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10
03
2011
elmagazin

De la eyaculación precoz y la micronarrativa

Por: elmagazin

 

Oz, Flickr, Wistful Mactavish

Oz, Flickr, Wistful Mactavish

 

Libaniel Marulanda (*)

No me considero un crítico. Tampoco mis intenciones  son lúbricas y más bien diría que son lúdicas, que es otro cuento; diferente y largo  en extremo para algunos, aunque ya es sabido por todos que el tamaño no importa.

Este comentario puede disgustarle a unos amigos o complacer a otros, pero pienso que es mejor arrepentirse del locuaz exceso de emotividad que de un silencio hipócrita.

Creo que millones de personas juzgan el arte con un criterio comparativo y cierto sentimiento de amor a primera vista. Lo que perciben tiene mayor o menor valía en relación con esto o aquello. En términos generales esa manera, que bien puede parecer precaria, de abordar el goce del arte en contravía del discurso de los especialistas, devuelve  la pelota al origen y permanencia del género literario más antiguo y reacio a experimentos y sacudones: el cuento.

En el pasado Tercer Encuentro Nacional de Escritores de Calarcá (junio de 2010), al que concurrió una veintena de escritores comprometidos con el cuento como género literario, se pusieron de nuevo sobre la mesa de disección las premisas y controversias sembradas por la narrativa a través de los siglos. En síntesis, y por boca de sus más connotados exponentes en Colombia, llegamos a la corroborar lo sabido: un cuento debe  suscitar interés y atraer al lector. Es un género que debe estar adobado con los elementos del idioma y que, en todo caso, no puede reducirse a las veinte palabras exigidas por el cuento atómico.

El cuestionado  cuento atómico y sus congéneres micrométricos, sea cual fuere la denominación que cada mesiánico autor le cuelgue al amparo de lo mini: mini relato,  aforia, microcuento,  para el común de los lectores no especialistas sólo será un textico cortico, chiquito, presuroso, intrascendente y maluco: como furtiva acción tras una puerta en un descuido de la suegra.

 ¿Qué tal si  Beethoven hubiese limitado su quinta sinfonía a las cuatro notas iniciales: Ta-ta-ta-taa?

En  el panorama regional, fieles y queridos amigos, especialistas ellos, afirman que  la literatura mini no entraña facilismo, pereza ni temor. Ante esas y tantas presuntas cualidades estéticas, expresadas, eso sí, en millones de palabras, vuela el recuerdo a la hilarante composición de J.S. Mastropiero y Le Luthiers: “El vals del segundo “. Ni más ni menos.

Escríbase lo que se escribiere, bótese la corriente que se botare, si un animal tiene forma de  gato, camina, actúa y maúlla como un gato, con toda seguridad será un gato. Si un cuento carece de acción, tensión, interés, y suficiente extensión, siempre será  un cuento mal echado. Los lectores corrientes  jamás le comeremos cuento al minicuento.

Y adicional a lo expresado,  con la leve sospecha de que lo mini no llegará al Nobel, seguiremos  pensando que el cuento, ahora como antes, no es susceptible de ser tomado por el pescuezo, retorcido y empacado en una, dos o tres frases. Y aquí deben pronunciarse, además, los ecologistas: ¿Han visto los lectores el desperdicio de papel en las ediciones de microtextos?

Volviendo al principio, saltando de lo lúdico a lo lúbrico, digamos que la literatura mini es a la literatura lo que la eyaculación precoz a la relación de pareja.

Y el cuento, viejo y fiel animal, con todos sus cultores, desde  Bocaccio hasta nuestro Nobel G.G.M, pasando por Poe, Quiroga,  Cortázar y Borges, seguirá  siendo cuento;  incólume, omnipresente y disponible para quien quiera  abordarlo y viajar entre  vericuetos y  párrafos, como narrativa que se niega a la automutilación. Pese al paso de los años, el dinosaurio seguirá ahí…
—————————————————————————————
(*) Colaborador.

Categoria: Desahogo

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Opiniones

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el baron de la cerveza

10 marzo 2011 a las 1:28 PM
  

mmm un tanto abstracta la columna o es que el titulo no tiene nada que ver con el contenido… ayuda por favor

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juangj

10 marzo 2011 a las 6:41 PM
  

Pasando por Poe, Quiroga, Cortázar y Borges, comprende uno que, de una o de muchas formas, la “micronarrativa” es algo más que una eyaculación precoz. Los títulos que Poe daba a sus cuentos (¿no se siente un pálpito cerca del oído al pronuncair la famosa frase-título: “El corazón delator”?), esa cuidadosa y tan formal elección de palabras en El cuervo, o incluso el simple hecho de que la traducción de su obra por Cortázar sea considerada la mejor, ya deja pensar que, al menos, lo “micro” sí importa. Y, ¿cuál es más efectivo, El perseguidor o Continuidad de los parques?, separados ellos por unas 60 páginas. ¿O acaso no importa para todo el cuento la última y casi huerfanita frase de El almohadón de plumas, de Quiroga, que viena a ser la razón por la que uno, después, revisa y revisa?

Opinión por:

juangj

10 marzo 2011 a las 6:46 PM
  

Sigo y termino con Borges, quien dijo que una sola frase podía justificar a veces un libro entero. La micronarrativa, quiero decir, puede no ser el más famoso de los géneros, y tal vez nunca reciba el reconocimiento de un Nobel, pero, de eso no cabe duda, es en muchos casos un buen inicio y un gran final.Y en los casos geniales: un desarrollo. Una obra pensada paso a paso, frase a frase, pensada “micronarrativamente”, será siempre una obra efectiva. Y, ahora, no importa cuán larga.

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pachu_zarte

10 marzo 2011 a las 10:01 PM
  

EL título por un lado y el contenido por otro…pero le cuento algo al columnista: si un animal camina como un gato, maulla como un gato, caza ratones como un gato y su popó hiede como el de un gato; no necesariamente es un gato…puede ser una gata jejeje

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mefis

11 marzo 2011 a las 10:16 AM
  

me parece un poco desfocada la comparación, que los gatos, los animales, la eyaculación precoz y la música; creo, en todo caso, que este texto solamente trata de generar polémica.

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emeageache

26 noviembre 2011 a las 10:58 AM
  

Las minificciones, minirelatos, microcuentos,…. corresponden a la inconsciente adaptación a que nos acogemos en un mundo caracterizado por la vertiginosa evolución de los medios de comunicación, la internet y las Nuevas Tecnologías de la Informatica y Comunicaciones NTIC. El soporte que ahora nos entrelaza es un ejemplo. Esta realidad no tiene por qué traicionar los postulados básicos de la narración en general o más específicamente del cuento, si acaso, proponer nuevos. Es cuestión de edición.

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