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Archivo de Categoría ‘Historia’

16

09

2016

elmagazin

QUE TE CONSERVES TRIUNFANTE BAJO EL ARCO

Por: elmagazin

OLYMPUS DIGITAL CAMERA Por: Juan Raúl Navarro

Voy a desenterrar el secreto mejor guardado de mi vida. Mañana voy a revelar que soy hijo tuyo, papá. Hijo de Raúl Navarro Paviato, el arquero argentino que se consagró en el Atlético Nacional, a comienzos de la década de los setenta. ¿O si no, qué genes me transmitieron esos reflejos, relámpagos, que me impulsaban a lanzarme como un una flecha grácil bajo el arco? Todavía, al verme, los compañeros de bachillerato hacen semblanzas de cómo volaba yo en la cancha de fútbol del colegio.
 

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04

09

2016

elmagazin

Aire de tiempo

Por: elmagazin

 

 cazabobos-malvinas-1982-357939 Marilyn Forero Olaya El ambiente allá afuera es  hostil, nadie quiere salir, somos como topos. La suave llovizna que cae y se adhiere a la tierra provoca una fragancia que me remonta a mis diez años, el estrépito de los Hércules C-130  me recuerda a esos juegos en el jardín donde el proyectil era una naranja, donde no importaba expirar  porque en segundos revivías para ir a los brazos de mamá. Quisiera que ahora fueran esos tiempos, que esta maldita abertura oliera a naranja y no a pólvora. Somos dieciséis aquí abajo, pronto seremos quince.  Impactos de bala han atravesado el pecho y la pierna izquierda de Gael, es un pibe, tiene sólo diecinueve años, es campesino y vino a la guerra porque creía tener pan gratis; además, porque su vieja está muy enferma y no tiene mangos para pagar los medicamentos. No creo que pase de esta noche, la herida se infectará y tendremos que dejarlo aquí.    

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02

08

2016

elmagazin

Tres cuentos colombianos

Por: elmagazin

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Luis Carlos Muñoz Sarmiento* – Especial para El Magazín de El Espectador

I – La desaparición

Ese día, como siempre en los últimos nueve años, él se había levantado muy temprano, afeitado y bañado gracias a la colaboración de su hija menor y de su hijo preferido, desayunado y salido a la calle. Solo. Se había dirigido a la tienda, donde le había pedido a don Jorge, ya que no cargaba dinero en sus bolsillos, que le fiara unos pielroja sin filtro, los únicos que fumaba desde que lo había perdido todo, desde aquellos lejanos días en los que podía escoger entre chester, picadilly, camel, todos también sin filtro. Cogió sus cigarrillos con la misma felicidad con que su nieta recibía un chocolate del papá o su nieto un favor de la mamá. Prendió un cigarro y echó a andar… Cogió por donde siempre lo hacía, por costumbre, es decir, por la carrera 13, desde la calle 45, hacia el sur. Su hijo, que a menudo lo acompañaba, esta vez no pudo hacerlo pues tenía que atender unos asuntos personales urgentes relacionados con su ingreso a la universidad. De manera que esta vez, solo, él, un hombre de 61 años que por un accidente automovilístico había pasado los últimos nueve enfermo, se dirigía ahora sin saber muy bien adónde pero, eso sí, seguro de que no había un camino sino de que se hace camino al andar, de que al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar… Lo que en este caso se habría de cumplir con estricto rigor, no a causa de la simple retórica poética. Que, a decir verdad, también en este caso, no era simple retórica poética pues se trataba de la del inmortal y bienamado por él, don Antonio Machado, a quien tanto debía… Pues como don Antonio, él podía decir que a su trabajo acudía, con su dinero pagaba, excepto esta vez, sí, que no había tenido para los cigarrillos, pero de todas formas con su dinero pagaba el traje que lo cubría y la casa que habitaba, el pan que lo nutría y el lecho donde descansaba. Como don Antonio había creado un mundo de poesía con sus manos, él había trabajado la tierra con las suyas. Como don Antonio, él tampoco sabía si era un clásico o un romántico aunque igual hubiera querido dejar sus versos como el capitán deja su espada: famosa por la mano viril que la blandiera, no preciada por el docto oficio del forjador. Igual que don Antonio conversaba con el hombre que siempre iba con él y cuyo soliloquio era charla con ese buen amigo que le enseñó el secreto de la filantropía. Eso sí, no de la que tanto se publicita y detrás de la cual se esconde el crimen, se agazapa la traición, se confiesa la carencia. Carencia de la que él, como don Antonio, valga la tautología, carecía… Todas sus carencias, mientras caminaba, se reducían a una, la falta de dinero. El que en otras épocas había tenido de sobra, pero de las cuales era mejor no acordarse, como se aconseja no acordarse de la juventud cuando se es ya viejo. Y aunque él no se consideraba viejo pues bien sabía que la edad no está en el cuerpo sino en la cabeza, de todas maneras no era tonto para no darse cuenta, como tantas veces se lo dijo a su vástago predilecto, que por su enfermedad ya era un viejo. Un viejo que caminaba por las calles de la ciudad que lo había acogido hacía muchos años y en la que había gozado y sufrido, levantado del suelo y caído al piso, forjado una familia de ocho hijos de los cuales a la postre le quedaron siete, todo, claro, gracias a la complicidad de una mujer fiel y leal que lo admiraba tanto como él a ella. Ciudad en la que muy bien sabía que cuando llegara el día del último viaje y estuviera presta a partir la nave que nunca ha de volver, se le encontraría a bordo ligero de equipaje, tal cual había venido al mundo, despojado de ropas, casi desnudo, como los hijos de la mar.

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26

07

2016

elmagazin

¿Fue Rafael Núñez envenenado?

Por: elmagazin

 

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Por: Juan Carlos Guardela Extraños tabacos Fue al mediodía del viernes 14 de septiembre de 1894. Rafael Núñez y su concuñado, Lázaro Ramos, caminaban por una de las calles de Cartagena cuando un hombre conocido se les acercó y les entregó un singular presente: un paquete de cigarros. Era conocido el gusto de Núñez por los delgados tabacos de Ambalema, pero éstos eran gruesos y, según relatos posteriores, tenían sabor y aroma diferentes. Antes de entrar a su despacho le dijo a Lázaro Ramos que los guardaría para después de la siesta.

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09

06

2016

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Yo también escucho las voces, Virginia (Correspondencia tardía III)

Por: elmagazin

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Por: Camila Builes
@CamilaLaBuiles 
Querida Virginia: Yo también escuchaba las voces. A veces, antes de dormir, sentía un lazo de fuego quemándome la garganta. No podía dormir: cada pensamiento cruzaba mi cabeza y perforaba la almohada, nociones del día se mezclaban hasta el punto de no saber si eran recuerdos o fantasías. Una tormenta. La idea de dormir se me volvió tortuosa. No quería, siquiera, imaginar el frío de las sábanas en medio de la noche, mis pies húmedos, el cuerpo inmóvil. Un día se lo conté a mi mamá. Hizo una mirada acostumbrada que siempre precede a un largo silencio. Se levantó del sillón de la sala en el que estaba sentada y se fue a su cuarto.

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07

06

2016

elmagazin

Desde el futuro a Julio Verne (Correspondencia tardía I)

Por: elmagazin

 

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Por: Ángela Martín Laiton
Iniciamos hoy una serie que irá hasta el próximo domingo, en la que un grupo de lectores evocan las historias que alimentaron su espíritu y le dieron vida a su intelecto. En medio de recuerdos y recapitulaciones de sus libros de preferencia, les cuentan a los autores de diferentes obras la huella imborrable que dejaron en su vida.

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24

05

2016

elmagazin

El ombligado

Por: elmagazin

 

tumblr___70_ Por: Óscar Seidel El día que Cipriano Castillo se fue a vivir con su prima, todos en el pueblo vaticinaron que alguna maldición les iba a caer. A los nueve meses de estar conviviendo, la madre dio a luz a un robusto niño, que para asombro de la partera apareció con una protuberancia en el ombligo. Asustada la partera  observaba cómo el oráculo popular había acertado en el vaticinio. De manera rápida tomó la placenta y el cordón umbilical, y los mandó a enterrar debajo de la semilla de una palma de coco, que tiempo atrás la habían escogido siguiendo el ritual de sus ancestros.

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05

2016

elmagazin

En el desierto trazaré un camino: crónica de un viaje a la Alta Guajira

Por: elmagazin

 

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¡Quién me diera en el desierto

un albergue de caminantes

para poder dejar a mi pueblo

y alejarme de su compañía!

Jeremías 9:1

—Es por esto que Moisés condujo a las tribus de Israel al desierto…

Porque aquella gente llevaba generaciones enteras viviendo como esclavos. Habían aprendido a no valerse por ellos mismos.

A fin de crear una raza de amos a partir de una raza de esclavos, dice el señor Whittier, a fin de enseñar a un grupo controlado de gente a crear sus propias vidas, Moisés tuvo que ser un cabrón.

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26

04

2016

elmagazin

Un asunto embarazoso

Por: elmagazin

tumblr_static_tumblr_static_filename_640 Por: Oscar Seidel Todos en el pueblo están consternados con la noticia que el comerciante Abraham  está embarazado. El rumor que ha corrido como mecha de polvorín se debe a la locuacidad del mensajero del laboratorio de la bacterióloga Débora, quien abrió el resultado del examen que días atrás se había tomado don Abraham, y se lo comentó a sus amigos con quienes se reunía todos los días en el parque.

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23

02

2016

elmagazin

El paraíso del diablo

Por: elmagazin

acasa arana
Fernando Araújo Vélez
Veinte años después de que Julio César Arana hubiera mandado a construir el primer muro de lo que se llamaría la Casa Arana, en 1903, un hombre desesperado decía en las páginas de un libro inmortal que antes de que se hubiera apasionado por mujer alguna, había jugado su corazón al azar y se lo había ganado la Violencia. Hablaba de Violencia, así, en mayúsculas, pues la Violencia era lo único que había conocido hasta entonces. Lo único que conocería, muy a pesar de sus amores y sus esporádicas alegrías. Violencia de caucheros que se desparramaba entre ríos, humedales y arbustos. Violencia de ambiciones que se apropiaba del mundo y sus hombres. Violencia que había exterminado a 40 mil indígenas por oro o caucho, que a la hora de las cuentas significaba lo mismo.

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