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El Magazín | 10 noviembre 2012 - 10:00 AM

Colombia: Muchos ojalás y nada de Obamas

Por: elmagazin

Crédito: Flickr, DonkeyHotey

Socorro Ariza (*)

No sé si le pasa a la mayoría, pero para mí leer los periódicos desde hace rato dejó de ser una experiencia agradable por aquello de lo manido que terminan siendo las noticias cuando casi que ni cambian los nombres de los infractores y demás vicios; no obstante, hay algunas cosas que hacen que valga la pena el esfuerzo, por ejemplo,  la sensación refrescante que he tenido al leer el 8 de noviembre el editorial de El Espectador sobre la reelección de Obama y la columna de Catalina Ruíz-Navarro titulada: Putas, Drogadictos y Maricas. Título que me encantó por parecerme una señal de progreso el hecho de que una columnista se atreva a llamar al pan: pan, y al vino: vino. No en vano hay cientos de investigaciones importantes que tratan sobre los problemas que acarrea la manipulación semántica o, como yo misma lo he llamado, El fascismo subliminal que ejercen las palabras; el cual se experimenta a diario cuando ciertas palabras se convierten en dardos cargados de veneno que, de acuerdo con los intereses de los usuarios, por subliminales, van calando hasta que… de tanto, Uich, chito, eso no se dice en público, o, No sea tan grosera, terminan por convertir a la persona que designan en meros artículos desechables, o seres inferiores que, de una u otra manera, hay que mantener ocultos bajo el fango del pecado o, peor, poner en ojo del huracán para proceder a desaparecerlos.

Así, el respiro me llegó gracias a que tanto el editorial como la columna de Catalina Ruíz-Navarro lograron darle un enfoque refrescante  a un tema que, por ser de importancia global, ha llenado tantas páginas que terminó por aburrirme. Sin embargo, me parece muy importante hacer énfasis en la manera cómo con Obama, muy a pesar de las damas grises del Tea Party, se ha continuado con la ruptura de tabús y con el derrocamiento de las barreras que por siglos han pretendido discriminar, des-integrar, dividir, clasificar y manipular a los seres humanos para explotarlos hasta reventarlos; cosa que, valga decir, lamentablemente ha venido ocurriendo en países como el nuestro desde tiempos inmemoriales, de tal modo que los discriminados, más o menos, terminamos siendo todos, precisamente gracias al mismo fascismo que se encierra en las palabras y su uso y/o la mal-versación que hacemos –con- ellas…  indio, negro, puta, sirvienta, maricón, desechable, bruto, ricachón, oligarca, burgués, pobretón, levantado, gringo, mantenida, moza, … y…. dígame nomás…

Y es que lo realmente importante es recordar que si Obama es el presidente de los Estados Unidos es gracias a la manera como, poco a poco, la comunidad negra ha ido eliminando el fascismo de la palabra Negro hasta que ésta ha dejado de señalar con desprecio a un ser humano, de modo que ha ido perdiendo  su connotación negativa y se ha ido transformando en un atributo y en un tributo a todos los afro-americanos que fueron esclavizados y discriminados por los blancos. Una lección que debemos aprender en Colombia, adonde además de necesario se hace urgente un cambio radical en el uso de toda esa infinidad de palabras que utilizamos para marcar de una u otra manera las diferencias, bien sea para menospreciar, o para halagar; puesto que hoy en día ya ni a las reinas les gusta que las traten con pomposos adjetivos, títulos o palabras zalameras.

Y es que para que todos empecemos a ser y sentirnos grandes, importantes y valiosos se hace necesario que la manera de educarnos también cambie desde la cuna. No se le puede pedir a una nación salir a competir al mercado mundial cuando la gran mayoría de sus ciudadanos, por no decir todos, vamos con el sambenito de la vergüenza de ser colombianos y la rara necesidad de empequeñecernos engrandeciendo al otro por hechos hoy en día tan insignificantes como lo es el ser europeo o norteamericano. Y para que todo eso suceda también se hace imprescindible que nuestro gobierno y los que nos representan empiecen a tratarnos con el respeto que todo hijo se merece. No es por nada que los ciudadanos de los países desarrollados van de aquí para allá con la convicción de que, estén dónde estén, y sean quienes sean, sus embajadas tienen las puertas abiertas para ellos y, hagan lo que hagan, sus gobiernos pedirán explicaciones por ellos y los defenderán contra viento y marea; esas son cosas que, tal vez nimias para algunos, son de extrema importancia a la hora de salir a competir. Esas son las cosas que la comunidad afro-americana en USA tuvo que irse ganando a pulso hasta llegar a ser considerados ciudadanos estadounidenses con los mismos derechos y deberes que el resto. No, no fue a punta de balas ni ojalás que lo lograron, fue a punta de trabajo duro, educando a muchos Obamas.

A mí me encantaría, por ejemplo, que en este preciso momento, cuando lo que está en juego es el destino de Colombia, en vez de tener que ver a los señores guerrilleros y a los medios de comunicación botando la baba por un tulipán, las que estuviesen sentadas en la mesas de trabajo fuesen algunas de esas chicas que, también enamoradas hasta los tuétanos, se enlistaron un día en las filas de la guerrilla y, ahora, cuando ha llegado la hora de la verdad, han tenido que contentarse con quedarse en el monte o en la cárcel, sin que a nadie le importe indagar por sus vidas, obras y milagros, ni hacer de ellas una marca colombiana. Sí, y vean la paradoja, a mí me gustaría más una flor colombiana como emblema de la lucha contra el imperialismo yanqui…jejeje.  Pero ya, es un hecho que nuestras flores, a pesar de ser las más bellas, en el mercado libre siempre ocupan los terceros puestos… Maar ja… muchos ojalás y nada de… Obamas.

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(*) Otra poeta maldita. Firmado en Utrecht el 9 de noviembre del 2012.

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http://blogs.elespectador.com/elmagazin/2012/11/10/4057/