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Archivo de Categoría ‘Columna de opinión’

15

03

2016

elmagazin

A Carlos José, lo que es de Mayolo

Por: elmagazin

2promo2azucar180116_0 Adriana Villamizar Ceballos Si al hablar de autoría cinematográfica se generan peleas interminables, como la comentada entre los mexicanos Alejandro González Iñárritu, ganador tanto en Hollywood como en Europa, y Guillermo Arriaga, guionista de Amores Perros, 21 gramos, y Babel, quienes después de haber congeniado y realizado ese trío de películas que hoy les permite pertenecer a las grandes ligas de la industria, ahora van por su lado porque su discusión acerca de la autoría en el cine los separó para siempre.

Categoria: Columna de opinión

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14

03

2016

elmagazin

Borges y el otro

Por: elmagazin

Cabeza de Medusa  

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Por Isabella Portilla  Borges solía regalarle su ropa vieja a un mendigo que leía a Borges. Cuando el mendigo iba a su casa en los inviernos, nunca traspasaba el antejardín. Se limitaba a tocar el timbre y Borges salía hasta la calle a entregarle unos trapos gastados y a cruzar con él un par de palabras, al tiempo que buscaba en sus bolsillos unas cuantas monedas.

Categoria: Columna de opinión

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23

02

2016

elmagazin

En honor a la alférez Zapata

Por: elmagazin

 

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Por Luisa Díaz Después de los bochornosos episodios de la semana pasada en los que todos los colombianos, sin importar condición económica o cultural opinaron en redes sociales, me llamó particularmente la atención la entrevista que concedió el exviceministro Carlos Ferro y su esposa Marcela en Blu Radio, quien de mano cogida salió airosa a defender a su esposo, su proyecto de vida y su familia, ante los comentarios de los periodistas que, lejos de tener una posición neutral y objetiva, expresaron varios calificativos como: “es usted una mujer valiente” o “es una verraca”, este último, expresado por otra mujer en la mesa de trabajo.

Categoria: Columna de opinión

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18

02

2016

elmagazin

El amor como acto político

Por: elmagazin

  amujer Ángela Martin Laiton Se quedó sentada ante la impotencia que le producía la despedida. Había vivido un idilio típico durante muchos años, había construido una historia de amor romántica que le había generado subidas y bajadas en torno a la forma en la que proyectaba su vida. – Diablos, diablos, me quiero ir pero no sé cómo ¿Cómo soltar el apego? ¿Cómo aceptar de una vez por todas que la vida es una inmensa incertidumbre?

Categoria: Columna de opinión

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11

01

2015

elmagazin

Ella quiere unos Docs

Por: elmagazin

DOCW

Ana Mazhari La nostalgia de los años ochentas al ritmo de los Sex Pistols, irreverencias con sentido crítico y deliciosos cuestionamientos al “sistema” que retumban en mis oídos, al ritmo de The Clash, Madness, The Specials, The Who y más allá… Los pasos de los Docs en el andén de mis recuerdos.

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06

01

2015

elmagazin

Hablar o no hablar de cocina

Por: elmagazin


antonio ca Reseña de Comer o no comer y otras notas de cocina, el último libro de Antonio Caballero (El Áncora Editores, noviembre de 2014), que recopila artículos sobre gastronomía publicados en diferentes medios a lo largo de los años.

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29

08

2014

elmagazin

Jaume Vallcorba

Por: elmagazin

Vallcorba

Andrés Caro*

Categoria: Columna de opinión

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31

07

2014

elmagazin

Miguel Barnet y el fútbol

Por: elmagazin

miguelbarnet Ricardo Bada

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02

04

2014

elmagazin

La fuerza de ella

Por: elmagazin

mujermagia Diana Castro Benetti Millones de ellas han sido locas, putas o santas. Ciertas de sus cuerpos y de sus almas, han sido imágenes, motivos, deseos y las revoluciones. Vírgenes que siguen siéndolo o sabias que ya no se espantan. Mujeres violadas, guerreras, asesinas, madres, hijas, mujeres que abren las puertas o que las cierran por siempre. Ellas abrazan, gozan y aman. Ellas a veces son su propio norte y casi siempre el pasado mezclado con el futuro. Las mujeres pueden ser engaños, objetos o trofeos. Son siempre sus romances, sus ilusiones y la perdición. Magas. Hay mujeres para la venta y las hay ya vendidas. Mujeres que optan por la amargura, la espera o el tejido. Mujeres que son el abandono, el rechazo y la mendicidad. Las hay que tienen voz, las que gritan y las que nunca hablan. Están las que son empalagosas y las que pican, ladran o muerden. Todas las mujeres defienden, pelean y contraatacan. Son el dolor de sus partos o de sus entierros. La fuerza de ellas es la de una vida que las ronda, las circula y las envuelve cuando cada veintiocho días se esconden en su útero y sus ovarios. Mujeres en las casas que cocinan y tejen.  Mujeres de familias. Mujeres en la guerra que se confunden con los fusiles y que son como fieras para defender lo que consideran suyo. Honradas e invisibles en su vejez o muy atacadas y apetecidas  en su juventud, las mujeres son fuerza hechas su cuerpo. También son la rabia. Todos somos esas otras que han vivido antes. Todos somos esas otras que no se doblegan. Todos somos madres, hijas, nietas. Todos somos su saber de recetas, caricias o palabras. Somos su constancia, su paciencia y su belleza. Somos ésa vida loca y atolondrada porque sin ellas no hay hechicería y sin ellos no hay dulzura. Todos somos lo que ellas son porque más allá de los géneros somos la fuerza de ella, ésa vida que crea, se recoge, se mantiene, se busca y se desenvuelve. Energía invisible, espiral de movimientos, hilos dorados de átomos y células que ofrecen la alegría y la explosión creativa. Somos tan ellas como ellos porque los unos sin los otros no somos nada.

Categoria: Columna de opinión

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31

03

2014

elmagazin

La eterna impostura

Por: elmagazin

Arnold Bennett en una caricatura de Vanity Fair en 1913.

Arnold Bennett en una caricatura de Vanity Fair en 1913.

Enterrado en vida, de Arnold Bennett, fue publicada en 1908. En esta “comedia casera”, el pintor Priam Farll finge su muerte. En una sociedad que lo adora y de la que se ha ocultado por años, ve cómo su reputación como artista (y con ella sus obras) crece hasta límites impensables. Juan David Torres Duarte

Hay novelas hechas para divertir y novelas hechas para conocer la hondura humana. ‘Enterrado en vida’, de Arnold Bennett (1867 – 1931), posee ambos caracteres: al mismo tiempo que produce una comedia de humor sutil, permite contemplar el orgullo y la estupidez. Y como así lo desea, crea una situación que resulta poco común: Priam Farll, reconocido como uno de los más grandes pintores ingleses, escondido de la sociedad, sin amor conocido, finge su muerte. Priam Farll asiste a su propio entierro.

Todo parte de una equivocación: Henry Leek, sirviente de Farll, fallece de repente. El médico que lo atiende lo confunde con el reconocido pintor; Farll aprovecha la ocasión y se deshace de su imagen. Se convierte entonces en Leek y hereda una fortuna más o menos cómoda para vivir por un tiempo sin necesidad de trabajar. Consigue una esposa —que lo toma por Leek— y funda una vida en el fingimiento. Fingir no es, entonces, lo mismo que mentir: fingir es el modo más elegante de ocultar.

Bajo esa constante, se suceden los siguientes cinco años de Farll. Él finge, pero también los demás: toda la sociedad londinense, con sus costumbres y razonamientos y su carencia de elegancia —aunque la pretendan—, finge sus maneras y su modo de vivir. Todo, en el fondo, es una forma del fingimiento para que los seres humanos convivan, para que no sean atrapados por ciertos sentimientos primitivos. Farll es una pieza de ese juego; al hacerse pasar por otro, Farll acepta aún más a su propia persona, a pesar de la aparente contradicción. Al ser otro, Farll es más él mismo que nunca: se descubre más allá de su actividad artística, hasta el punto de abandonarla.

Enterrado en vida

El resto del mundo permanece, y en esa contradicción pervive la imagen de Farll, el pintor. Todo sabe, sin embargo, a fingimiento, a impostura: quienes admiran sus cuadros, no los comprenden; quienes lo comprenden, no lo admiran.

Bennett narra con finura y sutileza esos conflictos: combina el humor y la seriedad filosófica en pocas líneas. “La manifestación de esa locura no hacía más que confirmar ciertas vagas sospechas que había tenido Alice acerca de la salud mental de su marido —escribe Bennett luego de que Farll le confiesa a su esposa, Alice, quién es en realidad—. Además, sólo era un delirio, una manía inofensiva. Y explicaba muchas cosas. Explicaba, por ejemplo, que se hubiera quedado en el Gran Hotel Babylon. Aquello debió ser el principio de los delirios de grandeza. Alice se alegró de conocer por fin la parte mala. Ahora lo quería más que nunca”.

Alice que permite variar la narración; en medio de la insistente repugnancia de esa sociedad (bien camuflada por Bennett), ella protege a Farll y hace pensar que el fingimiento del pintor no es tan terrible ni sorprendente, sino apenas un cambio de nombre. Alice, quizá el personaje mejor construido de la novela, explora a fondo el acto de fingir: para ella, que es tan sincera y honesta consigo misma, fingir no es más que una de las variaciones de la verdad. No se finge para estar bien con los demás, sino para acomodarse a su propia naturaleza.

“Era como si el pasado no hubiera existido —escribe Bennett en el momento en que Farll se encuentra con Sophia Enwistle, su anterior prometida—. (…) Según las reglas comunes que deben guiar la conducta humana, lady Sophia Enwistle debía haber acusado moralmente a Priam, señalándolo con el dedo en un melodramático gesto, y haberlo condenado al desprecio del mundo por ser un hombre que jugaba con el corazón de las mujeres confiadas (…). Pero se limitaron a darse la mano y a preguntarse cómo estaban, sin esperar siquiera una contestación. Esto demuestra hasta qué punto se han deteriorado las antiguas cualidades de la especie”.

La comedia, entonces, apunta a picos más altos. No quiere bromear con el lector, sino presentarle ese absurdo como parte de la risa o del total hastío. No hay otro modo: o se ríe o se llora. En ese sentido, Enterrado de vida es más que la puesta en escena de una locura colectiva: es la creación de un entorno donde todas las pasiones, despertadas por un hecho al parecer banal, someten a los individuos. La comedia es ese género que permite reírse de la desgracia propia, y a esa premisa harían honor Eugène Ionesco y Samuel Beckett tiempo después de Bennett. Todo acto llamado natural, puede concluirse, no es más que un producto de la refinada enseñanza del fingimiento: fingimos amar, fingimos sentir, fingimos nuestras costumbres y nuestra moral. Todo sistema es parte de una magnífica impostura que persiste y luego instituimos.

En una de sus últimas páginas, Bennett —inglés, también autor de Grand Hotel Babylon, A Man from the North y Anna of the Five Towns— reflexiona sobre la justicia en Inglaterra, un párrafo que habla por sí mismo: “Sus métodos judiciales habían estado a punto de fracasar a la hora de obligar a un hombre a desabrocharse el cuello de camisa en público. En realidad, sí que había fracasado; pero al final todo había salido bien: así que Inglaterra fingió que sólo había estado cerca del fracaso, pero nada más”.

Enterrado en vida (Buried Alive: A Tale of These Days), Arnold Bennett, editorial Impedimenta, traducción de Vicente Vera, 2013, 292 páginas.

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