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El Magazín

Archivo de Categoría ‘La esquina del cuento’

06

05

2013

elmagazin

El monohumano

Por: elmagazin

people-party_00313989

Aline Hernández*

La conocí en un fiesta, un dizque concierto al que fui a dar por pura casualidad, caminaba por una de las calles de la condesa, de esas donde uno encuentra todavía ruinas arquitectónicas de lo que fue el porfiriato, aquella dictadura que sigue presente aunque nos funcione pensar que no. La cuestión es que iba caminando esperando poder dejarla atrás, desde hacía meses estábamos teniendo un chingo de problemas y yo ya no podía más. Quiero asumir que ella sentía lo mismo, pero ninguno encontraba todavía el modo de traducirlo en palabras. Con las mujeres siempre es lo mismo, te quieren decir algo y te dicen lo contrario a la espera de que tú adivines qué están queriendo decir y se los hagas saber. Más complejo, imposible. Y pensar que hace cinco minutos estaba todavía dentro del coche con ella, deja de manejar así me dijo, primero bien bajito, como una chiquita bien portada y mansita que está temiendo por su vida, tremenda zorra, hace tres minutos me estaba pegando unos gritos que por su peculiar sonoridad, puedo entrever que todos los cohabitantes de alrededor se involucraron involuntariamente en la historia. Vamos tarde le respondí y seguí acelerando sin miedo a estamparme, total, podría en caso de suceder, funcionar como parteaguas de esta obsoleta convivencia que cada día adquiría más toques de sadomasoquismo. Me pregunto qué hubiera dicho él de haber vivido vouyeristamente este panorama que ambos planteamos, ninguno encuentra el valor para salir y cada día pesa más el sutil encierro al que nos estamos sometiendo. Entonces, se empezó a poner cada vez peor, ya estás gritándome otra vez le dije, ya bastante harto de la situación. Empezó de pronto a llorar como loca, de verdad parecía que acababa de abusar de ella. Me orille mientras sus lloriqueos se volvían cada vez más molestos. Apague el coche y me baje. A dóoooonde vas me dijo sacando su cabeza por la ventana, me le quede viendo, todavía era guapa, el pelo se le pegaba a las mejillas debido a tanto líquido recientemente derramado, sus ojos se volvían casi verdes entre las lágrimas que se habían instalado en la superficie de las córneas, pensé que la quería, si la quería, pero ya no sabía qué hacer con ella. Cada día parecía estar más encabronada conmigo y yo no entendía por qué, qué había hecho, qué podía dejar de hacer, le había preguntado yo hasta el cansancio, sin recibir más que reproches de autocompasión que se extendía a sí misma, como si yo fuera el pinche diablo y ella fuera una virgen malcogida. Así estaba la cosa. Me voy le dije, llévate el coche, estoy hasta la madre, luego hablamos. Se puso a gritar como loca, yo seguí caminando, sus gritos se escuchaban cada vez más lejos, te vas cabrón, te vas y no me vuelves a ver en tu puta vida. Pensé que ya no me importaba, que hiciera lo que quisiera con el coche, estaba exhausto y recién me percataba de ello.

Categoria: General, La esquina del cuento

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01

03

2013

elmagazin

Variaciones de una mierda

Por: elmagazin

Aline Hernández

Me levanté súbitamente preguntándome qué hora era. Ahí fue cuando noté las actividades nocturnas de uno de los vecinos, cantaba a todo pinche pulmón Mujeres Divinas como si el cabrón fuera Vicente Fernández en un palenque. Estos pinches vecinos pensé mientras me frotaba los ojos tratando de quitar las lagañas que obstruían mi visión, de verdad que no vea usté lo que uno tiene que pasar cuando vive en un edificio. pero ya llegar al punto de entonar a todo pulmón esas mamadas y a esta hora, está cabrón. Pensé en ir a preguntarle qué carajos lo había hecho tomar la decisión de ponerse a cantar a esta hora, pero inmediatamente me invadió un súbito temor cuando a mi cabeza se le ocurrió figurarme siendo jalada por una gran mano de ranchero y llevada hasta el interior de un departamento horrible, lleno de mierda y maloliente para ser violada, al cabo era una posibilidad ¿no? Tal vez mi cabeza sólo me estaba protegiendo, tal vez el muy cabrón me iba a llevar a la fuerza después a prostituirme en las zonas colindantes de Garibaldi mientras él buscaba chamba de mariachi, entonces saldríamos los dos tarde del trabajo, él claro, estaría esperándome para regresarme al brevísimo espacio donde vivíamos. Los caseros pensarían, esta pinche loca, se largó un día así nomás y nos dejó todas sus pertenencias, nadie vino a reclamarlas y ¿horaqué? se preguntarían, pos a venderlas mamita le diría el administrador a su desgarbada esposa. La imaginación cesó, y tomé la decisión de abstenerme en ir a preguntarle qué lo había impulsado a cantar, a gritar, casi a aullar a esas pinches horas, el muy cabrón se sentía Vicente Fernández, eso que ni qué y yo en cambio no me sentía nada. Lo peor es que esa canción de pronto despertó en mí otro recuerdo, ahí tiene uno a mi mamá subida encima de una mesa, grande, de un acero verde botella, mi madresita bailaba arriba de una mesa, no tengo idea qué sonaba pero ella parecía disfrutarlo, se movía, así lentito, con una gran sonrisa en la cara,  yo creo que ella de verdad lo disfrutaba, sus caderas iban de arriba abajo formando un gran óvalo imaginario, sus manos se contoneaban hacia arriba, lentito. Entonces el espectro de mi mirada se ampliaba, chale, no estaba sola, había una amiga con ella, una amiga que parecía pajarraco, no era ni la mitad de bonita que mi querida mamá, que vaya uno a saber dónde demonios está. El caso es que su amigamujerpajarraco también se movía, pero menos lindo, era flaca flaca, en cambio mi mamá no, tenía carne, era hermosa. Su amiga se le acercaba, la veía bailar como si ella fuera una fuente brotante de inspiración, se le pegaba, se le arrimaba más bien, y las dos bailaban, seguían moviéndose al compás de una música que no puedo recordar. Otra ampliación del espectro, mi papá y otros cabrones las veían embodados por los movimientos, vaya uno a saber si estaban hasta la madre, seguro si.  Había más hombres alrededor de la mesa, todos apilados viéndolas moverse. Entonces me descubren, Miraaaanda me dicen, vete a dormir, ¿dónde está Mari?, ¿por qué no está cuidándote? No lo sé, les respondo, yo quería ser parte de los espectadores que las veían bailar, mi mamita chula, no podía ni hablar, ella seguía bailando. Se para entonces Luis, un amigo de mi papá, me agarra de la mano y me explica que los niños a esta hora tienen que estar en la cama. Por qué,  le pregunté. No me responde, el muy cabrón, piensa que como estoy niña no hay que hacer aclaraciones de ningún tipo, estos pinches adultos siempre dando todo por sentado. Me lleva a mi cama, me ve desde la puerta meterme. Marí está jetonsísima en la otra cama, las nanas ya no son como eran antes.

Categoria: La esquina del cuento

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22

01

2013

elmagazin

Táparo

Por: elmagazin

niños

David Alejandro Betancourt Vélez

Estaba en la recepción del periódico (fingía leer un libro) en espera de que alguien se acercara para decirme: “Siga, señor Betancourt, el jefe lo espera”, cuando tras de mí sentí una mirada insistente, que se metía en el libro abierto, incomodándome, acrecentando mis nervios.

Categoria: La esquina del cuento

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17

01

2013

elmagazin

Anteojos de unas piernas fantasmas

Por: elmagazin

ante

Andrea Melo Tobón

Arrastrándose en el pavimento gritando se encuentra la mitad de un hombre, su cabeza en donde debe ser,  sus piernas perdidas en la inexistencia. Mientras gime desconsoladamente todos le miran con esos ojos que diariamente han de soltar lástima al menos una o dos veces para sentirse aún humanos, mientras él, Hernando, Alfonso o Martín refriega sus manos callosas en el cemento tratando de impulsar su mutilada figura  hacia cualquier lugar menos ese espacio.

Categoria: La esquina del cuento

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06

01

2013

elmagazin

María era su nombre, ya lo he dicho

Por: elmagazin

Jaili Ivinai Buelvas Díaz Domingo, 10 de junio de 2012   María era su nombre, tenía nombre de virgen y efectivamente así lo era. La música estaba bien, la luz era perfecta y el aroma de su pelo atraía los rayos de luna. En realidad, la música no podía estar mejor, la lámpara titilaba al compás del buen jazz y la voz del saxofón se enredaba entre los nudos de su melena. María era su nombre, ya lo he dicho.

Categoria: La esquina del cuento

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27

12

2012

elmagazin

El héroe

Por: elmagazin

¡Qué no hizo y sufrió aquel fuerte varón

en el caballo de pulimentada madera,

cuyo interior ocupábamos los mejores argivos

para llevar a los troyanos la carnicería y la muerte!

La Odisea Canto IV

Jaime Panqueva Habían transcurrido casi dos semanas de encierro y la situación era desesperada. —Jefe —le susurraba el valiente Anticlo para evitar ser descubiertos—, no aguantamos más, capitulemos.

Categoria: De fondo, La esquina del cuento

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26

11

2012

elmagazin

Yo no maté al perrito

Por: elmagazin

Flickr, Lali Masriera

Flickr, Lali Masriera

David Betancourt (*)

Temprano en la mañana fui al solar a mirar los pajaritos bañarse en la poceta y vi a la abuela con el perrito en la mano. Se hizo la que no me había visto y cogió del suelo un mango maduro acabado de caer. Dándome la espalda lo mordió y lo puso en el piso al lado de la mecedora; ahí mismo lo descargó con el hocico pegado al mango. Dio la vuelta.

Categoria: La esquina del cuento

TAGS: cuento

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25

10

2012

elmagazin

Te conozco

Por: elmagazin

Flickr, Kenny Loui

Flickr, Kenny Loui

José Luis Elorza (*)

Llovía a cántaros la noche en que Severo León se convirtió en asesino. Era un hombre bueno. Quizás fueron los celos. Al llegar a casa vio una sombra moverse a la altura de la ventana, como huyendo de la indecisa luz de los relámpagos. Pudo haber sido la rama de un árbol, o la sombra proyectada por la vela que ardía sobre el tablón de la cocina. Pudo haber sido un hombre. Pudo haber sido… Pudo. Pudo.

Categoria: La esquina del cuento

TAGS: cuento

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17

10

2012

elmagazin

Definiciones Frágiles

Por: elmagazin

Flickr, epSos.es

Flickr, epSos.es

Silvia Guzmán Bohórquez (*)

Bruno y Benito, un par de amigos que dejarán de serlo al final de esta historia, quedaron en encontrarse un miércoles en la tarde en el lugar De Siempre. Desde que se conocen, Las Señoras Circunstancias –como pasa con las relaciones que uno asegura en su momento que durarán eternamente– estuvieron siempre de su lado (hasta que dejaron de estarlo). De una forma extraña, sus vidas se han compensado desde que son amigos. “Eso quiere decir que la vida cree que hacemos un buen equipo juntos”.

Categoria: La esquina del cuento

TAGS: cuento

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16

10

2012

elmagazin

Mal vecino (Trilogía)

Por: elmagazin

Flickr, Alosh Bennet

Flickr, Alosh Bennet

Adriana Leonor López (*)

Parte I

La música retumba en el pequeño apartamento. Las paredes vibran, los vidrios chocan contra el aluminio de sus marcos, las puertas trepidan, traquetea el pom pom de no sé qué instrumento. Las paredes sudan, los vidrios rezuman, las puertas destilan; sudo, rezumo, destilo, no sé si son lágrimas o sudor; ambos tienen un sabor salobre. Caen gotas a la mesa, caen sobre el teclado del ordenador, caen sobre el piso beige. Maúllan los gatos con los bigotes erizados, desenvainan sus garras y las clavan en el mullido sofá contra la ventana; el mullido sofá también está vibrando. Aúllo. Los gatos y yo aullamos como lobos –y leones- feroces, hambrientos; nos miramos en un intento por contener la rabia, la indignación, en un intento por contener el impulso insano de saltar como hienas sobre el vecino y saciarnos con sus vísceras al son del pom pom de no sé qué instrumento. De su maldito reggaetón. Sí, maldigo, increpo, pero como si nada. Él  sabe de las paredes, de los vidrios, de las puertas; él sabe –lo calcula-, que esas notas discordantes en el volumen que acostumbra pone a prueba nuestra paciencia. Lo que no sabe él, un jovenzuelo de 16 años, es que su zafiedad nos convertirá tarde o temprano en sus verdugos. Sus verdugos. Fantaseo en ello y sé que los gatos también por sus bigotes y lomos crispados; se aprestan a pegar el zarpazo.

Categoria: La esquina del cuento

TAGS: cuento -música -radio

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El Magazín Dominical de El Espectador circuló desde el 24 de febrero de 1926 hasta el 2000. Ahora regresa en versión online. Para enviar sus colaboraciones escribir a: elmagazinelespectador@gmail.com Con ...

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