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Archivo de Categoría ‘La esquina del cuento’

22

05

2015

elmagazin

Un girasol en la puerta de la bañera

Por: elmagazin

ESPANT~1

(Primera Parte)

 

Por: Claudia Quintero El agua corría por su rostro, desde la frente hasta los labios. Sus manos rozaban su cuello, que empapado escurría el agua hacia la espalda. De repente, contempló su imagen en el espejo que se encontraba al frente de la ducha. Luego, recordando un viejo placer infantil, comenzó a dibujar en la puerta de la bañera. Se empeñó en hacer un pequeño girasol, el cual debido a las circunstancias parecía más un espantapájaros que una flor.

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16

04

2015

elmagazin

La enésima hostilidad

Por: elmagazin

bta

                                                                                  A mis padres, y mi hermano.   Andrés Felipe Sanabria  Bogotá se volvió de caminos de piedra, la naturaleza que despavorida había cedido al asedio de la civilización criolla, ahora era insuperable. Había muertos a los que les habían despojado el alma. Sus corazones latían con la mirada perdida, y los ojos abiertos. Ese sonido estertóreo que había conquistado la sabana ahora le daba un nuevo matiz al río Bogotá, vivo, imponente, hacia la circunscripción idónea de los cielos. Gradualmente la historia iba disminuyendo, hasta que un cóndor de los Andes se posó donde antes había quedado un Congreso de ratas, que pululaban comiéndose archivos de infamia y envidia. Miró alrededor, y alargó sus alas, y el viento que antes era sagaz, desencajó todas sus enemistades, y el estampido que une la parte más alta de la Tierra desde esta meseta, se desgajó, con los tentáculos color perla que salían  alargándose del brazo brotado de ramas de sangre deliciosa que nacía en su estómago lleno de tripas desquiciantes, y del otro, al mismo nivel de la espalda que se trepaba en la caspa de la culpa más unánime. Su cabeza de hélice, afilada, daba vueltas, y sus cuatro ojos desnivelaban la gravedad, y su lengua de filamentos de luz iba arrancándoles el alma, y la verdad de sus sueños se iba revolcando hasta que el corazón empezaba a latir hacia la única dirección de la noche que el ser humano siempre quiso conocer.

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09

04

2015

elmagazin

Hola, me persiguen los Rodríguez

Por: elmagazin

fantasmas
Irina Yusseff Comer eso es bueno, se te pega a los intestinos y te hace adelgazar. Lo miré con cara de ¿perdón? y le ofrecí una sonrisa falsa. Cuando se subió al Metrolínea por la puerta de atrás, sin pagar, apenas cinco minutos antes, escasamente me fijé en él. Me di cuenta que se había sentado junto a mí en el momento en que me afirmó que el maní que me estaba comiendo era adelgazante.
¿Usted es familia de doña Ruth? Lo volví a mirar con la misma cara de ¿What? y luego le dije no. ¡Ah, es que es igualita! Le sonreí sin verlo. ¿Usted qué haría si la persiguieran todo el tiempo? ¿Me persiguiera quién? Alguien. Me quedé callada.

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04

04

2015

elmagazin

El grito de independencia

Por: elmagazin

David Betancourt

Clasificados  El día que me gradué de la universidad les dije a mamá y a la abuela que me iba a independizar. Mamá lloró y me suplicó que no lo hiciera, me dijo que no tenía trabajo ni plata, que era una chiquilla y que en la casa no estorbaba. La abuela solo dijo Si se va no vuelve, señorita, se lo juro por la Madre Teresa de Calcuta. Tenía ahorros para un mes, más o menos, para pagar la pieza que ya había separado y el resto de cosas; además, el cartón de profesional era suficiente para conseguir empleo. Me trastié.

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25

03

2015

elmagazin

Una visita inesperada

Por: elmagazin

tarsila-do-amaral-antropofagia
Valentina Fernández Giraldo Me sentía mal, una pequeña agonía invadía mi corazón, mis entrañas, y crecía cien veces consecutivas por segundo. Esta es la hora en que aún no sé a qué se debía esa desagradable y tormentosa visita. Estaba en casa, sola, como de costumbre, con un hambre que se radicaba de aquella agonía, así como los animales, plantas y nosotros los seres humanos nos radicamos de algo, es como si fuéramos clonados de alguien a quien no nos parecemos, por explicarlo de una manera más fácil, ya que a veces ni alcanzo a digerir y entender por qué razón llegan tantas ideas descabelladas a mi mente, a tal punto que he sentido que mis ojos dan vueltas como dos molinos descarriados. Pero continuando con este suceso, recuerdo que ese día al levantarme me sentí como si no estuviera viva, no me sentí en esta dimensión, era todo confusamente extraño. Sentía repentinamente una punzada en el corazón, en lo más interior de mi sentía cómo segundo tras segundo algo escarbaba en aquella máquina que bombeaba sangre con la función de mantenerme en pie, sin mucho sentido que digamos. La verdad, no me inmuté mucho por aquella extraña sensación. Decidí tomar una ducha, comer algo y tomar un libro que alguien había dejado en un pequeño estante, pero algo muy singular para mí u ordinario para aquel contexto sucedía, no sentía el agua al bañarme, mi paladar no degustó el bocado de comida y las letras de aquel libro se me hacían descomunalmente inciertas. Pero de cierto modo, algo más allá de mi interior no me permitía entrar en razón. Decidí dormir. Quizás eran secuelas del ataque esquizofrénico que había sufrido días atrás; en realidad estos ataques no eran mucho impedimento para mi vida, ni para mi cotidianidad, incluso por más absurdo que suene me sentía bien, me agradaba convivir con ellos en esas insuficientes ocasiones. Desperté a eso de las 4:00 de la tarde. En ese momento fue donde pude sentir que nada había cambiado, esa forzosa agonía y esa atosigante hambre persistían y se apoderaban más de mí, pero acá, siendo realistas, no tenía hambre de la que por inercia sentimos todos ¡No! Sentía un hambre desmesurada, pero no lograba razonar, que era lo que en realidad deseaba. En cuestión de un minuto, toda esa tranquilad que había sentido en el día, sin darme cuenta por qué, se tornaba de otro color, tomaba otra forma. Yo comenzaba a sentir la desesperación, la irritación más confusa y más incógnita que había podido sentir en mis años de existencia. Era tan fuerte esto, que mi cuerpo no resistió más y se desplomó en el suelo como una pesada pluma que no tiene un rumbo definido. No tardé mucho en despertar. Solo sé que fue molesto y agotador hacerlo. Duré unos minutos para poder tomar conciencia de qué sucedía y de por qué y cómo había llegado a aquel extraño y grotesco lugar. Corrí por un tiempo indefinido hasta toparme con una habitación de una clínica. En aquel lugar se encontraban una cantidad de médicos y policías hablando desconcertadamente de un tema que no me era conocido, pero en un momento de silencio absoluto en la habitación pude escuchar cuando uno de los médicos dijo las siguientes líneas, con algo de severidad: “Canibalismo, lo que acaba de cometer esta pequeña criatura, devorando por completo sus propios órganos, sin dejar a salvo uno…”, decía, mientras observaba un cuerpo idéntico al que yo podía observar cuando me paraba frente a un espejo. Y en ese momento, con mis pensamientos hechos ruinas, entendí que por alguna razón nunca fui de carne de y hueso, y que nunca había pertenecido a esa dimensión a la que muchos le dan por nombre vida. Imagen tomada de eltonodelavoz.com, de Tarsila do Amaral

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18

03

2015

elmagazin

Superhéroe

Por: elmagazin

nino-superman

Sebastian  Pemberthy  Quintero ¡Qué día hace hoy! Resplandeciente el sol, primer inicio de semana que me agrada, no me costó despertarme, lo hice al escuchar la voz de mi mamá diciendo: “¿Quieres levantarte, amor?”. Le pedí que me llevara cargado hasta el baño para asearme. Le sugerí que me dejara solo, lo hizo, me dejó ahí y ajustó la puerta.

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23

02

2015

elmagazin

Un día de cacería

Por: elmagazin

"Niña enferma". Fernando Alvarez Sotomayor.

“Niña enferma”. Fernando Álvarez Sotomayor.

  Sorayda Peguero La escena se repite: el papá subiendo la puerta metálica del garaje. El papá sacando la camioneta del garaje. La niña con la cabeza cubierta por una toalla blanca, de pie, con su pequeño cuerpo apoyado en el cuerpo de la mamá. La mamá sosteniendo a la niña de un brazo. La mamá y la niña que se suben a la camioneta. Los tres que se van rumbo al hospital.

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18

02

2015

elmagazin

Delinquir por Bécquer

Por: elmagazin

bécquer

Sorayda Peguero Isaac “Estás en la lista de los más buscados”. Kathy me lo dijo muerta de risa, pero no era broma: mi carnet estaba expuesto en una vitrina de la biblioteca, a la vista de todos. Me estaban buscando. Como a los forajidos del Viejo Oeste. Como a los maleantes de las películas de gangsters. Me buscaban por un delito que yo no sabía si era mayor o menor: secuestrar a Bécquer.

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17

02

2015

elmagazin

Las jornadas del Jenízar

Por: elmagazin

constantinopla_1805998381  

Juan Fernando Aguilar Cárdenas

Habíamos zarpado desde Alejandría, las tierras de Egipto habían quedado atrás y los cielos auguraban una navegación tranquila hasta la isla de Creta. Partimos al atardecer, el cielo rojizo fundiéndose en las incipientes tinieblas sosegaban mi corazón intranquilo. Distraídamente recibía la boquilla de la shisha de manos de un griego. Di un vistazo veloz a quienes exhalaban el humo a mí alrededor. En su mayoría, griegos, egipcios, persas  y turcos. Entre la humareda sentí el fulgor de unos fijos ojos verdes. Cuando el humo se disipó reconocí su rostro, era Hakim, mi hermano de armas en el cuerpo de jenízaros. ¿Había escapado también del palacio del sultán? Más me valía, porque de lo contrario habría abordado el barco con la intención de matarme.

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21

01

2015

elmagazin

Me voy a despachar

Por: elmagazin

palacio

Néstor Solera Martínez

Romano, un hombre de unos sesenta años, barbado, de nariz aguileña, de pelo liso entrecano, ojos café, robusto y de mediana estatura camina, más allá de las once de la mañana, con un maletín de cuero viejo debajo del sobaco del brazo izquierdo por el parque de Bolívar de la ciudad de Montería. Abstraído, va rumbo a una chaza en donde venden periódicos, revistas y cosas de comer. Romano compra un periódico y se sienta en una silla cercana a leer, debajo de un  árbol de mango con hojas en flor.  En el parque se ve mucha gente de toda condición y talante. Algunos van de paso y otros, sentados en sillas de cemento o parados, charlan, hablan, conversan…  El sol es ardiente y se  oye en los alrededores el ruido intermitente de carros y motos.

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