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Archivo de Categoría ‘Donde termina mi nombre’

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01

2014

elmagazin

José Emilio Pachecho ha muerto

Por: elmagazin

Jose Emilio pacheco Harold Alvarado Tenorio Uno de los más versátiles escritores de los últimos tiempos, José Emilio Pacheco (México, 1939-2014) trabajó con varia y singular fortuna diversos géneros literarios donde combina la protesta social y un lejano cosmopolitismo, suma, quizás, de su fascinación por las culturas de la antigüedad clásica, los símbolos y rituales que han sobrevivido a la historia y la paradójica continuidad del pasado en el presente, que aprendió, sin duda, en Octavio Paz.
Nacido en la capital azteca, hizo estudios de leyes y filosofía en la Universidad Nacional Autónoma. Mientras estudiaba escribió teatro y editó varios periódicos, actividad que continuaría con Diálogos, revista del Colegio de México y los suplementos culturales de Novedades y Excelsior o La cultura en México del semanario Siempre. Colaboró en la redacción de varias antologías, entre ellas, La poesía mexicana del siglo XIX (1965) y Antología del modernismo, 1824-1921 (1970). Escribió guiones para cine colaborando con Arturo Ripstein en El castillo de la pureza (1972); El santo oficio y Fox Trot (1975). Tradujo numerosos poetas, desde los griegos de la Antología hasta Rexroth, Auden, Seferis y Kavafis, reunidas en el volumen antológico Tarde o temprano (2009). Algunos de sus últimos libros de poemas son La edad de las tinieblas (2009) y Como la lluvia (2009). Pacheco consideró la poesía «no como creación eterna sino como trabajo humano, producto histórico y perecedero, susceptible de mejorarse». Cree, además, que «nadie trabaja aislado». El autor está en débito, como se sabe, con quienes le precedieron y con aquellos con quienes comerció y ofreció préstamos. “Reescribir -dijo- es negarse a capitular ante la avasalladora imperfección”. Profundo conocedor de la obra de Jorge Luis Borges, en 1999 ofreció una serie de extensas conferencias sobre la obra del genio. Entre otros galardones que mereció figuran el Premio Cervantes (2009); el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2009); el José Donoso (2001); el Octavio Paz (2003); el Pablo Neruda (2004); el Ramón López Velarde (2003); el Premio Internacional Alfonso Reyes (2004); el José Asunción Silva (1996); el Xavier Villaurrutia (1973); el García Lorca (2005) y el Premio Alfonso Reyes otorgado por El Colegio de México (2011).
Lo primero que publicó fueron narraciones, confeccionadas luego de lecturas arquetípicas y personalísimas de Quiroga o Borges. En las de El viento distante (1963), la engañosa simplicidad de su lenguaje permite una percepción más concreta del mundo imaginario que Pacheco opone a la absurda realidad. Uno de esos cuentos, “Parque de diversiones”, habla de dos estudiantes cuyo comportamiento desagrada a la maestra de biología que termina alimentando las plantas carnívoras del jardín botánico con ellos, y el beneplácito de sus compañeros de estudio. La historia comienza con una cita donde se compara la vida y la muerte con un laberinto y concluye con el proyecto de un arquitecto que construyera un parque dentro de un parque y así hasta el infinito. Las últimas frases del cuento son idénticas a las del comienzo, recordando que hemos estado en un laberinto de palabras. Otro de ellos, “Tarde de Agosto”, es un típico relato de iniciación. Un muchacho de catorce años, coleccionista de novelas de guerra, está enamorado de una prima. Su vida cotidiana es monótona: va a la escuela, almuerza en casa de un tío, regresa al hogar para cenar y se encierra a leer las aventuras bélicas. Su prima es el único ser que le hace ser: le deja escuchar sus discos, le lleva al cine. Pero una tarde de Agosto del vigésimo cumpleaños de ella conoce los límites del odio y el amor. El novio la invita a pasear y él debe presenciar, luego de la fiesta de aniversario, desde el asiento trasero del coche los besos y caricias de los novios. Luego de detenerse para dar un paseo por un bosque Julia ve una ardilla y quiere llevarla a casa. Pedro, el novio, dice que será imposible atraparla y que los guardabosques castigarán a quien lo haga. Entonces el muchacho decide capturar el animalito, sube a un árbol y en el instante mismo que ve llegar su triunfo aparece el guardián “prolongando así su humillación”. Al regresar quema la colección de novelas. El pasado ha sido abolido. En su novela Morirás lejos (1967), una sorprendente visión de pasado y futuro se hace compleja gracias a las especulaciones sobre los sentidos de la realidad y las “cajas chinas” que utiliza como motivos. El engañoso argumento lineal: un hombre mira desde la ventana de su casa y ve a otro sentado en un parque, mientras el narrador ofrece varios desarrollos y soluciones posibles, es transformado en una serie de episodios históricos que tratan de la persecución del pueblo judío en un contrapunteo con escenas de nuestro tiempo que tienen un misterioso paralelo con la Alemania de Hitler. Obra abierta donde el lector debe sacar sus propias conclusiones, que pueden ir, desde la identificación, con el sentido común, de ciertos criminales de guerra en un mundo real, hasta interpretaciones que declaran ilusorios y fantásticos los sucesos del afuera. La novela marcó una nueva etapa del creciente afán de cosmopolitismo de los narradores latinoamericanos. Nunca antes un tema de la Roma Imperial y el moderno holocausto habían sido tratados como asuntos de novela. La acción, que sucede en la mente de personajes que viven en Ciudad de México, intriga porque convierte la capital del antiguo imperio azteca en escenario de acontecimientos del Viejo Mundo. Pacheco, al final del libro, revela su intención: es “un modesto intento para colaborar en la confianza de que un gran crimen nunca volverá a repetirse”. Las batallas en el desierto (1981), situada en los años cuarenta, es una memoria de sus años juveniles sobre los valores culturales vigentes entonces, tipificados en los héroes y bienes de la sociedad de consumo, y retoma los asuntos de los seis cuentos que componen El principio del placer (1972), cuya virtud más notoria es el juego de variaciones de la voz del narrador.
Los elementos de la noche (1963) -su primer libro de poemas- mostró otra faceta de su talento: su maestría en el uso de formas y versificaciones. Cierta calmosa placidez dramática, que cubre las turbulencias de su angustia acerca de la cíclica destrucción del mundo, de saberse caído en el sin sentido del concepto de tiempo y el espacio, imposibilitado, por la naturaleza misma del arte, para nombrar lo indecible, son las máscaras y heterónomos que rigen estos poemas íntimos y líricos donde se anuncia además, el juego, la ironía y el humor que deciden su obra posterior. En Arbol entre dos muros la vida no tiene salvación alguna, es savia acorralada, ave que pasa de la noche a la noche a través de una habitación oscura. Pero si la existencia termina siempre en la obscuridad, su fugacidad es paralela a la vida efímera de la luz.
El reposo del fuego (1966) es un extenso modelo de búsqueda de un equidistante fiel de la balanza, -el poema-, entre el fuego y el hielo que ofrece la Historia. La estructura formal, tres secciones con quince textos cada una, es opuesta al tema recurrente de un pasado, mítico o exótico, que el presente conserva en México. En un mundo eliotiano, baldío, yerto de espacios, anulado por el fluir de Heraclito, Pacheco busca, -¿sin esperanza?, como un estoico, ¿con convencimiento?-, un principio de permanencia donde el fuego sea carnaza del cambio pero esencia del arte.
Su libro más conocido sigue siendo No me preguntes cómo pasa el tiempo (1969). Aunque influenciado por el Comment c´est de Samuel Beckett, que tradujo en 1966, en él, Pacheco da cuerpo entero a su idea de que el tiempo, la fugacidad misma, por su definitoria trasmutación es lo que entendemos como Historia. Hecho de paráfrasis y profusión de formas, collages, variaciones que son eco de voces y miradas reconocibles, aproximaciones y traiciones a otros textos, con poemas largos y cortos, fábulas, un bestiario y haikús que desconciertan al lector viciado de vanguardismo, pero satisfacen el gusto más estrictamente post-moderno, No me preguntes cómo pasa el tiempo es uno de los libros definitivos de los años que cambiaron la historia del siglo e inauguraron el tercer milenio: La Plaza de las Tres Culturas, París-Mayo del 68, La Primavera de Praga. Como un vates medieval, Pacheco, bricoleur mexicano, anunció en, 1968, el hoy:
Un mundo se deshace/nace un mundo/las tinieblas nos cercan/pero la luz llamea/todo se quiebra y hunde/y todo brilla/cómo era lo que fue/cómo está siendo/ya todo se perdió/todo se gana/no hay esperanzahay vida y/ todo es nuestro. / (1968, I)
Acumulación de sonoridades, momento de las grandes palabras en voz alta ante las cámaras, micrófonos, multitudes, partidos. Hora de tomar parte en la batalla. Época heroica, edad homérica en que la vileza no borra la grandeza. Página blanca, al fin, en que todo es posible: el futuro sin rostro en que el doloroso paraíso redesciende a este mundo, o bien crece el infierno, es absoluto y sube entre fragores de su inmóvil voracidad subterránea. (1968, II)
Piensa en la tempestad que lluviosamente lo desordena todo en jirones:tributo para la tierra insaciable, elemental voracidad de un orbe que existe porque cambia y se transmuta.La tempestad es imagen de la guerra entre los elementos que le dan forma al mundo.La fluidez lucha contra la permanencia; lo más sólido se deshace en el aire. Piensa en la tempestad para decirte / que un lapso de la historia ha terminado. (1968, III)
El poeta como arqueólogo está presente en Irás y no volverás (1973), un estudio de fósiles en el Gran Templo azteca o de la efímera realidad de la existencia, sentida en lugares y ciudades norteamericanas; y en Islas a la deriva (1976) y Desde entonces (1980), que retoman muchos de los temas caros a Pacheco como el río de Heráclito y la civilización azteca, agregando reflexiones sobre insectos y animales que nos sumergen de nuevo en presentes caducos. El tono es «inteligente» pero saltos, roturas y solecismos hacen difícil su disfrute más allá del humor que invade varios de esos textos. Uno de los epigramas habla de un poeta orgulloso de que nadie le entienda; en Shopping Center, somos comparados, en nuestro frenesí consumista, con hormigas que mueren de saciedad, presas en la miel pantanosa del supermercado. Otro de los poemas de Islas a la deriva titulado “La flecha” reafirma la eterna convicción en que vida y obra, como quiere Kavafis en su poema Itaca, serán perdurables si demoramos en llegar:
No importa que la flecha no alcance el blanco/Mejor así/No capturar ninguna presa/No hacerle daño a nadie/pues lo importante/es el vuelo la trayectoria el impulso/el tramo de aire recorrido en su ascenso/la oscuridad que desaloja al clavarse/vibrante/en la extensión de la nada. /

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11

2010

elmagazin

La novela Donde termina mi nombre en pdf

Por: elmagazin

Donde termina mi nombre imagen oficial

El Magazín informa que la novela de la escritora argentina Patricia Stillger, Donde termina mi nombre, que se dio por entregas todos los lunes durante 15 semanas, se encuentra en pdf para su lectura y descarga. Para hacerlo sólo debe darle click a la imagen (arriba) o, en su defecto, siempre tendrá la oportunidad de encontrarla en nuestra sección Enlaces, a la derecha de esta página.

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08

11

2010

elmagazin

Donde termina mi nombre (Décima quinta entrega)

Por: elmagazin

* El Magazín publica la décima quinta entrega de la novela Donde termina mi nombre, de la escritora argentina Patricia Stillger.   Aviso importante: Una vez finalizada la publicación de Donde termina mi nombre, tendremos disponible el archivo en pdf para descargarla. Por lo pronto, a la derecha de El Magazín, con la imagen de la novela, los lectores podrán encontrar todos los capítulos que se han publicado.  

Donde termina mi nombre

(Capítulos 35 y 36)

Donde termina mi nombre imagen oficial

Patricia Stillger

35 (Berlín entre 1919-1939 aproximadamente)

Cuando las prostitutas de Landsbergerstrasse se le acercaban insinuantes, les sonreía y les decía: “Pas d’argent, Fräulein”. Cuando de vez en cuando, se encontraba con su hermano su frase no cambiaba sustancialmente. Le sonreía, se abrazaban y le decía: “Pas d’argent, Bruder”. Tan lejos como pudiera. Los encuentros con Max sucedían lejos de sus dominios. Si era cerca de la Friedrichstrasse, tanto mejor. Cerca del banco, cerca.

Era así, su hermano le daba veinte dólares y entonces Franz se dirigía nuevamente a Alexanderplatz  a pasarse otra larga temporada de bonanza.

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02

11

2010

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Donde termina mi nombre (Décima cuarta entrega)

Por: elmagazin

* El Magazín publica la décima cuarta entrega de la novela Donde termina mi nombre, de la escritora argentina Patricia Stillger.   Aviso importante: Una vez finalizada la publicación de Donde termina mi nombre, tendremos disponible el archivo en pdf para descargarla. Por lo pronto, a la derecha de El Magazín, con la imagen de la novela, los lectores podrán encontrar todos los capítulos que se han publicado.  

Donde termina mi nombre

(Capítulos 32, 33 y 34)

Donde termina mi nombre imagen oficial

Patricia Stillger

32

Cualquiera hubiera vivido este momento como el final de su camino. Yo no. Nada  claro, no tenía nada claro. No pretendía un discurso de morfina. No quería ninguno. Otra vez el abatimiento. Otra vez la certeza de que todos acostumbraban una respuesta conmigo y esa respuesta era no. De quienquiera que viniera. -No sé. No puedo ayudarte.- Y el silencio. Aprendí tanto del silencio que ahora sé que era mi única pregunta. Ya todos sabíamos todo. Sarita ya de vuelta, buena amiga, me pidió que la llamara para contarle las novedades. Además de las advertencias, Binns me deseó suerte. Siempre contaba con la discreta curiosidad de Bordas y con la balsámica mirada de Margaret. Incluso Henry tenía conmigo la amabilidad de quien no se siente amenazado.

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10

2010

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Donde termina mi nombre (Décima tercera entrega)

Por: elmagazin

* El Magazín publica la décima entrega de la novela Donde termina mi nombre, de la escritora argentina Patricia Stillger.   Aviso importante: Una vez finalizada la publicación de Donde termina mi nombre, tendremos disponible el archivo en pdf para descargarla. Por lo pronto, a la derecha de El Magazín, con la imagen de la novela, los lectores podrán encontrar todos los capítulos que se han publicado.  

Donde termina mi nombre

(Capítulos 29, 30 y 31)

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Patricia Stillger

29

Mis imágenes paternas me sobrevolaban como carcajadas. Encontré aquellas de las cuales mi madre me había expulsado. Me quitó la del héroe muerto en la guerra,  la del cobarde que había cambiado su identidad para salvarse de otra; la de la víctima que agonizaba en las afueras de Staligrado, todo gris y rojo como en un comic; la del que sonreía como yo, de costado; al que le pegó tanto a mi madre que tuvo que huir con su bebé; encontré al hijo de puta que había violado a mi madre en un descampado; al nazi escondido en algún lugar de la Patagonia; al espía de la Stassi; al cazado del Mossad; al soldado desconocido; al héroe de Chacabuco, al puto arrepentido que una noche sintió nostalgia del macho y se la curtió a mi vieja; al guerrillero asesinado en la selva boliviana, menos famoso que El Otro; al desaparecido y olvidado de las listas de la CONADEP; al que había hecho que yo despareciera en una oscura provincia entre las faldas de mi madre; al que secretamente mandaba dinero todos los meses para mantenerme; al que mandaba una tarjeta cada Navidad; al que me imaginaba a semejanza; al que rechazaba mi existencia; al que la ignoraba; al que me veía hacer proezas con la pelota escondido detrás de un árbol cerca del potrero; al que me mandaba los libros desde Buenos Aires; al que venía a besarme en sueños, en ángel; al hombre lobo que se había alejado de mí para no dañarme;  a Frankenstein, o el inolvidable Boris, ese que quería a los niños pero que nadie se daba cuenta y era brutalmente perseguido; al cura infame oculto en sus faldones; al borracho perdido, al enano de circo, al Viejo de la bolsa; a Leda; a Juan Domingo Perón en plena fuga, al Futre; al maestro de ceremonia de un circo; a un director de películas; a un científico secuestrado por los rusos; a un japonés paracaidista de genes y ojos moderados; al imposible hijo de la virgen María; al tonto del pueblo; a un fabricante de juguetes; a un ermitaño en la India, santo y transformado en vaca; a un francotirador, cuya próxima víctima soy yo; a un médico sin frontera; a un médico abortista; a un coleccionista de Luger; a una víctima del sida, a la víctima de un traidor, a la víctima de su amigo; a un taxidermista; a un taxiboy, a un amante de la ópera, a un amante de mi madre; al que no le avisó, al que no se enteró, al que me espera; al que me busca; al que todavía me busca; al que me encontró y se esconde culpable; el que pagó mis estudios; el que llamaba y cortaba; el que no me enseñó a besar mujeres, ni a leer, ni alemán, el que no me ama, el que nunca recibió las cajas con mis tarjetas acumuladas del día del padre y de sus cumpleaños; del que tengo que sospechar en cada hombre grande que me mira, sin importar los malos entendidos; del  buscador de diamantes en el Congo, o vendedor de armas en el mismo lugar.

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10

2010

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Donde termina mi nombre (Décimo segunda entrega)

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Donde termina mi nombre

(Capítulos 26, 27 y 28)

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Patricia Stillger

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Ella no solía ir a la cueva. Era el ámbito natural de Chapy, tan entusiasta del lugar, que siempre convencía a los huéspedes distraídos de visitarla. Yo no estaba distraído. Margaret tampoco.

Finalmente habían consentido quedarse unos días más. Laureen Bartles y Jason Morrow. Tengo la maldición de recordar perfectamente las cosas más estúpidas, en este caso a dos de las personas más estúpidas que he conocido en mi vida. Los recuerdo así, en bloque, los dos, nombre y apellido.

No desembarcábamos todavía y a la estúpida le dio un mareo o algo así. Con todo, bajaron y después de media hora de marcha llegamos a la boca de la cueva. Ella se puso a gimotear algo que tenía que ver con el miedo o qué me importa. Partieron de vuelta al Lodge, los estúpidos, junto a Chapy y su desilusión que se notaba en una hendidura que se le producía en el labio superior justamente en el sitio que a cualquier otra persona ante una decepción se le formaría una trompa, una saliente. Tal era el efecto de la falta de los incisivos, los de arriba.

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10

2010

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Donde termina mi nombre (Undécima entrega)

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Donde termina mi nombre

(Capítulos 24 y 25)

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Patricia Stillger

24 

Binns debía volver a Panamá, pero me adelantó que Bordas me buscaba y que me contactaría. Regresé a mi hotel, por así decirlo. Me la encontré a Sarita sola, linda. Estaba en la terraza y tomaba el desayuno.

Sin sorna le pregunté por sus chicas.

- Se fueron ayer. Imaginate, todavía tienen que ir a Costa Rica, a México y todo se les atrasó un poco aquí. Se quedaron cinco días más de lo previsto. Yo me voy pronto- la noté melancólica.

- Y vos fuiste la causa.

- No creo que sea necesario el sarcasmo, algo habrás encontrado vos que no te podés ir de Las Lomas….- me espetó con ojitos rasgados.

La miré como si fuera el  cuadro que uno más recuerda de un museo. Lejana, pero la única imagen que queda en la memoria. La miré como desde otra vida.

- ¿Cómo va lo de tu momia?

- Ya no es mía.

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04

10

2010

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Donde termina mi nombre (Décima entrega)

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* El Magazín publica la décima entrega de la novela Donde termina mi nombre, de la escritora argentina Patricia Stillger.  Aviso importante: Una vez finalizada la publicación de Donde termina mi nombre, tendremos disponible el archivo en pdf para descargarla. Por lo pronto, a la derecha de El Magazín, con la imagen de la novela, los lectores podrán encontrar todos los capítulos que se han publicado.

Donde termina mi nombre

(Capítulos 21, 22 y 23)

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Patricia Stillger

21 

A propósito, se me ocurrió que Henry era una especie de personaje, un poco distinto, un poco igual al de Los pasos perdidos de Alejo Carpentier. Se lo dije. Su asombro no podía ser más evidente. Su madre, en una de sus últimas cartas, le había sugerido que leyera esa novela. No la había conseguido en castellano. En su lugar, a Margaret le había ido mejor en su búsqueda y ya tenía leído el ejemplar en una traducción al inglés de Emil Tacchiara. Fue con ella, entonces que no pudimos evitar los comentarios entre similitudes y diferencias. Más me sorprendió aún, la certeza de que ella tenía una visión muy particular de Los pasos…. Margaret había interpretado que el personaje, se parecía más a un latino destrozado por los efectos de un destierro obligatorio  que al curioso latinoamericano felizmente confundido en la búsqueda del buen salvaje que felizmente lo habitaba. Por otra parte, creo recordar que la intención de Carpentier además era el mandato de dejar atrás la asquerosa podredumbre que alberga la civilización en las grandes urbes. Hoy no estoy muy seguro de lo que quiso decir. Debería releerlo. Sin embargo, los dos coincidimos en una cosa: de allí -de dondequiera que alguien se va, no vuelve- no se vuelve. En realidad, decidí que fuera uno de esos espantosos errores de un mal traductor. En realidad sentí una inmensa necesidad de coincidir con ella.

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09

2010

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Donde termina mi nombre (Novena entrega)

Por: elmagazin

* El Magazín publica la novena entrega de la novela Donde termina mi nombre, de la escritora argentina Patricia Stillger. Aviso importante: Una vez finalizada la publicación de Donde termina mi nombre, tendremos disponible el archivo en pdf para descargarla. Por lo pronto, a la derecha de El Magazín, con la imagen de la novela, los lectores podrán encontrar todos los capítulos que se han publicado.

Donde termina mi nombre

(Capítulos 18, 19 y 20)

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Patricia Stillger

18

(Bocas del Toro)

Me levanté tarde y leí una notita que Sara me había dejado en la mesa de luz. Me dolía la cabeza y decidí no darle importancia.  Almorcé en un chiringuito cerca del puerto. Me sirvieron unos caracoles en una especie de cucurucho de papel con salsa. Estaban deliciosos. Armando también los disfrutaba, agradecido de que hubiera detenido mi marcha en el agobiante mediodía. Me había seguido con la resignación de un perro viejo. Sin el cariño, pero con la esperanza de una recompensa como la de ese momento. Media hora después atracaba el ferry y vi a un padre con su hijo adolescente que cargaban grandes bolsas. Había entre ellos un entendimiento de casi ninguna palabra. Miradas que se decían qué hacer, cuáles bultos llevaría cada uno y un consenso mudo acerca del tiempo, puesto que sus pasos tenían la misma cadencia. Vi en ellos la eternidad de una relación que no tenía más años que los del muchacho.

Yo en cambio, me dirigí una mirada histórica. Declararme huérfano de padre, era como un estado civil. Cómodo. Único, definido. Después nadie hacía una pregunta incómoda más. Al menos a mí. Sé que las maestras cuchicheaban, sé que lo hacían mis compañeros. Y sé también que a mi madre, que era una mujer querida por los vecinos, también que le permitían el beneficio de la viudez.

Cocinaba bien. Hoy creo que la base insuperable era el aceite de oliva que nosotros mismos prensábamos muy rudimentariamente en un sistema de planchas de madera de algarrobo muy pesadas que se ajustaban en seis lugares con tornillos mariposa. Me encantaba llenar la bandeja inferior de aceitunas. El aceite más veces verde que amarillo, según la cantidad de luz, según la hora,  fluía por los cuatro costados en recipientes de madera, perfectamente adaptados para no perder una sola gota de la prensada.

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09

2010

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Donde termina mi nombre (Octava entrega)

Por: elmagazin

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Donde termina mi nombre

(Capítulos 16 y 17)

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Me despedí de Binns con quien estaría en permanente contacto y pasé el resto del día de bar en bar, tratando de olvidar al puto yanqui que me había revisado el culo. Poco a poco me tranquilicé. La ventaja de Armando era su repentino silencio. Entraba en una especie de mutismo de buena cepa, de la clase que acompaña a un hombre cuando no termina de querer estar solo y sin embargo callado. Finalmente recalamos en uno de sus de sus preferidos de la isla -Fatalito el 13- pintado con colores que seguían la bandera de Jamaica. Era una especie de tinglado cuyo único objetivo era proteger las heladeras de la lluvia. Por nuestra parte, los parroquianos mudábamos las mesas por abajo de los árboles según nos persiguiera el sol. Pero ahora ya era de noche. Pensaba en las habilidades más o menos conocidas que tiene cada persona. Algunas sólo hacen uso de ellas cuando la necesitan verdaderamente, otras siempre y en cualquier circunstancia porque ya no saben cómo deshacerse de esa capacidad.

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