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Archivo de Categoría ‘Desde mi punto de vista’

31

07

2014

elmagazin

Miguel Barnet y el fútbol

Por: elmagazin

miguelbarnet Ricardo Bada

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07

05

2014

elmagazin

Obreros del arte

Por: elmagazin

GRUPO COLOMBIA 1

Mariángela Urbina Castilla

Cúcuta es un infierno: la temperatura que siempre supera los 30 grados, la humedad del ambiente, el sol punzante, constante, el viento arenoso de los agostos, el sopor de las tardes. Cúcuta parece un sinónimo, solo con su clima, de todo lo demoníaco. Esta ciudad acostumbrada a vivir de comprar y vender ya no tiene de dónde echar mano. Venezuela la consumió y la dejó sin recursos. Colombia la olvidó y la gente del comercio, que es casi toda la gente de la frontera, esa que no salía a la calle sin sus cadenas de oro y bellas 4×4, probablemente se dedicó a la ilegalidad. Los índices de violencia tienen prendidas las alarmas. La inflación de la vivienda ahorca al sector inmobiliario. La criminalidad callejera le compite a la de los paramilitares, a la del machismo cucuteño, a la del narco de la esquina, a la de la guerrilla que sigue en los pueblos del Norte de Santander y de vez en cuando toca la puerta de su capital.

En ese infierno, una voz al ritmo de hip hop suena y dice: “Esta es la historia de guerreras y guerreros que con su arte prometieron aportar al mundo entero. La libertad es su camino. El faro del Catatumbo iluminaba su destino”. La letra hace parte del tema “Del Norte bravos hijos”, que se llama como la primera frase del himno de los norsantandereanos. Es interpretada por algunos integrantes de Hip-HopPAZ y otros  artistas de la zona en un video producido  por ”Quinta con quinta”, un colectivo que también trabaja por la paz desde el arte.  Se buscaron y se unieron para romper con su voz todos los esquemas, es como si gritaran tan fuerte que demostraran algo que para muchos en esa zona del país es inverosímil: también se hace arte en Cúcuta.

 En ciudades como Bogotá o Medellín los colectivos culturales o las casas de la cultura juegan un papel importante en la superación de los problemas sociales. Su labor es ardua y exige compromiso, pero han demostrado la necesidad de su existencia. En Cúcuta, en cambio, el artista es sinónimo de marihuanero, un bueno para nada que está perdiendo el tiempo. En contextos pudientes, es un loco que termina burlado por la familia y de paso por toda la ciudad porque en un lugar tan pequeño es difícil escapar del chisme y del prejuicio. “Mis papás nunca creyeron en el teatro ni en nada de lo que yo hago, así que me vine a Bogotá con 200 mil pesos. Lo que sea con tal de hacer lo que me gusta”, comenta Andreína, una actriz de 25 años.Como ella la mayoría de los artistas cucuteños terminan optando por salir de la ciudad.

 Pero Hip-HopPAZ se atrevió a cantar, a rapear, a grafittear, a bailar en Cúcuta. A usar todos los elementos de la cultura Hip Hop en zonas de conflicto. Sin importar sus propias dificultades, decidieron trabajar voluntariamente por las de los demás. Caminaron hacia Atalaya, un barrio tradicional en Cúcuta con una cruel historia de  violencia y  pobreza. “Doña María, líder comunitaria, el espíritu del barrio, nos estaba presentando todo. Le comentamos el proyecto y a ella le gustó. Cuando llegamos a la cancha escuchamos un beat de rap. Un muchacho detrás de un árbol estaba rapeando. Nos sorprendimos mucho, pensamos que él y muchos más necesitaban trabajar por su arte”, comenta Camilo Guerrero uno de los líderes del colectivo. Ese fue su primer descubrimiento, un talento escondido tras de un árbol en un parque de Atalaya, como muchos podrían estarlo por toda la ciudad.

Luego llegaron niños que aprendieron a hacer scat, brake dance o que aman grafittear. “No hay límite de edad. La idea es compartir el conocimiento. Y es muy bonito, porque a pesar de las difíciles circunstancias la gente cree que puede transformar su realidad”, dice Liz Clamerán, otra de las integrantes del grupo.

 Además de las mil batallas contra los tabúes cucuteños, Hip-HopPaz está luchando por la recuperación del teatro de Atalaya, un espacio que como ha informado  La Opinión de Cúcuta se ha enfrentado con mil problemas de mantenimiento desde el momento de su construcción, hace 20 años. “Y ahora la Secretaría de gobierno quería volverlo una sede del Esmad. Pero la comunidad apoya mucho, hemos estado realizando actividades frente al teatro, hemos hablado con líderes comunitarios, pasamos un derecho de petición y ahora estamos esperando”, afirma Camilo, quien sabe que convertir el único de teatro de Atalaya y uno de los pocos de la ciudad en un espacio del Esmad, es un atentado contra la gente, una bala.

 “La luca que pagamos del pasaje vale toda la pena. Ver como mediante el arte y la cultura hip hop se puede transformar una realidad de forma directa en los barrios es suficiente”, dice Camilo, y agrega: “La gente tiene que saber que no somos vagos, somos obreros del arte”.

 

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29

04

2014

elmagazin

Liberada de… y por mi maestro

Por: elmagazin

gm

‘Si yo no me voy, dijo Jesús a sus discípulos, no vendrá a vosotros el Espíritu Santo’. Carmen Socorro Ariza-Olarte Era Jueves Santo y muchas cosas habían pasado los días anteriores, y muchas sucederían ese mismo Jueves,  y muchas más seguirían ocurriendo los días posteriores. Como un presagio, o quizás como la misma crónica de una muerte pre-anunciada por los diarios, vagabas por casa como alma en pena, y, en pena, empezaste a sacudir el estante de tus libros sagrados. Le cambiaste la posición a todo… Y, El Rincón del Maestro, paso de la izquierda a la derecha; allí, adonde puedes mirarlo cara a cara cuando te sientas a ejercer tu oficio de escritora. En la esquina frontal, enmarcándolo todo, pusiste de pie su biografía con sus ojos casi desorbitados, de infante curioso, mirándolo todo… y… lo rodeaste con esa foto tuya en la que tus ojos desorientados se encuentran con los suyos, más las de tu hombre-amigo-amante-esposo en las diferentes edades de su vida… y… con el resto de sus libros armaste de nuevo esa especie de altar que has ido edificando con cada una de sus obras… y… han formado parte y arte de tu camino de escritora-lectora-escritora. En los demás estantes organizaste como siempre tus colecciones mínimas, con tus propios clásicos: Ulises de Joyce, Don Quijote de Cervantes, Ramayana de autor desconocido, En busca del tiempo perdido de Proust, Obra Completa de Sor Juana Inés de la Cruz, The Complete Works of ShakespeareLa Metamorfosis de Kafka… y…  La de tus escritores latinoamericanos: El Laberinto de la Soledad y la Llama Doble, de Paz, Rayuela y El Perseguidor, de Cortazar, La Última Escala del Tramp Steamer de Álvaro Mutis, Ensayo de la Ceguera, de Saramago, El libro de Arena, de Borges, La Región más Transparente, de Fuentes, Honderd Liefdessonnetten van Neruda, En busca de Klingsor  y El Jardín Devastado, de Volpi; Parménides y Las Noches de Flores, de Áira y… la de tus Premios Nobel: Los Excluidos  y The Pianist, de Jelinek, The Sirian Experiments  and The Black Madonna, of Lessing, The Homecoming, of Pinter; La Familia de Pascual Duarte, de Cela y… tu gran colección de novelas y ensayos de J.M. Coetzee y… también de Grass … Y… me matarías si no mencionara tu otra minicolección con Milán Kundera, Kónrad, Malraux, Wilde, Brown, McCarthy, Roth… o… la de poesía: Withman, Blake, García Lorca, Rilke… más los libros esotéricos y la Biblia y El I-Ching y… en fin… las biografías… y…  tus mujeres escritoras: la Wolf, la Yourcenar, la Duras, la  Mitchell. Todo eso, sin contar, claro, con nuestra biblioteca común, llena de autores holandeses, franceses, alemanes, rusos y… Al día siguiente, empezaste a rebuscar en tus archivos, ¿Qué buscas?, te pregunté. Buscó algo que empecé a escribir hace unos años sobre El Amor en la Obra de… mi Maestro, me dijiste… Recuerdas, fue a raíz de la charla que dio aquí en Utrecht su traductora al holandés, luego de la publicación de la autobiografía; una charla que llevaba precisamente este nombre, El Amor en la Obra de…. y que tanto a ti como a mí nos pareció de lo más sosa –la charla-. Sí, lo recordé, cómo olvidarlo, si antes de dicho chasco habíamos discutido sobre el por qué los holandeses no entendían nada de tu cultura ni menos de la obra de tu maestro. Y, zas, ahí estaba la traductora holandesa para poner el dedo en la llaga; y vaya si me sangró, y tuve que aceptar que tenías razón, Qué pobreza de presentación para alguien que dice haber traducido casi todas las obras de tu maestro al holandés; No te preocupes, me dijiste, debió ser por casos como estos que mi maestro escribió un artículo respetuoso del oficio de traductor llamado, El Traductor como Traidor; no puede ser buena una traducción que se hace en solo tres días, así sea con un equipo de primera. Entonces, en busca del proyecto de ensayo encontraste una gran cantidad de bibliografía;  toda en conexión con tu maestro. Pusiste todo en el archivador  que tienes sobre tu escritorio y, me dijiste, Es que siento que ha llegado eso que él llamó La Mala Hora, y quiero estar preparada, Quiero terminar por fin el ensayo que nunca escribí. Y bueno, como encontraste todo menos la libreta de apuntes adonde habías empezado el ensayo, llegó el Jueves Santo y no diste pie con bola… Entonces seguiste con tus Encuentros Íntimos con su Guitarra de la A a la Z. Hoy le toca a la B de Brasil, Bossa Nova y Charlie Byrd, me dijiste, y sabes: rebujariando he encontrado este artículo cumbre de mi maestro titulado, Esta bien, Hablemos de Literatura, oye bien esta frasesita,  Hace unos meses le dije a Jomi García Ascot que lo único mejor que la música es hablar de música, y anoche estuve a punto de decirle lo mismo sobre literatura. Pero luego lo pensé con más cuidado. En realidad lo único mejor que hablar de literatura es hacerla bien. Y sí, tengo que admitirlo, te vino bien reencontrarte con esta recopilación de artículos publicados en su momento en El Espectador,  para ser capaz de comprender y aceptar su último adiós. La noticia te llegaría, como todo lo que sucedió durante el día, de una manera bastante extraordinaria, y es que te fuiste a la cama sin bajarle el volumen a tu IPhone, cosa que haces religiosamente cada noche. Según me cuentas estabas casi dormida cuando a lo lejos escuchaste el timbre, te levantaste de inmediato porque pensaste en Colombia, y te preocupaste y… zas, al abrir el email te encontraste con el boletín especial de El Espectador con la noticia sobre su deceso. Entonces fuiste a sentarte en el balcón y la luna te dejó espantada por lo hermosa: era una noche de luna llena rodeada de una lluvia de estrellas. Así que no te aguantaste y, luego de tomar una foto, viniste a despertarme… Juntos nos hemos sentado a contemplar la luna y me has dicho, Sabes, hoy, o mejor dicho ayer, Jueves Santo, inspirada por Saint Matthew Passion, que sonaba en la radio, me dio  por leer la Biblia a manera de meditación y San Juan me kung-fundió, pues en el aparte donde habla sobre la Traición de Judas, dice esto: Respondió Jesús, a quien yo diere el pan mojado, aquél es. Y mojando el pan lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón. Y después del bocado Satanás entró en él (SanJuán, 13, 26-27). Tuve que pensar en un cuento de Borges llamado Las Tres Versiones de Judas y en el Código DaVinci de Brown y… en medio de mis pensamientos sobre el por qué Jesús, a sabiendas, le había dado de comer algo tan contaminado a Judas… zas, leí en el libro de meditaciones diarias del Dalai Lama la correspondiente al 17 de abril y… mira tú con lo que me he encontrado, Cuando mires a quien te ha hecho daño, sé tolerante, y piensa que es gracias a seres como él que tú puedes llegar a alcanzar la iluminación o la naturaleza de Buda. Porque claro, si no hubiese habido un Judas, Jesús no hubiese podido realizar su obra; y tal vez, digo yo escuchando las diatribas contra mi Maestro, sea mejor ser condenado por tener amigos que por los enemigos. Así, con está luz me dio por comerme un yogurth y, zas, estaba recostada en la ventana dejando que el incipiente sol me diera en la espalda cuando sentí como si alguien me hubiese pegado en la mano y, zas, el vasito con el yogurt voló por los aires, Mierda, Ye de Yavé, fue lo que primero se me vino a la cabeza, y, en todo caso, la cosa me quedó sonando. Porque así fue precisamente como un día comprendí que la labor que mi maestro había realizado conmigo estaba hecha, y que había llegado el momento de dejar de seguirlo y perseguirlo para emprender mi propio camino como escritora, libre e independiente, Si yo no me voy, le dijo un día Jesús a sus discípulos, cómo vais a estar vosotros en condiciones de recibir al Espíritu Santo. Y es que guiada por él, luego de regresar de Barcelona, adonde siguiéndolo y persiguiéndolo fui a ponerle en consideración mis manuscritos a la agencia de Carmen Balcells y, cabizbaja y meditativa, mientras esperaba una respuesta, me topé con la recopilación de artículos periodísticos en la que venía incluido este texto. Al leerlo supe que si no me liberaba iba a terminar como el muchacho ese de veintitrés años del que habla el maestro aludiendo a una frase de Vargas Llosa… Mira, aquí está escrito textualmente, Alguna vez le oí decir a Mario Vargas Llosa una frase que me desconcertó de entrada: ‘En el momento de sentarse a escribir, todo escritor decide si va a ser un buen escritor o un mal escritor’. Sin embargo, varios años después llegó a mi casa de México un muchacho de veintitrés años, que había publicado su primera novela seis meses antes y que aquella noche se sentía triunfante porque acababa de entregar a su editor su segunda novela. Le expresé mi perplejidad por la prisa que llevaba en su premura carrera, y él me contestó, con un cinismo que todavía quiero recordar como involuntario: ‘Es que tú tienes que pensar mucho antes de escribir porque todo el mundo está pendiente de lo que escribes. En cambio, yo puedo escribir muy rápido, porque muy poca gente me lee’. Entonces entendí, como una revelación deslumbrante, la frase de Vargas Llosa: aquel muchacho había decidido ser un mal escritor, como, en efecto, lo fue hasta que consiguió un buen empleo en una empresa de automóviles usados, y no volvió a perder el tiempo escribiendo. En cambio –pienso ahora- , tal vez su destino sería otro si antes de aprender a escribir hubiera aprendido a hablar de literatura. Luego agregaste, Es así como he comprendido también que, La distancia más corta entre el Hombre y la Verdad es un cuento; y ¿quién mejor que mi Maestro, el mejor contador de cuentos, para enseñármelo? No es acaso su única obra de teatro, Diatriba de Amor contra un Hombre Sentado, la mejor respuesta a todos los deicidios, me ha preguntado a mí, como si yo entendiera de qué carajos me está hablando… Por el amor de Dios –murmuró Clotilde Armenta-. Déjenlo para después, aunque sea por respeto al [...]. Fue un soplo del Espíritu Santo, repetía ella a menudo… Me agarró toda la panocha –me dijo Divina Flor- era lo que hacía siempre cuando me encontraba sola por los rincones de la casa, pero aquel día no sentí el susto de siempre sino unas ganas horribles de llorar [...] Porque, Nada se parece tanto al infierno como un matrimonio feliz…. se diría Graciela, a sabiendas de que el hombre de letras que ella había escogido era un buen hombre, amante de las mujeres. Escrito en Utrecht, a los 18 días de abril, Viernes Santo, un día después del fallecimiento de mi maestro el inmortal don Gabriel García Márquez. 

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25

04

2014

elmagazin

La no real, la mujer sin representación

Por: elmagazin

cuerpo
 
 
Laura Catalina Sanabria Rangel
@lsanabriar
 
Desde siempre la mujer ha estado ahí, o al menos eso dicen. Y alrededor de ella existen representaciones, o imágenes mentales, que la hacen parecer una. Una única, estándar y básica mujer a la que todas las que van llegando han tenido que acogerse. Hecha de discursos y poder.
 
Me explico. Hace no mucho, escuchaba hablar a mi tía y a mi abuela sobre las famosas‘mujeres de ahora’; “ésas que perdieron todo tipo de valores morales y no piensan en nada más sino en cosas mundanas”. Supuse que hablaban de sexo. La charla se remontó a la mujer ‘correcta’ y mi tía recalcó la importancia de llegar pura al matrimonio, virgen, y no como ahora “manoseadas por todos”. Yo, como supongo que muchos de ustedes, he vivido en una familia católica, y ya no se me hacen extrañas este tipo de conversaciones, pero a diferencia de otras ocasiones esta vez intervine.
Me cuestionaba acerca de si el Dios del cielo, algunas veces de nadie, no debería medirnos a todos por igual. Ahí fue cuando les pregunté si sus maridos habían llegado, al igual que ellas, castos al matrimonio. Abrieron los ojos y mi abuela respondió: “Muy boba uno pensar que eso va a pasar. Antes es mejor que lleguen experimentaditos”. Por un tiempo no supe qué pensar.
Yo no soy feminista, ni pretendo serlo, pero es en este punto en el que creo firmemente que al Dios que hicieron lo hicieron machista, igual que todos los hombres y mujeres de esos tiempos. Así se pasó del hábito a la tradición y toda mujer, a diferencia del hombre que es más ‘varón’ mientras más mujeres estén con él, es catalogada como ‘puta’por hacer uso libre de su sexualidad.
‘La puta’, a la que ven pasar mi abuela y mi tía y se persignan. A la que muchas de nosotras – mujeres – hemos criticado. Hecha de nuevos símbolos, es cuestión de solo escuchar un reggaetón o ver las miles de vallas o comerciales que se nos presentan todos los días a través de los medios de comunicación para entender que está ahí, que nada se puede hacer.
Pero las sociedades aún parecen no entender que deben existir unos mínimos, y a‘la cualquiera’ se le ataca por medio de una conciencia global omnipresente y símbolos físicos ya establecidos. Como la Virgen María pura y santa que ascendió a los cielos y envía a ‘la puta’ al infierno, mientras el verdadero demonio es el discurso intolerante que omite dos artículos fundamentales de la Constitución del 91:

Artículo 16.Todas las personas tienen derecho al libre desarrollo de su personalidad
sin más limitaciones que las que imponen los derechos de los demás y el orden jurídico.
Artículo 18.Se garantiza la libertad de conciencia. Nadie será molestado por razón de
sus convicciones o creencias ni compelido a revelarlas ni obligado a actuar contra su
conciencia.
 
Yo entiendo a mi tía y a mi abuela, pero no a la mujer de ahora intolerante que no es capaz de compartir con su compañera que, siendo o no responsable (otro aspecto que no voy a tocar), se viste o hace uso de su sexualidad de una manera libre y autónoma.
Quizá es tiempo de empezar a creer en esa mujer sin representación, que está en la ficción, la que no tiene discurso, la que quiere ser lesbiana y madre; independiente sin ser tildada de solterona; promiscua y respetada; casada y feminista.
Intentar que cada mujer se pierda para que se encuentre como lo que quiere ser, teniendo a la tolerancia de base, hará tangible la libertad individual que desde el 91 se supone que tenemos. De pronto muchas, después de tanto tiempo, solo quieran ser ‘la puta’ que esta sociedad, que sí es bien ‘puta’, no las ha dejado ser.

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31

03

2014

elmagazin

Aceptando al mundo

Por: elmagazin

Foto de Babies411 - Flickr.

Foto de Babies411 – Flickr.

Leo Castillo Me despierto en un agudo conflicto con la existencia, tanto, que debo permanecer durante horas echado a la bartola en el lecho en un estado de receptividad apenas incipiente y luego, de manera gradual, voy dando cabida en mi consciencia y sucesivamente en mi alma a la realidad y con esto doy en aceptar incluso a mí mismo. De donde se desprende que al despertarme no quiero a nadie, lo que no significa, ni tampoco descarta, que pasado este lapso que digo, acabe queriendo a alguien, lo que ya es casi quererme a mí; pero esta no es la regla, y en este sentido no hay que hacerse alegres ilusiones. Si al despertarme no quiero a nadie, pudiera ser que los odie a todos, o que, en todo caso, me halle a un tris de ello. Esto me lleva sin remedio a pensar en el llanto de los bebés, de quienes se habrá notado que lloran mucho más a menudo que los adultos, lo que denuncia un precoz e instintivo rechazo a la existencia. También lloran al despertarse, lo que a mí tácita —aunque es de temer que se haga explícitamente— no se me permite, ¡no se me permite! Tengo sobradas razones para afirmar que los  adultos encontrarían inaceptable que cada mañana me despierte llorando a grito pelado mi condena a hallarme entre los vivos. Esto me coloca en desventaja respecto de los bebés y a este privilegio que sobre mí se les concede atribuyo esa sonrisa fácil y ese impúdico encanto suyos con que me superan, dado que les está permitido berrear cuanto quieren, aligerándose así de la carga de odio que la vida con espontaneidad genera y, una vez liberado el encono, sonríen de manera estúpida y sus rostros se iluminan con ese llamado encanto angelical que los simples encuentran irresistible, al punto que se desea besarlos. Por otro lado (y esto parece emparejar las cargas, traer a mi resentimiento y envidia algún consuelo) no es raro que igual cuando están berreando de lo lindo los adultos se sientan abusados y experimenten sentimientos hostiles  hacia sus bebés llegando, a mi ver con razón, al extremo de desear estrellarlos contra el piso. Incluso sus propias madres, y más que nada ellas, llegan con no poca frecuencia a sucumbir a esta tentación. No puedo jactarme de haber incurrido en ello, en parte porque no conozco el compromiso de tener que soportarme bebés a mi lado, salvo cuando en algún sitio público, en el autobús, pongamos, por casualidad sus madres se me acercan más de lo deseable con ellos en brazos. Pero incluso yo, que casi los desconozco y que en todo caso procuro ignorarlos, sufro como cualquiera la impaciencia común ante este privilegio suyo de berrear cuando y donde se les viene en la maldita gana y aunque, como acabo de reconocerlo, nunca tuve la oportunidad de estrellarlos contra el suelo, nadie puede exigirme que declare con hipocresía no haberlo deseado no sólo una, sino acaso en múltiples ocasiones, porque me tomaré la libertad de confesar haber hecho algo que de seguro no promoverá el repudio de ningún entendimiento sensato. Y es que una vez —y concedo, ¡ay, que solo una!—, bien que los suspicaces no me crean, dejé caer en la sala de mi casa materna a mi sobrinito de seis meses de nacido contra las baldosas. Esto, de haber obedecido a mis impulsos, debí de haberlo hecho antes y siempre que se me presentara la oportunidad, lo que me habría reportado un poco más de tolerancia a su presencia en nuestra casa. El cráneo sonó apenas como un torpe coco verde, un decepcionante ruido obtuso que de ninguna manera satisfizo mis espectaculares expectativas; un golpe sordo que mi hermana, desde la cocina, no podría haber alcanzado a escuchar. De modo que resulta arbitrario de su parte venirme con esa áspera reprimenda, pretendiendo que lo había dejado caer adrede, por muy cierto que, en efecto, así haya sido, cosa que atribuyo más bien a la irritada respuesta de su bebé, que estalló ipso facto a llorar de manera tan estridente, aunque, cuando ella llegó volando a la sala, ya yo prestamente había izado al perverso del piso, a fin de disimular la razón de su escandalosa reacción y no delatarme, sin llegar por ello tampoco al extremo de sobarle la cholla para contentarlo, no falta más. Mi hermana me lo arrebató iracunda y consternada y, acaso por aquello del famoso instinto maternal, lo besaba, en lugar de dejarlo caer de nuevo como yo esperaba y aunque le sobaba afligida la cabeza, el condenado no paraba de chillar como si tuviera el cuerpecito enracimado de hormigas coloradas. Y así siguió berreando inconsolable hasta que se hartó de fastidiar, siendo cosa notable la manera en que se empecinaba el verraco en rechazar a manotazos cucharaditas de agua azucarada que la mísera madre intentaba hacerle tomar y daba en verdad coraje ver con qué insolencia el intransigente se resistía a dejarse zampar el pezón en la jeta. Yo no podía, indignado, más que pedirle a mi hermana que lo dejara que se jodiera hasta desgañitarse berreando, a lo que parece haberse debido esa formidable bofetada que intentó propinarme, lo que sin duda habría conseguido de no ser por el estorbo que acunaba entre sus brazos.    

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03

02

2014

elmagazin

Coleridge: trocador de sueños

Por: elmagazin

magazin2 Andrés Felipe Yaya La grandeza de los poemas sólo se calcula por su capacidad de quedarse en el empalagoso espíritu del hombre: el poema es hiel con sal: apachurra, ruidoso, la carne trocada del corazón. Lo demás, puras palabras que no crecen, no se desarrollan, no se procrean. Ahorita camino, bañado en viento, con el alma partida, con el dolor corroyéndome, refregándome los ojos mientras lloro por lo que no está. Lloro porque recorro el campo de cara contra el inestable, confuso, derrotado pasado y más me pierdo en mí. Extraño yo y extraña mi sombra y extraño este cachivache de realidad. Lloro porque mi lejano fantasma de niño se encuentra con el dañado fantasma que ahora soy. ¡Inundado, palpitante, como el cielo, no de estrellas y constelaciones sino efemérides, no de eternidad sino de puro efímero tiempo camino! Mendiga luz envuelta en recuerdos, estoy envuelto en tu mugre, dame tu hambre que te quiero tragar. Soy una vaga sombra caminando, infecta de desastre, bamboleada, por los potreros de mi infancia. ¡Voy con mi estrella encendida quemando recuerdos! Somos dos: dos distintos, dos fantasmas arrogados por el mismo desagüe, dos pavesas que fluyen, vienen, escabullen en los ventarrones de agosto. Ábrete espeso matorral que voy recogiendo historias, voy recogiendo pedazos de mí, voy encontrándome. ¡Qué matorrales! ¡Machete de doble filo aquí no entra! Ábrete y ciérrate: aquí no ha pasado nadie. Olvídame que estaré lejos cuando te recuerde: serás mi estrella que estañará en todas mis noches: ¡Tas! ¡Tas! ¡Tas! Cubriéndome de polvoroso olvido. Camino de arriba abajo, surcando maleza, cortando lo lejano en dos tajos. Andando, andando. Y he aquí que el pasado se vuelve presente y el presente en invisible futuro, entonces regreso a ti, recordándote, Coleridge, con tu carga de versos en mi corazón. ¿Versitos? ¡Ay, esta trastornada realidad quedó chiquita ante tu “Kubla khan”! ¡Nunca tantos versos hicieron hueco en mí! ¿Y por qué te recuerdo? Porque si no te recuerdo te sueño si no te sueño el Alfa me escribe con agua tus versos en mi pecho. Todos los ríos son el Alfa. Ese río donde me miro y me veo: veo una triste quimera que jamás me mira. ¡Qué espejo! ¡Ah sí! El hombre es un mísero reflejo berreando en las aguas mientras va hacia la muerte. Si no me veo: es un riachuelo donde chapotean las ranas. Con perdón de Heráclito y con perdón de Artemisa. T. S. Coleridge, en las tardes calorosas de 1797, por su mal estado de salud se retiró a una finca que estaba entre Polock y Linton, en los límites lejísimos de Exmoor: entre Somerset y Devonshire. Enfermo, extenuado, Coleridge tomó un calmante que lo durmió. ¿Calmante? ¿Opio? La mitad dice lo uno, la otra lo otro: así es el hombre: después de la gloria viene el chismorreo. Inventa, inventa para hundir en el barrizal de la envidia al otro. Antes de conciliar el sueño, el trocador onírico, estaba leyendo: «Peregrinación de Purchas»: «Aquí el Khan Kubla ordenó construir un palacio con un jardín majestuoso además; y de esta forma quedaron encerrados por una muralla diez millas de terreno fértil.» Esas palabras llevaron a Coleridge a iniciar su poema: « En Xanadú, Kubla Khan/ mandó levantar un real palacio de recreo.» Durante una hora, el autor, dormido profundamente con sus sentidos despiertos, todo en él despierto, comenzó a componer un poema de trescientos versos. ¡Imágenes, imágenes como objetos, imágenes de ríos, de bosques, de palacios iban llegando a él! ¡Pura poesía chapoteando en los sueños! ¿Con algún esfuerzo lo componía? Nada, ninguno: las palabras solas se van acomodando en imágenes, en versos, en pura música verbal. Al despertar, el poeta tenía un claro recuerdo de todo el poema, entonces, tomó pluma, papel, soledad y comenzó a transcribir el poema, el mismo poema de 50 versos cuya versión original se conserva y ha soportado traducción tras traducción. En ese momento, llegó un amigo de Porlock por cuestiones de negocios, que se quedó más de una hora borrando de la memoria el sueño. La conversación, casi inacabable, le arrancó imágenes del poema dejándolo con las migajas. Bueno, así son las cosas y punto: cuando las creemos tener de un todo sólo tenemos las apachurradas, dañadas, polvorosas migajas. ¡Ruinas pues el poema soñado y ruinas el palacio soñado décadas antes! ¡Ruinas y ruinas quedan pues los sueños! Le hubiera recomendado a Coleridge poner la escoba detrás de la puerta. Querido trocador de sueños: las malas visitas se sacan de taquito, no sirven y todo lo dañan. Una mala visita nos puede robar 200 versos y nos trae el desastre en un rato. Mantén pues la escoba detrás de la puerta. Al regresar a su habitación todo el poema se había ido como vino: se esfumó en la nada. Se lo tragó el río. Se fue sin regresar. Entonces escribe las ruinas sobre ruinas, ese chorro de música, lo publica y de prefacio escribe: « Todo el resto había desaparecido como las imágenes de la superficie de un río, en el cual se hubiese arrojado una piedra, pero ¡ay! Sin el posterior regreso de aquéllas.» Sólo le cortó a regañadientes la cola. Ya no regresará, así se nos pare el corazón. Como un fantasma llevado por la brisa que viene, se va, se esfuma, el “Kubla Khan” habitó, vivito, entre nosotros. En T. S. Coleridge el recuerdo del sueño se esfumó, mitad se esfumó, en Giuseppe Tartini mitad se esfumó también. Los sueños son completos, pero la realidad es tan pobre que aparecen medios. ¿Medios? El Trino del Diablo es la puta sonata que un hombre haya inventado, inseguro, con un destartalado violín. ¿Hombre o diablo? Un hombre con el alma endiablada, el corazón endiablado, las manos endiablas, porque mayor putería no ha procreado otra vez la música. Encerrado entonces Tartini, descontento de sus habilidades, a practicar después de escuchar al italiano Francesco Veracini en Venecia. Practicando soñó con el diablo. ¡Qué sueño! Soñando le robó la canción en un azaroso, decidido, revelador reto. Lo demás lo cuenta él en su carta al astrónomo francés Jérome de Lalande. Solo me quedo con su demente, inabarcable, inconmensurable pieza. El do bemol del inicio es delirante, después los re bemoles, sostenidos dentro de unos staccatos y pizzicatos a una velocidad aterradora me inundan el corazón de mariposas. ¡Qué agudos, qué graves, qué sonata! Ni Coleridge ni Tartini lograron conservar el sueño en todo su esplendor. Vagos, polvorosos recuerdos sobrevivieron del desastre de la realidad. Mitades se fueron, a jirones, sin volver, por las cañerías del olvido. ¡Sin ojos que los vieron! Sin embargo el Kubla Khan, medio, brilla incesante, con sus palabras, límpido en el corazón de las estrellas. Esfumados los sueños dejan la huella en las cosas: palabras y silencios, breves y semibreves, fusas y semifusas. Impasible, algo sobrevive de lo que pasó en nosotros. En mí, pausadamente, el desastre de niño se desploma, se derrumba, sobre mí ahorita. Y otro desastre más negro, color de muerte, voy dejando por estas trochas, por estos potreros, volviendo a Coleridge, al poeta de los lagos, a su visión honda de la naturaleza hasta llegar al tope de conocerse a sí mismo: la clave de todo está en uno mismo, únicamente uno, y no afuera. ¡No busquemos más! ¡Prepotente, inefable el secreto de la vida muere afuera! Voy asombrado con el “Kubla Khan”, con su ritmo y su música, encontrándome, delirante, en él. Un poema como símbolo de la imaginación, un poema que se construyó por encima del palacio donde Kubla gobernó, bajo el sueño, contra no sé qué cosas. Símbolo de la delicia humana, surca entre nosotros, contra el púlpito, rondando desvaído hasta mancharnos con su música y su belleza.

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17

01

2014

elmagazin

Crear es adivinar

Por: elmagazin

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Jose Daniel Fonseca La forma más elevada de inteligencia consiste en pensar de manera creativa
K. Robinson La creatividad puede componerse de dos elementos: el primero, concerniente a las dudas e inquietudes que forjan la curiosidad en estado puro, y el segundo, que puede entenderse como un accidente, una alineación de las estrellas, un fenómeno inexplicable que genera un gran descubrimiento durante las indagaciones sobre un tema particular.
Esto es consistente con las posturas de grandes pensadores a nivel mundial, que apuntan a que la creatividad es el centro del aprendizaje, acompañado del gusto, afinidad o destreza en ciertas disciplinas y objetos de estudio. Así las cosas, la creatividad es materia necesaria para formar a las personas en su relación con ellos mismos y con los demás, pero también, es la fuente de hallazgos científicos que trascienden la historia y reconfiguran nuestros hábitos y comportamientos. Pensemos ahora qué sería del mundo si los carros pudiesen volar y no consumir gasolina, o, también, qué acontecería si encontráramos la cura contra el odio. Es posible que no podamos dimensionar tales consecuencias, ni tampoco juzgarlas como benéficas o nocivas, pero sí podemos, al menos, realizar una conjetura personal acerca de lo que podría transformarse debido a tales avances. Sin creatividad, ni los grandes inventos, ni las conjeturas, podrían materializarse.
Volviendo a los elementos que creo son esenciales para hablar de creatividad, hay grandes ejemplos en la historia de la ciencia y del arte que confirman mi hipótesis. Uno de los más notables, se puede observar en la creación de la penicilina: hacia el año 1928, el bacteriólogo Alexander Fleming trabajaba en unas bacterias llamadas estafilococos dorados, y por accidente notó que un hongo producido por la degradación de ciertas sustancias, llamado penicilum notatum, las aniquilaba con eficacia. El hallazgo dinamizó el uso de la penicilina como herramienta contra-bacteriana, lo cual fue trascendental para el avance de la medicina moderna. Fleming no quiso encontrar la penicilina, pero la fue buscando, sin saberlo, explorando en sus curiosidades, hasta que ocurrió el imprevisto, la eventualidad. Ese es un claro ejemplo de la creatividad sustentada en las inquietudes y el conocimiento que trabajan mancomunadamente, sin saberlo, con el azar.
Parece mentira que inventos cotidianos, pero en su momento innovadores, como el microondas, las papas fritas y hasta el helado hayan sido creados de forma casual. Incluso el LSD (Dietilamida de ácido lisérgico), alucinógeno que generó toda una revolución cultural desde los años sesenta, fue descubierto por Alfred Hoffman, cinco años después de haberlo creado. Tratando de encontrar una sustancia que ayudara a llevar los dolores del parto, Hoffman sintetizó una que guardó en un contenedor por encontrarla inútil. En 1943, Hoffman absorbió un poco del compuesto, al tomarlo sin usar guantes, y vivió el éxtasis; alcanzó el Nirvana en bicicleta. A partir de allí, el LSD ha sido usado, incluso, como experiencia que acerca a las personas con su estado más puro de comprensión, o como medio para alcanzar una sensibilidad insospechada. Otros, niegan sus atribuciones curativas o alucinógenas, y lo tachan de ilegal y peligroso. En todo caso, Hoffman ya no tiene la culpa de esto.
En la creatividad también media un tercer elemento que, invisible, es transversal en el proceso de descubrimiento o invención de algo –o de nada, que también es algo. Charles S. Peirce, el semiótico, matemático, lógico (y un incalculable etcétera) estadounidense, desarrolló un método de indagación o acceso al conocimiento distinto a los tradicionales deducción e inducción, al cual llamó abducción o retroducción. Este consiste –aunque parezca una broma– en adivinar. Bueno, no es así de simple. Pierce sostenía que el proceso lógico-cognitivo de la mente humana le permite realizar conjeturas o hipótesis antes de comprobar en el ámbito fáctico sus sospechas, gracias al acompañamiento de un gran conocimiento y un descarte de hechos imposibles. Por ejemplo, si uno quiere descubrir a un ladrón, es posible que su olor o las manchas de sus zapatos evidencien unos elementos que me permitan conjeturar o adivinar que esa persona fue la que efectivamente robó algo. Es decir que ese olor puede decirme que estuvo en un lugar determinado y no en otro, lo cual reduce las posibilidades. Todo radica en el análisis lógico y consistente de lo que es posible o no, únicamente valiéndonos del ejercicio mental, nunca de un juicio moral o de una intuición irreflexiva e infundada. Sherlock Holmes se regocija con esto.
Lo anterior refleja que hay distintas maneras de explotar la creatividad y que ésta es un libro siempre reescrito, inacabado y casi mágico. Volar en sus aguas permite satisfacer las inquietudes y, si tienes suerte, ganarte la vida con ello. Sostenerse en unas condiciones dignas de vida es también un ejercicio de creatividad, por eso todos hacemos conjeturas que nos llevan a dudas, que posiblemente nos traen algo que no esperábamos. No callar la creatividad y sorprendernos con cada accidente del conocimiento es promover el pensamiento crítico y reflexivo. Yo no esperaba escribir esto, pero me senté, empecé a buscar cosas, una cosa llevó a la otra y aquí estoy. Todo por andar adivinando.

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09

12

2013

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Calle 53, de luces y de arenas (Crónica navideña)

Por: elmagazin

th
 
Alberto Bejarano
 
Ninguna ciudad tiene un solo centro. Son múltiples y a veces inesperados sus epicentros. En Bogotá, en época navideña, uno de ellos es la calle 53.

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26

11

2013

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Matoneo a Fulano de Tal

Por: elmagazin

Óscar Domínguez Giraldo

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30

01

2013

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La inteligencia ante las mujeres

Por: elmagazin

Nietzche

Leo Castillo*

Las mujeres son menos inteligentes, dicen. La inteligencia es, por excelencia, un arma entre las armas. Lo es la mera astucia; y lo son una buena voz, excelente memoria, habilidad para manejar una pelota o la mentira. La inteligencia es un arma que ha colocado, con otros factores aunados, al hombre encima de la bestia, y alguna que otra vez sobre la mujer. Como arma entre armas, puede ser preterida y en su lugar emplearse otra u otras. Apenas ahorita supe que, con motivo de la entrega del premio Rómulo Gallegos a Vargas Llosa, durante una recepción en Bogotá, Colombia, encontrándose García Márquez y Plinio Apuleyo escorados al pie de una escalinata, éste pensó, cotejando la razón del premio al peruano respecto de Cien Años de soledad, que aún no salía al mercado, algo como “si supieran la bomba que ha fabricado éste”. Una novela es un arma, pues. Al menos no soy el primero en ocurrírsele que lo sea.

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