias han sido suficientemente humanas para formar humanamente al ser humano. De aquí, tal como yo lo entiendo, no hay que salir. El modo en que estamos viviendo, las circunstancias que se están formando no son humanas. Al contrario, lo sabes bien, lo tenemos muy claro, entonces si me pregunta “¿Usted tiene una idea política y social, económica, lo que sea”, yo diré “Pues mire, la tengo pero no es mía. Es una idea de unos señores, que a lo mejor escribieron en un contexto que ni siquiera es el contexto donde yo lo pongo ahora, pero para mí lo tengo clarísimo: Si el hombre es formado por las circunstancias (y sabemos que sí, las circunstancias forman al ser humano), entonces hay que formar las circunstancias humanamente, que es la única forma, no hay otra. Decir, como se ha dicho, que nos vamos a sacrificar para que nuestros hijos sean felices. La felicidad posible es la que tiene que conquistarse cada día, día a día. La que se pueda; no es toda, no es mucha, un poquito que se pueda, pero ¿quién? Todos tenemos derecho a ella, los que vamos pasando de generación en generación, y sobre todo, no olvidar que los demás existen.</p>
<p><em>*Escritor e investigador cultural. Sus libros más recientes son ¡’Azúcar!: La biografía de Celia Cruz’ (2006) y ‘Los recursos de la imaginación: Artes visuales de la Región Andina y la Región Caribe’ (2011). /</em></p>
<p>&nbsp;</p>
</div>
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		<title>Abril azul</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Apr 2013 18:11:58 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Camila Melo Parra &#160; La crueldad se viste de un azul inmóvil y transitorio. No sé dónde aguardó mi alma su gusto por la dicotomía y la divergencia. Sin embargo, una voz susurra auxilio, mientras la alegoría abraza mis gritos para que no sucumban. El tráfico ahuyenta la luz y mis manos recaen nuevamente en el [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://blogs.elespectador.com/elmagazin/2013/04/23/abril-azul/espejo005/" rel="attachment wp-att-4465"><img class="aligncenter size-full wp-image-4465" alt="" src="http://blogs.elespectador.com/elmagazin/files/2013/04/espejo005.jpg" width="600" height="450" /></a></p>
<p style="text-align: left"><strong>Camila Melo Parra</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: left"><em>La crueldad se viste de un azul inmóvil y transitorio.</em></p>
<p style="text-align: left"><em>No sé dónde aguardó mi alma su gusto por la dicotomía y la divergencia.</em></p>
<p style="text-align: left"><em>Sin embargo, una voz susurra auxilio, mientras la alegoría abraza mis gritos para que no sucumban.</em></p>
<p style="text-align: left"><em>El tráfico ahuyenta la luz y mis manos recaen nuevamente en el aire.</em></p>
<p style="text-align: left"><em>El olvido es el vástago de los infelices y esta noche hemos florecido en el silencio.</em></p>
<p style="text-align: left"><em>Creer está de más cuando las pasiones intervienen entre el mito y el acto.</em></p>
<p style="text-align: left"><em>Quizá solo somos el espejo sin sombra de  nuestros delirios e invenciones.</em></p>
<div><em> </em></div>
<div><em> </em></div>
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		<title>El lenguaje subversivo de los gestos</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Apr 2013 19:56:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>elmagazin</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left"><a href="http://blogs.elespectador.com/elmagazin/2013/04/17/el-lenguaje-subversivo-de-los-gestos/barbara-bicicleta/" rel="attachment wp-att-4459"><img class="aligncenter size-full wp-image-4459" alt="Barbara bicicleta" src="http://blogs.elespectador.com/elmagazin/files/2013/04/Barbara-bicicleta.jpg" width="560" height="373" /></a></p>
<p style="text-align: left">
<p style="text-align: left"><strong>Adriana Marín Urrego/Fernando Araújo Vélez</strong></p>
<p style="text-align: left">Había un muro que dividía a dos naciones, un muro que separaba a las familias, un muro de infamia, de muerte, de terror; un muro que generaba odios, que acuchillaba ilusiones, que impedía, que rompía; un muro que hablaba, que gritaba, que reflejaba al hombre, muy en minúsculas, a la inhumanidad de la humanidad. Un muro que sintetizaba la crueldad en sus 120 kilómetros de hormigón, en las decenas de soldados que lo custodiaban, en las armas, en la amenaza, en la represión sobre decenas de miles de alemanes que quisieron atravesarlo y en los doscientos y tantos que murieron por intentarlo. Como escribía José Saramago: “Quizá nuestros ojos vean, pero nuestra razón está ciega. No somos capaces de reconocer que ha sido el ser humano el que ha inventado algo tan ajeno a la naturaleza como es la crueldad”.</p>
<p style="text-align: left"><span id="more-4458"></span></p>
<p style="text-align: left">La crueldad fue muro, el muro fue división y justificación. Sus constructores, los alemanes democráticos, separados de Alemania después de la Segunda Guerra Mundial (el país fue dividido entre los aliados y los soviéticos), adujeron que habían construido el muro para proteger del fascismo a la población, para salvarla de un capitalismo arrogante y nocivo, de unas libertades disfrazadas. El muro fue también un símbolo. Por eso, cuando se derrumbó, en noviembre de 1989, la gente de Berlín Oriental y de Berlín Occidental, y del resto del país, y de algunos otros lugares, se armó de azadones y picas y palas para derribarlo, para constatar que estaba dejando de existir, para celebrar y para recordar, para tratar de sanar heridas con el recuerdo. Luego ellos, y otros a quienes el muro sacudió, hicieron libros y películas y cuadros y obras de teatro.</p>
<p style="text-align: left">Christian Petzold fue uno de ellos. Primero rodó Cuba libre. Luego The State I Am In y Wolfsburg, y un año atrás, Bárbara. “Mis padres eran refugiados de la Alemania Democrática y se escaparon a finales de los 50, dos años antes de que yo naciera. Nunca hablaron sobre su juventud. Tenían 18, 19 o 20 años cuando escaparon, y nunca volvieron a hablar de eso. Sé que mi papá quería ser Jimmy Dean y que mi mamá quería hacer pinturas, como Cézanne. Eran unas personas muy solitarias después de que escaparon. Vivían con su familia, pero nunca nos contaron su historia porque después de irse ya no había posibilidad de regresar a Alemania Oriental, era prohibido, y sacaron todas las memorias de su cabeza. Después del 89, todas las memorias de su juventud regresaron, hablaron sobre sus amigos, sobre su primer beso, las calles. Entonces empecé a pensar que nadie habla sobre esos 40 años, como mis padres, y creo que el cine se tiene que encargar de hacerlo”.</p>
<p style="text-align: left">La historia de Bárbara fue, de alguna manera, la historia de sus padres, de algunos de sus vecinos, y la historia que él vivió durante unos cuantos días cuando decidió ir a visitar a su abuela en la Alemania Democrática. “Yo visité a mi abuela por dos o tres semanas en verano y me pareció muy aburrido, muy típico alemán, mucho más alemán que occidente. Era como en los 20. Todo extremadamente burocrático, y había un ambiente de desconfianza y todo el mundo en el barrio hablaba de los demás y a mí no me gustaba, por el sistema, pero me gustaba que la gente, allá, tenía —casi— como un diálogo subversivo, un tipo de seducción subversiva. Estas personas eran muy inteligentes y mientras hablaban de algo absolutamente ordinario, había algo entre líneas, muchos signos. A mí eso me gustaba”.</p>
<p style="text-align: left">Su gusto fue luego su obra. Bárbara se volvió un diálogo sin fin, un diálogo de miradas, de silencios, de mentiras y anhelos. Un diálogo subversivo, como aquellos que él amó mientras anduvo con su abuela. “El reto en la película y con los actores era que queríamos ver sus cuerpos, queríamos verlos moverse, cómo mienten, cómo se ríen, cómo esconden su risa detrás de sus sonrisas. Eso era fantástico. Teníamos ensayos muy largos, cada mañana antes de grabar. Ese fue uno de los mejores momentos de mi vida porque todo era nuevo. No era un tipo de actuación que conociera de antes”.</p>
<p style="text-align: left">Las actuaciones de Nina Hoss y Ronald Zehrfeld fueron la Alemania Democrática de los 80. Y los carros cuadrados, Zastavas, y las luces direccionales que sonaban clic, clic, clic, y la bicicleta de Bárbara, constante, silenciosa. Y el silencio, y la sospecha, la eterna sospecha y la eterna sensación de que alguien en algún lugar vigilaba y jamás dejaría de vigilar.</p>
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		<title>Apúntate al #CambalacheLiterario de @elespectador en la Feria del Libro</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Apr 2013 22:19:47 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[&#160; &#160; “El regalo de un libro, además de obsequio, es un delicado elogio”. Anónimo   ¿Quieres compartir libros con otros lectores y conseguir libros gratis de segunda mano? La Feria del Libro es tu oportunidad para hacerlo. El blog El Magazín, de @elespectador, organiza su primer #CamabalacheLiterario y convoca a todos sus seguidores y [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://blogs.elespectador.com/elmagazin/2013/04/16/apuntate-al-cambalacheliterario-de-elespectador-en-la-feria-del-libro/1libros-2/" rel="attachment wp-att-4453"><img class="aligncenter size-full wp-image-4453" alt="1libros" src="http://blogs.elespectador.com/elmagazin/files/2013/04/1libros1.jpg" width="293" height="443" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">“El regalo de un libro, además de obsequio, es un delicado elogio”.<br />
Anónimo</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>¿Quieres compartir libros con otros lectores y conseguir libros gratis de segunda mano? La Feria del Libro es tu oportunidad para hacerlo. El blog El Magazín, de @elespectador, organiza su primer #CamabalacheLiterario y convoca a todos sus seguidores y asistentes a la Feria a participar en ella. </strong></p>
<p><span id="more-4451"></span></p>
<p><strong>Mecánica </strong></p>
<p>-       A través de Twitter, con el hashtag #CambalacheLiterario, comparte los nombres o fotos de los libro que llevarás, y consulta los títulos que han dejado otros lectores.</p>
<p>-       También puedes compartir los nombre o fotos de tus libros con el hashtag #CambalacheLiterario en Mesa de Noche, la comunidad para amantes de los libros de El Espectador en Google +. <a href="https://plus.google.com/u/0/b/115528250438358367627/communities/118101546794041399965">https://plus.google.com/u/0/b/115528250438358367627/communities/118101546794041399965</a></p>
<p>-       Te invitamos a dejar una dedicatoria en tu libro para su siguiente dueño.</p>
<p>-       Debes llevar tus libros al Pabellón 3, Stand 336, el espacio de El Espectador en la Feria del Libro. Allí encontrarás el espacio del #CambalacheLiterario.</p>
<p>-       Al final de la Feria realizaremos un Hangout con algunos de los participantes en el #CambalacheLiterario. (<em>Un Hangout es una herramienta que permite crear videoconferencias para conectarse simultáneamente, a través de video y audio, en cualquier lugar). </em></p>
<p>Condiciones:</p>
<p>-       #CambalacheLiterario no admite textos pirateados, fotocopiados, ni en mal estado.</p>
<p>-       #CambalacheLiterario estará, en esta primera entrega, centrada en libros de literatura.</p>
<p>-       Cada participante en #CambalacheLiterario podrá intercambiar máximo 3 libros por día.</p>
<p>-       Cada participante podrá llevarse el mismo número de libros que aporte al #CambalacheLiterario.</p>
<p>-       Puedes participar en #CambalacheLiterario entre el 18 de abril y el 1 de mayo.</p>
<p>Nota: No olvides que los niños también pueden participar. Llévalos con sus libros al #CambalacheLiterario para que puedan hacer sus intercambios.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>El mago áureo</title>
		<link>http://blogs.elespectador.com/elmagazin/2013/04/15/el-mago-aureo/</link>
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		<pubDate>Mon, 15 Apr 2013 21:44:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>elmagazin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sueños de fútbol]]></category>

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		<description><![CDATA[  Santiago Muñoz Calvo* Cuando estaba en sus pies el balón rodaba con gracia, casi lentamente. Un leve toque con la cara externa de su botín derecho movía a la esférica lo suficiente para evadir la feroz barrida del zaguero rival. Luego, con elegancia, movía su pierna para evitar el golpe mientras su botín zurdo [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><b><a href="http://blogs.elespectador.com/elmagazin/2013/04/15/el-mago-aureo/zidane/" rel="attachment wp-att-4449"><img class="aligncenter size-full wp-image-4449" alt="" src="http://blogs.elespectador.com/elmagazin/files/2013/04/zidane.jpg" width="259" height="194" /></a> </b></p>
<p style="text-align: left"><b>Santiago Muñoz Calvo*</b></p>
<p style="text-align: left">Cuando estaba en sus pies el balón rodaba con gracia, casi lentamente. Un leve toque con la cara externa de su botín derecho movía a la esférica lo suficiente para evadir la feroz barrida del zaguero rival. Luego, con elegancia, movía su pierna para evitar el golpe mientras su botín zurdo realizaba el siguiente enganche. Cuando Zinédine Zidane jugaba, la gravedad se acrecentaba: caía el balón, que no rebotaba luego de tocar sus guayos a menos que él lo quisiera. Caían sus rivales, que trataban de detenerlo y terminaban de espaldas contra el pasto. Caían las mandíbulas de los atónitos espectadores que presenciaban sus actos de magia.<span id="more-4448"></span></p>
<p>Nació en el seno de una familia de inmigrantes argelinos en Marsella, puerto bañado por la deslumbrante costa azul francesa. Sus padres habían huido antes del inicio de la guerra de independencia de su país y se instalaron en la bella ciudad costera. Allí fue donde surgió su pasión por el deporte rey viendo a Jean-Pierre Papin y a Enzo Francescolli brillar con la casaca celeste del Olympique de Marseille. Zinedine soñaba con emular al elegante media punta uruguayo al que apodaban <i>El Príncipe</i>: al parecer, no esperaba convertirse en rey.</p>
<p>Pasó por varios equipos locales antes de ser fichado por el AS Cannes y más adelante por el Girondins de Bordeaux, en el que junto a sus compañeros Dugarry y Lizarazu se destacó en la liga local y luego en la selección francesa, a la que llegó en 1994 y, dos años más tarde, en 1996, luego de una excepcional actuación en la Eurocopa disputada en Inglaterra, fue fichado por la Juventus de Turín en la que había jugado Michel Platini, quien luego se convertiría en su predecesor. En 2001 sería transferido al equipo en el que todo futbolista sueña jugar, el Real Madrid, por 73.5 millones de euros, cifra récord pagada por un jugador, hasta ese momento.</p>
<p>Zidane sólo cosechó glorias. Ganó todo lo que pudo, tanto individualmente como en equipo, con su club como con su país. Era un rey, un rey Midas del fútbol que a diferencia de convertir en oro lo que tocaba con sus manos, lo hacía con los pies: ganó el Balón de Oro, fue parte del Once de Oro tres veces, alzó la áurea Copa del Mundial 1998. Además, tres veces Jugador Mundial FIFA. Su juego era un deslumbramiento. Un diseñador de la marca de guayos que lo patrocinaba pensó igual y le hizo unos botines dorados, con los que surcó el césped de los estadios alemanes en el Mundial 2006. Ágiles gambetas y giros casi de ballet dejaban a sus rivales inmóviles, como si Dionisio le hubiera conferido el mismo don que a su antecesor griego: <i>Zizou </i>convertía en estatuas doradas lo que dejaba a su paso.</p>
<p>Su técnica era impoluta: aunque Roberto Carlos le hiciera un cambio de frente con mayor potencia a la que le imprimía a uno de sus tiros libres, Zidane detenía el balón y lo descansaba con gracia sobre su empeine. No lo dejaba caer, lo elevaba de nuevo y lo pasaba por sobre la cabeza de un defensa. La gravedad hacía su efecto y el balón caía por segunda vez sobre sus botas. Uno, dos, tres rebotes más siempre sobre sus pies, hasta que la bola, embriagada, finalmente tocaba el suelo para seguir moviéndose de forma sutil, entre guadañazos y tacos de metal del contrario que, claro, nunca la alcanzarían.</p>
<p>Es como si la mitad del tiempo le molestara que el balón hiciera contacto con el césped, como si le disgustara que estuviera quieto… como si el momento previo al pitazo inicial fuera una eternidad. El mago de Marsella hizo algunos de sus mejores trucos con el balón en el aire. Aquel centro que le llegó por la izquierda una noche en el Hampden Park de Glasgow, lo transformó en un truco digno de Copperfield. Sus rivales vestidos de rojo y negro y sus compañeros merengues quedaron estupefactos ante este brochazo de pierna zurda que dejaba al portero teutón petrificado y que le otorgaba la novena <i>Champions League</i> a su histórico equipo.</p>
<p>No todo tiene un final feliz, tampoco un final perfecto. El partido definitivo de la Copa del Mundo 2006 sería escenario del último espectáculo de este artista, que hacía sutiles pinceladas a la Monet con la diestra y violentos pero espectaculares trazos a la Pollock con la zurda. A los 34 años decidió dejar el fútbol por la puerta grande; el marco de la final lo valía, sería un cierre con broche de oro. En el Estadio Olímpico de Münich todo pareció estar en cámara lenta cuando <i>Zizou </i>clavó su botín derecho en la grama junto al punto penalti. Tocó con suavidad la parte inferior del balón imitando a Antonín Panenka en la final de la Eurocopa del 76. Gianluigi Buffon se lanzó a la derecha pero la esférica flotó en suspenso hasta golpear el travesaño por debajo y rebotar detrás de la línea de gol. El mago ponía el uno a cero de su final soñada.</p>
<p>El sueño se fue convirtiendo en un mal sueño con el empate de Materazzi y poco después se volvió una pesadilla protagonizada por el mismo zaguero italiano. Tras un cruce de palabras del que sólo se conocen especulaciones, el astro francés, el caballero, el artista, clavó su cabeza calva en el pecho del espigado defensor. Este acto inverosímil no fue visto de inmediato por el juez central Horacio Elizondo, sino por su cuarto asistente, Luis Medina Cantalejo, quien de inmediato informó al réferi lo sucedido. El argentino alzó su mano derecha con la tarjeta roja entre sus dedos y, cual un antagónico Dionisio, puso punto final a la historia como jugador de este Midas del fútbol que bañó de oro casi todo lo que tocó con sus pies…</p>
<p>Mientras la Copa Mundo resplandecía, <i>Zizou</i>,con un sinsabor y una melancolía inusuales, bajaba las escaleras del estadio alemán hacia los camerinos. Fue el adiós de un grande, de un mago, de un artista que perdió la cabeza <i>ad portas </i>del retiro ideal. No fue el final perfecto ni mucho menos, pero la perfección no existe ni en la vida ni en el fútbol. El Midas francés tuvo que dejar a un lado lo único que no pudo convertir en oro.</p>
<p><b><em>* Estudiante de Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Pontificia Bolivariana. Colaborador de El Magazín, en Medellín.</em> </b></p>
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		<title>Gómez Dávila, el filósofo de la brevedad</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Apr 2013 19:33:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>elmagazin</dc:creator>
				<category><![CDATA[De fondo]]></category>

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		<description><![CDATA[El próximo 18 de mayo se cumplen 100 años del  nacimiento de Nicolás Gómez Dávila, uno de los referentes esenciales de la cultura y la literatura colombianas. Fernando Araújo Vélez Alguna vez, y en forma muy confidente, sus amigos de toda la vida lo oyeron decir que si no cambiaba su Renault 4 mostaza modelo [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://blogs.elespectador.com/elmagazin/2013/04/08/gomez-davila-el-filosofo-de-la-brevedad/gomezdavila/" rel="attachment wp-att-4446"><img class="aligncenter size-full wp-image-4446" alt="" src="http://blogs.elespectador.com/elmagazin/files/2013/04/gómezdávila.jpg" width="560" height="373" /></a></p>
<p style="text-align: left"><em>El próximo 18 de mayo se cumplen 100 años del  nacimiento de Nicolás Gómez Dávila, uno de los referentes esenciales de la cultura y la literatura colombianas.</em></p>
<p style="text-align: left"><strong>Fernando Araújo Vélez</strong></p>
<p style="text-align: left">Alguna vez, y en forma muy confidente, sus amigos de toda la vida lo oyeron decir que si no cambiaba su Renault 4 mostaza modelo 72, era porque no existían los Renault 2. “Era un automóvil unipersonal y aún existe”, recordaba ocho años atrás su hija Rosa María, para quien era una especie de misterio verlo subirse allí, con sus 1,96 metros de estatura, su inseparable sombrero y un tabaco. Aquella era una de las tantas imágenes que lo describían, porque Nicolás Gómez Dávila era un hombre de antes de la guerra.<span id="more-4445"></span></p>
<p>“Un personaje de otro siglo, por su sabiduría, por su sencillez, porque uno siempre lo escuchaba en otro tono. Por algo solía repetir que a él no le interesaba ninguna idea que tuviera menos de mil años”. La última vez que Camilo Durán lo vio fue en el Jockey Club, a donde iba a almorzar casi todos los días, para luego volver a casa, leer, escribir en sus eternos cuadernos de pasta verde si se le ocurría alguna idea, un comentario, y abrirles la puerta a sus amigos que iban a conversar con él. Generalmente le tocaban en la ventana que da a la calle 77.</p>
<p>Entonces él se levantaba de su sillón e iba a recibirlos. Tomaban café, fumaban, hablaban, se reían. Si alguien citaba a algún autor o un libro, Gómez Dávila iba hacia uno de sus estantes y sacaba el texto correspondiente. “Todos los autores estaban en su idioma original, pues él no apreciaba las traducciones”, comentaba su hija alguna vez, para luego recordar que en aquella imponente biblioteca con cerca de 30 mil volúmenes sólo había un libro traducido, un ejemplar de Kierkegaard que Gómez Dávila jamás pudo conseguir en danés.</p>
<p><i>Colacho </i>, como lo llamaban sus íntimos, comenzó a transformarse en leyenda en los años 70, cuando el Instituto Colombiano de Cultura editó en dos volúmenes sus primeros aforismos, <i>Escolios a un texto implícito </i>. Ya antes, su hermanoIgnacio, plenos 50, por su cuenta y riesgo había publicado en México algunos textos suyos con el título de <i>Notas </i>, tomo I. Fue un libro reducido, sólo para los amigos. Por aquellos tiempos ya decían de Gómez Dávila que había nacido en Cajicá, en Mosquera, e incluso, que era boliviano.</p>
<p>Contaban que poco después de cumplir los 20 años se había refugiado en su casa del barrio El Nogal a leer, escribir y a estudiar idiomas, que se la pasaba en bata de levantar y que nunca salía. Alguien deslizó que si se dedicó a los libros fue por una fractura de cadera que sufrió en un partido de polo. “Se fue tejiendo una historia paralela en torno de su vida, pero nada de aquello era cierto”. Gómez Dávila nació en Bogotá el 18 de mayo de 1913, en una casona ubicada en la carrera 8 con calle 16. A finales de 1919, poco después de la Primera Guerra Mundial, se fue a vivir con sus padres a París. Allí estudió en un colegio benedictino, que lo marcaría en sus pensamientos humanísticos cristianos.</p>
<p>Sin embargo, no pudo concluir sus primeros estudios al lado de sus condiscípulos: una neumonía lo mantuvo encerrado por dos años, recibiendo allí, en casa, las clases que el pénsum dictaminaba. Cuando regresó a Bogotá, a los 23 años, ya hablaba y leía latín, griego, francés e inglés. De alguna manera, en hojas sueltas que luego pasaba a un cuaderno y más tarde transcribía a máquina, comenzaba en serio a construir su pensamiento. Hablaba en sus tertulias de sus escolios, un término que provenía del griego <i>schólion</i>, y significaba comentario al margen en manuscritos o incunables. Gómez Dávila condensaba con pequeñas frases las complejidades de la razón. “Aquí no intento ofrecer sino esbozos de ideas, leves gestos hacia ellas”, escribiría en su libro de <i>Notas, </i>publicado en 1959.</p>
<p>Prefería concluir antes que hastiar. Sugería y seducía. Jamás imponía. “Mi padre nunca nos obligó a leer algo. Nos mostraba los caminos para que llegáramos a nuestras propias conclusiones. Tampoco nos prohibió entrar a su biblioteca. Allí jugábamos, hacíamos las tareas, conversábamos y charlábamos con él”. Ahí, en medio de sus libros, murió el 17 de mayo de 1994. “No hay mejor sustituto al pensamiento que una buena biblioteca”, había escrito en su primera selección de <i>Notas </i>. Así, según sus frases, había vivido. Los libros eran mucho más que páginas y letras. “Todo libro que no encuentra nuestra secreta carne, desnuda, irritada y sangrante, es un mero refugio transitorio”.</p>
<p>Fue un poco Ciorán, un poco Nietzsche. No le tenía miedo a la realidad, por más cruda que fuera. Sus pensamientos eran una herida que se abría. Por eso era capaz de escribir: “La autenticidad no rescata de la mediocridad, pero salva de la cursilería”; “La tolerancia ilimitada no es más que una manera hipócrita de dirimir”; “El optimismo es un invento relativamente moderno. Las literaturas clásicas no tienen sensibilidad sosa”; “Deprimente, como todo texto optimista”. Por eso era capaz de pensar más con la duda que con el deseo, y escribir era su salvación: “(&#8230;) La única manera de distanciarse del siglo en el que le cupo a uno nacer”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Algunos escolios de Gómez Dávila</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>“Una sociedad ideal sería el cementerio de la grandeza humana”.</em></p>
<p><em>“La envidia difiere de los demás vicios por la facilidad con que se disfraza de virtud”.</em></p>
<p><em>“La momentánea belleza del instante es lo único que concuerda en el universo con el afán de nuestras almas”.</em></p>
<p><em>“Al cabo de pocos años, una ojeada basta”.</em></p>
<p><em>“He visto la filosofía desvanecerse poco a poco entre mi escepticismo y mi fe”.</em></p>
<p><em>“El asfalto sólo produce demócratas, burócratas y putas”</em></p>
<p><em>“Pocos nacen nobles, pero muchos menos aún mueren nobles”</em></p>
<p><em>“Ya no hay clase alta, ni pueblo; sólo hay plebe pobre y plebe rica”.</em></p>
<p><em>“El estado democrático es la herramienta por medio de la cual las mayorías primero oprimen a las minorías, y después se oprimen a sí mismas”.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
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		<title>La muerte de Chinua Achebe</title>
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		<pubDate>Tue, 02 Apr 2013 17:20:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>elmagazin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Desahogo]]></category>

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		<description><![CDATA[José E. Mosquera* A los  82 años, murió en Boston, Estados Unidos, el novelista, poeta, ensayista y crítico literario nigeriano, Chinua Achebe, el  padre de la literatura moderna de África, uno de los grandes escritores de la lengua inglesa en el siglo XX y, desde luego, uno de los más brillantes intelectuales africanos. Su producción [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><a href="http://blogs.elespectador.com/elmagazin/2013/04/02/la-muerte-de-chinua-achebe/chinua-achebe-by-daily-post/" rel="attachment wp-att-4443"><img class="aligncenter  wp-image-4443" alt="" src="http://blogs.elespectador.com/elmagazin/files/2013/04/chinua-achebe-by-daily-post.jpg" width="491" height="354" /></a></p>
<p style="text-align: left"><strong>José E. Mosquera*</strong></p>
<p style="text-align: left">A los  82 años, murió en Boston, Estados Unidos, el novelista, poeta, ensayista y crítico literario nigeriano, Chinua Achebe, el  padre de la literatura moderna de África, uno de los grandes escritores de la lengua inglesa en el siglo XX y, desde luego, uno de los más brillantes intelectuales africanos. Su producción literaria no sólo revolucionó la literatura africana por la manera como abordó los problemas africanos desde la literatura, sino por la extraordinaria simbiosis que hizo en sus obras entre el realismo narrativo europeo con las tradiciones orales de su cultura igbo, pero desde la perspectiva de una concesión universal de las tradiciones africanas.<span id="more-4442"></span></p>
<p>Achebe hizo en sus novelas auténticas radiografías de las confrontaciones entre la cultura occidental y las diferentes culturas africanas, al igual que las transformaciones que sufrieron las sociedades africanas con la penetración colonial de la cristianización y las adopciones de nuevas formas de gobierno en el siglo XX. Por eso su primera novela <i>Todo se desmorona</i>, publicada, en 1958, se convirtió en toda una novedad literaria en el mundo, en virtud de que Achebe rompe con los viejos paradigmas en la narrativa africana y transforma completamente el panorama literario en África.</p>
<p>A través de la literatura le enseñó a los africanos a hablar sobre sí mismos, a auto reconocerse, a valorar y resaltar sus tradiciones, sus historias, sus cuentos, sus canciones y sus visiones del mundo, más allá de las alienaciones culturales europeas. Porque así como García Márquez creo al legendario Macondo, Achebe le dio vida a  Igbolandia. Su ruptura lo posicionó como uno de los primeros escritores africanos en alcanzar notoriedad universal.</p>
<p>El reconocimiento se constituyó en un gran logro para Achebe, nacido en Nigeria en 1930, formado en literatura en la Universidad de Ibadán y profundamente comprometido con las luchas de los pueblos africanos. Se destacó como profesor de literatura en las Universidades de Ibadán, Nsukka, Massachusetts, Connecticut, Mariana Fisher y Brown, entre otras. Además recibió premios, condecoraciones y doctorados honoris causa en más de 30 universidades en el  mundo.</p>
<p>Autor de una prolífera obra literaria, entre novelas, ensayos, relatos y poemas: Todo se desmorona (1958), Me alegraría de otra muerte (1960), La flecha de dios (1964), Un hombre un pueblo (1965), Chicas en guerra (1971), Navidades en Biafra y otros poemas (1973) y Termitero de la Sabana (1987), entre muchas otras.</p>
<p>Fue un crítico de  la política y la corrupción en  su país, en general en África, sobre todo de las dictaduras y los regímenes totalitarios, críticas que expuso en varios ensayos, en artículos de prensa y en especial en  sus novelas “ Un hombre del pueblo” y ”Termiteros de la Sabana” (1987), en éste último, en donde  plasma las luchas de tres jóvenes con la tiranía de un presidente educado en una academia militar británica en el  imaginario Estado de Kangan, pero con una universalidad aplicable en cualquier país africano.</p>
<p>Rechazó todas las formas de colonialismo, postura que sintetizó cuando dijo: “yo estaría satisfecho si mis novelas, especialmente las que situé en el pasado, hubieran servido para enseñar a mis lectores que su historia, a pesar de todas las imperfecciones, no fue la larga noche de salvajismo de la que los europeos, actuando en nombre de Dios, vinieron a  liberarnos”.</p>
<p>Su novela<i> Todo se desmorona</i> ha sido traducida en más de 50 idiomas y se han vendido más de 10 millones de ejemplares. Es quizás una de las novelas africanas más leída y vendida en el mundo. Pese a ser uno de los escritores africanos más conocidos y más leído del habla inglesa, es poco conocido en Colombia.</p>
<p>Los que hemos leído su obra y degustado su realismo narrativo, su elocuente y cautivante prosa, somos testigos de la importancia que tiene Achebe en la literatura universal. Pero como ha sucedido con muchos otros grandes escritores, Jorge Luis Borges, entre ellos, la Academia sueca ha quedado en deuda con Chinua Achebe, que se suma a los que teniendo suficientes méritos no fueron galardonados con el Premio Nobel de Literatura.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><i>*Escritor y periodista. Chocó.  jemosquera@une.net.co</i></p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Ilusión con fecha de vencimiento</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Apr 2013 19:30:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>elmagazin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Sueños de fútbol]]></category>

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		<description><![CDATA[“El fútbol está hecho de errores. El partido perfecto es el que termina 0-0″. Michel Platini David Mayorga El preludio se extendió por poco más de tres horas. Afuera, la lista de nombres elaborada por los periodistas seguía creciendo. La danza de candidatos imaginables (y de inimaginables) servía para matar el tiempo, aunque todos supieran [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left"><a href="http://blogs.elespectador.com/elmagazin/2013/04/01/ilusion-con-fecha-de-vencimiento/diaz/" rel="attachment wp-att-4440"><img class="wp-image-4440" alt="" src="http://blogs.elespectador.com/elmagazin/files/2013/04/díaz.jpg" width="508" height="341" /></a></p>
<p style="text-align: left">
<p style="text-align: right"><em>“El fútbol está hecho de errores. </em></p>
<p style="text-align: right"><em>El partido perfecto es el que termina 0-0″.</em></p>
<p style="text-align: right"><strong><em>Michel Platini</em></strong></p>
<p style="text-align: left">
<p style="text-align: left"><strong>David Mayorga</strong></p>
<p style="text-align: left">El preludio se extendió por poco más de tres horas. Afuera, la lista de nombres elaborada por los periodistas seguía creciendo. La danza de candidatos imaginables (y de inimaginables) servía para matar el tiempo, aunque todos supieran en un 88% quién sería el elegido. En suma, una historia digna de ser contada. De la altura de un club con más de 100 años como Nacional de Montevideo.<span id="more-4439"></span></p>
<p>La tarea del designado sería mucho más que difícil: tendría que remplazar a un ídolo del tamaño de Marcelo ‘El Muñeco’ Gallardo. Continuar el legado impuesto por el hombre que conquistó los títulos de 2011 y 2012 como jugador y director técnico, el mismo que dejó el banquillo al día siguiente de levantar la copa para reencontrarse en Argentina con su familia.</p>
<p>Al terminar la reunión, Ricardo Alarcón, presidente del club, confirmó la noticia. El elegido era Gustavo ‘El Chavo’ Díaz.</p>
<p>Aquel lateral derecho que nació para el fútbol en los años 90, que jugó en los españoles Real Valladolid y Albacete y se retiró en 2005 vestido con el uniforme del modesto Paysandú, tomaba el mando. Como técnico, aprendió el arte de dirigir un equipo en la cancha de Central Español para, después, salir campeón del Clausura Uruguayo 2012 con Defensor Sporting. Y aunque perdió la gran final con el Nacional de Gallardo, el subcampeonato fue la carta que terminó inclinando la balanza a su favor.</p>
<p>Su nombramiento también desató una pequeña tormenta al interior de la federación, pues Dante Prato, por entonces presidente de Defensor, acusó a Alarcón de faltar a la promesa de no incluir a Díaz en su lista de entrenadores a contratar. Los periodistas llamaron, consultaron, preguntaron y tomaron nota. Era una historia que incluía un objetivo imposible cumplido, una promesa de renovación que no llegó a tiempo y una llamada con la oferta de un nuevo contrato (y salario mejorado). Por supuesto, acusaciones de traición entre directivos.</p>
<p>Ante las cámaras de un noticiero local, el entrenador confirmó las versiones. “Es un desafío muy importante en mi carrera. Estoy muy seguro de mi cuerpo técnico y de lo que podemos desarrollar”, afirmó. Entre sus nuevos retos sobresalían el Apertura Uruguayo 2012 y la Copa Sudamericana.</p>
<p>‘El Chavo’ trabajó a la sombra de los Juegos Olímpicos de Londres decidiendo la plantilla para la temporada, coordinando los refuerzos, analizando la táctica que emplearía y compartiendo con los medios su visión del trabajo. Pero por dentro, el club vivía un auténtico infierno.</p>
<p>Su elección fue una decisión unilateral del presidente Alarcón, quien desestimó las recomendaciones de la Comisión de Contrataciones (órgano creado por él mismo para decidir la llegada de entrenadores y jugadores) e impuso su voluntad. Una pésima táctica, sobre todo en época electoral. La tesis de la continuidad no fue tenida en cuenta por los socios del club que se decantaron por Eduardo Ache a la hora de elegir nuevo presidente. Fue el preludio de una temporada caracterizada por las amarguras.</p>
<p>La era Díaz en Nacional inició el 31 de julio de 2012 con una derrota en el juego inaugural de la Sudamericana ante Deportes Iquique en Chile (los verdugos de la noche fueron Sebastián Ereros y Misael Dávila), situación que se agravó al final del partido cuando ‘El Chavo’ se negó a darle una entrevista a Pasión Tricolor, una emisora dirigida por los hinchas, pero en el hotel contestó la llamada de una cadena radial uruguaya. Así se firmó la guerra fratricida con el dial que se propagó en las tribunas a medida que los partidos fueron jugándose.</p>
<p>Aunque Nacional logró darle vuelta a la serie, su aventura fue interrumpida por el club ecuatoriano Liga Deportiva Universitaria de Loja; por otra parte, el desempeño en el torneo local se tradujo en 10 victorias, dos empates y tres derrotas que lo ubicaron en el tercer puesto, a cuatro puntos del campeón: el odiado Peñarol.</p>
<p><a href="http://mundodisoluto.files.wordpress.com/2013/03/20130321-134438.jpg"><img alt="20130321-134438.jpg" src="http://mundodisoluto.files.wordpress.com/2013/03/20130321-134438.jpg?w=640" /></a></p>
<p>Las críticas de la prensa (que encontraron eco en las redes sociales) y un estilo de juego que no enamoró perdidamente a la tribuna, hicieron que la nueva directiva se planteara un cambio de entrenador. Pero la decisión habría enviado el mensaje de división interna y acarreado altos costos, reviviendo, de paso, al grupo rival en la dirección.</p>
<p>La solución fue salomónica: mantener a Díaz y traer refuerzos de renombre de cara a la Copa Libertadores de 2013. Se firmó así a Juan Albín, Iván Alonso y Sebastián ‘El Loco’ Abreu, nombres con los que había que salir campeón.</p>
<p>Pero el comienzo fue lento y la desesperanza se mantuvo. Es más, las razones de la desazón comenzaron a salir a flote. De acuerdo al portal deportivo <a href="http://www.tenfield.com.uy/la-era-gustavo-diaz-en-nacional-con-numeros-que-son-elocuentes/">Tenfield.com</a>, el plantel se dividió en dos grupos de jugadores que, incluso, ponían a disposición de los directivos listas de posibles fichajes.</p>
<p>El primer juego de la temporada tuvo lugar en Montevideo: un empate a un gol contra el Barcelona ecuatoriano por la Libertadores; el siguiente, también por el torneo continental, supuso una espectacular remontada en México ante el Toluca con una noche sobresaliente de Vicente Sánchez, autor de dos goles. Así, aprovechando la baja forma del argentino Boca Juniors, Nacional reclamaba el liderato del Grupo 1.</p>
<p>Pero las buenas sensaciones terminaron con el Clausura 2013. El primer partido, contra Defensor Sporting, trajo consigo críticas agudas tras la derrota por 0-1. La crisis se agravó una semana después con un deprimente empate a un gol ante Cerro Largo. Viendo cómo la furia de hinchas daba paso a caras largas entre los dirigentes, Gustavo Díaz puso su cargo a disposición. Su historia en Nacional concluyó el 4 de marzo de 2013, cuando la junta directiva aceptó su carta de renuncia.</p>
<p>“Algunos de los errores que cometimos como directivos lo llevaron a no cumplir los objetivos en la dirección de Nacional”, admitió Ache ante las cámaras. El banquillo sería ocupado, de manera interina, por dos ex jugadores del club: Juan Carlos Blanco y Gustavo Bueno.</p>
<p>El último día de ‘El Chavo’ en las instalaciones del club estuvo marcado por la nostalgia. Recogió sus cosas, se despidió de los jugadores y compartió con la prensa algunas palabras: “Hubo muy poco nivel de tolerancia desde que llegamos, pero es Nacional y está bien que así sea. Es un equipo grande y con exigencias distintas”. Prefirió esconder los ojos detrás de unos lentes oscuros.</p>
<p><a href="http://mundodisoluto.files.wordpress.com/2013/03/20130321-134651.jpg"><img alt="20130321-134651.jpg" src="http://mundodisoluto.files.wordpress.com/2013/03/20130321-134651.jpg?w=640" /></a></p>
<p>En lo que respecta únicamente a los números, la salida de Gustavo Díaz es injusta: de los 23 partidos que dirigió, ganó 13, empató cuatro y perdió seis. Consiguió el 62% de los puntos disputados y su equipo anotó 41 goles, para un promedio de 1,78 anotaciones por partido. Cifras que, sin duda, avalarán su llegada a un nuevo club.</p>
<p>Claro que su recuerdo se diluyó muy rápido. Bajo la dirección de Blanco, Nacional le ganó 1-0 a Boca en Buenos Aires (perdió por el mismo marcador en el juego de vuelta del grupo) mientras que, en el torneo doméstico, venció 2-1 a Central Español y empató 2-2 con Fénix. Jugadas cuatro fechas, ocupa la casilla 11 con cinco puntos.</p>
<p>El club se debate hoy por la continuidad de Blanco en la dirección técnica o por emprender un nuevo proyecto. La lista de nombres la encabeza, esta vez, el español Juan Manuel Lillo, de 47 años, quien dirigió a Real Sociedad, Zaragoza, Tenerife y Dorados de Sinaloa (México), entre otros. Llama la atención su reconocido trabajo con las divisiones inferiores.</p>
<p>La afición, en cambio, sueña con el regreso de un ídolo como Hugo de León, el hombre que asumió el mando en una época convulsa (muy parecida a la actual) y conquistó tres campeonatos entre 1998 y 2001.</p>
<p>Otros clubes y otras aficiones soñarán, sin embargo, con un entrenador de la altura y el rendimiento de Gustavo ‘El Chavo’ Díaz.</p>
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